¿Existe el momento cero del viaje? ¿Ese instante dónde el viaje aún no es pero ya esta ocurriendo? ¿Esa hiancia1 entre decir adiós y entre comenzar a viajar? Puede que ese momento no exista.

¿En que momento comenzó nuestro viaje? Acaso cuándo arribamos a Budapest, acaso cuándo subimos al avión o cuándo nos despedidos en el aeropuerto de nuestras familias.

Sea cómo fuere pasamos 30 horas volando. Atravesamos varios husos horarios e incluso conocimos la lujosa ciudad de Doha, en Qatar. En el avión las comidas se nos mezclaban. Nuestros relojes decían que eran las 9 am pero nos servían pollo con salsa de verduras. La cena fue un café con medialunas y afuera se veía el sol. El tiempo cuándo uno está volando transcurre de una manera extraña.

 Doha

Pero ¿ese limbo que supone estar en el aire a más de no se cuántos pies de altura es ya parte de este viaje? Qué tiene que ver Doha con Rusia, o el chico que teníamos sentado al lado con los países Bálticos.

Finalmente llegamos. Inauguramos cuaderno de viaje (claro, hecho por nosotros). Tenemos la costumbre de tener un diario de viaje compartido y por otro lado, cada uno va con sus cuadernos propios. En nuestro cuaderno de viaje solemos anotar el día del viaje, la fecha y el destino que nos encuentra. Fue ahí dónde surgió la pregunta: ¿Qué día es el día uno en los viajes? Naturalmente la respuesta supuso que el día uno debía coincidir con nuestra llegada a Hungría. Pero que hacer con esas 30 horas de avión, con esas horas en Qatar. Qué hacer con los días previos. ¿Eso no es parte del viaje?

¿Y si nuestro viaje empezó cuándo abrimos el primer mapa de Europa? ¿Y si comenzó cuándo la idea comenzó a gestarse en nuestras cabezas (y en nuestros corazones sobre todo)? El viaje comenzó mucho antes. La llega a Budapest solo hizo coincidir nuestra cabeza y nuestro cuerpo en un mismo lugar físico.

El cuaderno verde (lo nombramos porque creemos que va a cumplir un rol clave en este viaje) comienza en el día cero.

Día 0 (19/05/2015) -> Bs. As./Doha/Budapest

Doha

Sabemos que es mentira. Que el día cero no existe. Pero nos permite ordenarnos temporalmente. Nuestro día cero empezó cuándo volvimos de India. Cuándo volvíamos a Buenos Aires pero sabíamos que íbamos de nuevo. Ahora volvimos, volvimos a viajar. Estamos torpes, cansados, desempolvando el inglés y aprendiendo las primeras palabras en húngaro. Los comienzos de los viajes son así, inciertos.

Szia!


[1] Hiancia traduce el término francés, anticuado y literario, “béance”, que significa “agujero o abertura grande”.