“A nosotros nos encantó, estuvimos días echados frente al río y viendo el tiempo pasar. Solo eso, pasando el tiempo” 

“En Laos estuve dos semanas, y solo visité Luang Prabang y Vientiane” 

“No, ¿Para qué? No hay nada para hacer. Para que voy a perder 3 horas en micro” 

“Si tuviera tanto tiempo como ustedes lo haría. Yo voy 2 días a la capital (no recuerda el nombre), 3 a Luang Prabang, y después ya vuelvo a Tailandia. Laos es aburrido, cierra todo temprano”

¡Es eso! Es el tiempo. Maldito y glorioso tiempo. Tiempo que vuela, tiempo que se detiene, tiempo que no pasa, y tiempo que se nos escapa. Tiempo que se gana y tiempo que se pierde. Tiempo subjetivo. Cada uno lo vive a su modo, para algunos es eterno e inagotable, para otros es efímero: vuela.

Por suerte los niños de Nong Khiaw no se enteraron de que el tiempo vuela.

Por suerte los niños de Nong Khiaw no se enteraron de que el tiempo vuela.

El conejo de Alicia no se equivocaba. Es tiempo. “Es tarde, es tarde, es muy tarde”. La oruga tampoco se equivocaba. El tiempo dura lo que lo hacemos durar. Una palabra puede tardar el tiempo que tardemos en pronunciarla, lo mismo un pensamiento, y que tal una respiración ¿o no?

Una bella sonrisa

¿Y una bella sonrisa?

“Nong Khiaw es ideal para sentarte en una hamaca paraguaya y ver el día pasar”

“Es un lugar lindo, tranquilo. No hay mucho para hacer, pero esta bueno para descansar uno o dos días”

“¿A Nong Khiaw, para qué? No hay nada para ver”

“Te aburrís. Es para ir a pasar el día, sacar unas fotos y ya”

“No dejen de ir. Es hermoso y hay varias cosas para hacer: bicis para andar por los alrededores, botes para navegar el río, trekking, muchos pueblitos cerca que solo llegas caminando o en bote. También hay unas cuevas cerca, donde muchos laosianos se refugiaron durante la guerra en Vietnam. Hay muchas cascadas. Sí, tienen que ir, no se van a aburrir”

Las cuevas

Las cuevas

Sea como sea, el tiempo hay que ocuparlo (o eso nos inculcaron). Cada pueblito en el mapa (e incluso los que no figuran en los mapas) es un mundo, y cada persona lo vive de una forma distinta. Durante el viaje uno comparte con otros viajeros, que van o que fueron, sus impresiones de los distintos lugares. No puede ser de otra forma. El viajero es una fuente de consulta inagotable, y esta bien que así sea. Las historias se viven para contarlas. Pero, claro, como era predecible cada lugar se presenta de una manera diferente para cada viajero. Cómo cada instrumento se presenta distinto para cada músico, como cada río para cada pez, como cada parcela de tierra para cada cosechero.

Nong Khiaw es un pequeño pueblo a unos kilómetros de Luang Prabang (esa boutique que habla francés). A Nong Khiaw no llegan muchas personas. No llegan por falta de tiempo, no llegan por falta de bares, no llegan por exceso de paz, no llegan por el río silencioso. No llegan porque (no) hay “nada“. Y la “nada”, en cualquiera de sus representaciones, supera al individuo, lo quiebra. La “nada” no se aguanta. No llegan muchas personas.

... Si supieran lo que se pierde...

… Si supieran lo que se pierde…

¿Y los que llegan? Los que se toman el micro de 3 horas, los que contratan la excursión de un día o los que vienen por una semana, vienen a hacer algo. No existe no hacer “nada” en Nong Khiaw. Sea una actividad extraordinaria como visitar niños semidesnudos que sonríen a cambio de un dólar, o visitar esas cuevas donde tantos laosianos se refugiaron, o actividades más simples como leer un buen libro, caminar por la orilla del río o tomar una foto del atardecer, algo vienen a hacer. La “nada” es inaguantable, dejemos de usar su nombre en vano.

Pero al fin y al cabo, algunos llegamos. Somos pocos, nos vemos la cara todos los días. No nos conocemos, ni nos hablamos, pero somos lo que llegamos.

Ya baja el sol, los 3 restaurantes que hay pronto van a cerrar. Llegamos y cada cual esta en su mesa. Algunos conversan, otros revisan los mails y otros miran. El tercer grupo nos gusta más. Miran para la calle, miran en dirección al rio, miran a la otra mesa, miran sus manos, miran un cubito de hielo derritiéndose dentro del vaso.

Hace calor, hay humedad, pero la temporada de lluvias ya paso, solo son unas cuantas nubes. Todos estamos ahí, cada cual en su mesa.

¿Tendremos algo en común? ¿Habrán llegado a dedo como nosotros? ¿O en auto privado? ¿Seremos tan distintos a fin de cuenta?

Pero están acá, como nosotros. Están acá.

Pero, blah, de que sirve esto. Al fin y al cabo, esto solo es una opinión más.

Ojalá este niño tampoco haya pérfido el tiempo.

Ojalá este niño tampoco haya pérfido el tiempo.