Explicarle a alguien que uno lleva más de tres años viajando alrededor del mundo, que ya visitamos más de cuarenta países y que planeamos viajar un año más no es algo fácil. Pero si ese alguien, por casualidad, es chino la tarea es tan imposible como limpiar las espinas de un pescado con palitos chinos.

Pero con Drinta fue más fácil. A él también le gusta viajar y al igual que nosotros, sus ambiciones no pasan por el matrimonio y una camioneta 4×4. La conversación venía bien, él preguntaba y nosotros respondíamos. Cada tanto nos quedábamos en silencio contemplando el paisaje. El gran lago Erhai, en la provincia de Yunan al sur de China armonizaba el improvisado encuentro.

¿Y a cuál ciudad volverían? Dijo Drinta.

La pregunta nos desconcertó. En general nos preguntan cómo sostenemos el viaje o cuál es nuestro país favorito. Pero Drinta preguntaba otra cosa ¿A qué ciudad volveríamos?

La mente fue rápida. Empezó a revolver posts, crónicas, encuentros, paisajes, atardeceres.

¡Dubrovnik! ¡Yo volvería a Dubrovnik, en el sur de Croacia!

No sé como Dubrivnik salió tan rápido de mi boca. Habíamos visitado Croacia hace exactamente un año y no había vuelto a pensar en aquel curioso país. Pero el inconsciente me traicionaba y todo indicaba que ahí quería volver.

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Drinta que parecía no saber a que ciudad hacía referencia se quedo mirándome. Esperaba la ampliación o por lo menos los detalles.

“Croacia. Europa. En el mar Adriático.” Nada. No tenia ni idea de que estaba diciendo. Seguí intentando. “Cerca de Italia, se puede ir en barco desde Italia o en cualquier crucero que recorra el Mar Mediterráneo.” “¿Mar Mediterráneo?”. Cuanto ya todo parecía perdido y Drinta parecía no tener ni idea de aquella parte del mapa, se me ocurrió una idea casi milagrosa. “¡Juego de Tronos! Ahí se filmó Juego de Tronos. Drinta, Dubrovnik es Desembarco del Rey”. Y con una leve sonrisa en los labios y con los ojos más achinados que lo común, me dijo que sí. Desembarco del Rey. Sabía de que estábamos hablando.

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Y como quien no quiere la cosa, la charla comenzó a girar en torno a Dubrovik. Le contamos que quedaba al sur de Croacia y que para llegar por tierra, hay que cruzar Bosnia y Herzegovina. Le describimos la ciudad amurallada y las estrechas y laberínticas callejuelas. Los techos de cúpulas y tejas rojas, y los pisos blancos que reflejan el cielo. Las iglesias, las arcadas y los artistas callejeros. Imaginamos juntos el mar azul turquesa contrarrestando con los colores de la ciudad y en el extremo opuesto, la colina de San Sergio. Le contamos de los puestos de suvenires, de la extensa calle Stradun y de los miles de turistas que visitan la ciudad por día. Le contamos de los atardeceres y de los barcitos con vista al mar. La cerveza china tiene mucho que aprender de las cervezas europeas. En el recuerdo caminamos juntos por las murallas y bajamos hasta el puerto, sólo para mojar los pies en el agua. Vimos la ciudad de día y la vimos encenderse a medida que el sol se iba poniendo.

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Le hablamos de la “Bella Ragusa” que tanto enamoraba a Sigmund Freud. Del mestizaje que dejaron los turcos, los eslavos y los italianos en la región. Le presentamos la ex – Yugoslavia y lo desilusionamos al contarle que la ciudad había sido bombardeada por los Serbios.

“Pero tranquilo, Drinta, ahora la ciudad esta como nueva y es una de las más lindas del mundo. Si vas a Dubrivnik no sólo te va a enamorar la ciudad, sino que, además, vas a poder viajar en el tiempo. Y a nosotros, a los que nos gusta viajar alrededor del mundo, viajar en el tiempo es lo que nos apasiona”.

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Info útil

* ¿Qué ver? Si están con ganas de visitar Dubrovnik (o volver, como nosotros) les recomendamos revisar los consejos de los chicos de Imánes de viaje para disfrutar al máximo de la ciudad

* ¿Dónde dormir? Una buena opción es alquilar un departamento cerca de la ciudad amurallada. Les recomendamos revisar las opciones de Wuking.