– Si hace un mes me decías que nos íbamos de Tailandia haciendo autostop, no te creía. Bah, si hace un año me decías que estábamos acá, tampoco te hubiese creído.

¿Entonces?

– Entonces nada. Hay que creer menos y hacer más. Igual, hablando en serio, ¿Será fácil hoy? Venimos bien, pero ahora es la frontera, no es tan fácil.

– No te voy a decir, si total no me vas a creer.

– No pasa nadie…

(Unidad de tiempo indeterminada)

– ¡Viene algo!

– Mini-Van. Ni te gastes. Va llena, siempre quieren plata y las mochilas van mal atadas.

– ¿Demasiados turistas, no? Esta bien, es lógico el sudeste asiático es un destino cada vez más popular entre viajeros que, un poco por moda o un poco por gusto, quieren asomarse por Asía. Y Tailandia sabe que ofrecer: Alojamientos, playa, cerveza, excursiones, todo al alcance de la mano  y por unos pocos dólares.

Malabares sobre el mar

Malabares sobre el mar

– Si, encabeza la lista de “países que algún día me encantaría conocer” y nosotros no fuimos la excepción. Acordate de nuestra cara los primeros días en Bangkok, parecía que habíamos llegado al primer mundo. Todo estaba limpio y ordenado, no había bocinas, ni vacas ni dioses hindúes.

Estación de trenes en Bangkok

Estación de trenes en Bangkok

– Cada día que pasa la categoría primer o tercer mundo según crecimiento económico, urbano y demás cualidades materiales me parece absurda y carente de sentido. ¿Por qué no medir los países en función de la sonrisa y hospitalidad de sus habitantes? De ese modo, Estados Unidos estaría rozando la línea de la pobreza y países como Laos, Bolivia o Nepal dominarían el mundo.

 ¿Y Argentina?

– Vaya a uno a saber… ¿Con que nos encontraremos a la vuelta?

– Lo bueno de coincidir con los chicos fue que nos acercaron Argentina. Los extrañábamos, teníamos ganas de encontrarnos.

– Si, la cantidad de mate y «podridas» que jugamos… Nos zarpamos. Necesitábamos empacharnos de Buenos Aires.

– Si, extraño eso. Viajando me olvide de saludar la gente con un beso en el cachete y del “che boludo”.

– Hay viene otro. ¡Sonreí! 

(sigue de largo)

– Pufff, ni freno siquiera. Che ¿esta haciendo más calor, no?

–  Si, el sol esta pegando de ese lado. Podrían poner un árbol. Estos días de tanto sol y calor me hacen acordar a la playa. Estuvo genial. Necesitábamos agua marina y arena en los pies.

– Si, además en India era imposible meterse. Acá es más accesible. Hombres en zunga, minas en topples, y todo bien. Pero eso si, ni un solo tailandés en la playa.

La birra y la fiesta nunca faltó. Éramos ridículos con el mate y tantos los libros.

– Cuando esperaba en el dentista mirando una playa así en una revista, nunca hubiese creído que algún día iba a estar ahí. ¿Sabes que? Este viaje me devolvió la credibilidad, ahora creo que todo es posible.

– “All is posible” decían los indios.

Tailandia playa - 1

– Allá, anciano en bici. ¿Nos llevará? jaja

– Que gracioso el señor de ayer. Se nota que hace años que tiene el guest house. Sobre todo explicándonos que wifi e internet eran lo mismo, ¡un crack lejos!

– Si, teníamos que haber charlado más. Me daban ganas de hablar con él acerca del rey. Ya se dará. Siempre me queda en el tintero saber que opinan de la realeza. Los jóvenes no están tan conformes, pero el rey es muy querido por la sociedad.

Rama IX

Rama IX

– Pensá que está hace casi 70 años. En todos lados está su foto. Igual es curioso que sea el único de estos países que aún mantiene la monarquía.

– El imperio de Siam. “Siaaam” que bien que suena. Acá se escribió parte de la historia. Visitamos tantas ruinas increíbles en Tailandia. Tronos, templos, budas decapitados por los Burma y replicas de Angkor Wat. Un breve paseo por la historia de la humanidad.

Uno de los tantos templos

Uno de los tantos templos

Una de las imágenes típicas de la ciudad de Ayutthaya

Una de las imágenes típicas de la ciudad de Ayutthaya

– Si, pero ahora solo quedan piedras montadas y acumuladas para los turistas.

– Bueno, pero ahora súmale oro, elefantes y más oro. Ahora son piedras, pero esto fue zarpado. La historia se escribió acá. Y China esta tan cerca.

– ¡Ese nos para!

– Si, pero vos no te subís. Son todos monjes budistas.

– No entiendo porque las mujeres no podemos acercanos a los monjes. Me parecen tan prehistórico y si preguntas nadie te dice nada. Es raro como viven la religión acá.

Tailandia monjes - 1

– Si, el budismo se liga a la familia real. Bueno, todo se liga con la familia real. Además que sea “obligatorio ser monje una vez en tu vida” hace que las calles se llene de tipos vestido de naranja con iphone y fumando un cigarro.

– Si, acá realeza y religión van de la mano. Curioso. Pero las mujeres solo a poner florcitas y arroz, es lo único que nos toca. Cosa de hombre, vió. Me caían mejor los budistas tibetanos.

– Ahí viene otro

( pasa de largo )

– ¿Viste eso? Unos cuatro o cinco tipos. Todos gringos.

– Cuando veo hombres mayores viajando solos me acuerdo de lo que nos dijo P. Cantidad de personas que viene a Tailandia por turismo sexual, ping pong party, masajes especiales y mucha fiesta.

– No solo eso, es un turismo sexual y pedófilo. A más de uno lo vimos paseando con una nenita tailandesa, o tal vez birmana o laosiana, que podría ser su nieta.

– Son esas cosas que todos saben, policía, políticos, incluso el rey, pero nadie parece hace nada.

(… Y pasan unos cuantos minutos de silencios. Donde uno piensa mucho y poco se anima a decir …) 

– Che antes de seguir hablando/escribiendo, ¿Sabes que duda me queda?

– Imposible, decime.

No se, tenemos muchas entradas en el blog. Google es buchón y nos dice la cantidad de las personas que entran, pero siempre me queda la duda si les gusta lo que hacemos.

– Si, tal cual. Muchas personas entran a leernos. Me encanta que eso suceda, pero nunca sabemos por donde va la cosa. Estamos empezando, estamos encontrando (o inventando) un estilo, y estaría buenísimo si aquellos que nos leen desde siempre, desde hoy, o desde mañana nos comenten.

– Claro, una suerte de feedback. (Guiño, guiño)

– Hoy parece no ser un buen día. Allá lejos viene algo, parece una moto.

Ja, pero no es una moto cualquiera. Al lado tiene un carrito, con una parrilla. ¿Te imaginás tener algo así? Un vehículo con parrilla. Seria el “Choricenter móvil”

Tailandia - 2

– Como comería un buen asado. Pero volviendo a esta moto, es impresionante como acá todo transcurre en la calle. Sobre todo en los mercados.

– Ahí podes comer, renovar vestuario, recibir masajes y porque no, cambiar tu celular.

– Y depende el momento del día tenés un mercado distinto. Mercados a la mañana, a la tarde o a la noche.

– Y los arman y desarman todo el tiempo. Es parte de la rutina: armar el puesto, exponer lo que se vende, sonreír a los clientes, vender, guardar lo que sobró, desarmar el puesto, y mañana de nuevo.

– ¡Y que bien se come en los mercados! Eso merece un capitulo aparte.

– Si, con el viaje aprendimos a valorar la comida elaborada, esa que se le siente el gusto y la mano de quien la hizo. Quien iba a decir que después de tantísimos meses, en Bangkok volvimos a Mc Donalds y nos pareció de lo más asqueroso y plásticos que habíamos comido en meses. Sin duda, la mejor comida la comimos en los mercados, esos de tabla de madera, mantel de plástico, una silla de cada modelo y un olor que mejor no preguntar de donde viene.

(Unidad de tiempo indeterminada II)

– Hola, ¿Vas hasta la frontera con Laos?

– Si.

– ¿Podemos ir con vos?

– Claro, pongan las mochilas atrás.

– Listo. Muchas gracias por parar. ¿De dónde sos?

– Laosiano.