Este año no pensábamos tomarnos vacaciones, o si, unas muuuy largas en realidad. Pero entre el oalor y la humedad nos llegó una invitación que nos vino muy bien. Nos invitaron a pasar el fin de semana de carnaval a San Clemente (Partido de la costa). La invitación era tentadora, 4 días, playa, mar, sol, crucigramas y pesca. Y casi sin dudarlo arrancamos viaje.

Todos queríamos estar ahí.

Todos queríamos estar ahí.

Los feriados de carnaval son una adquisición reciente. Siempre se festejaron, y por cuestiones políticas que no permitían la alegría, el festejo y el acumulo de gente, se quitaron esos días del calendario. Y hace no mucho, volvieron.
Vuelvo a nuestro fin de semana XL, armamos rápidamente unas mochilas y salimos. Lo bueno de la Costa Atlántica es que comienza a 300 km de Buenos Aires capital, y claro hasta la ruta para llegar tiene sus clásicos. Desde el arrancar con las sillitas en el techo del auto y un termo para el viaje hasta las famosas medialunas de la ruta. Para no perdernos en el mapa, la Costa Atlántica queda sobre el Océano Atlántico, en la prov. De Buenos Aires.
Durante el viaje, éramos unos más entre las filas interminables de autos y micros llenos de gente con ganas de meter los pies en el mar. Y así llegamos a la playa…

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Avistaje de veleros desde la orilla.

Avistaje de veleros desde la orilla.

Espumar de mar.

Espumar de mar.

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Es muy curioso, incluso divertido, los rituales casi místicos que vemos en las playas argentinas. Somos clásicos. El desfile de familias, parejas, amigos que llegaban a la playa con las manos repletas de cosas, desde la sombrilla, la heladeríta, los juguetes del nene, la lonita hasta (los más equipados) la mesa con sillas plegables. Y empiezan los despliegues, clavar la sombrilla, abrir las sillitas, estirar la lonita, embadurnarnos con protector solar, meternos en mar, salir, secarnos, preparar el mate, volver a meternos al agua.

Menesteres playeros.

Menesteres playeros.

Hace más de veinte años que recorremos la costa y hace más de veinte años que se repite el mismo escenario, incluso los mismos personajes. Este año no fue excepción, estaban todos. Desde el guardavidas hasta el vendedor de pirulines pasando por los churros, helados y los choclos, todos bañados en arena. Más de veinte años que miramos la misma película. Claro hace 15 años nuestra diversión era construir el pozo más hondo de la playa, hoy será leer un libro o terminar un crucigrama. Pero más allá de eso, estamos todos ahí compartiendo la playa, compartiendo el mar, algunas veces más apretados, otras más separados, pero sabiendo que estamos viviendo un clásico argentino.

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Un clásico que se extiende desde San Clemente (una de las primeras playas) hasta allá abajo, más al sur, Mar de Plata con más viento y agua un poco más fría. Claro, en un medio muchas más localidades del Partido de la Costa.

Dijimos que estuvimos en San Clemente del Tuyu, muy cerca de la Bahía Samborombón. Playas grande, mucha distancia entre el mar y los médanos, mucho espacio para correr, caminar, leer, tomar sol. Y también, para pescar. Pescar, quien dice pescar, dice intentar!

Y algo pescamos...

Y algo pescamos…

Colorida caja de pesca.

Colorida caja de pesca.

El trabajo artesanal

El trabajo artesanal

Objetos de pesca I

Objetos de pesca I

Objeto de pesca II

Objeto de pesca II

Es Punta Raza uno de los puntos de la costa donde la pesca deportiva está permitida. Ese sitio se caracteriza también por resguardar la estación de descanso y alimentación de ciertas aves migratorias. Y ahí, como dijimos, intentamos pescar.

Gaviotas

Gaviotas

Más gaviotas

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Y una vez más, nosotros pisando la playa pero sabiendo que probablemente por mucho tiempo no la pisemos (por lo menos estas playas). Y la nostalgia se entremezcla con la emoción de viajar, de conocer nuevas costumbres, nuevos modos de habitar la playa. Pero sabiendo que nosotros, los argentinos, tenemos larga data en habitar la playa. Y eso vamos a extrañar, nuestras costumbres argentinas.

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