Category: Mongolia
¡Viajá con nosotros en el Tren Transiberiano!

VIAJEMOS JUNTOS EN EL TREN TRANSIBERIANO

¿Quién no soñó alguna vez con viajar por las legendarias vías del tren transiberiano? Si sos uno de ellos, este puede ser tu gran momento. Mezclando los años de trabajo de la agencia Trans-Siberiano y nuestros tres meses de viaje por Rusia, uno por Mongolia, más dos meses por China te proponemos un viaje diferente. Un viaje épico, inolvidable y ajustado a tu medida.

Comenzando el 28 de agosto en San Petersburgo y terminando tres semanas después en Beijing. 

RUTA TRANSIBERIANA EN TREN DESDE SAN PETERSBURGO A BEIJING, ATRAVESANDO MONGOLIA.
El viaje de 21 días nos llevará desde San Petersburgo hasta Beijing. Cruzando 6 husos horarios, 3 países increibles y 2 continentes. Serán más de 8.000 kilómetros a bordo del tren más largo y mítico del mundo.

Te proponemos recorrer una porción enorme del mapa, marcada por la historia, la cultura y la diversidad de paisajes. Te invitamos a conocer con nosotros una región remota, épica y poco conocida pero de una manera confortable, segura y divertida. Te proponemos un viaje interesantísimo que comienza en la Rusia zarista y europea, para luego atravesar la inclemente soledad de Siberia, el salvajismo de Mongolia, la cultura milenaria china para terminar el viaje contemplando el mundo desde lo alto de la Gran Muralla.

Nuestro viaje épico y cultural comienza el 28 de agosto en San Petersburgo. Serán 21 días en donde  viajaremos en tren, surcaremos Rusia, su historia y sus iglesias ortodoxas.  Aquí, en Rusia, nos meteremos de lleno en la historia de los zares y de los soviéticos. Cruzando los Montes Urales y pondremos los pies en el continente asiático. Nos adentraremos en Siberia y en el  Lago Baikal, el lago con mayor cantidad de agua dulce.

Luego, cruzaremos a Mongolia. Visitaremos grandes desiertos y paisajes desoladores. Viviremos con familias nómadas y evocaremos las hazañas epicas de Marcos Polo con Gengis Kan. Luego, Beijing. Recorreremos la gran China de Mao y nos adentraremos en una de las culturas más milenarias e interesantes del mundo. Conoceremos la Ciudad Prohibida comeremos con palitos y terminaremos el viaje visitando la Gran Muralla China.

El viaje tiene un enfoque cultural. Tratando siempre de adentrarnos un poco más en la historia e idiosincrasia de tres países que de una forma u otra marcaron el destino del resto del mundo.

Tres países completamente distintos, con sus propios idiomas, costumbres y leyes. Tres paises que por tres semanas serán nuestros.


¿POR QUÉ VIAJAR CON NOSOTROS?

La sola posibilidad de hacer miles de kilómetros arriba de un tren, cambiando de paisaje, de país y de continente a más de uno le atrae. A nosotros simplemente nos fascina. Este viaje en tren en sí es una de las pocas experiencias épicas que aún se pueden vivenciar arriba de un medio de transporte público. Tal es así que famosos viajeros hicieron varias veces esta ruta transiberiana. Nuestros favoritos: Theroux, Neruda, Kapuscinski o Terzani.

Nosotros pasamos varias horas arriba de ese tren hace ya casi dos años (cómo pasa el tiempo che!) y ahora es tiempo de volver pero con una nueva propuesta.

Dejaremos de viajar solos para comenzar a hacerlo con ustedes. Para volver a maravillarnos y descubrir juntos esta antológica región del mapa.

Serán tres semanas de viaje. Pero un viaje relajado, ajustado a nuestros gustos, presupuestos y expectativas. Donde la agencia de viajes Trans-Siberiano se encargará de los detalles y nosotros (junto a ustedes) simplemente nos dispondremos a descubrir un mundo completamente nuevo desde la ventanilla de nuestro camarote.

Será un viaje con mucha independencia donde si bien es cierto que hay un itinerario definido por ciudades, cada viajero puede elegir qué ver y cómo recorrer cada ciudad. Tenemos en mente un estilo de viaje sencillo, sin grandes lujos. Donde nuestro mayor objetivo será aprender y adentrarnos en la cultura de cada país que visitemos. Donde priorizamos las experiencias y el intercambio cultural. Un viaje muy acorde a nuestra forma de viajar y conocer el mundo.


¿QUÉ INCLUYE?

BILLETES DE TREN

Desde San Petersburgo hasta Beijing viajaremos en tren. Alternando entre segunda y tercera clase, que es donde se descubre la verdadera logica de cada país.

ALOJAMIENTO

Nos alojaremos en hostels, guest-house y gers, los auténticos campamentos nómadas. Donde podremos descansar y procesar todo lo vivido.

EXCURSIONES

Incluye excursiones como la Gran Muralla China, el Parque Nacional Terelj (dormir en un Ger) y también visitar el gigantesco Lago Baikal.

IMPORTANTE

Fiel a nuestro estilo de viaje (y de vida), el viaje es sencillo. No incluye grandes lujos ni grandes gastos. El objetivo es mezclarnos lo más posible con la cultura local, disfrutando y viviendo cada uno de los tres países visitados de una manera original y con una perspectiva cultural e histórica.

Durante los 21 de viaje todos los gastos de alojamiento, transporte, traslados y excursiones estarán cubiertos. La tarifa del viaje no incluye áreos hasta San Petersburgo y desde Beijing. Tampoco gastos de comida, seguro médico y/o visados.

VISADOS

Tanto China como Mongolia requieren la tramitación de un visado previo. Rusia también pero solo para viajeros con pasaporte europeo. Pasajeros con pasaporte latinoamericano no necesitan visa para Rusia.

Todas las cartas de invitación y procedimientos para aplicar a los respectivos visados serán facilitados por la agencia de viajes Trans-Siberiano.

ITINERARIO


Día 1: San petersburgo (28/08/17)

¡Bienvenidos a Rusia!

Llegada a San Petersburgo y encuentro del grupo en el hostel. Charla de bienvenida a las 18 hs más noche libre en la ciudad.

Alojamiento en hostel, habitación compartida

día 2: san petersburgo

En la mañana visita guiada al Museo Hermitage (opcional). El Hermitage está en la antigua residencia de los Emperadores Rusos (llamado también Palacio de Invierno). Miles de piezas de arte y cientos de habitaciones hacen de la antigua residencia de los zares una parada obligada. Durante la visita pueden ver obras maestras increíbles: Leonardo Da Vinci, Tiziano, Rembrandt, Rafael y muchos más sin mencionar las salas mismas del Palacio adoradas de mosaica, piedras semi-preciosas y con vistas al Rio Neva.

Tarde libre para recorrer la ciudad a su gusto. San Petersburgo es una de las ciudades más preciosas de Europa con sus catedrales, avenidas, museos, galerías, palacios, puentes – cada uno encontrará algo especial.

Alojamiento en hostel, habitación compartida.

día 3: San petersburgo + tren nocturno a moscú

Día libre. Si tiempo permite, se puede visitar el Palacio de Verano (Peterhoff) de los emperadores rusos con sus maravillosos parques, fuentes y arquitectura zarista para sentirse como un rey por un día.

Luego, traslado a estación de trenes.

Tren nocturno a Moscú.

dia 4: moscú

Traslado al hostal desde estación de trenes.

Día libre. Se pueden recorrer los lugares famosos de Moscú: Plaza Roja, Museo de la Historia, Bunker de la Guerra Fría, Catedral de Cristo Salvador, Museo de Bellas Artes entre otros.

Alojamiento en hostel, habitación compartida

dia 5: moscú

Día libre para conocer la capital Rusa. Comenzamos el día en la Plaza Roja, la cual está rodeada de bellos edificios y los muros del Kremlin, sus adoquines hacen recordar los pesados pasos de Iván el Terrible.

Por cierto, se llama Plaza Roja porque significa hermosa en la antigua lengua rusa. Curiosamente, el nombre no tiene relación alguna con el comunismo que gobernó al país desde 1917 hasta 1991.

En la tarde se podrá asistir a conciertos de música o al famoso Circo de Moscú. El programa cultural de esta ciudad es abundante!

Alojamiento en hostel, habitación compartida.

dia 6: moscú + Tren Transiberiano a Ekaterimburgo

Día libre hasta el horario del tren.

Traslado a estación de trenes.

Tren nocturno a Ekaterimburgo.

dia 7: Ekaterimburgo

Desde el tren cruzaremos los míticos Montes Urales, la histórica frontera era Europa y Asia. Tenemos un nuevo huso horario, el primero de los muchos que atravesaremos.

Ya con un pie en el continente asiático tendremos el día libre para recorrer la ciudad.

Alojamiento en hostel, habitación compartida.

dia 8: Ekaterimburgo

Día libre en la capital de Urales. La ciudad de Ekaterimburgo fue fundada en la época de Pedro el Grande y lleva el nombre de su segunda esposa, Catalina. Esta ciudad entró tristemente en la historia como el lugar donde fueron asesinados el último zar ruso Nicolás y su familia.

Ekaterimburgo está ubicado justo en la frontera entre dos plataformas continentales – de Europa y Asia. A pocos kilómetros de la ciudad, se puede visitar un monumento dedicado a esta frontera continental.

Por la noche, Traslado a estación de trenes con dirección Irkutsk.

dia 9-10: Tren Transiberiano

Comenzamos a adentrarnos en dirección a Siberia.

Será desde el tren desde donde podrás experimentar la belleza del paisaje, conocer nuevas personas y visitar el vagón comedor, que es el centro de la vida social en el tren Transiberiano.

Serán unos 3.500 kilómetros hasta nuestra siguiente parada: Irkutsk.
Sí, estos días cruzamos gran parte de Rusia (y de Siberia).

dia 11: Irkutsk

Llegada a Irkutsk y traslado al hostal.

Día libre en la ciudad llamada “París de Siberia” por su bella arquitectura del siglo XIX. También famosas casas siberianas, conocidas por la arquitectura de madera.

Una ciudad para perderse caminando.

Alojamiento en hostal, habitación compartida

dia 12: Lago Baikal

Traslado a Listvyanka, pueblo ubicado en la orilla del Lago Baikal

Día libre en Listvyanka donde se puede visitar al museo del Lago Baikal, Mirador e Iglesia de San Nicolás entre otros atractivos.

Alojamiento en challet de madera, habitación con desayuno.

Día 13: Regreso a Irkutsk y tren a Mongolia

Luego del desayuno, nos despedimos del mayor lago de agua dulce para volver a la ciudad de Irkutsk.

Día libre hasta el horario de tren. Próximo destino: Mongolia

Día 14: Tren Transmongoliano

Primer cruce fronterizo del viaje: Bienvenidos a Mongolia, tierra de nómadas y caballos salvajes.

Luego de cumplir con todos los requerimientos fronterizos seguiremos viaje rumbo a Ulan Bator, capital de Mongolia.

Día 15: Ulan Bator

Día libre en esta agitada ciudad que aún es fiel al espíritu nómada de sus habitantes. Se puede visitar a la Plaza Sukhbaatar, Museo de Historia Natural, Memorial Zaisan y al Monasterio Gandaan-Hiid.

Alojamiento en hostal, habitación compartida

Día 16: Parque Nacional Terelj

Luego del desayuno tenemos traslado al Parque Nacional con guía y chofer.

Visitaremos uno de los lugares más bellos de Mongolia: el Parque Nacional de Terelj y las hermosas formaciones rocosas.

Almuerzo y cena incluidos. Alojamiento en  una autentica Yurta (ger-tienda nómada con baños compartidos)

Día 17: Ulan Bator

Traslado de regreso a Ulan Bator más día libre para seguir conociendo la ciudad.

Alojamiento en hostel, habitación compartida.

Día 18: Tren Transmongoliano - Dirección Beijing

Traslado a estación de trenes. Nos subiremos al ferrocarril Trans-Mongoliano, la rama que cruza el desierto de Gobi.

Gobi es un desierto diferente, está cubierto de corta hierba, la que ha permitido a los nómadas mongoles vivir aquí durante siglos junto a sus animales. En la noche alcanzaremos la frontera con China. Aquí esperaremos unas horas a que las ruedas del tren sean cambiadas, ya que el ancho de los rieles es distinto. Toda una experiencia, pues es algo que no se ve todos los días.

Bienvenidos a China!

Día 19: Llegada a Beijing

Traslado al hostal más resto del día libre para conocer la ciudad.

Alojamiento en hostal, habitación compartida

Día 20: Beijing

Por la mañana visita en coche a la Gran Muralla China, sección Mutyanyu con guía y transporte.

Tarde libre. Aprovecharemos el día para visitar algunos de los lugares famosos de Beijing: Palacio de Verano, Ciudad Prohibida, Templo de Lama.

Alojamiento en hostal, habitación compartida

Día 21: Beijing (18/09)- fin del viaje

Es el último día del viaje. Cada pasajero dispondrá del día según sus vuelos, horarios o planes personales.

Si el pasajero lo requiere, puede optar por el servicio de traslado al aeropuerto.

Cada pasajero es libre de extender su días en Beijing o de continuar viaje por otras ciudades chinas.

Si llegaste a esta parte del texto es porque seguramente te interesa. Contactate con nosotros para obtener más información, costos, itinerario detallado y poder preguntar cualquier duda que surja.

¿Te interesa? Escribinos
Mongolia III: Éxodo a China

“Si al franquear una montaña en la dirección de una estrella,
el viajero se deja absorber demasiado por los problemas de la escalada,
se arriesga a olvidar cual es la estrella que lo guía.”
Antoine de Saint-Exupéry

No nos gustó Mongolia, esa es la verdad. Nos costó llegar, no nos terminó de enamorar el desierto de Gobi y la ida del país no iba a ser fácil. Queríamos irnos lo antes posible. La ciudad de Ulan Bator arruinó nuestra idealización de los nómades y nos recordó que Buenos Aires es una gran ciudad (“Lejano Buenos Aires ¡qué lindo que has de estar!”, diría Cadícamo ). Sólo nos demoraba la visa de China. Nuestra siguiente parada.

La visa se puede obtener en el día pagando el doble, en dos días pagando un 50% más o en cinco días sin pagar ningún extra. Cinco días no parecía mucho por eso nos inclínanos por está opción, a nosotros lo que nos falta es plata y lo que nos sobra es tiempo. Pero en Mongolia todo cuesta el doble: tuvimos que esperar una semana para iniciar los trámites ya que la embajada estaba cerrada por vacaciones. Una semana después, tuvimos que volver a completar todo el papeleo que exigen. Pelearnos con los guardias de la entrada, ya que a partir de ese día habían implementado dar números para entrar, y nosotros llegamos 5 minutos después de que abriera y ya no daban números. Todo era irritable. La visa costó pero finalmente pudimos iniciar el trámite y con ello comenzar nuestro éxodo a China.

Mongolia -4

Nos quedaban sólo cinco días más pero parecían una eternidad. Mongolia, ni lerda ni perezosa, nos hizo sentir incómodos hasta el último momento y eso que le dimos oportunidades. Fuimos a los mercados, caminamos infinitas veces por el centro, caminamos por las calles poco transitadas, fuimos al circo, subimos al monasterio pero nada. Ni un centro nos tiró. Pero de todo el periplo, el último día fue el más incómodo. El país nunca nos terminó de convencer, pero ese día fue el último empujón que necesitábamos para irnos un poco tristes, sí esa es la palabra.

Mongolia -6

Mongolia -7

En el hostel dónde nos alojábamos habíamos arreglado para contratar con ellos el tour por el desierto de Gobi, parte de nuestro acuerdo con la agencia era que no pagábamos alojamiento los días que estuviésemos en Ulan Bator. En total estuvimos diez días, tres antes del tour y una semana después (esperando la dichosa visa) fechas que ellos ya sabían.

El último día nos vamos a despedir, cuando avisamos que nos vamos nos piden que paguemos. Supusimos que el chico de la recepción no sabía del acuerdo y le explicamos. Dice que habló con la dueña y que sólo los días anteriores al tour eran gratis, los siguientes no. La llamamos. Cambió de opinión. Ahora teníamos 5 días gratis nada más. Nos seguía pareciendo una avivada. Se lo dijimos. No pagamos. Fue una situación por demás fastidiosa, por que habíamos hecho el tour y nos habíamos quedado justamente por el ofrecimiento de la habitación gratis. Sentimos que nos querían estafar.

Nos fuimos enojados, queríamos buscar la visa de China, y lo más rápido posible e irnos, como si eso nos hiciera olvidar del mal episodio.

Averiguamos como ir hasta la frontera. Analizamos la posibilidad de ir a dedo. Supusimos que al menos necesitaríamos dos días para cubrir la distancia. Decidimos tomar un tren por la módica suma de seis dólares cada uno. Nos encanta hacer dedo, pero tomarse un tren de vez en cuando no viene mal. Era la mañana y el tren salía por la noche. Nos refugiamos toda el día en un café. Ya no queríamos caminar, ni sacar las últimas fotos, ni nada. Llegamos a la estación temprano, matamos el tiempo leyendo.

Mongolia -5

El tren fue un gran recuerdo de nuestro anterior viaje por Asia. Al momento de arrancar, en el compartimiento que era para seis personas, éramos doce. Lejos de ponernos de mal humor, nos acomodamos los mejor que pudimos y nos dispusimos a charlar.

Por suerte encontramos un chico que hablaba inglés. Fue nuestro intérprete, además de compartir la comida, fue una buena forma de reconciliarnos con una cultura que hasta el momento nos era esquiva. Pudimos hacer todas esas preguntas que teníamos reservadas pero que no habíamos podido pronunciar ya que nadie lo había permitido.

En frente nuestro estaba sentado un viejo que ya habíamos visto dando vueltas por la estación. En ese momento pensamos que era la personificación de la época comunista mongola. Su boina, sus arrugas, sus prendedores y la ropa rusa ayudaban a completar el cuadro. Mongolia no es (¿era?) sólo tierra de nómades, sino también es un país encerrado entre dos gigantes que presionan. El resultado de esa mezcla se ve en la gente.

Mongolia -8

En el tren había agua caliente pero el momento de más alegría fue cuando una chica dijo que tenía un bidón con Airag para convidar. El Airag es leche de yegua fermentada y tiene un 3% de alcohol debido a la fermentación. Imaginamos que era asqueroso pero al final no sabía tan mal.

Luego del brindis, los pasajeros se fueron bajando y acomodando. De esa forma nuestras literas quedaron libres. Y así nos fuimos a dormir o al menos lo intentamos. Nuestra última noche mongola estuvo plagada de borrachos y de policías que recorrían el tren. A los borrachos no los bajaban, sólo los hacían salir al pasillo a tomar un poco de aire. Era incomodo, ir al baño nos convertía en el centro miradas y comentarios que mejor no querer traducir. Los mongoles gritaban, había mal olor y las luces de la frontera se veían muy a lo lejos. Tratamos de dormir pensando en China y si era una locura disparatada hacer dedo desde la frontera ya que debíamos cruzar una de las partes más deshabitadas de aquel populoso país.

Pero no podemos juzgar a Mongolia por habernos hecho pasar una mala jugada. Todo esto, de alguna manera, es responsabilidad nuestra. Occidente sigue mirando a estos países con una actitud paternalista perversa. La mayoría de los occidentales que visitan Mongolia son viajeros que pagamos en dólares excursiones que se asemejan más a un safari humano que a un intercambio cultural o gringos que van a dirigir las mineras y terminan de arruinar al país. ¿Puedo recriminarle a un mongol que no me estafe cuándo mi cultura destruye la suya?

Mongolia -1

No podemos no ser críticos con Mongolia. El país tampoco pudo ser amable con nosotros. Por suerte una señora nos despertó con gritos y golpes en nuestras piernas. Ya es la mañana y en 20 minutos arribamos a la estación. China está a escasos metros de distancia.

No bajamos de tren y ya teníamos 10 taxistas babeando por ver quién nos cruzaba del otro lado. Seguimos al chico que hablaba inglés, y nos subimos a un colectivo para cruzar a China. Tardamos 3 horas en la frontera. Todo era lento, pero no nos importaba. Queríamos que nos sellen el pasaporte para ya estar del otro lado.

El último ger que vimos

El último ger que vimos

Cruzamos sin ni siquiera mirar hacia atrás ni decir chau. Un oficial chino nos da la bienvenida y sentimos un abrazo en el corazón.

Las ciudades fronterizas suelen ser espantosas sea en México, en Bolivia o en Hungría pero acá no. Erevan, la primer ciudad china nos parecía un oasis. Arboles otoñales, chinos barriendo la calle, variedad de frutas y vegetales, chinas saludando. La gente nos miraba. ¡Dejamos de ser invisibles!

Nos reíamos, estábamos contentos. Esta ciudad era por mucho más acogedora que Ulan Bator. Caminamos y comenzamos a hacer dedo. A los dos minutos paró un auto.

Viajamos en la luneta, el viento nos despeinaba, el viento nos daba frío, pero estábamos dónde queríamos estar. Las farolas chinas parecían alineadas para hacernos sentir en casa. Aún nos quedan unos 500 kilómetros hasta Datong, nuestra primer parada. Pero de lejos ya se ven los edificios, las luces, muchos puestos de comida y muchísimos chinos.

Hola China!

Hola China!

Secuencia completa:

En total estuvimos 3 semanas en Mongolia. Este post forma parte de una trilogia que escribimos sobre nuestro viaje a Mongolia.

– Mongolia I: La llegada

– Mongolia II: Diez días en Ulan Bator

– Mongolia II: Éxodo a China.

Quizá, quieras leer, también, nuestra crónica sobre el Desierto de Gobi.

Mongolia II: Diez días en Ulan Bator

“Aunque no se sabe dónde puso Dios el paraíso,
podemos estar seguros de que eligió un sitio que no es este.”

Polvo, calles sin vereda, cueros de oveja secándose al sol, borrachos en masa, taxistas oportunistas y semáforos invisibles. Fue lo primero que vimos mientras llegábamos en tren a Ulan Bator, capital de Mongolia.

Ulan Bator parece más un pueblo grande que una capital. Así y todo es la ciudad más poblada de Mongolia. De los 3 millones de habitantes que tiene el país, la mitad vive en la única gran ciudad. Las calles se fueron trazando sobre la marcha y los edificios (en su mayoría de fachada soviética) no tienen más de 5 pisos. Hay unos poquísimos edificios modernos y todos fruto de la explotación minera.

Ulan Bator - Mongolia-6

La calle principal

La calle principal

Pero sí uno llega en tren a Ulan Bator lo primero que ve son miles de gers (carpa blanca típica mongola de forma circular) rodeados por cercos de madera. Son los nómadas que vinieron a probar suerte. El ganado ya no es tan rentable, el invierno es cada vez mas crudo y Ulan Bator les proporciona mejor educación a sus hijos. Pero las condiciones les son esquivas. Conseguir trabajo no es tarea sencilla, muchos se dedican a la construcción, pero en invierno es imposible con la nieve y los 40 grados bajo cero.

Ger

Ger

En total estuvimos 10 días en Ulan Bator y a diferencia del desierto de Gobi, al sol casi no aparece. La ciudad tiene mucha polución, y al estar en un valle siempre tiene una gran nube en su cielo. La única forma de mantener calientes los gers es prendiendo algún fuego. El problema es que en Mongolia no hay madera y no hay árboles. Resultado: prenden fuego con carbón mineral, kerosén, plástico y cualquier objeto inflamable que encuentren, lo que hace al ambiente irrespirable.

Los mongoles son toscos. Lo más jóvenes miran con timidez, los adultos miran con recelo. En la calle empujan, escupen y los más agiles la juegan de carteristas. Dejaron la naturaleza, el aire limpio y las inmensas extensiones para apretarse en la ciudad. Así como no cambiaron la casa tampoco cambiaron la ropa: túnicas de colores ajustada con fajas de colores. Sombreros y botas de cuero. Quizá los colores tienen que ver con la posibilidad de reconocerse en el infinito suelo dorado del desierto de Gobi, aunque ahora luzcan la ropa en la ciudad.

Ulan Bator - Mongolia-10

Ulan Bator - Mongolia-11

Ulan Bator - Mongolia-7

Es incómodo ser turista en Mongolia, porque la desigualdad y la pobreza nos incomodan. Mientras los shoppings se llenan, la inauguración de Burger King es un éxito y Luis Vitton no para de vender carteras hay cientos de miles de mongoles que esperan su oportunidad. Las excursiones se venden en dólares cuando gran parte de la población no recibe un ingreso fijo mensual.

Una tarde decidimos ir al Black Market. Un gran mercado que vende desde electrodomésticos hasta animales vivos. Ahí presenciamos una pelea entre dos vendedoras por un lugar. En Mongolia vimos varios violentos y borrachos. ¿Será producto de la angustia del que deja su vida conocida y se asienta en los suburbios de la capital esperando algo que nunca llega?

Ulan Bator - Mongolia-3

Ulan Bator - Mongolia-8

Ulan Bator representa la esquizofrenia en una sociedad. Nómadas que venden su ganado para conseguir trabajo en un local de comida rápida. Nómades que crecieron en la estepa y el desierto y que ahora viven hacinados en una ciudad que no busca darles oportunidades.

Es extraño, casi paradójico. Mongolia fue tierra de jinetes nómadas. Fue el corazón de uno de los imperios más extensos de la historia. El imperio mongol conquisto el sur de Asia y se metió en Europa. Comerciaron con reyes hindúes y fueron parte de la historia de las dinastías chinas. Marco Polo no fue el único que se maravilló de su poderío. ¿Y ahora? ¿Dónde quedó todo su progreso?

De conquistar el mundo entero pasaron a ser conquistados. Primero, los manchúes tomaron el imperio y con ello anexaron Mongolia al mapa de la dinastía Qing. Luego, bajo la órbita soviética los rusos quisieron llevar el progreso a Mongolia e invirtieron en la ciudad. Mongolia ha vivido una de las mayores paradojas de la historia, la implantación del comunismo en una sociedad nómada. Algunos aseguran que fue el país número dieciséis de la URSS. En todo caso, por seguro fue el segundo país en adoptar un régimen comunista.

El monumento a Gengis

El monumento a Genghis

Ulan Bator - Mongolia-5

Del resplandor de la época de los Kanes sólo guardan un improvisado museo. La estatua de Genghis Khan en el centro de la ciudad ahora se codea con las tiendas de grandes marcas. De los soviéticos quedaron los edificios y el alfabeto. El ruso se enseñó por mucho tiempo en las escuelas y ahora, el idioma mongol se escribe en cirílico.

Ulan Bator no nos gustó. Estuvimos 10 días tratando de encontrarle la lógica a la ciudad pero no hubo caso. Nos atrevemos a decir que es de las capitales más feas que visitamos. Quizá tiene que ver con el no comprender a los mongoles que dejan su vida nómade para buscar una oportunidad en la ciudad. Quizá porque nosotros, sacando las distancias, estamos recorriendo el camino contrario.

Ulan Bator - Mongolia-2

***

Este post forma parte de una trilogia que escribimos sobre nuestro viaje a Mongolia.

– Mongolia I: La llegada

– Mongolia II: Diez días en Ulan Bator

– Mongolia II: Éxodo a China.

Quizá, quieras leer, también, nuestra crónica sobre el Desierto de Gobi.

Mongolia I: La llegada

Buena parte de los viajes se componen de esperas o retrasos”
Paul Theroux

A las 6 am suena el despertador. Por la ventana, que no tiene cortinas, vemos que aún es de noche. Siberia ya quedó atrás. Estamos en nuestra última habitación de Rusia, en Ulan Ude. Llegamos unos días atrás luego de habernos maravillado con el Lago Baikal.

Ulan Ude es la capital de la República de Buriatia, una provincia del este de Rusia que comienza en la costa oeste del Lago Baikal y termina en lo que llaman el “lejano este” ruso cerca del mar de Japón. Debajo de esta región está Mongolia y hacia allá vamos.

La ciudad de Ulan Ude no es la gran cosa. Es otra gran ciudad soviética pero con el orgullo de contar con la cabeza de Lenin más grande del mundo. Pero la principal diferencia está en los rasgos de sus habitantes. Ya no son los típicos rubios altos, de ojos claros que parecen espías de la KGB. Acá los rostros son más morochos y los ojos, más achinados. Los buriatas eran nómadas y su cultura tiene más que ver con Mongolia que con Moscú. Son budistas en su mayoría y aún mantienen su propio dialecto.

El gran Lenin

El gran Lenin

Tras un desayuno de huevos, queso y pan nos dispusimos a abandonar Rusia tras una estadía de casi tres meses. Dejamos el país con la sensación de querer volver pronto. Hacía frío. Nos tomamos un colectivo para abandonar la ciudad, bajarnos en la ruta y comenzar a hacer dedo desde ahí. Con nuestro poco ruso no logramos explicarnos, nos pasamos y terminamos visitando un monasterio budista repleto de monjes, estupas, cabezas rapadas y túnicas color azafrán. Emprendimos el camino de regreso.

Mongolia-2

Cómo ya es costumbre en Rusia, a los pocos minutos para el primer auto. Un camionero joven en un camión destartalado. Avanzamos con él unos 100 kilómetros. Va despacio pero constante. Cada 5 kilómetros abre la ventana y arroja monedas, agua o semillas. Luego junta las manos y dice algo. Suponemos que se trata de alguna ofrenda.

Llegamos a una ciudad industrial dónde el cielo se vuelve gris y espeso. Ahí nos deja. Caminamos un poco más y le hacemos señas a un auto. Para una 4×4 negra con vidrios polarizados. Un tipo de Siria y se iba de caza, o eso supusimos al ver cuatro escopetas, comida en lata, botellas de vodka, una carpa y oír algún animal vivo en el baúl. Nos hubiese gustado hablar un poco más con él y conocer su historia. Extrañamente no nos dio miedo.

Sólo faltan 100 kilómetros hasta la frontera y la vista cambió completamente. De los espesos bosques de Siberia pasamos a un paisaje mucho más desértico y desolado. A lo lejos se veían pequeñas montañas. Del otro lado estaba Mongolia. Necesitábamos un auto para llegar a la frontera y, sí éramos más pretenciosos, que cruce y termine su recorrido en Ulán Bator. Con suerte en 6 horas ya estaríamos en la capital mongola.

Paró el tercer auto. Un policía y un muchacho, quizá el hijo o el vecino. Van al pueblo de la frontera. No pueden ir a otro lado, en el medio no hay nada. Hacemos con ellos los últimos tramo en silencio. Quizá era la nostalgia de dejar Rusia. El auto nos deja en la entrada al pueblo, la frontera está a 11 kilómetros. Es mucho para caminarlo con las mochilas y ya estamos cerca del mediodía. Decidimos esperar otro auto más. Más que autos lo que pasaron fueron las horas. Sólo pasaron 3 o 4 autos en varias horas. El primero quería plata, el segundo nos saludo, el tercero paró. Eran dos mongoles y tenían el auto repleto de galletitas. Por señas entendemos que van a dejar las galletitas por ahí cerca y que vuelven por nosotros en unos minutos y nos vamos los 4 a Ulán Bator. Festejamos.

Nunca más volvieron. Finalmente pasa otro auto. Un matrimonio ruso con su perro. Nos dejan en la frontera y nos desean suerte. Se alejan preocupados.

Sabíamos que esta frontera no la podemos cruzar caminando. Sí o sí necesitamos que algún auto nos cruce. El oficial nos dice que preguntemos a los autos o que llamemos a algún taxi. No había autos y no había taxis. Sólo un chico que de casualidad hablaba inglés y que estaba esperando a un amigo para ir juntos para Siberia. Al rato comienzan a llegar varios autos mongoles y somos varios los interesados en que nos lleven del otro lado. Ellos tienen más ventaja: pueden comunicarse.

El chico nos comienza a ayudar. Se acerca a una camioneta y les cuenta nuestra situación. Nosotros saludamos y sonreímos. En el auto iba un hombre con su mujer. Está dice que no y sube la ventanilla. Al rato la baja de nuevo y nos pregunta de dónde somos. Al escuchar Argentina, dice Maradona unas cuantas veces y nos hace un lugar en el auto. En el asiento de atrás iba su hermana entre cajas de leche, huevos, pan, fideos, frazadas, galletitas y cuchillos ilegales. Una vez por mes cruzan a Rusia para abastecerse de mercadería. En Mongolia es más cara y de peor calidad. Nos costó creerles pero luego comprobamos que era verdad.

Cruzar la frontera fue un idilio. Revisaron todo el vehículo y pidieron declaración por cada pote de mermelada. Nos hicieron pasar a nosotros y al auto por un scanner y nos gritaban como si fuésemos ganado. Demoramos horas. Fue la burocracia fronteriza más violenta que vivimos. Entre tantas horas de espera le preguntamos a la familia a dónde iban. Iban a la única gran ciudad de Mongolia: Ulán Bator. Cómo podemos tratamos de preguntarles si podemos ir con ellos. La señora llama a su hija que habla inglés porque no nos entiende. La hija nos dice que elijamos si queremos que nos dejen en la estaciones de colectivos o de trenes para tomar algo hasta Ulan Bator. Le explicamos que viajamos a dedo y que sería genial ir con su familia y los tarros de mayonesa a la ciudad. Nos dice que sí. Festejamos de nuevo. Ya no nos importa seguir perdiendo horas en la frontera, teníamos dos lugares a Ulán Bator. Finalmente a las 18 pisamos el suelo mongol. Nos dimos un beso para festejar. Extrañamente la familia pone balizas y nos despide afectuosamente. ¿No era que íbamos los 5 más los huevos a Ulan Bator? ¿Qué podíamos decirles? Los saludamos y nos bajamos.

Calles de polvo, taxistas oportunistas, casas de cambio improvisadas y un sol que en cualquier momento desaparecía. El panorama era desolador. Comenzamos a caminar y a parar a los autos que pasaban. La mayoría eran 4×4 importadas que lo único que hacían eran tirarnos más polvo del que teníamos encima. Pronto descubriríamos que el polvo sería nuestro fiel compañero en Mongolia.

Gobi - Mongolia-10

Para un auto. Un tipo con su familia. Nos pregunta cuánto pagamos por el viaje. Ulán Bator está sólo a 400 km pero da la sensación de estar a miles de kilómetros. Parecía inalcanzable. No estábamos tan equivocados.

Seguimos caminando, para otro auto. Lo habíamos visto en la frontera. También tenia huevos. Se ve que en Mongolia no abundan las gallinas. Va al siguiente pueblo, a unos 20 km. En ese mismo auto presenciamos uno de los atardeceres más increíbles que hayamos visto. Un sol naranja se escondía detrás de unas colinas abultadas con una gran extensión de pasto y alguna que otra gran carpa blanca de forma circular (los mongoles las llaman ger). Caballos, ovejas y cabras completaban el escenario. Era una paisaje increíble. Mi retina todavía palpita cuando lo recuerdo. En el auto sonaba música instrumental mongola. Ahí vimos de lejos el infinito Desierto de Gobi.

Gobi - Mongolia-15

Aún quedan pocos minutos de luz. Queremos irnos. Por nada del mundo queremos dormir en ese pueblo. Hacemos dedo. Pasan algunos autos y todos preguntan cuánto pagamos. Se debió haber corrido la voz en el pueblo de que hay dos viajeros parando autos porque llegamos a tener una fila de 5 autos preguntando cuánto pagamos. Algunos nos hacían descuento y otros estaban demasiados borrachos.

Si bien viajar a dedo nos ayuda a reducir el presupuesto no queremos generar lazos comerciales ni mercantilizar el encuentro con los otros. No vamos a pagar por hacer dedo, está decidido. No tenemos muchas opciones y ya es casi de noche. Volvemos al pueblo y esperamos conseguir algún tren nocturno a Ulán Bator. Estábamos muy cansados y enojados (ya no recordamos si con nosotros o con la situación). Por suerte, en unas horas salía un tren. Mientras siguieron ofreciéndose taxistas y casas de cambio improvisadas en el momento.

Queremos comer algo. Siendo casi las 20, lo último que comimos fueron los huevos del desayuno. Quizá por eso nuestro mal humor.

Fuera de la estación de tren no había luces. Intuitivamente cruzamos la calle y vemos un cartel que dice “-RANT”. Suponemos que es la única parte que funciona de un cartel que debe decir restaurant. No hay luces, no hay gente, no hay ni perros callejeros. En la oscuridad absoluta encontramos la puerta del –rant. Es horrible. Huele mal, los manteles de plástico tienen manchas de grasas más viejas que nosotros, las paredes son de un machimbre apolillado y el piso supo ser una alfombra en los ’90. Así y todo era el mejor lugar del pueblo, o eso imaginamos al ver al comisario y su comitiva cenar ahí.

Vale decir que habitualmente solemos comer en lugares de poca monta y poco lujo pero este está particularmente espantoso.

Mongolia-1-3

El menú, también pegajoso, tenia fotos. Nos ayudó a la hora de pedir algo ya que del idioma mongol aún no teniamos ninguna noción. Pedimos dos platos distintos. Quizá nos expresamos mal o la chica anotó mal el pedido pero los dos platos tenían el mismo mal gusto: grasa pura. Luego descubrimos que en Mongolia todo tiene el mismo gusto a grasa y carne con sangre. No hay opciones vegetarianas. Los platos son carne (de vaca, de caballo, de camellos o de oveja) frita o hervida. No hay acompañamiento, ni ensalada, ni nada. Y si por casualidad uno encuentra algo que puede llegar a estar bueno seguramente le agregaran una cucharada de carne con grasa para arruinarlo por completo. No usan sal, ni cebollita de verdeo ni ají morrón. Ni siquiera la carne tiene preparación por eso el gusto a sangre tan fuerte. Luego entenderíamos que la poca y mala gastronomía se desprende de las malas condiciones que abundan en el país.

Sin haber podido terminar los platos y con un gusto a grasa en las gargantas volvimos a la oscuridad y a la estación de tren. El viaje no fue mejor que el resto del día. Viajamos con borrachos, niños que vomitaban y mongoles que gritaban a más no poder.

A las 6 am, 24 horas después suena el despertador de nuevo. Nos olvidamos de desactivarlo. Menos mal porque a los lejos se empezaban a ver las primeras luces de Ulan Bator, una capital con pinta de pueblo que aún dormía.

***

Este post forma parte de una trilogia que escribimos sobre nuestro viaje a Mongolia.

– Mongolia I: La llegada

– Mongolia II: Diez días en Ulan Bator

– Mongolia II: Éxodo a China.

Quizá, quieras leer, también, nuestra crónica sobre el Desierto de Gobi.

El desierto de Gobi

Ocho días y siete noches. Nos íbamos a internar en los caminos secretos de Mongolia. Caminos que no aparecen en los GPS y que sólo son visibles a los ojos nómadas que los cruzan diariamente a caballo o en algún viejo jeep ruso. Adentrarnos en el desierto de Gobi era nuestra meta.

Gobi - Mongolia-5

Íbamos a visitar el infinito desierto y a caminar por la antigua ciudad imperial de Karakórum. Pasaríamos las siete noches durmiendo en campamentos nómadas. Wifi, agua caliente y poder comunicarnos en inglés iban a quedar reservados para la ciudad. Éramos seis turistas y la noche anterior compramos 80 litros de agua, huevos importados y sobrecitos de café instantáneo. Llevamos poco abrigo, toallitas húmedas y teníamos tanta agua cómo base de maquillaje. Éramos ridículos y estábamos ante un gran momento del viaje.

El primer día pasamos ocho horas arriba del jeep (y no sólo porque se había roto) sino porque las distancias son largas. La falta de caminos hace que 300 km se transformen en varias horas. No hay asfalto, no hay indicaciones. No hay nada. Sólo las huellas del vehículo anterior y un rebaño de camellos caminando a la par nuestra. Si cruzamos un poblado son solamente tres gers (carpa circular mongola) y algunas cabras. Nadie sale a saludarnos. No hay pueblos, no hay cultivos, no hay cercos y no hay personas.

Gobi - Mongolia-6

Gobi - Mongolia-11

Proceso de armado de un ger

Levanto la vista y veo uno de los cielos más azules qué jamás haya imaginado. No hay ni una sola nube. El sol cae de lleno sobre la tierra. Bajo un poco la mirada y veo una infinidad de tierra, sin ningún obstáculo. Puedo marcar con mis ojos el punto exacto dónde el cielo y la tierra se unen. La soledad del desierto es hermosa, pero también es una realidad dura. A los lejos, un puñado de puntos blancos. Son los gers, las carpas mongolas que hacen de viviendas. Son circulares y un occidental no entra parado. Están cubiertas de pieles de oveja y de cuero. Son abrigadas e impermeables. En el centro tienen una salamandra que hace de estufa y de cocina. La mayoría tienen paneles solares, televisores y una antena satelital. Son parte de una iniciativa social que ofrece el gobierno mongol a 500 euros.

Proceso de armado del ger

Proceso de armado del ger

El periplo transcurría y nuestro viaje se componía de varias horas de andar en jeep por el desierto, haciendo cientos de kilómetros sin demasiadas variaciones en el terreno. Por momentos se volvía monótono. Iba sentado adelante, para no escuchar los charlas de mis compañeros, no había mala relación pero quería aprovechar para leer y pensar. Al desierto siempre le acompaña la sensación de soledad, y a esta la reflexión. “Los tiempos son otros, acá la prisa matanos dijo Mariano.

Gobi - Mongolia-15

Gobi - Mongolia-10

Todas las tardes llegábamos a un ger distinto, que iba a ser nuestro hospedaje por la noche. Todos nos hablaron maravillas de la hospitalidad mongola, sólo vimos rostros cansados y curtidos por el sol. Manos llenas de callos que se fueron ablandando de recibir una y otra vez turistas. Nosotros éramos eso, un engranaje en la industria del turismo mongol. Las familias que nos alojaban supieron ser nómades. Hoy el suelo de estos gers tiene una base de cemento.

Yo no encontré la hospitalidad. La única vez que nos convidaron una taza de te salado fue para vendernos un paseo en camello. Están acostumbrado al turista con dólares que paga por la foto del chiquito mongol con el moco seco colgándole de la nariz. Nosotros preferimos darle un pañuelito, pero eso a ellos no le sirve. Igualmente miento. No vimos ni un solo nene en el tour. ¿Los mandaron a alguna ciudad a estudiar? Eso fue lo que entendimos.

Gobi - Mongolia-12

Todo el tiempo pensaba que nuestra experiencia de una semana en el desierto nada tiene que ver con la vida de la gente que hace esfuerzos increíbles por habitarlo. El sol raja la tierra, pero sin embargo las temperaturas no son tan altas, lo más duro es el frío a la noche. Para combatirla utilizan bosta de caballo o camello. La madera no es algún facil de encontrar. El agua proviene de pozos y la comida (salvo la carne) la tienen que comprar. El suelo de los yermos áridos no permite cultivar ningún vegetal, por eso, se dedicaron a ser nómades.

Al día siguiente cruzamos el primer pueblo y cargamos nafta. El pueblo tiene una única calle principal, también de tierra, dónde hay un banco, un minimercado y un café de paso. Las casillas son de chapa y madera, y al lado de cada una hay un ger. En invierno, estos últimos son más calientes (por eso los mongoles se mudan ahí en invierno).

Pueblo

Pueblo

El paisaje va cambiando, es verdad. De la estepa infinita pasamos a la montaña. A lo lejos vemos dunas y atrás de estas unas cumbres nevadas. Lo único constante es el sol, el cielo azul y despejado. A diferencia de Ulan Bator acá no hay polución.

Gobi - Mongolia-4

Los días acá son repetitivos. Improvisamos desayunos con nuestra cocina de gas y salimos. Vemos cambiar el pasaje desde la ventana de nuestro jeep. También vemos cambiar la posición del sol. Es lo único que nos indica el paso del tiempo. Si no fueron por el sol hubiésemos perdido todo registro.

Gobi - Mongolia-1

La segunda referencia que tenemos es Dauka, el conductor. Tiene 45 años pero parece de 60. Es morocho y menudo. Habla poco inglés pero no es ningún boludo. Hace 10 años que trabaja con turistas y conoce el desierto como el jardín de su casa. Posiblemente nació acá, en un ger. Antes de los soviéticos y la ampliación de la ciudad de Ulan Bator, todo era rural. Ahora Mongolia se divide entre la parte rural y la parte urbana. El desierto es el límite, es como frontera natural y por más intento de ciudad desarrollada, mientras exista el desierto Mongolia va a estar aislada.

Gobi - Mongolia-7

Gobi - Mongolia-9

En el día 5 finalmente llegamos a las dunas de arena. Imaginaba algo mucho mas impresionante. No es la primera vez que veo un desierto de arena y posiblemente no sea la última. Dicen que el desierto enseña algo. En mi caso sólo puedo pensar en lo afortunado que soy. Pienso en la condiciones que me tocó vivir y en las posibilidades que eso me dio. No puedo juzgar a los mongoles de oportunistas. Quizá nuestros dólares son la posibilidad de sobrevivir en este lugar, porque en el desierto no se vive, sino que se sobrevive. El desierto de Gobi tiene las condiciones más duras que a uno le puede tocar. A mi me hubiera gustado pasar más tiempo con la gente que nos alojó en sus campamentos, el turismo y el idioma a veces son barreras tan grandes como el mismo desierto.

Gobi - Mongolia-14

Gobi - Mongolia-13

Logro escuchar el silencio. Si hay viento también lo oigo y puedo reconocer palabras. Algún camello bala y un cuervo grazna allá a lo lejos. Pero en el desierto las distancias son engañosas y siento que los animales están cerca mío. Salgo varias veces con la linterna para buscar el sonido pero no logro ver nada. Pregunto por la mañana y nadie más lo escuchó.

El desierto es enloquecedor, es peligroso y no es algo a tomar a la ligera. Se necesita mucho más que 80 litros de agua para una semana. El desierto de Gobi es la nada y bajo el cielo estrellado uno se siente mínimo.

Gobi - Mongolia-18

Finalmente, el último día llegamos a antigua capital del imperio de Gengis Khan. El imperio mongol fue de los más terribles de la historia. Llegaba hasta Hungría e Indonesia. Hoy sólo queda un museo y una ciudad polvorienta y destruida. Fueron nómades guerreros, hoy uno de los países más pobres.

Gobi - Mongolia-20

Gobi - Mongolia-17

Si hay algo que aprendí del desierto, es que cómo el viento mueve las dunas por la noche, la historia y el destino hacen lo mismo con nosotros.

Gobi - Mongolia-8

Info útil

* Si están por adentrarse en Mongolia les recomendamos la guía que armaron Flor y Juan , de Ruta del mate, sobre el desierto de Gobi.