Nuestro viaje viene tomando forma solo. Los destinos se presentan, se marca el camino y nosotros solo asentimos. Así paso con Calcuta. No estaba en nuestros planes. Varias personas nos lo habían recomendado ¿Por qué no darle un lugar?

Salimos de Bodh Gaya una noche calurosa. Nosotros estábamos raros, estábamos ansiosos, preocupados, cansados y sin saber que nos esperaría. Nuestra rareza se mezclaba con nostalgia. Después de dos meses de viaje juntos nos despedíamos de Inés y Alfonso, la pareja de Argentina que conocimos para el cumpleaños de Ludmila.

Extraños llegamos a la estación de tren de Gaya. Subimos al tren y buscamos nuestros asientos. Estaban ocupados por una familia. Es muy común en India encontrarte con tu asiento ocupado. Mucha gente viaja sin boleto y van rotando entre los asientos que hay libres. Este no era el caso, la familia nos dice que esos eran sus asientos. Efectivamente, miramos nuestro boleto de tren y nos habíamos confundido de fecha. Nuestro tren salía la noche siguiente. A todo esto el tren ya había arrancado con destino a Calcuta.

En medio de la preocupación por no viajar toda la noche en el pasillo, apareció la solidaridad y amabilidad de la gente. Un joven indio se ocupó de hablar con el oficial que pide boletos y le explico nuestra situación en Hindi. Tras varios intentos fallidos de cobrarnos una multa nos asignó unos asientos. Llegamos a Calcuta confundidos.

Todo parecía difícil en Calcuta, hasta conseguir alojamiento. Pasamos toda una mañana viendo alojamiento, optamos por el que parecía menos sucio de todos. Una vez que nos instalamos salimos a conocer la ciudad.

Victoria Memorial. Construido de mármol blanco, parecido al capitolio en Washington.

Victoria Memorial. Construido de mármol blanco, parecido al capitolio en Washington.

Parte de atrás del Victoria Memorial

Parte de atrás del Victoria Memorial.

Calcuta (o Kolkata, su nombre actual) se nos presentó como caos. Ciudad grande y mugrienta. Fue el lugar donde más sentimos que quieren sacar ventajas del turista. También fue el primer lugar que nos sentimos excluidos por no tener euros o dólares. En los diferentes locales nos dejaban de atender para dedicarles absoluta atención a los europeos. En el camino nos cruzamos con muchos (muchísimos) españoles que llegaban a Calcuta para participar de algún voluntariado. Y los vimos pagando precios desorbitantes. Es verdad, para ellos sigue siendo muy barato, y nosotros estamos en plan de regatear lo más posible.

Así son los taxis

Así son los taxis

También caminamos como nunca. Nos perdimos en las calles varias veces. Visitamos todos los barrios de la ciudad. Algunos más pobres, otros más turísticos, otros más ricos y otros más coloniales. También aparecimos (sin quererlo) en el medio de un barrio musulmán. Donde vimos, después de mucho tiempo, carne de vaca en las “carnicerías”. Lo cual debe traer muchos problemas con los hinduistas.

Esquina de Calcuta llena de plantas.

Esquina de Calcuta llena de plantas.

Otra esquina de Calcuta

Otra esquina de Calcuta

Aparte de caminar nos movimos mucho en subte y en tranvía (si, la ciudad tiene tranvía). Calcuta está para eso, para perderse y ser caminada. Para visitar sus barrios y conocer sus diferencias. Todo esto, pero sin dejar de lado la parte religiosa de la India. Acá contamos nuestras experiencias:

Situación religiosa 1

Vistamos el templo dedicado a la diosa Kali (Kalighat Temple). Diosa de la destrucción sufrida por los pasos del tiempo. Kali es negra, alta y tiene un collar de cráneos. Impone respeto a pesar de tener la lengua para afuera.

Antes de llegar al templo hay que caminar unas cuadras de mercados donde venden todo tipo de flores, estampitas, piedras preciosas e inciensos. Todas ofrendas para la diosa. En el camino ya se respira la energía, no hace falta entrar para sentirla. Pero igualmente entramos.

Vimos una larga fila de personas esperando pacientemente su turno para poder estar frente a la estatua. Nos pusimos en la fila. El paso avanzaba lento y el lugar era cerrado. Se sentía el calor y los sahumerios de forma insoportable. Incluso el hacinamiento. Los indios tienen otro concepto de la distancia, y en una hilera que trata de ser ordena se ponen uno al lado de otro, tocando el pecho con la espalda. Toda esta situación no hacía más que aumentar el cansancio y la transpiración.

Llegando casi adelante vemos que toda la gente le hace una pequeña donación al sacerdote. Este los bendecía y les pintaba la frente con un color rojo. Agarramos 10 rupias y las tenemos a mano para seguir el ritmo de la celebración. Una vez que la persona que teníamos adelante pasó, el sacerdote nos ve y empieza a gritar casi desesperado: “Moneeeeeey, moneeeeey”. La primera sensación fue de rechazo. Igualmente avanzamos, dándole las 10 rupias. Las agarra, las guarda, y dice que no es suficiente, que tenemos que darle 200 rupias más. Nos negamos. Eso provocó que nos rechace, nos hizo avanzar en la fila casi sin poder estar frente la estatua.

Situación religiosa 2

El último día antes de dejar la ciudad fuimos a visitar el lugar donde vivió la Madre Teresa. El lugar continúa activo, ahí viven y trabajar varias hermanas más. Llegamos al lugar sabiendo poco y nada, sólo que se podían hacer voluntariados y habíamos escucha la experiencia de muchos que ya habían pasado por ahí.

Camino a Motherhouse (lugar de la Madre Teresa)

Camino a Motherhouse (lugar de la Madre Teresa)

Llegamos al lugar un domingo a las 3 de la tarde, donde el calor de Calcuta estaba en su máximo esplendor.  Llegamos luego de caminar uno 20 minutos desde el hotel. En la puerta nos recibieron 3 monjas muy sonrientes y amables. Nos invitaron a pasar.

En ese lugar, donde hoy viven muchas monjas, oficia también de museo. Está la tumba de la Madre Teresa, como así una pequeña exposición que muestra la historia de su vida.  En una pequeña vitrina se pueden ver distintos objetos que le pertenecieron, como ser su silla de ruedas, su rosario, su libreta, su portadocumentos. Dato curioso: Este último es un sobre de una agencia de turismo situada en Flores, Buenos Aires. También se puede ver la simpleza del cuarto donde vivió y murió a los 87 años.

Tumba de la Madre Teresa.

Tumba de la Madre Teresa.

En los caminos de India mucha gente nos había hablado mal de la Madre Teresa. Que solo ayudaba a la gente si abandonaban su religión y se convertían al catolicismo. La verdad no sabemos si realmente fue así o no. Lo que si reflexionamos en el medio de la simpleza del lugar fue que no importa la religión, es el amor el motor que debe movernos. Y no hay nada que admiremos más que a las personas que dejan todo y dedican su vida a los demás. Y seguramente encontremos muchas cosas buenas y malas en la vida de estas personas, pero en vez de criticar desde la mesa de un bar, o facebook, hay que construir. Y justamente eso es lo más difícil.

Y caímos en la cuenta de que tanto el catolicismo (o por lo menos lo que la Madre Teresa proclama) se acerca mucho a otras religiones, como por ejemplo el Budismo Tibetano (o al menos lo que dice el Dalai Lama). Y pensamos en el amor y en la compasión, en la simpleza de la vida, en lo absurdo que somos los seres humanos muchas veces. Calcuta, con su pobreza y su majestuosidad, nos sirvió de cacheteada. Nos confronto también con nuestro pasado. Ambos participamos de un movimiento misionero, un grupo que se movía por el simple hecho de ayudar a los que más lo necesitan, y recordamos como la vuelta de la vida y la burocracia de las instituciones nos hicieron tomar distancia. Calcuta nos estaba acercando a eso nuevamente.

El amor entre una pareja

El amor entre una pareja

El amor desinteresado, la compasión, el respeto, el desprejuiciarse, tantos cosas que este viaje nos muestra y  enseña. Pensamos en la caridad, en el tener lastima, en el dar dinero. En que es o no ser buena persona. Pensamos en nosotros, en que queremos, en que deseamos. Pensamos en como poder transformar la realidad que nos rodea. Realidad que duele, que lastima, pero que también nos abraza y aloja. Pensamos. En Calcuta, pensamos.

Y nos dimos cuenta que el amor y la compasión esperan en cualquier esquina, sea de Calcuta, sea del mundo.