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Vietnam del norte – Parte III: Hanoi

Según muchos Hanoi es una ciudad sucia y caótica. Motos por doquier, calles sin veredas, mercados con pescados que no conocen la cadena de frio, cientos de vendedores ambulantes y ruido. Muchos ruidos. Bocinas, dos tipos gritando en una esquina, una vieja vendiendo mandarinas y un niñito llorando.

Hanoi - Vietnam

El mercado (uno de los tantos)

Según otros Hanoi es una ciudad de dos días. Solo hay que venir para contratar tu excursión a Sapa o a Halong Bay. Si queda tiempo libre visitar un museo y hacer alguna que otra compra en los locales de souvenirs.

Según algunos el norte de Vietnam es muy distinto al sur. En el norte te empujan, te cobran de más y te tratan mal. El sur en cambio es más amigo del turista.

¡Claro que el sur y el norte van a ser distintos! El sur quedo hecho un colador por los tiros de los yanquis, el norte se salvo un poco más pero su pasado comunista no pasó desapercibido. En el sur hace calor, y ahora en el norte esta nevando. En el sur está el delta del Mekong y arriba está China que no deja de mirar con buenos ojos toda esa región, que en algún momento supo pertenecerle.

Hanoi - Vietnam

Escena típica I

Hanoi - Vietnam

Vendedora de flores

Si, es cierto. En Hanoi te empujan, las veredas están ocupadas por motos y por puestitos de comidas con mesas y sillas tamaño jardín de infantes. También es cierto que algún que otro vietnamita se pasa de vivo y te agrega un 0 final al valor del plato de sopa que te pediste. Es cierto ¿Y?

Hanoi - Vietnam - 8

Somos de la opinión de que los lugares, sea una ciudad, una montaña o una casa abandonada, se viven en los detalles. Hanoi no es la excepción. Es otra de esas ciudades cebollas, que hay que sacarle un par de capas para llegar al centro. Sino, será solo bocinas y vietnamitas oportunista al verte con cara de gringo perdido preguntando un precio en dólares americanos. Estuvimos más de una semana en la ciudad, y superamos todos los tiempos que las guías recomienda dedicarle. Y nos encantó.

Hanoi - Vietnam

Pajaritos enjaulados por doquier

Hacia un poco de frió, lo justo para ponerte un sweater y sentarte al mediodía día en un banco de plaza y disfrutar de los rayos de sol que calientan tu cara. Con esa brisa fresca caminamos decenas de veces alrededor del inmenso lago y nos pasábamos el rato observando a las vendedoras de flores. Comimos en lugares que solo los locales comen, porque esas mesas bajitas y medio sucias no son del agrado de muchos, pero la comida si que estaba buena. Arroz con huevo frito. Por las tardes nos escapábamos al café. Ese café que para entrar tener que atravesar un negocio que vende mochilas de imitación, agarrar el pasillito, cruzar el patio de una casa y subir por la escalera hasta el primer piso. Ahí esta el café, solo hay vietnamitas con aires bohemios que gustan del buen jazz. Al principio nos miraban raros. ¿Qué hacían dos turistas ahí? Todos los pensaron, pero nadie nos lo preguntó. Ordenamos dos cafés, uno frio con hielo y leche condensada, el otro tibio y con huevo. A las 5 sale el pan calentito. Lo podías pedir con queso o chocolate. No había que elegir, la chica que atendía te ponía el que ella quería. El gusto era sorpresa.

Hanoi - Vietnam

En el cafe

Hanoi - Vietnam

Nunca supimos que decía ese cartel

Hanoi - Vietnam

En el cafe había muchas fotos que lo representaban

Hanoi - Vietnam

En esa esquina se vende un guiso que promete

Museos amontonados y a montones. De arte, de guerra, de historia y de mujeres. En Hanoi no podes aburrirte. Mercados y negocios agrupados por rubros: Comida, zapatillas, souvenirs, y repuestos para motos. Porque las motos son muchas. Casco y barbijos se venden en cada esquina, ya es parte de la moda local.

Hanoi - Vietnam

Detalles vietnamitas

Si, Hanoi son bocinas pero también es más. Si un vietnamita se quiere pasar de vivo con los precios, no seas boludo te enojes, hablá, reité y decile que estas buscando el café que esta atrás del negocio que vende mochilas. Si le preguntas por el café vietnamita, te va a responder de mejor manera que si le preguntas por el Burger King.

Hanoi - Vietnam

Hanoi - Vietnam

Hanoi - Vietnam

Vietnam del norte – parte II: Halong Bay

–       Hola, los queríamos informar que su barco saldrá 3 horas más tarde. Estamos atados al barco de al lado y el motor no arranca. El problema no es mío, es de la compañía. Yo entiendo su bronca pero no hay nada que se puede hacer.

–       ¿Y… pero? ¿Las excursiones de hoy? (Ni hablar del viaje de 4 horas que prometía ser en un bus semi-cama y fue un colectivo de línea)

–       Las excursiones las haremos mañanas, o hoy. No se, no depende de mi. En nombre de la compañía les damos una bebida gratis a cada uno.

–       Bueno. Entonces si, gracias! (Sonrisas y aplausos por la cerveza de 1 dólar gratis)

Halong Bay - Vietnam

Hay algunos países que tienen marcado un punto turístico que no te podés perder, lo cual es una ridiculez, porque se dejan afuera miles de lugares tanto o más interesantes. Pero en la lista del viajero que quiere tildar atracciones están: China y la muralla, Camboya y Angkor Wat, Perú y Machu Picchu… y Vietnam y Halong Bay.

Cuando una persona llega a Halong Bay pasa a ser parte de la industria del turismo. Cientos de barcos blancos flotando y 2,5 millones de personas que pasan cada año por este lugar. El título de ser una de las siete maravillas naturales del mundo todavía lo hace más popular y visitado.

Nosotros no fuimos la excepción. Estando ahí, tan cerca, sumado a estar compartiendo unos días con la familia de Lucas, Halong Bay fue el destino elegido para pasar navidad. Como buenos turistas reservamos con anticipación. Es posible visitar la bahía sin agencia de por medio, pero eso implica más tiempo, más paciencia y más arrégleselas-usted-mismo.

Nosotros estábamos ansiosos. En todo el viaje esta era una entre las poquísimas excursiones que hacíamos. Y no sabemos muy bien porque, intuíamos que iba a ser un fracaso. Cómo la mayoría de las excursiones pagas. Estos meses de viaje nos enseñaron ciertas cosas, entre ellas la frustración y decepción de viajar como turista adinerado: con vuelos, reservas y arrogancia.

Con el resto de fe que nos quedaba llegamos a la ciudad de Ha-Long (Ha-long City), a unas 4 horas en micro desde Hanoi. En el puerto embarcaríamos a nuestro barco que nos llevaría por dos días a navegar la Bahía. También incluida ciertas actividades: kayak, miradores, playa, cuevas e islas para visitar.

Si bien era algo que sabíamos, nos sorprendió la cantidad de gente alrededor. Alrededor nuestro había cientos (si, cientos) de barcos. Ni hablar del que teníamos atado a la par nuestra. Todos eran blancos, como bien dicta cierta disposición. Todos tenían el motor prendido, todos largaban humo y todos tenían decenas de turistas sacando fotos en cubierta. Y casi todos teníamos la misma cara de “no es como el barco de la foto que me vendieron”.

Halong Bay - Vietnam

Todos los barcos pintados de blanco

Tras cuatro horas de amarre en el muelle, comenzó la excursión. El detalle: solo quedaba una hora de luz.

Éramos parte de una procesión, todos marchábamos para el mismo sitio. Esta vez sin dioses ni canciones, todos con la bebida gratis que daban en forma de pago por todos los incumplimientos.

Y así navegamos por esa bahía de color verde turquesa con esas montañas de piedra que por momentos parecen pintadas a mano. Por suerte el paisaje no lo pueden abaratar, es lo único increíble de la excursión.

Halong Bay - Vietnam

Halong Bay - Vietnam

Con las montañas en la proa

Halong Bay - Vietnam

Increibles atardeceres

–      ¿Cuánto creés que durará esto así?

–       ¿Así cómo?

–       Lindo. Verde y natural.

–       Mirá la cantidad de barcos. Mirá el humo de aquel. El motor de este y el aceite que larga este otro. Esto no dura más que un par de años más. Después se transforma en una bahía marrón y de mal olor. Así somos, hijos de rigor.

–       ¡Y del dinero!

Así transcurrieron esos dos días. Mezcla de decepción y enojo. Un poco de pena también. Fuimos 2 de esos 2,5 millones al año. A esos pescadores medios chinos, medios vietnamitas ni los vimos. A las familias que vivían en las islas tampoco. Ni a los peces vimos. Quizá algún que otro pájaro, pero solo fue uno.

Antes de llegar nos contaron que esa era una bahía de pescadores, que pescaban con red y sacaban todo clase de peces, de todos los tamaños y colores. Que los niños nadaban y jugaban en ese mar de agua turquesa. Que el nombre “Ha-Long” significa dragón. Que así le habían puesto los locales por la forma y el relieve de las montañas. Los más ancianos contaban la historia de quienes lo habían visto, y de cómo el dragón se hizo piedra. Hoy eso parece un cuento. Hoy es solo una bahía de barcos blancos con motores estridentes. Y que todos visitamos porque la lista del buen turista así lo dice. Por suerte lo majestuoso de las imágenes nos permite amigarnos con la belleza del lugar.

Halong Bay - Vietnam

Halong Bay - Vietnam

Acá dicen que supo haber un dragón…

Vietnam del norte – Parte I: Sapa

Se llama Liz, o al menos, ese es el nombre que nos dió. Dijo que tiene 30 años, también que tiene 4 hijos. Dos aún son bebes. Señala la montaña, allá esta su pueblo. Un pueblo humilde, con horno a leña, techo de paja y suelo de tierra. Pueblo de montaña, inmerso entre cientos de terrazas de arroz.

Sapa - Vietnam

Sapa - Vietnam

Terrazas de arróz

En su pueblo las mujeres trabajan, juntan leña y saludan a los turistas. Los niños juegan, y se esconde cuando ven que una cámara apunta a su rostro sin pedir permiso. Lo curioso, para entrar al pueblo de Liz hay que pagar una entrada. Ella nos invita a ir, pero sabe que no lo haremos. Esa misma noche tenemos tren a Hanoi. También sabe que no le vamos a comprar nada. Nos estuvo observando y vio la decena de señoras (de su misma étnia Hmong) que se nos acercaban para hablar con las mismas tres preguntas: nombre, nacionalidad y edad. Alguna preguntaba si teníamos hermanos y las más osadas si estábamos casados o teníamos hijos. Ella ya nos había visto, por eso se acercó a hablarnos nuevamente (porque ya habíamos hablado, cuándo estábamos perdidos buscando la oficina de trenes). Nosotros no supimos reconocerla.

No se acercó en un momento cualquiera, sino cuándo preparamos el mate. Ese cuenco de calabaza con unas hojitas verdes que parece té y un termo de agua caliente. Solo en ese momento, ella vino. Sabía que no íbamos a comprarle nada, no le importó, solo quería saber de que se trataba. No se animó a probarlo, pero si lo olió.

Ella nos recuerda al altiplano boliviano. El lago nos recuerda la ciudad de Bariloche, en la Patagonia argentina. Nadie creería que eso es Vietnam. Incluso nosotros no lo creemos.

Sapa - Vietnam

Sapa es un país aparte, ellas incluso saben más palabras en inglés que la mayoría de los vietnamitas. En cambio ellos, los vietnamitas, solo van por un día. Nos dicen que para ver la nieve, incluso por primera vez en sus vidas, porque en Vietnam no nieva. El mundo es un lugar extraño. Un lugar donde conviven y coexisten tantos mundos, tantas lenguas, tantas religiones, tantas costumbres. Tantas personas.

Sapa - Vietnam

Sapa - Vietnam

Mundo grande y desigual. Casas de techo de paja que hacen el escenario ideal para montar resort de lujo.  Vivimos en un mundo que solo es para unos pocos. Hay otros muchos que se quedan afuera. Estos últimos no viven, sino que sobreviven.

Sapa - Vietnam

Sapa - Vietnam

Sapa - Vietnam

Sapa - Vietnam

A veces sentimos que la única relación posible que logramos entablar con la gente de los lugares que visitamos es a través del dinero, pero con Liz pasó algo diferente. Ella se nos acercó por curiosidad, quería saber de nosotros, y de paso aprovechamos nosotros para saber de ella. La charla se extendió más de lo que nos dimos cuenta. Nos despedimos diciendo que el día que volvamos a Sapa la buscamos y vamos a conocer a su familia. Ella se fue, pero nos quedamos pensando, ¿No es posible que ella viaje a Argentina? Y así nosotros le presentamos nuestra familia. Ni se nos ocurrió decirlo, ya tenemos un chip seteado que nos hace pensar que no se puede. Que este mundo es grande y desigual. ¿Pero si realmente se lo propone? Así como los primero viajeros pasionarios se entretenían con historias de otros lados y miraban maravillados el horizonte, ¿Liz habrá soñado alguna vez con conocer los países de donde vienen los turistas? Mientras, sigue vendiendo pulseritas y repitiendo las mismas tres preguntas. Algunas veces invita a los turistas a su casa para conocer a su familia.

Sapa - Vietnam

Rutina en Hoi An

El mozo nos mira extrañado, no entiende como solo pedimos dos. Nosotros no entendemos como quiere que pidamos más si solo somos dos en la mesa. A su vez, nos dice el precio en dólares americanos y tampoco entiende porque le decimos que nosotros no manejamos dólares, que por favor nos diga el precio en la moneda local: el dong vietnamita.

El 2×1 en cerveza tienta a varios, más si es en una noche calurosa sentado en una terraza mirando el río. Hay mucho bares para elegir, cada uno con un estilo distinto, y todos están llenos. Elegimos uno un poco alejado a donde llega música clásica de un barco amarrado en la orilla. La ciudad tiene mucho movimiento a las orillas del río Thu Bon. Miles de personas van de un lugar a otro, del mercado al puente, de una lancha a una galería de arte y de una pagoda al bar de la esquina. Pero algo llama la atención. No hay vietnamitas salvo los que trabajan. Los locales no va ahí. Saben que es caro y artificial. Pero a veces no importa, el lugar es lindo y vale la pena recorrerlo.

Hoi An - Vietnam

Las callecitas de Hoi An…

Nuestra habitación esta lejos del centro. Es la casa de un buen hombre que nos la ofreció y nos sirve como punto de partida para volver a la “realidad”. Esa que todavía no es tan artificial, que aún conserva algo propio y legitimo.

Doblando en la esquina esta el centro histórico. Las calles son coloridas y alegres. Todas construcciones antiguas, con muchas casitas coloniales pintadas de amarillo. Es raro ver en Vietnam muchas construcciones antiguas juntas, los yanquis decidieron bombardear todo, salvo este lugar. Por eso existe como un portal para viajar atrás, en el tiempo.

Hoi An - Vietnam

Uno de los tantisimos templos

 En los viajes hay varias dimensiones en las cuales desplazarse. Una, la más fácil, es la espacial, moverse de un lugar a otro. Pero también es posible desplazarse en el tiempo. Los lugares evocan otro momento, las historias, los museos. Viajar es una de las mejores maneras de no quedar atrapados en el presente.

Vietnam - Hoi An

Casas con glorietas y Santa Ritas en flor, y eso que acá es invierno. Allá un local de souvenir inútiles, un café, una sastrería para hombres y una señora que solo sabe unas pocas palabras en ingles: “Hello, you buy me a banana pancake?” Si, es cierto, los números también los sabe. Peor nosotros, no sabemos armar una oración en vietnamita.

Hoi An - Vietnam

Hoi An - Vietnam

Algunos locales son más interesantes que otros

Caminando para el lado del puente se ve un templo chino. A diferencia de todas las demás construcciones, esté es celeste. Nadie lo visita y eso que la entrada es gratis. Inscripciones en chino, sahumerios consumidos y macetas sin ninguna planta. Hace calor y el cielo amaga con largarse a llover. La lluvia y Vietnam son complementarios.

Caminando para el otro lado está el mercado. Asia es un continente especialista en mercados. En muchos países de occidente los solíamos tener diariamente. Con el tiempo se hicieron más esporádicos, todos los sábados por ejemplo. Hoy parecería que se extinguen. Pero acá no. Acá se arman y desarman todos los días a todas horas. E incluso, son temáticos.

Hoi an - Vietnam

El mercado

Este en particular es un poco extraño, su fuerte no es ni los pescado ni las verduras. Sobresalen los souvenirs, remeras, imanes y algún que otro sombrero. Si caminas hasta el fondo podes encontrar algunas frutas, pero eso si, el kilo de mandarinas está en dólares. Las señoras insisten en vendernos algo. Les decimos que no tenemos plata y mucho menos dólares. Se enojan, no nos creen. Somos blancos y rubios tenemos que tener dólares, no puede ser de otra manera.

Baja el sol. Una lancha-colectivo amarra en el orilla. Las señoras comienzan a desarmar los puestos y suben con toda la mercadería, los señores suben con sus bicicletas. Los niños no desaprovechan la oportunidad de seguir jugando a las bolitas. El atardecer se va apagando y comienzan a prenderse las primeras luces del pueblo. Son lámparas de papel, todas de distintos colores y tamaños. Son las 19 y terminó el Happy Hour. Hoy hubo 2 x 1 en cervezas a solo 1 USD.

Hoi An - Vietnam

La marea roja en Mui Ne

Entreabro los ojos. El mar sigue ahí, intacto. Me había dormido. L sigue al lado mío, leyendo. La lectura es parte de nuestra vida ahora, como la escritura. Meses atrás la rutina era otra, hoy está dictada por las palabras. Palabras que leemos y escribimos, casi todo el tiempo.

De la casa de al lado, sale un hombre. Es un tanto mayor, acaso unos setenta años. Camina rápido. Abre la puerta y ni siquiera mira para los costados. Ni siquiera nos ve. Está en cuero. Parece no importarle tener las zapatillas puestas, va hacia el mar. No duda, camina mirando el horizonte. Me incomoda bastante. Se mete hasta la cintura y comienza a mojarse, como un niño. Se zambulle sucesivas veces y se frota, como si se estuviera duchando o purificando quizá. Me recuerda India, el místico Ganges.

Playa Mui Ne Vietnam

Hasta la cintura, no más.

De la casa, sale una joven corriendo. Lo llama a gritos. Podría ser su hija, o nieta. Él no escucha, sigue mirando el horizonte y el agua de mar. Otro niño sale de la casa, se mete al mar y lo trae a la casa. Él solo mira el horizonte. Nosotros estamos al lado, pero ni siquiera nos ve.

Yo tampoco puedo dejar de mirar el mar. Su color y su sonido tiene un efecto analgésico. Es terapéutico por si solo. Con L siempre decimos que nos gustaría vivir cerca del mar. Aunque sea una tiempo. Verlo todos los días, caminar descalzos por la arena tibia y leer. Meses atrás me parecía imposible, hoy parece una oportunidad.

Playa Mui Ne Vietnam

La playa con el pescador

Playa Mui Ne Vietnam

El sol comienza a bajar. Promete un hermoso atardecer. En la costa se ven barcos pesqueros. Son pequeños, solo dos o tres tripulantes. Parecería que es la hora de pescar. El mar se retira, el sol apaga sus fuerzas y los barcos comienza a penetrar el mar.

Playa Mui Ne Vietnam

Atardecer en Mui Ne

La playa, por el contrario, está desierta. ¿Dónde está la gente?. Me pregunto y me respondo al instante. Una familia rusa pasa caminando por delante nuestro. Ellos, los rusos, coparon el lugar. Se lo adueñaron. Hasta en los restaurantes, la carta está en ruso. Hasta los vietnamitas lo hablan. Nosotros somos los raros. Porque nadie nos avisó que era una playa rusa.

Me pregunto por qué están todos acá, condensados y apretados. Una chica rusa, que conocimos viajando, nos dijo que tienen muchos problemas para viajar. Muchos países no permiten su entrada, otros les cobran mucho dinero por visa. En Vietnam es distinto. Secuelas de la guerra, supongo. Acá tiene casi tres meses de visa y gratis. Nosotros solo un mes y cotiza en dólares. Mui Ne es el lugar de sus vacaciones. No recorren Vietnam, solo visitan esta playa. La misma donde nosotros leemos, la misma donde el señor se baña. Misma playa que hace casi cuarenta años cayó en las garras de la guerra. Esa que destruye sin importarle nada. Playa que luego, fue pueblo de pescadores. Unas pocas familias que se instalaron aquí, a recibir lo que el mar les daba. La guerra les sacó todo, pero el mar seguía brindando sus frutos. Por aunque las guerras pasen y destruyan, la tierra continúa ahí. Y esa tierra que escondió minas explosivas, ahora son terrazas de arroz. Lo mismo el mar. No se si hubo submarinos y esas cosas que vemos en las películas, pero solo veo barcos pesqueros.

Playa Mui Ne Vietnam

Frutos del mar

Playa Mui Ne Vietnam

Barcos pesqueros

Ahora el pueblo es otro. Veinte años atrás no había turistas. Los pescadores son menos. Rinde más poner un resort, o un bar. Con aprender unas pocas palabras en ruso basta.

Saigon, la otra mirada de Ho Chi Minh

Después de Bangkok, creo que no fuimos a ninguna gran ciudad, hasta ahora. Si, Ho Chi Minh nos parece enorme. Es la ciudad más grande de Vietnam con un centro turístico muy bien explotado. Nosotros, para disfrutarla a nuestro estilo (y presupuesto) preferimos alojarnos en los suburbios.

Saigon-Ho Chi Minh-Vietnam

Callejuelas

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Por la noche los mercados movilizan a la gente

En definitiva lo nuestro no era más que una simple habitación, que tenía una ventana y un balcón que daba a una calle muy angosta. En esa calle transcurría toda la vida de los vecinos. Nos levantábamos con el olor a cerdo asado que subía hasta la ventana. Los gritos de la mujer que pasaba vendiendo fruta, o una televisión con el volumen fuerte. Nenes jugando en la calle, motos, té frío, sándwiches, arreglos de zapatos, todo sucede en la calle. En Vietnam la vida transcurre de la puerta hacia fuera. Nos recuerda a India. Incluso a la noche, después de comer se sientan a ver televisión con las puertas abiertas, tal vez viene algún vecino y se sienta a charlar.

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Notre Dame en Ho Chi Minh

No nos parece loco que los vecinos se junten, que la vida se comparta. No nos llama la atención que las calles estén llenas de gente, ni de motos ni de vendedoras con esos sombreros tan característicos. Nos acostumbramos a ese ritmo de vida. Los vecinos ya nos reconocen, nosotros no hablamos vietnamita y ellos no hablan inglés, a veces una sonrisa dice mucho más. Vietnam nos gusta. Caminar por sus calles nos divierte. Cruzar las avenidas con cientos de motos es parte de nuestra nueva cotidianidad. Ho Chi Minh es una ciudad inmensa. Y como todo, también tiene su revés: Saigón.

Saigon-Ho Chi Minh-Vietnam

Ho Chi Minh

Saigón era el antiguo nombre de la capital de Vietnam de sur. Los yanquis y su fanatismo anti-comunismo destruyeron todo. A modo de recompensa por haber ganado la guerra y con la posterior unificación de Vietnam, los vietnamitas cambiaron el nombre de la ciudad de Saigón por Ho Chi Minh, el famoso líder revolucionario. Hoy la ciudad es nueva, esta reconstruida pero la guerra se sigue palpando. Museos, banderas comunistas, imágenes de Ho Chi Minh por doquier y mutilados que piden monedas en las esquinas.

La guerra esta ahí, silba bajito y pasa caminando. No podría ser de otra manera. La guerra cambia a las personas, a las familias y a las sociedades. El ajetreo cotidiano de las ciudades se desvanece para dar lugar al sufrimiento. Niños que se convierte en soldados, premios a quien “exterminó” más yanquis y fotos de jóvenes deformados por el napalm (el tóxico gas que floto sobre Vietnam). La guerra esta ahí. Hoy, casi 40 años después sigue estando ahí.

Saigon-Ho Chi Minh-Vietnam

En propaganda política…

Saigon-Cu Chi-Ho Chi Minh-Vietnam

…Túneles donde se refugiaban cientos de vietnamitas…

Saigon-Ho Chi Minh-Vietnam

… y en jóvenes americanos observando su ataque…

Nos llama la atención la cantidad de mujeres trabajando en las calles: Vendiendo frutas, jugo o pan. Reparando ropa, manejando una moto, comprando y vendiendo algo en el mercado. Los hombres no están, no se ven. Claro, años de guerra y hombres en el frente hicieron que la sociedad se redistribuya nuevamente. Los hombres peleaban y las mujeres “hacían”. Hoy las mujeres son protagonistas en Vietnam, la guerra les cedió ese lugar.

Los turistas pasamos por ahí. La cerveza es barata, las remeras son bonitas y las guías de viaje fotocopiadas están de oferta. Visitamos los museos, nos lamentamos la guerra y nos marchamos. El tiempo apremia y hay que conocer la mayor cantidad de sitios posibles antes de volver a casa. Pocos se sientan en la esquina y ven que la guerra aún esta ahí, que silba bajito y pasa caminando. Otros siguen nombrándola como se hacia llamar antes, Saigon.

Saigon-Ho Chi Minh-Vietnam

Llueve en Hué

Llueve. Parece a propósito (siempre tan autorreferenciales). Esperó a que cruzáramos. Del otro lado quedo el sol. Él no cruza la frontera, espera del otro lado. Estamos en Vietnam y llueve.

Garua finito, hace frío y debemos buscar los abrigos en las mochilas. El minibús nos deja en el centro de Hué, a unas cuadras de la zona de guest house. Caminamos y la lluvia nos acompaña. Decenas, mejor dicho, cientos de motos, también, caminan al lado nuestros. Ellos van preparados, pilotos de colores y a lunares. Los menos van en bicicleta, y los más atrevidos sostienen un paraguas mientras manejan.

Motos en Hue (lluvia)

Tráfico un día de lluvia

¿Podía ser de otra manera? Dudamos. Es la primera vez en este país, pero no podemos imaginarlo sin lluvia. Es parte del paisaje, nos lo imaginábamos así. Quizá por alguna película, quizá por algún comentario o quizá por culpa de Marguerite Duras y su amante.

La lluvia nos gusta. Nos fuimos de Buenos Aires cuándo el calor recién comenzaba a irse y desde ahí transcurrieron 8 meses en climas tropicales. Necesitamos lluvia y frio. El placer de ponerse una campera, quizá una chalina y zapatillas.

Vietnam nos es familiar. Transcurrieron pocos días desde que llegamos pero sentimos que lo conocemos. Y no por ser igual a todo lo que venimos viendo. Algo nos hace sentir que ya estuvimos aquí. Las calles nos son familiares. Hué nos es conocida. Estamos cómodos. Hué tiene algo de Buenos Aires, tal vez los jacarandá en las veredas, tal vez la mezcla de construcciones, tal vez el clima nos hace acordar el otoño de allá. Ese otoño que recién estaba comenzando cuando nosotros nos fuimos. Tal vez por todo eso nos sentimos cómodos y tal vez por eso nos cueste escribir tanto sobre esta ciudad. Lo difícil es poder encontrar el asombro y la belleza en lo que a uno le resulta cotidiano.

Calles de Hue - Vietnam

Las calles de Hué

Decidimos caminar bajo la lluvia. Recorrer la ciudad a pie y en bicicleta. Las dos mejores maneras de conocer (o reencontrarse) con un sitio. A la ciudad la atraviesa el río Perfume (premio al mejor nombre de río). Cruzamos el río y caminamos por las calles imperiales. Nos pasemos por el casco histórico. Dicen que acá hubo un imperio. Que fuera la capital del país y centro religioso entre 1802 y 1945.

Río perfume Hue

El río Perfume

Llegamos a una ciudadela fortificada. No solo una muralla nos separa, también una fosa. Al mejor estilo castillo en el imaginario colectivo (o de los cuentos de princesas) donde hay una gran muralla, con fosa y un puente para cruzar. Pero en este caso no hay cocodrilos. O si, pero los venden asados a la brazas.

Ciudadela Hue Vietnam

Ciudadela de Hué

Adentro esta casi todo reconstruido. Los yanquis se encargaron de bombardear todo  y los vietnamitas de reconstruirlo. La imaginación suele venir muy bien en actividades como estas.

Sigue lloviendo, y la lluvia nos lleva por calles paralelas. Mercados y vietnamitas. Todos nos saludan, los más tímidos nos miran por debajo de sus sombreros, los más atrevidos nos ofrecen algo para vender. Las calles imperiales nos conducen a un barrio. Por que la ciudadela imperial, es solo eso. La vida no transcurre sino en las calles paralelas. Gente en la vereda, encuentro de vecinos. Una señora vende fruta y otra café frío. Todos andan en moto. Salvo los niños, ellos andan en bicicleta. El clima tiñe las casas, las calles y hasta el rostro de las personas. Todo esta pasado por agua. El mercado es enorme. Comida, ropa y souvenirs. Uno puede comprar desde una lata de pintura a un pajarito con solo unos metros de distancia. También, hay muchos puestos de comida; La chica de las tortas frita nos eligió como clientes. Al lado, una cadena de comida rápida. Ya no hay más calles imperiales, ahora es una ciudad. Una ciudad grande y en movimiento. Todos tienen algo para hacer, incluso los turistas que deciden caminar bajo el agua.

Las bicicletas nos permitan llegar más lejos. La lluvia nos da tregua y salimos a pedalear sin mapa. Las calles imperiales y de mercados llegan a su fin. La ciudad suelta el garrote y llegamos a las afueras. Caminos de tierra, niños jugando y mujeres intentando secar la ropa. Las mujeres están en la calle, a toda hora. Son protagonistas, mucho más que los hombres, mucho más que los niños.

Las casas son humildes y siempre con gallinas. Son humildes, pero todas tienen algo en común. Enormes tumbas en el jardín. Tumbas de material, pesadas y tétricas. Letras en chino anuncian algo que no terminamos de descifrar. Son muchas las tumbas y no dejan de llamarnos la atención. Las tumbas por asociación nos hace pensar en la muerta y en la guerra. Tumbas enormes que indican que ahí yace uno o varios, quizás. La muerta los arrebata pero las tumbas los mantienen en ese mundo. Nadie habla ingles ni nosotros vietnamitas, no sabemos que dicen esas letras en chino.

Después están las tumbas imperiales, patrimonio de la ciudadela histórica. Mucho más grandes y lujosas. Detalles en mármol y esculturas por doquier. Estas tumbas, a diferencia de las anteriores, tienen precio.

La lluvia nos da la bienvenida. ¿Podía ser de otra manera? Dudamos. Es la primera vez en este país, pero no podemos imaginarlo sin lluvia.

Bandera Vietnam en Hue

Gotitas de lluvia en el lente de la cámara