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Montserrat, Monasterio y montañas

Montserrat es uno de los nombres de mujer más típico de Cataluña. Sería como Marta en España, Li en China o Muhammad en el mundo árabe.

También es el nombre de una virgen. La virgen de Montserrat es la patrona de Cataluña y su historia tiene mucho que ver con este lugar. Un sitio donde naturaleza y espiritualidad coinciden de una manera armoniosa, con grandes vistas y escenarios a tan solo una hora de Barcelona. Una excursión muy recomendada para quienes visiten la ciudad.

MONSERRAT: MACIZO Y MONASTERIO

Montserrat es, también, el nombre de esta peculiar formación rocosa. La más alta e importante en Cataluña. En catalán, Montserrat significa monte- serrado. Curiosamente, esa es la forma de la montaña.

El Macizo de Montserrat se ve desde el aeropuerto. Es que sólo está a 30 kilómetros de Barcelona. Acá nomás para nosotros, a medio mundo de distancia para los locales. Es que sí, para quienes venimos de países extensos acá las distancias son cortas.

Montserrat ya se ve desde lo lejos. Es más, cualquier tren de cercanías pone en evidencia la montaña más alta de la región. Y desde Montserrat ya se ven los Pirineos. Pero claro, también se ve el mar.

La morfología de Montserrat es única y hace muy buena referencia a su nombre. Se trata, precisamente, de un enorme macizo que sobresale del paisaje. De lejos, parece una piedra fracturada. De cerca: dedos, salchichas gordas o restos de un castillo de arena que se fue venciendo con la fuerza de las olas. También, tiene algo de Gaudí. O mejor dicho, la Sagrada Familia tiene mucho de Montserrat en su diseño.

Los alrededores de Montserrat también valen la pena. Hay números caminos y rutas de senderismo, incluso refugios de montaña donde pasar la noche en caso de hacer recorridos largos.

Pero la aclamada de Montserrat no es solo natural. El macizo tiene mucha carga religiosa y espiritual; y de hecho, es uno de los sitios de peregrinajes más importante de España. Es más, desde aquí comienza uno de los caminos rumbo a Santiago de Compostela.

Según cuenta los más viejos, fue por el año 800 que semana a semana la montaña se iluminaba. Primero fueron pastores a ver de que se trataba, luego parte del cuerpo eclesial. Nunca encontraban nada pero siempre se veía una luz en la montaña. Un día, un obispo encontró una imagen de la virgen en una de las cuevas de la montaña. Intento quitarla pero no puedo. Consideraron entonces que en ese sitio debía construir una ermita. Con el paso de los siglos, la ermita devino en Iglesia, Basílica y, actualmente, en un Monasterio Benedictino.

De las primeras ermitas e iglesias solo quedan restos. Hoy, se ven reconstrucciones y construcciones modernas. Las construcciones originales no resistieron ni el paso del tiempo ni de las tropas napoleónicas ni de la guerra civil española. A pesar de réplicas, vale mucho la pena recorrer todos los rincones del monasterio y de la basílica.

La Virgen de Montserrat o La Moreneta como le dicen, también se puede ver. Aunque haya que hacer filas y colas. Así y todo, es la imagen más contemplada de todo Cataluña.

¿CÓMO VISITAR MONSERRAT?

Montserrat se encuentra a unos 30 kilómetros de Barcelona. Se puede acceder en tren o coche de alquiler. Desde el pueblo de Montserrat hay que tomar el funicular o el tren cremallera o, simplemente, caminar para ascender al Monasterio Benedictino.

Nosotros optamos por subir caminando. Hay varios caminos (algunos más directos y con más pendiente y otros que van uniendo ermitas y puntos panorámicos). Depende mucho de las ganas e intereses de cada uno.

NUESTRA EXPERIENCIA

Durante nuestro ascenso (habrán sido unas dos horas por un camino muy señalizado), nos encontramos con varias familias y grupos de amigos que habían comenzando su peregrinaje la noche anterior en las afueras de Barcelona. Incluso, con un niño de unos 12 años que se quejaba de que sus padres habían tomado una decisión “inhumana” (dicho por él). El niño llevaba caminando de las 2 AM.

El camino de montaña comienza a ser una ruta pavimentada a medida que uno se acerca el monasterio. Allí coincide la estación de funicular, la cremallera y el acceso vehicular. También, las tiendas de suvenires, los vendedores de agua y el baño publico.

El recinto del monasterio y la iglesia también están acá. Son construcciones enormes que impresionan a cualquiera.

Pero el centro de atención se los lleva la naturaleza. A pocos metros, los picos más altos de Montserrat corta como un serrucho el celeste del cielo. Desde el monasterio salen nuevos caminos, funiculares y rutas de senderismo para seguir explorando el macizo. Vale la pena esquivar las hordas de turismo asiático y caminar un poco por la naturaleza. Desde los miradores, además de contemplar el monasterio en su esplendor también se puede divisar Barcelona y varios de los pueblos y ciudades cercanas.

Tallin, no es un cuento de hadas

Si uno se pone a buscar en google sobre Tallin, va a encontrar que la descripción más común es “una ciudad de cuento de hadas”. ¿Pero qué es una ciudad de cuento de hadas? Yo me imagino casas en los árboles, rodeados de animales mitológicos como elfos y gnomos, y con miles de aves revoloteando alrededor. Algo así como la aldea de los pitufos pero sin personajes tan azules.

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Pero la mayoría de la gente parece ir por otro lado o ve otra cosa. Una ciudad de cuento de hadas, para ellos, es una ciudad medieval, con calles angostas y adoquinas. Una iglesia rusa ortodoxa y una gran plaza central con mesas de restaurantes y tiendas de souvenir por todos lados. Ahí los que atienden son jóvenes disfrazados de bardos o verdugos. Música medieval en vivo, guillotinas y horcas de juguete para la foto son parte del decorado. No le sacamos fotos porque, para nosotros, no son parte de la cultura local, son una sátira perversa que buscan  venderte hasta lo que no necesitas y a precios excesivamente ridículos.

La iglesia al final de la calle

La iglesia al final de la calle

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También es una ciudad dónde a diario hordas de turistas bajan de los cruceros (barcos más grande que la ciudad vieja) sin dejar nada a su paso como si fueran langostas. Es una locura insana caminar por ahí cuando viene uno de esos barcos. Ni siquiera las iglesias respetan. Dónde dice prohibido sacarse fotos y no hablar, se sacan selfies a los gritos. Y la pobre señora de la iglesia cansada de que la historia se repita una y otra vez tiene que ir a pedirles que se callen, que no se saquen fotos. Pero el turista se cree más, sólo por tener euros. Eso es lo que transmiten, y en eso se transformó esta ciudad.

Calle tomada

Calle tomada

Está todo pensando para montar un show burdo y grotesco. Lograron agarrar un lugar lindo, con mucho encanto y transformarlo en el disneylandia de los bálticos. Si hasta los grupos van con una etiqueta pegada en la camisa indicando de que barco bajaron.

Iglesia rusa ortodoxa

Iglesia rusa ortodoxa

El parlamento

El parlamento

La ciudad muralla

La ciudad muralla

Pero les tengo malas noticias, acá no hay ningún hada ni ningún Peter Pan. Hay borrachos que aprendieron a escribir sus carteles en ingles para obtener: “una moneda para la cerveza o para el vodka”. Ese pobre tipo camina casi invisible entre las langostas. Estas degluten todo, pero no a un borracho. Lo miran con desprecio o lo ignoran. Igual está quien le saca una foto, porque le parece gracioso el cartel.

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Hoy el turismo se convirtió en algo totalmente individualista, para el provecho de uno sin pensar en el lugar/persona/objeto con el que está interactuando. Sólo importa la foto, y subirla rápidamente a Facebook para lograr llamar la atención y que todos vean que estuvimos allá. Cuanto más ridícula sea la ropa de la gente del lugar y cuanto más impresionantes sean mis fotos, mejor.

Ni iglesias, ni mendigos, ni señales de transito se respetan. Los tours se paran en el medio de la calle y los autos tienen que esperar a que termine la superflua explicación para poder pasar. El que trae la plata es el que, pareciera, tiene derecho.

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La ciudad es pintoresca, por supuesto. Tiene encanto y tiene glamour. De los soviéticos ya no queda nada, fueron el monstruo malo del bosque que las dulces hadas lograron echar.

Todo este conjunto de atrocidades forma parte de un lugar que se llama Tallin, “una ciudad de cuento de hadas” y una de las capitales más lindas de Europa.

Arte urbano en Tartu

Estamos en Estonia, el tercero (o el primero según cómo se lo mire) de los países Bálticos. Es el que más al norte está y quizá por eso, el que más cercano esta de la cultura nórdica. Ellos mismos se identifican más con Finlandia o Suecia, que con Rusia o Lituania. Eso se debe a su historia, por años fueron parte del reino de Suecia, o a su idioma, el estonio se asemeja al finlandés (y dicen que tiene la misma raíz que el húngaro).

Nos dijeron que era una ciudad tranquila, pintoresca, con ríos y lagos dónde descansar. Eso era lo que queríamos. Dormir más de dos noches en la misma cama, poder cargar agua caliente para el mate (de los últimos porque la yerba se está acabando) y dedicarnos a escribir, leer y caminar. No les vamos a hablar de todo lo que se puede hacer en Tartu, de lo que les vamos a hablar es de otra cosa. Nadie nos había dicho que era una galería de arte a cielo abierto.

Los grafitis no son algo moderno. Desde tiempos ancestrales, el hombre buscó modos de expresarse. Sea para denunciar, para criticar, para festejar o, simplemente, para divertirse. El dibujo y la escritura son dos vías para eso. Tartu podría ser la ciudad dónde todo eso coincide.

Es la ciudad de las universidades y por ello de la juventud. La cultura se palpa en las calle y los grafitis toman las paredes. El street art (arte urbano) se vive en cada esquina y debajo de cada puente, pero siempre bajo ese manto de ilegalidad. Les compartimos algunas de las tantas pintadas que vimos:

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Las paredes hablan. Se manifiestan, se aman, se divierten. Algunas con más carga política, otras con más ingenio y otras mas originales. Pasamos horas en las calles de Tartu mirando arte en las paredes. Saquen sus conclusiones:

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