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Desafío India

“La India no ha sido nunca un país fácil de comprender. Quizás sea demasiado profunda, contradictoria y diversa, y poca gente en el mundo contemporáneo tiene el tiempo o la predisposición para ver más allá de lo obvio.”

-Indira Gandhi

Planificar un viaje de un año de duración no es nada fácil, y mucho menos si el destino es un lugar tan distinto y poco conocido por nosotros, como es la India. Es cambiar completamente el paradigma y meternos en una cultura totalmente distinta. Distinta ropa, distinta comida, distintos olores, distinta forma de pensar, creer o sentir. Distinta forma de vida.

Nunca fuimos de planificar mucho los viajes, siempre de viajar y encontrar los destinos a la vez que ellos se encontraban con nosotros. Pero esta vez es distinto. En los ratos libres no hacemos más que leer y buscar información sobre nuestro destino. De alguna forma queremos incorporar la mayor cantidad de impresiones posibles para poder sacarle un mayor provecho.

Y es así, desde donde pensamos el viaje, y se nos presentan distintos desafíos:

  • Relacionarnos. Sobre todo con la cultura local. No queremos pasar por los lugares, sacar unas fotos, anotar lo distinto que son a nosotros y conversar simplemente con extranjeros. Queremos meternos en su cultura, pensar como ellos, comer lo que ellos comen, escuchar lo que ellos escuchan, sentir lo que ellos sienten. Aunque sea, tan solo por un momento, lograr rodearnos e inmiscuirnos en su forma de vida.
  • Sustentarnos. Si nuestra idea es viajar por un año al menos, nuestro presupuesto es ajustado. Indefectiblemente tenemos que buscar distintas formas de generar ingresos mientras viajamos, y a la vez adecuar nuestros gastos a eso. Lo que se llama presupuesto mochilero bajo. En definitiva hay 3 grandes gastos. Comida, cama y transporte. En la medida que podamos abaratarlos vamos a lograr viajar más tiempo.
  • Conocernos. No intenta ser un viaje espiritual, pero siempre es un buen momento para realizar una introspección. Salir de la cotidianidad a la que estamos acostumbrados y enfrentarnos a nuevas situaciones que nos hagan replantear nuestras ideas y concepciones. También, es un desafío conocernos entre nosotros mismos. Donde vamos a ser compañeros de viaje por un largo tiempo.
  • Asombrarnos.  Los viajes en general (y a lugares desconocidos en particular) aumentan la capacidad de asombro. Uno está más sensible a lo que lo rodea. Entonces, buscamos dejar las puertas de la percepción abiertas y poder ver más allá de lo que se muestra. Citando a Blake: “Si las puertas de la percepción quedaran depuradas todo se habría de mostrar tal cual es: infinito.”
  • Aprender. A partir de todos los puntos anteriores surge ineludiblemente el objetivo de aprender, sobre lugares, personas, comidas, costumbres, ideas, nosotros mismos, nuestra relación, etc. Y entendemos el aprendizaje como un proceso continuo donde todo el tiempo se incorporan conceptos o concepciones nuevas.
  • Transmitir. Por último, queremos remarcar el objetivo de transmitirles a ustedes, a través de esta página, nuestras vivencias y pensamientos a través de relatos, reflexiones, fotos y videos. Para que de alguna forma nos puedan acompañar en este viaje.
Preparativos previos

Preparativos previos

Cusco en rincones-Lado B

-L: Vos decís?

-L: No sé, nunca son buenas estas cosas. Por algún lado fallan

-L: Si, pero es barato. Parece interesante además, es gente del lugar.

-L: Es verdad, además nos lo recomendaron.

-L: Tener una vez algo armado tampoco suena tan terrible.

-L: Resuelto. Reservamos entonces…

——- 

-L: Era obvio.  Nunca funcionan estas cosas. Son siempre malas!!

-L: Listo. Nunca más. Pero nunca más. (Salvo extrema situación)

-L: Nunca más.

Plaza de armas.

Plaza de armas.

Si querés saber que paso en el medio de este diálogo. Lee este post.

Cusco hace a Perú, como el chocolate al dulce de leche granizado. Viajar por Perú te lleva obligadamente a Cusco. Y así fue, y así es.

Cusco no solo es Machu Picchu. Cusco condensa historia. La historia se respira. Allí, el imperio Inca. El “ombligo del mundo”, dicen. Allí nuestra historia Latinoamérica, allí sangre, oro, civilización. Colonialismo. Y allí, el negocio. Cusco, “Capital histórica del país”. Capital del Imperio Inca y una de las ciudades más importantes del Virreinato del Perú.

Cusco variete: Calles empedradas, balcones, subidas, una hermosa plaza de armas, lo que fue el imperio incaico. Hasta aquí Cusco como una ciudad mágica, perdida en el tiempo. Donde se respira historia. Cusco en dos caras, como las monedas. Su lado A, y aquí, su lado B.

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Y aquí, también Cusco, pero otro Cusco. La otra cara de la moneda. La no tan linda y agradable, pero la que (nos) toca. Mujeres y niñ@s, sobre todo, vendiendo de todo. Vendiendose.

Vendiendo desde unas pulseras, unos tejidos, gaseosas, hasta vendiéndose a ellos para una foto.

“Boy, one dollar for a picture”. Uff, que Difícil.

Uno va a Cusco buscando imágenes, ansiosos del Camino del Inca, encantados con la capital del imperio Inca. Pero unas pocas horas en la ciudad alcanzan para ver que no todo es tan color de rosa. Que, lamentablemente, nuestro mundo gira y el dinero lo hace girar. Y somos tan deshumanizados que pagamos en dólares a niñ@s por una foto. PAGAR A UNA NIÑA POR UNA FOTO. Comprarla. ¿En qué cabeza cabe?

Porque necesitamos tener esas fotos, a modo de ejemplo. Porque esa es la forma de conocer lugares. Porque es eso lo que queremos mostrar. Quienes somos. Con que derecho. Que se creen, que nos creemos. Por qué homologamos viajar con comprar. Que queremos conocer cuando viajamos.

El mercado local.

El mercado local.

Cusco me dejo un mal sabor. Me dejo triste. Me di cuenta que el encanto que tanto ansiaba era solo “por un dólar para foto”.

Listo. Descargo hecho.

Cusco es justamente esta mezcla. Estas dos caras de la moneda. Uno de los tantos de reflejos que nos muestran eso que fuimos, eso que somos.

Que decir de una ciudad que se vende a si sola. Por su belleza, su paisaje, su historia. Somos nosotros quienes de eso hacemos negocio. Claro negocio que nos empuja a vender-nos. Negocio que marca y aumenta las desigualdades sociales. Negocio que nos quita nuestro lado más humano. Negocio que nos hace, justamente, un bien más del mercado.

Cusco, me decepcionaste. Fuiste la capital del imperio Incaico. Ciudad real. Y fue armando tu historia que recordé que fuiste ciudad “colonizada”. Los españoles te saquearon, te mataron, te violaron, te destruyeron. No fuiste más aquello, te hicieron ser otra cosa.

Y hoy, siglos después. Seguís siendo eso que te convirtieron. Seguís siendo negocio para pocos, a costa de muchos.  Pero aún, en ciertos rincones, en ciertas miradas, en ciertos olores, en ciertas montañas seguís estando. Ese espíritu que la plata aún no puede comprar. Y allí, en un rincón te encontré y pude, aunque sea un poco, amigarme con vos.

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Ah, Volviendo al diálogo. No tuvimos mejor idea que contratar un paquete turístico para unos pocos días de nuestra estadía en Cusco. Y allí, en la incomodidad de las excursiones, comenzamos a reconocernos como viajeros y no como turistas que pagan por su foto.

Y quizá es este un modo distinto de conocer Cusco, de conocer su gente, sus calles, su plaza. Y estoy casi segura de que Cusco  es una ciudad que debe ser conocida, y no (solo) fotografiada. Más allá de las primeras impresiones y de las apariencias Cusco se descubre en cada uno de sus rincones. Cusco también tiene su otra cara.

 

Días de selva: Amazonas peruano

Puerto Maldonado merece un párrafo aparte, sobre todo por ser una ciudad que no se coindice con la concepción que tenemos de las ciudades típicas peruanas. Tal vez se deba a no tener tanta influencia Inca. Si bien afirman que llegaron hasta las puertas de la selva amazónica, nunca pudieron (o quisieron) conquistar.

Puerto Maldonado es la capital del departamento de Madre de Dios, situada a unos 500 km. de Cusco. El viaje transcurrió entre la salida del acoso de vendedores de todo tipo de mercadería (cuadros, metales preciosos, artesanías, Massage, drogas, tours, etc.) y entrar en un mundo absolutamente tropical. Ya al subir al micro sabíamos que iba a ser distinto, éramos los únicos turistas.

Una de las tantas cosas que aprendimos viajando (el viaje y la capacidad de asombro merece un post aparte) es la multiplicidad de paisajes que existen. En Perú lo comprobamos, pero nunca nos imaginamos algo como lo que vimos en Pto. Maldonado. Se sentía como estar en una calle al mejor estilo brasileña, toda la gente en ojotas, bermudas, camisas abiertas y donde todo el mundo se mueve en moto. El clima se presta. Un promedio arriba de los 25 grados.

Pero nosotros queríamos dejar la ciudad (menos de 100.000 habitantes) para meternos en el corazón de la selva. Contratamos unos días en una cabaña en la Reserva Nacional Tambopata. Nos pasaron a buscar por el Hostel (una señora con 4 hijitos) y nos llevaron hasta el puerto donde salió nuestra lancha.

El puerto

El puerto

Cruzando el río

Cruzando el río

De a partir de acá la aventura fue otra. Era meterse cada vez más en el corazón del Amazonas. Era estar en el medio de la selva. Estar rodeado de monos, aves, carpinchos, caimanes, tarántulas, lobos de río, arboles, un rio de 500 metros de ancho y todo lo que eso conlleva.

Caimán

Caimán

Tarantula

Tarantula

Nuestra visita consistió en contratar lo que ellos llamaban “lodge” (una cabaña) en el medio de la Reserva Nacional de Tambopata, donde ya venía el paquete armado con algunas excursiones. Eso fue algo raro para nosotros, ya que tratamos de huirles a los paquetes armados y a las agencias de viajes, pero a veces no quedan alternativas. No es fácil meterse río adentro y menos cuando uno no conoce.

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Catamarán donde dormimos la primer noche

Catamarán donde dormimos la primer noche

Al llegar nos ofrecen un par de botas de lluvia, que sin saberlo se convertirán en los mejores compañeros de viaje. Un estrecho sendero une el río con las cabañas, atravesando charcos, crecidas y maleza. De costado se veían machetes que fueron usados recientemente con la leña apilada. El camino estaba forzosamente armado, pero así y todo seguía siendo un paraje en el medio de la naturaleza.

Senderos

Senderos

Lalo, la mascota del equipo

Lalo, la mascota del equipo

Manejando la lancha

Manejando la lancha

Nuestra mente ya empezaba a imaginarse como sería pasar un tiempo en un lugar así. Con un modo de vida tan distinto, donde parece que lo único importante es conseguir el alimento del día, luego disfrutar de la naturaleza. Y ese alimento se consigue principalmente de los árboles y el agua. Si se quiere ir a lo de un vecino se necesita un bote, y remar entre medio de árboles. Y la soledad, debe ser una sensación fuerte. Uno se debe sentir muy solo, pero a la vez estando tan acompañado. Solo teniendo inmensidad de vida alrededor.

La selva vista desde arriba

La selva vista desde arriba

Son lugares que a uno lo invitan a hacer una pausa. Parar la pelota, y ver donde se está parado. Reflexionar sobre la vida que llevamos y la naturaleza te invita a entender que la vida es mucho más simple. Intento no caer en un cliché, pero resulta impresionante la cantidad de cosas que tenemos y no necesitamos (segunda invitación a escribir un post aparte “minimalismo”). Pero cuando uno más cosas tiene, más son las preocupaciones y termina “apoderándose” de nosotros.

Orilla del río

Orilla del río

Atardecer

Atardecer

Volviendo al viaje en sí, con el paquete que adquirimos venían algunas excursiones. La más interesante que la visita al Lago Sandoval. El mismo surge como una crecida del río, después el río volvió a su cauce dejando en el medio un pedazo de tierra que lo separan del lago. Es decir está el río, luego un sendero de 3 kilómetros de tierra, y luego el lago. Pero como había llovido bastante, poco antes de llegar al lago agarramos una canoa y navegamos entre medio de los árboles, y terminamos saliendo de entre los juncos.

Comienzo del camino al lago

Comienzo del camino al lago

Canoa que usamos para movernos en el lago

Canoa que usamos para movernos en el lago

Avistaje de monos

Avistaje de monos

Lugar impresionante. Sobre todo impresionante por lo distinto a lo que veíamos en las zonas aledañas al rio, porque su cauce era imponente y llevaba consigo el alboroto de un río movido. En cambio, el lago, era paz y tranquilidad, era la quietud y la calma. Logramos ver y escuchar varias especies de aves, y a lo lejos vimos una familia lobos de ríos (nutrias). Son momentos donde a uno le gustaría saber más de las distintas especies para poder apreciar los lugares de la forma en que se merecen.

Garza

Garza

Tortuga

Tortuga

Lobos de río

Lobos de río

Navegamos un poco por el lago y descansamos en una playa. Aprovechamos para comer, mirando con cuidado donde nos sentábamos porque había varios hormigueros, pero de hormigas que realmente dolían cuando picaban. “Hormigas de fuego” las llamaban, porque dejaban la sensación de ardor en la piel. Pero el mayor problema no lo tuvimos en tierra, si no en el agua. Algunos compañeros decidieron darse un refrescante baño en el lago, con tal mala suerte que una raya clavó su aguijón a un neozelandés justo cuando este estaba saliendo del agua.

Bote que usamos para volver

Canoa que usamos para volver

Al principio nadie dimensionó correctamente el problema. El herido salió del agua sin problema alguno. Estuvo sentado un rato. Dijo que empezó a sentirse mal, nos subimos al bote y emprendimos la vuelta. En ese transcurso su cara empalideció. Sentía náuseas y parecía que en cualquier momento se desmayaba. Llegamos a tierra y todavía tenemos un trecho de 3 km hasta el río. Le dolía tanto el pie y lo tenía tan hinchado que no podía pisar. Lo subimos a una carretilla y turnándonos y luego de un gran esfuerzo llegamos a orillas del río donde esperaba 2 botes. Uno para llevarlo a él al hospital (todavía tenía un trecho en bote hasta la ciudad y de ahí un taxi al hospital) y otro para llevarnos nosotros a las cabañas. A la noche el herido volvió rengueando, con el dedo vendando y el ánimo recuperado. Hablamos de lo sucedido y nos invitó unas cervezas por llevarlo en la carretilla.

Vista del río

Vista del río

Más allá de sus peligros y el calor sofocante, nos fuimos de Tambopata con el sueño de incursionar más profundo en el corazón de la selva y sabiendo que tarde o temprano, nos íbamos a reencontrar con la selva amazónica.

Nosotros

RECOMENDACIONES:

  • Internarse unos cuantos días en la selva, intentando, desconectarse del mundo moderno.
  • Muuuucho repelente, protector solar y mangas largas!
  • Ir dispuestos a probar frutas poco conocidas, observar monos y escuchar hermosos pájaros.
  • Vivir la naturaleza, en una selva, tan poco conocida para nosotros.
Lima conocida.

Wow… Despues de haber andado por el mágico Cusco, luego de observar Arequipa, de viajar hasta Copacabana, de caminar la isla del Sol y tras meternos en el amazonas en Puerto Maldonado. Volver a Lima, es volver a la ciudad. A la ciudad que uno conoce, que tan mal acostumbrados nos tiene. Es volver al S. XXI tal como lo dejamos. Es dejar de ver monos, para ver autos. Y muchos.

Lima es la Capital de El Perú y se asienta sobre las costas del Pacifico. Es una ciudad muy grande, con muchos barrios, como les decimos nosotros. Alguito recorrimos, a pie, en taxi y en “colectivo”. Colectivos muy distintos a los de Buenos Aires, chiquitos, con las puertas abiertas y un encargado gritando las paradas y los destinos por las calles. No tienen cartel que los identifique.

Casa de gobierno

Casa de gobierno

Lima colonial, otro fiel reflejo de nuestra América del Sur. De nuestras ciudades tan coloniales, tan europeas, tan de un virreinato que hoy parece lejano. Pero es historia reciente de unos pocos siglos.

Su centro histórico

Su centro histórico

Recorrimos Barranco, Miraflores y San Isidro. Casi nada. Solo estuvimos unos pocos días. Nuestro vuelo era a Lima, y sabíamos que no queríamos estar en ciudades. Le huimos.

Increíble los prejuicios con los que llegamos a Lima: “Te roban, te secuestran, te… etc”. Y con ese miedo salimos a la ciudad. El salir del aeropuerto y que muchos taxistas nos encierren ofreciéndonos precios bajos no fue muy agradable que digamos, ufff. El miedo duro poco por suerte.

Anduvimos por su centro histórico, su costa, su famoso malecón.

Pacifico

Pacifico

Barranco seduce, es muy romántico. Sus calles angostas y empedradas, casas coloniales pintadas en todos pasteles. Y claro, es EL LUGAR para comer Ceviche. Lima sin Ceviche, es cuasi-imposible. Léase seviche, sebiche, cebiche o ceviche no deja de ser el plato típico. Es una suerte de pescados o mariscos marinados y cocidos con limón – mucho limón, y un poco de picante, también.

Conocimos el Centro histórico. ¿Será la época colonial la que nos dejó la disposición plaza – catedral – casa de gobierno? Probablemente. Lima, al igual que Buenos Aires contaba con esa organización.

La catedral (superpoblada)

La catedral (superpoblada)

También, Recorrimos algunos museos históricos. Por ejemplo, el museo de “la inquisión y el congreso”. Si, ambas instituciones funcionaron en el mismo recinto. No nos olvidemos que Lima fue una de las ciudades más importantes del reinado de España en nuestra américa, por ende, todas estas cuestiones tenebrosas estaban exacerbadas.

Miraflores es un sitio muy bonito, muy turístico también. Los viajantes/turistas/vacacionistas estamos todos ahí. Recorrimos su plaza, su feria de artesanos, su costa, su “mall”. Caminamos por su costanera, pisamos su arena, y el conocido “parque de los enamorados”. Bonito atardecer sobre el pacifico nos regaló lima!

Y esa Lima tan lejana, termino siendo tan conocida. El idioma, la historia, la cultura, sus personajes, sus costumbres, sus cosas tan típicas. Su folclore. Nos separa, pero nos une. A fin de cuentas, no somos tan distintos.

Ah!! Y la «causa limeña» es el Pastel de papa.

Arequipa: La plaza y el Colca

Fue aquella vez cuando anduvimos por Perú que conocimos la bella ciudad de Arequipa, la famosa “ciudad blanca”. Alguien nos había mencionado algo sobre cierto Valle y cierto trekking que había para hacer en aquella ciudad. Y como en nuestro itinerario (que nunca nos sale como lo planeamos, por suerte!!) Arequipa nos quedaba de paso, la conocimos. Está ahí, justito en el medio entre Cusco y el Lago Titicaca. A unos 2.000 metros arriba del mar.

Hermosa ciudad. Fue el salir de Cusco, con su encanto, sus vendedores, su “massagge – massagge”, un contraste que también favoreció. Si bien Arequipa es una de las principales ciudades de Perú, y no solo por el turismo, sino porque funcionan allí varios edificios públicos nacionales; es tan tan taaan distinta a Cusco (Y solo están a 500 km).

¿Qué hicimos en Arequipa? Lo que casi-todos los mochileros suelen hacer, el trekking por el Valle del Colca. Pero, por suerte, nosotros hicimos un poco más. Hicimos algo que nos encanta, que disfrutamos y que nos permite lo más lindo de viajar: conocer gente. ¿Qué hicimos? Nos sentamos en la plaza, nos sentamos en las escalinatas de la catedral, nos sentamos en un bar. Nos sentamos. Y mágicamente, nos ven sentados –mate en mano- y alguien se nos acerca. Niños, ancianos, lugareños, viajeros como nosotros. Por suerte, nosotros los humanos, no nos olvidamos de nuestra principal característica, hablar y conversar. Y eso hicimos en Arequipa, sentarnos y hablar.

Sentarse y obsevar-se.

Sentarse y obsevar-se.

Arequipa es otra de esas ciudades para ser caminadas, además de ser una ciudad interesantísima para sentarse y observarla. Caminarla es un modo más de observar. Es el contraste entre construcciones históricas y edificios actuales una mezcla interesante. Y en ese “entre” lo antiguo y moderno esta Arequipa. Así es, hay edificios que anteriormente fueron conventos de clausura del mejor estilo colonial, y hoy funcionan allí bancos o agencias de celulares. Increíble, sobre todo porque la fachada es la misma.

Y así caminamos por su Plaza de armas, su Catedral, sus callecitas y sus peatonales. Quizá suene repetitivo, pero es la Plaza de armas y las recovas de las calles aledañas una disposición que se repite en Perú, y que merece ser recorrida a pie.

La convivencia de lo colonial con las nuevas edificaciones.

La convivencia de lo colonial con las nuevas edificaciones.

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Claro, también hicimos la perlita de Arequipa: El Trekking por el Valle del Colca. En el centro de Arequipa hay varias agencias de turismo que venden el paquete ya armado, sea el de 2, 3 o más días. Y como siempre, el precio se regatea.

Nosotros hicimos el de dos días, y estuvo más que bien. La “travesia” comienza cerca de las 3 am, cuando te pasan a buscar para dirigirse al punto donde inicia el Trekking. La primera parada es 7 am, en Chivay, donde desayunamos. [Vale aclarar que el desayuno, el almuerzo, la merienda y la cena en Perú (sobre todo cuando uno no come en un bar o restaurant del centro) suelen ser un tanto parecidas; léase una infusión, más alguna variedad de  arroz, más alguna variedad de papa, más alguna variedad de carne o pollo o pescado, todo esto combinado en todas las variables posibles.

Primeras vistas del hermoso Colca.

Primeras vistas del hermoso Colca.

Estábamos en el Trekking del Colca – dia 1.

Paramos a desayunar en Chivay, y luego nos dirigimos hasta nuestra próxima parada: “La Cruz del Condor”. Un sitio desde donde se pueden observar cóndores, como su nombre lo indica.

Avistaje del Condor

Avistaje del Condor

Y también del Diego (Maradona)

Y también del Diego (Maradona)

Luego avanzamos unos kilómetros más hasta el punto donde inicia nuestra caminata. El primer día se caminan unos 16 km, ya mayor parte del trayecto ya que en total son 22 km. Es una caminata amena, en bajada mayoritariamente. Igualmente, si estás cansado o sin ganas, tranqui… Se alquilan burros para hacer el recorrido.

Primeras vistas del Valle y del Colca.

Primeras vistas del Valle y del Colca.

Realizamos una parada para almorzar y con lluvia, iniciamos la segunda parte del recorrido. Ahora si, con alguna subidita que te obligaba a aprovechar para frenar, sacar fotos, observar el increíble lugar donde estas y claro, cambiar el aire y respirar!!

El Rio Colca.

El Rio Colca.

Cruzamos dos pueblitos muy pequeños y bonitos, acostumbrados al paso de turistas por allí. Que ganas de abandonar la caminata y sentarnos ahí, a mirar a los turistas pasar.

Colca proviene de las palabras Collaguas y Cabanas, dos etnias que habitaban a lo largo del Río Colca.

Encontramos esta capilla, perdida en el mapa.

Encontramos esta capilla, perdida en el mapa.

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Y finalmente llegamos al lugar, donde pasaríamos la noche. Lo llamaban el “oasis” del Colca, y entendimos porque… Una vista increíble y una pileta nos aguardaban!

Sin comentarios al respecto...

Sin comentarios al respecto…

Dia 2: Amanecimos muy temprano. A las 5 am ya estamos por comenzar la caminata. Debíamos caminar 7 km, pero… en subida! 7 km para subir un total de 1.100 mts. Un detalle del Colca, es un valle muy caluroso. A diferencia del “Camino del Inca” la altura es menor, por eso, hace muchísimo calor y el sol, pega fuerte. Asi fue que salimos tan temprano, para evitar lo más posible al sol. Luego de 3 horas, llegamos a la cima.

Una chola vendía bananas, justo ahí, en la cima. Que inteligente fue, esa banana fue una de las más ricas que comimos!

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Luego de reponernos del ejercicio y luego de que nuestras piernas acusen recibo, continuamos con el “tour”. Desayunamos, e hicimos una serie de paradas muy reparadoras. Paramos en una serie de miradores, lindísimos para tomar fotos. Almorzamos. Y la frutilla del postre: Nos dimos un baño termal.

Y luego, volvimos a Arequipa. Y fue aquella vez cuando anduvimos por Perú que conocimos la bella ciudad de Arequipa. Alguien nos había mencionado algo sobre cierto Valle y cierto trekking que había por hacer en aquella ciudad. Aquella hermosa ciudad para caminar y para sentarse en su plaza a observar y a charlar.

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DATOS ÚTILES:

  • Nosotros viajamos en Abril del 2012. En dicha época es Otoño. Pero Arequipa suele ser una ciudad calurosa. Es un valle, y el sol, pega fuerte! 
  • Nos alojamos en un hostel promedio. Hay mejor, hay peores. La noche estaba 20 soles por persona.
  • El trekking por el Valle del Colca nos costo unos 120 soles por persona. Incluye todo lo necesario para esos dos días.
  • Gorro y protector solar, son la clave del exito. Si, lo son.

Cualquier duda, comentario, reflexión, o lo que gustes, COMENTALO!

Costumbres Argentinas I: La costa atlántica.

Este año no pensábamos tomarnos vacaciones, o si, unas muuuy largas en realidad. Pero entre el oalor y la humedad nos llegó una invitación que nos vino muy bien. Nos invitaron a pasar el fin de semana de carnaval a San Clemente (Partido de la costa). La invitación era tentadora, 4 días, playa, mar, sol, crucigramas y pesca. Y casi sin dudarlo arrancamos viaje.

Todos queríamos estar ahí.

Todos queríamos estar ahí.

Los feriados de carnaval son una adquisición reciente. Siempre se festejaron, y por cuestiones políticas que no permitían la alegría, el festejo y el acumulo de gente, se quitaron esos días del calendario. Y hace no mucho, volvieron.
Vuelvo a nuestro fin de semana XL, armamos rápidamente unas mochilas y salimos. Lo bueno de la Costa Atlántica es que comienza a 300 km de Buenos Aires capital, y claro hasta la ruta para llegar tiene sus clásicos. Desde el arrancar con las sillitas en el techo del auto y un termo para el viaje hasta las famosas medialunas de la ruta. Para no perdernos en el mapa, la Costa Atlántica queda sobre el Océano Atlántico, en la prov. De Buenos Aires.
Durante el viaje, éramos unos más entre las filas interminables de autos y micros llenos de gente con ganas de meter los pies en el mar. Y así llegamos a la playa…

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Avistaje de veleros desde la orilla.

Avistaje de veleros desde la orilla.

Espumar de mar.

Espumar de mar.

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Es muy curioso, incluso divertido, los rituales casi místicos que vemos en las playas argentinas. Somos clásicos. El desfile de familias, parejas, amigos que llegaban a la playa con las manos repletas de cosas, desde la sombrilla, la heladeríta, los juguetes del nene, la lonita hasta (los más equipados) la mesa con sillas plegables. Y empiezan los despliegues, clavar la sombrilla, abrir las sillitas, estirar la lonita, embadurnarnos con protector solar, meternos en mar, salir, secarnos, preparar el mate, volver a meternos al agua.

Menesteres playeros.

Menesteres playeros.

Hace más de veinte años que recorremos la costa y hace más de veinte años que se repite el mismo escenario, incluso los mismos personajes. Este año no fue excepción, estaban todos. Desde el guardavidas hasta el vendedor de pirulines pasando por los churros, helados y los choclos, todos bañados en arena. Más de veinte años que miramos la misma película. Claro hace 15 años nuestra diversión era construir el pozo más hondo de la playa, hoy será leer un libro o terminar un crucigrama. Pero más allá de eso, estamos todos ahí compartiendo la playa, compartiendo el mar, algunas veces más apretados, otras más separados, pero sabiendo que estamos viviendo un clásico argentino.

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Un clásico que se extiende desde San Clemente (una de las primeras playas) hasta allá abajo, más al sur, Mar de Plata con más viento y agua un poco más fría. Claro, en un medio muchas más localidades del Partido de la Costa.

Dijimos que estuvimos en San Clemente del Tuyu, muy cerca de la Bahía Samborombón. Playas grande, mucha distancia entre el mar y los médanos, mucho espacio para correr, caminar, leer, tomar sol. Y también, para pescar. Pescar, quien dice pescar, dice intentar!

Y algo pescamos...

Y algo pescamos…

Colorida caja de pesca.

Colorida caja de pesca.

El trabajo artesanal

El trabajo artesanal

Objetos de pesca I

Objetos de pesca I

Objeto de pesca II

Objeto de pesca II

Es Punta Raza uno de los puntos de la costa donde la pesca deportiva está permitida. Ese sitio se caracteriza también por resguardar la estación de descanso y alimentación de ciertas aves migratorias. Y ahí, como dijimos, intentamos pescar.

Gaviotas

Gaviotas

Más gaviotas

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Y una vez más, nosotros pisando la playa pero sabiendo que probablemente por mucho tiempo no la pisemos (por lo menos estas playas). Y la nostalgia se entremezcla con la emoción de viajar, de conocer nuevas costumbres, nuevos modos de habitar la playa. Pero sabiendo que nosotros, los argentinos, tenemos larga data en habitar la playa. Y eso vamos a extrañar, nuestras costumbres argentinas.

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Pánico y locura en Nueva York

Es raro escribir sobre un lugar que uno visitó hace mucho (algunos años, ¿Cuánto será mucho?). Más raro es cuándo se siente que ese lugar lo sigue acompañando a uno.  Más raro cuándo con demasiada frecuencia recordás algo que tiene que ver con ese lugar. Ya en el extremo de las rarezas es nuestro caso, cuando casi que no era el destino que elegías para tus vacaciones. Bah, ganas de ir sí, pero… no sé, prejuicios quizá.

Fue durante Julio/Agosto del 2010 que empezamos a barajar la posibilidad de ir a pasar Año nuevo y Navidad allá. Claro, quién no vio mi Pobre Angelito. Navidad en NY tiene su encanto. Además Papa Noel está a tono con el clima.

Y así esa locura empezó a tomar forma. (Muchas de nuestras locuras van tomando forma!!) Trámites, Visas, Pasaportes, Pasajes. El hospedaje lo teníamos.

Con nuestros hospedantes

Con nuestros hospedantes

Con cuantos prejuicios viajamos. Prejuicios en tanto conceptos anticipados y, muchas veces, equivocados. Que sabíamos, lo que vimos en alguna película: Embotellamientos, bocinas, edificios altos, otros más altos, rascacielos, muchos museos, teatros, subtes,  un parque muuuy grande y una estatua hecha para los inmigrantes y EEUU.

Y así viajamos. El mismo aeropuerto tiene un subte que conecta con Manhattan. Salimos de subte y WOW, era como en las películas!

El frio y la emoción se sentían. NY es otra de esas ciudades que es para caminar. Subir por una calle, bajar por otra, tomar una diagonal, y perderse. Y si te cansas de caminar, más de 6 líneas de subte con ramales que te llevan a todos lados. Hasta cruzan el rio!

Central Park sin nieve

Central Park sin nieve

Paisajes del Central Park

Paisajes del Central Park

Nótese la rama sobre el río

Nótese la rama sobre el río

Mismo río, pero con nieve.

Mismo río, pero con nieve.

Haciendo un poco de memoria… cuánto frio, cuánto caminamos, cuántos lugares y cuántos cafés que tomamos! Si bien no somos muy fanáticos del café, uno rico y calentito te salva el momento (además de calentarte las manos).

Autoretrato

Autoretrato

Mas nieve, mas Central Park.

Mas nieve, mas Central Park.

Estuvimos un mes y anduvimos por todos lados. Conocimos Manhattan, alguito del Bronx y bueno, Brooklyn… llegamos hasta el famoso puente no más. Hasta nos fuimos a Washington.

Casablanca pero sin el piano.

Casablanca pero sin el piano.

Atardecer en el obelisco.

Atardecer en el obelisco.

Capitolio.

Capitolio.

Uno suele confundir Nueva York con consumo DESENFRENADO. Pero es mucho más, y ese mucho más es lo que acompaña. NY no es sinónimo de EE.UU. Sí, es una de las ciudades más importantes pero su esencia y encanto va por otro lado, hay que buscarlo. Hay que perderse caminando, tomar un subte hasta el sur para volverse caminando, hay que entrar a todos los museos y teatros, hay que pararse en una esquina y m i r a r.  Es una ciudad para ser mirada.

Todavía se siente a John Lennon por las calles de NY.

Todavía se siente a John Lennon por las calles de NY.

Museo Ciencias Naturales

Red Light (and White Cars)

Red Light (and White Cars)

Y un día hubo tormenta de nieve, y al otro día apareció todo nevado...

Y un día hubo tormenta de nieve, y al otro día apareció todo nevado…

Hay muchas maneras y modos de conocer NY, esta es una de las tantas. Perdiéndose en NY.

¿Qué recorrimos? Mucho. Estuvimos en el Central Park (con y sin nieve), Grand Central (estación de trenes enorme), Casi todos sus museos (Cs. Naturales, MeT, MoMA), Varios teatros (desde Broadway hasta una función de ballet – El Cascanueces, obvio), muchas jugueterías, la catedral, la ONU (Si, Naciones Unidas tiene su edificio en EE.UU), el SOHO, Wall Street, Ground Zero, Brooklyn Bridge, China Town, Little Italy, al famoso Zoo del Bronx (donde prometimos no ir más a un Zoo – esa es otra historia) y claro, la Señora Libertad, su estatua y la isla Ellis. Entre otras muchas más cosas.

Un poco de sol cruzando el Brooklyn Bridge.

Un poco de sol cruzando el Brooklyn Bridge.

Una mirada distinta del puente.

Una mirada distinta del puente.

En el gigantesco zoológico del Bronx

En el gigantesco zoológico del Bronx

Museo Ciencias Naturales. Seguro que lo viste en una película.

Museo Ciencias Naturales. Seguro que lo viste en una película.

Por ejemplo, el patinaje sobre hielo fue un clásico. Bah, el clásico fueron las sucesivas caídas.

Haciendo equilibrio.

Haciendo equilibrio.

NY no aburre, o al menos es muy difícil aburrirte. Hay de todo y para todos los gustos.

Esos raros peinados nuevos o postmodernismo en NY.

Esos raros peinados nuevos o postmodernismo en NY.

Particular e insistentemente es la multi – cultura, los museos, lo cosmopolita, lo tan distinto pero tan igual, lo parecido pero tan diferente, las esquinas. El caminar y entrar en unas calles donde todo es chino, y los carteles están en chino y uno no sabe si se tele trasporto al otro continente y seguir caminando y pasar por el Gospel, y entrar al MoMA y buscarla a Frida, y ver a Van Gogh en el MeT, y ver 5 Mc` Donalds en una cuadra y sentarte en un banco del Central Park y mirar la nieve o el lago. Todo eso sin un punto en el medio.

El frío no era una sensación

El frío no era una sensación

La ciudad desde otro ángulo.

La ciudad desde otro ángulo.

Es una ciudad que fascina. Enamora. Y queda guardada y acompaña. Al ver una película y decir “Yo estuve ahí”, al buscar una pintura y saber que allí había tantos originales, al pensar en el teatro, al entrar a un museo. Al ver Buenos Aires, también tan linda que también fascina y enamora.

¿Será la libertad solo una estatua?

¿Será la libertad solo una estatua?

Recomendaciones:

Si vas en invierno llevate guantes, cámara de fotos y un cd de John Lennon.

Aclaración:

Cualquier referencia relacionada con una película es mera coincidencia.

Cruzando el río: colonia del sacramento
Bandera hermana, vecina también.

Bandera hermana, vecina también.

Colonia del Sacramento, vecino de enfrente de Buenos Aires. Te tomas el barco y estas. Bah, si vas desde Buenos Aires.

Callecitas de empedrado, angostas, casas coloniales, y flores, muchas flores (Fuimos en primavera!). Estuvimos dos días, y la sensación fue de estar en un lugar donde el tiempo no paso. Desde los faroles, las puertas, ventanas y colores, todo lo daba un tinte especial.  Claro, fue colonia portuguesa fundada por el 1680 y declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco (1995). Con razón el estilo colonial!

Adoquin y flores, buena combinación

Adoquin y flores, buena combinación

Hasta las puertas son pintorescas!

Hasta las puertas son pintorescas!

Tiene su encanto.

Tiene su encanto.

Recuerdo del fuerte

Más calle.

Estuvimos dos días, decíamos. Desde Buenos Aires en barquito serán 2/3 horas (a no ser que te tomes el rápido que tarda una hora). Podes ir desde Tigre (Bs. As.) sino, pero llegas a Carmelo (Uruguay) y de ahí, te tomas un micro. Y si estas en Uruguay, cualquier bondi te deja bien.

Colonia.

Animarse

Colonia tiene su puerto, tiene sus veleros, tiene su faro (al cual se puede subir), sus plazas, sus ferias, sus artesanos, sus bares, su candombe y música uruguaya, su casco histórico y tiene sus callecitas. Es lo más nos sedujo, calles para caminar, recorrer en bici o moto. Todo se alquila. Pintoresca podría ser una buena palabra para describir Colonia.

Las ventanas, balcones y flores asomando tienen protagonico.

Las ventanas, balcones y flores asomando tienen protagonico.

Colonia del Sacramento cuenta con muchos conventos y lugares de culto.

Colonia del Sacramento cuenta con muchos conventos y lugares de culto.

A la hora de recorrer nos decimos por la bici. Luego de recorrer un poco caminando, ir al puerto de veleros y subir al faro nos fuimos pedaleando hasta la Plaza de Toros. Aclaración, entre acción y acción hubo un mate de por medio.

Veleros.

Lugares que encontramos pedaleando.

Merecido descanso!

Merecido descanso!

Pedaleamos por una suerte de costanera que bordeaba una playitas a la vera del río. Parada regia si te cansas de la bici o si querés simplemente, sentarte a ver el río. Con viento a favor, se ve Bs. As. incluso.

Mujeres con sombreros

Niños.

Sino queres ni caminar, ni pedalear...

Sino queres ni caminar, ni pedalear…

Son muy comunes las visitas en el día a Colonia, otros pocos se quedan un poco más. Para alojarse hay, cómo siempre para todos los gustos. Hermosas posadas con lindísimas vistas y precios un poco salados para los que andamos con la mochila colgada. Nosotros nos hospedamos en un hostel  de precios accesibles, sobre todo cuando uno más camina. No es una ciudad cara, y más en temporada baja (Abril – Noviembre).

Diente de León.

El sol se pone sobre río, algo lindo para ver.

El sol se pone sobre río, algo lindo para ver.

Recomendaciones: Sandalias o alpargatas para caminar, mate y termo bajo el brazo (o puede ser una Pilsen), cámara de fotos y el Pitufo Lombardo sonando de fondo.

Calle de los suspiros, hay una leyenda al respecto...Dejamos algunas de sus casas aquí abajo...

Calle de los suspiros, hay una leyenda al respecto…
Dejamos algunas de sus casas aquí abajo…

Colonia y sus construcciones

Cualquier comentario, duda, sugerencia, reflexión, pregunta, háganla llegar!

15 días no alcanzan

Seis años de pareja, uno de convivencia, y un proyecto con el que siempre soñamos. Sea esperando el subte, tomando un helado, mirando las estrellas, siempre salía el mismo tema: “Que lindo que sería irnos de viaje, un año ponele”

El viajar siempre nos gustó, salir a la ruta, mate y música de por medio siempre resulto un buen plan. Pero algo del irse con fecha de regreso no nos terminaba de cerrar.

Un poco recorrimos, el sur y norte Argentino, alguito del litoral, Uruguay, Bolivia, Perú, y Nueva York.

Pero esta vez es distinto. O al menos, nosotros lo concebimos como algo distinto.

Insisto, siempre quisimos un viaje grande (o largo mejor dicho). Ponerle un paréntesis a la vorágine en la que vivimos.

Animarse

Animarse

¿Y porque no ahora?

Y ahora, nos decidimos.

Nuestro plan es simple, irnos de viaje. Empezaremos por La India. Luego…. Veremos. Posiblemente Nepal, El Tibet y el Sudeste Asiático, ¿quién sabe?

Pero claro, 15 días no nos alcanzan. O al menos, a nosotros parecen no alcanzarnos. Queremos viajar. Viajar, conociendo, recorriendo, sintiendo, viviendo, siendo parte del paisaje mismo.

No queremos turismo exprés, queremos turismo local, si es que existe (sino, inventaremos algo parecido).

Fue curioso que al trasmitirle la noticia a amigos, familiares y compañeros se repitió la misma expresión: “15 días no alcanzan para hacer todo lo que quieren hacer”. Es cierto, por suerte 15 días no alcanzan para hacer todo lo que queremos!

Es interesante también las reacciones mezcladas con las que nos encontramos, muchos-todos nos apoyaron, pero también se escucharon sus “es una locura”, “¿de qué van a vivir?”. Y la verdad, no sabemos de qué vamos a vivir, que recorrido haremos, ni donde dormiremos. Sabemos que 15 días no nos alcanzan, y que queremos escribir nuestra propia historia.

Reir y vivir.

Una realidad aparte

¿Acaso quién no pensó alguna vez la idea de dejar todo lo conocido? ¿Quién no lo pensó en algún colectivo en hora pico, en un almuerzo familiar o una reunión laboral? ¿Quién no?

Dejar todo y viajar.

Es una idea tentadora y que seduce, pero a la vez, asusta. El sólo imaginarse dejando todo lo conocido, nos paraliza. El desprender-se nos da miedo. Será que lo conocido nos da una suerte de seguridad. Será verdad que “más vale malo conocido, que bueno por conocer”.

Porque no animarnos a descubrir nuevos mundos, nuevas personas, nuevas culturas, porque no desafiar nuestra realidad. ¿Porque no dejar todo y simplemente irnos?

¿Será qué la vida nos ata, o nosotros nos atamos a ella? Lo bueno: hay nudos que se pueden desatar.

¿Dentro o fuera de la reja?

¿Dentro o fuera de la reja?

Citando un dialogo entre Carlos Castañeda y Don Juan:

La sola idea de despegarme de todo lo que conozco me da escalofríos -dije.

‑¡Has de estar bromeando! Lo que debería darte escalofríos es no tener nada que esperar más que una vida de hacer lo que siempre has hecho. Piensa en el hombre que planta maíz año tras año hasta que está demasiado viejo y cansado para levantarse y se queda echado como un perro viejo. Sus pensamientos y sentimientos, lo mejor que tiene, vagan sin ton ni son y se fijan en lo único que ha hecho: plantar maíz. Para mí, ése es el desperdicio más aterrador que existe.

“Somos hombres y nuestra suerte es aprender y ser arrojados a mundos nuevos, inconcebibles.”

‑¿Hay de veras algún mundo nuevo para nosotros? ‑pregunté, medio en broma. [1]

Y esa pregunta, quizá en broma, es una invitación. Mundos nuevos. Mundos a descubrir, ¿pero cómo? El hecho de desprenderse de lo conocido no termina cuando uno sube al avión, o eso creemos. Mejor pensarlo como un proceso continuo, donde uno se va transformando. Donde lo más interesante es el recorrido, y no sólo el punto de llegada. Un camino, un estilo de vida, una aventura, un desafío.

Animarse a caminar (mirar) distinto. Con pies nuevos.

Animarse a caminar (mirar) distinto. Con pies nuevos.

Para nosotros, un modo de alcanzarlo es viajar

Quizá solo se trate de elecciones. Animarse. Intentar conocer e intentar conocerse.

Porque, por suerte, uno se cansa de ser siempre uno mismo.


[1] Castañeda, C. “Una realidad aparte”. Fondo de Cultura Económica. México. 1974.