Sueñan las pulgas con comprarse un perro y sueñan los nadies con salir de pobres, que algún mágico día llueva de pronto la buena suerte, que llueva a cántaros la buena suerte; pero la buena suerte no llueve ayer, ni hoy, ni mañana, ni nunca, ni en lloviznita cae del cielo la buena suerte, por mucho que los nadies la llamen y aunque les pique la mano izquierda, o se levanten con el pié derecho, o empiecen el año cambiando de escoba.

Los nadies: los hijos de los nadies, los dueños de nada.
Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos:
Que no son, aunque sean.
Que no hablan idiomas, sino dialectos.
Que no profesan religiones, sino supersticiones.
Que no hacen arte, sino artesanía.
Que no practican cultura, sino folklore.
Que no son seres humanos, sino recursos humanos.
Que no tienen cara, sino brazos.
Que no tienen nombre, sino número.
Que no figuran en la historia universal, sino en la crónica roja de la prensa local.
Los nadies, que cuestan menos que la bala que los mata

Los nadies – Eduardo Galeano

Ahmedabad

Miramos por la ventanilla. En silencio cada uno reza por que esta no sea la última parada del tren. Sabemos que no queremos bajar acá. Desde el andén sólo vemos basura, niños desnudos pidiendo comida, un mendigo sin piernas y otro sin brazos. Todos esperan, pero nadie sabe qué.

La ciudad entera huele mal. Como todas las ciudades grandes y pobres de India. El olor a desagüe se mezcla con el smog y polvo, y respirar se convierte en una tarea difícil. Lo bueno de las épocas de lluvias es que el agua al menos aplaca el polvo, pero hace casi 9 meses que no llueve. Buscamos algún pañuelo para cubrirnos pero es imposible. También esta lleno de polvo.

Caminamos con cuidado. El andén, las calles y las veredas, todo esta ocupado. Perros, niños, familias enteras y bultos que esconden un bebe recién nacido en su interior. La cabeza de un anciano esta a 50 cm de la rueda del colectivo de línea. Un grupo de niños (entre 3 y 8 años) nos corre por cuadras esperando alguna rupia (moneda local). Se cuelgan de las mochilas, nos agarran las manos e inclusos nos pellizcan.

Ahmedabad

La ciudad nos incomoda. La pobreza nos interpela.

Y ellos, los parias, los dalit, los sin casta, los intocables, los nadie siguen esperando. Esperan librarse del karma, esperan morir y reencarnar en alguien más digno. Esperan. Aceptan y se resignan. El hinduismo tiene más de 30.000.000 de dioses y absolutamente ninguno se ocupa de ellos. Tampoco lo hacen los dioses cristianos ni el dios musulmán.

Y los parias se cansan de esperar. Roban, matan, se (los) prostituyen. Algunos se inclinan hacia otras religiones. Ahora siguen siendo los mismos pobres, pero esta vez rezan a Alá, visten velo negro y barba larga.

A ellos les toca los trabajos que nadie quiere, como limpiar la mierda de otras personas. A ellos les postergaron el futuro, solo por su condición de nacimiento. Si bien la constitución india no avala el sistema de castas, sucede. Viven en la oscuridad.

Ahmedabad

También trabajos en las construcciones

Es curioso, si ellos harían las cosas “bien” podrían reencarnar en algo/alguien mejor, pero para comer aunque sea una vez en el día necesitan mancharse las manos, de la forma que sea.

Acá no hay planes sociales, acá no hay políticas. Acá no hay futuro. Hay millones de pobres que viven en las tinieblas, esperando.

Ahmedabad

esperando…

Ahmedabad es una de las ciudades más pobladas de India. Y fue la que nosotros elegimos para hacer una parada entre interminables trayectos de tren. La ciudad nos supera. Basura y pobreza. Esa India que está latente y conformada por la mayoría de sus 1.200 millones de habitantes. La misma que nosotros (junto a políticos, organizaciones internaciones, fondos monetarios y otra buena parte de turistas) elegimos no ver.

Ahmedabad - Gandhi - 4

Ahmedabad - Gandhi - 2

Pero Ahmedabad fue, también, la ciudad que Gandhi eligió para pasar sus días. Él Mahatma (gran alma en sanscrito) fundó acá su ashram, que fue su hogar por más de 15 años. Allí pensó y soñó con la India independiente, desde ahí comenzó su “Marcha de sal”. Ahí la no-violencia paso de ser una utopía a una realidad. Ahí los nadie encontraron, por primera vez, una voz que los nombrará. Un techo que los proteja y un plato de comida.

Ahmedabad

El ashram se transformó en museo

Vamos a serles sinceros, si hicimos una parada acá fue para encontrarnos con él. Tantos meses en India y solo lo habíamos visto de lejos. Vimos su imagen cientos de veces pero solo fue al visitar lo que fue su humilde casa y al caminar entre quienes fueron su causa que pudimos comenzar a sentir de donde venia ese apodo de “gran alma”. Gandhi le dio esperanzas a India sacándolos del letargo colonial en el que vivían. Trasmitió lucha y resistencia. A Gandhi lo mataron. Lo mató un fanático, lo mato la política, lo mato el nuevo “Pakistan”, lo mataron los musulmanes y los hinduista. Lo mataron los ingleses.

Van a decir que suena medio cliché, pero se lo podemos asegurar, Gandhi vive. No como Elvis, sino como esos personajes eternos, donde su rostro se refleja en los que todavía están luchando por salir de la oscuridad.