Llegamos a Hungría sabiendo poco. Qué este país sea el comienzo del viaje fue obra del destino y de las promociones aéreas. Budapest, su capital, está catalogada cómo una de las más lindas y baratas de Europa. Ambos factores hacen que sea un destino muy explotado en estos últimos años.

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Para nosotros viajar tiene que ver más con el pasar desapercibidos, con el mezclarnos con la cultura local y con el aprender. Pensamos que Budapest no nos iba a ser una ciudad fácil pero con sólo caminar un poco por la ciudad pudimos comenzar a encontrarnos con esos detalles que no figuran en los mapas turísticos.

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Cuándo la azafata anuncio que estábamos por arribar busqué el río con la mirada. Ahí estaba el Danubio. Largo y ancho surcando un camino entre grandes bloques de árboles. Ciertas construcciones de cemento me llamaron la atención. Debatimos sobre que podrían ser. Quizá paredones de algún castillo o fortalezas de la época imperial.

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Al salir del aeropuerto y ver todas esas palabras inentendibles e impronunciables caí en la cuenta de dónde estábamos.

Totó, me parece que ya no estamos en Kansas“, le dijo Dorothy a su perro al darse cuenta de que su casa había volado por los aires tras el ciclón. Yo no estaba en la tierra de Oz (tampoco de la hoz) pero me di cuenta de que estaba lejos de casa.

Acentos, diéresis, y pocas vocales para tantas consonantes me hacían difícil pronunciar al menos una palabra de todas las que leí. Con nuestro inglés logramos comprar los tickets de colectivo que nos llevarían a la ciudad. Muchos baldíos y grandes edificios bordeaban la autopista. Bloques de edificios de cemento, probablemente retoños del comunismo, desidealizaban esos castillos que creímos ver desde el avión.

La ciudad entera parecía un gran edificio abandonado y recuperado. ¿O quizá una fábrica? Colores que no escapan de la gama de los grises, estaciones de tren oxidadas pintadas con grafittis, y personajes ensimismados en sus mundos. Cuándo el colectivo quedo vacío entendimos que esa era la última parada. Debíamos bajar y combinar con el metro. Esté tenia otro encanto. Era moderno, bien iluminado, y con aire acondicionado. Se notaba que era nuevo. 5 paradas y era nuestro momento de bajar.

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Por suerte los números son los mismos

Por suerte los números son los mismos

No nos costó mucho reconocer el contraste entre las afueras de la ciudad (fabricas, edificios grises y carteles por doquier) y la ciudad en sí. Esa que sale en la revistas y que fue nominada cómo la ciudad más turística según estadísticas del 2014. El mítico parlamento, cruceros, el puente de las cadenas y el palacio de Buda se imponían ante nosotros con muy poca humildad. ¿Era la misma ciudad?

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El parlamento

El parlamento

Para entender este paisaje diverso hay que ir un poco atrás en el tiempo. Entre los años 1944 y 1945 se llevó a cabo el sitio de Budapest para expulsar de la capital Húngara a las tropas Nazis. El resultado fue una victoria Soviética, y con una destrucción del 80% de los edificios. La reparación fue llevada a cabo por la República Popular de Hungría (con un fuerte dominio desde Moscú) en medio de una gran crisis económica post guerra. La forma más rápida y barata de reconstruir la ciudad era construyendo esos bloques de concreto grises. Si bien sirvieron para sacar de la calle a miles de budapenses, hoy se los escucha decir que esos bloques “arruinan el ambiente del lugar”, afean la ciudad. Hablar de comunismo acá es un insulto, los destierros y las torturas de la época soviética siguen presentes.

Si uno mira con atención encuentras los edificios que "desentonan" la arquitectura imperial

Si uno mira con atención encuentras los edificios que “desentonan” la arquitectura imperial

Hay un solo monumento comunista en Budapest que recuerda a los húngaros que combatieron en el sitio de Budapest. Está ubicado ante la embajada de Estados Unidos. Curioso.

Hay un solo monumento comunista en Budapest que recuerda a los húngaros que combatieron en el sitio de Budapest. Está ubicado ante la embajada de Estados Unidos. Curioso.

Las tropas nazis tampoco fueron amables acá. Miles de judíos fueron arrojados vivos al río Danubio, los que tuvieron peor suerte fueron enviados a campos de concentración. La ciudad guarda respeto a sus víctimas. Monumentos, museos del holocausto y un barrio judío en el corazón de Pest (la parte moderna de la ciudad, separada de Buda por el río Danubio). Dicen que allí se encuentra la segunda sinagoga más grande del mundo.

Zapatos en la orilla del Danubio cómo memorial del holocausto.

En la orilla del Danubio un memorial del holocausto. Los zapatos recuerdan a los judíos que, obligados a descalzarse, eran tirados al río.

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Llegamos al hotel cansados de 30 horas de vuelo, y para nuestra sorpresa los carteles estaban en dos idiomas, húngaro y alemán. A lo largo de toda la ciudad se pueden ver carteles en alemán. Cómo si fuera un segundo lenguaje. Hungría no sólo fue sometida por los Nazis y los soviéticos, antes también por la Casa de Habsburgo. Y antes todavía por los otomanos, de ahí que los restaurantes y baños turcos están por todos lados.

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Iglesias transformadas en mezquitas y viceversa

A pesar de todos estos dominios y conquistas (también hubo una invasión mongola) la cultura húngara sigue prevaleciendo. Aún quedan muchos vestigios, sobre todo arquitectónicos, de aquel gran imperio dónde su territorio era aún mayor. Dos cosas nos hicieron dar cuenta de su orgullo.

La primera, hablando con una chica rumana oriunda de Transilvania (antes era Hungría), criada en una casa donde se hablaba húngaro, dejó su pueblo natal y se vino a vivir a Budapest, porque al fin y al cabo se sentía más húngara que rumana.

La segunda, es una remera que vimos. Decía: “Idősebb vagyok, mint Szlovákia” (Soy mas viejo que Eslovaquia). Eslovaquia también era parte de Hungría, y la perdida de territorio es una herida que todavía sangra.

Eva, quién nos alojo en su casa, se extrañó (¿enojó?) cuándo le dijimos que pensábamos visitar Bratislava (Capital de Eslovaquia). Nos dijo que cómo íbamos a ir allá, esa ciudad no tiene nada para mostrar.

Parte de ese orgullo nacionalista explica como actualmente en Hungría hay una fuerte (demasiado fuerte) juventud de derecha.

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Una de las pocas capitales europeas con linyeras durmiendo en sus calles

Una de las pocas capitales europeas con linyeras durmiendo en sus calles

Habiendo una gran co-existencia con otras costumbres y realidades, y en un mundo donde muchas culturas tienden a globalizarse, la húngara sigue llevando con orgullo su fuerte impronta. Más allá de los Mongoles, Alemanes, Turcos, Nazis, Soviéticos y de las numerosas perdidas de territorio el pueblo húngaro sigue plantando bandera.

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Cómo un caleidoscopio Hungría supone un conjunto de elementos que se fragmentan y que unen al mismo tiempo. Formando cada tanto una figura distinta, pero siempre sobre un mismo fondo.

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