Category: Tailandia
De Bangkok a Kuala Lumpur a dedo

Nuestras maltratadas maletas se amontonaban sobre la acera de nuevo; nos quedaban largos caminos por recorrer. Pero no importa, el camino es vida
Jack Kerouac

El 31 de diciembre, en realidad ya primero de enero, nos fuimos a dormir tarde. No somos de trasnochar pero el destino quiso ponernos a varios argentinos en el camino para tener con quién festejar el cierre de un gran año. Mejor. El único inconveniente era que en dos horas iba a sonar el despertador. El primer día del año a las seis de la mañana íbamos a empezar el 2016, viajando. Una vez más.

1.500 kilómetros separan Bangkok (capital de Tailandia) de Kuala Lumpur (capital de Malasia). El objetivo eran tan simple como complejo: unir ambas ciudades en dos días, siempre a dedo, sin usar ningún tipo de transporte público.
Una suerte de apuesta personal.

Bangkok - Kuala Lumpur mapa

Mapa Bangkok – Kuala Lumpur

Dormidos y con dolor de cabeza salimos a la ruta. No fuimos los únicos. Cientos de autos se apilaban en los semáforos rumbo al sur. Todos iban a la playa. Entre baldecitos, reposeras y heladeras no había lugar para dos argentinos.
Pero el pulgar siguió en el aire y el viaje, comenzó a fluir.
 Mientras caminábamos con las mochilas a cuestas para un auto. Eran dos tailandeses que no hablaban nada de inglés. Nos subimos y vamos a buscar a la hermana de uno de ellos que sí hablaba. Cuándo le contamos lo que queremos hacer, nos llevaron hasta la ruta principal. Lo más difícil era llegar hasta ahí. Así comienza la sucesión de autos: parejas que iban a la playa, familias que iban a pasar el día, dos amigas que habían ido a comprar una bicicleta fija, un tailandés homosexual y multimillonario que tenia una playa privada y una chica que nos quería llevar a toda costa a la estación de colectivos, entre otros.

Haciendo dedo

Los chicos que no hablaban inglés y su hermana

En total fueron siete autos y llegamos a un hotel sobre la ruta. Quizá era un motel, nunca sabemos cual es la diferencia. No avanzamos mucho, sólo 350 kilómetros. El objetivo era hacer 500 como mínimo el primer día.

El segundo día volvimos a madrugar. Teníamos que cruzar la frontera. Nos lo habíamos propuesto. Para eso teníamos que hacer solamente 700 kilómetros. Esta vez fueron cinco autos y dos camiones. Siete en total, de nuevo.

Viajamos con víboras en un balde, con cañas de pescar, con un camionero que se había cansado de ser taxista y comía café instantáneo para no dormirse. Decimos, “comía” porque literalmente se ponía el polvo del sobrecito en la boca, lo masticaba y lo bajaba con un trago de Pepsi-cola. Otro camionero, otra pareja, y varias familias. Viajábamos con un borracho y lo convencimos para que le diga al que manejaba que se desvíe diez kilómetros para dejarnos en la frontera.

Bangkok - Kuala Lumpur-1

Como nos suele pasar las diferencias idiomáticas son una barrera que a esfuerzo de ingenio y señas logramos saltear.

Cerca de las 19 llegamos al borde. Cruzar una frontera nos llena de ansiedad, pero hacerlo de noche es horrible. Las fronteras son líneas imaginarias cargadas de emociones. Esos pocos metros que son tierra de nadie son una suerte de limbo para prepararnos para lo que viene: otro idioma, otra cultura, otro Dios, otra forma de vida.

Del lado malayo no había ni un pueblo y además era otra franja horaria, ya eran las nueve de la noche. El primer hotel estaba a ocho kilómetros. Sólo nos quedaba levantar el pulgar, una vez más.
 Se detiene un auto. Dos pibes, son primos y son musulmanes. Vuelven de cenar y se enganchan con nuestra historia. Nos ofrecen llevarnos hasta su pueblo. Esta a 40 kilómetros y también hay hoteles. Nos sirve, estamos más cerca de Kuala Lumpur. Nos hacen de guías, nos muestran las mezquitas, nos vuelven a sumergir en el mundo islámico. Cenamos los cuatro. Tenemos más en común que diferencias.

Cena con los primos malayos

Cena con los primos malayos

Cerca de las doce, vamos a buscar un hotel. Todos están llenos, son caros, son feos y vienen con roedores incluidos en el precio. Lo pensamos y les pedimos si nos pueden llevar a la estación de buses. O pasamos la noche ahí, o nos tomamos un colectivo nocturno a la capital. Ni lo uno, ni lo otro. Nos invitan a pasar la noche a su casa con la promesa de dejarnos al otro día en la ruta bien temprano. Aceptamos, nos lavamos como dice la costumbre islámica y dormimos en el living. 
Al tercer día también nos levantamos a las seis de la mañana, pero esta vez porque la familia entera se levantó a rezar.
 Los padres del chico no entendían como había dos extranjeros durmiendo en el living. Lejos de enojarse nos dijeron que la próxima vez nos quedemos más tiempo.

La familia que nos alojó

La familia que nos alojó

A la hora, ya estábamos en la autopista. Paró un auto que iba a Kuala Lumpur directo. Hicimos los últimos 450 kilómetros con otros dos malayos. Volvimos a la ciudad de las Torres Petronas. Volvimos, una vez más a comprobar lo peligroso que es el mundo. Los medios tienen razón. El afuera es tan peligroso porque te dan ganas de quedarte, de seguir viajando, de seguir creyendo en la condición humana.

Vista desde el hotel donde estábamos alojados

Vista desde el hotel donde estábamos alojados

Una vuelta más en Bangkok

“No acepten lo habitual como cosa natural pues en tiempos de desorden sangriento, de confusion organizada, de arbitrariedad conciente, de humanidad deshumanizada, nada debe parecer imposible de cambiar” 
Bertolt Brecht

Bangkok - Tailandia -11

Dicen que uno siempre vuelve al primer amor. A decir verdad Bangkok nunca fue nuestro primer amor. Ni siquiera fue un amor, es una ciudad cómoda por la que uno siempre pasa siempre cuando viaja por el sudeste asiático. Por una u otra cosa, se vuelve. Los vuelos baratos, las embajadas, la necesidad de tramitar alguna visa o las ganas de comerse un buen curry tailandés, hacen que uno vaya y venga. O quizá es todo culpa de la memoria, que se ocupa de evocar su calles y canales. Sea físicamente o no, entre una visita y otra pueden pasar semanas o años.

Bangkok - Tailandia -7

También es la ciudad de rey, que ya está viejo y cada calle tiene una foto suya que nos lo recuerda. La ciudad de los templos, del China Town y del Little India que siempre nos cuesta tanto encontrar. Es la ciudad de calor vaporoso y de los mini mercados con el aire acondicionado a más no poder. La ciudad de Khao San Road y del Pad Thai callejero por un dólar. Nos es una ciudad cómoda y conocida. Quién iba a decir que íbamos a encontrar esa familiaridad a diez husos horarios de distancia con Buenos Aires.

Khao San Road

Khao San Road

Canales

Canales

Volvemos dos años después y aún conservamos cierto mapa de la ciudad. Quizá no recordamos el nombre de las calles pero si la esquina dónde comprábamos el jugo de ananá o el templo al cual subimos un día para ver el atardecer y se largó una lluvia torrencial. Nos acordábamos del río y de las lanchas que funcionan como transporte publico en los canales y entre los edificios. Teníamos un mapa subjetivo de la ciudad y con eso nos ubicamos. Salvo por el metro, no sabíamos que Bangkok tenia una línea subterránea hasta esta última visita.

Templos

Templos

Pero ¿Era la misma ciudad? ¿Podemos afirmar que la Bangkok de hace dos años y la de ahora son correlativas? ¿Y qué de nosotros? “En los mismos ríos entramos y no entramos, pues somos y no somos” dijo Heráclito. El río no es el mismo, tampoco nosotrosY no es la primera vez que nos pasa o mejor dicho, que nos damos cuenta de eso. Tampoco es la primera vez que Bangkok funciona como un espejo mágico pero esa es otra historia.

Dos años puede ser un buen momento para hacer un balance, porque las cosas, las personas y las ciudades cambian aunque nos cuesta reconocerlo. Pero es difícil precisar en que cambiamos. Podemos, con suerte, precisar todas las cosas que nos gustarían cambiar pero no podemos afirmar en que punto estamos. ¿Y Bangkok en que cambió?

Bangkok - Tailandia -2

Quizá fue nuestra mirada. Ahora mucho más detallista. Llegamos en tren y observados muchas nuevas construcciones, muchas casas de chapa también. Vimos muchos trabajadores de otros países vecinos de menos fortuna, vimos muchos menos niños. Mucha más gente pidiendo y muchos más autos caros. Los vendedores de Khao San (el gueto mochilero de la ciudad) antes nos parecían oportunistas insufribles, hoy nos parecían unos pobres tipos ¿Realmente quieren andar disfrazados vendiéndoles pulseritas a turistas australianos? Estos hijos de su madre que antes nos enojaban ahora nos hacían pensar. No es justo el mundo, para nada justo. Y estos tipos venden pulseras (o trajes, o te leen la suerte en tu mano) para mandar algunos dólares a Nepal o Filipinas.

Bangkok - Tailandia -8

¿El cambio pasá por despertar una mirada más humana? Por empezar a mirar al otro con otros ojos. Menos arrogante. Empezar a reconocer al otro como un igual, más allá de los colores de las manos y de los modos (a veces poco honestos) con que intentar ganarse la vida.

Bangkok - Tailandia -1

Esa es la revolución que tienen pendiente nuestra generación: volver a mirar a los otros, a los que no tuvieron nuestra suerte.

Dos años después volvimos a Bangkok y nos dimos cuenta de que tenemos mucha muchísima suerte. Estamos viviendo la vida que queremos vivir, y eso es sólo gracias a todos los cómplices silenciosos que nos ayudan en el camino.

Bangkok fue nuestro balance de fin de año, o quizá del comienzo de un nuevo viaje (siempre nos cuesta precisas cuándo comienzan o cuándo terminan). Bangkok para nosotros es un espejo, y la verdad, está bueno poder parar cinco minutos a mirarnos.

Bangkok - Tailandia -6

Tres souvenirs de Phuket

Los vuelos de madrugada son incómodos, razón por la cual son baratos. Salimos de Hong Kong a las 23:40. Llegamos a Phuket a las 3:00 AM. Ilusamente, nos dejamos un abrigo a mano. Sospechamos que a esa hora podía estar fresco, pero no. El calor del trópico nos invadió ni bien bajamos del avión.

Volvimos a Tailandia. Dos años más tarde. Extrañamente lo primero que reconocimos fue el olor, esa mezcla de humedad con masamang curry, lo segundo, el Sawadee-ka mientras las palmas de las manos se unen a la altura del pecho.

Era nuestra segunda vez en Tailandia, pero la primera vez en Phuket. Una isla sobre el mar de Andamán separada del continente por unos pocos metros y unidas por un ancho puente. ¿La particularidad de Phuket? Las playas paradisíacas más famosas del país (y más devastadas en el tsunami del 2004) y el segundo aeropuerto internacional de Tailandia. Resultado: miles de turistas por año.

Playas-Phuket-Tailandia-3

Playas-Phuket-Tailandia-5

El autobús que conecta al aeropuerto con el pueblo comienza a funcionar a las ocho de la mañana. Nos acomodamos como pudimos en los sillones de la sala de espera e intentamos dormir algo.

***

– ¿Sabés qué? Creo que podría vivir en un lugar así. Me dijo L. Mientras pedaleábamos buscando la casa de alguna señora que por los mediodías sirva comida rica y casera.

Es que sí, después de tantas ciudades grises en China encontrarse con un poco de verde le devuelve el alma a cualquiera. A lo lejos vimos un toldo azul, ahí almorzamos. El mar estaba cerca, sólo había que bajar la calle. Serán 150 metros. Casi sin pedalear llegábamos.

Playas-Phuket-Tailandia-2

Ya Nui es una playa de 200 metros de largo rodeada de morros, palmeras y cocoteros. Todo era agreste y muy verde. El monzón recién esta terminando y a su paso, toda la vegetación retoma su color y esplendor. El mar, también verde, es calentito y extrañamente con bastantes olas. De esas que lo dejan a uno lleno de arena y con las rodillas raspadas. Pero no era para preocuparse. Otra zambullida en el mar para sacarnos la arena de adentro de la malla.

Playas-Phuket-Tailandia-1

Nuestros días transcurrían demasiados relajados. Siesta, lectura y besos con gusto a sal. Por la tarde, agarramos el mate, las bicis y nos íbamos a buscar distintas puestas de sol.

En 200 metros vacíos de turistas encontramos nuestra rutina.

– Si, yo creo también podría instalarme en algún lugar así. – Le respondí el último día.

***

  • ¿Me podés ir a comprar una coca y un ibuprofeno al 7-eleven, por favor? Me dice L. mientras se da vuelta y se pone a rostizar la otra mitad del cuerpo con el sol. Ya se peló, ya se volvió a tostar y a pelar de vuelta. Y eso que llegamos hace tres días a Patong.

Playas-Phuket-Tailandia-4

Esta zona vendría a ser la parte “fiestera” de la isla. La cerveza es barata, las tailandesas bailan sobre la barra del bar con poca ropa y todos los locales de masajes incluyen la opción de final feliz. Y así lo ofrecen, sin rodeos ni preámbulos. La prostitución corre libremente por la calle, lo mismos que las invitaciones a la Ping Pong Party. Mujeres habilidosas capaces de jugar al ping pong con su… podrán imaginarse.

Y dónde dicen fiesta ahí estuvimos nosotros ayer a la noche, por eso la resaca de hoy. Pagamos al tuk-tuk lo que nos pidió y gastamos uno a uno nuestros dólares en tragos intomables. No éramos los únicos. Viejos verdes se paseaban con pibitas del brazo. Está bien, la vida es una y hay que vivirla. Además acá todo es muy barato.

Playas-Phuket-Tailandia-9

Estaba lleno de gente. Para muchos descorchar la vida acá es un sueño. Para nosotros también. Esto es todo lo que nos gusta y esperamos de una buena vida a orillas de una playa maravillosa.

– Dale, ahí voy. Traigo dos cervezas mejor, así hoy arrancamos temprano. Le respondí mientras me ponía la remera.

***

  • ¿Vamos el templo hoy? Me dice L.

Estamos en Phuket Town. Las playas están lejos, pero esto vendría a ser lo más autentico de la isla. Acá es dónde viven los locales, acá están los templos, los mercados, las escuelas, los hospitales.

Playas-Phuket-Tailandia-8

Es cierto, no es para nada turístico. Al menos, le cuesta competir con las playas de la isla. Pero a nosotros nos gusta.El centro es increíblemente antiguo y con cierto aire a Penang, en Malasia.Hay varios templos budistas y varias mezquitas.

Playas-Phuket-Tailandia-6

Lo que más nos gusta es el mercado nocturno. Además de comida y ropa usada, en el mercado hay puesto de manicura y depilación con cera al aire libre. Es todo un espectáculo.

– Mejor subamos al mirador desde el que se puede ver toda la isla, incluso el mar.

Playas-Phuket-Tailandia-7

***

Dormimos a medias en el aeropuerto. Nos despertaron los ruidos, el aire acondicionado que estaba demasiado fuerte y nuestros propios sueños. Cuando decidimos venir a Phuket nos imaginábamos pasar poco más de una semana en la isla pero fiel a nuestra naturaleza nómade no íbamos a estar quietos. Al mejor estilo “elige tu propia aventura” sabrán elegir ustedes con que escenarios nos sentimos más a gusto.

Conversación: lo que Tailandia nos dejó

– Si hace un mes me decías que nos íbamos de Tailandia haciendo autostop, no te creía. Bah, si hace un año me decías que estábamos acá, tampoco te hubiese creído.

¿Entonces?

– Entonces nada. Hay que creer menos y hacer más. Igual, hablando en serio, ¿Será fácil hoy? Venimos bien, pero ahora es la frontera, no es tan fácil.

– No te voy a decir, si total no me vas a creer.

– No pasa nadie…

(Unidad de tiempo indeterminada)

– ¡Viene algo!

– Mini-Van. Ni te gastes. Va llena, siempre quieren plata y las mochilas van mal atadas.

– ¿Demasiados turistas, no? Esta bien, es lógico el sudeste asiático es un destino cada vez más popular entre viajeros que, un poco por moda o un poco por gusto, quieren asomarse por Asía. Y Tailandia sabe que ofrecer: Alojamientos, playa, cerveza, excursiones, todo al alcance de la mano  y por unos pocos dólares.

Malabares sobre el mar

Malabares sobre el mar

– Si, encabeza la lista de “países que algún día me encantaría conocer” y nosotros no fuimos la excepción. Acordate de nuestra cara los primeros días en Bangkok, parecía que habíamos llegado al primer mundo. Todo estaba limpio y ordenado, no había bocinas, ni vacas ni dioses hindúes.

Estación de trenes en Bangkok

Estación de trenes en Bangkok

– Cada día que pasa la categoría primer o tercer mundo según crecimiento económico, urbano y demás cualidades materiales me parece absurda y carente de sentido. ¿Por qué no medir los países en función de la sonrisa y hospitalidad de sus habitantes? De ese modo, Estados Unidos estaría rozando la línea de la pobreza y países como Laos, Bolivia o Nepal dominarían el mundo.

 ¿Y Argentina?

– Vaya a uno a saber… ¿Con que nos encontraremos a la vuelta?

– Lo bueno de coincidir con los chicos fue que nos acercaron Argentina. Los extrañábamos, teníamos ganas de encontrarnos.

– Si, la cantidad de mate y “podridas” que jugamos… Nos zarpamos. Necesitábamos empacharnos de Buenos Aires.

– Si, extraño eso. Viajando me olvide de saludar la gente con un beso en el cachete y del “che boludo”.

– Hay viene otro. ¡Sonreí! 

(sigue de largo)

– Pufff, ni freno siquiera. Che ¿esta haciendo más calor, no?

–  Si, el sol esta pegando de ese lado. Podrían poner un árbol. Estos días de tanto sol y calor me hacen acordar a la playa. Estuvo genial. Necesitábamos agua marina y arena en los pies.

– Si, además en India era imposible meterse. Acá es más accesible. Hombres en zunga, minas en topples, y todo bien. Pero eso si, ni un solo tailandés en la playa.

La birra y la fiesta nunca faltó. Éramos ridículos con el mate y tantos los libros.

– Cuando esperaba en el dentista mirando una playa así en una revista, nunca hubiese creído que algún día iba a estar ahí. ¿Sabes que? Este viaje me devolvió la credibilidad, ahora creo que todo es posible.

– “All is posible” decían los indios.

Tailandia playa - 1

– Allá, anciano en bici. ¿Nos llevará? jaja

– Que gracioso el señor de ayer. Se nota que hace años que tiene el guest house. Sobre todo explicándonos que wifi e internet eran lo mismo, ¡un crack lejos!

– Si, teníamos que haber charlado más. Me daban ganas de hablar con él acerca del rey. Ya se dará. Siempre me queda en el tintero saber que opinan de la realeza. Los jóvenes no están tan conformes, pero el rey es muy querido por la sociedad.

Rama IX

Rama IX

– Pensá que está hace casi 70 años. En todos lados está su foto. Igual es curioso que sea el único de estos países que aún mantiene la monarquía.

– El imperio de Siam. “Siaaam” que bien que suena. Acá se escribió parte de la historia. Visitamos tantas ruinas increíbles en Tailandia. Tronos, templos, budas decapitados por los Burma y replicas de Angkor Wat. Un breve paseo por la historia de la humanidad.

Uno de los tantos templos

Uno de los tantos templos

Una de las imágenes típicas de la ciudad de Ayutthaya

Una de las imágenes típicas de la ciudad de Ayutthaya

– Si, pero ahora solo quedan piedras montadas y acumuladas para los turistas.

– Bueno, pero ahora súmale oro, elefantes y más oro. Ahora son piedras, pero esto fue zarpado. La historia se escribió acá. Y China esta tan cerca.

– ¡Ese nos para!

– Si, pero vos no te subís. Son todos monjes budistas.

– No entiendo porque las mujeres no podemos acercanos a los monjes. Me parecen tan prehistórico y si preguntas nadie te dice nada. Es raro como viven la religión acá.

Tailandia monjes - 1

– Si, el budismo se liga a la familia real. Bueno, todo se liga con la familia real. Además que sea “obligatorio ser monje una vez en tu vida” hace que las calles se llene de tipos vestido de naranja con iphone y fumando un cigarro.

– Si, acá realeza y religión van de la mano. Curioso. Pero las mujeres solo a poner florcitas y arroz, es lo único que nos toca. Cosa de hombre, vió. Me caían mejor los budistas tibetanos.

– Ahí viene otro

( pasa de largo )

– ¿Viste eso? Unos cuatro o cinco tipos. Todos gringos.

– Cuando veo hombres mayores viajando solos me acuerdo de lo que nos dijo P. Cantidad de personas que viene a Tailandia por turismo sexual, ping pong party, masajes especiales y mucha fiesta.

– No solo eso, es un turismo sexual y pedófilo. A más de uno lo vimos paseando con una nenita tailandesa, o tal vez birmana o laosiana, que podría ser su nieta.

– Son esas cosas que todos saben, policía, políticos, incluso el rey, pero nadie parece hace nada.

(… Y pasan unos cuantos minutos de silencios. Donde uno piensa mucho y poco se anima a decir …) 

– Che antes de seguir hablando/escribiendo, ¿Sabes que duda me queda?

– Imposible, decime.

No se, tenemos muchas entradas en el blog. Google es buchón y nos dice la cantidad de las personas que entran, pero siempre me queda la duda si les gusta lo que hacemos.

– Si, tal cual. Muchas personas entran a leernos. Me encanta que eso suceda, pero nunca sabemos por donde va la cosa. Estamos empezando, estamos encontrando (o inventando) un estilo, y estaría buenísimo si aquellos que nos leen desde siempre, desde hoy, o desde mañana nos comenten.

– Claro, una suerte de feedback. (Guiño, guiño)

– Hoy parece no ser un buen día. Allá lejos viene algo, parece una moto.

Ja, pero no es una moto cualquiera. Al lado tiene un carrito, con una parrilla. ¿Te imaginás tener algo así? Un vehículo con parrilla. Seria el “Choricenter móvil”

Tailandia - 2

– Como comería un buen asado. Pero volviendo a esta moto, es impresionante como acá todo transcurre en la calle. Sobre todo en los mercados.

– Ahí podes comer, renovar vestuario, recibir masajes y porque no, cambiar tu celular.

– Y depende el momento del día tenés un mercado distinto. Mercados a la mañana, a la tarde o a la noche.

– Y los arman y desarman todo el tiempo. Es parte de la rutina: armar el puesto, exponer lo que se vende, sonreír a los clientes, vender, guardar lo que sobró, desarmar el puesto, y mañana de nuevo.

– ¡Y que bien se come en los mercados! Eso merece un capitulo aparte.

– Si, con el viaje aprendimos a valorar la comida elaborada, esa que se le siente el gusto y la mano de quien la hizo. Quien iba a decir que después de tantísimos meses, en Bangkok volvimos a Mc Donalds y nos pareció de lo más asqueroso y plásticos que habíamos comido en meses. Sin duda, la mejor comida la comimos en los mercados, esos de tabla de madera, mantel de plástico, una silla de cada modelo y un olor que mejor no preguntar de donde viene.

(Unidad de tiempo indeterminada II)

– Hola, ¿Vas hasta la frontera con Laos?

– Si.

– ¿Podemos ir con vos?

– Claro, pongan las mochilas atrás.

– Listo. Muchas gracias por parar. ¿De dónde sos?

– Laosiano.

Comer en Tailandia

Llegamos a Tailandia con muchas expectativas. La comida, entre otras cosas, nos llamaba mucho la atención. Habíamos escuchado muchas veces hablar de la comida Tai y  las opiniones eran buenas. Eso sí, la mayoría resaltaban lo picante. Un mexicano nos juraba una y otra vez que era más picante que la comida de su país. A nosotros no nos pareció “tan” picante, pero quizá la estadía en India cambió nuestro paladar.

En Buenos Aires ya habíamos tenido la oportunidad de probar comida tailandesa: arroz, curry, salsa de soja, ingredientes que nunca fallan. Pero nada tenía que ver con la comida que probamos en vivo y en directo, de la mano de los locales.

En Tailandia la mayoría de los (buenos) restaurantes están en los mercados. Es una opinión muy personal, pero para mi es el mayor atractivo del país. Los mercados son grandes ferias dónde se puede encontrar especias, celulares, ropa, perfumes, ojotas y en medio de todo eso, puestos de comida. A diferencia de lo que uno se puede imaginar, hay una gran variedad de platos. Y lo mejor de todo, es que ninguno se parece a la comida occidental.

Basta de palabras y les dejamos platos que se venden por sí solos:

Pad Thai - El plato típico: Noodles, brotes de soja, alguna que otra verdurita (o carne) y el condimento ideal, maní.

Pad Thai – El plato típico: Noodles, brotes de soja, alguna que otra verdurita (o carne) y el condimento ideal, maní.

Una variente del curry de pollo, con arroz y huevo frito.

Una variente del curry de pollo, con arroz y huevo frito.

Los clásicos y bien amados, spring Roll (o arrolladitos primavera)

Los clásicos y bien amados, spring rolls (o arrolladitos primavera)

Khao Soi, una sopa típica del norte. Lo mejor: La patita del pollo.

Khao Soi, una sopa típica del norte. Lo mejor: La pata del pollo.

Yellow Curry, arroz para acompañar.

Yellow Curry, arroz para acompañar.

El Asia, ya lo dijimos, la vida ocurre en los mercados. No sólo se trata de comer, comprar o vender. Es el espacio social por excelencia. Viajando descubrimos que es en estos sitios dónde uno se encuentra con la realidad cultural de los países sin espectáculos turísticos de por medio.

El arroz nunca va a faltar por estos pagos.

El arroz nunca va a faltar por estos pagos.

El mejor invento para espantar las moscas!

El mejor invento para espantar las moscas!

Por si queres incursionar, grillos y demás bichos, también vas a encontrar.

Por si queres incursionar, grillos y demás bichos, también vas a encontrar.

Sino, hongos con panceta y más brotes de soja (para variar)

Sino, hongos con panceta y más brotes de soja (para variar)

En Tailandia las frutas son demasiado ricas, incluso la curiosa "fruta del dragon"

En Tailandia las frutas son demasiado ricas, incluso la curiosa “fruta del dragon”

Las verduras no se quedan atrás. Aclaración: La gorra no esta a la venta.

Las verduras no se quedan atrás. Aclaración: La gorra no esta a la venta.

Incluso, en algunos mercados (sobre todo en el norte del país), podés cocinarte tu propia comida. Es una curiosa cazuela dónde se compran los ingredientes crudos y los cocina uno mismo.

Comida Tailandia - 16

Si te interesa la comida a la hora de viajar, en Tailandía son muy comunes los talleres intensivos de cocina. Acá lo aprendido:

Nuestros platos: Pad Thai, Green Curry y Pollo con castañas de cajú.

Nuestros platos: Pad Thai, Green Curry y Pollo con castañas de cajú.

Pero si sos de esos que extrañan el pago o no sé adaptan a los sabores asiáticos, a no desesperar, que algo vas a encontrar:

Un buen picnic nunca va a fallar

Un buen picnic nunca va a fallar…

... y menudos de pollo a la parrilla, mucho menos!

… y menudos de pollo a la parrilla, mucho menos!

Tanta comida salada dan ganas de algo dulce. Llegó la hora del postre, no tenemos dulce de leche, pero…

Roti: Panqueque de banana y leche condensada. Una delicia!

Roti: Panqueque de banana y leche condensada. Una delicia!

¿Vos también sos de considerar la comida cómo patrimonio cultural?

No pises al rey

Sabíamos que Tailandia tenía un rey, pero no sabíamos de la importancia y devoción social hasta que pasamos nuestros primeros días en la ciudad de Bangkok. Lo primero que nos llamo la atención fue que cada 2 o 3 metros había una imagen del rey (o de algún miembro de la familia real): Sea una fotografía en la calle encuadrada y rodeada de flores, sea en un templo, sea en un casa de familia o en un restaurant. Imágenes del rey por todos lados, mostrándolo en el trono, sacando fotos o cosechando arroz. Y no solo lo veíamos en la calle, sino también en las monedas y en todos los billetes. Así fue que nos empezamos a interesas por este curioso personaje.

La imagen del rey y la reina en un templo

La imagen del rey y la reina en un templo

Rama IX

Rama IX

El rey Bhumibol Adulyadej, de 83 años, es también conocido como Rama IX y ocupa su cargo monárquico desde 1946 (Si, casi 67 años). El rey no solo se ocupa de las cuestiones políticas, sino que la familia real se considera parte de la historia del budismo en Tailandia. Quizá por eso se trata al rey como una divinidad viviente.

Algunas curiosidades de Tailandia: El amarillo es el color de la realeza y los lunes es obligatorio vestir de ese color. En el cine se proyecta antes de cada película un fragmento con imágenes de la  familia real y es obligatorio ponerse de pie para rendir culto. Y como si fuera poco, todos los días a las 18 horas suena la canción real donde es necesario dejar de hacer lo que se estaba haciendo para ponerse de pie en señal de respeto.

Bandera de Tailandia y bandera de la familia real

Bandera de Tailandia y bandera de la familia real

Tailandia debate políticamente su futuro. El rey esta enfermo hace varios años y hay quienes se atreven a hablar del fin de la familia real. Pero lo cierto es que la imagen del rey esta muy arraigada en el corazón de la mayoría de los tailandeses. Muchos le siguen demostrando su cariño, lealtad y agradecimiento por todas sus compromisos sociales. A otros, la figura del rey no les agrada tanto…

En fin, si visitas Tailandia no te olvides de respetar al rey, y eso si ¡No pises ni una moneda ni un billete porque podes llegar a ir preso; Ya que vas a estar pisando su cara! En Tailandia los delitos de lesa “majestad” salen caros.

Prohibido pisar

Prohibido pisar

Haciendo dedo: nuestra nueva forma de viajar

Nos encontrábamos en Pai. Ya sentiamos que nuestra estadía se acababa. Hay lugares con los que uno es más compatible. Pai no es uno de ellos. No significa que sea feo, pero entre él y nosotros no hay sintonía. Entre Tailandia y nosotros no hay una sintonía. Seamos realista, el ser objetivo es una ideal imposible para nosotros. No entendemos Tailandia, no entendemos que venimos a buscar ni que buscan los cientos de turistas con los que compartimos la estadía. Sumado a una serie de hechos desafortunados, nos encontramos gastando más del doble de nuestro presupuesto ajustado y aun nos quedan unos cuantos meses más de viaje. Llego el momento de reinventarnos. Somos partidarios de la idea de que el viajar le ofrece a uno muchas más herramientas que la cotidianidad sedentaria del día a día. ¡Aprovechémoslo! Tailandia se convirtió en una invitación a repensar como serán estos meses por el sudeste asiático.

Estábamos en Pai. Veníamos de Chiang Mai (un poco mas al sur) y nuestro siguiente destino era Chiang Rai (un poco más al norte). Averiguamos pasajes y nos dicen que vale 550 baths (18 dólares) y son 5 horas. Nos pareció un disparate. Un pasaje a Bangkok, que está mucho más lejos valía lo mismo.

Empezamos a barajar la posibilidad de ir haciendo dedo. Eran 300 km. Habíamos hecho antes, pero no en distancias tan largas. Nunca más de 100 km. Dudamos. A la tarde siguiente nos juntamos con Jota y Dani, de Marcando el Polo, a tomar unos mates. Ambos, viajeros experimentados, nos terminaron de dar el empujón que necesitábamos. Íbamos a probar suerte. Lo que no sabíamos era que ese día se iba a inaugurar una nueva etapa del viaje.

Con Jota y Dani tomando unos mates

Con Jota y Dani tomando unos mates

A la mañana siguiente, con un pequeño desayuno encima, nos alejamos un poco de Pai y sobre la ruta nos ponemos a hacer dedo. Se notaba nuestra falta de práctica. No sabíamos donde ponernos ni que gesto hacer. El pulgar hacia arriba solo no alcanzaba, también debíamos hacer señas de que bajen la velocidad.  Tampoco sabíamos si debíamos alejarnos más de la ciudad. Pero no fue muy difícil conseguir que un primer auto parara. Baja el vidrio y nos mira, le decimos que vamos para el lado de Chiang Mai. Balbucea algo en Thai y se va. Primer intento fallido. Pero no nos desanimamos. Seguimos intentando un rato más (unos 15 minutos) y para una camioneta. Era una pareja de Tailandeses que viven en Chiang Mai. Nos llevan.

Nos subimos en la caja de atrás y la camioneta arranca. Lo que siguió de ahí fue un camino de curvas que nos revoleaba por todos lados. Ya no sabíamos como acomodarnos. Todo se movía, las mochilas iban de un lado hacía el otro, y nosotros con ellas. El sol del mediodía ardía sobre nuestras cabezas.

Parada al baño

Parada al baño

La ruta que nos llevaba a Chiang Mai no era la misma que la que nos llevaría a Chiang Rai. La pareja iba para el centro, pero nos dejaron casi donde empieza la ruta 118 (la que debíamos tomar). Bajamos y medio mareados fuimos a comer algo. Un Khao Soi (sopa típica del norte de Tailandia) y un poco de arroz sirvió para volver a acomodarnos. Miramos los mapas. Para salir de la ciudad teníamos que caminar como 20 cuadras más. El sol era insoportable. Nos planteamos tomarnos un colectivo, pero desistimos a la idea. Nuestro espíritu aventurero nos guío a seguir haciendo dedo.

Khao Soi, un adelanto del post de experiencias gastronómicas en Tailandia

Khao Soi, un adelanto del post de experiencias gastronómicas en Tailandia

Tomamos las mochilas y empezamos a caminar. Cruzábamos avenidas. No parecía terminarse nunca la ciudad. Llegamos hasta el segundo anillo periférico. Ahí paramos. Estábamos en un semáforo, lo cual obligaba a los autos a parar. Primer semáforo en rojo: Preguntamos a los autos si alguno iba para el lado de Chiang Rai (o en su defecto a Dai Saket) Todos nos dicen que nos tomemos un micro. Como si nadie nos pudiera interpretar. Volvemos a la vereda. Esperando otro semáforo.

Antes de que se vuelva a poner en rojo se acerca un hombre caminando. Nos pregunta  a donde vamos. Le decimos Dai Saket (ya nos tirábamos a menos). El dice que nos lleva. Había dejado su camioneta en la banquina con las balizas puestas. Llegamos y para nuestra sorpresa estaba llena de cajas y muebles. Todo estaba rebosante de cosas. Sin dudarlo se pone a acomodar el espacio de la cabina para que entremos los 3. Lo ayudamos. Le preguntamos a donde va. Nos dice Chiang Rai. Se nos dibujó una sonrisa en la cara.

Asi de llena estaba la camioneta

Asi de llena estaba la camioneta

Así fue como compartimos 3 horas de viaje con Oho. Se estaba mudando de Chiang Mai a Chiang Rai, por eso todas las cajas. No solo nos llevo y nos oficio de guía de turismo sino que nos compro papas fritas y bebidas para merendar. También se desvió para dejarnos en el centro de la ciudad. Pero no todo fue color de rosas: durante las 3 horas de viaje solo escuchamos a Britney Spears.

En un día habíamos recorrido más de 300 km a dedo y no solo habíamos llegado a destino, sino que también (por primera vez) habíamos podido alcanzar otro tipo de relación con los tailandeses. Estábamos felices.

¿Pensamos seguir nuestro viaje por el sudeste asiático a dedo? Quizá, es probable. Probamos y tuvimos suerte. Sabemos que es seguro y que es posible. Sabemos, también, que necesitamos ingeniárnoslas. Sabemos que nos divierte más ir en la caja de una camioneta que en un micro lleno de gringos con el aire acondicionado al máximo y donde en todas las paradas un grupo de señoras espera para vendernos recuerdos de los más inútiles.

A no desesperarse, también vamos a ser precavidos. El sentido común y la intuición están a la orden del día. Si un auto no nos inspira confianza no subimos, si es de noche no hacemos dedo, entre otra serie de precauciones. Además somos dos, eso lo hace un poco más fácil.

Una vez más, las condiciones prueban la capacidad adaptativa del ser humano. Esta vez decidimos salir a dar batalla con nuestros pulgares en alza.

En Wat Rong Khun, o templo blanco

En Wat Rong Khun, o templo blanco. Parada sugerida por Oho.

La luna en Ko Pha-Ngan y Ko Tao

¿Nos habremos subido a una especie de nave especial que nos sacó del medio del Himalaya y nos depositó en una de las playas mas lindas que jamás hayamos visto?

Ko Pha-Ngan:

Resulta que estábamos en Bangkok con nuestros amigos de Argentina deliberando sobre posibles futuros itinerarios en Tailandia. Todos teníamos distintos tiempos y ganas, pero fácilmente ubicamos un itinerario común. A medida que debatíamos sobre destinos, la idea de pasar unos días en la playa fue tomando fuerza. Claro, ¿Quién no aprobaría la idea de unos días en unas de las playas más lindas del mundo? Y sin darnos cuenta estábamos arriba de un tren con destino a Chumphon (donde nos tomaríamos un barco rumbo a la isla). Era raro estar en un tren y no pensar en India. Aunque no crean, los trenes de India nos resultaron mas cómodos: con cuchetas y sin un aire acondicionado que te congela los huesos.

Imposible resistirse

Imposible resistirse

La vista desde el barco

La vista desde el barco

Así, entre tren y barco llegamos a Ko Pha-Ngan. La isla es mundialmente famosa por la “Full moon party”. Una fiesta se hizo por primera vez hace 30 años por unos hippies y hoy derivó en el paraíso para jóvenes europeos que pueden ver sus hígados reventados de alcohol por unos pocos euros. ¿Nos imaginan a nosotros dos ahí metidos?

La isla por suerte es grande y nos alojamos en el extremo opuesto a las “playas de fiesta”.

La playa:

Nuestra playa era de pescadores, mucho más relajada (no hacia falta ir maquilladas ni trabando músculos) y con un ambiente un tanto familiar. Justo lo que necesitábamos: Reposeras, libros, mates, juegos de cartas y hacer la plancha por horas.

Nuestra vista

Nuestra vista

Llovía, salía el sol, volvía a llover y nosotros seguíamos inmóviles, turnándonos para ir en busca de agua caliente.

Los minutos, las horas y los días se nos pasaban. Resulta muy fácil contemplar el mar en una playa así. Necesitábamos estar “haciendo nada”. Además esas playas tan tranquilas se prestan para que uno se quite en reloj y se rija por otro tipo de temporalidad. No importa la hora que es. Si hay hambre se come, si se tiene calor se mete al mar, y si se está cansado se va a dormir.

Tailandia playa - 4

La fiesta:

Nuestra presencia (al igual que la de muchísimos otros turistas) coincidió con la famosa fiesta de la luna llena (“Full Moon Party”). Evento que se realiza todos los meses el día en que justamente hay luna llena. ¿Por qué se hace aquí? Dicen que la luna se aprecia de una manera única y un poco de verdad tienen.

La fiesta no es mas que un poco de música electrónica al lado del mar. Muchos Dj’s tocando y el resto, por que no, bailando. Con algo de cosmopolita y promiscuidad generada por el vértigo juvenil en sus primeras vacaciones fuera de casa; los europeos invaden la fiesta pero los tailandeses no se quedan atrás. Vimos muchos grupos de púberes tomando de los famosos “baldes” y vimos muchos gringos corriendo desnudos y adentrándose en el mar.

Éramos bichos raros en la fiesta, bah en realidad copamos la pista pero mantengamos la humildad.

Seamos sinceros no conocíamos ni la mitad de las canciones que sonaban y si no era por nuestro amigos, jamás hubiéramos coincidido con la fiesta.

La famosa guía Lonely Planet da una serie de consejos sobre la fiesta. Al principio nos parecieron ridículos pero estando ahí parecían cobrar validez. Por ejemplo: “Si esta borracho no se adentre en el mar”, “Guarde las llaves de su habitación en un lugar seguro y si se quita los pantalones, póngaselos nuevamente”, “La pintura fluorescente no sale de la ropa, no se pinte boca ni ojos”, “Alejese del buffet de drogas”, etc.

Malabares sobre el mar

Malabares sobre el mar

Tailandia playa - 12

Todo estaba a la orden de día: Los taxistas ofrecían drogas, mujeres y “Ladyboys”. Los puestos de bebidas alcohólicas, los baldes, las pinturas fluorescentes, los malabaristas, el mar y la inmensa luna llena, todo estaba ahí.

Al otro día la pintura seguía ahí

Al otro día la pintura seguía ahí

No todo es fiesta en Ko Pha-Ngan o una misma isla con dos realidades bien distintas:

Y así fue como nuestra estadía coincidió con la fiesta y como vivimos en una misma isla con dos realidades bien distintas.

Por la mañana éramos unos pocos los que íbamos a la playa. Libros, anteojos de sol, protector solar y mate. Y así seguíamos siendo unos pocos hasta que cuándo comenzaba a bajar el sol aparecía el resto de los habitantes de la isla. Unos con caras de dormidos, otros más despabilados, algunos con jeans y todos con una cerveza en mano. Pasamos de escuchar el ruido de uno de los mares más calmos que vimos a escuchar música electrónica. De noche la isla tenia otro ritmo. Pero hubo algo estático durante toda nuestra estadía: la luna llena.

Ko Tao:

Otro barco nos llevo a otra de las islas más famosas de Tailandia. El cuarto menguante nos acompañaba como los turistas que pasada la fiesta no tenían nada más para hacer en Ko Pha-Ngnan.

Las playas de Ko Tao

Las playas de Ko Tao

De Ko Tao no sabíamos mucho, solo que la isla se caracteriza por la cantidad de cursos de buceo que ofrece. Intentamos buscar otra playa tranquila para instalarnos. Ahora las playas eran chicas y el agua no era tan cristalina. La lluvia nos perseguía. Aprovechamos para caminar, caminar por el asfalto, caminar por la arena, caminar entre las piedras en busca nuevas de playas, caminar. Esa actividad que tanto nos gusta y tan bien nos hace. Que no solo mueve el cuerpo sino también el alma y las ideas. O acaso creían que era casualidad que nuestras mejores charlas ocurren mientras caminamos.

Los puertos también son lindos por debajo

Los puertos también son lindos por debajo

Tailandia playa - 9

Y entre caminatas notamos que nuestros días de “hacer la plancha” estaban llegando a su fin. El itinerario que trazamos con nuestros amigos nos llevaba al norte de Tailandia.

Solo nos quedaba una tarde en Ko Tao. Decidimos alquilar un kayak y mascaras de snorkeling. Empezamos a remar y a alejarnos de la isla. De pronto nos encontramos entre grandes acantilados de piedras donde el agua nos movía con fuerza ya que estábamos fuera de la bahía. Llegamos a una playa donde el mapa decía que se veían tiburones. No solo los vimos sino que vimos cantidades de peces de colores y caracoles de todos los tamaños. También vimos el reloj. En un par de horas teníamos barco para volver al continente.

La playa nos dejo ansiosos de más. No fue suficiente ¿Será suficiente alguna vez?

Quizá otra luna llena nos traiga de nuevo, pero esta vez sin fiesta (para nosotros).

Tailandia playa - 1

Tailandia entre argentinos

A diferencia de nuestro viaje a India, el de Tailandia no lo planeamos. El viaje a India tampoco es que lo planeamos mucho, pero al menos habíamos leído al respecto y teníamos un cierto itinerario en mente (que después lo cambiamos más de 10 veces), y una breve reseña histórica. En cambio ahora, no teníamos ni la menor idea de que nos íbamos a encontrar en este país del sudeste asiático. O más bien sabíamos poco y nada. Que tenía lindas playas al sur, que el norte había mas naturaleza y montañas y que Bangkok era una ciudad enorme. Los últimos días en India lo pasamos entre montañas y couchsurfing, con poco tiempo para averiguar de nuestro nuevo destino.

Flor de loto

Flor de loto

También sabíamos que era mucho más amistosa con el turismo que India. Lo cual tiene su punto negativo. En el subcontinente aprendimos y ejercimos una suerte de “salvajismo”. Que no es más ni menos que el modo de vida de ese país. Dormir en cualquier tipo de alojamiento, comer en cualquier lado y viajar apretados en cualquier transporte. Regatear precios y mal acostumbrase a ver montañas de basura por la calle. Tampoco veíamos muchos turistas. ¿Podíamos volver a acostumbrarnos a otro ritmo? 

Y así fue como, para nosotros, Bangkok fue volver al occidentalismo. Por más que suene raro (y con razón, es de las ciudades mas orientales), volvimos a encontrarnos con carteles luminosos, grandes edificios y mucho lujo occidental. Nuestra sensación era como salir de 6 meses de la selva y entrar en New York. Todo aturde. En este tipo de culturas se vive con todo tipo de estímulos todo el tiempo.

De cierta manera fue reencontrarnos con muchas de las cosas que habíamos dejado antes de partir a India. Quizá a muchos les suele incoherente nuestra perplejidad ante las luces de la famosa “Khao San” (una de las calles más ruidosas y turísticas de Bangkok), sobre todo a aquellos que vienen de ciudades ordenadas, occidentales y del primer mundo. Pero para nosotros que veníamos de nuestra querida India el contraste era evidente.

Así pasamos nuestros primeros días en Tailandia, entre amigos, semáforos y motos que no tocaban bocina. La calles eran limpias y la comida era preparada en condiciones bastantes higiénicas. Seamos sinceros, tanto orden, Mc’donalds y turistas en hordas nos incomodaban. Nos sentíamos bichos raros.

¿Tailandia era eso? Tanta comodidad occidental nos confundía. Así surgió la idea de alejarnos de Bangkok. Bajo la excusa de “hacer tiempo”, mientras esperábamos a un amigo, nos fuimos a los alrededores de la ruidosa capital.

Tomamos un tren, que nada tenia que ver con los trenes indios, y nos retiramos a Ayutthaya. Una pequeña ciudad con muchísimos templos en ruinas que supo ser, durante 417 años, capital del Imperio de Siam hasta que los Birmanos invadieron y saquearon la ciudad.

Una de las imágenes típicas de la ciudad de Ayutthaya

Una de las imágenes típicas de la ciudad de Ayutthaya

Volvíamos a sentirnos tranquilos. Alquilamos bicicletas y pasamos el día pedaleando, sacando fotos, cantando y silbando de una bici a la otra. De a poco empezábamos a ver una Tailandia que nos era mucho más amena.

Los caminos nos llevaron al parque nacional Khao Yai cerca de la ciudad de Pakchong y unas ruinas del imperio Khmer en Phanom Rung cerca de la ciudad de Nang Rong y de Camboya. El caudal de turista iba disminuyendo cada vez que nos alejábamos más de Bangkok. Muchos hacían visitas de un día y volvían. De a poco nos íbamos sintiendo más gusto.

Encuentro con un cocodrilo en Khao Yai.

Encuentro con un cocodrilo en Khao Yai.

En este punto nos replanteamos seriamente nuestro carácter antisocial.

Tantas ruinas visitadas nos mostraban otra cara de Tailandia que nada tiene que ver con las cervezas e insectos de Bangkok. Una cara de la cual nosotros no teníamos ni idea: Su historia.

Uno de los tantos templos

Uno de los tantos templos

Tailandia - 9

Que ignorantes nos sentíamos caminando entre tantas ruinas reales, budas decapitados y templos hinduista sin tener una idea de lo que veíamos. Fue momento de parar y tratar de entender donde estábamos. Para nosotros la idea de recorrer un país sin tener idea de su historia, su cultura nos parece un absurdo. Y en ese absurdo estábamos cayendo en Tailandia.

Buda con uñas pintadas

Buda con uñas pintadas

La oferta son cervezas y bares, playas y descontrol, excursiones de un día. ¿Qué rayos hacemos acá?

Pero a decir verdad estos primeros días en Tailandia sirvieron para reencontramos con Argentina. Al llegar nos esperaban Benja y Jime, dos amigos que conocimos este año y sin saberlo volveríamos a reencontrarnos en Asía. Y luego llegó Edu, un gran amigo con quien compartimos nuestro proyecto y sin saberlo tampoco, aquí nos volveríamos a ver. Entre mate, cartas y charlas porteñas nos costaba tomar noción de donde estamos. Nos costaba encontrar nuestro ritmo de viaje. Este es otro momento del viaje. Una suerte de recreo occidental, un encuentro con amigos y abrazos cercanos que no vienen nada mal. ¿Pero eso es todo?

Con Benja y Jime en Bangkok

Con Benja y Jime en Bangkok

Con Edu en Bangkok

Con Edu en Bangkok

Y este es nuestro desafío. Vivir otra Tailandia, viajar a nuestro ritmo e intentar entender lo que pasa a nuestro alrededor. 

Las ruinas de Siam y la historia de un país que ama a su rey nos invitan a volver a ponernos en sintonía con nuestro viaje. Queremos escribir, queremos saber más, queremos ser nosotros. Nos quedan días en Tailandia y volvemos al ruedo.

Tras tres semanas aquí, podemos decir: Tailandia allá vamos.

Encontrarnos (encontranos!)

Encontrarnos (encontranos!)

Tailandia a través del espejo

Allá estaban ellos dos: en el aeropuerto de Calcuta. La espera se hacía larga. Se sentían ansiosos, como si fuera la primera vez que tomaban un avión o viajaban a un país nuevo.

El aeropuerto estaba vacío. Era la 1 de la mañana y había un solo vuelo anunciado. Aparentemente con pocos pasajeros.

Contemplaron el aeropuerto. Era nuevo y enorme. Tenía dibujos en el techo y grandes espejos por todos lados. Justo en frente de uno grande se pararon. Hace mucho que no se miraban en uno. Se notaron distintos en comparación a cuando salieron de Buenos Aires. No solo en la ropa, el pelo o en el hecho de que habían bajado varios kilos,  si no sobre todo en la mirada. O más bien, en la forma de mirar las cosas. Ya no tenían la misma expresión. Se los notaba mas tranquilos, relajados y pensantes.

Mientras se miraban al espejo notaron que no reflejaba con exactitud. Algunas cosas estaban cambiadas, tenía otras letras y otros símbolos. También vieron que los reflejos de ellos hablaban (ellos permanecían en silencio). Todo eso les llamó la atención. Parecía increíble. Como si el espejo tuviera vida propia. Largo rato estuvieron mirando. Empezaron a ver muchísimo movimiento del otro lado del espejo. Gente que iba y venía a las apuradas con sus valijas, el personal del aeropuerto, ¡hasta podían escuchar sus voces!

Ahí estuvieron parados un buen rato, hasta que por el otro lado del espejo se les acercó una azafata. Los saludo, como si nada, y los invito a pasar. ¿Cruzar un espejo? Habían cruzado fronteras, mares, océanos, pasos, puentes, pero nunca un espejo. Sin pensarlo mucho, tomaron sus mochilas, se agarraron de la mano y cruzaron.

-Sawatdee Kah- Dijo la azafata.

-¿Sawatdee Kah? ¿Qué es eso?

-Un saludo, como el namasté de India.- Se hizo una pausa. –Bienvenidos a Tailandia.

Bandera tailandesa

Bandera tailandesa

Sus caras de asombro debían ser muy intensas dado que la azafata los empezó a mirar con cara de preocupada. No terminaban de entender la idea de cruzar un espejo, pero que además, cruzar ese espejo los haya hecho desplazar de un lugar a otro.

-Deben estar cansados de tanto viaje- dijo la azafata después de un largo silencio.

-Disfruten su estadía en Tailandia.- Y se alejó.

Estaban solos, en el medio del aeropuerto de Bangkok, casi sin haberlo planeado. Pero las sensaciones eran distintas en comparación con aquella experiencia en el aeropuerto de Nueva Delhi. Ya no les preocupaba tanto el no saber a donde ir, ahora la incertidumbre es parte de sus rutinas.

Se dieron vuelta, miraron el espejo y todavía podían ver parte de India. Se encontraban divididos entre las dos salas del aeropuerto; de un lado la habitación que dejaban, del otro su nuevo destino. Algunas diferencias eran grandes. Los rasgos de las personas son mas achinados, pero no tanto. Y todo es mucho mas limpio. No se ven montañas de basura ni vacas sueltas por la calle. El idioma es otro, y el tailandés, a diferencia del Hindi que parecen gritos, suena muy bien.

Deciden caminar en busca de un baño para lavarse la cara. Ven un pasillo largo y finito, deciden tomar ese camino ¿Qué más podía pasarles hoy?

El angosto camino los conduce a un gran mercado. Mesas por todos lados. Puestos de ropa y comida. Mucha comida. Los platos se veían deliciosos, había opciones dulces y saladas: Arroz, pollo, pescado, té frio, galletitas, frutas y verduras.

Una fruta nueva que probamos. La fruta del dragón.

Una fruta nueva que probamos. La fruta del dragón.

Siguen caminando y llegan a un río ancho. Supusieron que se trataba del Chao Phraya, uno de los ríos más importantes de Tailandia. Estuvieron largo rato contemplándolo. No se veía como los ríos místicos y sagrados de India, pero tampoco estaba nada mal.

El río Chao Phraya, con un impresionante puente

El río Chao Phraya, con un impresionante puente

Siguen camino y se encuentran con una calle ancha y limpia, los autos y las motos circulan ordenados sin tocar la bocina. Hay semáforos y las personas lo respetan. En las veredas ven muchísimos negocios y muchos más puestos de comida.  Deciden tomarse un colectivo sin saber muy bien a donde. Confiaban en su suerte. El conductor del colectivo les vende un boleto como si supiera cual era el destino que ellos querían tomar. Tras unos cuantos minutos les avisa que llegaron.

Ya era de noche. A lo lejos divisan luces y escuchan música, ven un carteles con letras de neón que dice “Khao San”. De pronto se encuentra en medio de una fiesta, música para bailar, cervezas por doquier, puestos de tatuajes y puestos de comida que ofrecen insectos fritos como plato principal. ¿Podía ser cierto eso? En India el alcohol estaba prohibido en muchos lugares y a las 8 pm no quedaban negocios abiertos.

Ellos estaban cansados, querían dormir. Cruzar un espejo los había dejado agotados. En la búsqueda de un lugar para descansar ven unos sillones muy cómodos con una vista muy agradable, parecería ser un descampado con luces que titilan pero que no llegan a adivinar de que se trata. Se sacan los zapatos y se recuestan hasta quedarse dormidos.

A la hora los despierta una voz por alto parlante: -Pasajeros con destino a Bangkok por favor embarcar por puerta 8. Se despiertan sin entender mucho donde estaban. Se miran entre ellos con una mirada cómplice y una sonrisa que dice haberse entendido sin haber dicho nada.

Estación de trenes en Bangkok

Estación de trenes en Bangkok

Se ponen sus zapatillas y agarran las mochilas. El reloj del aeropuerto marcaba las 2 am. Su vuelo estaba por partir. Miran por la ventana enfrente de los sillones una vez más y se despiden de Calcuta. Se despiden de India. Tailandia los espera.

Aclaración: Cualquier semejanza con la saga de Lewis Carroll es pura coincidencia.