Llueve. Parece a propósito (siempre tan autorreferenciales). Esperó a que cruzáramos. Del otro lado quedo el sol. Él no cruza la frontera, espera del otro lado. Estamos en Vietnam y llueve.

Garua finito, hace frío y debemos buscar los abrigos en las mochilas. El minibús nos deja en el centro de Hué, a unas cuadras de la zona de guest house. Caminamos y la lluvia nos acompaña. Decenas, mejor dicho, cientos de motos, también, caminan al lado nuestros. Ellos van preparados, pilotos de colores y a lunares. Los menos van en bicicleta, y los más atrevidos sostienen un paraguas mientras manejan.

Motos en Hue (lluvia)

Tráfico un día de lluvia

¿Podía ser de otra manera? Dudamos. Es la primera vez en este país, pero no podemos imaginarlo sin lluvia. Es parte del paisaje, nos lo imaginábamos así. Quizá por alguna película, quizá por algún comentario o quizá por culpa de Marguerite Duras y su amante.

La lluvia nos gusta. Nos fuimos de Buenos Aires cuándo el calor recién comenzaba a irse y desde ahí transcurrieron 8 meses en climas tropicales. Necesitamos lluvia y frio. El placer de ponerse una campera, quizá una chalina y zapatillas.

Vietnam nos es familiar. Transcurrieron pocos días desde que llegamos pero sentimos que lo conocemos. Y no por ser igual a todo lo que venimos viendo. Algo nos hace sentir que ya estuvimos aquí. Las calles nos son familiares. Hué nos es conocida. Estamos cómodos. Hué tiene algo de Buenos Aires, tal vez los jacarandá en las veredas, tal vez la mezcla de construcciones, tal vez el clima nos hace acordar el otoño de allá. Ese otoño que recién estaba comenzando cuando nosotros nos fuimos. Tal vez por todo eso nos sentimos cómodos y tal vez por eso nos cueste escribir tanto sobre esta ciudad. Lo difícil es poder encontrar el asombro y la belleza en lo que a uno le resulta cotidiano.

Calles de Hue - Vietnam

Las calles de Hué

Decidimos caminar bajo la lluvia. Recorrer la ciudad a pie y en bicicleta. Las dos mejores maneras de conocer (o reencontrarse) con un sitio. A la ciudad la atraviesa el río Perfume (premio al mejor nombre de río). Cruzamos el río y caminamos por las calles imperiales. Nos pasemos por el casco histórico. Dicen que acá hubo un imperio. Que fuera la capital del país y centro religioso entre 1802 y 1945.

Río perfume Hue

El río Perfume

Llegamos a una ciudadela fortificada. No solo una muralla nos separa, también una fosa. Al mejor estilo castillo en el imaginario colectivo (o de los cuentos de princesas) donde hay una gran muralla, con fosa y un puente para cruzar. Pero en este caso no hay cocodrilos. O si, pero los venden asados a la brazas.

Ciudadela Hue Vietnam

Ciudadela de Hué

Adentro esta casi todo reconstruido. Los yanquis se encargaron de bombardear todo  y los vietnamitas de reconstruirlo. La imaginación suele venir muy bien en actividades como estas.

Sigue lloviendo, y la lluvia nos lleva por calles paralelas. Mercados y vietnamitas. Todos nos saludan, los más tímidos nos miran por debajo de sus sombreros, los más atrevidos nos ofrecen algo para vender. Las calles imperiales nos conducen a un barrio. Por que la ciudadela imperial, es solo eso. La vida no transcurre sino en las calles paralelas. Gente en la vereda, encuentro de vecinos. Una señora vende fruta y otra café frío. Todos andan en moto. Salvo los niños, ellos andan en bicicleta. El clima tiñe las casas, las calles y hasta el rostro de las personas. Todo esta pasado por agua. El mercado es enorme. Comida, ropa y souvenirs. Uno puede comprar desde una lata de pintura a un pajarito con solo unos metros de distancia. También, hay muchos puestos de comida; La chica de las tortas frita nos eligió como clientes. Al lado, una cadena de comida rápida. Ya no hay más calles imperiales, ahora es una ciudad. Una ciudad grande y en movimiento. Todos tienen algo para hacer, incluso los turistas que deciden caminar bajo el agua.

Las bicicletas nos permitan llegar más lejos. La lluvia nos da tregua y salimos a pedalear sin mapa. Las calles imperiales y de mercados llegan a su fin. La ciudad suelta el garrote y llegamos a las afueras. Caminos de tierra, niños jugando y mujeres intentando secar la ropa. Las mujeres están en la calle, a toda hora. Son protagonistas, mucho más que los hombres, mucho más que los niños.

Las casas son humildes y siempre con gallinas. Son humildes, pero todas tienen algo en común. Enormes tumbas en el jardín. Tumbas de material, pesadas y tétricas. Letras en chino anuncian algo que no terminamos de descifrar. Son muchas las tumbas y no dejan de llamarnos la atención. Las tumbas por asociación nos hace pensar en la muerta y en la guerra. Tumbas enormes que indican que ahí yace uno o varios, quizás. La muerta los arrebata pero las tumbas los mantienen en ese mundo. Nadie habla ingles ni nosotros vietnamitas, no sabemos que dicen esas letras en chino.

Después están las tumbas imperiales, patrimonio de la ciudadela histórica. Mucho más grandes y lujosas. Detalles en mármol y esculturas por doquier. Estas tumbas, a diferencia de las anteriores, tienen precio.

La lluvia nos da la bienvenida. ¿Podía ser de otra manera? Dudamos. Es la primera vez en este país, pero no podemos imaginarlo sin lluvia.

Bandera Vietnam en Hue

Gotitas de lluvia en el lente de la cámara