Category: Misceláneas
Nostalgia de India

Me levanté en una Barcelona lluviosa y fría. Sola.

L. está en Croacia. Me vestí, comí un poco de fruta y en piloto automático encendí la computadora. Youtube. Ciclo de mantras indios agrupados bajo el título de “Morning Mantras”.

No sé como llegaron esos mantras a nosotros pero los adoptamos como propios, sobretodo mientras estábamos de viaje y teníamos toda nuestra vida circular y rutinaria. Si, nunca tuve más rutina que estando de viaje. Desayunar, escribir, mirar un mapa, decidir que hacíamos ese día.

Lo cierto es desde que nos vinimos a Barcelona (ya casi 9 meses) nunca había escuchado los mantras mañaneros.

Hoy sí. Y sin pensarlo ni planearlo. Y no puedo menos que sentir una enorme nostalgia de India.

El otro día alguien mencionó que habíamos vivido mucho tiempo en Asia. Le dijimos que no, que vivir lo que se dice vivir, no. Vivir en un lugar para mi es comprar en la misma verdulería, conocer al cajero del mercadito y tomar un té siempre en la misma taza. Pero en cierta parte, era verdad, vivimos en Asia. Pasamos más dos años recorriendo el continente asiático. De esos dos año, un año entero fue en India. Si, esa India sucia, caótica, desprolija, pobre pero que a mi (a nosotros) tanto nos gusta.

La primera vez que pisamos el país fue en abril del 2013. No sé porque fuimos a India. Nuestro plan inicial era viajar un año por Argentina. Pedir licencia en el trabajo y volver al poco tiempo. Lo cierto es que nunca volvimos. Tampoco nunca viajamos por Argentina. Un domingo de navidad sacamos el pasaje a India sin tener idea en qué nos metíamos.

Y así llegamos a India. Sin tener idea de en dónde nos metíamos, literal. Claro que al principio no fue fácil. Por su puesto, fue más que difícil adaptarse, al menos, para mi. Ludmila, chica del conurbano. Nunca había visto un mono colgado de un templo. Nunca había visto mujeres con sari y hombres con turbante. Apu de Los Simpson era mi único contacto con la cultura india. No comía picante, no me gustaban los olores y no me acostumbraba a esquivar vacas.

Lloré. Lloré dos días y pasé una semana enferma. Y me encantó. India me encantó. No sé qué, no sé cómo, no sé por qué. No soy yogui, no creo en Shiva ni en dioses azules con cabeza de animales. No creo en el río Ganges ni creo en las castas.

En realidad, si sé porque me gusta India. Porque, en realidad, me gusta como soy yo en India. Y eso que no me visto ni de Ravi Shankar ni mucho menos. Pero me gusta el no ser nadie. En India, fui centro de miradas pero nunca me importaron.

En India, pude pasarme una tarde entera sentada tomando un chai largo e infinito. En India escribía, pintaba, andaba en sandalias de goma y sólo tenia una remera que debería lavar todas las noches para volver a ponérmela limpia. En India soñé, soñamos, en escribir un libro.

India no nos fue indiferente. Y no puedo más que sentir cosquillas en la panza y que se me dibuje una sonrisa en la cara cada vez que nos pienso allá.

El año que pasamos en India no fue de corrido. Por visados, tuvimos que entrar y salir en cinco oportunidades. Las cinco veces que dejé India lo hice contenta de irme, porque India satura. Y las cinco veces, le pedí a Lucas que me haga acordar de mi cansancio y tedio cuando diga que quiera volver.

Pero no funciona. India me exprime la calma, me cachetea, me pega donde me duele, pero a la vez me abraza. India enseña, y hoy…. Una mañana de otoño en una Barcelona que quiere ser independiente, la nostalgia de India se me cuela en las manos. Debería estar escribiendo para terceros, cosa que pasa cuando vuelve al sistema. Pero el ciclo de “morning mantras” sigue sonando en Youtube y tengo muchas ganas de tomarme un chai.

También de retomar el Blog.

La excusa para hablar sobre nosotros

“Twenty years from now you will be more disappointed by the things that you didn’t do than by the ones you did so. So throw off the bowlines. Sail away from the safe harbor. Catch the trade winds in your sails. Explore. Dream. Discover.”

Mark Twain

“Nuestra historia es simple. Podría ser la historia de cualquiera persona acá presente, pero con sólo una única diferencia: Nosotros nos animamos. Nosotros tomamos la decisión y lo hicimos: salimos a cumplir nuestro sueño. Uno de nuestros tantos sueños.”

presentación - aktau - kazajistan -2

Así comenzaba la charla que dimos semanas atrás en Aktau, una ciudad de Kazajistán ubicada a orillas en el Mar Caspio. La charla tenía lugar en la terraza de un hotel cinco estrellas, ubicado frente al mar, desde donde se veía el sol caer como una bola roja sobre la perfección del horizonte.

Había casi veinte mesas, todas ocupadas. Los kazajos son elegantes y esa terraza invitaba a hacerlo. Todos estaban bien vestidos, tomando una margarita y comiendo quesos franceses.

Ahí estamos nosotros dos, improvisando una charla mitad en inglés, mitad en ruso, en zapatillas. Haciendo lo que más nos gusta, contar historias:

***

presentación - aktau - kazajistan -3

Somos Lucas y Ludmila, de Buenos Aires, Argentina. Casi treinta años y una carrera universitaria. Vivíamos en un lindo departamento amueblado, teníamos un auto, libros, electrodomésticos y un balcón con muchas plantas. Un día, decimos deshacernos todo. Renunciar a nuestros trabajos, regalar las plantas y donar nuestra ropa. Ese día sacamos dos boletos de avión con destino a Nueva Delhi, India. No teníamos previsto fecha de regreso.

Nuestra familia y nuestros amigos nos trataron de locos. Estábamos equivocados. Estábamos a punto de desperdiciar toda nuestra vida. Teníamos que casarnos, tener hijos, formar una familia, comprar más plantas y conseguir un trabajo mejor. Pero nosotros no queríamos eso para nosotros. Al menos, no en aquel momento. Nosotros queríamos viajar. Conocer el mundo y conocer las personas que habitan el mundo. No queríamos quedarnos sólo con los estereotipos que vemos en televisión ni con los libros de historia, queríamos conocer el mundo de primera mano: a través de nuestros propios ojos y en profundidad.

presentación - aktau - kazajistan -4

Llegar a India no fue fácil. Nosotros también teníamos nuestros propios miedos. Nunca habíamos viajado tan lejos ni a culturas tan distintas. Los primeros cinco minutos en la estación de Nueva Delhi fueron terribles: bocinas, ruido, gente, olores fuertes, vacas, basura, mendigos, niños desnudos pidiéndonos plata. Fue un golpe duro. Una cachetada. De pronto y por arte de magia, habíamos dejado la burbuja en la que vivíamos en Buenos Aires y habíamos llegado a la otra punta del mundo. Una parte del mundo donde pasan cosas, donde estallan bombas, donde la gente tiene hambre y donde las vacas se pasean por las calles. Todo lo que habíamos visto de India en películas y documentales, ahora cobraba vida delante de nuestros ojos.

presentación - aktau - kazajistan -5

Mis pensamientos fueron dos: “Esto es de verdad y yo quiero volver a mi casa”. En ese instante, un grupo de mujeres nos rodeó y empezaron a tirarnos de la ropa y de las mochilas pidiéndonos plata. Yo quería llorar. Como pudimos, conseguimos una habitación en un hotel mugriento. Me pasé una semana enferma. Triste, descompuesta y dudando de haber tomado la decisión incorrecta. Pero ya estábamos ahí. Habíamos volado desde Buenos Aires y no teníamos fecha de regreso. Decidimos tomar coraje y darle una nueva oportunidad a India. Sacamos un boleto de tren hasta Amritsar, la frontera con Pakistán.

presentación - aktau - kazajistan -6

presentación - aktau - kazajistan -7

De aquel día pasaron más de tres años. Tres años en los que estuvimos viajando alrededor del mundo. Hasta el momento, recorrimos más de cuarenta países en tres continentes: América, Europa y Asia (nuestro favorito).

presentación - aktau - kazajistan -8Tres años donde conocimos infinidad de personas, de historias, problemáticas sociales, modos de pensar, distintas religiones y distintos modos de vivir. Donde aprendimos historia, geografía, religión pero donde, sobre todo, nos enfrentamos a la cantidad de prejuicios y desconocimiento que tenemos. Pero en estos tres años no solo viajamos de un lugar a otro, de un país a otro, sino que, también, escribimos sobre nuestro viajes. Documentando todo lo que vimos para que quienes no pueden viajar, si lo hagan desde la comodidad de sus casas. Escribimos, también, para achicar distancias culturales. A fin de cuentas, sólo conocemos el mundo a través de los diarios y la televisión y ellos nunca dicen la verdad.

Por ejemplo, de los países en vías de desarrollo recibimos solamente malas noticias. Unas de las cosas buenas de ser escritores de viaje es que podemos dar buenas noticias de lugares como Bangladesh o Bosnia y Herzegovina (que suenan como países terroristas). Ellos son personas como nosotros, amán, sueñan, llorar, ríen, festejan. Las diferencias culturales son algo mínimo pero nos hacen creer que es el todo.

Sí, lo primero que aprendimos en estos tres años de viajes es que a los países los hacen las personas que en ellos habitan. Nos pasó en Europa, cuando estábamos a punto de cruzar a Rusia en pleno conflicto con Crimea. Todos nos decía que Rusia era peligroso, que nos iban a secuestrar y a matar. ¡Que no vayamos por nada del mundo!

presentación - aktau - kazajistan -11

En total estuvimos casi tres meses en Rusia; Cruzamos desde San Petersburgo hasta Mongolia. Más de 6.000 kilómetros donde casi exclusivamente hicimos dedo (autostop). Nadie nos mató, ni nos secuestró. Al contrario, el pueblo ruso fue uno de los más hospitalarios. Son buena gente pero con muy mala prensa internacional.

presentación - aktau - kazajistan -12

La gente de los distintos países está dispuesta y orgullosa de mostrarte su cultura. Los niveles de hospitalidad que uno recibe en la ruta son increíbles. Sobre todo en países que están catalogados como “Ahí no hay que ir”.

presentación - aktau - kazajistan -15

Nosotros no viajamos de manera superficial. Tratamos de meternos en cada destino y no somos los únicos. Cada vez es más la gente que se toma el viaje como un estilo de vida y no como un simple plan de vacaciones dos semanas al año. Podemos decir que no viajamos por las fotos, ni para sacarnos una selfie, viajamos para aprender a ser mejores personas.

presentación - aktau - kazajistan -16

Pero no siempre nos va bien en el viajar. Muchas veces nos encontramos en situaciones peligrosas donde tuvimos miedo. Ante cualquier situación complicada o que nos sentimos inseguros siempre tenemos un arma que nos protege y que hasta ahora nos va muy bien: SONREÍR.

También confiar en el instinto. Cuanto más lo usamos, más aprendemos a escucharlo. Viajar es fácil, en lugares remotos no hay que entrar en pánico, simplemente hay que rodearse de buena gente y ver que la gente en todo el mundo va a tratar de ayudarte y no de lastimarte.

En resumen, podemos decir que viajamos para

√ Aprender: Historia, cultura o religión, por ejemplo. Aprendemos de las cosas buenas de cada país y tratamos de implementar en nuestro día a día y también, aprendemos de las cosas malas. Tratando de evitarla y cambiar.

√ Conectarnos: Con nosotros mismos, con la naturaleza, con las personas.

√ Sorprendernos: Viajando descubrimos todo un mundo nuevo del cual no teníamos idea.

presentación - aktau - kazajistan -13

Viajar, por su parte, atenta contra nuestro etnocentrismo. Nos muestra que no somos los únicos, ni los mejores. Que nuestro país no es el ideal, que nuestras políticas internacionales no son buenas, que nuestro empleo es malo, etc. Nos demuestra que las cosas no son como creemos que son. Viajar nos obliga a cambiar el chip básico de la vida. Y para eso la empatía es primordial, conocer al otro, comprenderlo y no juzgarlo sólo por ser distinto.

Durante el viaje hicimos cosas que nunca creímos que íbamos a hacer, conocimos personas que nos cambiaron y vivimos cosas que vamos a recordar por el resto de nuestras vidas.

Mucha gente cuando le contamos de nuestra historia nos dice: “Oh, yo quiero viajar tanto como ustedes”, y la realidad es que la mayoría de nosotros en este recinto, en realidad, puede hacerlo. El mundo no es un lugar peligroso como nuestras familias, los medios y la sociedad nos hace creer. Se necesita tiempo, que es algo que todos tenemos. Y es mentira que se necesita coraje, simplemente un poquito al principio para comenzar. Tampoco se necesita ser millonario ni gastar miles de dólares. Los gastos se resumen en tres grandes grupos. Transporte, comida y alojamiento. Si se lleva esos gastos a un mínimos aceptable (para uno mismo) puede llegar a ser más barato que vivir en tu propia ciudad. Para eso se necesita ingenio: La necesitad es la madre de las invenciones.

presentación - aktau - kazajistan -17

Pero viajar también tiene su parte negativa, por eso no es para todos. Uno a veces extraña, se siente solo (por más que viajemos acompañados), uno se enferma, hace mucho calor o mucho frío. Si uno supera eso y sale a la ruta con ánimos entonces significa que la ruta es el camino.

presentación - aktau - kazajistan -14Los viajes dependen en definitiva de la gente que uno conoce. Playas paradisíacas, fiestas o paisajes increíbles no se disfrutan si uno no conecta con la gente adecuada. La mejor manera de describir un paisaje es a través de la gente que lo habita. Y estas cosas pasan cuando uno deja la comida del sillón, apaga la televisión y empieza a vivir la realidad por si misma.

Cruzamos Rusia de punta a punta, estuvimos en el desierto de Gobbi, en la muralla China y en el Tíbet. Descansamos en las playas de Tailandia y tomamos el café más rico del mundo en Vietnam. Nos tomamos un barco por cinco días para ir a las Islas Andamán, estuvimos un año en India viviendo en monasterios y con monjes budistas, nos bañamos con elefantes y aprendimos a comer con las manos en Bangladesh y con palitos chinos en China. Estuvimos tres veces en Kazajistán y recorrimos la ruta de la seda. Estuvimos en Europa, cuatro meses yendo desde Croacia hasta Estonia. Reconstruimos la antigua Yugoslavia, y la ex – Checoslovaquia. Ahora, estamos recorriendo la URSS y luego, Irán. Nos gustan los viajes cargados de historia, de política y nos apasionan los destinos/lugares no comunes. Viajamos por países ricos y por países en desarrollo, viajamos en primera clase de trenes súper rápidos y viajamos a dedo. Dormimos en carpa y en hoteles de cinco estrellas. Comemos con las manos, con palitos chinos y cubiertos de plata. Nos adaptamos, nos flexibilizamos.

Viajar, hoy para nosotros, es sinónimos de vivir. Nuestra vida es el viaje, por que a fin de cuentas, es el modo que encontramos de sentirnos vivos. Y en el peor de los casos, es el modo de juntar una buena cantidad se historias para contarle a nuestros futuros hijos cuando se vayan a dormir.

presentación - aktau - kazajistan -19

Comida instantánea, viajes instantáneos

“Cuando las cosas suceden con tal rapidez, nadie puede estar seguro de nada, de nada en absoluto, ni siquiera de sí mismo.”

La lentitud – Milan Kundera

Ella vuelve a su casa y saca del freezer una bandeja de comida congelada que compró en el supermercado. La pone en el microondas tres minutos y ya tiene la cena lista. Se siente con el plato de comida frente a la computadora y busca “Imperdibles para ver en dos días en Praga”. Decide anotar el nombre de la plaza del reloj astrológico y decide anotar, también, el nombre del Puente Carlos. No sea cosa que se olvide y se pierda de verlo y sacarse su selfie ahí mismo. Esos dos son los “must to see” de la ciudad. Su instinto, aún humano, la lleva a buscar una lapicera y una hoja de papel. Pero se arrepiente. Abre una aplicación de su celular y ahí lo anota. Por las dudas, abre Facebook y pregunta en uno de los tantísimos grupos de viaje, que  es lo que hay para “ver y hacer” en dos días en Praga. Yo le respondería que sentarse a tomar una cerveza en alguno de esos bares viejos perdidos en alguna callejuela lejos del centro, pero se que no me va a escuchar. Ella no quiere perderse absolutamente de nada. Volver del viaje sin su foto, sería bochornoso.

Estos dos momentos, la comida instantánea y las “indispensables” guías de viaje, no parecen hechos relacionados pero lo están. En un mundo donde no hay tiempo de cocinar, seleccionar los ingredientes, saborear la comida, compartir la mesa, charlar, tampoco hay tiempo para preparar un viaje. Quedan pocos valientes que leen un libro o crónica de viaje (ni hablar de un libro de historia) o abren un mapa; la mayoría buscan imprescindibles en internet o miran un video resumido en Youtube. Hoy todo es instantáneo y la preparación de un viaje se condensa en siete consejos y 650 palabras. Los partidarios de la comida rápida son, también, partidarios de las lecturas rápidas. Su estilo “fast food” no incluye lecturas literarias. En todo caso información y sólo con un fin práctico.

instantanea-1

Cuando vivía el Buenos Aires todo me llevaba a correr. Amanecía con la prisa de no llegar tarde a la carrera del frenesí. El viaje, en ese sentido, fue un punto de inflexión.

Fue en una tarde de primavera soleada y fría en el Himalaya, en India. Estábamos varados entre los pueblos de Sonmarg y Kargil. La ruta estaba cortada. Un derrumbe de nieve había caído sobre el camino, hace horas que estábamos ahí esperando a las maquinas para que despejen la ruta.

Bajé del Jeep y empecé a caminar en largas zancadas entre los autos detenidos que esperaban. Cuando llegué el punto exacto del bloqueo, maldiciendo las condiciones de la ruta y de todo el tiempo desperdiciado, vi a familias de indios (nenes, padres y abuelos), jugando con la nieve que obstruía la ruta. Parecía ser el único impaciente. Volví al Jeep y vi a mis compañeros, sentados en el piso con sus ropas abrigadas y gorros de lana tomando té y señalando los picos nevados que nos rodeaban. Ahora, además del único impaciente, parecía ser el único que no se permitía disfrutar de uno de los paisajes más descomunales que tuve en frente. La paciencia y la contemplación no suelen ser práctica habituales.

Vivimos en un mundo instantáneo donde todo tiene un carácter de urgencia. Son muy pocos los que se toman el tiempo para leerle un cuento a sus hijos a la noche, incluso para leer una novela o ver una película de más de noventa minutos. Y esta vida rápida invade todos los aspectos de nuestra existencia y hasta hace que nuestros viajes, también, sean rápidos. Y por rápidos no me refiero necesariamente a la cantidad de días. Da lo mismo que tengas un fin de semana, quince días o un mes. Siempre se corre igual.

Las guías de viaje y los blogs tenemos gran parte de la culpa de eso. “10 cosas imperdibles para hacer un París”, “Lo que no podés dejar de ver en Tokio”, “9 + 2 consejos para ahorrar en tu viajes”. El viajero ya ni siquiera tiene tiempo de pensar o experimentar su viaje. Ni siquiera de darle un significado. Ya no hay lugar para la sorpresa ni para la instantaneidad. Las casillas de correos explotan de mensajes que preguntan sobre cómo recorrer tal ciudad, como volar más barato hasta allá, o donde comer mejor. Y lo peor, lo más terrible, es que todas esas respuestas ya están. Google lo tiene. Lamentablemente, parecería que hoy en día sólo se viaja para decir “yo también estuve ahí” y por supuesto, subir la correspondiente foto a las redes sociales.

En aquella ruta del Himalaya hice algo anacrónico, algo en vías de extinción. Realicé un viaje que no era una carrera con una lista de pendiente por cumplir lo antes posible y volver agotados a nuestras casas alborotándonos de recuerdos completamente olvidables. Un viaje, en realidad, se trata de guardar unos pocos recuerdos inolvidables, esos que todavía hoy podemos oler, escuchar o palpar.

Para eso nada mejor que “viajar lento”, porque es la mejor forma de tener experiencias que son únicas, auténticas, ricas en significado y en detalles. Poder conectar con esas experiencias nos llevará al centro de nosotros mismos en ese lugar. Son experiencias que nunca vamos a poder encontrar en Google.

No es que las guías de viaje sean malas de por sí (nosotros escribimos algunas e incluso son las entradas más vistas), pero reconozcámoslo: no tienen alma, ni poesía, ni sentimientos. Generan viajes repetidos y listas de lugares para ver. En cambio, en el pasado hubo grandísimos viajeros y no hay nada mejor que viajar acompañado de uno de sus libros. Tiziano Terzani decía: “Los libros eran mis mejores compañeros de viaje. Estaban callados cuando quería que estuvieran callados, me hablaban cuando necesitaba que me hablasen. Un compañero de viaje, en cambio, es difícil, porque impone su presencia, sus exigencias. Un libro no, un libro calla, pero está lleno de cosas hermosísimas.”

Por lo tanto, contra la locura universal de la vida rápida, dónde la comida instantánea para microondas va ganando terreno, levanto la bandera en contra. En contra de los “Cinco lugares que sí o sí tenés que ver”, los “Diez consejos necesarios para tu existencia” y “las guías indispensables”. Google está lleno de información desde como preparar una valija, tutoriales de como despacharla en el aeropuerto, hasta videos explicando como subirse a un subte en una ciudad asiática.

Los blogs de viaje estamos creando una generación de lectores vagos y holgazanes que no se detienen a pensar por ellos mismos. Esto hace que los viajes modernos condensen “todo lo que hay para ver” logrando así llenarse de recuerdos olvidables con el tiempo. En vez de buscar aquellos inolvidables, que nunca pero nunca van a aparecer en una guía.

Tres años de apuntes nómadas

“Ir y venir, seguir y guiar, dar y tener, entrar y salir de fase, amar la trama más que el desenlace”
Jorge Drexler

Hace tres años, precisamente un día entre navidad y año nuevo, decidimos sacar un pasaje a la India sin un itinerario armado. No teníamos idea de lo que eso significaba. Nos era demasiado ajeno y lejano. Para nosotros un salto chico, disimulado, ínfimo. Volar a India, renunciar al laburo, vender todo lo que teníamos. No caíamos en lo que estábamos haciendo. Quizá por eso lo hicimos ¿Fue un instante de lucidez o de locura?

El paso siguiente fue anunciarlo a las familias y abrir este blog. Una suerte de cuaderno virtual, testigo de nuestros pensamientos. Apuntes nómadas. Lo abrimos para la familia y los amigos, también para nosotros. Nos permite ordenar todo lo que vivimos y no procesábamos. Pronto comenzó a leernos más y más gente y nunca dejamos de estar agradecidos por ello. En cierta ocasión le dedicamos unas palabras.

La escritura fue nuestro seva, esa tarea desinteresada que no hacia más que enlazarnos con nosotros. Fue nuestra terapia, nuestro vinculo con el viaje. El modo de tolerar ese mundo tan distinto que nos rodeaba y nos rodea. Escribir fue lo más egoísta que hicimos. Fue y es para nosotros exclusivamente. Y ustedes, que nos leen desde siempre o de casualidad, son cómplices de nuestro egoísmo. Escribir es un modo de luchar contra la inmortalidad, de permanecer. De perpetuar el viaje y la existencia

Extracto de Post #100

Pensamos bastante en el cómo celebrar este aniversario viajero-escritor. Empezamos a recapitular para atrás. Y recién ahí caímos en la cuenta de que nunca habíamos notado cierto detalle. Nunca habíamos reparado en ellos, en quienes hacen que esto de estar lejos y en movimiento nos sea tan ameno. En quienes nos abrazaron sin conocernos, en quienes nos abrieron las puertas de sus casas, en quieres nos cebaron un mate y nos regalaron una sonrisa.

Estos tres años son un agradecimiento al camino y a todas las personas que el camino nos presentó. A los camioneros rusos, a las jóvenes chinas, al viejo de Hungría, a nuestros amigos, a nuestras familias, a las de siempre y a las adoptivas.

Tres años -7

Tres años de viaje y nunca estuvimos solos.

*Spoiler: Este post se puede convertir en el más bizarro de todos. Otros van a contar cosas sobre nosotros que nunca dijimos. Serán quienes fueron nuestros compañeros de viaje (por algunas horas, días o meses) los que toman la palabra en este festejo:


Después de una noche terrible en un colectivo nepalí llenos de borrachos y de música a todo volumen llegamos a la frontera de India. Del otro lado nos esperaba la ciudad de Daarjeling. Volvíamos a aquel país que tanto nos había fascinado. Pero no íbamos a cruzar solos, ahí conocimos al Memo:

Recuerdo que yo salía de Nepal, tomamos el mismo camion que nos llevó hacia la frontera; entramos a la oficina los 3 a que nos sellaran los pasaportes y nos fuimos a Darjeeling. Seguro Lucas va a recordar ese trayecto por los Himalayas en la parte trasera del 4×4, no paraba de vomitar, jajaja, lo siento, Lucas, pero a veces nos toca pasar esos ratos. Al llegar a Darjeeling buscamos un hostal y recuerdo que estaba lindo. Nunca olvidare nuestra visita a los sembradíos de té. Los 3 íbamos con playeras verdes, lo recuerdo bien ese día.

La tarde fue muy bonita, estábamos en un restaurant tomando té, la vista era hermosa en las montañas.

Otro día, fuimos a caminar a un templo lindo, que nos dijeron que desde allí, se veía la 3era montaña más alta del mundo y que si a veces el clima lo permitía, podia verse el Everest. Justo en esa caminata nos dimos cuenta que Lucas y yo, usábamos el mismo tipo de calcetines Nike Dri fit, y claro Lucas traía 2 izquierdos o 2 derechos no recuerdo jajaja.

Por último y no menos importante, recuerdo bien que llegamos a cortarnos el pelo a una peluquería y Lucas, después de 3,4 meses sin rasurarse, decidió rasurarse ahi, me quede impresionado con la técnica del peluquero.

India – 2013

Junto al Memo

Junto al Memo

Ver a un francés con la remera de México y que hable de “chelas”, “no mames güey” y de “cabrones” no pasa todos los días. En Vang Vieng  encontramos uno junto a Bere. Ella sí es mexicana. Ambos escriben sobre viajes y gatos en Sin Destino Fijo.

Estábamos Mat y yo comiendo en un mini restaurante en Vang Vieng, Laos, yo me devoraba un laap tan delicioso con algunas -varias- chelas, cuando una pareja se acerca a nosotros y nos dice:

“¿Vos sos una bloguera de viajes?”

Y ahí comenzó todo. Quedamos de vernos esa tarde para unas chelas, y dando fondo a varias, charlamos de lo más sabroso. Nos encantó su manera distinta de haber vivido India, tan distinta de la nuestra… de la de la mayoría.

A la mañana siguiente nos encontramos por la calle (no es difícil en Vang Vieng), y ahí los vi tal como siempre los volvería a ver en vivo o en recuerdo: con un mate en la mano, caminando tranquilos, juntos, sonriendo….

Son pocos dentro de este gremio tan snob y saturado -los bloggers de viaje- a los que leo, sigo, y admiro. Ludmila y Lucas son parte de esos pocos.

¡Felicidades chamacos! Que los viajes sigan y que nos den para reencontrarnos, y compartir charlas; ustedes con su mate y nosotros con las chelas.

Laos – 2013

Tres años -2

Tren en India, estado de Rajastán. Mediodía, calor. Estábamos viajando con Laura y Álvaro. Apenas nos escuchó hablar se emocionó. El acento río platease se extraña. Varios días estuvimos viajando con Mathias.

Primero que nada contar como nos conocimos…como olvidarlo!! Fue en un vagón de un tren indio casi vacío rumbo a Jodhpur en el Rajastán, yo ya instalado en mi asiento asignado veo que suben 2 parejas de mochileros. Al ver que dentro de todo el vagón vacío les tocan los asientos al lado mío y todavía resultan ser argentinos….ahí es cuando dices.. lo que es el destino locooo!!

Con una de estas dos parejas Alvaro y Laura solo pude compartir algunos días en Jodhpur. Pero tuve la suerte de compartir otros destinos de India junto a estas dos personas maravillosas que son Lucas y Ludmila.

Festejar la Fiesta Holi en Jaisalmer y disfrutar del Safari por el desierto en camello son recuerdos que tengo con ellos que nunca me voy a olvidar. Saber que continúan viajando y han hecho de eso su estilo de vida por 3 años me llena de alegría.

India – 2014

Tres años -3

El verano europeo estaba en su esplendor y nosotros en Zagreb, capital de Croacia. De sólo estar en la calle vendiendo postales conocimos a unos argentinos, que a su vez conocieron a otro. Como una historia en cadena, así llegamos a Matías.

Supe de ellos dos la noche anterior a conocerlos. Yo estaba en Croacia haciendo voluntariados y tocando música en la calle para juntar unos mangos cuando un argentino de por ahí me dijo que había una pareja de argentinos que viajaba rumbo a Rusia y vendían postales, cuadernos y libros. “¿¡Un tipo alto y una chica bastante más bajita!?”, le pregunté. “¡Sí! ¿Cómo sabés?”, me dijo. La noche anterior me había enganchado con un post suyo sobre los países comunistas y me flasheó su ruta de viaje. Por aquel entonces leía varios blogs de viajeros, pero nunca antes había oído de ellos.

¡Qué carajo! Son muy copados, sencillos e interesantes. Fue la primera vez que tomaba unas birras entre argentinos desde hacía un tiempo por decisión propia. Me colaron en su hostel, me convidaron galletitas, me cebaron unos mates con lo poco de yerba que les quedaba y me regalaron mi primer libro aurografiado por sus autores (fue el primer libro que autografiaban, jeje) ¡Ojalá nos volvamos a cruzar y tengan un nuevo libro porque el primero me supo a poco!

Croacia – 2015

Berlín estaba en nuestra ruta del viaje y teníamos un contacto. Virtual por cierto, pero contacto al fin. Uno nunca sabe como pueden terminar esos encuentros, pero teníamos la sospecha de que nos íbamos a llevar bien con Valen y Jasper, escriben en Un poco de sur

A Lucas, Ludmila y a sus mochilas en viaje los conocimos por eso de las casualidades -que son más bien causalidades-, tuvimos la suerte de unirnos a un grupo de bloggers del que ellos también hacen parte. Gracias a ello nos hemos reído virtualmente más de una vez, hemos visto como su proyectos crecen y por cosas de la vida acabamos recibiéndolos en la ciudad a la que ahora llamamos “hogar”. Allí tuvimos el placer de disfrutar de su compañía en carne y hueso por unos pocos días mientras discutimos entre cervezas y solucionamos el mundo.

Se fueron y nos dejaron con imágenes de su paso por la india en libretas hechas a mano donde hoy apuntamos las ideas del próximo viaje con la esperanza de volveremos a cruzar en el futuro en algún otro punto del globo. Nos quedamos con las ganas de conocer al primo de Lucas y doble de Jesper de tomarnos unos mates y algún Fernet -y de seguir solucionando el mundo, claro-.

Igual nos toca en otro continente, que más da, eso si, prometemos no volver a bailar la macarena jamás.

Berlin – 2015

En Varsovia nos alojaron por Couchsurfing Pawel y Eva, una pareja de polacos tomadores de mate y amantes de Argentina.

Conocimos a Ludmila y Lucas en Julio 2015 cuando vinieron a Varsovia, Polonia. Se nota que son viajeros expertos, con miles de kilómetros y muchos meses recorridos en el mundo, siempre dispuestos a conocer los lugares que visitan y compartir anécdotas de sus viajes. Pasamos un fin de semana juntos, recorriendo la ciudad, charlando, tomando mate y mirando películas rioplatenses. Lo que nos sorprendió en ellos era su gran admiración por Ryszard Kapuscinski, un escritor, reportero, periodista y viajero polaco que les inspiró a viajar y conocer el mundo. Su entusiasmo por la literatura de Kapuscinski los llevó al cementerio de Varsovia donde, como es de costumbre, dejaron biromes en la tumba de ese escritor polaco. Ludmila y Lucas son muy buena onda y siempre muy bienvenidos acá. Los esperamos con unos mates.
Varsovia – 2015

Tres años -4

Esteban, el curioso es un caso aparte. Un loco suelto que aterrizó en Moscú proveniente de Uzbekistán. Juntos estuvimos unos días vendiendo postales, sacando fotos.

Recorriendo el mundo tuve el place de encontrarme con una pareja viajera como pocas. Lo mejor fue compartir unos días en Moscú. Ahí, a unos metros de la Plaza Roja, compartimos mate, venta de postales y muchas charlas con los locales. Una parte de mi viaje que recuerdo con alegría y con el deseo de volver a verlos.
Moscú – 2015

Tres años -8

8 días en el Desierto de Gobi con 6 personas puede ser mucho tiempo. Algunas secuelas dejó. Como este extracto de Lola, la venezolana devenida en mexicana:

En septiembre de 2015 se empezó a escribir el guión de María de La Mongolia, el nuevo bestseller de las telenovelas mexicanas. Por supuesto, era toda una controversia volver a tener a Thalía en un papel protagónico, después de tantos años, así que se barajaron otros nombres, como el de Jackie Bracamontes, y algunas rubias pero localmente impopulares actrices argentinas.

Mientras tanto, la historia iba tomando forma en su tierra raíz: Mongolia. Bajo un nuevo formato audiovisual, 6 viajeros formaban parte de un reality show, bajo la inocente idea de que tomaban un tour rumbo al desierto de Gobi.

Allí conocí a María La Refugiada y a El Terrorista – de nombre desconocido- , los famosos y muy populares – en el futuro – padres de María de La Mongolia. En su alter ego, pensaban que eran blogueros de viajes y (esta es la parte más divertida) que en realidad no tenían hijos.

Lo cierto es que al final María La Refugiada y El Terrorista terminaron envueltos en varias historias oscuras, incluyendo la de las botellas de vodka desaparecidas, algunos temas de diplomacia germano-colombiana y franco-latina, la controversia de la comida para los locales, y otra que incluía el color de las uñas de un vendedor al borde de una carretera.

Estoy segura de que hoy esos dos personajes aman comer cordero con grasa, extrañan desayunar pan con mermelada todos los días del mundo, y dejaron a nuevos antagonistas de novela en Mongolia, además de un pañuelo extraviado en China.

Felices 3 años, Papás Mochilas.
Mongolia – 2015

Tres años -10

O el de Jean-Romain, el franchute que hablaba español con acento raro:

Recuerdo que la primera vez que vi a Lucas, fue en Idre Hostel en Ulanbaatar. Yo estaba buscando compañeros para visitar el país, y preguntaba en los hosteles. Tenía la impresión de estar viendo a un oso con su barba.

La primera cosa que me dijo fue que yo parecía un maricón, perfecto para empezar este viaje. Con suerte, conocí a Ludmila después, y era más amable. Decidí hacer mi viaje con estas dos increíbles personas, además de Claudia de Colombia, María de Mongolia y Markus de Alemania. Juntos, éramos lo que se llama:” La familia de Mongolia”.

Después de 8 días, no era posible olvidar todo lo que pasamos juntos. Ahora debo ver a un psiquiatra dos veces por semana.
Mongolia – 2015

Tres años -9

Tres años -6

Es difícil reunir tres años en un sólo post. Este fue sólo un resumen. Fueron muchísimos nuestros compañeros de viaje. Incluso, hay otros que pasan más desapercibidos, como Messi o Maradona que son la excusa perfecta para comenzar una conversación esta parte del mundo. O nuestras mochileras, sandalias y cuadernos.

No los vamos a aburrir más, simplemente agradecerles a cada uno de ustedes por estar del otro lado. Y si por alguna razón están dudando si irse o no de viaje, tengan ese estado de lucidez y háganlo. Acá va a ver dos argentinos con mate y con ganas de cruzarlos en alguna esquina del planeta.

Abrazos y feliz año.

Sobre el viajar y otras yerbas

Este texto intenta arrojar un poco de luz acerca de nuestro modo de viajar y de conocer el mundo. Preguntas cómo ¿Qué es viajar para nosotros?, ¿Por qué lo hacemos?, ¿Qué esperamos del camino? Buscarán alcanzar algún esbozo de respuesta y explicación.

Viajar-8

Sobre el viajar:

Viajar, para nosotros, es sinónimo de transformación y excede la cuestión nómada del asunto. Supone desaprender todo aquello que damos por verdades occidentales para empaparnos del bagaje cultural que encontramos a lo largo del planeta entero.

Viajar no se equipara solamente al desplazamiento geográfico entre un punto y el otro. También supone un movimiento interno acompañado de inquietud y de lectura. Viajar supone conocer la historia y dejarse tomar por esta. Visitar una plaza europea es mucho más rico cuándo uno sabe de las batallas y revoluciones que se libraron sobre esos mismos adoquines.

También supone conversar. Con nosotros mismos, entre nosotros y con todos aquellos personajes que el camino nos va presentando. ¡Qué tan rico puede ser viajar preguntando a las personas sobre su cultura, su historia, sus familias! Incluso, mucha veces esos mismos personajes fueron protagonistas de la mismísima historia reciente: soldados de Tito en Bosnia, sobrevivientes de la guerra de Vietnam, libertarios de la ex-Checoslovaquia, etc.

Viajar-7

Mercado de Zadar, Croacia

Viajar puede ser sinónimo de conocer, pero la cuestión ya no radica en la exteriorización del mismo sino en la incorporación de todo aquello que uno ve y siente. India en eso es maestra de los viajes y de los viajeros. Es una lección de humanidad y eso no se debe perder nunca de vista a la hora de conocer nuevas formas de vivir. Sea en Latinoamérica, en Paris o en Hong-Kong viajando siempre vamos a tener una personas sentada al lado nuestro. No desaprovechemos la oportunidad de conversar y descubrir cuántos verdades (o no) tiene ese otro para decirnos.

Viajar es volver a asombrarse de lo inmenso, lo magnífico y lo temible del mundo en que vivimos. Un mundo que, sin dudas, alberga muchos mundos.

Viajar-4

Indios curiosos en Manikaran, India

Sobre la globalización y los viajes instagrameables:

Dijimos que uno viaja para conocer nuevas culturas. Las imagina exóticas, con otros valores y conocimiento. Pero, ¿Qué pasa cuándo uno se encuentra que esa otra cultura milenaria viste de la misma manera que nosotros y tiene las mismas aspiraciones materiales?

¿En dónde queda la diversidad en tiempos de globalización masiva? Quizá suene egoísta, pero en nuestro caso tanta obturación subjetiva nos desconcierta. Seguimos eligiendo ver a una chola con trenzas y pollera, a una india con sari y henna en sus manos. Pero lo cierto es que, probablemente, ambas prefieren ponerse un jean y zapatillas de lonas.

Queremos, insistentemente, seguir preservando las diferencias (sean en los rasgos, en el lenguaje, en la cultura) que habitan el mundo. Por que en la diferencia está la riqueza. El único modo que encontramos, por ahora, es conocerlas y escribir sobre ellas.

Recolectoras de té en Sri Lanka

Recolectoras de té en Ella, Sri Lanka

No queremos que el mundo moderno siga tapando las singularidades, bloqueando las diferencias y sumergiéndonos en ese caldo de cultivo propio que son las sociedades capitalistas: misma moda, misma ropa, misma música y mismos miedos ante lo otro distinto.

Músico en Mostar, Bosnia y Herzegovina

Músico en Mostar, Bosnia y Herzegovina

Decir que el viajar es un proceso más interno que externo no parece ser novedad. Pero afirmar eso (e intentar vivirlo) en la época de las selfies y las redes sociales es todo un desafío. Por eso intentamos vivirlo de otra manera, buscando la manera de acercarnos a las distintas culturas desde un lugar menos nocivo. Tratando de pasar desapercibidos y de inmiscuirnos lo más posible en la cultura local. Eso requiere más esfuerzo y tiempo de nuestra parte pero creemos que nos da mejor resultado.

No medimos la calidad del viaje en base a los “me gusta” y las veces que se compartió en las redes sociales. Medimos el viaje en base a nuestras experiencia, en nuestros aprendizajes y en nuestros errores. Tampoco viajamos con el famoso palito para las selfies, creemos que más que la foto lo divertido sigue siendo pedirle a alguien que te la saque y de ese modo comenzar una conversación.

Notamos cada vez viajeros más individualizados, más pendientes del wifi del hostel que de la conversación que está ocurriendo en la cocina. Notamos los viajes cada vez más como un bien más de consumo, que como la posibilidad de conocer nuevas culturas.

Sobre el modo de viajar:

Podríamos viajar en avión (hay muchas compañías low cost) para llegar a un nuevo país o ciudad pero de ese modo nos perderíamos los cambios en la geografía, en la arquitectura e incluso en los rasgos de las personas. En cambio, viajando por tierra un uno va percibiendo las variaciones.

Imagínense un pueblito tibetano en medio del Himalaya. El acceso por tierra supone 40 horas de viaje en algún tipo de vehículo. La ruta comienza a los 1000 msnm y supone cruzar 4 pasos de más 5.000 msnm en el medio para finalmente llegar al destino a unos 3000 msnm. Toda esa travesía supone un carácter especial en sus habitantes que han recorrido eso a pie, a caballo o en caravanas desde tiempo inmemoriales. Si uno toma un vuelo de una hora no sabe nada de la ruta ni de las condiciones adversas que hay para llegar ahí. Ya tenemos una primera diferencia a la hora de intentar conocer la cultura nueva. Si a eso le sumamos viajar con reservas, con excursiones y con poco tiempo solo lograremos tener imágenes superficiales de los lugares. Pero si al llegar por tierra le sumamos llegar con un camionero o con una familia que nos levanto mientras hacíamos dedo, llegamos con un punto a favor. Llegamos conociendo al menos algo o a alguien. Por ese elegimos viajar por tierra y a dedo, excede lo económico. Viajar a dedo nos permite aproximarnos a las personas. Romper esa barrera entre turista con rasgos occidentales y personas locales.

En algún lugar del Himalaya entre India y Nepal

En algún lugar del Himalaya entre India y Nepal

Es mucho más esfuerzo: tenemos que ver el mapa, evaluar los caminos posibles para llegar, ver dónde pararnos, tener suerte, procurar no dormirnos en el auto, sacar temas de conversación cuándo el idioma está de nuestro lado, ver dónde bajarnos, etc. Tenemos que elegir, sabiendo que podemos ganar o perder en el camino. Si vamos en tren, avión o colectivo sólo tenemos que procurar sacar el boleto y tratar de tener la mochila lista en el horario de partida. Viajar de esta manera implica mucho de nosotros, ya que somos nosotros los que hacemos nuestro viaje. Ninguna secretaria de ninguna agencia de turismo se ocupo de ello. Viajar así cansa, pero lo seguimos eligiendo.

Exige más atención, más decisión, más esfuerzo y sobre todo más tiempo. Ningún itinerario exprés deja lugar a esto. Lo nuestro seria algo así como un “Slow Travel” o viaje lento, muy lento.

Charlando en Tangalle, Sri Lanka

Charlando en Tangalle, Sri Lanka

Sobre escribir y viajar o sobre los personajes de viaje:

Le ponemos el cuerpo al viaje, le ponemos emociones, y le ponemos palabras. Por eso nos gusta tener un blog. Nos gusta describir los lugares a través de la gente que los habita. Dejamos que el viaje nos transforme e intentamos transformarlo nosotros. A veces también, intentamos sacar sonrisas. Aunque sea preguntando “¿Cómo estás?” a las personas que nos miran con cara rara mientras vendemos postales en las calles de Europa.

El blog busca escribirse desde una perspectiva de género. Pero esto ya excede lo femenino y lo masculino, sino que el género que acá buscamos revivir y revalorizar es el género humano en tanto supone personas diversas con emociones y afectos.

Monje tibetano en Leh, India

Monje tibetano en Leh, India

Posiblemente sea una especia en camino a la extinción. Los medios siguen sembrando el odio y las diferencias entre culturas, siguen nombrando la otredad como eso a destruir y reducir. Nosotros por el contrario intentamos construir en base a eso. Las diferencias culturales (y esas no hay que buscarlas en la Indochina, un pibe de González Catán ya supone una otredad para la sociedad porteña de Caballito) son esos reflejos que muestran a la humanidad como tal.

Esas diferencias se exacerban a la hora del viaje. Uno viaja desnudo, sin conocer la lengua, la cultura ni la historia. Pero quizá, cuándo más abismales son las diferencias, mejor. Uno se refleja en un espejo de cuerpo completo y puede dar cuenta de lo majestuosa que es la sociedad humana. Viajando nos medimos, nos conocemos y sabemos de que somos capaces (en lo bueno y en lo malo), como sociedad. Intentando volver a sembrar esas antiguas leyes de la hospitalidad que veían al otro como un ser de saberes dignos de ser conocidos y aprehendidos.

En algún tren de Punjab, India

En algún tren de Punjab, India

Sobre la suerte del viajero:

Mientras viajamos nos sentimos vivos. Así de complejo y así de simple. Tal como suena. Sentimos que ahora estamos haciendo lo que queremos. Aunque sea comer siempre lo mismo, dormir en lugares no muy limpios y extrañar a la familia. Sentimos que somos nosotros verdaderamente.

Viajamos con dos centavos. A dedo, durmiendo en dónde podemos, lavando la ropa a mano cada noche, comiendo fiambre y frutas de algún mercado, caminando demasiado y sonriendo. Porque a pesar de no viajar con lujos, viajamos libremente.

Reflejos de Viena, Austria

Reflejos de Viena, Austria

Festejamos ser los dueños de nuestro tiempo y por ende de nuestra vida. Somos muy afortunados. También lo sabemos. No todos tienen las posibilidades (y eso excede lo monetario) de plantarse un estilo de así. Por eso, nunca dejamos de agradecer. No hay noche dónde no nos detengamos a pensar en dónde estamos y de todo lo que recorrimos. No hay día dónde no nos levantamos agradeciendo por tener un día más de viaje.

Veintiseís

No sé bien como empezar estás líneas. Escribir sobre otros (otras personas, otros lugares) hace las cosas más fáciles, pero escribir sobre uno es un poco más difícil. Supone mostrarse. Es cierto que siempre que escribimos nos mostramos pero nosotros quedamos solapados en la historia que estamos contando. Pero hoy no.

*

Nací un 16 de junio de 1989 en Hurlingham. Veintiséis años atrás. Fue un viernes de invierno. Frio y lluvia o, al menos, eso me dijeron. Muchas veces intente reconstruir estos veintiséis años. Al menos, estos veintiséis 16 de junio. Pero no pude. Son recuerdos fragmentados, cargados de emociones. Me acuerdo de Gelman.

“Yo no veo nada, no sé nada

ni sé en qué día nací.

Conozco la fecha pero no el día en que nací

¿O ese día es este día en que muero por enésima vez?

¿Es este día en que todos los que han muerto

se vuelven a morir conmigo? ¿o yo con ellos?”

 

Niños – Juan Gelman

Ayer, el 16 de junio me encontró en una isla de Croacia de no más de 30 kilómetros ni más de 1000 habitantes. Me encontró junto al mar. Y fue ahí, con los pies en el agua, dónde intenté volver a reconstruir estos veintiséis años. No pude. Me acordé de ciertos cumpleaños de la infancia, con Xuxa y en algún pelotero. Después las meriendas con amigas y las cervezas en algún bar. Me acordé de ciertos regalos, me acordé del festejo en India. Me acordé de las personas que no tenia a mi lado y disfruté de las que si estaban. Pero no podía dar con ese 16 de junio.

Casi siempre festejé mi cumpleaños en invierno. Veinticuatro inviernos, un monzón en India y un verano. Era la primera vez que me tocaba un día de verano con el mar de fondo. Y empecé a pensar en qué es cumplir años ¿Por qué este día vale más que resto? ¿Es acaso el nacimiento de un nuevo año o el velatorio del año que paso? Acierto al pensar que es un ciclo nuevo. Y también es una fecha para pedir: Pedir tres deseos al soplar las velas, pedir que queremos de regalo, pedir que sea un año mejor que el anterior. Pero nunca lo pensamos como la oportunidad de agradecer.

Pensar que es el segundo cumpleaños que me encuentra viajando. Ahí también me equivoqué. Si cada año supone una nueva vuelta alrededor del sol, cada año recorremos 940 millones de kilómetros. Eso multiplicado por veintiséis… Si eso no es viajar ¿Qué es entonces?

Debo confesar que en general no me gusta cumplir años. Es una fecha que me incomoda, que intento tratar de que pase desapercibida. Fueron poquísimos los cumpleaños en los que hice un festejo grande, quizá por eso. Me consuela pensar que ahora mis cumpleaños se van a asociar a cuándo festejé en tan país o en aquella ciudad. Pero ayer fue distinto. Disfruté mucho, de los saludos, de los gestos de cariño, de las sorpresas. Más que pedir me ocupé de agradecer. Pero voy a ser sincera, si pedí algo fue la oportunidad de la teletransportación. Me hubiese gustado brindar con mi papá, abrazar a mi hermano o comer la torta de mi abuela. Pero me conformé con pensar que esta vez mi objetivo no era ese. Tampoco quería seguir cumpliendo años ni recorriendo países. Ahora me divertía más cumplir países y recorrer años.

Dejé veinticinco atrás, un nuevo lustro comienza. Los veintitantos comienzan a promediarse. Sólo quiero decirles gracias. Y no mucho más por que a fin de cuentas todo esto son opiniones y los años siguen pasando.

Fichas que caen (el cierre de un año)

Se nos acaba el 2014. La pila de cosas que quedaron inconclusas comienza a ser la sombra de la montaña de objetivos que nos planteamos para el 2015. Época de balances, de encuentros y desencuentros. Todo se tiñe de una atmósfera navideña que poco tiene que ver con el espíritu religioso de la navidad.

Para nosotros el 2014 no fue un año más. Comenzamos el año en Malasia, a unos 15.954 kilómetros de Buenos Aires. Prometimos volver para encontrar el modo de poder vivir viajando. Llegamos en abril y desde entonces, varias veces cambiamos de planes. Pensamos en alquilar una casa, en irnos de viaje por Argentina, luego el plan fue por Centroamérica y ahora los planes son otros. Conocimos a los nuevos integrantes de la familia, nos reencontramos con viejos amigos y reímos con los nuevos. Los humanos (y sobre todo los argentinos) somos bichos sociales. No hay domingo donde no haya un asado que no termine en unas pizzas a la parrilla, del mate al vino hay un solo paso, y los abrazos nunca faltan. Eso fue lo que más extrañámos durante los días del viaje.

Durante este tiempo tampoco nos fue fácil seguir manteniendo el blog con vida: escribir, actualizarlo, publicar entradas, responder comentarios, etc. Dudamos si cerrarlo o pedirle un tiempo. Explicarle que Buenos Aires nos enloquece.

Pero estos meses nos permitieron poner en perspectivas muchas cosas. Quizá intentar comprender porque tomamos esa decisión tan osada de desarmar nuestra casa, poner nuestra ropa en cajas, vender algunos objetos e irnos de viaje. Pensar por qué nos fuimos, por qué volvimos, por qué elegimos volver, y por qué estamos por irnos de nuevo.

La temporalidad poca tiene que ver con la cronología y con la sucesión encadenadas de hechos. Las cosas ocurre, la memoria se encarga de ordenarlas. En términos claros, la ficha cae cuándo tiene que caer. En general, uno no es consciente de lo que hace en el mismo momento en que lo está haciendo. Eso ocurre mucho después.

Unos días atrás nos decía una amiga con su bebe de 10 meses en brazos: – Me di cuenta que había tenido un hijo y todo lo que eso implica, la semana pasada, cuándo le dije a P: “Ahora para poder ir al cine vamos a tener que ver con quien dejamos al nene” –

Y no porque ella no deseó ni esperó a ese hermoso bebe, sino porque la ficha cae así, a destiempo.

A mí me paso también. Fue a los cinco meses de viaje, haciendo el trekking del Annapurna en Nepal (unos 220 kilometros entre los picos más altos del Himalaya). El trekking tenía varios puntos de dificultad, pero el más complejo era un pico de 5.400 msnm que había que cruzar. Hasta ese punto el camino era todo en subida, luego todo en bajada. Cada paso que dábamos, costaba. La respiración era entrecortadas, la cabeza embotada. Una sensación de sueño mezclada con mucha sed. Cada paso costaba más que el anterior y estamos a dos días de cruzar el paso. Nunca habíamos estado a tanta altura. Y menos caminando, y menos solos. Caminábamos separados, a unos 300 metros de distancia. Cada uno venia tan enroscado en sus propios pensamientos y cansancio que era difícil internar mantener una conversación. La montaña era interminable. Estábamos rodeándola. Quería llegar a la curva para descansar y tomar agua. El sol estaba fuerte pero el frío seguía presente.

Paso tras paso, llegamos a la curva. Nuestra parada. Allí, un campo llano se abría ante nosotros. Y ahí estaban: quince yaks. Una manada pomposa, impoluta. Con sus cuernos y sus pelos largos. Las campanas titilaban en sus cuellos.

Annapurna - 2

Y sin saber cómo, me puse a llorar. Lagrimas húmedas pero alegres. Estaba ahí porque yo había querido y había podido. Todos esos miedos previos se desvanecieron. Y ahí me di cuenta de todo lo que había dejado atrás. Cien kilómetros caminando, y toda una vida en Buenos Aires. Me di cuenta que extrañaba a mi familia, que quería comer milanesas pero que también quería estar ahí donde estaba, viajando. Experimentando la libertad (o lo que para mí es la libertad). Me di cuenta que el mundo es muy grande, y que nosotros no somos nada. Estar ahí en medio de picos de más 8.000 msnm me recordó todo eso que había leído en tantos seminarios de Lacan: que somos nada. Que somos puro deseo, que eso nos mueve y empuja. Y no ser nada nos permite ser todo. Podemos salir a comernos la cancha, eso solo depende de nosotros.Nos vamos a equivocar, vamos a llorar y a reír hasta que nos duela la panza. Pero vamos a ser felices. No somos nada y eso nos permite ser todo.

Y viajar permite eso. Vivir el día sabiendo que nada depende de uno, pero a su vez de nosotros depende todo. Viajando descubrimos lo que mucho que tenemos y lo que poco que nos falta (y eso que sólo teníamos dos remeras y un libro cada uno). Viajar nos hizo sentirnos enormes, pero también nos hizo sentir muy muy chiquitos. Y eso somos. Pura desestabilidad.

Feliz 2015.

Mochilas en viaje - 1

***

Novedades:
Pero aquí estamos, últimos días/horas del año y como verán, el blog se ha renovado. Un cambio de look. Pura facha. El blog ya tiene dos años y sentíamos que era hora de que crezca un poco. También aprovechamos ese lavado de cara para acomodar los más de cien escritos que tenemos publicados.
Fue cuándo nos pusimos a ordenar tantas palabras que nos dimos cuenta que mucha veces lo que escribimos no se encasilla dentro de lo que es un blog de viajes. Más allá de consejos, datos útiles y experiencias, por momentos las palabras se nos escapan, y empezamos a divagar un poco. Decidimos que esos divagues o vuelcos más literarios (uf, que palabra grande) tengan un lugar. Creamos la sección “divagues“.
Nos gusta escribir reflexiones y, también, nos ocupamos de pensarlas según la temporalidad del viaje.
Esos momentos previos, donde todo es duda, ansiedad, temores y unas ganas de terribles de salir a la ruta se engloban bajo la etiqueta “pre-viaje”. Luego, tenemos el momento del viaje propiamente dicho, esas reflexiones que nos surgen al abandonar un país, al empaparnos de una nueva cultura o las 5 horas de estar haciendo dedo y que nadie nos pare.
Y luego el volver, el momento más difícil. El abandonar la rutinas del viaje para volver a la cotidianeidad, el post-viaje.
Y así cerramos el 2014. Contentos por lo que recorrimos, y pensando en todo lo que vendrá.

Post #100

“Cuando la felicidad nos sale al paso nunca lleva el hábito con que nosotros pensábamos encontrarla.”

Macedonio Fernández

Somos clásicos, no podemos negarlo. Y este justamente es nuestro post numero 100. Claro ¿Qué es un post? Bueno, esto que están leyendo. Cada entrada, cada escrito, cada articulo, cada nota que escribimos. Ya escribimos 100 veces acá. Algunas palabras fueron consejos, otras reflexiones, la mayoría impresiones de los lugares/personas que conocemos. En su mayoría historias. Hoy escribimos la historia numero 100 y se nos ocurro hacer un pequeño racconto de lo que nos tiene aquí.

Buda dorado, se veía desde lo lejos.

Esperemos Buda pueda ayudarnos

No sabemos que nos tiene de este lado, escribiendo. Tampoco tenemos tan claro en porqué ni el para qué escribimos. Si, para contar algo, pero que más…

Tampoco tenemos tan en claro el cómo escribir. Ni mucho menos como escribir de a dos.

Intentaremos desmenuzarlo, haciendo un pequeño análisis de cómo llegamos hasta acá. El blog surgió hace poco más de un año cuándo aún no terminábamos de asumir la idea de viajar a India. Comenzó como un modo de ahorrarnos el mail a la familia y amigos y esquivar la infinita pregunta del “¿dónde están?” o “¿qué visitaron?”. Nos leían conocidos nomás. De pronto, comenzó a entrar más gente, a escribirnos, a preguntarnos y lo más increíble, que no sólo nuestras madres comenzaron a decirnos que les gustaba lo que escribíamos. Nunca aspiramos a eso.

Descubrimos que escribir no es fácil y mucho menos si somos dos. Escribir demanda tiempo. Correcciones, editar, buscar imágenes, publicar, compartir. No tenemos técnica ni formas. Uno empieza, el otro sigue, uno borra, el otro agrega. Las letras son compartidas pero a la vez individuales. Para nosotros resulta muy fácil diferenciar de los estilos de escritura que tiene cada uno.

Pero, en realidad y siendo sinceros, somos 3 los que escribimos. Ya no hay Lucas ni Ludmila, existe un él o ella, que se apropia de las palabras y las muestra como propias. Casi como si ese tercero es él que nos dicta que escribir. Él que aparece entre papeles e imágenes, entre las ramas de los árboles, entre rostros desconocidos. Algunos le dicen musa, otros inspiración, nosotros aún no le pusimos nombre. Simplemente lo escuchamos, lo llevamos a caminar y lo “tipeamos”.

Una vez lo vimos en Colonia, Uruguay.

Una vez lo vimos en Colonia, Uruguay.

Escribíamos, no sabíamos para quien, ni cómo, ni cuándo. Un trayecto de tren en India, una playa paradisiaca en Tailandia, un café en Vietnam, la espesura de la selva amazónica en Perú, la casa de nuestros viejos. Escribir y dejarse llevar. Un ejercicio que practicábamos en la intimidad de nuestros diarios, en una nota en un apunte de la facultad, algo que era nuestro y nada más que nuestro. Algo que compartíamos como pareja. El blog, este blog, fue un punto de inflexión. Un encuentro con nosotros mismos y con la escritura. Eso que pertenecía a la privacidad de nuestra mesita de luz pasó a ser objeto de miradas. Desconocidos comenzaron a leernos, a comentarnos.

La escritura fue nuestro seva, esa tarea desinteresada que no hacía más que enlazarnos con nosotros. Fue nuestra terapia, nuestro vínculo con el viaje. El modo de tolerar ese mundo tan distinto que nos rodeaba y nos rodea. Escribir fue lo más egoísta que hicimos. Fue y es para nosotros exclusivamente. Y ustedes, que nos leen desde siempre o de casualidad, son cómplices de nuestro egoísmo. Escribir es un modo de luchar contra la inmortalidad, de permanecer. De perpetuar el viaje y la existencia.

Sonrisas de encuentro

Si, si, por lastimado y jodido que uno esté, siempre puede uno encontrar contemporáneos en cualquier lugar del tiempo y compatriotas en cualquier lugar del mundo. Y cada vez que eso ocurre, y mientras eso dura, uno tiene la suerte de sentir que es algo en la infinita soledad del universo: Algo más que una ridícula mota de polvo, algo más que un fugaz momentito.

Eduardo Galeano

Cuando uno se va de viaje, generalmente deja muchas cosas atrás (no te olvidés del pago si te vas pa’ la ciudad, cuanti más lejos te vayas más te tenés que acordar). Uno deja familia, amigos, costumbres, comidas, lugares y emociones. Muchas veces uno deja un pueblito, una ciudad, un país, incluso a veces un continente. Las despedidas siempre son un momento difícil. Es un abrazo que dice mucho. Que no se sabe cuándo va a volver a suceder.

La primera semana en Delhi para nosotros fue bastante dura. Estábamos desconcertados. Primero no consideramos que el jet lag se iba a sentir tanto (son ocho horas y media con Buenos Aires). Y segundo fue el periodo donde más extrañamos. Donde no entendíamos lo que nos rodeaba, el calor nos agobiaba, la gente nos perseguía para vendernos cosas, y nosotros, entre el sol que quemaba en nuestras cabezas y la transpiración, apenas atinábamos a decir que no. El cansancio nos dominaba y dormíamos todo el día. Nos recorría una sensación de “¿Para qué vinimos?”

Es muy fácil distinguir a un gora entre la multitud (gora significa blanco en hindi y lo utilizan para referirse a los turistas occidentales). Es distinta nuestra contextura, nuestro color de piel, nuestras costumbres. Nosotros aparecemos como extraños y sacados de contextos. Pálidos, empapados en sudor, muertos de sed. Casi como ridículos en un entorno que es totalmente ajeno.

Interactuar con otros turistas en parte nos hacía sentir identificados. Hablamos con personas que venían a la India en busca de algo. Algunos a meditar, otros a hacer yoga, otros a meterse a un ashram, otros a ver el Taj Mahal. Algunos por meses, otros por pocos días, pero todos teníamos algo en común. Éramos extranjeros y en India es una marca que no te podés sacar. Obviamente con algunos compartíamos más, con otros menos, pero sin embargo hay algo que te identifica, el estar lejos de tus costumbres. Pero también con otros turistas nos sentíamos distintos. Todos los que íbamos conociendo eran europeos. Y nuestras costumbres también son distintas.

Necesitábamos ese abrazo compañero. Ese abrazo que te saca una sonrisa. Pensamos mucho en nuestras tierras. Para nosotros el encuentro entre latinoamericanos es distinto. De alguna forma estamos hermanados. Es un continente que corre por las venas de cualquiera que lo habita. Nos permite reencontrarnos con nuestra historia.

Esos encuentros comenzaron a producirse en Leh. Nosotros viajamos con mate, y hasta ese entonces (día 29 del viaje) no lo habíamos tocado. Decidimos usarlo para desayunar. Y automáticamente funcionó como imán para otro rioplatense. Se nos acerca un chico sonriendo y nos dice “¿Argentinos o Uruguayos?”. Y nosotros, sonrientes y alegres dijimos “Argentina” al unísono. Hacia un mes que estábamos en India y era la primera vez que alguien nos hablaba en castellano. Y claro, nos pusimos a tomar mate. Esa misma noche conocimos a otro argentino y juntos compartimos algunos  de nuestros días en Leh. Y de paso hicimos un trekking para continuar adentrándonos y conocer más el Himalaya (que en esa misma caminata nos regaló una hermosa nevada).

Iván, el primer argentino que conocimos.

Iván, el primer argentino que conocimos.

Gabriel, un argentino que vive en Madrid.

Gabriel, un argentino que vive en Madrid.

La intensidad del viaje, el estar lejos y el extrañar hace que estos encuentros entre compatriotas de la misma lengua se vivan con mayor energía. Que alegría compartir un mate, un recuerdo sobre alguna calle o una rica comida. Estos encuentros se viven con una fuerza particular, y más cuando se crea una linda energía entre las personas en cuestión.

Hay equipo

Hay equipo

La nevada que nos regalo el Himalaya

La nevada que nos regalo el Himalaya

Ahí nos despedimos, cada uno siguió su camino y volvimos a viajar solos. Si bien ahora teníamos más tiempo para nosotros o para el blog, se extrañaba la complicidad de un amigo. Y así pasamos las semanas, viajando solos.

Fue en Dharamkot, un mes después,  que entramos en un café, y escuchamos ese acento rioplatense. Las sonrisas se nos dibujan en la cara. Ahora preguntamos nosotros “¿Argentinos o Uruguayos?” en este caso la respuesta fue “Uruguayos”. ¡Qué lindo volver a encontrarnos con nuestro acento! Ellos, viajeros experimentados que casi nos doblaban en edad y energía. Despertaron en nosotros admiración y alegría. Y charlando fue que les contamos que faltaba pronto para el cumpleaños de Ludmila.

A los días conocemos a nuestros nuevos vecinos de habitación: dos argentinos que hace unos años viven en Brasil. El cumpleaños fue la excusa para encontrarnos los seis. Y la magia ocurrió. Las risas y sonrisas se multiplicaron.

Festejo de cumpleaños con rioplatenses.

Festejo de cumpleaños con rioplatenses.

Quizá por esto o con la excusa de tomar clases de yoga o de cocina, nuestra estadía en Dharamkot se prolongó más de lo pensado. Estábamos cómodos, estábamos en buena compañía. El tiempo pasaba y nuestras ansias por seguir conociendo nos llevaron a levantar vuelo. Una vez más nos despedíamos. Esta vez sabíamos que quizá India volvería a juntarnos, y así fue.

En plena clase de cocina.

En plena clase de cocina.

Nuevamente aparecieron las sonrisas. Sonrisas que hablan de la complicidad, del compartir, del sentirse un poco más en casa estando tan lejos. Sonrisas que nos unen.

¿Sonrisas de encuentro o encuentro de sonrisas? ¿Quién llama a quién? ¿Importa? Lo que importa es la intensidad de los encuentros. El encontrarse con otro par, semejante y compinche. Entenderse con miradas cómplices. Reír. Volver a hablar en nuestra lengua. Compartir un mate. Sonreír.

Hay equipo II.

Hay equipo II.

Pero ojo, no solo reímos, sonreímos y nos encontramos con viajeros como nosotros. Los encuentros de sonrisas también se dan con la gente de acá, y quizá es en las sonrisas (a veces tímidas, a veces grandes, con muchos o pocos dientes) donde podemos comunicarnos. Y si las palabras no alcanzan, mejor que lo digan las imágenes:

En Dharamkot. Niña que no paraba de posar para las fotos.

En Dharamkot. Niña que no paraba de posar para las fotos.

En un tren a Jammu. Anita y Ludmila.

En un tren a Jammu. Anita y Ludmila.

En Haridwar. Niñas que nos pedían que le saquemos fotos para después verlas.

En Haridwar. Niñas que nos pedían que le saquemos fotos para después verlas.

Pastando cabras en las afueras del Taj

Pastando cabras en las afueras del Taj

En Haridwar. Vendedor de kumkum.

En Haridwar. Vendedor de kumkum.

Los hermanos y la foto

Los hermanos y la foto

Simpleza (o sorpresa) de cumpleaños

Estamos en Dharamkot, India; en las llanuras del Himalaya. Ya llevamos casi 60 días viajando. Esta fue la primera vez que volamos fuera de nuestro continente Americano. Es, también, la primera vez que estamos tanto tiempo lejos de Buenos Aires. Es la primera vez que nos llamamos “viajeros”. Por primera vez junio coincide con los fines de la primavera.

Y ayer, fue mi cumpleaños. Mi primer cumpleaños viajando, lejos de nuestra casa, lejos de nuestras familias, lejos de nuestros amigos. Fue un cumpleaños distinto. Fue emotivo. Soy emotiva, debo reconocer.

Semanas atrás todos me preguntaban que iba a hacer para mi cumpleaños. Esa pregunta de la que no podemos escapar, sea navidad, año nuevo o nuestros cumpleaños. Y la verdad, no podía ponerle una respuesta a esa pregunta. Tampoco sabíamos a dónde íbamos a estar ese día.

Hace unos días conocimos a Vicki y Daniel, dos uruguayos que estaban recorriendo India por 5ta vez consecutiva. Luego conocimos a Inés y Alfonso, dos argentinos con los que compartíamos la misma travesía. El mate, el acento rioplatense (Salvo Alfonso que es de Santiago del Estero) y el extrañar un rico asado o un chivito uruguayo, entre otras coincidencias, nos aunaron. Así se corrió la bolilla de que era mi cumpleaños: “¿Qué vas a hacer el domingo?”

Festejar un cumpleaños en India me divertía. Además éramos 6, multitud. Se nos ocurrió ir a cenar unas pizzas, comida occidental si las hay.

El domingo amaneció con sol. Por la mañana fuimos a visitar el templo budista de Mc Leod Ganj. Un templo muy grande, donde está la casa donde se aloja el Dalai Lama cuando anda por estos pagos. Aquí se vive el budismo tibetano. Se percibe en la gente, en los carteles, en los colores. Aquí viven muchísimos tibetanos exiliados. Nos recuerda a Leh.

En fin, allí pasamos el día. Almorzamos en el templo, rodeados de turista, exiliados y monjes. Todos comiendo con las manos. Todos comiendo arroz.

A la tarde nos encontramos con unos 8 niños indios que nos saludaron, nos preguntaron nuestros nombres, profesiones, edad y de donde éramos. Lucas les dijo que era mi cumpleaños. Los 8 me saludaron uno por uno y me cantaron el feliz cumpleaños en hindi y en inglés.

Por la noche teníamos el gran festejo. Fuimos todos muy puntuales. Los abrazos fuertes, saludos y buenos deseos no faltaron. Tampoco los regalos y las sorpresas. Vicky y Daniel me sorprendieron con unas banderas tibetanas. Banderas de colores para colgarlas al viento a la vez que pedimos un deseo. Luego, Lucas, me regalo un libro que andaba queriendo, uno sobre la historia del hinduismo y sus dioses. Otra sorpresa. ¿Cómo lo compro si estuvimos todo el tiempo juntos? Inés y Alfonso fueron cómplices.

Cuando terminamos de cenar, ya en la sobremesa ¡Viene Alfonso con una torta!

Fue un cumpleaños distinto, especial y hermoso. Fue un cumpleaños donde extrañe a todos y cada uno de mis afectos. Fue un cumpleaños que, en Argentina, coincidió con el día del padre. Fue un cumpleaños donde me encontré rodeada de gente que hace pocos días acababa de conocer y donde todos y cada uno de ellos hizo algo lindísimo por mí. Un regalo, una torta y muchos abrazos.

Esa sensación de estar lejos no desapareció, pero se transformó. ¿Será que el mundo es nuestra casa? ¿Será que es un lugar que no deja de mostrarse hospitalario? ¿Sera que la gente que lo habita, es buena gente? La simpleza de este cumpleaños me encantó. Así fue que al otro día les agradecí a los 5 el hermoso cumpleaños que me hicieron pasar.

Y me di cuenta que ese deseo que pido siempre que soplo las velitas, hoy no es tan lejano. Que el mundo es uno y vale la pena conocerlo. Y que el amor, no algo extraño, está a la vuelta de la esquina. Que el amor somos nosotros, las personas. Que los pequeños detalles son en realidad lo grande de esta vida, son los que cuentan, son los que quedan. Y así fue este cumpleaños. Una hermosa enseñanza.

Los 24 me encuentran feliz, contenta y viajera.

IMG_3836

Una realidad aparte

¿Acaso quién no pensó alguna vez la idea de dejar todo lo conocido? ¿Quién no lo pensó en algún colectivo en hora pico, en un almuerzo familiar o una reunión laboral? ¿Quién no?

Dejar todo y viajar.

Es una idea tentadora y que seduce, pero a la vez, asusta. El sólo imaginarse dejando todo lo conocido, nos paraliza. El desprender-se nos da miedo. Será que lo conocido nos da una suerte de seguridad. Será verdad que “más vale malo conocido, que bueno por conocer”.

Porque no animarnos a descubrir nuevos mundos, nuevas personas, nuevas culturas, porque no desafiar nuestra realidad. ¿Porque no dejar todo y simplemente irnos?

¿Será qué la vida nos ata, o nosotros nos atamos a ella? Lo bueno: hay nudos que se pueden desatar.

¿Dentro o fuera de la reja?

¿Dentro o fuera de la reja?

Citando un dialogo entre Carlos Castañeda y Don Juan:

La sola idea de despegarme de todo lo que conozco me da escalofríos -dije.

‑¡Has de estar bromeando! Lo que debería darte escalofríos es no tener nada que esperar más que una vida de hacer lo que siempre has hecho. Piensa en el hombre que planta maíz año tras año hasta que está demasiado viejo y cansado para levantarse y se queda echado como un perro viejo. Sus pensamientos y sentimientos, lo mejor que tiene, vagan sin ton ni son y se fijan en lo único que ha hecho: plantar maíz. Para mí, ése es el desperdicio más aterrador que existe.

“Somos hombres y nuestra suerte es aprender y ser arrojados a mundos nuevos, inconcebibles.”

‑¿Hay de veras algún mundo nuevo para nosotros? ‑pregunté, medio en broma. [1]

Y esa pregunta, quizá en broma, es una invitación. Mundos nuevos. Mundos a descubrir, ¿pero cómo? El hecho de desprenderse de lo conocido no termina cuando uno sube al avión, o eso creemos. Mejor pensarlo como un proceso continuo, donde uno se va transformando. Donde lo más interesante es el recorrido, y no sólo el punto de llegada. Un camino, un estilo de vida, una aventura, un desafío.

Animarse a caminar (mirar) distinto. Con pies nuevos.

Animarse a caminar (mirar) distinto. Con pies nuevos.

Para nosotros, un modo de alcanzarlo es viajar

Quizá solo se trate de elecciones. Animarse. Intentar conocer e intentar conocerse.

Porque, por suerte, uno se cansa de ser siempre uno mismo.


[1] Castañeda, C. “Una realidad aparte”. Fondo de Cultura Económica. México. 1974.