Anteriormente, les contamos sobre el mito, las leyendas, y los porqué de la colorida celebración de Holi en India. También hablamos de los rituales y los distintos momentos de Holi. Si aún no lo hiciste, podes leer la primer parte acá: Holi: El festival de color

Pero, como les prometimos, hoy queremos compartirles nuestra experiencia: cómo lo vivimos nosotros.

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Nuestra experiencia:

Decidimos pasa Holi en la ciudad de Jaisalmer, en Rajasthan. Un poco porque la luna llena nos encontró allí y otro poco porque al ser un lugar pequeño sabíamos que no iba a haber grandes conflictos.

La noche previa a Holi salimos con intención de cenar. Pero nos encontramos con pequeñas fogatas que iban armando en las esquinas. Los hombres cantaban, las mujeres aplaudían y el brahmán recitaba algo en hindí a medida que el fuego iba ganando lugar. Todos parecían lucir su mejor ropa y todos nos invitaban a unirnos a la ceremonia. Nos sentamos con ellos y luego dimos las vueltas alrededor del fuego. ¡Qué poco tienen en común estas festividades religiosas con nuestra Pascua o Navidad! ¡Qué difícil entender eso que allí estaba ocurriendo!

Holi - India

Al día siguiente salimos a ver como estaba la cosa. Siendo las 9 am y sin haber caminado 5 metros nos encontramos ante el primer grupo armado de colores.

Al son del “Happy Holi” el pelo de Lucas se tiño de verde. A diferencia de lo que imaginamos, no era una batalla campar de colores. El “Happy Holi” viene acompañado de una caricia por la frente, las mejillas y la cabeza. Con respeto le preguntaron a Ludmila si ella también quería. Qué sentido tenía negarse, cada paso que diéramos iba a ser igual.

Llegamos a la esquina ya empolvados. Un muchacho nos regalo su bolsa de polvos para que nosotros tambien pintemos.

Holi - India

Al principio eramos 5 gatos locos

Y allá estábamos, dos nenes jugando a pintarnos, a tirar polvo al aire, a sonreír y a bailar al compás de los últimos éxitos de Bollywood.

El fuerte de Jaisalmer tiene una suerte de plaza central que hacía de escenario perfecto. El dorado arenisco de las paredes hacia que cada color resalte más. Anteojos, bigotes y saris (ropa femenina típica) todos teñidos por igual. Había mujeres en la calle, pero siempre acompañadas de sus parejas.

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El “Bhang” estaba, pero no era una fuente de peligro. Estaba muy diluido y los niños tomaban. Digamos que solo servía como excitante. Ante la duda, decidimos no probar. Demasiados cosas teníamos que hacer. Pintar, cerrar los ojos cuándo el polvo venia a nuestra cara y tratar de sacar alguna foto en el medio.

Todos fueron muy respetuosos. Nadie nos pintó sin antes pedirnos permiso. A los dos sólo nos tocaron la cara y el pelo.

Estando allá nos acordamos de nuestros carnavales latinoamericanos. De los corsos en Buenos Aires, las comparsas en Entre Ríos, de la chaya riojana, del compadre y la comadre en Jujuy. Recordamos el carnaval en Bolivia.

A lo largo del tiempo, el ser humano se inventa festejos. Sea con una explicación religiosa, que la luna, que la cuaresma, que Krishna o que el tío en Potosí. No importa. Es la excusa. Es volver a jugar, es volver a ser niños, es ensuciarnos, mojarnos, bailar y reír como si el mundo se acabase ahí.

Al menos una vez al año no importan ni las deudas, ni el desamor, ni las castas, ni la reencarnación. Una vez al año celebramos estar vivos.

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Datos y consejos:

Vamos a ser sinceros. Habíamos oído de que en Holi nos podían robar/violar/matar. Que Ludmila, siendo mujer, no podía salir a la calle. Que mejor nos quedemos en el hotel o en las fiestas privadas que los hoteles organizan para que los turistas festejen Holi entre ellos y así evitan salir al terror apabullante que Holi podía suponer. Nada de eso ocurrió.

Holi - India

No pasamos Holi en Nueva Delhi ni en Calcuta, lo pasamos en un pueblo chico de Rajasthan. No nos vestimos de blanco como el 95% de turistas que pago en dólares una camisola blanca como le dijeron en el local de ropa extranjera que se acostumbra usar en Holi. Ludmila no se puso ropa clara que al mojarse con el agua se le iba a transparentar. Lucas no dejo a Ludmila en medio de 10 indios bailando. Ríanse o no, pero todos los turistas que la pasaron mal en Holi no tuvieron nada de sentido común. Holi no es peligroso, es una fiesta, pero como toda fiesta puede desbandarse en excesos y para eso el sentido común es importante.

India - Holi

Los únicos de blanco eran los turistas

Vimos a dos gringas corriendo y llamando a la policía, ambas tenían un shorcito blanco que con el agua mostraba la microbombacha negra. Atrás tenían cinco indios pasados de “Bhang”. El sentido común muchas veces es el mejor aliado (aunque no siempre sea el más común de los sentidos). En serio.

En India, y en cualquier lugar que visitemos, tenemos que ser respetuosos de la cultura local. Saber que ahí jugamos de locales. Que las reglas no las ponemos nosotros.

Por eso les recomendamos:

* Si no quieren ser parte de Holi, no salgan del hotel. Salir y decir “no me tires” es el equivalente a “mojame de arriba a abajo”. No se resistan, es peor. Si quieren participar, pero tienen miedo de los indios, averigüen por las fiestas privadas que organizan pura y exclusivamente para turistas.

* Si te animas a salir, que es que lo te recomendamos, no te vistas de blanco. Quedas medio ridículo. Ponete la ropa más fiera que tengas, porque te aseguramos que los polvos NO SALEN de la ropa. No lleves pertenencias. La llave del hotel y 10 rupias para comprarte un agua si tenes sed, nada más. Te vas a mojar, por lo cual no lleves plata ni pasaporte.

* Protege tu cámara de fotos. Cubrila con una bolsa de plástico. Va a servir de impermeable al agua y a los polvos.

* Si se sentis que los indios se están emocionando demasiado, o que empezó algún empujón que no sabes en que puede terminar, andante con sigilo.

* Disfruta, reí y juga. Festejar Holi en India es algo que no vive muy a menudo.

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