Category: Polonia
La historia de Gdansk

El destino es el que baraja las cartas, pero nosotros los que las jugamos“.
Arthur Schopenhauer.
Nacido en la ciudad de Danzing, actualmente Gdansk.

Gdansk es una ciudad fantástica, con una historia curiosa. Es polaca, fue un importante puerto comercial hace 700 años, pero también fue alemana y fue libre. Es una ciudad atractiva para incluir dentro de un viaje por Polonia o en las vacaciones de verano.

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I

¿Si les decimos que en Gdansk nos sentimos en Holanda? Y eso que nunca fuimos para allá, pero las construcciones de las casas son parecidas.

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Hace 700 años se fundó la Liga Hanseática que fue una federación de ciudades portuarias ubicadas en el norte de Europa, desde Holanda hasta Rusia. Gdansk era unas de las principales por la construcción naval. Lo que le dio a la ciudad un crecimiento próspero, que quedó en manos de una burguesía que con el tiempo se volvió cada vez más poderosa.

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Es cierto que es una ciudad portuaria, pero mientras estuvimos en Gdansk no vimos el mar, sólo unos canales que sirven para que los barcos naveguen. Todas las calles del centro le dan un aspecto de puerto medieval. Con una gran grúa de hace cientos de años que se utilizaba para descargar mercancías. Esta ciudad tuvo se apogeo hace varios años.

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II

En el centro de Gdansk existe lo que llaman “La ruta real”. Es el camino que hacían los monarcas polacos (si, Polonia fue una monarquía) u otros personajes importantes. Esa ruta es a través de la calle larga (Dluga). Que de larga tendrá 700 metros, pero la misma atraviesa el centro de la ciudad. La misma empieza en la puerta alta, y pasa por lugares como la casa de la tortura (ahora transformado en museo del ambar) o la estatua de Neptuno, Dios del mar.

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Pero no siempre Gdansk perteneció a Polonia, fue parte de Alemania y fue una ciudad libre. Ya en el Siglo XIV era autónoma con sus propias leyes. Pero en la historia reciente, en el periodo de entreguerras también lo fue. Una ciudad libre bajo el protectorado polaco.

Algunos perdieron la cabeza con tanto apogeo

Algunos perdieron la cabeza con tanto apogeo

La calle principal

La calle principal

III

Toda esta libertad se vino abajo con el comienzo de la segunda guerra. Y justamente fue acá dónde comenzó. Los alemanes invaden Polonia, pero primero, más precisamente la ciudad libre de Danzig (actual Gdansk). La madrugada del 1º de septiembre de 1939 comenzó el fuego contra la ciudad. Hitler quería una conquista rápida, veloz, fugaz, que no diera tiempo a reaccionar. Quería solucionar el asunto en cuestión de horas. Les costó 7 días tomar Gdansk. Fue una heroica defensa de los polacos y una costosa victoria alemana.

La ciudad tiene monumentos recordando a los valientes soldados que lucharon y defendieron la ciudad

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IV

Después de la segunda guerra, la ciudad completamente destruida formó parte de Polonia, un país bajo la órbita soviética. Se reconstruyó respetando las edificaciones anteriores.

En nuestro último día de la ciudad fuimos a caminar un poco más lejos. A los astilleros de la ciudad. Lugar dónde el comunismo polaco empezó a caer. Ahí se fundó el sindicato solidaridad en la década del ’80. Primer sindicato independiente de un país del bloque soviético. Al principio fue fuertemente reprimido, pero debido a su popularidad empezaron a entablar negociaciones con el gobierno. El resultado fue las elecciones de 1989 dónde el sindicato gana. Es el primer paso para que Polonia deje de ser un país comunista

Homenaje al sindicato de la solidaridad

Homenaje al sindicato de la solidaridad en la zona portuaria

V

La historia hace a los lugares, y los lugares hacen a las personas que los habitan. Ser de Gdánsk supone haber sido un gran puerto medieval, una ciudad libre, el lugar dónde comenzó la segunda guerra o dónde el comunismo en Polonia encontró su fin.

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Las personas somos 50% personalidad y carácter propio, y 50% cultura e historia del lugar que habitamos. No somos cosas separadas. Somos las dos caras de la misma moneda. La historia moldea el carácter y la personalidad de los habitantes de un lugar, crea identidad.

Intentar saber que significa ser de Gdánsk puede ser una tarea muy compleja.

Dicen que la vuelta al mundo es para darle un aire londinense.

Dicen que la vuelta al mundo es para darle un aire londinense.

Wroclaw y sus duendes

Llegamos a la ciudad filosofando sobre su pasado comunista, sobre los nazis, sobre la identidad de los polacos. A primera vista nos llamó la atención las construcciones: edificaciones de 2 o 3 pisos pintadas en tonos pastel, prolijas y armoniosamente coloridas. Pensábamos demasiado y veíamos todo de una manera muy superficial. Pero Wroclaw nos deparó una sorpresa.

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Fue al cruzar la calle que lo vi. No serían más de 25 cm, de color dorado. Tenía barba, anteojos, y un libro entre las manos. Quedé fascinada. Hacía mucho que no veía uno, aunque pensándolo bien, era la primera vez que los veía. Le aviso a L. para que lo miré, pero estaba muy concentrado mirando el mapa y buscando una dirección. 200 metros más adelante, otro. No lo podía creer. Eran muchos, y estaban en las veredas, en las vidrieras, en las columnas.

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Quiero que L. también se percate de su presencia, pero no me oye. Y ahí mi cabeza entra en una suerte de limbo. Alguien me empuja la mochila. No sé si es que alguien me choca o yo me lo llevo puesto. Siento que me tiran de la mochila de mano en dirección al suelo, tropiezo, me enredo con los cordones de las zapatillas que tengo misteriosamente desatados. Pierdo el equilibrio. Me voy cayendo de costado, busco con la otra mano agarrarme de algo. Ya no puedo sostenerme, me caigo. Veo la cabeza dorada, y escucho el impacto. Me caí al piso, me tropecé con un duende. Con otro duende.

  • ¡Qué la ciudad está llena de duendes! Es lo último que alcanzo a gritar. Me toco la cabeza, creo que me sale sangre.
  • ¿Queeeeeeeé? Dice L. con cara de asombro y extrañeza ante mi enriedo con el duende. Yo lo miro desde el piso y cierro los ojos.

Abrí los ojos esperando encontrar a él, sólo quería hielo y un ibuprofeno. Me toqué la cabeza, tenía un chichón. Lo curioso es que no encontré a quién pensaba encontrar.

Dos duendes venían con una escalera. Parecían bomberos. Trato de preguntarles algo pero me percato de que los duendes no hablan. Me recuerdo, una vez más, que los cordones de mis zapatillas son muy largos. Si no quiero seguir tropezando tengo que cortarlos.

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Desde una esquina alguien me habla. No entiendo que me dice, creo que me habla en ruso. Me pregunta dónde estoy. En Wroclaw naturalmente, le respondo. Se ríe de mi pronunciación. Veo que se acomoda sobre la pared, endereza la espalda y se prepara. Se prepara cómo cuándo alguien va a contar una buena historia. Yo, complicada en el suelo me dispongo a escuchar.

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“La historia moderna de Wroclaw comienza con la segunda guerra. Dónde se convirtió en la ciudad de los muchos nombres, y de los muchos países también. Es difícil nombrarla, en polaco es Wroclaw pero se pronuncia “Vroslav”, en español es Breslavia y en alemán Breslau.

Hasta mediados del S. XX era parte de Alemania. Con el desenlace de la segunda guerra, se convirtió en territorio polaco. Polonia cambió todas sus fronteras luego de la guerra. Basta ver el mapa para observar cómo se movió hacia la izquierda el país (y no sólo territorialmente). Por eso se produjeron grandes migraciones. Por ejemplo varios habitantes de Leópolis, que fue parte de Polonia hasta la segunda guerra (actualmente es Ucrania), se trasladaron a Wroclaw. Cuando llegaron se encontraron con la sorpresa de que la ciudad seguía poblada por algunos alemanes que aún no se habían marchado. De pronto, tenían que habitar una casa llena de muebles alemanes y quizá con algún alemán que estaban ahí.

Monumento alemán tapado con un monumento ruso por delante

Monumento alemán tapado con un monumento ruso por delante

Al final de la segunda guerra, Polonia entra en la órbita soviética. El comunismo de prepo nunca le sentó bien al país. Fue a comienzo de los ’80 dónde algunas agrupaciones políticas comienzan a protestar contra la economía rusa. Fue entonces que aparecimos nosotros.”

Lo dijo todo demasiado rápido y prolijo. Se notaba que se lo sabia de memoria. No era la primera vez que lo contaba, y yo, no era la primera vez que lo escuchaba. La historia del pasado alemán y comunista de Polonia se venía repitiendo a lo largo de todas las ciudades que veníamos visitando en el país. Lo que no entendía era la relación entre duendes y el fin del comunismo. Sabia que estos tipos eran mágicos, pero en la política la magia no tiene lugar.

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“Los protestantes, llamados “alternativa naranja”, solían identificarse con un gorrito alargado y en honor a ellos se hicieron varias estatuas rindiéndoles homenaje. Así llegamos nosotros.”

Le pregunto cuántos son. Me dice que no tienen idea, que cerca de 200 quizá.

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Le preguntó por el corazón de la ciudad. Quizá era lo que L. buscaba en el mapa. Yo creía que el centro de la ciudad era la plaza Rinek que oficia de mercado de artesanías, de lugar de encuentro, de músicos callejeros, de fuentes refrescantes y de lugar de juego para los niños y sus burbujas. En el medio de la gran plaza hay una catedral, un edificio del ayuntamiento y un reloj astronómico. Quedo sorprendida con su respuesta. “El centro de la ciudad somos nosotros, nena”.

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Si bien es cierto que la ciudad tiene muchas influencias, toda esa mezcla cultural que fue Polonia coincide en Wroclaw: se ve en las calles, en la arquitectura, en los rasgos de sus habitantes, en sus costumbres, en su lenguaje (muchísimos hablan el alemán cómo segunda lengua) y en su modo de pensar.

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Nadie me había hablado de Wroclaw cómo la ciudad de los duendes. Los polacos prefieren llamarla la ciudad de los ríos, los canales, las islas y los puentes, le dije un poco decepciona.

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Sí bien él afirma que es una ciudad verde y con el gran río Oder que riega toda la ciudad, duda sí es cierto que hay más de 100 puentes en la ciudad. Y eso en verano se aprovecha. Los barcitos de la costanera estaban repletos, las plazas llenas de jóvenes haciendo picnics. Mucha gente en bicicleta, muchas parejas enamoradas y muchos turistas paseando.

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“En realidad la ciudad entera son sólo 12 islas interconectadas por 112 puentes”, dice María. Mientras andamos en bicicleta por la ciudad. Ella es polaca, vive en Buenos Aires, pero es oriunda de Wroclaw. Vino en las vacaciones a visitar a su familia y amigos. Ella no cree en los duendes, pero que los hay los hay.

Auschwitz

Hace más de diez días que fuimos a Auschwitz, y aún siguen dando vuelta aquellas imágenes. En estas humildes líneas buscamos transmitir un poco lo que sentimos estando ahí:

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  • Imaginate que sos el sostén de una familia polaca en la ciudad de Lodz a fines de los años ’30. Junto con tu mujer criaron tres hermosos hijos. Un varón de quince, una nena de diez y el hijo menor de cinco. También vivían cerca tus padres, son un poco mayores y están entrados en edad.
  • Imaginate que un día comienza la guerra y los alemanes empiezan a invadir tu país.
  • Imaginate que antes de que reacciones, Alemania gana la guerra y Polonia, una vez más, pierde su soberanía.
  • Imaginate que a muchos amigos y familiares se los llevan para Alemania a trabajar en fábricas. No tenés ninguna noticia de ellos.
  • Imaginate que te mudan a un barrio cerrado por muros. Tu familia, incluidos tus padres tienen que compartir la casa con otras familias. La policía alemana controla la entrada y salida del gueto. Tanto de personas cómo de víveres.
  • Imaginate que por esa causa empieza a escasear la comida y la situación se vuelve cada vez más desesperante.
  • Imaginate que por el hacinamiento, el desborde de las tuberías y la falta de limpieza las enfermedades contagiosas se propagaban con rapidez.
  • Imaginate que a causa de la escasez de alimentos y por tener las defensas bajas tu hijo menor muere. No es la primer muerte que te toca vivir de cerca, pero si la que más te duele.
  • Imaginate que alguna de esas enfermedades contagia a tu madre y empiezan los problemas con los otros habitantes de la casa, ellos insisten en que se vaya. A los pocos días muere. Te consolás pensando que ya estaba vieja, mejor que no sufra tanto.
  • Imaginate que tus compañeros de casa se suicidan porque no aguantan más la desesperación. Dejando a tu cargo a dos chiquitos de seis y ocho años.
  • Imaginate que el de seis ni se quiere levantar de la cama para jugar afuera. Muere al poco tiempo de inanición.

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  • Imaginate que los alemanes te ofrecen ir a un lugar mejor, con casa, trabaja y un futuro próspero. Querés ir de inmediato, sin dudarlo.
  • Imaginate que vecinos te dicen que es peor ir ahí, que es una mentira, que te mandan a campos de concentración a trabajar. Elegís no creerles.
La entrada de Auschwitz

La entrada de Auschwitz

  • Imaginate que pensás que no puede haber nada peor que esto, y cuando viene el tren vos y tu familia, mas el chico que adoptaron se suben con sus pocas pertenencias.

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  • Imaginate que el viaje en tren es de cinco días. Van en un vagón 80 personas. Donde sólo hay una pequeña ventana y un balde de agua y otro para las necesidades. No sólo hay judíos, también viajan con vos polacos, gitanos y eslavos.

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  • Imaginate que no tiene comida en todo ese viaje, y cuando llueve sacan la mano por la ventana para después chuparla y poder tomar algo de agua.
  • Imaginate que en ese tren también muere gente, y el cuerpo sigue viajando con vos.

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  • Imaginate que llegan, el sol los encandila. Los obligan a dejar todas sus pertenencias en un costado. Los hacen formar dos filas. Vos y tu hijo de quince están en una. Tu mujer, tu hija, tu padre y el otro nene en otra. A ellos le dicen que pueden tomarse una ducha caliente, vos los ves alejarse confiados.
Por este pasillo ves alejarte a tu familia. Es la última vez que los ves.

Por este pasillo ves alejarte a tu familia. Es la última vez que los ves.

Rastros de una cámara de gas que los nazis explotaron ante la rendición alemana.

Rastros de una cámara de gas que los nazis explotaron ante la rendición alemana.

Latas vacias del gas tóxico que utilizaban

Latas vacias del gas tóxico que utilizaban

  • Empezas a sospechar. A tu alrededor solo ves cercos electrificados, grandes paredones y torres con soldados controlándolo todo. Ves a otras personas, ninguna parece estar disfrutando. Con una mirada complice te dan una dolorosa bienvenida. Ves una pila de cuerpos a la que van sumando a quienes no sobrevivieron al trayecto del tren. Querés gritar, pero no podés. Ya es tarde.

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  • Imaginate que el oficial que te recibe te dicen que la única forma de salir de este lugar es a través del humo de la chimenea.
Esa chimenea estaba sobre los crematorios, al lado de las cámaras de gas.

Esa chimenea estaba sobre los crematorios, al lado de las cámaras de gas.

  • Imaginate que te rapan y te tatúan el número de identificación en el brazo.

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  • Imaginate que te mandan a un pabellón con piso de barro y camas con paja. El frío empieza a azotar. Por suerte te mandan junto a tu hijo. En realidad ese pabellón era un viejo establo con capacidad para 50 caballos, ahora alberga a 400 personas.

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  • Imaginate que todos los días te levantan al amanecer y te hacen formar afuera hasta que los cuentan a todos. Parados en el frío, desabrigados y sin moverse. Si alguno muere, los propios compañeros lo arrastran hasta afuera para no demorar el conteo. Previamente, pelean por quien se queda con sus zapatos y sus abrigos, si es que tiene.

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  • Imaginate que no sabés nada más del resto de tu familia.
  • Imaginate que empezas a imaginar que les pasó.

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  • Imaginate que tu hijo que antes pesaba 60 kilos ahora pesa 25. La dieta consiste en una taza de café por día y una sopa.

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  • Imaginate que el único familiar que te queda muere también.
  • Imaginate que te obligan a dejar todo y empezar a caminar. Es una gran hilera. Cualquier prisionero que no podía seguir, debido a la falta de comida o enfermedades era asesinado. Uno por uno ves morir a tus compañeros.

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  • Imaginate que esto no tiene un final feliz.
  • Imaginate que esto no es ficción y pasó de verdad hace 70 años.
  • Imaginate que si no pensamos con delicadeza, corremos el riesgo de que se vuelva a repetir. Reflexioná sobre lo importante que es trasmitir tolerancia.
Imaginate que está sea tu imagén del cielo antes de morir

Imaginate que está sea tu imagén del cielo antes de morir

Así de duro es visitar los campos de concentración y exterminio en Auschwitz. Esperamos sepan comprender la rudeza de nuestras palabras.

Mis fantasmas en Cracovia

La primer vez que oí hablar de Cracovia fue hace más 10 años. No me acuerdo si era invierno o verano, pero estaba jugando con unos amigos a un juego de mesa. Tiró los dados, cae en el color azul. Las preguntas son de geografía, y tiene estrella. Si respondemos bien, ganamos el partido. Aún recuerdo la pregunta con total claridad y no sé porque ese recuerdo perdura entre mis pensamientos.
– ¿Cuál es la capital de Polonia? Si les digo las opciones, pierden la estrella.
No teníamos ni idea. Pedimos las opciones.
– Cracovia, Varsovia y Bratislava.
Tampoco teníamos idea. A los 13 años cuesta tener alguna idea. Cada uno se inclinó por una respuesta distinta. Terminamos diciendo Cracovia. Perdimos.

***

Me levanté con la boca seca. Tal vez porque el día anterior fuimos a Auschwitz y los sueños no fueron más que pesadillas. Tomé todo el agua que teníamos, seguía con la boca seca. Puse la boca bajo la canilla, pensé que nunca podría saciar mi sed. Miré por la ventana, recién estaba amaneciendo. Me cambié sin despertar a L. y salí a la calle.

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Cracovia es una ciudad gris. Todo está en blanco y negro, incluso yo. En este lugar a mis ojos le falta la capacidad de distinguir colores.

La catedral de Cracovia

La catedral de Cracovia

Vago errante saltando entre los rayos de sol, porque las sombras me dan miedo, son muy oscuras. Stare miasto, a esta hora, es un lugar abandonado y decrépito. La gran catedral gris cubre todo de sombras. Decido caminar un poco más hasta el castillo. Quizá la vista al río me ayude un poco.

El castillo de Cracovia

El castillo de Cracovia

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Me siento en un banco de la plaza tratando de componer las ideas. Primero la sed, después los colores. La ciudad me va transformando de a poco en algo, pero no sé en que. Al lado mío se sienta un vagabundo. Huele mal, muy mal. Para colmo enciende un cigarrillo y me tira el humo en la cara. Antes de que puede levantarme para irme me empezó a hablar.

-¿Te molesta el olor?
Sin esperar una respuesta me toca la nariz. Ya no huelo más nada.
– Los sentidos, eso perdí en esta ciudad.- Le dije contento. Cómo si hubiese encontrado algo más que perderlo.
– No, no son los sentidos, es tu mente. Vos ya dejaste de sentir hace rato.
– Es mentira. Esta ciudad me está transformando. Varsovia era diferente, con más color, con más gusto, más olores.
– Era así porque vos quisiste que así fuera. Cracovia, en cambio, nunca te gustó y nunca te va a gustar. A menos que cambies tu mente.
– ¿Qué tengo que hacer para cambiarla?
– Dejar de pensar tanto y empezar a sentir más.
En ese momento veo que le falta una pierna, inmediatamente asocio todo y le grito
Chmielowski, ¿sos vos?
– Te dije que dejes de usar la mente.
Saca una daga y me la clava en el abdomen.
– Todavía no estas listo para esta ciudad. Fue lo último que oí.

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***

Me despierto de un salto. Me levanto la remera asustado. No tengo ninguna cicatriz, pero siento el pinchazo. Por el movimiento que hago, L. se despierta

– ¿Pasa algo?
– Nada, sólo que últimamente me cuesta dormir

Nos levantamos, la sensación de sed seguía. Tomé todo el agua, salimos juntos, sólo no hubiese podido. A cada paso sentía más dolor en el abdomen, pero trataba de disimularlo lo mejor posible. Mientras L. sacaba fotos, yo me levantaba la remera para comprobar una vez más que no tenia nada. A L. le sonreían y yo me sentía un paria, los perros me ladraban, la gente del mercado vigilaba sus cosas por miedo a que les robe y los vagabundo me proferían insultos.

Incluso Juan Pablo II parecia mirar mal

Incluso Juan Pablo II parecia mirar mal

Fuimos hasta el barrio judío, dónde estuvo el gueto. Ahora se convirtió en un barrio hipster de moda. A la gente no parece importarle tremendo cambio. El paria soy yo.

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Seguimos caminando, sorprende la cantidad de iglesias en tan pocas cuadras, pero para mi, todas son iguales, grises. Con una sonrisa L. me mira:

– Se parece a Praga ¿No?
– Si, en un momento fueron parte del mismo reino.

Con la guerra no fue igual.

Con la guerra no fue igual.

Apenas termino la frase siento un ardor en el abdomen. “No pienses tanto, empezá a sentir más” se repetía una y otra vez en mi mente. Se larga a llover con todo, lo tomo cómo una excusa para volver.

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– Vuelvo al hotel, no me siento bien, pero vos quédate.
– ¿Querés que te acompañe?
– No dejá, no te preocupes.

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Me fui por el sol que comenzaba a asomar tras la tormenta de verano tratando de convencerme que todo fue un mal sueño. Lo repetía una y otra vez para mis adentros. Las cosas lentamente iban volviendo a la normalidad. La sed había desaparecido y los colores empezaban a diferenciarse.

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Me meto en un mleczny bar (comedores polacos populares y baratos, remanentes de la época comunista) para comer algo, me pareció que la última comida había sido hace una eternidad. Pedí unos pierogi y me siento afuera para que el viento me erice la piel. Lo veo a lo lejos venir con sus muletas. De alguna forma lo estaba esperando, ya había pedido dos platos. Se sienta al lado mío en silencio y empieza a comer con una velocidad demencial. Yo ni había probado mi comida. Cuando termina de tragar, y con algunas migas en la barba me pregunta:

– ¿Aprendiste algo en Cracovia?
– Si, que todavía no estoy listo para disfrutar de una ciudad desde los sentidos.

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Si quieren leer una crónica con más color y más tangible les recomendamos leer al colega Pablo García en: Recorriendo Cracovia en 1 día, o mejor en 2… o mejor en 3!

Varsovia con acento rioplatense

Varsovia, podría representar múltiples sentidos. Podría ser muchas cosas. Algunas más alegres que otras, algunas más tangibles que otras.

Vista panorámica de Varsovia

Vista panorámica de Varsovia

Varsovia podría ser:

  1. La ciudad del gueto. Allá se construyó uno de los primeros guetos judíos en la época de la Alemania nazi. También uno de los más grandes.
  2. La ciudad de la que salían trenes repletos de personas rumbo a distintos campos de concentración y exterminio. Siendo Auschwitz uno de los más famosos.
Sitio por el que pasaban las paredes del gueto de Varsovia

Sitio por el que pasaban las paredes del gueto de Varsovia

  • La ciudad en la cual los judíos se revelaron en el ‘43. Intentaron oponerse a lo temible de las deportaciones. El levantamiento duró poco.
  • La ciudad dónde vivió el pianista del gueto de Varsovia, sea el libro, la película o la canción de Jorge Drexler. El famoso pianista existió.
  • Pero no solo los judíos eran deportados. Gitanos, polacos, católicos, todo daba lo mismo. La raza aria era sólo una y ellos no tenían lugar. Los polacos no-judíos también eran confinados a fábricas y trabajos insalubres o en el mejor de los casos, al exilio. También se rebelaron, en el famoso “Levantamiento de Varsovia” en el ’44. Supusieron que al combatir contra los alemanes iban a contar con el apoyo de los rusos que ya estaban en tierras polacas. Pero no, los soviéticos miraron el levantamiento sin intervenir. Dejaron que los polacos peleen solos. Los otros aliados tampoco les dieron mucha ayuda. Las armas que consiguieron los polacos fueron demasiado pocas frente al poderío nazi. El levantamiento duró varias semanas, las cifras de muertos fue muy alta. Hitler, al enterarse de la revuelta, ordenó destruir la ciudad por completo, eso incluyó a todos los habitantes.
Con ese brazalete se identificaban a los polacos

Con ese brazalete se identificaban a los polacos

  1. En la época de la división de Polonia, Varsovia paso a ser parte de Alemania. Hitler y Stalin firmaron un acuerdo dónde pacíficamente se dividían las tierras polacas entre ambos regímenes. Ahí empezó al segunda guerra mundial.

Varsovia - Polonia -12

  • Una ciudad hermosa, pero que fue totalmente bombardeada. Salvo el barrio de Praga, dónde ahí quedan algunas construcciones de antes de la guerra.
Un altar que sobrevivió a la guerra

Un altar que sobrevivió a la guerra

  • Varsovia podría ser la ciudad dónde nació Copérnico o Chopin.
Estatua de Copérnico

Estatua de Copérnico

En la catedral descansan los restos de Chopin, o eso dicen

En la catedral descansan los restos de Chopin, o eso dicen

  1. La ciudad dónde vimos a Kapuscinski. Ese escritor reportero polaco que nos inspiró a viajar y a ver el mundo con otros ojos. A él lo vimos en los ojos de decenas de polacos y también lo vimos en el cementerio. Dudamos si llevar flores o no. Ir a ver a alguien al cementerio es raro, más si es alguien que uno no conoció personalmente. Pero a Kapuscinski no se le llevan flores. Si a Jim Morrison se le llevan cigarrillos, si a la difunta correa le llevan botellas de agua, a Kapuscinski se le llevan biromes.

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  1. La primer ciudad de Polonia que conocimos. Totalmente arbitraria. Podríamos haber llegado a Cracovia o a cualquier otra ciudad polaca.
El centro de Varsovia

El centro de Varsovia

  1. Una ciudad muy amigable, con un gran centro peatonal reconstruido exactamente igual a como estaba antes de la guerra. Tal es así, que hoy en día es patrimonio de la Unesco. Una ciudad con palacios, puentes, mercados, plazas y muchas iglesias y catedrales.
El casto histótico

El casto histórico…

... y divertidas ventanas

… y divertidas ventanas

Varsovia - Polonia -8

  • La ciudad de la sirenas. La sirena es el símbolo de la ciudad, cada varsoviano tiene una versión diferente del origen, pero todos coinciden en que esa sirena es la protectora y guardiana de la ciudad.

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  • Una ciudad dónde cada tantos metros hay un piano en la calle, y los más probable es que algún pianista esté tocando alguna música de Chopin.
Los recitales gratuitos convocan a muchísima gente

Los recitales gratuitos convocan a muchísima gente

  • Podría ser la ciudad que aún conserva un inmenso regalo de los rusos: el Palacio de la cultura y la tecnología. Un edificio impresionante, replica del Empire State de Nueva York. Uno de los emblemas de Varsovia pero del cual los polacos no querían saber nada.

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Pero Varsovia fue otra cosa para nosotros. Nos cuesta pensar en Varsovia únicamente en términos polacos. No estamos hablando de guerra ni de ocupaciones, sino que nuestra estadía fue un volver al Río de la Plata.

Nos alojamos en la casa de P&E, a quienes conocimos por Couchsurfing. Dos enamorados de nuestro país, que no sólo viajaron varias veces a Sudamérica sino que hablaban un español perfecto con acento rioplatense. “Che, boludo, laburo” son parte de su vocabulario, mate y dulce de leche, parte de su dieta.

Gaseosa a base de yerba mate

Gaseosa a base de yerba mate

Habíamos llegado a Varsovia buscando la reconstrucción de un pueblo que perdió todo lo que tenia en la guerra, buscando su pasado comunista y su frágil relación con los rusos, buscando a Kapuscinski y a sus huellas. Lo que no esperábamos encontrar en Varsovia era un puente de 12.000 kilómetros que nos lleve en unos instantes a otro continente, a casa. Pasamos de comer unos pierogi (típica comida polaca, parecidas a unas empanadas hervidas) a mirar 25 watts (película uruguaya). De ver todos los carteles en polaco y no saber ni como pronunciarlos a hablar con un poco de lunfardo.

Más que de Chopin y de Juan Pablo II, nosotros hablamos del Chango Spasiuk y de Maradona.

Pateamos bastante por la capital polaca, sea por sus museos o por el casco histórico, intentando reconstruir algo de lo que allá pasó, pero no vamos a mentirles, para nosotros, Varsovia tiene acento rioplatense.

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