“4 de copas. Racha cabrona. 
Bueno pa’nada de peor en peor.”

Aclaración: 4 de copas es una de las cartas de menor valor en el “Truco”, juego de cartas rioplatense. 

Bandera lituana

Bandera lituana

En Klaipeda la suerte que nos cuidaba se distrajo y el destino nos fue adverso. Como una mano de truco dónde uno no liga nada, así fueron nuestros días en esa ciudad. Hay veces que las cosas no salen como uno quiere, esto pasa en todos los ámbitos de la vida, incluso viajando y uno tiene que aprender a lidiar con eso.

*

La suerte estaba echada sobre la mesa. Tres cartas ella, tres cartas nosotros. El partido venía parecido, 12 – 11 en las buenas. Ya estábamos en el final. Esta vez, nosotros éramos mano.

De un lado ella, Klaipeda. La primer gran ciudad que nos recibió luego de haber cruzado el Istmo de Curlandia. Ciudad enorme, histérica, engreída y desentendida del mundo que la rodea. Del otro lado, nosotros dos. Con ganas de una ducha caliente y de lavar ropa.

Primeras imágenes de la ciudad

Primeras imágenes de la ciudad

Damos vueltas las cartas: Un ancho falso, un 5 y un 4 de copa. No teníamos mucho, pero éramos mano y teníamos algo para el tanto. Cuándo viajamos nunca tenemos mucho, pero siempre tenemos esa suerte que supone ser mano y con eso nos la ingeniamos.

Salimos con el ancho de oro. “Primera es la que vale”, decía siempre mi abuelo:

Cruzamos desde el istmo de Curlandia a la ciudad en la camioneta de una familia alemana muy macanuda. Nos dejaron en el puerto pensando que nos dejaban cerca del centro de la ciudad. La verdad, es que eso de centro no tenia nada. No teníamos ni idea de donde ir, no teníamos un mapa de la ciudad (generalmente usamos maps.me, pero la poca internet de los días previos no nos permitió descargar el mapa). Ese fue el primer síntoma de que las cosas no iban saliendo según lo planeado, el segundo fue la lluvia.

Klaipeda-5

Dicen que tocar la parte que brilla de las estatuas da suerte. Quizá por eso no nos fue bien.

Jugamos. No cantamos el tanto. Preferimos que lo cante ella, esos 29 podían ser nuestra única jugada.

Caminamos hasta una estación de servicio para preguntar por un lugar barato para dormir. De couchsurfing no habíamos tenido ninguna respuesta. Pero en la estación no encontramos ni una palabra amiga, ni una sonrisa de ánimo. Serios y parcos nos mostraron un mapa desteñido de la ciudad que tenían colgado en un cuadro, eso fue todo. Encontramos dónde estábamos sin ayuda de nadie, encontramos el centro a unos 4 km y salimos a su encuentro bajo la lluvia que recién estaba parando. No todo es tan malo después de todo. Ilusos.

Fuente hecha con restos de la guerra

Fuente hecha con restos de la guerra

Contábamos con decirle envido en cuánto nos cante. Podrían ser 4 puntos, ya casi liquidábamos el partido. Con una sonrisa macabra nos mira y nos canta Falta Envido. ¿Qué hacer? ¿Decir qué sí con las perdedoras? Mejor pasamos. “No quiero” y adiós esperanzas: 13 – 11.

Le escribimos a los hostels/hoteles de la zona contándole de nuestro viaje, del blog, les preguntamos si quieren alojarnos. Al igual que con Couchsurfing no recibimos nada. Ni un si, ni un no, nada. Caminamos mucho con las mochilas a cuestas hasta encontrar un hostel o algún lugar dónde dormir (y en este caso, secarnos). Pagamos un precio no tan barato. Pero sólo por una noche, ya nos queríamos ir corriendo de esa ciudad.

Las calles estaban desiertas

Las calles estaban desiertas

Juega ella. Un tres de basto. Tiene la sonrisa como si estuviese cargada. O no, quizá está buscando estrategias cómo nosotros.

Lo que más nos molestaba no era ni la lluvia, ni haber caminado varios kilómetros, ni pagar tanto por un hostel que no lo valía, lo que mas nos molestaba era que la gente no sonreía y desbordaban mala onda. Ni en la estación de servicio, ni la chica del hostel, ni la cajera del supermercado. Nadie, absolutamente nadie, nos devolvía una sonrisa.

Ni la señora de la ventana nos saludo

Ni la señora de la ventana nos saludó

Nos fuimos a dormir pensando que había sido una mala tarde y nada más. Por suerte a la noche no tuvimos ninguna pesadilla ni tampoco ningún trastorno en el sueño. Estabamos cansados. Estamos viejos para una semana en carpa.

Desayunamos granola con fruta como solemos y con las mochilas a cuestas nos fuimos a la ruta tratando de hacer dedo hasta Vilnius. Klaipeda había sido una mala pasada nomás, una segunda mala bienvenida a Lituania.

Al menos había muchos libros en la calle...

Al menos había muchos libros en la calle…

Klaipeda-2

... pero no eran de fácil lectura

… pero no eran de fácil lectura

Sigue el partido y juega ella. Arriba de su coqueto tres pone un seis de espadas. Nos mira buscando una reacción de nuestro lado. Una puteada al universo, un desplante en la mesa de juego, o algo así. No dice nada. No canta nada.

Decirles que estuvimos más de 5 horas esperando en la banquina no es suficiente descripción. El ruido y el smog de los autos nos dejó aturdidos. No teníamos más ánimos. Se le puede echar la culpa al lugar, pero no era tan malo. Incluso, lo sacamos de Hitchwiki.org.

Nos quedaba un cinco y un cuatro de copa. Nos la jugamos. Capaz se achicha. Le cantamos Truco. ¿Las esperanzas son lo último que se pierde no?

El cinco se nos resbala de la mano, cae al piso. Lo único que nos queda es el cuatro de copas en la mano derecha. Ella dice “quiero re truco”. Final del juego.

No sólo no nos devolvió ni una sonrisa de las muchas que intentamos, sino que incluso nos destruyó el ánimo. Esa misma noche volvimos al centro, a tomarnos un tren con destino a Vilnius, creyendo que en la próxima ciudad, la suerte va a cambiar.

En Klaipeda fuimos eso, un cuatro de copas. En el tren sonaron Los Caballeros de la Quema.