Las situaciones cambian y nosotros nos vamos adaptando al cambio. Cambia, todo cambia. Lo único constante es la adaptación al cambio. En eso estamos mientras viajamos.

Río Mekong

Río Mekong

Lo vivido:

La pick-up que nos acercó a Luang Prabang nos dejó a unos metros del centro. Lo cual nos dió tiempo de pasar por un baño y aunque sea, peinarnos un poco. Llegar al hotel no nos fue fácil, y no justamente por su ubicación. Si no que eran los nervios los que nos ganaban. Un hotel boutique donde la noche valía lo mismo que nuestro presupuesto mensual. Un lugar que no encajaba con nosotros, y nosotros con ellos.

La entrada fue una imagen sacada de una películas. Por un lado nosotros dos, con las mochilas sucias y nuestra ropa curtida de ya tanto viaje. Por el otro un hotel/mansión (la casona había sido parte de la realeza laosiana).
La entrada con su fuente ya nos dejó atónitos. Nos sentamos en la recepción, le dijimos de nuestra reserva y nos trajeron una toalla mojada con aroma a limón (para refrescarse) y jugo de arándanos en una copa de vino. Nos sentíamos bastante raros. Mientras, el recepcionista buscaba “nuestra” reserva en la computadora. Finalmente la encuentra, figuraban nuestros nombres: “Lucas and Ludmila”. Pero antes de mostrarnos la habitación, él tiene que llamar al manager del hotel. Baja un hombre vestido de traje muy elegante. Hablaba muy bien inglés pero se le escapaba el acento francés. Nos da la bienvenida. Todavía no entendíamos que hacíamos nosotros ahí. La pregunta surgió sola. “-¿Qué esperan ustedes de nosotros? -Que escriban, que escriban mucho” esa fue su respuesta.

Agarramos nuestras mochilas y nos fuimos a la habitación. Apenas la abrimos nuestras expresiones fueron de asombro. Se nos debe haber escapado algún uuuuauuu! (como a los niños). Y justamente, como niños nos pusimos a revisar todo: placares, cajones, shampoo, el secador de pelo, la caja fuerte, la heladera, etc. ¡Hasta teníamos un escritorio para poner la computadora y sentarnos a escribir!

Si, éramos niños jugando

Si, éramos niños jugando

Ya que estábamos nos fuimos a la zona de pileta. Para leer un poco y aprovechar para escribir. Y en eso estábamos cuando se acercan a ofrecernos (solo a nosotros) un masaje gratuito de una hora. No solo nos habían recibido en su hotel, si no que nos daban tratos especiales.

¿Trabando?

¿Trabajando?

El hotel era muy grande y nosotros éramos los más jóvenes. Contingentes de jubilados franceses arribaban todos los días. Claramente no era una guest-house backpacker.

Entre masajes, cerveza al lado de la pileta y desayunos abundantes nosotros nos preguntábamos que mierda estábamos haciendo ahí. Una lata de Coca-Cola costaba más que el presupuesto diario que manejamos.

Beerlao - Cerveza laosina

Beerlao – Cerveza laosina

Por las noches nos “escapábamos” al mercado. Puestitos de comida y un buffet de 10.000K (1,2 USD). Nuestros compañeros de hotel también iban al mercado, pero no a comer ni a charlar. Iban en combi (estaba a unos 400 metros del hotel) y con un guía que les indicaba donde sentarse y hasta donde pisar.

Buffet en el mercado

Buffet en el mercado

Luang Prabang esta llena de templos. Por algo es la capital religiosa de Laos

Luang Prabang esta llena de templos. Por algo es la capital religiosa de Laos

Luang Prabang - 9

Lo previo:

Ya llevábamos más de una semana en Laos y Luang Prabang surge como nuestro próximo destino. No teníamos muchas referencias de la ciudad salvo que es una “ciudad boutique”, patrimonio de la humanidad según la UNESCO. La ciudad es un remanso de la locura asiático, tan colonial y francesa que no parece Asía y mucho menos Laos.

Pero aún no llegamos. Solo estamos viendo el mapa y ver en que ruta nos conviene hacer “autostop”. También buscamos alojamiento en Couchsurfing y no encontramos nadie que nos pudiera alojar. Lo que abrió una nueva posibilidad. ¿Y si le mandamos un mail a los hoteles ofreciéndoles cambiar alojamiento por promoción en las redes sociales? ¿Y por qué no? ¿Qué podíamos perder?

También nos invitaron a pasar el día a un eco-hotel

También nos invitaron a pasar el día a un eco-hotel

Luang Prabang - 12

El resultado:

Increíblemente caminar por los lujosos pasillos del hotel nos hacia sentir bichos raros. En cambio, las calles de los mercados ya nos son habituales. Nos llama más la atención un desayuno con croissant que un huevo frito con sopa a las 9 am. Los días de lujo nos llenaron de contradicciones; nos permitieron encontrarnos con tantísimas comodidades que habíamos dejado en Buenos Aires. Nuestra cara de asombro del primer día se fueron transformando hasta llegar a ser algo chiquito y pasajero. Nada de todo eso que vimos, comimos y tanto disfrutamos es necesario.
El viajar nos enseña eso: que nos enseñan a necesitar y comprar. Nadie necesita un hotel de 300 USD la noche para vivir, nadie necesita un guía para recorrer un mercado local. Nadie necesita dormir bajo 5 estrellas, sobre todo cuándo el universo nos brinda miles de estrellas de manera gratuita.

La vida es cambio y adaptación. También es libertad. Y en eso estamos, un día nos toca un hotel boutique y al otro día, con suerte, volvemos a guest-house backpacker.

¿Será cierto que Ganesha trae suerte?

¿Será cierto que Ganesha trae suerte?