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Grecia: Guía completa de viaje

ACLARACIONES SOBRE ESTA GUÍA DE VIAJE A GRECIA

La información recogida aquí se corresponde con nuestro viaje a Grecia en octubre del 2016.

Todos los datos están basados en nuestra propia experiencia. De este modo, los precios son los que nosotros pagamos, y los trámites, los que nosotros mismos realizamos.

Esperamos que cumpla su objetivo: serle útil a futuros viajeros. Cualquier duda, pregunta o comentario, no duden en hacerlo llegar.

¡Buen viaje y disfruten de Grecia!

INTRODUCCIÓN

Siendo tierra de vinos y aceitunas, de mares y montañas verdes, de leyendas y de dioses, Grecia es, sin duda, uno de los países más lindos que visitamos. Y por lo tanto nos quedaron muchas ganas de volver.

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VISA

La mayoría de las nacionalidades latinoamericanas y europeas no requieren visa para ingresar a Grecia ya que es parte de la Unión Europea y de la Zona Schengen. El tiempo máximo permitido de estadía es de 90 días.

MONEDA

La moneda es el Euro y esa es la razón de la gran tragedia griega y económica que el país sufrió en los últimos años.

Para ver la cotización actual del euro con cualquier otra moneda xe.com

Nosotros, por lo general, utilizamos tarjetas de crédito y euros en efectivo.

Muchos sitios aceptan dólares pero lo toman a un valor muy bajo.

IDIOMA

El idioma oficial es el griego y se caracteriza por una escritura bastante particular.

En las regiones turísticas (casi) todos hablan inglés, por lo cual el idioma no es problema. Pero, como siempre decimos, es agradable conocer algunas palabras del idioma local aunque no sea del todo necesario.

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CLIMA

Grecia tiene una geografía diversa y muy interesante. Nace en las orillas del mar Egeo y termina en el valle del Monte Olimpo, albergando dentro sí los olivos más ricos de la región.

Por lo cual, en invierno hace bastante frío y en verano bastante calor. Lo ideal es ir en otoño (septiembre-noviembre) o primavera (marzo-junio) para no sufrir las temperaturas en extremo.

PRESUPUESTO

Grecia no se caracteriza por ser un país “súper barato” pero con ingenio se puede encontrar el modo de viajar sin gastarnos todo nuestro presupuesto. Como siempre, un viaje puede ser tan caro y tan barato como uno de deseé y planeé. En nuestro caso siempre viajamos de un modo económico, al mejor estilo mochilero.

No realizamos excursiones pagas (nos las ingeniamos para realizarlas nosotros mismos) y solemos optar por transporte público antes que tomar un taxi o autos privados con chofer.  Viajamos lento y de manera pausada. Solemos informarnos bastante sobre precios, distancias, medios de transporte o cualquier otra variable que intervenga.

Cuando más rápido uno quiere viajar y más destinos en menos tiempo quiere ver, el presupuesto se encarece mucho más.

Un presupuesto muchilero (holgado) promedio en Grecia puede ser de unos 30 euros al día/por persona. Incluye alojamiento (hostel con baño compartido), comida y transportes públicos. Lo más caro en Grecia es el transporte a las islas.

Otro gasto extra en Grecia, es que a diferencia de otros sitios, la mayoría de los sitios de intereses turísticos son pagos y, relativamente, caros. Por ejemplo, la acrópolis de Atenas cuesta 20 euros por persona y el oráculo de Delfos, 12 euros. Hay descuentos para estudiantes y mayores de 65 años.

Nuestro presupuesto se descompone en tres cosas básicas. Comer, dormir y viajar:

Comida

Lo mejor de Grecia es el queso y las aceitunas. La comida en Grecia es riquísima y con muchísimas opciones carnívoras y vegetarianas. Nuestro plato favorito fue la musaca, un pastel de carne con berenjenas riquísimo. También el souvlaki (pinchos de carne asada) y el gyros, ideal para comer al paso y para un presupuesto más reducido. El yogurt griego es algo que vale la pena probar, como también las aceitunas y el queso.

El vino blanco también es famoso, aunque siendo sinceros, los vinos de Argentina son mejores.

Alojamiento

Las opciones de alojamiento van desde hoteles de súper lujo hasta hostels compartidos a muy bajo precio.

Para nosotros, la mejor opción sobre todo si se trata de un grupo familia fue alquilar un departamento. El precio es por día y la mejor opción es Airbnb (con este link pueden obtener 30€ de crédito). Es decir, suelen ser casas de familia con habitación de alquiler. Algunas con baño privado, alguna incluyen desayuno, etc. Hay muchas opciones y cada una de adapta a los distintos presupuesto.

La zona y la época del año influyen muchísimos en los precios. En temporada baja los hoteles suelen hacer grandes rebajas en sus precios. Santorini, por ejemplo, tiene opciones de alojamiento mucho más caras que en resto del país.

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Transporte

Grecia, como ya dijimos, es un país que se adapta a todos los presupuesto y estilos de viaje. Es un país relativamente chico que se puede recorrer muy bien en bicicleta, a dedo (autostop), con vehículos de alquiler y en transporte público. El mayor detalle es ir a las islas, sólo se puede acceder en ferri y todas las compañías son privadas y, relativamente, caras. Otra opción también cara es el avión.

Nosotros llegamos a Atenas, capital de Grecia en avión. Teníamos poco más de una semana para recorrer el país por lo cual optamos por hacerlo con un vehículo de alquiler. Lo sacamos en el aeropuerto de Atenas y lo usamos para recorrer la península de Peloponeso y la Isla de Santorini. El último día lo devolvimos en el aeropuerto nuevamente. Decidimos utilizar el servicio de vehículos de alquiler de AutoUnion y no tuvimos ningún problema. Todo fue muy sencillo y rápido.

Para ir a Santorini desde el Puerto de Pireus, utilizamos el servicio de ferris de SeaJets. Los barcos son grandes, rápidos, nuevos y muy buenos. Como siempre, lo mejor es contemplar el Mar Egeo desde la cubierta del barco.

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ITINERARIO

En total estuvimos diez días en Grecia y este fue nuestro itinerario:

  • Día 1 – Atenas

Llegamos por la mañana al aeropuerto. Nuestro vuelo venía desde Georgia. Ese día aprovechamos para descansar y recorrer poco de la ciudad.

  • Día 2 – Atenas

Por la mañana visitamos la acrópolis de Atenas. Es recomendable hacerlo por la mañana bien temprano o ya por la tarde, para evitar las excesivas hordas de turistas.

Almorzamos en el centro y caminamos por el barrio de Plaka.

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  • Día 3 – Alrededores de Atenas

Aprovechamos el día para recorrer los alrededores de Atenas con el vehículo de alquiler. La primer parada fue al estrecho de Corinto. Luego, visitamos las ruinas de la antigua Micenas.

Almorzamos en el hermoso pueblo costero de Nafplio y desde ahí visitamos el impresionante anfiteatro de Epidauro.

Ese día hicimos más de 300 kilómetros pero conocimos los sitios más interesantes de la Península de Peloponeso.

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  • Día 4 – Santorini

Bien temprano por la mañana tomamos el ferri a Santorini. Optamos por la empresa SeaJeats.

A la isla viajamos con el vehículo de alquiler lo que nos permitió tener más soltura e independencia para recorrer Santorini.

Nos alojamos en Perissa, al sur de la isla. Durante la tarde estuvimos en la playa y a la hora del atardecemos, fuimos en auto a Oia.

  • Día 5 – Santorini

Aprovechamos la mañana para ir a la playa de Perissa. Por la tarde, fuimos en auto a recorrer la isla. Visitamos Fira y alrededores.

  • Día 6 – Santorini – Delfos

Nuestro ferri de regreso a Atenas salió al mediodía, por lo cual disfrutamos de Santorini por la mañana.

Cerca de las 18 llegamos a Atenas y decidimos manejar un poco más para llegar a Delfos esa misma noche.

  • Día 7 – Delfos y alrededores

Por la mañana visitamos las impresionantes ruinas de Delfos y el famoso oráculo. Por la tarde, nos fuimos con el auto a conocer el pueblo costero de Galaxidi. Uno de los sitios más lindos de Grecia

  • Día 8 – Atenas

Por la mañana y tras desayunar en Delfos volvimos a Atenas. Son menos de 200 kilómetros. Llegamos al mediodía y aprovechamos para visitar el museo de la Acrópolis.

Por la tarde, decidimos ir al Cabo Sunión a contemplar el atardecer desde el Templo de Poseidón. En el camino, paramos en muchos sitios a sacar fotos y tomar mate.

  • Día 9 – Aeropuerto Atenas

Por la mañana, devolvimos en auto en la agencia en la zona del aeropuerto. Luego, nos dispusimos a embarcar con destino a Sofía, Bulgaria.

RECORRER GRECIA CON VEHICULO DE ALQUILER

Para nosotros, Grecia es el país ideal para recorrer con coche de alquiler. Las distancias son cortas, las rutas están en excelente estado y no hay nada mejor que la independencia de andar con vehículo propio. Además, hay muchas agencias y compañías y los precios por día son muy buenos. Eso sí, la mayoría de las autopistas tienen peajes pagos.

Otra ventaja es que el vehículo se puede cargar en los ferris y no hay problema con trasladarlos entre las islas.

Nosotros contamos con el servicio de AutoUnion. El servicio fue excelente y tienen la posibilidad de retirar y devolver el auto en el aeropuerto de Atenas y en la mayoría de las grandes ciudades. Además, los vehículos están en muy buen estado.

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RECOMENDACIONES Y CONSEJOS PARA VIAJAR A GRECIA

– Si estás buscando vuelos a Grecia, una buena opción puede ser BestDay.

Interiorizate: Grecia está atravesada por historia muy complicada e interesante. Tratá de llegar a Georgia conociendo algo, de su geografía, cultura, historia política y de su situación actual. Conocer su historia sirve para entender lo muchas ruinas que vas viendo y que no sea simplemente un cúmulo de piedras.

Planificá: Un viaje sale mejor cuando uno lo planifica, al menos un poco. No somos partidarios de un viaje plenamente organizado, con reservas y un itinerario definido. Somos partidarios de que el viaje se vaya armando a sí mismo, pero eso no quita que uno planifique, al menos, algo. Mira un mapa, que lugares te gustaría conocer, por qué, fijate si te quedan de paso, arma un posible recorrido. Tener en cuenta tu presupuesto, tus gustos y tus ganas.

– Dejá los prejuicios en casa, en serio. Tratá de no quedarte con lo obvio.

– Grecia es un país seguro, es casi inexistente la inseguridad y los robos. No existen, en parte, porque la policía esta todo el tiempo y a todo momento rondando por ahí. Igualmente, estate atento a tener ciertas precauciones.

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¿CONVIENE VIAJAR CON SEGURO MEDICO?

Nunca se sabe si lo vamos a necesitas, por lo cual, nosotros igual nos sacamos uno. Seguramente no lo uses, pero por las dudas…

Lo que es cierto es que como Argentinos en la Zona Schengen es obligatorio para entrar. No conocemos ningún caso que se lo hayan pedido, pero mejor tenerlo y no usarlo, a necesitarlo y no tenerlo. Hay muchas ofertas y promociones, 2×1, descuentos. Les recomendamos que chequeen posibles cotizaciones y tipos de coberturas en Asegura tu viaje.

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Armenia y sus habitantes

El sentimiento fue proporcionalmente inverso que a la entrada. Ahora no me preguntaba en que momento debía cubrirme, sino por el contrario contaba los pasos que faltaban hasta cruzar la línea imaginaria que separa a Irán de Armenia. Sólo en ese punto iba a poder sacarme mi improvisado hiyab. También iba a sacarme la camisa de manga larga y con suerte, las calzas que tenia debajo de la pollera. Es que con 39 grados, me costaba mucho andar tan cubierta.

Se ve que no era la única. Delante nuestro, un grupo de cinco mujeres iraníes esperaban que les devuelvan sus pasaportes ya sellados. No les daban las piernas para correr. Buscaron refugio en el primer árbol que se ve del otro lado del puente que separa ambos países, justo debajo de la bandera roja, azul y naranja. Ahí, se sacaron toda la ropa que pueden. Quedaron en short y musculosa. Comenzó una sesión de fotos, maquillaje, y risas. Ellas festejan haber alcanzado cierto estado de libertad, yo, en cambio, trato de pensar cuál de las dos posturas es más opresiva. Pero también aprovecho, y me saco todo la ropa que llevo de más. Las vuelvo a mirar; siguen sacándose fotos. Las leyes, muchas veces, suelen producir el efecto contrario de lo que intentan regular. Las leyes religiosas de la República Islámica de Irán son un claro ejemplo.

Del otro lado, seguían las mismas “libertades”. Todos los locales eran clubs nocturnos y anunciaban cerveza fría. Así fue que nos enteramos que Armenia era el terreno de libertinaje para muchísimos iraníes. Casi, para todos los iraníes que podían salir del país sin problema. Pero nosotros no buscábamos eso. Armenia representaba mucho más que cervezas y poder vestir musculosas.

***

Armenia, siendo sinceros, era un país que siempre nos llamó la atención y al que le tenemos un cariño especial. Posiblemente por su cercanía con Argentina y por la cantidad de amigos armenios, quizá por su historia. Armenia nos generaba simpatía, pero también pena, tristeza y desconsuelo. Además, viajar por Armenia nos devolvía un poco a nuestro mundo conocido. Después de tantos meses viajando por países musulmanes, hinduistas o budistas, encontrarnos con el cristianismo cara a cara era todo un adelanto. Armenia es un país por el cual sentíamos empatía, un país en el cual no nos llamaba tanto la atención los paisajes ni los sitios turísticos, sino su gente. Sus habitantes. En Armenia sólo queríamos hacer una cosa: hablar con su gente.

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Para eso, no hay mejor manera que hacer dedo. Viajar haciendo autostop nos obliga a subirnos al auto de un desconocido por cierta cantidad de kilómetros y compartir nuestras historias. Así comenzamos a esperar el primer auto. Pasó uno, pasó otro. Todos querían plata. Decidimos seguir esperando. Teníamos que hacer solamente cien kilómetros hasta la ciudad de Goris. Nos frenó una pareja que escuchaba reggaeton a todo volumen y nos llevó diez kilómetros más adelante. Decidimos parar a almorzar al lado de la ruta. Pedimos un khachapuri, un pan relleno de queso, huevo frito y manteca. Volvimos a la banquina a seguir esperando. Finalmente pasó (y frenó) un auto. Nos lleva hasta mitad de camino. Se trata de L., una armenia-rusa que vive en Ereván y viaja alrededor del país por trabajo. Habla inglés y es la mejor introducción que podemos tener al país.

Con L. charlamos bastante. Le preguntamos por la situación actual del país, por su trabajo y por sus aspiraciones. Reconocé que ni ella ni su mamá hablan armenio. Su idioma es el ruso. La URSS cayó, pero sigue presente.

Avanzamos rápido y eso que es todo camino de montañas, con curvas y contracurvas. En Armenia, las distancias son cortas. Es un país chico y con pocos habitantes. Pero no siempre fue así. Armenia perdió territorio y población con el avance atropellador de la historia. Decidí preguntarle a L. por sus sitios favoritos en el país. Nosotros no teníamos ningún itinerario armado, por lo cual, sus sugerencias podrían ayudarnos.

Ella comenzó a divagar. Que es un país chico, que está en los conflicto, que las montañas quedaron del otro lado, que el bíblico Monte Ararat quedó en Turquía, que la mayoría de los armenios están fuera del país. Trató de ser concisa y le pido que sólo me diga el nombre de un lugar. De su lugar favorito en Armenia. Piensa. “El monasterio de Dilijian, ese es mi lugar preferido pero hace muchos años que no voy” nos dijo L. A los pocos kilómetros nos despedimos.

***

De noche y con mucho frío llegamos a Goris. Nuestra primer para en el país. Teníamos la dirección de nuestro alojamiento anotada en un papel. La sorpresa fue descubrir que los nombres de las calles no estaban en letras latinas, ni en letras cirílicas. Todo estaba en armenio, un idioma tan complejo como antiguo.

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El traducir los caracteres uno por uno parecía una tarea bastante imposible. Decidimos preguntarle a un tipo que estaba estacionando el auto. No reconoce ni el nombre del hotel ni la dirección, pero nos invita a la casa. Ahí podemos usar internet y buscar la dirección correcta. La casa era de piedra, con balcones, ventanales y muchas flores. Combinada perfectamente con el cariz medieval que tiene la ciudad de Goris.

Para entrar a la casa, debemos sacarnos los zapatos. Adentro estaba su mujer y sus dos hijos, también sus padres, su cuñada y tres sobrinos. Todos se ponen de pie para saludarnos. Nadie pregunta nada ni interroga al hombre. Entrar con dos desconocidos era lo más natural del mundo. Nos ofrecen café, vodka, vino y galletitas. En ese orden. También bombones y una computadora para poder buscar la dirección del hotel.

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Cada vez que decíamos Argentina, ellos se ponían contentos. “Argentina-Armenia, amigos” decían y unían ambas manos como Alfonsín, en señal radical de la victoria. Y así, el dueño de casa comenzó a enumerar todos los argentinos-armenios que conocía. La cuenta era fácil, sólo había que decir apellidos que terminaban en –ian. Cuando ya estábamos dispuestos a salir de nuevo en busca del hotel, el hombre se ofrece a llevarnos en su auto.

***

El Monasterio de Tatev es el sitio de orgullo de los armenios. El orgullo es doble. Por un lado, se trata de una construcción impresionante hecha en roca en el filo de una montaña y por otro, para llegar hasta allá arriba uno puede tomar en cable-carril más largo del mundo, según los records Guinness.

Nosotros no optamos por el cablecarril sino que hicimos dedo en la ruta de tierra que conduce al Monasterio. A medida que el camino se iba metiendo más y más en el valle, nosotros no dejábamos de sorprendernos de tanto verde. Es que sí, veníamos del desierto donde ver un árbol era todo un espectáculo. Acá, por el contrario, no nos daban los dedos para contar todos los tonos de verdes y marrones.

El monasterio nos dejó boquiabiertos. Fue retroceder miles de años en la Historia de la humanidad. Curiosamente, Armenia fue la primer nación en adoptar el catolicismo como religión y la misma, aún hoy, sigue intacta.

El Monasterio de Tatev, al igual que otros tantos monasterios del país, está hecho en piedra maciza. La arquitectura es medieval, las paredes son anchas, las ventanas pequeñas y las vistas siempre son majestuosas. Al ser representaciones de la Iglesia Ortodoxa Armenia, no hay estatuas ni figuras de los santos. Sólo imágenes e íconos, coronados en marcos dorados. Los popes, a su vez, caminan todos vestidos de negros, con sus barbas largas y sus crucifijos brillantes. Las mujeres, debemos cubrirnos la cabeza para poder entrar a las iglesias. También, debemos salir caminando para atrás. No sea cosa que nos demos vuelta y le demos la espalda al Señor.

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Nuestra ruta por Armenia continuó. Seguimos viajando a dedo, visitando monasterio y observando el monte Ararat a lo lejos. Se ve desde números sitios aunque ya no sea más parte de Armenia.

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Visitamos Ereván, la capital. Allí, nuestros rasgos occidentales se camuflaban entre la población y todos nos hablaban en ruso. Retoños soviéticos que siguen están a la orden del día. También visitamos los monasterios de Noravank y de Khor Virap. Ambos son construcciones antiquísimas, cargadas de historias e interés.

Nos quedaban pocos días en Armenia y decidimos hacerle caso a L. Dejamos Ereván para ir al norte, al Lago Sevan. Desde ahí, alcanzaríamos Dilijian. Según muchos, Dilijian son los Alpes suizos del país. Posiblemente por ser una zona muy frondosa, con parques nacionales y monasterios perdidos entre las montañas. Sí, en Armenia hay muchos árboles, monasterios y montañas. Aunque muchas hoy sean parte de Turquía o Azerbaiyán.

El famoso monasterio que nos había recomendado L. Estaba a unos diez kilómetros de Dilijian. Decidimos ir a dedo pero a mitad de camino nos arrepentimos. Había sol y el camino iba por medio de un bosque. Decidimos caminar. En eso, un auto pone balizas y frena a unos metros más adelante. Dudamos si paró por nosotros o no.

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La puerta se abre y salta L. con una sonrisa de oreja a oreja. “Sabía que eran ustedes. Los reconocí por las alturas. ¿Van al monasterio? Suban”. L. nos presentó a su mamá. Nos dijo que nuestra pregunta por su sitio favorito la dejó pensando y le dieron muchas ganas de volver a Dilijian, su sitio favorito.

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Sí, Armenia es el país dónde la misma persona pueden levantarte dos veces en la ruta. Porque, a pesar de que las montañas hayan quedado del otro, el encanto del país sigue siendo su gente.

Aclaración:

En realidad, Armenia es el país donde la misma persona puede levantarte tres veces en la ruta. Porque el día siguiente, L. nos volvió a levantar. Aunque esta vez fue en un punto de encuentro y a un horario acordado.

Georgia: Guía completa de viaje

ACLARACIONES SOBRE ESTA GUÍA DE VIAJE A GEORGIA

La información recogida aquí se corresponde con nuestro a Georgia en septiembre del 2016.

Todos los datos están basados en nuestra propia experiencia. De este modo, los precios son los que nosotros pagamos, y los trámites, los que nosotros mismos realizamos.

Esperamos que cumpla su objetivo: serle útil a futuros viajeros. Cualquier duda, pregunta o comentario, no duden en hacerlo llegar.

¡Buen viaje y disfruten de Georgia!

INTRODUCCIÓN

Siendo tierra de vinos, quesos y montañas verdes Georgia es, sin duda, uno de los países más lindos que visitamos. Georgia se ubica en la región del Cáucaso, a mitad de camino entre Europa y Asia (aunque ellos se mueren de ganas de ser europeos).

Georgia es un país fácil, barato y con opciones turísticas para todos los gustos. Desgraciadamente (o por suerte) es un país muy poco conocido y con un turismo que ha crecido sólo en los últimos años.

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A su vez, fue una de las quince ex naciones socialistas soviéticas (URSS), razón por la cual aún mantiene mucha influencia de Rusia a pesar de los conflictos territoriales que mantiene con el gran gigante. Todo esto convive con paisajes soñados y con mucha impronta medieval.

VISA

La mayoría de las nacionalidades latinoamericanas y europeas no requieren visa para ingresar a Georgia. El tiempo máximo permitido de estadía es de 90 días.

Acá podes encontrar más información.

MONEDA

La moneda es el Lari georgiano (GEL). Los billetes son de 1, 2, 5, 10, 20, 50, 100 y 200 Lari y las monedas de 1, 2, 5, 10, 20 y 50 Tetri (centavos) y de 1 y 2 Laris.

Aquí van algunas conversiones para tener una idea (al 23/10/2016):

La relación yuan-dólar es de 1 USD → 2,37 GEL.

La relación yuan-euro es de 1 EUR  → 2,58 GEL.

Para ver la cotización actual xe.com

Es importante pensar como manejar las finanzas. Hay varias opciones:

– Viajar con cheques viajeros. En todas las ciudades importantes hay casa de cambio que los aceptan. El tipo de cambio es apenas un poco más bajo.

– Viajar con efectivo. Lo más fácil de cambiar son dólares en bancos o casas de cambio. Hay que prestar especial atención a los distintos cambios. Nos pasó de ver casas de cambio con una tasa bajísimas y otras con un tipo de cambio muy malo.

– Sacar dinero vía cajeros automáticos o manejarse con tarjetas de crédito. Cajeros (ATM) hay por todos lados.

Para nosotros lo más cómodo y simple fue ir sacando plata de cajeros automáticos a medida que el viaje va avanzando. En la mayoría de las ciudades y pueblos encontrarás uno y podes obtener liras con tu tarjeta de crédito o débito. Esta opción fue la más segura y barata para nosotros. El inconveniente es que necesitás una cuenta bancaria o al menos una tarjeta a tu nombre.

Si optan por la tarjeta de crédito o débito, recuerden tener siempre una reserva de dinero en efectivo. Nos pasó de estar en pueblos sin cajeros o sin luz.

IDIOMA

El idioma oficial es el georgiano y se caracteriza por una escritura bastante particular. Diríamos, imposible de leer. Al haber sido parte de la URSS la mayoría de la población también habla ruso, incluso los jóvenes.

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En las regiones turísticas (casi) todos hablan inglés, por lo cual el idioma no es problema. Pero, como siempre decimos, es agradable conocer algunas palabras del idioma local aunque no sea del todo necesario.

CLIMA

Georgia tiene una geografía diversa. Nace en las orillas del mar Negro y termina en el valle del Cáucaso, albergando dentro sí las montañas más altas de la región.

Por lo cual, en invierno hace bastante frío y en verano bastante calor. Lo ideal es ir en otoño o primavera para no sufrir las temperaturas en extremo.

El mayor inconveniente de ir en invierno es que la mayoría de los caminos de montañas se cierran y todo el norte del país queda anegado, pero es ideal para aquellos que les gustan los deportes invernales.

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PRESUPUESTO

Georgia no se caracteriza por ser un país “súper barato” pero con ingenio se puede encontrar el modo de viajar sin gastarnos todo nuestro presupuesto. Como siempre, un viaje puede ser tan caro y tan barato como uno de deseé y planeé. En nuestro caso siempre viajamos de un modo económico, al mejor estilo mochilero.

No realizamos excursiones pagas (nos las ingeniamos para realizarlas nosotros mismos) y solemos optar por transporte público antes que tomar un taxi o autos privados con chofer.  Viajamos lento y de manera pausada. Solemos informarnos bastante sobre precios, distancias, medios de transporte o cualquier otra variable que intervenga.

Cuando más rápido uno quiere viajar y más destinos en menos tiempo quiere ver, el presupuesto se encarece mucho más.

Un presupuesto muchilero (holgado) promedio en Georgia puede ser de unas 50 liras diarias. Incluye alojamiento (hostel con baño compartido), comida y transportes públicos. Lo que da unos veinte dólares por día.

Lo bueno de Georgia, es que a diferencia de otros sitios la mayoría de los sitios de intereses turísticos son gratuitos.

Este presupuesto se descompone en tres cosas básicas. Comer, dormir y viajar:

Comida

Lo mejor de Georgia es el vino, aunque siendo sinceros, los vinos de Argentina le pasan el trapo.

La gastronomía georgiana no es algo que haya fascinado. Por el contrario, nos decepciono un poco. Además de las conocidas comidas continentales, lo más común en Georgia son los kanchapuri. Se trata de un pan relleno de huevo, queso y manteca. En algunos sitios lo sirven abierto y en otros, cerrado. También vienen relleno de verduras o carnes.

Otro clásico Georgianos son los khinkalis, unas empanaditas rellenas de carne. Son muy baratas y también vienen servidas de queso, champiñones o papa, por ejemplo.

Alojamiento

Las opciones de alojamiento van desde hoteles de súper lujo hasta hostels compartidos a muy bajo precio. Por otro lado, Georgia es el país ideal para quienes les gustan acampar. Al tener muchas montañas y parques naturales, poner la carpa es lo más común. Se puede acampar en casi todos los sitios sin ningún problema.

Para nosotros, la mejor opción son las casas de huéspedes (guest-house). El precio es por día y es al mejor estilo AirB&B. Es decir, suelen ser casas de familia con habitación de alquiler. Algunas con baño privado, alguna incluyen desayuno, etc. Hay muchas opciones y cada una de adapta a los distintos presupuesto.

Transporte

Georgia, como ya dijimos, es un país que se adapta a todos los presupuesto y estilos de viaje. Es un país chico que se puede recorrer muy bien en bicicleta, a dedo (autostop), con vehículos de alquiler y en transporte público.

Nosotros llegamos a Tbilisi desde Armenia. Lo hicimos a dedo. Georgia es un país donde hacer dedo es muy fácil. Hay muchos camioneros, las rutas están en buen estado y en general hay buena predisposición con los autoestopistas. En todo caso, basta ver las banquinas. Hasta los georgianos suelen hacer dedo.

Para recorrer el resto del país optamos por un vehículo de alquiler. ¿Las razones? Teníamos poco tiempo, las distancias sin cortas, nos encanta manejar, las rutas muestran unos países de ensueño y a muchos sitios solo se accede mediante vehículo. Por lo cual, tarde íbamos a tener que contratar un taxi. En ese caso, lo mejor era ya contar con la libertad de andar con vehículo propio. Además, contamos con el apoyo de Cars4rent.

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CONEXIÓN A INTERNET Y TELEFONÍA CELULAR

En la gran mayoría de las ciudades (grandes y pequeñas) hay conexión a internet. Incluso muchos shoppings, restaurants y cadenas de comida rápida tienen wifi abierto.

Si van a estar varias semanas recorriendo el país lo más útil puede ser comprar una tarjeta sim activada con plan de datos. Son baratos y fáciles de obtener. Es más, si llegan al aeropuerto, la compañía Geocell (color violeta) las regala para turistas. En el centro, las venden a unos 5 Laris.

Para recargar, se puede utilizar las máquinas electrónicas que hay en casi todas las esquinas. Están en inglés y son muy intuitivas,

ITINERARIO

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En total estuvimos diez días en el país y este fue nuestro itinerario:

-> Día 1 – Cruzamos la frontera desde Armenia. Dormimos en Tbilisi.

-> Día 2 – Tbilisi

-> Día 3 – Tbilisi – Visita a David Gareja

-> Día 4 – Kutaisi – Parando en Mtskheta, Jvari, Uplistsikhe (la ciudad de piedra), y Gori

-> Día 5 – Mestia

-> Día 6 – Mestía – Ushguli

-> Dia 7 – Mestía – Mazeri y glaciar Ushba

-> Día 8 – Sairme (Kutaisi)

-> Día 9 – Stepantsminda/Kazbegi

-> Día 10 – Tbilisi

*Podés leer más sobre nuestro itinerario por Georgia con vehículo en este apartado*

RECOMENDACIONES Y CONSEJOS

– Interiorizate: Georgia está atravesado por historia muy complicada e interesante. Trata de llegar a Georgia conociendo algo, de su geografía, cultura, historia política y de su situación actual. Al menos para nosotros, la situación política de los países que visitamos es una pregunta obligada.

– Planificá: Un viaje sale mejor cuando uno lo planifica, al menos un poco. No somos partidarios de un viaje plenamente organizado, con reservas y un itinerario definido. Somos partidarios de que el viaje se vaya armando a sí mismo, pero eso no quita que uno planifique, al menos, algo. Mira un mapa, que lugares te gustaría conocer, por qué, fijate si te quedan de paso, arma un posible recorrido. Tener en cuenta tu presupuesto, tus gustos y tus ganas.

– Dejá los prejuicios en casa, en serio. Tratá de no quedarte con lo obvio.

– Georgia es un país seguro, es casi inexistente la inseguridad y los robos. No existen, en parte, porque la policía esta todo el tiempo y a todo momento rondando por ahí. Igualmente, estate atento a tener ciertas precauciones.

¿CONVIENE VIAJAR CON SEGURO MÉDICO?

Nunca se sabe si lo vamos a necesitas, por lo cual, nosotros igual nos sacamos uno. Seguramente no lo uses, pero por las dudas… Mejor tenerlo y no usarlo, a necesitarlo y no tenerlo. Hay muchas ofertas y promociones, 2×1, descuentos. Les recomendamos que chequeen posibles cotizaciones y tipos de coberturas en Asegura tu viaje.

Kurdistán, prejuicios y hospitalidad de un pueblo

En nuestro viaje por el Kurdistán Iraní nuestras pupilas archivaron paisajes montañosos, lagos y distintos pueblitos anclados en algunos valles perdidos. Pero lo que más recordamos no es algo que nuestros ojos puedan guardar porque si hay algo que identifica a Kurdistán, es su cultura milenaria. Descendiente de los medos, imperio que coexistió con el Persa.

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***

Kurdistán, en realidad, es una región que abarca varios países. Irán, por supuesto, pero también Irak, Siria y Turquía. Tienen su propio idioma y la mayoría son musulmanes sunitas, algo que sobresale en un país musulmán chiita como lo es Irán. Hoy los kurdos son más de cuarenta millones.

El pueblo kurdo se hizo famoso por los conflictos bélicos que afronta la región: la revolución en Siria y la guerra contra el Estado Islámico (ISIS por sus siglas en Inglés, Islamic State of Iraq and Syria).

Hoy en día los kurdos no tienen un Estado que los representa. La mayoría de su pueblo está desperdigado en cuatro países distintos, aunque muchas veces se comportan como si las fronteras impuestas no existieran. Por ejemplo, a las amenazas del ISIS en territorios kurdos sirios e iraquíes respondieron incluso los kurdos de otros países formando una de las líneas más importante de defensa. En la región de Kobane, por ejemplo, un ejército de mujeres guerrilleras toman acciones diariamente para defender las fronteras de su territorio, de su identidad y de su historia. A fin de cuentas, su pedido pide volver a definir las fronteras del pueblo kurdo.

Pueden leer esta nota de Proyecto Kahlo que cuenta cómo este mismo ejército de mujeres guerrilleras toman acciones diariamente para defender las fronteras de su territorio, de su identidad y de su historia en el Kurdistán Sirio.

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Antes de llegar a Irán, habitantes de países vecinos (y algunos no tanto) nos insistían sobre el peligro de viajar por aquel país. “Son terroristas, los van a matar”. Nada de eso pasó. Y desde que llegamos los iraníes no pararon de decirnos que ellos no eran terroristas, sino buena gente y que es todo eso es culpa de la prensa internacional. Pero nos advirtieron que los terroristas eran otros, los kurdos. De esos sí teníamos que tener cuidado. Algo que se repite en todo el globo. El vecino siempre es más peligroso. En los países bálticos nos advertían sobre los rusos, los rusos sobre los mongoles y estos sobre los chinos.

***

Estábamos en las afueras Marivan, un poco tarde, haciendo dedo para llegar a Sanandaj (capital de Kurdistán) donde nos esperaba una familia que habíamos conocido días atrás. Hacía calor, como siempre en Irán, y no esperamos ni cinco minutos hasta que paró el primer auto. Bajó un hombre kurdo, vestido con las típicas ropas kurdas. No teníamos idioma en común. Nuestras frases en farsi se acabaron rápidamente por lo que seguimos comunicándonos por señas. El conductor demostró paciencia y luego de que entendimos hacia donde se dirigía nos abrió el baúl para poner las mochilas. La siguiente imagen nos hizo dudar. Tenía dos rifles y varias municiones. Por un instante dudamos, ¿Qué hacer? Subimos igual.

Desde ese momento hasta que bajamos trató de explicarnos que las armas del baúl eran para cazar. Consiente del prejuicio impuesto a su pueblo, se moría de vergüenza. Nos invitó a dormir a su casa, pero como nos estaban esperando en Sanandaj, tuvimos que rechazar la propuesta. Entonces propuso parar a tomar un té.

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Bajamos y nos sentamos los tres juntos. El silencio incómodo del no tener un idioma en común reinaba. El kurdo que atendía la casa de té tenía un gran bigote y hablaba un poco de inglés. Cuatro o cinco frases que repetía varias veces. Luego de emocionarse hasta las lágrimas gritando Maradona y Messi entendimos que nos invitó a su casa, que estaba en una aldea no muy lejos. También tuvimos que rechazar la propuesta. No nos dejaron pagar el té. El que nos llevaba tampoco pudo, todo fue una invitación del dueño de la casa de té.

Seguimos un poco más con nuestro conductor hasta que nos dejó en un bifurcación. Nos dimos la mano y extrañamente nos pidió perdón. Nos sacamos una foto y se fue.

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No comparto ni la tenencia de armas ni la caza, pero tampoco las estigmatizaciones que reciben los pueblos. «Los colombianos son narcotraficantes, los rusos fríos, los indios sucios y los kurdos peligrosos».

Nuestra experiencia es totalmente subjetiva como cualquier otra, pero si hay algo en lo que ayuda viajar es a destruir prejuicios. Y sí, somos reiterativos, pero que hospitalarios son los kurdos.

Info útil

*Transporte:

  • Recorrimos todo a dedo. Lo más fácil para transportarse y la mejor manera para conocer gente.

* Alojamiento:

  • Utilizamos mucho couchsurfing o simplemente aceptamos las propuestas de los kurdos que nos invitaban a sus casas. Tuvimos tantas que muchas las rechazamos.

* ¿Qué ver?:

  • Sanandaj: Es una ciudad. No es la gran cosa pero fue nuestra puerta de entrada y salida.
  • Marivan: Tiene el lago Zarivar que es pintoresco, pero sobre todo por los pueblitos que lo rodean.
  • Cuevas Quri Qaleh: Es un sistema de cuevas, que para nosotros no fue la gran cosas pero los iraníes las adoran.
  • Palangan: Pequeña aldea súper pintoresca.
  • El valle de Howraman y alguno de sus pueblitos.
  • Para nosotros no hubo grandes puntos de interés. Lo mejor la gente y la cultura kurda.
Persépolis y el ocaso del Imperio persa

“Que no venga a esta nación ni el ejercito enemigo ni la hambruna ni la mentira. Esta petición le hago yo a Ahura Mazda con todos los dioses.”

Palabras de Darío I situadas en la escalera de acceso a Persépolis.

 

“Cada vez que contempla uno ciudades, templos, palacios ya muertos, se pregunta por la suerte que corrieron sus constructores. Por su dolor, sus columnas vertebrales rotas, por los ojos que saltaron de sus cuencas al recibir el impacto de una esquirla, por su reumatismo. Por su vida desgraciada. Su sufrimiento. Y entonces surge la siguiente pregunta: ¿podrían existir tamañas maravillas sin ese sufrimiento ¿Sin el látigo del vigilante? ¿Sin ese miedo que anida en el esclavo? ¿Sin esa soberbia que anida en el soberano? En una palabra, ¿no habrá sido el gran arte del pasado obra de lo que el hombre tiene de malo y negativo? Y al mismo tiempo, ¿no lo habrá creado su convicción de que lo negativo y lo débil que lleva dentro puede ser vencido sólo por lo bello, sólo por el esfuerzo y la voluntad de crearlo? ¿Y de que lo único que no cambia nunca es la forma de la belleza? ¿Y de la necesidad de ella que vive en nosotros?”

Viajes con Heródoto – Ryszard Kapuściński

Mirá como se me pone la piel de gallina”. Nos decía Mohamed, el chico que nos estaba llevando gentilmente y sin esperar nada a cambio hacia la puerta de Persépolis. “Esta es la verdadera alma de Irán. El motivo de nuestra grandeza. Todo gracias al glorioso imperio persa”, agrega mientras enciende las balizas, habíamos llegado al gran complejo histórico. Dos mil quinientos años pasaron de la fundación de la ciudad pero la memoria sigue intacta.

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Nuestro conductor era joven, no llega a los treinta años pero se emocionaba mientras nos hablaba de sus reyes y sus dioses. “Yo soy musulmán, pero se que el Islam es algo que vino de afuera. Sin embargo, todo lo que hizo el Imperio Persa se construyó desde adentro, fuimos nosotros.”

La distancia entre Shiraz y Persépolis es corta, unos treinta kilómetros y la conversación se acabó de forma repentina. Creo que ambas partes nos quedamos con ganas de hablar más. Hasta incluso le ofrecimos que venga con nosotros y sea nuestro guía, pero sus obligaciones laborales hizo que fuera imposible. Intercambiamos contactos, por las dudas.
Persépolis en realidad es un nombre extranjero que proviene del griego. Significa ciudad persa. En Irán lo llaman de otra forma Tajt-e Yamshid (lo que significa, Trono de Yamshid). Es la mayor atracción turística del país e históricamente el lugar más importante.

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A pesar de ser temprano el sol ya pegaba de lleno en aquel árido lugar. Algo común. Como nos fue común en el viaje escuchar de todos los iraníes hablar maravillas de Persépolis, hayan estado o no. Hay algo del orgullo nacional que se desarrolla a partir de la grandeza de los estados. Todos los pueblos tienen su momento de apogeo. Suelen haber pasado por momentos donde ocupaban un territorio mucho más grande que hoy en día. El Imperio Persa ocupó desde India al Mar Mediterráneo, controlando lugares como Egipto o Asia Central. De ahí la devoción por aquel pasado que lo califican como “glorioso”.

Pero así no le pareció a Jomeini, aquel vetusto ayatollah que lideró la revolución iraní, que quiso demolerlo por tratarse de un lugar muy identificado con el Sha y sus banquetes. Sólo el pueblo de Irán pudo frenarlo haciendo manifestaciones para demostrar su rechazo. Gracias a esas marchas es que hay podemos seguir disfrutando de gran parte de la vieja capital persa.

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Al llegar a Persépolis (ya con el ticket en mano) lo primero que uno ve es una larga escalera imponente. En realidad son dos simétricas que luego convergen. De ahí en adelante caminar por Persépolis suele ser tranquilo y la emoción dependerá de lo mucho que a uno le interese.

Nosotros quedamos como suspendidos en el tiempo moviéndonos en cámara lenta por cada uno de los relieves de las piedras. Nos quedamos chiquitos entendiendo la cantidad de milenios que nos separan y dándonos cuenta que vivimos en un mundo donde hace miles de años se lucha, por el motivo que sea, para tener un lugar, por el que fuere.

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La ciudad está construida en una gran terraza donde están distribuidos todos los palacios y otros edificios reales como el tesoro o el harén. De todos ellos quedan algunas piedras en forma de columna o algunas otras con representaciones de animales con cabezas humanas, grifos, vasallos o grabados.

Jerjes I, gran rey persa, llegó hasta Atenas logrando saquear la Acrópolis. Ese fue el momento de esplendor del imperio. Ciento cincuenta años después Alejandro Magno llegó a Persépolis arrasando con todo lo que se le puso por delante.

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Hay dos teorías alrededor de la destrucción de Persépolis. La primera y más sobria habla de una decisión política de Alejandro Magno para demostrar el cambio de poder y que ahora era él el que mandaba. Pero es cierto que en sus anteriores campañas no había ordenado destruir otras ciudades conquistadas. Entonces es ahí que empieza a tomar fuerza la segunda hipótesis. Alejandro, en un noche de borrachera con el buen vino de la región, se dejó persuadir por Tais, una cortesana que lo acompañaba, y lanzó una antorcha sobre el palacio de Jerjes I para vengar el anterior saqueo de Atenas.

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Sea como fuere, hoy los turistas nos privamos de ver en su plenitud las maravillosas construcciones, como así también de probar el famoso vino de Shiraz, prohibido por el estado islámico.

Esa misma noche llamamos a Mohamed que no había dicho que podía conseguir una botella de vino de un buen precio. Todo sea para brindar por la memoria de los pueblos.

Info útil

*Como llegar:

  • La más sencillo y caro es tomar un taxi. Se puede compartir. En la calle sin siquiera preguntar nos habían dicho 80.000 tomens (24 USD) por ir a Persepolis, luego a Naqsh-e Rostam. Un plan de medio día.
  • Otra opción es tomar colectivos (savari) que salen de la estación Karandish en Shiraz. Si no hay directo a Persépolis pueden ir a primero a Marvdasht y de ahí a Persépolis.
  • Nosotros fuimos a dedo. Tan simple como ir hasta Qur’an Gate (Qur’an Darvaza), caminar un poco hasta una playa de estacionamiento y de ahí empezar a agitar el pulgar. Luego, desde el estacionamiento de Persépolis conseguimos quien nos lleve a Naqsh-e Rostam.

* Precio:

  • Persépolis vale 20.000 tomens (6 USD). Naqsh-e Rostam 20.000 (6 USD). Este último no vale tanto la pena.

* Donde dormir en Shiraz:

  • Nosotros nos alojamos en Taha Hostel. La habitación estaba muy bien e incluía desayuno. Es algo así como el lugar donde van todos los mochileros, por lo tanto es un buen punto para intercambiar información.
Teherán, desaparecer en Irán

– ¿Me lo pongo ahora?
– Pero si todavía estamos en Azerbaiyán. No seas ridícula, esperá a que hagamos migraciones.
– ¿Me lo pongo ahora?
– No sé. Todavía no entramos pero como vos quieras.

El cartel intervino en la escena. “Bienvenidos a la República Islámica de Irán”. El cartel cumplía una doble función, nos daba la bienvenida a uno de los principales protagonistas del mal llamado “eje del mal” y por otro lado, me indicaba que ese era el momento.

La leyenda iba acompañada por un dibujo de la bandera de Irán. Me llamó la atención el detalle del centro: con la revolución, el león con la espada fue reemplazo con una representación de Alá. Los colores siguen siendo los mismos. Al lado de la bandera y sin perder importancia estaba el retrato. Mejor dicho, los retratos. Jomeini y Jamenei me miraban de manera inquietante. Tenían razón, era hora.

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Debajo de ellos, un cartel indicaba que a partir de ahora comenzaba a regir la Sharia, la ley islámica y quien no la cumpla será severamente castigado. Abrí la mochila y saqué el pañuelo rojo. Tenía que cubrirme la cabeza, también los brazos y las piernas. Se acabó la temporada de shorts y musculosas. Con la cámara del celular revisé que nada haya quedado a luz. Siendo sincera, no es la primera vez que debo cubrirme. En Rusia era condición para entrar en las iglesias ortodoxas y en India lo hacía a menudo sobre todo cuando estuvimos tan cerca de Pakistán. Pero saber, que ahora, era obligatorio me abrumaba por completo.

Las fronteras terrestres suelen ser curiosas. En realidad, se trata de un mismo pedazo de tierra pero totalmente distinto. No hay free-shop ni maquinitas de café como en los aeropuertos, o al menos, acá no hay nada de eso. Sólo un largo pasillos. “Tierras internacionales”.

Un policía nos dio la bienvenida a la República Islámica de Irán con un perfecto inglés. El oficial de migraciones nos invitó a sentarnos y nos ofreció agua fresca. No estaba tan mal, sobre todo si uno es consciente de estar ingresando a un país catalogado de “peligroso”, “terrorista” e “islámico”. Como si los tres adjetivos fueran sinónimos.

Con un sello en el pasaporte totalmente atemporal (el calendario persa va por el año 1394) pusimos un pie en la primer ciudad fronteriza. Apabullante. Carteles en farsi, números persas, muchísimos autos, muchísimas personas, mujeres con chador, otras con hiyab, muchísimos taxis. Y ahí, en ese malón de gente, comencé a desaparecer.

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Nuestro destino era Teherán, la capital de Irán. Estaba lejos, más de quinientos kilómetros pero viendo el tráfico, el buen estado de la ruta y la hospitalidad de la gente decidimos hacer el esfuerzo e ir de un solo tirón y en un sólo día.

Primero nos levantó un buen hombre, orgulloso de Irán y de su condición de iraní. Para él, era un pena que occidente confunda todo y no sepa separar un terrorista de un musulmán. Para mi, era imposible entender como él no me hablaba salvo utilizando la tercera persona por intermedio de Lucas. “¿Y ella como se llama? ¿Y ella es su esposa? ¿Y ya le dio hijos? ¿Y ella a que se dedica?” Al principio no entendía la lógica y respondía yo misma. “Soy Ludmila, tengo 27. Soy Psicóloga, etc.” Pero mis respuestas no llegaban a ningún lado, Lucas debía hablar por mi. “Ah, y ahora viajan y escriben. Escriban sobre Irán” dijo el hombre y así nos despedimos. Bah, se despidieron. El saludo dirigido a mi fue pura cortesía.

Luego, frenó un camión. De esos largos y pesados. De esos lentos pero desde los cuales se obtienen las mejores vistas panorámicas. En general, los camiones tiene solo dos asientos. Por cual, uno de los dos –léase yo- suele ir en la cama que los camiones tiene por detrás. Sí, los camiones son verdaderas casas rodantes. Pero esta vez fue distinto. Si yo iba atrás, iba a ir cerca del camionero y no podía ser. Lucas debía ir en el medio. Mediando la situación, de nuevo.

La historia se repite. Yo sacaba temas de conversación pero el camionero, muy atento, le ofrecía galletitas a Lucas para que él me convide a mi. Y así, me fui llamando al silencio. No tenía sentido seguir intentando hablar.

Del silencio al sueño, en mi caso, hay un solo paso. Para quienes no me conocen soy de las pocas personas que pueden dormir en cualquier lado y en cualquier situación. Incluso, parada en el tren o en un corto trayecto de ascensor.

Acá fue lo mismo. Las luces de la ciudad oficiaron de despertador. Estábamos entrando a Teherán. Eran las dos de la mañana pero las calles estaban despiertas. Los carteles de Jomeini y Jamenei estaban por todas partes y miles de personas iban y volvían, quien sabe en que orden.

Llegar a Teherán es uno de esos momentos cúlmines en nuestro historial viajero. Irán es un país especial y Teherán, su brumosa capital. Y la bruma es literal, posiblemente causada por su más de doce millones de habitantes. También es la ciudad de la revolución. La ciudad de la cual escapó el Sha y a la cual regresó Jomeini victorioso, luego de su exilió. Allí la revolución se gestó, explotó y finalmente terminó. De eso pasaros apenas cuarenta años. Es historias reciente.

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Un taxi nos llevó al hostel. La ciudad es demasiado enorme y tardamos 40 minutos para cruzarla. Quizá no parece tanto tiempo, pero si consideramos que son las dos de la mañana parece mucho más. El taxista tenía cara de pocos amigos y se enojaba al ver que no teníamos la dirección en farsi sino en inglés. Así y todo decidió llevarnos. Se perdía, no encontraba la calle, que en realidad era una callecita que sale de la calle principal y que tenía el mismo el nombre. Yo quería preguntarle por la revolución, pero no podía. El tacho, sin embargo, decidió preguntarle a unos pibes que estaban charlando en una esquina por el hostel. Así fue como lo conocimos a Meghregan, quien nos buscó la dirección en farsi en su celular.

Al otro día, Meghregan nos esperaba a almorzar en su casa. Nos recibió su mamá. Lo primero que hizo, fue darme tres besos e insistentemente, me sacó el pañuelo de la cabeza. No se si me pedía disculpas o que, pero insistió en que no debía taparme en su casa. Ella estaba en musculosa y fumaba. Meghregan nos ofreció algunas cervezas. Todo un acto de ilegalidad.

Su abuelo fue uno de los muchachos del Sha. Hoy él y su familia son la oposición al no muy democrático gobierno. Su papá pasó más de diez años en cárcel, fue un preso político y la realidad es que se notaba. Se notaba en su postura, en su mirada y los años que le llevaba a su esposa. Quería hacerle muchas preguntas, pero no podía. Mi lugar estaba en ayudar a la mamá a poner la mesa y en tomar un té con los muchachos.

Comimos abgusht, una suerte de estofado que se come en dos tandas. La primera parte de la comida consiste en una sopa (precisamente el caldo donde se cocino la carne) acompañada de pan sin miga. La segunda, en comer la carne pero procesada con otros vegetales. La comida iraní no tiene absolutamente nada de especial.

Luego del almuerzo, Meghregan nos invitó a dar una vuelta por la ciudad. Las vueltas de la vida y las calles contramano hacen que lleguemos a la Embajada de EEUU. El semáforo se puso en rojo. La embajada estaba llena de grafitis y de consignas antiimperialistas. A su vez, Jomeini y Jamenei miran de reojo con ánimos de satisfacción. Nadie puede negar que ganaron una batalla al enemigo más grande, pero tampoco podemos afirmar que haya sido una victoria con grandes beneficios. La revolución era algo necesario, pero se terminó transformando en otra dictadura. Jomeini, Jamenei y millones más pedían libertad, se opinión al régimen dictatorial del Sha pero ¿cuál fue el resultado?

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Hoy, por su puesto, la embajada no funciona como tal. Meghregan se muere de ganas de conocer EEUU, pero sabe que no es fácil. Yo no entendía nada y me invadían las preguntas. El problema era que no tenía a quien preguntarle. Igualmente le pregunto.

Verde. Avanzamos. Una señora que va en el auto de al lado me hace señas. Se me cayó el pañuelo y tengo el cabello descubierto. A veces me olvido de la ley islámica y se me ocurren hacer preguntas. Es que no podía de ser otra manera, Irán es un país para hacer preguntas. Muchas.

Ser fugaz en Azerbaiyán

“La escritura como método de captura. El impulso de atrapar pequeñas realidades al paso e interpretarlas en tiempo real. Como la red que quiere pescar su propia agua”
Andrés Neuman

Fue en la embajada de Azerbaiyán en Kazajistán. Teníamos dos opciones: aplicar a una visa convencional de 30 días y de no sé cuantos dólares o, aplicar a una visa de tránsito. Nos inclinamos por esta última opción. Cinco días para conocer Azerbaiyán.

En un momento dudamos ¿No sería muy poco? ¿No es que nos gusta viajar lento y profundo? Pero por otro lado ¿Por qué no? ¿Por qué no experimentar un poco de turismo exprés y contemporáneo?

Nuestro viaje por Azerbaiyán fue un viaje a vuelo de pájaro. Dónde sólo tomamos notas mentales de lo que veíamos, no teníamos tiempo para sacar ni siquiera un cuaderno y una birome. Cinco días para conocer uno de los países que más a crecido en los últimos años.

***

La República de Azerbaiyán es una de las quince ex – repúblicas socialistas soviéticas (ex – URSS) y está ubicado en la región del Cáucaso (esa zona montañosa que se extiende entre el Mar Negro y el Mar Caspio). Es uno de los países más desarrollados de la región y eso se debe a su gran reserva de gas y petróleo.

Es un país musulmán, pero ahí el islam se vive muy relajado. La cultura azerí es descendiente de Turquía y su idioma es una lengua túrquica. Ambos países son una suerte de aliados en la región, sobre todo contra Armenia.

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Las fronteras de Azerbaiyán son un tanto confusas. Si bien es el país con mayor territorio en el Caucaso, muchos de estos territorios están en conflicto. Un ejemplo: la región de Nagorno Karabaj antes era parte de Armenia.

La geografía es aburrida. Desierto, montañas peladas y muchas torres de petróleo. Si bien el país esta bañado por el Mar Caspio, el color verde no abunda. La gente, es extraña. Ensimismada y asustada. Para ellos, los armenios son terroristas y en cualquier momento los atacan.

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Nosotros, llegamos a Azerbaiyán en barco. El puerto de barcos cargueros está a ochenta kilómetros de la ciudad de Bakú. La única pregunta que nos hicieron mientras hacíamos migraciones fue si habíamos ido o pensábamos ir a Armenia. Por las dudas, dijimos que no. Nos devolvieron los pasaportes y ahí se leía bien clarito: “Visa de tránsito – máxima estadía: 5 días” . A continuación, el baúl de un auto ofició de casa de cambio y así nos hicimos de nuestros primeros manat.

Nuestra primer (y casi única) parada fue la pomposa capital: Bakú. Un oasis artificial en medio del desierto y a orillas del Mar Caspio. Llegamos a la ciudad en un camión que transportaba sandías. Nos dejó en el centro. Costó reconocer donde estábamos. ¿Era una ciudad de Europa? ¿Aún seguíamos en Asia?

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Los bazares habían desaparecido y en su lugar las tiendas más ostentosas tenían lugar: Gucchi, Prada y Luis Vitton. Semáforos, parkings y plazas bien prolijas y nuevas. Todo era ordenado y parecía funcionar correctamente. El único problema fue cruzar la calle. La ciudad no está pensada para peatones. En Bakú todos se mueven en auto, parecería que caminar es de pobre. Y ellos, son ricos. Muy ricos y se mueren de ganas de demostrar(te)lo.

La arquitectura nos desencajó. Contamos más de veinte rascacielos que trepaban entre las viejas construcciones europeas. Intentamos preguntarnos por la arquitectura, pero no pudimos. No teníamos tiempo, las preguntas no estaban contempladas.

Vimos un señor sentado en un banco. Vestía chaqueta militar y algún que otro prendedor comunista. La tentación fue fuerte. Queríamos sentarnos al lado, obtener información, crear un vinculo. Pero este es un viaje de pedacitos superpuestos. Nos quedamos sólo con la imagen, el viejo comunista esperando a su amigo, también viejo y también soviético, para jugar al backgammon y tomar un té con limón. De fondo, el edificio emblemático de Bakú: las tres llamas. Ojalá nunca dejen de flamear, si eso pasa significa que Azerbaiyán se quedo sin gas y sin petróleo. ¡Todo se vendría abajo!

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Caminamos por la costanera y por la ciudad vieja (ahora devenida en tiendas de imagen y souvenirs). El contraste es rotundo. Lo antiguo y lo moderno conviven. Sin dudas, la ciudad sufre cierta esquizofrenia cultural. Me llamó la atención no ver gente pobre, nadie pide plata.

Esa noche conocimos a A. Un ucraniano que vino acá a juntar plata, básicamente. Según él, este es un gran lugar para vivir. A él le gustan los edificios modernos, las luces, la tecnología, la plata, el desarrollo, el buen vivir etc. Para mi, la ciudad es infinitamente aburrida. Le preguntamos por sus años soviéticos, para nosotros es sorprendente que en algún momento Ucrania y Azerbaiyán fueron el mismo país y compartieron bandera. Él me esquiva la pregunta. “Ahora todo es mejor”, y su Iphone comienza a sonar. La conversación se interrumpe, quizá para siempre.

Vagabundeamos de una punta a la otra. Lo mejor es el mediodía: nos compramos fiambre y nos vamos a comer unos sanguchitos al rio. Los azeríes nos miran incrédulos. ¡Somos un espectáculo! Pero nosotros no los miramos a ellos. Nuestro viaje no da lugar al ver ni al observar.

Los cinco días corren rápido. Tenemos que dejar el país. Decimos ir a frontera con Irán. En realidad, queremos ir a Armenia pero la frontera está cerrada. Irán es el desvió y la excusa. Salimos de la ciudad a dedo. El paisaje urbano se va perdiendo y volvemos al mismo punto del comienzo: el gran desierto con reservas de gas y petróleo.

El conductor del primer auto es un idiota. Nos trata de pobres, de ridículos, de sucios. Somos todo lo que él quiere evitar: ser tercermundista. Igualmente, nos llevó casi cien kilómetros, nos regaló bebidas y nos dio su tarjeta. Creo que en cierto punto le recordamos su pasado, pasado que el prefiere evitar. Ahora estamos mucho mejor, ¿no?

Al segundo auto no lo paramos. El nos paró a nosotros. Se trata de un viejo camión Kamaz modelo ’70. Va a 30 kilómetros por hora y transporta ladrillos. El tipo habla ruso y con eso nos comunicamos. Es un ex soldado rojo. Estudió en Rusia y estuvo en el frente en los años de la guerra con Armenia. Guerra que aún persiste. Nos advierte de no ir a Armenia, esos tipos son terroristas.

Tenemos que hacer solo ciento cincuenta kilómetros con él pero tardamos más de diez horas. Paramos a tomar un té y paramos a almorzar. Además, cada cincuenta kilómetros tenemos que frenar para que el motor se enfrié un poco. Pero no es problema, disfrutamos su compañía. Lo mejor fue el almuerzo. Un viejo puesto al lado de la ruta. Comemos sandía, tomates, quesos, aceitunas, carne de cabra y yogurth. Es el Cáucaso que nos imaginábamos, pero sin vino. Eso lo hacen los terroristas armenios.

Ya de noche llegamos a la frontera con Irán. Estaba cerrada. Teníamos que esperar a las 9 de la mañana del día siguiente. En la plaza de Astara hay una casa de té. Preguntamos si podemos poner la carpa ahí. El dueño nos dijo que sí y nos convidó un vaso de vodka. Con ayuda de Google Translator nos dice que mejor no, que en vez de la carpa vayamos a dormir a su casa. Decimos que sí.

Y nos vamos a la casa de un completo extraño que ni siquiera habla ruso (como si el idioma ruso nos diese cierta familiaridad). Allá nos espera su mujer, sus hijos y sus hermanos. Somos los primeros turistas que ven y las preguntas no se hacen esperar.

Comemos helado, té, frutas y más helados. Nos sacamos fotos y nos dan su cuarto para dormir. Insistimos en dormir en el living pero no hay modo. Al día siguiente nos dejaron en la frontera. Del otro lado espera la República islámica de Irán.

Pero aún estamos en Azerbaiyán aunque no entendamos nada, absolutamente nada. La ligereza de un viaje por un país tan pesado fue una ventaja. No nos enteramos de nada pero, a la vez, todo fue nuevo y asombroso.

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Este viaje fue una manera distinta de viajar y de pensar los tiempos del viaje. Es un viaje instantáneo, sin tiempo de procesar nada. Uno traduce lo que ve, lo captura con el ojo de la cámara y hace una interpretación libre sobre eso. Además, Azerbaiyán está atravesado por la modernidad, tiene un dilema de cultural y muchísimas contradicciones.

Nuestro viaje por Azerbaiyán no fue excepción, sino que fue correlativo a como se viaja hoy en día: rápida y torpemente. Sin ningún tipo de literatura.

Fue un viaje fragmentario. Pero la vida es fragmentaria, por lo tanto que importa.

Cruzar el mar Caspio en un barco carguero

Eran las cuatro de la mañana, no había señales del amanecer ni tampoco del barco carguero que cruzaría el mar Caspio para llevarnos de Kazajistán a Azerbaiyán. Estábamos sentados en el puerto de Aktaú, en la intemperie y en unas sillas improvisadas tomando un té con un joven bielorruso y un viejo turco, conductor de un camión que también estaba esperando para cruzar. Nos perdimos la mitad de la conversación, un poco porque era en ruso, otro poco por el sueño.

Sabíamos que los barcos que cruzan el mar Caspio eran impuntuales, pero imaginamos que podíamos esperar ya a bordo, durmiendo, o en algún cómodo sillón. Pero no, todo está pensado para camioneros. No es un barco de pasajeros. Los camioneros duermen en sus camiones, que son como sus casas donde llevan desde cocina hasta un DVD portátil. Nosotros quedamos a merced de la noche, como el bielorruso. Él tenía la ventaja de poder hablar ruso con los kazajos, pero nosotros, también, teníamos nuestra ventaja. Él no tenía ticket, nosotros sí.

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Recién a las cinco de la mañana llegó el barco. Hicimos migraciones, nos despedimos del bielorruso con la esperanza de verlo arriba del barco y nos metimos en un camarote caluroso para tratar de dormir un poco. Dormimos hasta que casi nos tiraron la puerta abajo para avisarnos que estaba el desayuno. En el medio, había pasado sólo dos horas.

Era un barco que incluía todas las comidas pero lejos estaba de ser un crucero de lujo. Si bien teníamos un camarote para nosotros solos, era precario. El óxido era el principal protagonista de todo. En total éramos alrededor de veinte pasajeros. Dieciséis camioneros turcos, una pareja de franceses y nosotros (el bielorruso finalmente no subió). Lo curioso es que con los únicos que compartíamos un idioma común era con los franceses, pero fue con quienes menos nos comunicamos.

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Las comidas eran sosas, pero las señoras que la servían eran amables. El mayor pasatiempo de los pasajeros era tomar té, jugar a las cartas y fumar. El nuestro pasear por la cubierta, mirar el horizonte y leer.

Para ser sinceros, el camino más fácil para llegar a Azerbaiyán hubiese sido haberse tomado el avión, pero nos inclinamos por otra opción un poco más lenta: cruzar desde Kazajistán a Azerbaiyán en barco. A fin de cuentas, se trata de un medio de transporte que está en peligro de extinción. Los barcos se van dejando de usar. Todo por la necesidad de ser modernos.

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El último barco que nos habíamos tomado fue rumbo las Islas Andamán. En total, cinco días en el Océano Índico marcados por la rutina. Horario de lectura, de comida, de escritura, de más comida, de charlas, de cartas. Mientras eso transcurría sentía estar viviendo la muerte de un medio de transporte. Los barcos para pasajeros van a desaparecer a excepción de los lujosos cruceros.

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Por eso, cuando surgió la posibilidad de ir en barco hasta a Azerbaiyán no lo dudé, le insistí a Ludmila y me dispuse a disfrutar de uno de los placeres que se nos priva bastante. 
Uno de los mayores lujos del barco es disponer de tiempo para dejar que la mente fantaseé y nos lleve por viejos recuerdos y nuevas ideas. Una especie de meditación en altamar para curar los dolores del alma. Una cura simple pero que nadie tiene tiempo de practicarla.

Fue un viaje corto, de 30 horas, pero sirvió para sentir el viento en la cara, ver las gaviotas volar y pensar en lo que todavía queda del viaje.

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La excusa para hablar sobre nosotros

«Twenty years from now you will be more disappointed by the things that you didn’t do than by the ones you did so. So throw off the bowlines. Sail away from the safe harbor. Catch the trade winds in your sails. Explore. Dream. Discover.»

Mark Twain

“Nuestra historia es simple. Podría ser la historia de cualquiera persona acá presente, pero con sólo una única diferencia: Nosotros nos animamos. Nosotros tomamos la decisión y lo hicimos: salimos a cumplir nuestro sueño. Uno de nuestros tantos sueños.”

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Así comenzaba la charla que dimos semanas atrás en Aktau, una ciudad de Kazajistán ubicada a orillas en el Mar Caspio. La charla tenía lugar en la terraza de un hotel cinco estrellas, ubicado frente al mar, desde donde se veía el sol caer como una bola roja sobre la perfección del horizonte.

Había casi veinte mesas, todas ocupadas. Los kazajos son elegantes y esa terraza invitaba a hacerlo. Todos estaban bien vestidos, tomando una margarita y comiendo quesos franceses.

Ahí estamos nosotros dos, improvisando una charla mitad en inglés, mitad en ruso, en zapatillas. Haciendo lo que más nos gusta, contar historias:

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Somos Lucas y Ludmila, de Buenos Aires, Argentina. Casi treinta años y una carrera universitaria. Vivíamos en un lindo departamento amueblado, teníamos un auto, libros, electrodomésticos y un balcón con muchas plantas. Un día, decimos deshacernos todo. Renunciar a nuestros trabajos, regalar las plantas y donar nuestra ropa. Ese día sacamos dos boletos de avión con destino a Nueva Delhi, India. No teníamos previsto fecha de regreso.

Nuestra familia y nuestros amigos nos trataron de locos. Estábamos equivocados. Estábamos a punto de desperdiciar toda nuestra vida. Teníamos que casarnos, tener hijos, formar una familia, comprar más plantas y conseguir un trabajo mejor. Pero nosotros no queríamos eso para nosotros. Al menos, no en aquel momento. Nosotros queríamos viajar. Conocer el mundo y conocer las personas que habitan el mundo. No queríamos quedarnos sólo con los estereotipos que vemos en televisión ni con los libros de historia, queríamos conocer el mundo de primera mano: a través de nuestros propios ojos y en profundidad.

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Llegar a India no fue fácil. Nosotros también teníamos nuestros propios miedos. Nunca habíamos viajado tan lejos ni a culturas tan distintas. Los primeros cinco minutos en la estación de Nueva Delhi fueron terribles: bocinas, ruido, gente, olores fuertes, vacas, basura, mendigos, niños desnudos pidiéndonos plata. Fue un golpe duro. Una cachetada. De pronto y por arte de magia, habíamos dejado la burbuja en la que vivíamos en Buenos Aires y habíamos llegado a la otra punta del mundo. Una parte del mundo donde pasan cosas, donde estallan bombas, donde la gente tiene hambre y donde las vacas se pasean por las calles. Todo lo que habíamos visto de India en películas y documentales, ahora cobraba vida delante de nuestros ojos.

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Mis pensamientos fueron dos: “Esto es de verdad y yo quiero volver a mi casa”. En ese instante, un grupo de mujeres nos rodeó y empezaron a tirarnos de la ropa y de las mochilas pidiéndonos plata. Yo quería llorar. Como pudimos, conseguimos una habitación en un hotel mugriento. Me pasé una semana enferma. Triste, descompuesta y dudando de haber tomado la decisión incorrecta. Pero ya estábamos ahí. Habíamos volado desde Buenos Aires y no teníamos fecha de regreso. Decidimos tomar coraje y darle una nueva oportunidad a India. Sacamos un boleto de tren hasta Amritsar, la frontera con Pakistán.

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De aquel día pasaron más de tres años. Tres años en los que estuvimos viajando alrededor del mundo. Hasta el momento, recorrimos más de cuarenta países en tres continentes: América, Europa y Asia (nuestro favorito).

presentación - aktau - kazajistan -8Tres años donde conocimos infinidad de personas, de historias, problemáticas sociales, modos de pensar, distintas religiones y distintos modos de vivir. Donde aprendimos historia, geografía, religión pero donde, sobre todo, nos enfrentamos a la cantidad de prejuicios y desconocimiento que tenemos. Pero en estos tres años no solo viajamos de un lugar a otro, de un país a otro, sino que, también, escribimos sobre nuestro viajes. Documentando todo lo que vimos para que quienes no pueden viajar, si lo hagan desde la comodidad de sus casas. Escribimos, también, para achicar distancias culturales. A fin de cuentas, sólo conocemos el mundo a través de los diarios y la televisión y ellos nunca dicen la verdad.

Por ejemplo, de los países en vías de desarrollo recibimos solamente malas noticias. Unas de las cosas buenas de ser escritores de viaje es que podemos dar buenas noticias de lugares como Bangladesh o Bosnia y Herzegovina (que suenan como países terroristas). Ellos son personas como nosotros, amán, sueñan, llorar, ríen, festejan. Las diferencias culturales son algo mínimo pero nos hacen creer que es el todo.

Sí, lo primero que aprendimos en estos tres años de viajes es que a los países los hacen las personas que en ellos habitan. Nos pasó en Europa, cuando estábamos a punto de cruzar a Rusia en pleno conflicto con Crimea. Todos nos decía que Rusia era peligroso, que nos iban a secuestrar y a matar. ¡Que no vayamos por nada del mundo!

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En total estuvimos casi tres meses en Rusia; Cruzamos desde San Petersburgo hasta Mongolia. Más de 6.000 kilómetros donde casi exclusivamente hicimos dedo (autostop). Nadie nos mató, ni nos secuestró. Al contrario, el pueblo ruso fue uno de los más hospitalarios. Son buena gente pero con muy mala prensa internacional.

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La gente de los distintos países está dispuesta y orgullosa de mostrarte su cultura. Los niveles de hospitalidad que uno recibe en la ruta son increíbles. Sobre todo en países que están catalogados como “Ahí no hay que ir”.

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Nosotros no viajamos de manera superficial. Tratamos de meternos en cada destino y no somos los únicos. Cada vez es más la gente que se toma el viaje como un estilo de vida y no como un simple plan de vacaciones dos semanas al año. Podemos decir que no viajamos por las fotos, ni para sacarnos una selfie, viajamos para aprender a ser mejores personas.

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Pero no siempre nos va bien en el viajar. Muchas veces nos encontramos en situaciones peligrosas donde tuvimos miedo. Ante cualquier situación complicada o que nos sentimos inseguros siempre tenemos un arma que nos protege y que hasta ahora nos va muy bien: SONREÍR.

También confiar en el instinto. Cuanto más lo usamos, más aprendemos a escucharlo. Viajar es fácil, en lugares remotos no hay que entrar en pánico, simplemente hay que rodearse de buena gente y ver que la gente en todo el mundo va a tratar de ayudarte y no de lastimarte.

En resumen, podemos decir que viajamos para

√ Aprender: Historia, cultura o religión, por ejemplo. Aprendemos de las cosas buenas de cada país y tratamos de implementar en nuestro día a día y también, aprendemos de las cosas malas. Tratando de evitarla y cambiar.

√ Conectarnos: Con nosotros mismos, con la naturaleza, con las personas.

√ Sorprendernos: Viajando descubrimos todo un mundo nuevo del cual no teníamos idea.

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Viajar, por su parte, atenta contra nuestro etnocentrismo. Nos muestra que no somos los únicos, ni los mejores. Que nuestro país no es el ideal, que nuestras políticas internacionales no son buenas, que nuestro empleo es malo, etc. Nos demuestra que las cosas no son como creemos que son. Viajar nos obliga a cambiar el chip básico de la vida. Y para eso la empatía es primordial, conocer al otro, comprenderlo y no juzgarlo sólo por ser distinto.

Durante el viaje hicimos cosas que nunca creímos que íbamos a hacer, conocimos personas que nos cambiaron y vivimos cosas que vamos a recordar por el resto de nuestras vidas.

Mucha gente cuando le contamos de nuestra historia nos dice: “Oh, yo quiero viajar tanto como ustedes”, y la realidad es que la mayoría de nosotros en este recinto, en realidad, puede hacerlo. El mundo no es un lugar peligroso como nuestras familias, los medios y la sociedad nos hace creer. Se necesita tiempo, que es algo que todos tenemos. Y es mentira que se necesita coraje, simplemente un poquito al principio para comenzar. Tampoco se necesita ser millonario ni gastar miles de dólares. Los gastos se resumen en tres grandes grupos. Transporte, comida y alojamiento. Si se lleva esos gastos a un mínimos aceptable (para uno mismo) puede llegar a ser más barato que vivir en tu propia ciudad. Para eso se necesita ingenio: La necesitad es la madre de las invenciones.

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Pero viajar también tiene su parte negativa, por eso no es para todos. Uno a veces extraña, se siente solo (por más que viajemos acompañados), uno se enferma, hace mucho calor o mucho frío. Si uno supera eso y sale a la ruta con ánimos entonces significa que la ruta es el camino.

presentación - aktau - kazajistan -14Los viajes dependen en definitiva de la gente que uno conoce. Playas paradisíacas, fiestas o paisajes increíbles no se disfrutan si uno no conecta con la gente adecuada. La mejor manera de describir un paisaje es a través de la gente que lo habita. Y estas cosas pasan cuando uno deja la comida del sillón, apaga la televisión y empieza a vivir la realidad por si misma.

Cruzamos Rusia de punta a punta, estuvimos en el desierto de Gobbi, en la muralla China y en el Tíbet. Descansamos en las playas de Tailandia y tomamos el café más rico del mundo en Vietnam. Nos tomamos un barco por cinco días para ir a las Islas Andamán, estuvimos un año en India viviendo en monasterios y con monjes budistas, nos bañamos con elefantes y aprendimos a comer con las manos en Bangladesh y con palitos chinos en China. Estuvimos tres veces en Kazajistán y recorrimos la ruta de la seda. Estuvimos en Europa, cuatro meses yendo desde Croacia hasta Estonia. Reconstruimos la antigua Yugoslavia, y la ex – Checoslovaquia. Ahora, estamos recorriendo la URSS y luego, Irán. Nos gustan los viajes cargados de historia, de política y nos apasionan los destinos/lugares no comunes. Viajamos por países ricos y por países en desarrollo, viajamos en primera clase de trenes súper rápidos y viajamos a dedo. Dormimos en carpa y en hoteles de cinco estrellas. Comemos con las manos, con palitos chinos y cubiertos de plata. Nos adaptamos, nos flexibilizamos.

Viajar, hoy para nosotros, es sinónimos de vivir. Nuestra vida es el viaje, por que a fin de cuentas, es el modo que encontramos de sentirnos vivos. Y en el peor de los casos, es el modo de juntar una buena cantidad se historias para contarle a nuestros futuros hijos cuando se vayan a dormir.

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Moynaq: La tragedia del Mar Aral

Hay algo de excentricidad y falta de sentido común en lo que hacemos. No puede ser de otra manera en dos personas que deciden viajar sin rumbo por el continente asiático. Pero está vez fue distinto, se trataba de esperar a un argentino que no conocíamos en la ciudad más fea de Uzbekistán para luego terminar haciendo los tres, cien kilómetros por el medio del desierto por donde casi no pasan autos. Así fue como llegamos a Moynaq.

***

No recuerdo haberlo estudiado en geografía en la escuela. La primera vez que tuve noción del Mar Aral fue a partir de un capítulo del libro “El Imperio” del escritor polaco Kapuscinski.

Moynar - Mar Aral - Uzbekistán -3Si uno mira en un mapa el sur de Europa y Asia de oeste a este, puede ver cuatro mares: el Mediterráneo, el Negro, el Caspio y el Mar Aral. El problema es que si uno mira un mapa ahora, le va a costar encontrar el cuarto. El Mar Aral se está secando.

Dos ríos largos que cruzan todo Asia Central son los que llegan a este mar. Sobre esos ríos es donde se construyeron todas las ciudades milenarias de la ruta de la seda. El Syr Darya de 2.200 kilómetros de longitud recorre el norte de la región y el Amu Darya de 1.500 kilómetros recorre el sur.

Asia Central es desierto y más desierto. Altas temperaturas en verano y tormentas de arena. Esos dos ríos hacen que cambie el paisaje de la región. Con árboles de nueces y orquídeas, campos cultivados, sandías, uvas, melones y manzanas. Son los verdaderos oasis. En los intensos días de calor de verano el mayor placer que encontramos fue sentarnos bajo la sombra de uno de esos árboles y disfrutar el fresco del atardecer.

Otro cultivo que históricamente creció muy bien en la zona fue el algodón. En la década del sesenta, en plena época soviética, se decidió aumentar la producción de algodón. Para regar los nuevos campos, trajeron topadoras desde todo los rincones del imperio para armar canales a partir de estos dos ríos. La producción de algodón aumentó, pero convirtieron el oasis de Uzbekistán en un desierto.

Especialmente en el desierto, donde el agua escasea, no es muy difícil comprender el frágil equilibrio en que se encuentra el ecosistema. Si alguien saca agua de más, alguno tendrá de menos. Y eso pasó. Bañaron las plantaciones de algodón y el agua ya casi no llegó al Mar Aral.

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En 1990 Kapuscinski había escrito que una tercera parte del mar había desaparecido. Ya en ese entonces se hablaba de catástrofe. Hoy se calcula que más del 80% del mar se secó.

***

La alegría que teníamos por haber logrado hacer esos desérticos cien kilómetros a dedo se desvanecieron a poner un pie sobre Moynaq. Antiguamente Moynaq era la principal ciudad pesquera del Mar Aral, una ciudad con playa, puerto y vida, sobretodo. Hoy, en realidad, es un pueblo fantasma, donde reina el silencio. Solo reina el silencio.

El camionero que nos levantó no entendió como nosotros estábamos sacando la cámara para sacarle una foto al cartel que anunciaba la entrada al pueblo. El emblema de la ciudad tenía consistía de un pez saltando sobre un mar plateado. El tipo tampoco entendió por qué le preguntamos por el camino al Mar Aral. Sólo levantó el brazo y nos dijo que caminemos, pero no indicó ninguna dirección.

Entramos a un café, hoy en ruinas. Una señora desalineada nos sirvió té y tres platos de sopa de aceite y carne. Le preguntamos por el camino al Mar Aral. Nos devolvió una mirada tan incomoda como desafiante. Dijo que caminemos, pero está vez su mano señaló una dirección. Teníamos que seguir por la única calle del pueblo, serían unos tres kilómetros.

Empezamos a caminar y las miradas del pueblo se clavaron en nosotros. Las preguntas de cortesía quedan aplacadas. Nadie nos dijo nada. Finalmente llegamos a algún lado. Un cartel anunciaba que llegamos al Mar Aral, pero nosotros no vimos ningún rastro. Sólo más desierto y barcos encallados. De la nada salió un hombre, tenía la cara cansada y las manos curtidas del sol, parecía muy mayor pero no debería tener más de 40 años. Nos señaló un cartel. Se trataba de una explicación mal traducida al inglés dónde se muestra el grado de deterioro del Mar Aral a lo largo de los años.

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No sabíamos que hacer ¿Sacar fotos? ¿Pedirle perdón al pobre hombre? En esos casos, lo mejor es el silencio. Nos quedamos las cuatro sentados debajo de la única sombra que había a la redonda. Nosotros mirábamos para todos lados, el hombre sólo tenía la vista clavada en el horizonte, ahí dónde se debería ver el mar.

Emprendimos la vuelta sin perder el horizonte de vista. Hacíamos el esfuerzo, tratábamos de buscar un poco de agua entre tanta arena, pero no. No se veía nada.

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Un solo colectivo al día sale de Moynaq y nosotros lo habíamos perdido. No teníamos otra opción más que volver como llegamos: a dedo. Le hicimos señas a una camioneta, paró. Eran dos tipos, hablaban un poco inglés y llevaban muchísimas maquinas y equipamientos chinos. Nos contaron que eran científicos. Hace años que vienen trabajando en el “problema” del Mar Aral. “Problema”, así llaman ellos a una de las catástrofes naturales más grandes de la historia. El idioma no nos ayudó pero ellos lograron trasmitirnos su preocupación. El mar se sigue secando, no hay nada para evitarlo. La mayor dificultad, ahora, radica en los altos niveles de sal en la región. Actualmente, cada litro de agua del Mar Aral contiene 150 gramos de sal. La perspectiva es que el año próximo ascienda a 180 gramos. Esto se traduce en una sola cosa: más problemas. Ningún pez puede vivir en ese entorno. El aire queda intoxicado de sal y eso afecta a la salud de los habitantes. Las tormentas de arena también llevan sal por lo cual los pocos cultivos, las pocas casas y las personas que quedan se resienten. En silencio hicimos los últimos kilómetros. Nos despedimos deseándonos lo imposible: suerte.

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Sonreír, más que un acto de cortesía es una falta de respeto y cualquier carcajada parecía ser interpretada como burla. Hoy Moynaq está a más de cien kilómetros de la costa. La mayoría de sus habitantes se fueron a vivir a otros lugares. Los que se quedaron fue porque no tenían adonde ir. Hoy sólo quedan unos cuantos barcos encallados en la arena que le muestran al hombre que tan estúpidos podemos ser.

Turkmenistán fallido

Nuestros días en el gran desierto de Uzbekistán estaban controlados por el calor. Es él quien nos obliga a levantarnos temprano, aprovechar el «fresco» de la mañana, volver al hotel para pasar el calor del mediodía y luego, otra vez, a la tarde salir a disfrutar la sombra de un árbol.

Cuando en nuestro primer mediodía en Bujará, volvimos al hotel, teníamos un mail de la embajada de Turkmenistán que decía:

Wiza resmileşdirmäge garşylyk bildirlen daşary ýurt raýatlarynyň sanawy:
Garşylyk bildirlen raýatyň jemi sany – 2

Así comenzó nuestra tarea de tratar de descifrar el mensaje. Los traductores online no nos daban respuesta. Se calcula que hay ocho millones de personas que hablan turcomano, teníamos que dar con uno. Primero preguntamos en el hotel, a un chico uzbeko. A pesar de estar a cien kilómetros de la frontera, no conocía a nadie que lo hable. Nos acordamos de una chica turcomana que habíamos conocido en Almaty, pero no nos contestaba. La tercer idea fue mandar mensajes por Couchsurfing y de esa manera tuvimos una respuesta casi inmediata. Nos habían denegado la visa.

Primer país que no nos acepta. Sabemos que no es algo personal, simplemente es el resultado alguna lógica que desconocemos. Pero pongamos en contexto para entender un poco más este raro país.

Turkmenistán existe como tal desde 1991 cuando se separa de la URSS. Desde entonces su presidente fue Saparmurat Niyazov. Quien participó del intento de golpe de estado a Gorvachov en agosto de 1991 para impedir que se disuelva la URSS. Un tipo que en 1993 se autoproclamó Turkmenbashí, algo así como el líder de los turcomanos. Así renombró una ciudad (cualquier parecido a Stalin y Stalingrado es pura coincidencia) e incluso así renombró al mes de enero. Al mes de abril y al pan les cambió el nombre por el de su madre.

Queriendo recuperar (o crear) una identidad del país, inventó un culto en torno a su personalidad. Estatuas de oro, escuelas y universidades con su nombre y su rostro aparece en todos los billetes (todo esto cuando estaba con vida). Para iluminar a los ciudadanos sobre la moral y la cultura cívica escribió un libro que se llama Ruhnama (libro del alma que se pueden encontrar gratis y en inglés en internet). Es una guía espiritual que obviamente se estudiaba en las escuelas y universidades.

Entre otras cosas prohibió los labios pintados, los juegos de video, el pelo largo y los dientes de oro (porque para él eran antiestéticos). Pero era un tipo modesto que decía cosas como “No me gusta ver mis fotos y estatuas en las calles, pero es lo que la gente quiere”.

Murió en 2006. Pero desde entonces la realidad del país no cambió mucho. Luego de él, vino un dentista de nombre Gurbangulí Berdimujamédov que ganó las elecciones del 2007 y 2012 con 89% y 97%. Pero claro, era el único candidato que podía presentarse. Y si bien frenó o dio marcha atrás con algunas locuras de Niyazov y sus millones de cambios de nombre, las mayores restricciones siguen, como la prohibición de tomar fotos a varios edificios que consideran sensibles.

La economía de Turkmenistán está basada en una gran producción de algodón pero sobre todo en la explotación de gas y petróleo. Tal es así que los servicios de gas y energía eléctrica en los hogares son gratuito.

Este es el país que nos denegó la entrada ¿Y ahora?

Nos quedamos sin conocer un país que en cuanto a paisajes y arquitectura tiene poco que ofrecer, más allá del curioso pozo de Dervaza, un hoyo lleno de gas creado por accidente que está ardiendo hace cuatro décadas. Sin duda es uno de los más extraños del mundo. Un pueblo que lleva en sus barbas la sabiduría de sobrevivir en el desierto sometido a una de las dictaduras más excéntricas. Gente hospitalaria, políticos codiciosos.

Nuestro plan de recorrer las quince ex – naciones socialistas soviéticas, quedó truncado. Ahora hablamos de catorce. Estaba en los planes que esto pueda pasar. A la mitad de la gente que conocimos que había aplicado para esta visa la rechazaron. El siguiente paso es ir a Kazajistán desde ahí llegar a Azerbaiyán.

Ese es el plan, después en la ejecución puede salir cualquier cosa.

El mapa a continuación es de la región por la que estamos viajando hace algunos meses. Si se fijan bien, en Turkmenistán, sobre el Mar Caspio, pueden encontrar la ciudad de Turkmenbashí que el ex presidente se la nombró para sí mismo.

asia central

Por suerte nos enteramos de esto en Bujará, y cuando salimos al atardecer a la calle, las cúpulas se mantenían tan increíble como siempre.

Las delicias de Samarcanda

“Y ahora, ¡pasea tu mirada sobre Samarcanda! ¿No es la reina de la tierra? Más altiva que todas las ciudades, cuyos destinos tiene entre sus manos.”

Edgar Allan Poe

El codazo se clavó justo en mi costilla. No me lo esperaba. Estaba mirando para el otro lado. Los conductores en Asia Central tienen esa particular costumbre. Al momento de comenzar una oración lanzan un codazo a su derecha, impactando por lo general en mis costillas o en mi brazo. Pero ese último codazo fue el único que valió la pena de todo el viaje de quince horas que nos trajo desde Tayikistán hasta Samarcanda, Uzbekistán. A nuestra derecha, iluminadas y sobresalientes, habían 3 madrazas de color turquesa, el Registán. Los dos con la boca abierta contemplábamos lo increíble de la imagen. Solamente comparable con el Taj Mahal, la Muralla China o Angkor Wat. El taxi nos dejó en el hotel, arrojamos las mochilas en la habitación y salimos corriendo como dos nenes en un parque de diversiones a ver de vuelta aquello que nos había dejado perplejos. Ya no importaba el cansancio del viaje.

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A la mañana siguiente, y más con el correr de los días, nos dimos cuenta que Samarcanda es mucho más espectacular de noche, pero sobre todo si es de luna llena como nos tocó a nosotros. Porque además de no tener que soportar los más de cuarenta grados de la tarde, el suelo se vuelve negro y espeso, y toda la luz es absorbida por las cúpulas y sus azulejos. Y no sólo en el Registán. En toda la ciudad abundan las mezquitas, madrazas o mausoleos de cúpulas azules.

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Samarcanda es una famosa ciudad antigua que estuvo bajo el dominio persa, griego, turco, árabe y hasta fue saqueada por los mongoles. Pero su apogeo (y la construcción de todos estas mezquitas, mausoleos y madrazas) fue durante la dinastía timúrida. Samarcanda fue su capital y Timur su gran líder.

Es curioso el personaje de Timur o también conocido como Tamerlan: famoso en occidente gracias a lo sanguinario de sus campañas, Timur dejó unos de los legados arquitectónicos mas pintorescos de la historia. Un líder que arrasó pueblos pero no su arte. En cada ciudad conquistada capturaba a los artistas y los enviaba a Samarcanda, la ciudad que era su orgullo.

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Así como encabezaba cada expedición militar, también lo hacía con cada obra de arte en la ciudad. Un hombre que fue un conquistador, sanguinario, guerrero pero que, también, tenía una parte sensible capaz de ordenar construir maravillas como las de la ciudad.

Un personaje tan controvertido que hasta Borges escribió un poema con su nombre [1].

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Luego de la separación de la Unión Soviética, Uzbekistán necesitaba un héroe para recuperar su nacionalismo. El elegido fue Timur, y Samarcanda su capital cultural. Por eso cada esquina, monumento o mausoleo sigue evocando su historia.

Pero tenemos un consejo para los que vayan para allá. Samarcanda no se trata solamente de su pasado, sus increíbles construcciones y el nombre de Timur. Si uno se anima a caminar por afuera del centro turístico, verá que hay muchas casas que todavía respetan la arquitectura antigua. Y probablemente lo inviten a uno a sentarse en un patio lleno de sombra por una frondosa vid, le conviden una taza de té (que por ahí lo llaman chai) y por más que no haya idioma que los comunique, recién ahí, en esa muestra de hospitalidad, sentirá uno que está en Samarcanda, famosa ciudad de la antigua ruta de la seda.

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TEMERLAN (1336-1405) – JORGE LUIS BORGES

Mi reino es de este mundo. Carceleros
y cárceles y espadas ejecutan
la orden que no repito. Mi palabra
más ínfima es de hierro. Hasta el secreto
corazón de las gentes que no oyeron
nunca mi nombre en su confín lejano
es un instrumento dócil a mi arbitrio.
Yo, que fui un rabadán de la llanura,
he izado mis banderas en Persépolis
y he abrevado la sed de mis caballos
en las aguas del Ganges y del Oxus.
Cuando nací, cayó del firmamento
una espada con signos talismánicos;
yo soy, yo seré siempre aquella espada.
He derrotado al griego y al egipcio,
he devastado las infatigables
leguas de Rusia con mis duros tártaros,
he elevado pirámides de cráneos,
he uncido a mi carroza cuatro reyes
que no quisieron acatar mi cetro,
he arrojado a las llamas en Alepo
el Alcorán, El Libro de los Libros,
anterior a los días y a las noches.
Yo, el rojo Tamerlán, tuve en mi abrazo
a la blanca Zenócrate de Egipto,
casta como la nieve de las cumbres.
Recuerdo las pesadas caravanas
y las nubes de polvo del desierto,
pero también una ciudad de humo
y mecheros de gas en las tabernas.
Sé todo y puedo todo. Un ominoso
libro no escrito aún me ha revelado
que moriré como los otros mueren
y que, desde la pálida agonía,
ordenaré que mis arqueros lancen
flechas de hierro contra el cielo adverso
y embanderen de negro el firmamento
para que no haya un hombre sólo que no sepa
que los dioses han muerto. Soy los dioses.
Que otros acudan a la astrología
judiciaria, al compás y al astrolabio,
para saber qué son. Yo soy los astros.
En las albas inciertas me pregunto
por qué no salgo nunca de esta cámara,
por qué no condesciendo al homenaje
del clamoroso Oriente. Sueño a veces
con esclavos, con intrusos, que mancillan
a Tamerlán con temeraria mano
y le dicen que duerma y que no deje
de tomar cada noche las pastillas
mágicas de la paz y del silencio.
Busco la cimitarra y no la encuentro.
Busco mi cara en el espejo; es otra.
Por eso lo rompí y me castigaron.
¿Por qué no asisto a las ejecuciones,
por qué no veo el hacha y la cabeza?
Esas cosas me inquietan, pero nada
puede ocurrir si Tamerlán se opone
y Él, acaso, las quiere y no lo sabe.
Y yo soy Tamerlán. Rijo el Poniente
y el Oriente de oro, y sin embargo…
Las vueltas de Tayikistán

«Teníamos todo el impulso; estábamos montados en la cresta use una ola alta y hermosa… Y ahora, menos de cinco días después, puedes subir a la cima de una colina empinada y mirar hacia el este, y si sabes mirar con los ojos adecuados, casi podrás ver el punto hasta donde llegó el agua, ese lugar en el que la ola finalmente rompió y comenzó a retroceder.”

EL VIAJE

Afghanistan, very bad” nos dice el viejo mientras señala las montañas del otro lado del valle. Su dedo pulgar se inclina hacia abajo en señal de desapruebo, y luego con gestos no da a entender lo peor: pistolas, barbas largas, fundamentalistas religiosos. Con la otra mano, intenta mantener el volante de su viejo e impecable Lada blanco. Las ruedas patinan, el camino es de barro rojo y hace días que llueve. Las construcciones chinas aun no terminaron esta ruta.

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Tayikistán podría repetir la misma historia que todos los países de la región. Tierras de nómadas, influencia islámica, pueblos pequeños que hacían de base en la Ruta de la seda, conquistas zaristas y dominación soviética. Y en cierto modo la repite, pero con ciertas particularidades. La Tayikistán la lengua tiene la misma raíz que el farsi, como Irán o Afganistán, pero tanto Kazajistán, Kirguistán, Uzbekistán y Turkmenistán tienen una lengua que proviene del turco. Pero al igual que el resto de los países de Asia Central, Tayikistán también fue parte de la URSS y antes del imperio ruso.

Si bien acá es donde culturalmente menos influencia rusa notamos, era un lugar estratégico. Tayikistán era la frontera sur del gran imperio rojo (incluso del imperio zarista). Acá se acababa el comunismo. Del otro lado, los ingleses (en realidad India, siendo colonia Británica). El corredor de Walkhan, en Afganistán, fue el gran tapón imaginario que separó ambos absolutismos, ambas economías, ambos mundos. Los tayikos no se sienten cercanos a Moscú, pese a tener varios veteranos que combatieron en al segunda guerra mundial. Ellos se sienten persas, antes con Afganistán no tenían fronteras. Pero no, ahora es distinto.

Balizas. Un kilómetro de autos detenidos. Un camión volcó hace horas y aún no hay nadie trabajando en la zona. Nos bajamos del auto, a mirar y a esperar. Una hora, dos, cuatro. Nada. Ni una grúa ni nada que pueda solucionar el problema. Unos conductores se ponen a correr piedras y a trazar un camino paralelo en la montaña. Nosotros miramos Afganistán del otro lado del valle.

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Decidimos seguir a pie. La próxima ciudad estaba a quince kilómetros y el camión parecía querer seguir volcado por unas cuantas horas más. En realidad, nuestro destino final era Dusambé, la capital de Tayikistán. Estaba a solo 300 kilómetros, pero lo que pensábamos hacer en seis horas ya parecía imposible.

Intentamos seguir a dedo, pero resulta ser que casi todos los autos acá son taxis y por ende quieren cobrarnos por llevarnos. Algo entendible si tenemos en cuenta que en el país no existe el transporte público. Seguimos intentando hasta que finalmente damos con uno que acepta llevarnos. Nos deja a mitad de camino.

Ya la noche caía sobre nosotros, por lo cual empezamos a buscar un lugar donde poner la carpa. Una señora nos manda a un café. Le decimos que no buscamos dónde comer, sino donde dormir. Ella insiste. Caminamos hacia el café, y nos dicen que podemos dormir ahí mientras nos señala una mesa con sillones al aire libre. Por las dudas, armamos la carpa. No queremos volver a ser devorados por mosquitos.

A la mañana siguiente, arrancamos de nuevo. Por experiencia, sabemos que los 200 kilómetros que nos faltan pueden tomarnos el día entero. Y así fue. Llegamos a Dusambé a las doce de la noche. Mojados, cansados, con ganas de una ducha caliente y de dormir. Dormir después de muchos días en una cama y con almohadas de verdad (nuestra ropa enrollada no cuenta como almohada). Los poco más de 500 kilómetros que teníamos que hacer desde el Pamir hasta Dusambé nos tomaron 40 horas reloj. Rutas en mal estado, coches en mal estado, policía corrupta y muchas montañas. Pero las montañas comenzaron a quedar atrás y ahora el camino es monótono. Campos amarillos, casas de cemento a mitad de camino y cabras pastando al costado de la ruta. Cuanto más cerca estábamos de Dusambé, más gente, más negocios y más tráfico. Mientras mirábamos otro atardecer desde la ventanilla de un auto desconocido nosotros sólo queríamos una sola cosa: llegar.

DUSAMBÉ (O DUSHAMBE)

Dusambé significa lunes en tayiko. Nunca fue una ciudad muy grande. Incluso, el trajín de la ciudad sólo ocurría los lunes que era el día en que se abría el mercado. Toda la gente del valle bajaba a la ciudad para comercializar. Pero Dusambé fue el lugar que los soviéticos decidieron tomar como capital de su creación: la republica socialista soviética de Tayikistán.

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Esa primer noche no vimos mucho. Buscamos el hotel que teníamos anotado y nos fuimos a dormir. Los días siguientes tampoco vimos mucho. ¿Será que la ciudad no tiene mucho por mostrar? ¿O qué uno se cansa de ver siempre un poco de lo mismo? Le dimos tres días. El tiempo justo que necesitábamos para aplicar a la visa de Turkmenistán. Tres días y no sacamos ni una sola foto.

ISKANDERKUL Y KHOJAND

Nos fuimos al norte. La promesa de estar de nuevo en las montañas, del lago Iskanderkul y del Valle de Ferganá nos mantenía ilusionados con Tayikistán. Pero no dábamos pie con bola. Después del Pamir, cualquier montaña parecía insignificante.

Si en el sur todas las conversaciones giraban en torno a Afganistán, en el norte eran el relación a Uzbekistán. Hasta la ciudad de Khojand llegaron los persas y también Alejandro Magno. Incluso, fue él quien encontró el Lago Iskanderkul mientras conquistaba el cordón de montañas Fan. Pero todo ese pasado histórico les había sido arrebatado cuando los soviéticos dividieron las naciones de Asia Central. Los tayikos reclaman como suyas las ciudad de Samarcanda y Bujará, pero los uzbekos no van a entregar por ninguna razón su turística fuente de ingresos. Los tayikos se conforman con Khojand una ciudad del mismo estilo, que aún conserva minaretes y mezquitas y que fue un eslabón más en la Ruta de la seda. Cuando los tayikos nos preguntaban a nosotros que nos parecía les decíamos que era una ciudad linda, que era muy pintoresco. Pero mentimos, no vimos nada que nos llame la atención. Los más interesante es el mercado: venden fruta barata y los melones más carnosos que hayamos probado.

El cuaderno seguía en blanco y la memoria de la cámara, vacía. No veíamos nada para contar. Quizá fuimos por el camino equivocado, seguíamos buscando los paisajes espectaculares del Pamir, las grandes historias que transcurrieron en la altura y la hospitalidad de las montañas. Nos fuimos de Khojand, como si nada hubiese pasado. Teníamos que volver a Dusambé, a buscar nuestra visa y huir hacia Uzbekistán. La idea original era parar en algunos lugares intermedios, pero decidimos ir de un único tirón. Tayikistán entró en una hipérbola negativa dónde nada tiene encanto. A veces pasa, no todos los lugares nos parecen hermosos ni fantásticos, seguramente por nuestra culpa. ¿Perdimos la oportunidad de penetrar más en su cultura y conocer su modo de pensar? Seguramente.

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Quizá, luego del Pamir el encanto de Tayikistán se centro más en su gente que en sus arquitecturas o paisajes. Gente arrollada por la historia. Por la historia de las invasiones, de las conquistas, de los soviéticos y de los chinos, que vienen a ser rutas para que el viejo del Lada no siga patinando y pueda usar las dos manos para decir que está preocupado por Afganistán, que está del otro lado del valle. Y !Zaz! la ola se rompió. El idilio del Pamir terminó. Era lógico, algo tan magnífico en todas su formas iba a dejar en otra perspectiva el resto del país. Tal vez, cruzar una nueva frontera, renueve las percepciones.

 

Pamir: Caminos y desierto

Una hora y media esperamos en una ruta desolada. Nada se veía a nuestro alrededor, salvo altísimas montañas que imponían su respeto con sus fríos y blancos picos. La carretera se perdía en las montañas, y a los costados desierto, sequedad y un sol que daba de lleno en todo el paisaje sin que una sola sombra se interponga en su camino. Lo único que se diferenciaba a lo lejos era una yurta de donde salieron dos nenes que a paso lento se nos acercaron. Empezaron a hablar en un idioma ininteligible para nosotros. Se corrían el uno al otro por la inmensidad de la nada y volvían a nosotros, como si fuéramos el punto de descanso, con pequeñas hojas que arrancaban de unos arbustos que parecían pedir agua a gritos.

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Llegamos a Sari Tash gracias a un camionero kirguiso. Nosotros nos bajamos y él siguió rumbo a China. Desde ahí caminamos cuatro kilómetros hasta la bifurcación. La nada misma. Nuestro permiso para entrar al Pamir empezaba al día siguiente. Si nos encontraba la noche ahí estaba en los planes.

El Pamir es una de las cordilleras más altas del mundo. Si bien la mayoría del cordón montañoso se encuentra en Tayikistán, el Pamir se extiende desde Kirguistán hasta Afganistán. Su fama se debe, en parte, por ser la segunda ruta a más alta del mundo.

Una hora y media esperamos. Habíamos pensado que iba a ser duro, pocos autos, un promedio de 10 autos por día. A lo lejos venía el primero. Lo paramos con señas agónicas. Eran tres personas que trabajaban en el puesto fronterizo del lado de Kirguistán. Les contamos un poco nuestra historia y encantados de Messi, Maradona y Natalia Oreiro nos llevaron

EL COREANO

Llevaba una boina en la cabeza y una pipa en su boca. Sos ojos achinados interrumpían la imagen perfecta del profesor universitario europeo. Tal vez por eso o porque tenía puesto un saco pero sin los parches en los codos. Vino caminando hacía nosotros, que estábamos acomodando las mochilas y pensando donde poner la carpa, y comenzó a preguntarnos entusiasmado por nuestro viaje, por haber llegado hasta acá a dedo y lamentándose de tener que regresar a Bishkek. Nos contó que trabajaba en un noticiero de la televisión coreana y le tocó ir a Argentina a hacer una nota sobre las cataratas del Iguazú. Mientras hablábamos de los actuales impactos ambientales y las diferencias en el tema entre Brasil y Argentina se acercó un hombre panzón vestido con gorro y pantalón militar y una muscula blanca manchada con restos de comida.

EL GRUPO

  • Soy Wolfgang, de Austria. ¿Hablan inglés?

Fue tan rápido que no llegué a entender que me decía, mi respuesta fue un simple “¿qué?” en español

-¿Hablás inglés?
– Sí.
– Me dijeron que los tengo que llevar hasta la otra frontera (del lado tayiko). Apúrense a sellar los pasaportes que ya salimos.

Nuestra intención no era ir a ningún otro lado, a nadie le habíamos preguntando por conseguir un lugar en un auto, sin embargo el viaje nos venía bien. Aún hoy nos queda la duda si esto fue por ayuda del coreano o de los tres tipos que trabajaban en la frontera. Rápidamente fuimos al puesto de control, y en menos de cinco minutos ya habíamos dejado Kirguistán.

– ¿Ustedes también tienen el permiso a partir de mañana? – preguntaron casi los dos al mismo tiempo.

Rubios hasta la ceja, de nacionalidad danesa y sonrisa fácil. Dos chicos tan blancos que contrastaban con aquel paisaje. Al parecer no éramos los únicos que teníamos permisos para el día siguiente. (Además sacaban fotos excelentes, si quieren las pueden ver acá y leer su historia en inglés).

Los daneses viajaban en un cuatriciclo. Habíamos visto viajeros en motos, a bicicleta, incluso uno caminando llevando un carrito, pero nunca un cuatriciclo.

Atamos las mochilas en el techo y nos metimos dentro de una 4×4 junto a Wolfgang y Alma, su amigo kirguiso y también gordo que no hablaba mucho inglés. Atrás llevábamos un tráiler donde había dos motos con patente austríaca.

BIENVENIDOS A TAYIKISTÁN

Entre ambos puestos fronterizos hay veinticinco kilómetros de distancia y un paso de montaña más 4.000 m.s.n.m. Todo el trayecto fuimos pensando que hacer después de que nos dejen en la frontera. ¿Poner la carpa por ahí? ¿Pedirle un lugar para dormir a la policía fronteriza? Algo seguramente íbamos a conseguir para avanzar. Tal vez al día siguiente.

Ese trayecto entre ambas fronteras fue una de las partes más lindas del Pamir: la altura, la soledad y el desierto. Mientras, el austríaco nos hablaba de lo vagos que eran los daneses, que venían de una familia adinerada y que eran malcriados. Le contestábamos a cada una de sus ofensivas señalando una montaña, un águila o alguna marmota. Mientras nos preguntábamos y seguíamos sin entender cuál era la relación entre los daneses y el austríaco.

Pamir - Tayikistán -2

Lo que para nosotros resultó un simple sello en el pasaporte, para los que viajaban con vehículo representó una sucesión de oficinas a la espera de una coima. Wolfgang calculó que pagó alrededor de cien dólares de “propinas” entre ambas fronteras, más allá de tener todos los papeles en regla.

Ya con los seis pasaportes en nuestro poder nos invitaron a seguir con ellos. Pero Wolfgang fue en el cuatriciclo y los daneses entraron en el auto. En ese tramo nos enteramos que el austríaco tenía una agencia de turismo un poco improvisada, y otro poco ilegal, y que estos daneses eran sus primeros clientes. Mucho no nos importaba si lograban llevarnos los doscientos kilómetros que separan al pueblo de Murghab desde la frontera. Pero ellos se sentían engañados por lo lento que avanzaban (por el tráiler con las motos) y se quejaban de que era todo espontáneo y no tenían un itinerario definido. No perder su vuelo de regreso era su mayor preocupación. Nosotros escuchábamos y seguíamos señalando picos nevados.

ÁRBITROS A MÁS DE 4.000 MSNM

La altura empezaba a pesar y nos sentíamos como hijos de padres separados que tienen que escuchar las quejas de ambas partes. Alma que iba bastante callado hasta que empezó a vomitar. Paramos.

Mientras Alma vomitaba tratando de contener sus tripas adentro y la noche se aproximaba, Wolfgang empezó a discutir con los daneses sobre cual era el mejor lugar para dormir. Parecía una pelea de pareja. No se pusieron de acuerdo, nos tiraron la pelota a nosotros. “Elijan ustedes”.

Alma seguía vomitando, estábamos a más de 4200 m.s.n.m. (todos amanecimos a 700). Dije lo que me pareció más lógico. “Bajemos lo más posible, al menos hasta el Lago Karakul”. Íbamos a llegar de noche, y tener que elegir los lugares para la carpa a tientas, pero íbamos a poder dormir mejor.

Manejamos algunas horas más y paramos. El lugar no era el ideal, pero las estrellas, el cansancio y el dolor de cabeza no nos permitía seguir mucho más.

Pamir - Tayikistan

Así fue la primer noche

SOL, Y OTRA VEZ

Amaneció como a las seis. El lugar era un idilio, desolado paisaje con un lago azul de fondo y montañas nevadas. A las diez los daneses fueron a un pueblo a veinte kilómetros a comprar pan. A las once nuestro compañero Wolfgang se levantó. Recién a las doce emprendimos la marcha. Nosotros seguíamos con ellos, aunque no éramos parte del tour.

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Pamir - Tayikistán

Y así amaneció

Alma siguió vomitando, los daneses y Wolfgang se turnaban el cuatriciclo mientras discutían un poco y nosotros aprovechábamos para contemplar el paisaje. Así llegamos a Murghab. Otra vez, casi de noche fuimos a buscar un lugar para poner la carpa. Otra vez nos tocó elegir a nosotros.

LA COSTA DE LOS MOSQUITOS

Mientras Alma se arrepentía entre vómitos por haber dejado su Bishkek natal, nosotros divisamos un arroyo con pasto alrededor (Sí, increíblemente había pasto a esas alturas). Parecía ser el lugar ideal, pero con tan sólo bajar del auto una bola, literalmente una bola, de mosquitos se abalanzó sobre nosotros. Igualmente acampamos ahí. No podíamos usar las dos manos porque una tenía que estar libre para espantar a esos diminutos depredadores. Ocupaban cada espacio de piel libre. Tan pronto armamos la carpa nos metimos adentro. Matamos a los que habían entrado y nos fuimos a dormir. La mañana siguiente fue igual pero en sentido inverso. Desarmamos lo más rápido posible para poder huir a otro lugar y desayunar tranquilos.

Pamir - Tayikistán -8

EN BUSCA DEL CRÁTER

Dudamos si seguir con ellos o separarnos. Murghab era nuestra meta y nos sentíamos en medio de un conflicto de pareja. Por otro lado podíamos aprovechar los lugares libres de la camioneta y recorrer un poco más con ellos. Ir lugares que de otra forma no iríamos. Fuimos, ellos no tenían problemas en llevarnos.

Fueron varios kilómetros por caminos invisibles que surcaban las pequeñas piedras en el gran desierto del Pamir. Nos perdimos, nos llenamos de polvo, vimos tornados y siguieron las peleas, pero Alma ya había dejado de vomitar.

Llegar al cráter fue comprobar que no era más que un pozo relativamente pequeño en una zona rocosa y polvorienta. Si nos remitimos a los datos, el lago Karakul (donde dormimos la primera noche) fue creado por un meteorito y era mucho más interesante.

Pamir - Tayikistán

En el cráter con Wolfgang y Alma

La expedición fue un fracaso, o por lo menos nada emotiva. A la vuelta tuvimos que esperar a Wolfgang que se fue a pasear con el cuatriciclo. Los daneses nos advertían que iba a pedir que les devuelvan el dinero. Nosotros nos queríamos ir. Ya habíamos compartido demasiado tiempo juntos.

VER EL PAMIR POR NUESTRA CUENTA

Caminábamos lentamente saliendo de Murghab, un poco viendo donde poner la carpa y otro poco viendo los autos que pasaban. Ya habíamos dejado a nuestro querido grupo atrás. No muy lejos había un control policial, caminando hacia allá y pensando que no teníamos que dormir otra vez cerca de un arroyo se detuvo un auto al lado nuestro.

  • ¿A dónde van? – Preguntaron dos hombres, uno con un sombrero típico kirguiso y el conductor con un sombrero típico tayiko.
  • A Alichur – Contestamos. Un pueblo del que sólo teníamos pocas buenas referencias.
  • Vamos, los llevamos.

Y así fue como por segunda vez conseguimos un lugar en un asiento de un auto en el medio del Pamir y sin preguntar.

Cronometrado, las frases que aprendimos en ruso nos sirven para hablar los primeros 15 o 20 minutos. Como mucho. Luego todo se vuelve palabras sueltas, gestos y la ayuda del diccionario que tenemos. Para un viaje de dos horas a veces parece poco. Pero teniendo un paisaje tan fácil de contemplar a los costados no era tan terrible.

LA FAMILIA DE ALICHUR

Alichur es un pueblito de cincuenta casas rodeado de montañas nevadas, sacado de un cuento. Con una mezquita y una escuela, todos se conocen. Hacía frío. Dejamos al kirguiso en su casa y el tayiko nos mira por el espejo retrovisor y nos pregunta:

  • ¿Dónde van a dormir?
  • En carpa.
  • Carpa no. En mi casa
  • ¿Ponemos la carpa en tu casa?
  • Carpa no.

Estacionó en la puerta de la casa. Con más vergüenza que otra cosa nosotros bajamos las mochilas, nos sacamos las zapatillas sucias y entramos. Lo seguimos hasta un cuarto grande con todo el piso y las paredes llenas de alfombras. Afuera se hacía de noche, debía ser la noche más fría hasta ahora. Nos sentamos en el suelo.

Al rato entró Lola, la hija mayor, con una bandeja con pan, papas y té. Lola tenía los ojos claros y unos quince años. Aprendió inglés en la escuela, se notaba que hablaba bien pero con nosotros era muy tímida. Le hicimos algunos chistes y se río. Una de las sonrisas más sinceras que nos pareció encontrar en el camino. Tal vez por lo inesperado de la hospitalidad, o por el paisaje que seguía seduciéndonos.

Para comer nos dejaron solos, ellos comieron aparte. Pero luego de la cena vinieron todos. Lola era la intérprete y la madre la más curiosa. Nunca habían tenido un turista en su casa y estaban contentos de tenernos. Nosotros agradecemos que haya gente en el mundo capaz de no sólo llevarte sino también alojarte cuando afuera hacen temperaturas bajo cero.

A la mañana siguiente nos levantamos a las seis y media. Ya era tarde. Estaban todos despiertos y tenían nuestro desayuno listo. A la despedida no pararon de decirnos “vuelvan alguna vez”. No se si lo podremos cumplir, por las dudas anotamos su dirección en un cuaderno.

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La familia

EL DESIERTO

Diez minutos pasaron desde que llegamos a la ruta y ya estábamos arriba de dos camiones chinos. Íbamos separados, cada uno en un camión distinto pero de la misma flota. En realidad, los camioneros son de nacionalidad china, pero se sienten más uigures. Sobre todo cuando a mis primeras frases en chino, el tipo me miró perplejo como diciendo quiero tener un viaje en silencio.

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Demoramos diez horas, dos pinchaduras de rueda y doscientos cincuenta kilómetros recorridos. La mayor parte por el medio de un desierto. La otra por la frontera con Afganistán.

Las sensaciones en el desierto son austeras y el calor, el viento, la falta de sombras hacen que las formas se desfiguren. Pero el cielo con sus montañas era envolvente y las nubes se veían mas llenas.

Pareciese que en el desierto la austeridad y la hospitalidad van de la mano y la falta de sensorialidad lleva a la reflexión interna. Todos los grandes profetas de las religiones buscaron retirarse al desierto no huyendo de ellos mismo, sino para encontrarse.

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Habíamos pensado que viajar por el Pamir a dedo iba a resultar difícil, nos preocupamos, nos preparamos y finalmente logramos hacerlo. Pero les aseguro que mucho más difícil es atravesar los desiertos de nuestras mentes.

Guía completa para viajar a China

ACLARACIÓN SOBRE ESTA GUÍA DE VIAJE A CHINA

  • La información recogida aquí se corresponde con nuestros dos viajes a China. Ambos viajes fueron de 30 días cada uno. El primero fue en noviembre del 2015 y el segundo en mayo del 2016.
  • Todos los datos están basados en nuestra propia experiencia. De este modo, los precios son los que nosotros pagamos, y los trámites, los que nosotros mismos realizamos.

Esperamos que cumpla su objetivo: serle útil a futuros viajeros.

Cualquier duda, pregunta o comentario, no duden en hacerlo llegar.

¡Buen viaje y disfruten de China!

VISA

Todas las nacionalidades necesitan visa para viajar a China. La misma se tramita en cualquier embajada o consulado chino.

Por nuestra experiencia, es mucho mejor tramitarla en el país de origen de uno ya que los costos son más bajos y uno puede aplicar por más tiempo de estadía. Nosotros aplicamos estando de viaje por Asia. La primer visa la aplicamos en Ulan-Bator (Mongolia) y la segunda en Dhaka (Bangladesh). En ambos países el procedimiento fue el mismo y es el que vamos a detallar a continuación.

REQUISITOS

  • Pasaporte con vigencia mínima de seis meses y con, al menos, dos páginas libres enfrentadas.
  • Foto carnet. Puede ser una o dos según la embajada donde se tramite.
  • Formulario. Se puede descargar e imprimir o completar directamente en la embajada. El formulario es largo y pide, por ejemplo, un itinerario tentativo pero detallado de nuestro viaje por China. Por lo cual, es recomendable completarlo con tiempo y anticipación. En el formulario es importante detallar el tipo de visado que queremos, el tiempo del mismo y e indicar si queremos el trámite normal (una semana) o el exprés (demora sólo dos días hábiles y tiene un valor adicional de veinte dólares.) Podés descargar el formulario acá.
  • Carta de invitación o reserva de las siete primeras noche de alojamiento. Este punto no es tan claro y depende de la embajada dónde se tramite. La carta de invitación se puede pedir en cualquier hotel o hostel en China pero según nos explicaron en la embajada, si tenemos la primer semana del viaje con alojamientos reservados no es necesario. Nosotros presentamos un reserva gratuita de alojamiento en Beijing que realizamos por Booking.com. La reserva de siete días en Beijing luego la cancelamos.
  • Seguro médico. En la embajada de Mongolia nos la pidieron pero no en la de Bangladesh.
  • Estado de cuentas bancarias (fondos). En la embajada de Mongolia nos la pidieron pero no en la de Bangladesh.
  • Pasajes de entrada y de salida del país. Pueden boletos de tren o aéreos. Nosotros presentamos dos reservas cancelables. Cuando aplicamos en la embajada de Bangladesh, sólo nos pidieron el vuelo de salida.

COSTOS Y DEMORAS

El valor de la visa turista de treinta días tramitado en el exterior es de treinta dólares. Cuando la tramitamos en Bangladesh, nos cobraron cuarenta dólares pero era algo propio de esa embajada. El tramite del visado demora una semana, pero se puede aplicar a una versión exprés abonando veinte dólares extra o, se puede obtener en el mismo día si se abonan treinta dólares extra.

Cuando la tramitamos en Mongolia, tuvimos que ir a un banco especifico a pagar. En cambio, cuando aplicamos en Bangladesh abonamos en la misma embajada el día que retiramos la visa.

IMPORTANTE

Durante el tiempo del trámite, la embajada o consulado se quedan con el pasaporte original.

RECOMENDACIONES PARA LA VISA

Averiguá bien dónde la vas a tramitar y revisa la pagina web de dicha embajada. A los chinos les encantan los feriados y las vacaciones, por lo cual trata que tu fecha de aplicación no coincida con ninguna festividad. A nosotros nos pasó de aplicar en el aniversario de la revolución y tuvimos que esperar una semana a que la embajada de China en Mongolia volviera a abrir sus puertas. El problema no sólo fue la demora sino la cantidad de gente que estaba en nuestra misma condición, lo que se vio reflejado en las más de dos horas para poder ingresar a la embajada y en el malhumor de los empleados.

MONEDA

La moneda es el Yuan (RMB o CNY). El valor de los billetes es de 1, 5, 10, 20, 50 y 100. También hay monedas de 1, 5 y 10 centavos. Los centavos se llaman fen y son muy poco frecuentes.

Aquí van algunas conversiones para tener una idea (al 12/07/2016):

La relación yuan-dólar es de 1 USD → 6,69 RNM.

La relación yuan-euro es de 1 EUR  → 7,39 RNM.

Para ver la cotización actual xe.com

Es importante pensar como manejar las finanzas. Hay varias opciones:

  • Viajar con cheques viajeros. En todas las ciudades importantes hay casa de cambio que los aceptan. El tipo de cambio es apenas un poco más bajo.
  • Viajar con efectivo. Lo más fácil de cambiar son dólares en bancos o casas de cambio.
  • Sacar dinero vía cajeros automáticos o manejarse con tarjetas de crédito. Cajeros (ATM) hay por todos lados.

Para nosotros lo más cómodo y simple fue ir sacando plata de cajeros automáticos a medida que el viaje va avanzando. En la mayoría de las ciudades y pueblos encontrarás uno y podes obtener yuanes con tu tarjeta de crédito o débito. Esta opción fue la más segura y barata para nosotros. El inconveniente es que necesitas una cuenta bancaria o al menos una tarjeta a tu nombre.

Si optan por la tarjeta de crédito o débito, recuerden tener siempre una reserva de dinero en efectivo. Nos pasó de estar en pueblos sin cajeros o sin luz.

IDIOMA

El idioma oficial es chino mandarín. Si bien en la región de Cantón se habla chino cantonés y hay varios dialectos dentro del país (uigur o tibetano, por ejemplo), el idioma es el mandarín y es el que todos hablan.

La escritura china, ahora, se conoce como chino simplificado y es justamente eso, la simplificación de los caracteres chinos. Los cuales a su vez, se pueden representar en pinyin que es la escritura de caracteres en silabas latinas dónde se indica su entonación.

TONOS DEL IDIOMA CHINO

El idioma chino tiene cuatro tonos. Por lo cual, una misma silaba (carácter) va a tener cuatro diferentes significación según el tono que se utilice. Por ejemplo, “ma”, significa caballo, mamá, cáñamo, pelea o signo de pregunta.

Pensamos que el idioma iba a ser una gran barrera y lo fue. Si bien la mayoría de los jóvenes, sobretodo en las grandes ciudades y zonas turística, hablan inglés no nos fue fácil darnos a entender en el resto del país.

CONSEJOS PARA COMUNICARTE EN CHINA

Lo ideal es intentar aprender algunas palabras en chino, pero en nuestro caso no pudimos salir del “hola, ¿cómo estás? y gracias”. No nos fue nada fácil.

Por lo cual, es recomendable llevar un diccionario o libro de frases para poder comunicarse. Pero, ojo porque muchas veces nosotros pronunciamos de una manera incorrecta y los chinos no entienden que estamos diciendo porque no utilizamos el tono correcto. De este modo, optamos por mostrarles un papel escrito en chino dónde decía lo que queríamos comunicar.

Si podés, lleva siempre las direcciones escritas en caracteres chinos y en pinyin. Si no, nadie te va a poder ayudar. Un buen mapa offline también es necesario.

También intentamos con un diccionario offline, pero no nos funciono del todo ya que sólo traducía palabras sueltas y nosotros necesitamos frases más elaboradas. Otra opción, es viajar con tarjetas con imágenes que representen lo que buscamos (alojamiento, comida, transporte, etc.). Finalmente, terminamos recurriendo el lenguaje de señas con las manos. Creemos que luego de viajar por China, somos expertos en juegos como “Diálogo con mímica”.

CONCLUSIONES SOBRE EL IDIOMA CHINO

No es fácil comunicarse en China. Sobre todo si se sale de los circuitos turísticos y de las grandes ciudades, pero tampoco es imposible. Con paciencia y voluntad, uno puede hacerse entender. Igualmente, a no desesperar, en las grandes ciudades las mayorías de las calles y estación de subte suelen indicar su nombre en chino y en inglés.

CLIMA

China es uno de los países más grandes del mundo, y cada región tiene sus particularidades climáticas.

En octubre en Beijing, comienza a hacer frío y en noviembre ya puede haber nevadas, mientras que diciembre es la mejor época para recorrer el sur ya que no hace tanto calor.

En Beijing, en verano el clima cambia totalmente y hace calor. Llega a los 30 °C. Y a los chinos les encanta estar al aire libre. Es muy común verlos en las plazas jugando con los niños, bailando al aire libre o desafiándose en eternas partidas de ping-pong.

En conclusión, el país tiene encanto todo el año, y depende un poco de lo que se quiera hacer y ver. Muchos viajeros buscan ver la Gran Muralla China con nieve y otros, en cambio, prefieren verla en primavera cuando todo esta bien verde y florecido.

Lo que si hay que evitar es ir a Tíbet en pleno invierno (de noviembre a abril). Está todo bajo nieve y los caminos por tierra se cierran.

China es enorme, por lo cual para definir una fecha es importante conocer primero la región que vamos a visitar. En base a eso, es mucho más fácil planificar.

PRESUPUESTO

China no se caracteriza por ser un país “barato” pero con ingenio se puede encontrar el modo de viajar sin gastarnos todo nuestro presupuesto. Como siempre, un viaje puede ser tan caro y tan barato como uno de deseé y planeé. En nuestro caso viajamos de un modo económico, al mejor estilo mochilero.

No realizamos excursiones pagas (nos las ingeniamos para realizarlas nosotros mismos) y solemos optar por transporte público antes que tomar un taxi o autos privados con chofer.  Viajamos lento y de manera pausada. Solemos informarnos bastante sobre precios, distancias, medios de transporte o cualquier otra variable que intervenga.

Cuando más rápido uno quiere viajar y más destinos en menos tiempo quiere ver, el presupuesto se encarece mucho más.

Un presupuesto muchilero (holgado) promedio en China puede un de 130 yuanes diarios. Incluye alojamiento (baño compartido), comida y transportes. Lo que da unos veinte dólares por día.

Este presupuesto se descompone en tres cosas básicas. Comer, dormir y viajar:

COMIDA

La comida en China es barata y riquísima. Hay que comer dónde come la gente local, buscar lugares cerca de oficinas o universidades, buffets o tiendas de comida rápida. Por cada almuerzo o cena gastamos entre uno y tres dólares cada uno dependiendo de lo que pedíamos. Es más barato comer comida china que continental. A su vez, en casi todo China se puede obtener agua caliente o fría para tomar de manera gratuita, por lo cual el agua tampoco es un costo extra.

Si bien los restaurantes baratos no suelen tener menú en inglés, muchos tienen fotos de los platos en las paredes. Por eso, sólo basta señalar y preguntar el precio. Eso si, a veces las imágenes suelen confundirnos. En Xi’An creímos ordenar algo que traía papas al horno y las supuestas papas terminaron siendo cuadrados de grasa pura.

Por lo general, un plato de arroz frito o noodles con vegetales está 10 yuanes.

ALOJAMIENTO

Depende mucho de qué tipo de viaje quieras hacer. En China son muy comunes los hostels. Según la zona y la ciudad (no es lo mismo un hostel en Beijing que en Urumuchi) una cama puede variar entre los 40/100 yuanes (entre 6 y 18 USD por persona). Son muy limpios, cómodos y el personal suele hablar inglés.

A su vez, también es posible encontrar habitaciones privadas por 80 yuanes. Como siempre, cuando más turística sea una ciudad más caro son los valores.

Igualmente, en comparación con otras partes del mundo los estándares chinos son mucho mejores que en otros países. Por ejemplo, wifi, ducha con agua caliente y pava eléctrica son comodidades que se pueden encontrar hasta en el alojamiento más cutre del país.

Es importante, llegar a las ciudades con el alojamiento resuelto o al menos, con algo visto. No existen zonas “mochileras” como en otros países, por lo cual cada hostel/hotel puede están en una punta distinta de la ciudad… y en China eso es muy lejos.

China es el lugar ideal para hacer Couchsurfing. Está lleno de host que se mueren de ganas de alojar occidentales. La ventaja, además es que casi siempre hablan inglés, por lo cual pueden ayudarnos mucho a conocer más sobre el país, a comprar pasajes de tren o al presentarnos los nombres de los platos de comida.

El tercer modo que utilizamos para alojarnos fue intercambiar trabajo con algunos hostels. En este listado pueden encontrarnos algunos sitios que recomendamos.

TRANSPORTE

Es el gasto más caro de China. Sacando el transporte urbano que vale entre uno y dos yuanes, los transportes de larga distancia son carísimos.

Lo ideal es moverse en tren. Unen casi todo el país, y los hay de máxima velocidad (van a 300 kilómetros por hora), por lo cual sirven para aprovechar muchísimo el tiempo. El problema: son carísimos. Otra opción, autobuses, vuelos lowcost o dedo (autostop).

TRENES EN CHINA

Hay varias clases y tipos de trenes (más rápidos, más lentos). Lo bueno es que llegan hasta casi todos los rincones del país, lo malo, no son nada baratos.

Cada tren suele tener dos secciones bien definidas: Asientos o coches-camas (espacios compartidos entre seis literas. Hay camas blandas o duras y de eso depende su precio).

Los trenes se pueden comprar por internet (pagando una comisión) o directamente en las estaciones de tren. Muchas estaciones tienen ventanillas especiales para turistas dónde, se supone, al menos un empleado habla inglés. Lo ideal es llevar el número de tren, la estación de cabecera, la estación de destino, la hora, el día (los chinos anotan al revés AAAA/MM/DD) y la clase en la que queremos viajar anotado en un papel. Si está escrito en chino, mejor.

Si uno opta por comprar por internet, además de la compra online luego debe retirar los boletos por la estación de tren (puede ser el mismo día que el tren parte). Para eso, una vez reservados los boletos les llegará un número de comprobante al mail. Con ese número, retiran los boletos por ventanilla.

Sea para retirar o comprar, seguramente les pedirán el pasaporte y la visa de China.

Tanto para conocer el horario de los trenes o para comprar por internet, les recomendamos revisar la siguiente pagina: China DIY Travel

ANTICIPACIÓN

China es por lejos es país más superpoblado del mundo. Por lo cual, mucha gente va y viene todo el tiempo. Lo ideal es comprar los boletos de tren con anticipación para no quedarnos sin lugar.

CONSEJOS PARA VIAJAR EN TREN POR CHINA

Todos los trenes en China además de tener un baño letrina y otro con inodoro tradicional, suelen tener un dispenser de agua caliente. Ideal para hacerse un té o una de las famosísimas sopas instantáneas chinas. Sino, Cada media hora, pasa un empleado del tren vendiendo comidas, bebidas, toallas, biromes, sets de medias, etc.

AUTOBÚSES

Los hay a casi todos lados. Suelen tardar más que el tren y suelen ser una mezcla de olores bastante extraños. Cada ciudad suele tener una o más estaciones de autobuses ubicadas según los puntos cardinales (estación este, oeste, norte o sur). Según el trayecto que realicemos tenemos que ir a una u otra estación. Los pasajes se comprar en el momento.

Otro gasto extra en China son las entradas a las atracciones. Para casi todo hay que pagar (incluso para ir al baño) y los precios nunca bajan de los 5-10 USD. Salvo que estén holgados de presupuesto, es importante que piensen bien que visitar y que no. Igualmente, muchos sitios como por ejemplo la Gran Muralla China tiene opciones alternativas para entrar sin pagar.

Muchos de los sitios de interés turístico tienen descuento para estudiantes. En muchos es necesaria la tarjeta ISIC, en otros es suficiente con cualquier credencial y otros, como por ejemplo, Los Guerreros de Terracota sólo tienen descuento para estudiantes chinos.

En nuestro caso, gastamos mucho menos de los 20 dólares que estimamos por día. No pagamos transporte al recorrer el país a dedo y de los dos meses que estuvimos pagamos poquísimas noches de alojamiento ya que hicimos mucho Couchsurfing.

RECORRER CHINA A DEDO (AUTOSTOP)

Viajar a dedo por China fue más difícil de lo que creíamos. Como ya dijimos, estuvimos dos meses en China. Durante el primer mes recorrimos la costa este y las grandes ciudades chinas. Las ciudades interminables, las autopistas que se enredan como una madeja de lana y la prohibición de hacer dedo en las autopistas hizo todo mucho más difícil. Si a eso le sumamos las dificultades idiomáticas, la polución y el ensimismamiento de los chinos, no fue una experiencia para nada placentera.

Salir de las ciudades nos tomó entre una a dos horas. Luego caminar hasta el peaje, y ahí pedir por favor a los empleados que nos dejen intentar hacer dedo. Muchos auto pretender recibir dinero a cambio.

Otro problema, es que muchas veces el auto no iba a destino sino que nos dejaba a mitad de camino y muchas veces eso implicaba perder otra hora para salir de la ciudad ya que no nos querían dejar en la autopista.

Pero, por el contrario, en el sur y oeste del país fue mucho más fácil. Las ciudades son más pequeñas, no se trata de monstruosas autopistas sino de rutas tradicionales y la gente es mucho más amable y simpática. Lo que nos costó el primer mes, fue proporcional a lo que disfrutamos en nuestro segundo viaje a China.

¿Cartel si o no?

Para el primer viaje a China hicimos un cartel (en chino) que indicaba que estábamos viajando a dedo y el destino al que nos dirigíamos. El problema es que los chinos no conocen la idea de hacer dedo/autostop/hitchhiking por lo cual, por más que este en chino, no tenían ni idea de que significaba eso.

Para el segundo viaje, decidimos sacar la parte de “a dedo” y utilizar sólo un cartel con el nombre de la ciudad a la que nos dirigíamos (en chino) y fue mucho más exitoso. El cartel con el nombre de la ciudad ayuda a resolver los problemas de nuestra mala pronunciación de chino y funciona como filtro para la inmensa cantidad de autos que hay en China.

Además del cartel, viajamos con una breve carta que explicaba nuestra historia, nuestro viaje y nuestra condiciones de viajeros. La carta siempre funcionó, sobre todo ante lo limitados que estábamos ante el idioma.

CONEXIÓN A INTERNET

En la gran mayoría de las ciudades (grandes y pequeñas) hay conexión a internet. Incluso muchos shoppings y restaurants tienen wifi. También, las cadenas de comida rápida tienen y el puestito de comida más austero, tiene wifi.

El problema reside en las paginas que el gobierno chino tiene bloqueadas: Google, Gmail, Facebook, Instagram, Twitter, Youtube, etc. La Muralla China de Internet o “The Great Firewall” nos afecta a la mayoría de los turistas occidentales ya que restringe la mayoría de las páginas que nosotros utilizamos a diario. Para poder acceder a estas paginas bloqueadas en China es necesario contar con una VPN. Es decir, una red privada virtual que nos permite hacer un poco de trampa.

Hay VPN gratuitas y pagas (10 USD por mes). Es importante, una vez que compres tu servicio, descargarlas a tu PC, Tablet o celular y activarlas antes de ingresar a China. Una vez dentro de China, ya no se pueden obtener. Nosotros utilizamos VPN EXPRESS y no tuvimos ningún inconveniente.

Importante: Whatsapp se puede utilizar sin problema, pero en ciertas regiones de China también está bloqueado por conflictos políticos. Por otro lado, WeChat es a la vez el Facebook y Whatsapp que utilizan todos los chinos. Nosotros decidimos abrirnos una cuenta para poder estar conectados con nuestros host de Couchsurfing.

ITINERARIO POR CHINA

Si quieren conocer los lugares dónde estuvimos en nuestros dos viajes a China, acá están nuestros itinerarios:

China I: Costa este y grandes ciudades

China II: Sur y oeste

A modo de resumen, nuestro cinco lugares favoritos de China fueron:

  1. Pueblos tibetanos
  2. Beijing
  3. Muralla China
  4. Xi’an
  5. Shanghái
  6. Datong

RECOMENDACIONES Y CONSEJOS PARA VIAJAR A CHINA

– Tené cuidado con los billetes falsos y con los timos. No sabemos si fue una situación excepcional o no, pero cuando visitamos China había una gran preocupación por los billetes falsos. Se ve que hay muchos. A nosotros nos dieron uno de 100 yuanes falsos, no sabemos bien como ni cuando. Tené cuidado!

– Además de los billetes falsos, los timos suelen estar a la orden del día. En las grandes ciudades muchos jovencitos/as se hacen pasar por estudiantes de inglés y te piden de ir a comer para practicar el idioma. Mirá bien los precios antes de ordenar. A un amigo chileno dos Coca-Cola le salieron 40 dólares.

– Interiorizate: China es, por lejos, el país más grande del mundo y con una historia muy complicada e interesante. Trata de llegar a China conociendo algo, de su geografía, cultura, historia política y de su situación actual. Si bien a los chinos les interesa muy poco el mundo, para nosotros la situación política de los países que visitamos es una pregunta obligada.

– Planificá: Un viaje sale mejor cuando uno lo planifica, al menos un poco. No somos partidarios de un viaje plenamente organizado, con reservas y un itinerario definido. Somos partidarios de que el viaje se vaya armando a sí mismo, pero eso no quita que uno planifique, al menos, algo. Mira un mapa, que lugares te gustaría conocer, por qué, fijate si te quedan de paso, arma un posible recorrido. Tener en cuenta tu presupuesto, tus gustos y tus ganas. Y además, tené en cuenta de que en China las distancias son enormes y no siempre dos ciudades que parecen cerca, en realidad lo están.

– Dejá los prejuicios en casa, en serio. Oímos mucho sobre los chinos sucios, los chinos mafia, los chinos malos, etc. Si bien esta bueno ir con ciudad y preparados, tampoco hay que caer en nuestro eurocentrismo de creernos mejor. En todo caso, los chinos son…chinos. Chinos que escupen, que fuman a toda hora y en todo lugar, que te eructan en la cara, y que hacen todo tipo de sonidos con sus gargantas. Tratá de no quedarte con lo obvio.

– Evitá viajar durante los días de vacaciones. China es el país más superpoblado del mundo y sí, a su veces, tienen la buena costumbre de en vacaciones viajar dentro de su país… imaginate lo que puede ser! Intentá evitar el mes de junio (vacaciones en las escuelas) y los días del año nuevo chino para moverte de una ciudad a otra porque posiblemente no encuentres pasajes, alojamiento y todo sea mucho más caro.

– Informate: sobre el clima, la situación política y social de los destinos que quieras visitar. China está atravesada por distintos conflictos territoriales, políticos y sociales. Lee el diario, busca en internet, preguntale a la gente local. Sabiendo quizá evitaras pasar por algún mal momento. Sobre todo para quienes quieran visitar el Tíbet o la provincia de Xinjiang, entre otras regiones conflictivas.

– China es un país seguro, es casi inexistente la inseguridad y los robos. No existen, en parte, porque la policía esta todo el tiempo y a todo momento rondando por ahí. Igualmente, estate atento a tener ciertas precauciones. A un amigo francés le robaron la billetera en el metro de Shanghái.

¿CONVIENE VIAJAR CON SEGURO MÉDICO?

Si bien es un requisito para aplicar a la visa China, lo cierto es que una vez pasado ese tramite nadie volvió a exigírnoslo. Nunca se sabe si lo vamos a necesitas, por lo cual, nosotros igual nos sacamos uno. Seguramente no lo uses pero por las dudas… Mejor tenerlo y no usarlo, a necesitarlo y no tenerlo. Hay muchas ofertas y promociones, 2×1, descuentos. Les recomendamos que chequeen posibles cotizaciones y tipos de coberturas en Asegura tu viaje.

Itinerario de China II: Sur y oeste

Este fue nuestro segundo viaje a China, donde nos propusimos unir el sur del país con las lejanas ciudades del oeste. Recorrimos pueblos tibetanos, gargantas profundas, pueblos en el desierto y ciudades musulmanes.

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