Siendo sinceros, algunas ciudades de India nos agotan. Hay lugares a los que no nos podemos acostumbrar. Las bocinas nos desquician, nos cuesta encontrar precios razonables de hoteles y hasta, algunas veces, sentimos que se nos ríen en la cara. La mugre, el polvo, el acoso hace de estas situaciones algo más difícil de digerir.

La ciudad de Mysore no fue la excepción. Como ciudad no hay mucho que disfrutar, algún mercado, algún parque y algunos templos. Pero sin embargo la gente viene porque es famosa por dos motivos. El primero es que ahí viven grandes maestros de yoga. Haciendo de este lugar un punto de referencia para cualquiera que venga a estudiar en el sur India. Pero no es lo que nos llevaba a nosotros a su ciudad (por lo menos esta vez), si no su palacio.

Nos habían dicho que uno de los palacios más lindos y mejor mantenido era el que estaba en Mysore. Motivo suficiente para hacer una parada en la ciudad.

Mysore

Palacio de Mysore

Es difícil describir una ciudad India. Sí, podríamos decir montañas de basura por acá, vacas comiendo papel por allá, hombres en cuclillas en una esquina tomando chai y una anciana pidiendo monedas. Pero no es solo eso. Cientos de elementos confluyen haciéndose casi imperceptible para el ojo occidental. Es una gran escena llena de colores, sonidos y olores (no todos agradables). Mysore podría ser una típica ciudad india, con su infinidades de detalles, templos, personas e idiosincrasia propia. Basta alejarse un poco del centro para ver el movimiento autónomo de la ciudad. Campus universitarios donde la gente va a correr o caminar por la mañana al lado de unas casas de chapa donde la luz eléctrica y el agua corriente se olvidaron de entrar.

Los conductores de autorickshaws (taxi de 3 ruedas) nos perseguían por las calles ofreciéndonos lo mismo, una excursión a un mercado donde producían incienso y sándalo manualmente. El mismo mercado al que se llega caminando por la calle principal unos 3 minutos. Los mercados indios merecen un capitulo a aparte. Guirnaldas de caléndula, polvos de colores, puestos de comidas y verduras. Aquí a su vez, decenas de puestos de incienso. Mysore es una de las pocas ciudades indias donde aún se conserva un bosque de sándalo para la producción artesanal.

Mysore

Mercado

Mysore

Vendedores de flores…

Mysore

…y de bananas

Mysore

Tardamos unos días en entrar al palacio. Como si necesitáramos empaparnos del afuera para disfrutar el adentro. El palacio pertenece a la familia Wodeyar y fue finalizado en 1912 por un arquitecto ingles (fue reconstruido tras haberse incendiado en la celebración de un casamiento). Para construir el nuevo palacio no escatimaron en nada, y se nota en el lujo y en los detalles. Madera laminadas en oro, vidrios de colores que imitan el plumaje de un pavo real, objetos traídos de Europa, madera de Burma y mármol de norte de India. Cientos de detalles arquitectónicos. Dioses hindúes, iglesias católicas y escenas reales pintadas en las paredes. Tenían razón, es hermoso. Colores y armonía para donde uno mire.

Mysore

Fotos del exterior. No se podían sacar adentro.

Mysore

Todo el panteón hindú está retratado en el palacio, pero las miradas caen sobre Durga (Chamundi). Durga es una de las tantas representaciones de Shakti (energía femenina), se la considera una diosa poderosa, una madre y una luchadora. Es uno de los máximos ejemplos a la hora de hablar del triunfo del bien sobre el mal dentro de la cosmovisión hinduista. A ella le dedicaron este palacio, en parte. También le dedicaron el nombre de la ciudad, que viene de Mahisuru, el mítico lugar donde la diosa Chamundi eliminó al demonio Mahisasura. Hecho que se festeja año a año en la “Durga Puya”. Celebración famosa en Calcuta.

Mysore

El palacio estaba rodeado de templos

El palacio maharajá de Mysore contrasta con la ciudad. Si afuera sobra pobreza, adentro falta humildad. Una ciudad superpoblada y un palacio desierto. Una ciudad fea, sucia y caótica que rodea uno de los palacios más hermosos de India. Mysore y el palacio son dos espacios distintos pero superpuestos. Coinciden geográficamente, pero fuera de eso no tienen nada más en común. O si, ambos rezan a los mismos dioses.

Mysore