Llevábamos 3 meses de viaje y Agra era un destino que no llamaba nuestra atención en lo absoluto. Quizá porque sabíamos que era uno de los destinos más visitados de India (unos tres millones de turistas al año). Conocer el Taj Mahal lejos estaba de ser uno de los motivos para venir a India, es más casi que habíamos olvidado su existencia hasta que Agra se interpuso en nuestro itinerario.

Allí nos esperaba el Taj Mahal, ya les contaremos más

Allí nos esperaba el Taj Mahal, ya les contaremos más

Nos encontrábamos en Haridwar y a cualquier lugar que planeásemos ir estábamos obligados a pasar por Agra. Dado que viajamos sin tiempos ni nada muy previsto decidimos dedicarle unos días a la ciudad del Taj Mahal. ¿Sería acaso lo único que había para hacer en Agra? ¿La ciudad solo ofrecía excursiones al famoso mausoleo y otras antiguas construcciones? Nuestra visita fue en pleno verano y época de lluvias, confiábamos en que la temporada baja sea realmente una baja de turistas.

Fue al bajar del tren que una horda de taxistas y ricksahaws nos acorralo ofreciéndonos llevarnos a destino ¿Qué destino si recién acabábamos de llegar a la ciudad? Terminamos viajando con un musulmán que parecía más prolijo que el resto de la docena de taxistas. Tras llevarnos a varios hoteles recomendados por él terminamos consiguiendo alojamiento. No habían pasado más de media hora de nuestra estadía en Agra que ya nos estaban vendiendo paquetes para recorrer en un día todo lo que había para hacer en la ciudad. Nadie entendía que nosotros no queríamos conocer todo en un solo día.

Las calles del barrio

Las calles del barrio

Decidimos salir a caminar y a cenar, y de nuevo la misma escena. Siete u ocho rickshaws ofreciéndonos sus servicios. Cómo trasmitir la sensación de estar atrapados entre varios indios que hablando en hindi ponían sus taxis delante de nosotros. En ese momento se escapó alguna que otra puteada argentina. Tras esquivar a los taxis la cantidad de personas que se acercó a pedirnos plata fue inconmensurable. Era solo vernos para que corran a nosotros niños, jóvenes y ancianos y todos repitan la misma frase “Hello, money”. Como si fuera nuestro nombre. Y los comerciantes sea de fruta, ropa o souvenirs del famoso Taj tampoco dejaban de acosarnos.

Hasta paseos en dromedario ofrecian

Hasta paseos en dromedario ofrecian

No tardamos mucho en darnos cuenta que hay no éramos viajeros ni mucho menos. En Agra éramos gringos con el signo dólar tatuado en la frente. ¿Qué diferencia había entre un contingente de japonés y nosotros? En Agra todo daba lo mismo. En ningún momento pudimos camuflar nuestro disfraz occidental.

Hello, Money” era lo único que escuchábamos, lo único que nos decían, para lo único que servíamos. Agra nos mostró otra cara de India, quizá la más ruda, la que menos nos gusta, la menos humana, la más comercial.

Allí todo tenía precio. TODO. Por ejemplo en las afueras del Taj Mahal se nos acercan 3 hermanitos que estaban jugando, nos miran, nos sonríen y nos piden que les saquemos una foto. Nos piden verla. No terminamos de mostrárselas que aparece una señora, la mamá quizá, y nos pide “money”. “Hello” y “money” las únicas frases en ingles que era necesario aprender de memoria.

Los hermanos y la foto

Los hermanos y la foto

Todo tenia precio. Y nosotros éramos quienes teníamos dólares, euros o pesos argentinos. Cualquier moneda valía más.

Agra nos llevó a preguntarnos por la dignidad. ¿Qué de la dignidad de esas personas que a cada momento nos querían timar o que sin importar que estaban haciendo (quizá trabajando) nos pedían “money”?

Pastando cabras en las afueras del Taj

Pastando cabras en las afueras del Taj

¿Acaso es culpa nuestra? ¿Acaso somos nosotros con nuestros euros, dólares o aires occidentales que nos llevan a creernos dueños del mundo, los que le quitamos la dignidad a buena parte de una ciudad? Somos nosotros los que nos tomamos solo un día para conocer todo lo que hay para hacer en Agra. Somos nosotros los que pagamos por una foto. Somos nosotros que lo único que damos es plata, nunca una sonrisa, nunca transmitir amor. Agra nos hizo acordar a Cusco en Perú, otra de esas ciudades que por culpa del turismo se quiebra, se fragmenta, se comercializa. Todo es un bien más del mercado, aunque sea una foto o una sonrisa.

Y estos escenarios a nosotros nos ponen incómodos, nos llevan a hacernos muchas preguntas. Estando ahí, pagando más 1.000 rupias cada uno (16,5 u$s) en entradas a las atracciones del lugar (lo cual es excesivamente caro para India) y no dando ninguna limosna. ¿Hacíamos bien? ¿Hacíamos mal? ¿Debíamos dar plata?

Le dedicamos unos 3 días a la ciudad. Entendimos que éramos los únicos. Todos los turistas contrataban excursiones para recorrer la ciudad en un día. Claro, mucho más fácil, solo tenían un día para lidiar con lo agobiante de la ciudad.

Nosotros le tuvimos más paciencia. Y así fue que la recorrimos lento, caminando, de a poco. Así fue le dedicamos el atardecer  y el amanecer al Taj Mahal. Fuimos a ver la puesta de sol sobre el imponente edificio. Lo vimos desde Mehtab Bagh, un parque con vista a la parte de atrás del monumento. Luego le dedicamos el amanecer y la mañana siguiente a recorrerlo por dentro. Visitamos el Agra Fort, un fuerte construido en la misma época y con una hermosa vista al Taj Mahal. También caminamos por varios mercados.

En Agra Fort

En Agra Fort

Pasillos

Pasillos

Patios internos

Patios internos

Y muchos detalles en marmol

Y muchos detalles en marmol

Podríamos decir que estábamos incomodos con la lógica propia de la ciudad. No es lo que nosotros buscamos ni queremos generar. Fue en este estado de enojo y disconformidad fue que salimos a tomar nuestra última cena en la ciudad. Camino al centro comercial vemos que están festejando un casamiento. Curiosos nos asomamos y es así que el hermano del novio nos invita a participar de la celebración. No lo dudamos mucho. En la fiesta todos fueron amables con nosotros, nos preguntaban de donde éramos y sobre nuestras vidas, nos contaban de las suyas, nos presentaban a sus familias y todos procuraban que no nos falte ni comida ni bebida. Una vez más India nos sorprende.

El casamiento nos permitió amigarnos un poco más con la ciudad, nos recordó que “Hello, Money” no es nuestro nombre ni algo que nos enorgullezca.

Así nos despedimos del Taj Mahal

Así nos despedimos del Taj Mahal

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