El éxodo al norte concluyo. Llegamos a destino, llegamos a Leh. Atravesamos el noroeste de India para adentrarnos en el Himalaya, cerca de China. Seguíamos con ganas de instalarnos más en los lugares que íbamos conociendo; 7 ciudades en 15 días suena a mucho. Y no sabemos cómo o a que deidad le dedicamos nuestras plegarias que algo así ocurrió, pero no nos adelantemos. Dejamos atrás el hinduismo, dejamos atrás el mundo sij y dejamos atrás a los musulmanes. Llegamos a tierras budistas.

También hay musulmanes

También hay musulmanes

Y las mezquitas se mezclan con las banderas de colores

Y las mezquitas se mezclan con las banderas de colores

¿Será qué nos es más familiar? Algo al respecto conocemos o porque quizá simpatizamos más con sus ideas, pero el ir llegando a Leh a través de las montañas, y divisar tantas banderas budistas de colores nos pintó una sonrisa en la cara. Sabíamos que algo de este lugar nos atraía, pero no sabíamos que.

Bajamos del micro desorientados, intentamos ubicarnos y buscar un alojamiento. Esta escena se repite cada vez que llegamos a un nuevo destino. El precio de jugar de visitante. Esta vez fue más fácil. Las cuadras que nos separaban hasta el Guest-house nos sirvieron de adelanto de la película que pronto se proyectaría.

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Que difícil traducir a palabras lo que uno percibe con los sentidos, es como racionalizar sensaciones. Haremos el esfuerzo. Leh no parece India, su nombre no suena a India. Su gente (o mejor dicho los rasgos de su gente) no condicen con India, al menos con la India que dejamos atrás. Las miradas no eran las mismas. Quizá más achinadas, sin llegar a ser chinas, quizás más tibetanas. Sí, tantos tibetanos exiliados se refugian aquí. “Free Tibet” es la consigna que se respira. Las miradas, la ropa, la actitud.

En un templo

En un templo

Cuando la revolución China entró en la región del Tibet por la fuerza, el Dalai Lama de ese momento junto a varios seguidores iniciaron una marcha hacia India. Se nota en los carteles un agradecimiento a India por haberlos recibido y permitirles estar acá. Al fin y al cabo, el budismo nació en India, y es tan diversa que se permite recibir nuevas religiones. El Dalai Lama vive en una ciudad que se llama Dharamsala, está un poco más al sur de Leh. Pero toda esta región está impregnada de budismo.

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Monjes budistas caminando por calles, recitando sus mantras, marcando cuencas en su mala. Que lejanos parecen aquellos días caóticos en Delhi. Que distinto parece el budismo del hinduismo. Y nosotros, observando. Es comparar los miles de dioses del hinduismo contra ninguno del budismo. La no-deidad, el creer en enseñanzas y no en personas,  el intentar trasmitir una filosofía de vida son algunas de las cuestiones que nos acercan al budismo. No somos expertos, es claro. Hay una máxima budista que afirma que “el sufrimiento es el anhelo, es el deseo”. Nos deja pensando.

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Banderines de colores, imágenes de Buda, comida tibetana, y “Juley” (expresión tibetana para saludar jubilosamente). Ese es el ambiente, casi familiar. Hasta comer era grato; Veníamos de una mala racha de restaurantes donde el pedir no picante no tenía cabida.

¿Qué hicimos en Leh? Descansar, caminar, escribir, pensar. Leh nos obligó a pensarnos bastante. Tanta hospitalidad, tanto agradecimiento, tanta comodidad a cambio de nada (o de nada material).

En Leh también paseamos. Conocimos el famoso “Palacio de Leh”, que es una réplica más pequeña del Palacio de Lhasa (Tibet) que hoy funciona como monasterio budista. Cuándo fuimos se ve que era temprano y el palacio estaba abierto pero completamente vacío, asique tuvimos la suerte de recorrerlo a nuestro tiempo y gusto. Cerca hay un fuerte de antaño pero que está cerrado. También hay un museo de arte asiático que… también está cerrado.

Palacio de Leh

Palacio de Leh

El palacio y el fuerte desde nuestra ventana

El palacio y el fuerte desde nuestra ventana

Con el paso de los días nos enteramos que la temporada alta es Junio-Julio así que muchas cosas no están disponibles aún. Claro, las cosas turísticas armadas para que nosotros no nos aburramos y perdamos el tiempo sentados al sol mirando la gente pasar.

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Y cuando ya llevábamos unos cuantos días acá se nos ocurrió pensar en nuestro siguiente destino: Manali. Y wow, nos enteramos que la ruta estaba cerrada. Que abre entre Mayo y Junio por la nieve. Sí, no se nos había ocurrido averiguar antes. Y así Leh nos invitó a quedarnos unos días más sentados al sol mirando la gente pasar.

Jovenes viendo un partido de Criquet

Y de paso, seguimos conociendo un poco más. Un día decidimos tomarnos un micro a Alchi y terminamos durmiendo en una escuela monasterio para niños budistas.

Otro día decidimos hacer un trekking de unos 3 días. Con la experiencia de dormir en casa de familias. ¡Cómo nos separa el idioma! Es una barrera que nos traba continuamente. Tantas cosas queremos preguntar y no sabemos cómo. Pero el lenguaje de las señas es universal, y con eso nos hacemos entender, pero no es suficiente. En esta región se habla específicamente Ladakhi. En toda la India hay cientos de lenguas diferentes. Pero la oficial es el hindi.

En casa de Nurma.

En casa de Nurma.

Y aquí estamos, esperando. ¿Esperando qué? Que la ruta abra por ejemplo. Nuestra intención de querer estar más en los lugares fue oída, y así ya casi llevamos 15 días. 15 días pensando, esperando, escribiendo. 15 días de budismo en Leh, en algún lado del Himalaya. ¡Juley!

Desde alguna ventana

Desde alguna ventana