Escribir sobre aromas y que le llegue al lector es un desafío. Poder transmitir sensaciones en un texto ya no es fácil, mucho menos un olor. La tecnología avanzó en cierto sentido permitiendo transmitir fácilmente dos sentidos, vista y oído. Pero el tacto, el gusto y los aromas quedaron postergados. Y cuantas veces caminando por la calle olemos una flor, un pan recién horneado, un perfume o lo que sea y nos transmite inmediatamente a un recuerdo o lugar. Y en ese desafío andamos. Tratando de hacerles llegar un poco de olor a India.

En algún templo...

En algún templo…

Llevamos dos meses en este país, que es inmenso y colorido, lleno de cultura/s, de fe, espiritualidad y de religión. Un país con paisajes hermosos, y con la riqueza de la gente que lo habita. Un país que se percibe con los cinco sentidos. Con la vista para observar, desde lo majestuoso de una montaña en el Himalaya hasta los rituales de un pequeño monasterio budista. Observar y sorprenderse. También oír. Escuchar un mantra o una citara sonando. Escuchar un idioma tan distinto al nuestro. El gusto, en el probar comidas ricas y picantes. India es Masala (mezcla de especies). En el tacto, el sentir, usar las manos para sentir, sea una seda de Kashmir o las piedras ancestrales de un gran templo. India es suave y rigurosa a la vez. Pero sobre todo, el sentido más exacerbado es el olfato. Los olores están en todos lados, y son particulares.

Antes de viajar, mucha gente que estuvo en la India nos advirtió: “lo que más me llamó la atención fueron los fuertes olores”. Y los fuertes olores no necesariamente son malos olores. Y así fue, ni bien al aterrizar en el aeropuerto de Nueva Delhi ya empezamos a percibirlos. Al desconcierto que teníamos le sumábamos los aromas de India, que te atrapan. Los percibimos en todo momento.

Escena típica de Nueva Delhi

Escena típica de Nueva Delhi

El olfato es el mejor sentido, quizá, para referirnos a India. Podríamos decir que tiene una fragancia propia, aroma India. India es autenticidad, es única, su aroma también. Y su aroma no es uno, sino muchos. Entonces, ¿A que huele India?

Pensar en los aromas nos lleva a revivir nuestros primeros días aquí, en Delhi. Caminar por sus calles es una experiencia única. No solo es diversidad de paisaje; un shopping, un mercado de especies, una vaca, mucho tráfico, un elefante, sino también sentir y oler. Cómo si cada paso supondría un nuevo aroma.

IMG_3792

Podríamos decir que India huele espiritualidad, o mejor dicho, que se respira misticismo. Esa mezcla de caléndula y sahumerios que te invade cuándo entras a un templo. El aroma crea el clima, te permite entrar en sintonía. El olor invade, es fuerte pero agradable. Al salir a la calle, caminas un poco y te encontrás con basura y mucha, respiras un nuevo olor, no tan agradable. Luego, una vaca, con todo su olor (si es que existe el aroma) y sus excrementos. Y después, claro, un mercado de frutas y verduras, un lugar para detenerse a oler. En el siguiente puesto, especias, cada una con su color y su perfume. Más adelante, un puesto con flores de caléndula y sahumerios para el culto. Luego, un puesto de comida callejera, por lo general comida frita. Nuevamente el masala, el curry, la mezcla de especies. Además hace calor y humedad, todos sudamos.

En el mercado de frutas

En el mercado de frutas

Un joven vendiendo especies

Un joven vendiendo especies

Rico y picante

Rico y picante

Flores de calendula para todos

Flores de calendula para todos

Así se respira India, en partes, pero todas son parte de su identidad. Caminar por India alimenta todos nuestros sentidos, pero el olfato, sin duda, es el más estimulado.

Caléndula, transpiración, basura, especies y sahumerios. Una mezcla dispar que da un aroma propio. Aroma India. Un aroma único e inconfundible, una marca personal. Un sello que se percibe, que te transporta. Un aroma que es único pero no uno. Cómo India, que no es una, sino varias. Un aroma que condensa cultura, espiritualidad, costumbres y ofrendas. Un aroma que amarás y odiarás. Pero por sobre todo un aroma que vamos a extrañar.

El misticismo flota en el aire

El misticismo flota en el aire