Este no es el gambito de apertura de ninguna melodramática y enigmática historia. Es simplemente el relato de nuestra tercera vuelta a este gigante país.

Reencuentros

Es la tercera vez que nos encontramos en India. Esta vez no nos fue fácil encontrarnos con ella. En verdad, la primera vez tampoco fue fácil encontrarla. Nos habían hablado mucho de ella, habíamos leído otro tanto, pero a la hora de reconocerla, no sabíamos por donde buscar. Fue hace 10 meses en Nueva Delhi. Ella estaba sucia, desaliñada y gritaba mucho. Pero a la vez, era simpática, nos sonreía y se interesaba por saber más de nosotros. Rezábamos, comíamos y caminábamos todo el día juntos; y cuando menos nos lo esperábamos de vuelta a gritar y empujarnos. Era caótica, una completa locura. De a poco comenzamos a entenderla. Fue como si ella nos hubiera reconocido rápidamente, nos tomará de la mano y nos dijera “Vamos, vengan conmigo”. Viajamos juntos unos 5 meses. Luego, por visas y cansancio nos separamos unos días.

La segunda vez fue más fácil. La encontramos enseguida. Apenas un mes estuvimos afuera y al regresar seguía igual. Estaba esperándonos. Fue un re-encuentro agradable. Nosotros ya habíamos empezado a extrañarla.

Pero esta vez, al principio, nos desencajó. Pero claro, nunca habíamos estado en el sur. Siempre lo nuestro fue el norte. Viajando desde las montañas del Himalaya hasta el Ganges, pasando por su desembocadura en el Golfo de Bengala y de vuelta a las montañas.

Kochi

Pero ahora, en el sur, nos costó reconocerla. Llegamos a la ciudad de Kochi, en Kerala y nos encontramos con colectivos con aire acondicionado, hoteles boutique e iglesias católicas. No había vacas ni monos ni pilas de basura. Esperábamos verla en un templo a Shiva, o un monasterio budista, pero nada. No se nos ocurrió buscarla bajo la imagen de la Virgen María.

Kerala - India

Shiva y Jesús con una mezquita de fondo

Pasaban los días y no aparecía. Comenzamos a desesperarnos. Nos daban ganas de pararnos en una esquina y empezar a gritar: “¡Dale, salí! Somos nosotros, volvimos. Acá estamos.” Y nada. Tampoco nos era fácil verla entre esas callejuelas coloniales con edificios viejos pero restaurados en negocios internaciones: Camisolas de seda que cotizaban en dólares, habitaciones con spa ayurvédico en euros y filas de coche estacionados. Eran todos los choferes privados que habían contratado.

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En Fort Kochi

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Redes chinas de pesca que los portugueses llevaron a India.

Sabíamos que Kochi había sido uno de los puertos más importantes durante la colonia portuguesa y holandesa, pero algo no nos terminaba de cerrar. En las calles veíamos más turistas que indios, quizá por eso.

Backwaters

Antes  de terminar de desesperarnos decidimos salir en su búsqueda. Nos tomamos un colectivo a Alleppey (Alappuzha). Era un pueblo más chico que Kochi, quizá teníamos más suerte. Tras varias horas en un colectivo de línea sin aire acondicionado ni ventanas ni puertas, llegamos. Finalmente optamos por tomarnos un bote que recorre los canales que riegan el estado de Kerala. Por momentos nos recordaba el delta argentino, otros hablaban de la “Venecia india”. Ni uno ni lo otro.

Kerala - India

Canales

Kerala - India

El barco comenzó a alejarse de la ciudad y el gris cemento dejó lugar a verdes cocoteros. Palmeras en ambas veras del río y entre la frondosa vegetación, alguna que otra casita. Un paisaje digno de los cuentos de la selva. Una señora lavando ropa, un nene andando en bici y un don descansando a la sombra.

Kerala - India

Kerala - India

Andando en bici

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Y ahí, entre tanta sencillez y simpleza nos pareció verla. Queríamos bajar del barco, salir a su encuentro y abrazarla. Pero no. El barco siguió y ella se nos perdió de vista. Paramos a almorzar. Éramos todos turistas.

Kerala - India

Transporte local

Kerala - India

Y de pronto se nos ocurrió pensar: “¿Y si estamos buscando mal?”. El sol comenzaba a bajar y una leve brisa comenzó a soplar refrescándonos del calor agobiante del mediodía. Ya no hacia tanto calor. Idiotas nosotros, buscando algo que no acá no vamos a encontrar. Si sabíamos que ella es inmensa, que tiene mil caras, porque pensar que la íbamos a reconocer. Ella nos encontró desde el primer día y nosotros nos negábamos a reconocerla. Buscábamos la India que dejamos en el norte, en Calcuta hace ya unos 4 meses. Ahora volamos al sur, ella es otra.

India es tan grande y tiene tantas formas que no deja de sorprender. En realidad, cada región es un país distinto, con la diferencia de que no queda registrado en el pasaporte.

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