*Aclaración: El siguiente relato podría ser algo serio (quizá, hasta fastidioso). Podría ser puramente histórico y anacrónico. Podríamos hablar de fechas y de datos. Para no aburrir(nos) decimos escribir pensando en otros lectores. Este relato es para nuestros sobrinos. Posiblemente algunos de las historias que contaremos en la próxima pijamada.

Había una vez una isla mágica que se llama Majuli. Era un lugar muy muy lejos de Argentina. La isla estaba en India, ese país que a los tíos les gusta tanto. Majuli estaba, precisamente, en el estado de Assam. Estado famoso por ser productor de té. Assam es una región bastante remota de India, y está mucho más cerca de Myanmar que de Nueva Delhi.

La isla supo ser una de las más grandes del mundo pero con las inundaciones, y el cambio climático cada vez se va haciendo más chica. Dicen que unas décadas podría desaparecer ¿Será verdad? Ojalá que no.

Para llegar a la isla tuvimos que tomarnos un barco. No saben el miedo que nos dio. El barco era muy viejo y parecía que en cualquier momento se hundía pero por suerte llegamos bien. Eso si, un poco mojados. Entraba agua del piso, de los costados y del techo (¡justo se largo a llover!).

Después de casi dos horas, por suerte, llegamos a la isla. El paisaje era muy sencillo. Calles de tierra, plantaciones de arroz y casas hechas con bambú y hojas del palmeras. Para cocinar prendían fuego con leñas que los nenes juntaban mientras jugaban a correr por ahí. En la Isla Majuli la luz eléctrica es algo nuevo y sólo funciona por algunas horas. No hay televisiones, ni frezzers ni tablets para jugar juegos. ¿Saben qué hace la gente? Charla, se junta a tomar té, juegan a las cartas, caminan, rezan y siguen charlando un poco más. La vida en Majuli es muy distinta a como vivimos nosotros en Buenos Aires.

Pero la isla también tiene algo mágico, y esa es la historia que le queremos contar hoy (o, mejor dicho, la próxima vez que nos veamos). Hace muchos muchos años había un señor llamado Sankardev. Él era poeta, escritor de obras de teatro y músico. Era un artista y estaba muy en contra de las desigualdades sociales. No le parecía bien eso de que unos pocos unos tengan muchos y otros muchos tengan poco. Para él todos tenían que tener los mismos derechos y obligaciones. Para él, que las cosas funcionen por merito solo era correcto cuando todos tenían las mismas condiciones sociales. Sankardev era también muy religioso. En India la mayoría de la población es hinduista y él era, particularmente, muy seguidor del Dios VIshnu. Entonces, un día Sankardev decidió unir sus dos pasiones (las artes y la religión) en un mismo lugar. Fue así que creo la corriente Ekasarana Dharma, una escuela que permite acercarse a Dios a través de la danzas y la música.

Majuli -1

Sankardev empezó a fundar, en la isla de Majuli, satras. Monasterios abiertos para todos los niños y hombres de la isla que querían acercarse a su nueva doctrina religiosa. Los niños comenzaban a vivir en los satras cuando cumplían los seis años. Allí además de tener un lugar dónde dormir y comer, aprendían a leer y escribir, aprendían a hacer música, a bailar e incluso a representar los textos sagrados a partir de danzas contorsionistas. Entonces, ¡la isla se empezó a llenarse de monjes danzarines!

Majuli -2

En la isla llegaron a haber más de sesenta satras. Y en cada uno de ellos, vivían cientos de monjes. Algunos incluso podían casarse y podían elegir cuando y cómo estar en el monasterio. Otros, en cambio, decidían renunciar al mundo exterior y pasar allí toda su vida: rezando, bailando, meditando.

Pero esto fue hace mucho tiempo. Cuando nosotros fuimos sólo quedaban veintidós satras aún en pie y sólo unos pocos abiertos a la comunidad. Así y todo, decidimos quedarnos a dormir en uno de ellos y pasar unos cuantos días con los monjes y los niños que allí estudian. Los vimos bailar, rezar e incluso jugar a la mancha. Los niños eran muy educados y tienen un montón de reglas que cumplir. Por ejemplo, nunca pueden dar la mano a nadie salvo que se hayan lavado las manos en ese mismo momento.

Además de la curiosidad de los satras y de los monjes danzarines, lo más lindo de la isla Majuli fueron los atardeceres y los miles de pájaros que vimos volar por ahí. A un pajarito le dijimos un secreto para que le cuente a ustedes cuando llegue volando a Buenos Aires ¿Lo vieron? Era un pajarito grande como una mano, con un pico rojo y plumas amarillas. ¡Parecía la bandera de España!

Majuli -3

Mientras escribimos esto, los extrañamos mucho más de lo común pero por otro lado nos pone muy contentos seguir recorriendo el mundo. Cada día aprendemos algo nuevo y descubrimos nuevos lugares, dónde la gente vive de un modo muy distinto al que nosotros estamos acostumbrados. Por ejemplo, quien iba a saber que en algún lugar entre India y Myanmar hay una isla mágica habitada por niños monjes danzarines.

Les mandamos un beso y muchos abrazos,

Los tíos viajeros