Estoy escribiendo esto en el Cabo, frente al mar, donde se reúnen tres aguas y proporcionan una vista sin igual en el mundo. Por esto no es un puerto para los buques. Al igual que la diosa, las aguas que rodean son puras.

Gandhi

Cada uno es responsable de lo que le sucede y tiene el poder de decidir lo que quiere ser. Lo que eres hoy es el resultado de tus decisiones y elecciones en el pasado. Lo que seas mañana será consecuencia de tus actos de hoy.

Vivekananda

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Llegamos al fin de India. El punto más austral. Si India tiene forma de triángulo escaleno, nosotros estamos en el vértice sur. Ese lugar donde se juntan tres mares: el Arábigo, el de Bengala y el Índico. Estamos de pie en los acantilados, mirando al sur, el horizonte y sabiendo que no hay nada más. Algún aficionado de los documentales de History Channel dirá que ahí, debajo del mar, está Lemuria. Lo cierto es que no se ve nada más allá, sólo algún barco pesquero y algún otro con pasajeros que los llevan a las pequeñas islas que están en frente. Una es una estatua de Thiruvalluvar, un poeta de Tamil Nadu (el estado dónde nos encontramos ahora) y la otra es un memorial a Vivekananda, aquél famoso gurú que fue discipulo de Ramakrishna y que llevó la filosofía vedanta a occidente por primera vez. Él meditó tres días en aquella roca y la leyenda cuenta que cruzó nadando, luchando contra tiburones hambrientos. El mismo Gandhi también vino acá a meditar y admirarse de la belleza del cabo.

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Un lugar romántico, ideal para escuchar romper las olas, para ver la salida y la puesta del sol desde el mismo punto. Sólo hay que rotar el propio cuerpo en dirección este u oeste, según corresponda. Nuestra estadía coincidía con la luna llena. Estaba todo orquestado para que salga perfecto. Pero (siempre hay un pero) hubo un pequeño gran detalle que nos hizo cambiar completamente la percepción del lugar.

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Si todo lo anteriormente descripto es arrojado en una ciudad india que recibe mucho turismo local, el resultado es una playa llena de mugre, mierda y meo (el orden de los factores no altera el producto), donde el mar juega con las bolsas de plástico y con retazos de ropa o de ofrendas. Las calles son callejones pequeños donde el ruido de los bocinazos de cualquier vehículo aturde exigiendo prioridad. Los empujones son moneda corriente a la hora de hacer cualquier fila, sea para comprar pasajes de tren o para subirse al barco. No se de donde salió el nombre de fila india, seguro que de acá no. Y los vendedores están todo el tiempo persiguiéndote para ofrecerte todo aquello que no necesitás.

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Seguramente cuando Vivekananda y Gandhi vinieron para acá buscando meditar en uno de los lugares que podría ser de los más pintorescos del mundo, no tenían un vendedor de alfombras que les gritaba desde la otra punta.

India es un país totalmente distinto respecto a lo que estamos acostumbrado, y dentro de esas grandes diferencias está también la forma en la que hacen turismo local.

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Esta ciudad, recibe miles de turistas a diario, pero que vienen sólo con un fin religioso. Acá se encuentra un templo dedicado a la diosa Kumari. Tours organizados trasladan a señoras con saris y tipos con bigotes. Los pasean de acá para allá, y a la hora de dormir, esto es lo más curioso, los amontonan en distintos cuartos. Pero cuando decimos los amontonan, es que en una habitación para dos duermen cinco ¿Cómo? Es difícil de explicar, pero hay una habilidad que es propia del habitar un país superpoblado: encontrar lugar dónde no lo hay. Se aprietan, se acuestan en el piso o uno al lado de otro en los colchones. Al día siguiente se suben al micro, también amontonados, y van en búsqueda de otra ciudad sagrada. Para rezar, bañarse y dejar sus ofrendas mugre en el mar.

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Y mientras los indios viene y se van, algunos en el mismo día y otros a la mañana siguiente, nosotros seguimos ahí. Mirando el sur, el horizonte después del cual ya no hay nada. Buscando la ola perfecta en la que coinciden los tres mares. Pensando en las historia que vienen de Bengala, en los amores pendientes que llegan desde Arabia, intentando pescar algo entre el murmullo del oleaje. Y cuándo creíamos que una ola nos traía un cuento de Madagascar, alguien nos toca el brazo:

Cheaper sunglasses, Sir. Original Ray-ban Madam. Good Price, Good quality” Y lo miramos al indio, miramos el mar, se perdió el barullo que escuchábamos. Pegamos la vuelta. Suficiente India por hoy.

Kanyakumari tiene todo el potencial para ser uno de los lugares más increíbles de India (y del mundo), pero está desaprovechado. O al menos, no aprovechado como nosotros lo imaginamos. Kanyakumari es el fin de India en términos geográficos, pero para nosotros, lejos de eso, fue una simple parada en el camino.