Llegar a China es todo un acontecimiento. No muy a menudo se llega al país más poblado del mundo y mucho menos por primera vez.

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Atrás quedaban los días grises y extraños de Mongolia, por delante teníamos las luces de la ciudad de Datong, nuestra primer parada. Desde la frontera no parecía muy lejos, sólo 400 kilómetros. Considerando las magnitudes de China y el alto grado de desarrollo de sus autopistas se podría cubrir fácilmente. Hicimos dedo (autostop) y casi sin darnos cuenta ya estábamos arriba de un auto. Solamente habíamos cometido el desliz de no tener en cuenta dos detalles:

1. Estaríamos ante algo que jamás volveríamos a ver en este viaje por China: tierra vacía. Estos 400 km cruzan la región de Mongolia Interior (Inner Mongolia) y hasta ahí se extiende el Desierto de Gobi. Es el limite natural y cultural entre China y Mongolia. Estábamos ante kilómetros y kilómetros de tierra yerma e inhóspita pero a diferencia de los desdibujados caminos de Mongolia acá avanzábamos por una autopista de 6 carriles, a los costados veíamos molinos de energía eólica y sobre el suelo llegamos a ver kilómetros de paneles solares alineados uno al lado del otro.

Eso sí, entre tanta tecnología y desarrollo no vimos a un solo chino. Esta es una de las partes más despobladas de China.

Pero poco a poco el camino comenzó a ser más verde y montañoso. Ya estábamos llegando a la región de Shanxi.

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2. El segundo detalle, y ya cuenta como problema, fue el idioma. Tanto en Europa del Este, en Rusia e incluso en Mongolia, nos habíamos comunicado con nuestro poco ruso. Pero ahora eso ya no sirve ni tiene sentido. Fuimos precavidos, llevamos un papel con algunas expresiones o frases en chino pero no pudimos ni usarlo. El equívoco estaba en la pronunciación.

El idioma chino tiene 4 tonos y un mismo vocablo tiene cuatro significados distinto según cómo se pronuncie. Ni siquiera pudimos pronunciar correctamente el nombre de la ciudad a la que íbamos: Datong. El inglés es cosa de minorías acá.

Pero a fuerza de señas y mímica llegamos a Fengzhen, una ciudad que está a 50 kilómetros de Datong. En el mapa la ciudad parecía un pueblito y Datong una ciudad pequeña pero no, en China nada es diminuto. Ese fue el tercer hallazgo del día.

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Desde Fengzhen nos tomamos un taxi compartido. Junto a nosotros llegó la noche y en pocos segundos se encendieron todas las luces de la ciudad. Carteles de neón, letras chinas por doquier, semáforos con músicas, puestos de comida callejera, hombres fumando y jugando a las cartas, motos, bicicletas, edificios feos y muchos carteles y más luces. ¡Sí, estamos en China!

Sí hay un momento que nos encanta de los viajes son esos minutos de “shock cultural” al llegar a un nuevo país. Es ese no entender donde estamos ni que pasa a nuestro alrededor. Lo notable es que en China ese momento se extiende por horas e incluso, días.

Llegamos a Datong cansados, no nos importó. Salimos a ver la ciudad y a buscar un lugar dónde comer. A diferencia de la austera comida mongola acá todos los platos rebozaban vegetales y sabores. Todos los menús estaban en Chino pero con algunas fotos para ayudar la imaginación. Preferimos mirar los platos de los demás comensales y pedir lo que pedía la mayoría, eso nunca falla. La camarera no hablaba inglés pero con la ayuda del traductor de su celular nos ofreció bebidas frías, agua caliente y carne de perro. Con un plato de arroz y verduras nos dimos por satisfechos.

China es increíble. Los olores, colores, sonidos y sabores se superponen todo el tiempo. Cuesta diferenciar que es realidad y que ficción. Es todo lo que nos imaginábamos pero elevado al cubo. Todo es distinto y sorprendente. Hacía rato que no sentíamos tanta ajenidad con un lugar. Todo es extraño pero acá los únicos raros somos nosotros.

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Si bien Datong es parte del circuito turístico de China (cerca de la ciudad hay un monasterio colgante y un sistema de cuevas budistas de lo más interesantes), acá los chinos se siguen sorprendiendo al ver occidentales.

El famoso monasterio que esta colgando de la montaña

El famoso monasterio que esta colgando de la montaña

Datong es una ciudad nueva, como todo en China, aunque tiene más de dos mil años. Además de numerosos edificios de más de 20 pisos, la ciudad alberga una ciudadela amurallada con un casco histórico totalmente reconstruido y un barrio musulman muy interesante. En China, ahora, se demuelen las nuevas construcciones para volver a construir las antiguas o edificios muchos más nuevos y novedosos. China es un país en construcción.

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Datong, además de ser el nombre de la ciudad, es un principio que utiliza el confusionismo para describir una sociedad utópica de la Antigua China.

“El poder del Estado y los partidos políticos llegarán a desaparecer por sí mismos, permitiendo a la humanidad entrar en la era del datong”, dijo Mao.

Pero de eso no vimos nada. A Mao lo vimos en unos afiches viejos que venden como reliquia histórica en el mercado de cosas usadas de los sábados a la mañana.

Al fin llegamos a China. El próximo paso es preguntarles a los chinos por Mao, La Revolución Cultural y por el Movimiento de las Cien Flores.

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