Eso que tanto ansiamos, deseamos y proyectamos llega. Todo llega. Y a nosotros nos llegó el día. Ya estamos en Nueva Delhi. Más precisamente en el aeropuerto (cuando escribimos esto). Fue un vuelo largo y arduo. No solo fueron las 24 horas de viaje, la escala, ni el cambio de horario, sino que también fue irse. Despedirse, partir.

Muchas veces pensamos en «la despedida». El día, la hora, que llevar, quienes nos irían a despedir, como iríamos a Ezeiza, etc. Pero nunca nos imaginamos que sería tan fuerte. (Fuerte es una buena palabra para describir lo que nos pasó).

Fue comenzar a guardar nuestra ropa, libros y objetos personales en cajas, parte del empezar a irse. Dejamos el departamento en el que vivíamos, dejamos de trabajar, dejamos la rutina. Dejamos. Y si bien «dejamos» por elección no deja de hacerse sentir. ¿Por qué somos tan apegados a nuestras cosas? (Ojalá este viaje pueda aproximarnos una respuesta)

Y luego «despedirnos» de nuestros afectos. Abrazos, lagrimas, buenos deseos, la excusa para decirnos aquello que tanto nos cuesta: «Te quiero».

Estos últimos días en Buenos Aires nos encontraron cargados de emociones, de tristeza y alegría. Fue una «trampa» que no nos esperábamos, que no habíamos tenido en cuenta, ni calculado.

Todo esto nos hizo caer en la cuenta de aquello que vamos a extrañar. Que nos empuja a irnos pero con ganas de volver, de volver a abrazarnos. Extrañarnos para volver a encontrarnos.

Pero ahora estamos en Delhi. Esperando que comience a funcionar el subte que conecta con la ciudad. Estamos cansados, pero contentos de estar aca. Ansiando que salga el sol, ese sol que es el mismo que brilla en Buenos Aires, pero que seguro allá brillará distinto. Esperando para ver el «Amanecer en Delhi«.

Miércoles  24 de Abril, 2012

2:oo am

Indira gandhi airport