Hoy Buenos Aires amaneció mojado. Llueve, hace horas que llueve. Y el cielo gris no parece haber sido de otro color.

La lluvia me traslada. Miro por la ventana y me acuerdo de Vietnam. Nuestros días vietnamitas estuvieron marcados por la lluvia. La lluvia era parte del escenario, y esta vez, con un papel de protagonista. La lluvia nos obligaba a correr hasta el siguiente toldo y tomarnos un té mientras esperamos que pare. En todas las esquinas venden paraguas y también, protectores plásticos para los sombreros cónicos. Pilotos de colores y motos, muchas motos. Los mercados estaban preparados para eso, solo bastaba para que caigan una gota a continuación de otra para que los mercados al  aire libre. se hagan techados

Viajar desde la quietud es uno de los viajes más intensos. Son viajes mentales, dónde la fantasía y la realidad se mezclan como en los sueños. Viajes en imágenes y sensaciones. Como si los músculos se activasen en movimientos imperceptibles para los ojos humanos. Y allí estamos nosotros; Volvemos a caminar por esas calles repletas de carteles en letras inentendibles, el paladar y las manos se adaptan a comer con palitos y cruzar la calle se vuelve una acción de riesgo. La historia y coyuntura social que nos atraviesa es otra, y uno se adapta a esa lógica. Buenos Aires queda atrás. Ahora solo vemos banderas rojas e imágenes de Ho Chi Minh. Me acuerdo de Saigón, de Marguerite Duras y de la guerra. Plantaciones de arroz y resto de una monarquía china. “Indochina”, su nombre me resuena tan lejano como pensar en la estación Catedral del subte D mientras caminamos por la agitada capital, Hanoi.

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Llueve, o al menos eso anuncia un señor por la radio “Son las 14:45 hs en Buenos Aires, llueve en Capital Federal y alrededores, la humedad es del 90%.”

Me asomo por la ventana, y corroboro lo oído. Llueve. Abro la ventana y dejo entrar ese olor a tierra mojada mezclada con una humedad pegadiza. Respiro, como intentando que cada partícula de aire penetre lo más posible dentro mío. Sacó mi mano del bolsillo e intento que pase a través de la reja de la ventana. Estiro el brazo lo más posible, mi hombro queda en paralelo a la reja. Aún falta un tramo.

Ahora, estiro y proyecto mis dedos, hago fuerza, y finalmente, llegó. La punta de mis dedos logró superar el largo del alero, y tocar la lluvia.

Dejo que la lluvia me mojé, aunque solo sean en mis manos. El señor de la radio tiene razón. Es Buenos Aires, son las 14:45 hs, llueve y la humedad es del 90 %.  Bajo a prepararme un mate, Vietnam quedo atrás.

Hue - Vietnam

 

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