Hace exactamente 2 años llegamos a Barcelona. No por primera vez, pero si con una valija mediana, un juego de sábanas, una carpeta llena de papeles y 2 toallas. Esta vez no estábamos de paso, no estábamos con las mochilas ni viajábamos a dedo.

Hace 2 años, también, y como si hubiese ido apretar un botón y apagar la luz, dejamos de escribir en el blog. No por falta de historias, no por falta de viajes.

Pero esta foto no es de ese día. Sino de unos días antes. Cuando todavia dudábamos entre usar ese pasaje de regreso que teníamos a Buenos Aires o aceptar la propuesta de trabajo que teníamos en Barcelona.
Contexto: habíamos terminado nuestro viaje de 20 meses por las ex republicas socialistas soviéticas. Sí, nos habiamos propuesto reconstruir toda la ex-URRS. Todo a dedo (autostop) con un presupuesto de 10 usd al día. Estabamos cansades y llegamos a Barcelona con ganas de frenar un poco y volver a anidar otro tanto. Buenos Aires era una opción, la única opción.
Pero en el medio y con el pasaje de regreso ya impreso, apareció Barcelona. Y en el ahí las fiestas y un viaje familiar por España y Portugal. Y nosotres, dudando. ¿Volver a Buenos Aires o quedarnos en Barcelona?
Está foto fue volviendo de Sevilla. El avion dió una vuelta sobre el Mediterráneo y encaró al aeropuerto. Y ahí la vimos. Toda la ciudad, las montañas y el mar. De hecho, si hacen zoom sobre la foto hasta se ve la Sagrada Familia. Y fue esta imagen desde la ventanilla de un vuelo lowcost fue la que nos convenció de quedarnos acá.
Sí, volvimos a Buenos Aires. Pero fue sólo por una semana, para reponer abrazos y agarrar esas pocas cosas que nos trajimos. Y acá estamos, desde hace 2 años haciendo base en esta ciudad que cada día nos gusta más.
Haciendo esa transición de viajeros fulltime a pareja expatriada. Por que por más que elijamos construir acá nuestro hogar, el corazón siempre está mirando al sur.
O… será esa melancolía bien porteña que el tango supo transmitir y que nosotres no subimos dejar del otro lado del charco.

Felices 2 años Barcelona.