Estamos en Dharamkot, cerca de McLeod Ganj, cerca de Dharamsala. Estamos, de a poco, abandonando la altura del Himalaya. Además de haber estado de cumpleaños, también estamos cumpliendo los dos meses de viaje. Y, en verdad, nuestro viaje está cambiando, transformándose día a día, como nosotros. Impermanencia, palabra que comenzamos a escuchar y leer al acercarnos al budismo y a la meditación. Impermanencia, lo que no permanece, lo que está en continuo cambio, lo que se transforma. Nuestro viaje es impermanente, nosotros también lo somos. La vida también lo es.

La permanencia es estar sin mutación en un mismo lugar, estado o calidad. Lo impermanente es la posibilidad de la realidad de no mantenerse en un mismo lugar, estado o calidad. Nuestro mundo es cambiante, como nuestros pensamientos y nuestros cuerpos. Nosotros somos materia en movimiento. La vida es transformación. Hasta la montaña más alta del Himalaya es movimiento. Impermanencia.

Miradas tibetanas

Miradas tibetanas

Miradas hindúes

Miradas hindúes

Nuestro viaje muta, deja de permanecer día a día. Quizá suene reiterativo y poco poético, pero como trasmitirles la sorpresa y novedad que cada día nos depara.

Impermanencia en imágenes:

Impermanencia I - Día nublado

Impermanencia I – Día nublado

Impermanencia II - Arcoiris

Impermanencia II – Arcoiris

Impermanencia III - Atardecer rosa

Impermanencia III – Atardecer rosa

Por ejemplo, planeábamos estar aquí unos 5 días, y llevamos casi dos semanas. Un lugar tramposo que invita a quedarse. No planeamos hacer muchas actividades más que caminar, sacar fotos y escribir, y nos encontramos tomado clases de cocina y haciendo un curso de yoga. Tampoco sabemos cuál será nuestro próximo destino. La temporada de lluvias comenzó, los días son húmedos y mojados, y muchas rutas y ciudades se tornan intransitables. Mientras, esperamos. Pero no es cualquier espera, es una espera impermanente.

Curso de cocina con Reeta

Curso de cocina con Reeta

Llegar hasta aquí no nos resultó nada sencillo (no sé si a Dharamkot, a India, a los dos meses de viaje, queda a criterio del lector). Pero suponiendo que lo decíamos en el aspecto espacial, de donde estábamos no había nada directo que nos lleve. Tuvimos que tomar 3 colectivos para conseguirlo. El resultado fueron 11 horas de viaje, un mareo importante y que llegásemos a McLeod Ganj a las 23, horario donde está todo cerrado y encontrar alojamiento es una tediosa tarea. Pero el sufrimiento también es impermanente, como la felicidad. Que hay que disfrutarla, pero ser consiente que tiene un fin.

McLeod Ganj, es un lugar turístico que se caracteriza por alojar al Dalai Lama. Una ciudad budista donde se respira al grito de “Free Tibet”. Volvemos a encontrarnos, de alguna forma, a esta faceta de la India budista que dejamos atrás en Leh. También es caos de tráfico por calles angostas. Miles de turistas, algunos son extranjeros que vienen buscando conocer más sobre el Dalai Lama, el exilio del pueblo tibetano y su cultura. Y la mayoría son Indios de la región de Punjab (que está pegada a donde estamos) que vienen a la montaña escapando del calor y buscando un poco más de frío.

Free Tibet I

Free Tibet I

Free Tibet II

Free Tibet II

Nosotros estamos en Dharamkot, a unos 20 minutos caminando. Este lugar es especial se respira comodidad. Mucho turismo occidental, muchos alojamientos, muchos restaurantes, muchos cursos. Un lugar donde es difícil aburrirse. Pero, también, un lugar que no parece India. No es la primera vez que decimos que no nos sentimos en India. Si bien estamos dentro de la frontera no están tan presentes la cultura, la caos, el hinduismo, la gente, el aroma India.

May the yearning for freedom of all Tibet that we have nurtured in our hearts for so long come true and soon enjoy the fortune of glorious celebration of spiritual and political Harmony

May the yearning for freedom of all Tibet that we have nurtured in our hearts for so long come true and soon enjoy the fortune of glorious celebration of spiritual and political harmony.

El que busca encuentra, y nosotros la encontramos en Shiva. Amo y señor del estado de Himachal Pradesh. Un dios relacionado con la destrucción. Reeta (la señora que nos enseña a cocinar y nos aloja) nos contó que los dioses lo ven todo.  Y cuando uno no hace bien las cosas, realiza malas acciones o tiene malos pensamientos se enojan. Este es el caso de Shiva, que se enojó e hizo que lloviera y se inundara al norte de Rishikesh, en Kedarnath. O por ejemplo en estos días entraron al cuarto de unos israelitas mientras dormían y le robaron plata y cámaras de fotos. Eso hace que Shiva se enoje, y actué con toda su furia. Por eso nos pidieron que seamos muy respetuosos, para colaborar, y que las cosas mejoren.

Brahma, Vishnu y Shiva

Brahma, Vishnu y Shiva

Reeta con sus comidas, con su alegría y simpatía y con sus teorías conspirativas en relación a Shiva y la época de lluvias nos permitió volver a sentir a India corriendo por nuestra sangre.

Charla de mujeres

Charla de mujeres

Pero acaso, ¿los restaurant estilo “western” (comida continental), los celulares, la ropa deportiva, el budismo, y la cerveza no son parte de India? India es impermanente. Está cambiando, está mutando. India oriental, con aroma a caléndula, con vacas en la calle, con mantras, con saris, con curry convive con India moderna y comercial que usa ropa Adidas y jeans. Una co-existencia. ¿Será que acaso solo las viejas generaciones mantienen la ropa, los rituales y los tiempos de India tradicional? ¿Será un momento de cambio, de transformación?

Acaso ¿Impermanencia o globalización?

Voluntarios tibetanos pidiendo donaciones

Voluntarios tibetanos pidiendo donaciones