Escenario: Tren a Raxual (frontera con Nepal). Ya casi estamos dejando India.

L: Que increíble que ya hace 4 meses que llegamos a India. Hoy nos estamos yendo

L: Es como cerrar una etapa del viaje. Estamos dejando bastantes emociones en India. Ya nos habíamos acostumbrado. ¿Te acordás de los primeros días en Delhi?

L: Si, lo pienso en la distancia y me parece muy lejos. Los primeros días fueron difíciles. Las diferencias se sentían más, el horario, la comida, las costumbre. Todo nos era ajeno, no era nuestra cotidianeidad. Además teníamos a Buenos Aires muy presente.

L: Hoy ya estamos acostumbrados a mirar mujeres con Sari, a tomar un chai en la calle, esquivar vacas o escuchar hablar en hindi. Entendemos más inglés también. También a rodearnos con gente de todo el mundo. Estar viajando también te permite conocer otros viajeros.

L: Hoy nuestra realidad es otra. Todos los días son distintos. Solo hay algo que se repite: escribir.

L: Y de todo lo que escribimos, ¿Qué fue el que te gusto más? Es una pregunta que mucho no me convence, pero ¿cuál es el primero que se te viene a la cabeza?

L: Esas pregunta no valen, es cuando te preguntan si querés más a tu mamá o tu papá. Pero, lo pienso y se me viene a la cabeza Anita. Recién hacía una semana que habíamos llegado a India. Todo era mucho más difícil. Y Anita con su sonrisa nos dio la bienvenida, y nos mostró que en India una sonrisa vale mucho. De alguna manera nos mostró que si uno está predispuesto los encuentros ocurren. Y quizá India es eso: encuentros. ¿Para vos que es India?

L: Uf, pregunta difícil. Pero creo que India es contradicción. En todos sus aspectos. Por un lado tenés una gran efervescencia religiosa pero está todo teñido de comercio (como en occidente, ¿no?). Tenés grandes bellezas naturales, pero todo está empañado de basura. Es la democracia más grande del mundo, pero sus costumbres se rigen más que nada por las escrituras religiosas. Cómo si el país tuviera dos caras, una mística-oriental y otra comercial-occidental y todo el tiempo se debate entre ambos extremos. India nos confronta con muchas paradojas de las cuales no tenemos respuestas.

Ld: India nos mostró muchas realidades distintas.  Algunas muy duras, de esas que te dejan pensando sobre los seres humanos, y otras más coloridas. Todos dicen que a India la amás o la odiás. Yo creo que no es lo uno ni lo otro. India por momentos te cachetea, te saca de tu lugar y por momentos te sonríe y abraza. Yo llegué a India con muchos miedos y prejuicios y hoy, 114 días después, cambié totalmente mi visión. ¿Qué decís que te enseñó India?

L: Lo primero que se me viene es paciencia. Recuerdo cuando nos quedamos varados en la montaña porque había un derrumbe de nieve. Todo era incierto. Decían que iba a venir una maquina a limpiar el camino. Pero no sabíamos cuándo. Nuestras caras empezar a mostrar enojo por esa situación, pero para los indios que viajaban con nosotros fue todo lo contrario. A ese hecho que para nosotros era totalmente negativo le encontraron algo bueno, y salieron afuera a jugar con la nieve y sacar fotos. India muchas veces puso a prueba nuestra paciencia, te la hace ejercitar, nuestro ejercicio era encontrar ventajas de esa espera.

L: Es verdad. En un montón de situaciones India nos muestra distintos modos de actuar. La tolerancia de las miles de religiones que tienen, la dimensión del tiempo y del espacio, son otras concepciones. Me llama la atención que todo ocurre en el piso, en cuclillas, las comodidades son otras, las distancias entre ellos también, a veces nos vemos ridículos.

L: Ese vernos ridículos hizo poner en contraste todo el tiempo nuestra idiosincrasia occidental con la espiritualidad de acá. Nuestras mentes acostumbradas a la racionalidad muchas veces no nos dejaban entender la forma en que viven la religión. Y que si bien aprendimos mucho del hinduismo, budismo, sijismo, todavía nos falta conocimiento teórico.

L: También es verdad que estamos viendo una India en transición. Donde muchas tradiciones se van perdiendo. La presencia de occidente está mucho más presente. Uno ve a las personas con la ropa típica, zapatillas deportivas y un celular último modelo. La ostentación está presente.

L: Mucha culpa de eso la tenemos nosotros, los extranjeros que venimos de un país distinto. Vimos gente que le pagaba a un nene, para que ponga cara de pobre y se pare con el Taj Mahal de fondo. Luego esa foto la sube a Facebook. Entonces ¿Qué transmitimos?

L: Nosotros nos quejamos del acoso al turista y del fin monetario de las relaciones humanas, pero somos los mismos que la generamos. Estamos viviendo un momento particular. Donde los lugares ya no son lo que solían ser. Donde las costumbres se pierden y las cosas tienen nuevos valores. Creo que se llama globalización. Supongo que India no es la misma que hace unos años atrás.

L: Pero los cambios son constantes. Ni será la misma que dentro de unos años. El problema es lo que se pierde. No me imagino muchos saris en la calle de acá a 50 años.

L: Exacto. Estamos viviendo los últimos vestigios de lo que supo ser una de las culturas más antiguas. Además, por ejemplo, nos quejamos de la basura en la calle, pero el plástico a India entró hace 20 años. Antes era todo degradable, y hoy no está preparada para la cantidad de desechos que produce.

L: India tiene muchas deudas pendientes. ¿Cómo el lugar de la mujer no? Es una sociedad netamente machista. Donde la mujer no es más que una esposa, o una hija, o una madre. Pero siempre en relación a un hombre. Nunca es por sí misma.

L: India les debe muchas cosas a las mujeres. Si bien quizá en las grandes ciudades está cambiando. En muchos pueblos se hace lo que dicen las sagradas escrituras: anular cualquier lugar posible.

L: Acá tenemos un ejemplo donde la globalización está trayendo mejoras. Desde nuestro punto de vista claro está. Pero son las mismas sociedades las que tienen que decidir el cambio, no venir de afuera. ¿Volverías a India?

L: Si. Estuvimos cuatro meses y siento que no vi nada. Que solo pude aproximarme a una mínima parte de esta cultura. Nos quedan muchos paisajes por conocer, mucha gente por saludar y muchas calles por caminar.

L: Más allá de eso también volvería a lugares que ya estuvimos. Volver a sentir la magia de Leh, o perdernos en el Valle de Parvati. Pero no haría tantas ciudades turísticas. A Agra no volvería por ejemplo.

L: Además nos queda una India pendiente. La de los tigres y elefantes.

L: Eso es lo bueno. India siempre te deja una excusa para volver. Pero ahora, es momento de continuar conociendo el mundo. ¡Cuántas más historias vamos a tener para contar!

L: ¿Extrañás?

L: Mucho.

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