La historia transcurrió en el aeropuerto de Múnich. Al escribirlo todavía me tiemblan las manos de lo atroz que fue. Pero lo escribo para dejar constancia del hecho, o tal vez convencerme de que fue sólo en un cuento.

***

Era de noche, estábamos sentados cada uno compenetrado en sus libros. Kerouac me estaba llevando de viaje por Estados Unidos, a toda velocidad en un Cadillac prestado, cuando de repente tengo la extraña sensación de que ese momento ya lo había vivido. Enfrente nuestro una pareja se había sentado. Las caras me resultan familiares. Ahora, sabiendo lo que pasó, me doy cuenta que a uno le cuesta reconocer los rostros que no se espera encontrar en un lugar determinado. Cómo si algunas personas sólo pertenecieran o un lugar o circunstancias determinadas.

Se pusieron hablar. Mostraron emoción por el porvenir. Hablaban de viajes, de un año, de India y  luego de Asia. Los reconocí con horror. Me acerqué y les dije:

-¿Ustedes son argentinos?

– Argentinos, pero ahora nos vamos de viaje. Por un tiempo largo.

Hubo un silencio largo. Pensé en su comentario. Cómo si el hecho de irse de viaje les daba otra nacionalidad. Les pregunté:

-¿Son de Hurlingham?

Contestaron que si.

-En tal caso – les dije sin dudarlo – ustedes se llaman Ludmila Greco y Lucas Fernández Canevari. Yo también soy Lucas y ella Ludmila Greco. Estamos a fines de marzo de 2014, volamos desde India y ahora estamos en el aeropuerto de Múnich en la escala del vuelo para visitar a mi hermana en Suiza.

-No – Respondió él con mi propia voz, un poco lejana. Estamos en Frankfurt, a fines de abril de 2013. Nosotros esperamos un vuelo para llegar a Delhi.

Se hizo una pausa.

-Lo raro es que nos parecemos – siguió la otra Ludmila – pero ustedes están más flacos, y la mirada es distinta.

Le contesté:

-Puedo probarles que no miento. Les puede decir varias cosas sobre ustedes. En su casa tenían una biblioteca grande que compraron en el mercado de las pulgas, luego la arreglaron y la pintaron de verde. En la biblioteca tenían muchos libros. Las colecciones completas de Freud y Borges, varios libros de Cortázar y García Márquez. También de Kapuscinski y Galeano. Ludmila le regaló a Lucas, para su último cumpleaños, un ajedrez  de madera tallado a mano. ¿Está bien con todo eso?

-No, eso no dice nada, puede tratarse simplemente de un sueño.

Si fuera un sueño, cada uno de nosotros 4 tiene que creer que es su propio sueño, y aceptarlo así como es. En todo caso nuestro sueño duró casi un año. Recorrimos varios países, pero por sobre todo India ¿No quieren saber algo de los que van a vivir en el viaje?

Asintieron sin decir nada. Medio perdido, y sin saber por donde empezar les dije:

-No van a cumplir su itinerario planeado. El viaje los va a sorprender. Eso es lo más importante. No pierdan la capacidad de asombro. No se van a enfermar ni tener ningún accidente, tampoco les van a robar ni sufrir ningún hecho lamentable. Por eso no se preocupen.

-Pero queremos saber como es que nos va a cambiar. Digo, el hecho de que el viaje cambia a las personas. Más un viaje tan largo, a un destino tan poco conocido. Todos dicen que cuando volvamos no vamos a ser los mismos.

Otro silencio que nadie se atrevió a interrumpir. Como si los 4 supiéramos que responder esa pregunta no iba a dejar satisfecho a ninguno. Finalmente alguien hablo:

-“En los mismo ríos entramos y no entramos, pues somos y no somos.” Dijo alguna vez un griego. El hombre de ayer no es el mismo que hoy. Nosotros cuatro, sea donde sea que estemos, somos la prueba.

Y mientras las palabras se perdían en el vértigo del aeropuerto, casi a la par les (nos) dijimos:

– Escriban. No importa la que pase, los que les digan, lo que sientan. Escriban. Eso les va a permitir encontrarse.

Nos mirábamos y sonreíamos. Nos conocíamos, pero éramos 4 completos extraños. La escena nos era tan ajena como propia. Teníamos miedo. Miedo de nosotros mismos, de lo que podíamos decir, de lo que podíamos enterarnos, de lo que podíamos cambiar.

Nuestra situación era única y, francamente, no estábamos preparados. El tiempo pasaba y la situación nos incomodaba. De pronto dijeron:

-¿Cómo es, si es que ustedes fueron nosotros, qué se olvidaron de este encuentro hace un año?

-Tal vez, al tratarse de una situación extraña, preferimos olvidarlo. O simplemente pensamos que fue un sueño y sin mucha importancia pasó al olvido.

La respuesta no convenció a nadie. La voz anunciaba, por altoparlante, el último llamado para embarcar. Ellos comenzaban un viaje, nosotros lo terminábamos. Pero había algo en la situación, que nos daba la sensación, de que el viaje se iba a hacer presente durante mucho tiempo. Al menos en nuestros sueños.

Aclaración: Cualquier semejanza con “El otro” de J.L.B. es pura coincidencia.

2014-01-16 10.31.53-2