-L: Vos decís?

-L: No sé, nunca son buenas estas cosas. Por algún lado fallan

-L: Si, pero es barato. Parece interesante además, es gente del lugar.

-L: Es verdad, además nos lo recomendaron.

-L: Tener una vez algo armado tampoco suena tan terrible.

-L: Resuelto. Reservamos entonces…

——- 

-L: Era obvio.  Nunca funcionan estas cosas. Son siempre malas!!

-L: Listo. Nunca más. Pero nunca más. (Salvo extrema situación)

-L: Nunca más.

Plaza de armas.

Plaza de armas.

Si querés saber que paso en el medio de este diálogo. Lee este post.

Cusco hace a Perú, como el chocolate al dulce de leche granizado. Viajar por Perú te lleva obligadamente a Cusco. Y así fue, y así es.

Cusco no solo es Machu Picchu. Cusco condensa historia. La historia se respira. Allí, el imperio Inca. El “ombligo del mundo”, dicen. Allí nuestra historia Latinoamérica, allí sangre, oro, civilización. Colonialismo. Y allí, el negocio. Cusco, “Capital histórica del país”. Capital del Imperio Inca y una de las ciudades más importantes del Virreinato del Perú.

Cusco variete: Calles empedradas, balcones, subidas, una hermosa plaza de armas, lo que fue el imperio incaico. Hasta aquí Cusco como una ciudad mágica, perdida en el tiempo. Donde se respira historia. Cusco en dos caras, como las monedas. Su lado A, y aquí, su lado B.

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Y aquí, también Cusco, pero otro Cusco. La otra cara de la moneda. La no tan linda y agradable, pero la que (nos) toca. Mujeres y niñ@s, sobre todo, vendiendo de todo. Vendiendose.

Vendiendo desde unas pulseras, unos tejidos, gaseosas, hasta vendiéndose a ellos para una foto.

“Boy, one dollar for a picture”. Uff, que Difícil.

Uno va a Cusco buscando imágenes, ansiosos del Camino del Inca, encantados con la capital del imperio Inca. Pero unas pocas horas en la ciudad alcanzan para ver que no todo es tan color de rosa. Que, lamentablemente, nuestro mundo gira y el dinero lo hace girar. Y somos tan deshumanizados que pagamos en dólares a niñ@s por una foto. PAGAR A UNA NIÑA POR UNA FOTO. Comprarla. ¿En qué cabeza cabe?

Porque necesitamos tener esas fotos, a modo de ejemplo. Porque esa es la forma de conocer lugares. Porque es eso lo que queremos mostrar. Quienes somos. Con que derecho. Que se creen, que nos creemos. Por qué homologamos viajar con comprar. Que queremos conocer cuando viajamos.

El mercado local.

El mercado local.

Cusco me dejo un mal sabor. Me dejo triste. Me di cuenta que el encanto que tanto ansiaba era solo “por un dólar para foto”.

Listo. Descargo hecho.

Cusco es justamente esta mezcla. Estas dos caras de la moneda. Uno de los tantos de reflejos que nos muestran eso que fuimos, eso que somos.

Que decir de una ciudad que se vende a si sola. Por su belleza, su paisaje, su historia. Somos nosotros quienes de eso hacemos negocio. Claro negocio que nos empuja a vender-nos. Negocio que marca y aumenta las desigualdades sociales. Negocio que nos quita nuestro lado más humano. Negocio que nos hace, justamente, un bien más del mercado.

Cusco, me decepcionaste. Fuiste la capital del imperio Incaico. Ciudad real. Y fue armando tu historia que recordé que fuiste ciudad “colonizada”. Los españoles te saquearon, te mataron, te violaron, te destruyeron. No fuiste más aquello, te hicieron ser otra cosa.

Y hoy, siglos después. Seguís siendo eso que te convirtieron. Seguís siendo negocio para pocos, a costa de muchos.  Pero aún, en ciertos rincones, en ciertas miradas, en ciertos olores, en ciertas montañas seguís estando. Ese espíritu que la plata aún no puede comprar. Y allí, en un rincón te encontré y pude, aunque sea un poco, amigarme con vos.

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Ah, Volviendo al diálogo. No tuvimos mejor idea que contratar un paquete turístico para unos pocos días de nuestra estadía en Cusco. Y allí, en la incomodidad de las excursiones, comenzamos a reconocernos como viajeros y no como turistas que pagan por su foto.

Y quizá es este un modo distinto de conocer Cusco, de conocer su gente, sus calles, su plaza. Y estoy casi segura de que Cusco  es una ciudad que debe ser conocida, y no (solo) fotografiada. Más allá de las primeras impresiones y de las apariencias Cusco se descubre en cada uno de sus rincones. Cusco también tiene su otra cara.