Sube el último pasajero y el chofer a la fuerza cierra la puerta, a la fuerza y porque nosotros nos apretamos un poco más. Toca bocina, una vaca, un grupo de niños y una anciana, todos se corren y nosotros, finalmente, nos ponemos en marcha.

La ciudad amurallada queda atrás, si me esfuerzo aún puedo verla por el espejo retrovisor. Supo ser un fuerte, supo ser vida y refugio en medio del desierto. Ladrillos amontonados y apilados de arenilla amarilla hacen que parezca una montaña dorada. Es curioso, en India vimos ciudades azules, rosas y ahora, amarillas. En Rajastán los colores y los fuertes son moneda corriente. Las callejuelas angostas y muy pobladas es una escena casi típica dónde vendedores de chai conviven con monos y vacas, con perros y con locales de ropa y souvenirs. Un templo, una figura de algún Dios hindú, algún creyente que reza y prende un sahumerio. Las mujeres charlan y cocinan, los viajeros sacan fotos y los niños juegan a la pelota, todo en callejuelas de un metro de ancho. Hay que levantar bastante la vista para encontrar el cielo entre tantos balcones y ventanas. Basta con doblar mal en alguna intersección y perderse por completo en tamaño laberinto. Los templos hinduistas y jainistas se muestran en cada callejuela que tomamos.

Es magnifico tanto espacial como temporalmente. La historia habita los lugares y nos es imposible no considerarla una variable más a visitar. Más que buscar los sitios de interés turístico, a nosotros nos divierte buscar la historia que construye cada lugar. Que el desierto, que el reinado, que el maharaji, que la guerra, que la paz.

El fuerte amarillo

El fuerte amarillo

Pero el fuerte de Jaisalmer quedó atrás. De las calles de ciudad pasamos a una ruta vacía y árida. Arena por doquier, arbustos diseminamos y camellos que se cruzan delante nuestro. Del fuerte no quedan rastros, de la ruta, tampoco. Molinos de viento eléctricos se ven a lo lejos rememorándonos, inevitablemente, al famoso Don Hidalgo Quijote de la Mancha.

Pequeñas construcciones de ladrillos amarillos dan cuenta de rastros de vida humana. Finalmente llegamos a una pequeña duna y el coche se detiene. Sería imposible precisar por qué paró ahí, todos los arbustos son iguales, todas las dunas son iguales, nada indicaba que ahí debía detenerse. Pero lo hizo, y el chofer nos hizo bajar del vehículo. Eran las 9 am y el calor nos sofocaba. Rápidamente entendimos la necesidad de cubrirnos del sol, dejando al aire libre solo nuestras manos y un hueco para poder ver a la altura de los ojos. De pronto, por detrás de la duna aparece un hombre con pañuelo y túnica, me recordó a los beduinos que vi en algún documental por televisión. Detrás del hombre se levantan unos 4 camellos altísimos. Nos solo cargan con sus jorobas, sino que cargan con bidones de agua, mantas, y comida. Cargan todo lo que vamos a necesitar en nuestros días de incursión en el desierto del Thar.

Jaisalmer -2

Jaisalmer -3

Subir al camello no fue fácil. Sea uno más o menos alto, el camello siempre es más alto que uno por más sentado que este. No por nada el “camellero” insistió en que nos agarraremos fuerte de las tiras y con un simple chiflido, el impresionante animal levantó primero sus dos patas delanteras, dejándonos en un plano bastante inclinado para luego levantar las dos traseras. De esto modo, retomamos un inestable equilibrio.

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Así comenzamos a andar. Todos en fila, doblando detrás de alguna duna para luego meternos en otra y así sucesivamente. El calor agobia. El agua está caliente, la cabeza abombada y la incomodidad de estar durante horas sentados en una joroba comienza a sentirse.

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Cualquier rastro de sombra sirve

Cualquier rastro de sombra sirve

Parada a tomar agua

Parada a tomar agua

Jaisalmer -5

Explicar la inmensidad del desierto no es algo sencillo. Porque el desierto lo es todo. Es cada uno de los puntos cardinales, es el horizonte y lo que está debajo de nuestros pies. También puede ser la desesperación de saberse atrapado en un océano de arena que no tiene fin, o puede ser la calma y la tranquilidad en base a su silencio absoluto.

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La sombra que damos desde el camello cada vez es más larga y eso nos da la pauta de que está comenzando a atardecer. El sol, enemigo y fuente de vida de aquellos que habitan el desierto, comienza a desaparecer. Cuándo los molinos de viento, los vertederos de agua y los arbustos quedaron atrás, cuándo solo estamos en medio de infinitas cantidad de dunas, el camello se detiene. Acá paramos, acá dormimos. Acá, donde no hay nada más, más que el atardecer.

El atardecer

El atardecer

Jaisalmer -11

Es la inmensidad del cielo, junto a las eternas ondulaciones de la arena, una pauta de lo mínimo que somos ante tal paisaje. Nada sabemos del desierto, de la noche, ni del día. No podemos orientarnos, no podemos caminar en la arena, no podemos reponernos después de tantas horas en camello. Pero ahí estamos, fascinados con esa infinidad de estrellas que vemos con solo levantar mínimamente la cabeza.

Llegamos, estamos en el corazón desierto del Thar, a solo 20 km de Pakistán. Allí comienza una red de caminos invisibles que nos pueden llevar a Persía: la ruta de la seda. El sólo pensar en la historia que tiene la arena que se desliza entre nuestros dedos nos pone la piel de gallina. Y sin poder separar nuestra vista del cielo nos fuimos quedando dormimos. Sobre la arena, tapados con mantas y estrellas fugaces.

A lo largo de la noche nos despertamos para volvernos a dormir mirando ese cielo impoluto y silencioso. Necesitamos corroborar que efectivamente estábamos ahí, en medio de esas dunas, en algún lugar del desierto.

Los primeros rayos de luz nos despertaron, el amanecer estaba sucediendo ahí: Delante nuestro. No teníamos otro estímulo más que la naturaleza y su magnifica simpleza. Cómo si la escena se repitiese, detrás de una duna apareció el hombre con los altísimos camellos, debíamos comenzar antes de que comience el calor. Los tiempos en el desierto los marca el sol.

El amanecer

El amanecer

Jaisalmer -13

Info útil

En la ciudad de Jaisalmer encontrarán mucha oferta sobre los distintos safaris a realizar. Todos ofrecen básicamente lo mismo. Traten de buscar alguno que ofrezca un lugar no tan común para estar más tranquilos.
Por otro lado, para nosotros no se justificaba hacer una excursión de más tiempo. En base a nuestra experiencia el tiempo que fuimos (2 días 1 noche) fue justo.