Si bien nuestro encuentro con las ballenas en Puerto Madryn nos pareció onírico y mitológico, solo fue una parte de nuestro viaje por la costa atlántica patagónica.

Las Grutas

Llueve y hace frio. Tenemos puesto todo el abrigo que trajimos y las esperanzas de pasar un día de sol en la playa se desvanecen con cada soplido del viento. El cielo gris se camufla con la línea del horizonte sobre el mar, que también parece gris.

Nos recomiendan visitar San Antonio Oeste y también el Este. Por allá también llueve. Los mates se lavan, los libros se leen y el cielo sigue gris, como el mar.

Patagonia

Las playas de San Antonio

Puerto Madryn

Como si fuese sincronizado, una vez que salimos a la ruta 3 salió el sol. La ciudad nos parece pintoresca. La playa, la costanera y muchísimas personas haciendo deporte. La ciudad se recorre caminando, siempre con un mate bajo el brazo. Entre partidos de cartas y lecturas pérdidas fuimos sintiéndonos cada vez más cómodos. Pocas son las ciudades que nos inspiran pensamientos como “debe estar bueno vivir acá” y Puerto Madryn fue una de ellas.

Patagonia

El muelle de Madryn

Patagonia

Atardecer en Playa Cantera

Nuestro enamoramiento alcanzó su esplendor cuándo nos recomendaron visitar Playa Cantera, a unos cinco kilómetros de El Doradillo. Allí tuvimos un mágico encuentro con ballenas y sus crías.

Patagonia

Península Valdés

La península, como a cualquier otro, nos llamaba muchísimo la atención. Quizá por su accidentada geografía, por su flora o por su fauna. Con bufanda y anteojos de sol salimos a recorrerla.

Más de trescientos kilómetros de ripio con paisajes lindísimos a ambos lado de la ruta. Ovejas, guanacos y alguna que otra liebre patagónica se cruzaban delante nuestro marcando el paso.

Paisajes de la Peninsula

Paisajes de la Peninsula

Ovejas y corderos

Ovejas y corderos

Liebre

Liebre

Patagonia

Guanacos

Patagonia

Y una limitada señal de celular

Fue en Punta Delgada dónde hicimos la primera parada. Un pintoresco faro y una bajada hasta la playa. Para nuestra sorpresa nos encontramos con varios harenes de elefantes marinos que se acercaban a la costa por estar en temporada de apareamiento.

Patagonia

Elefante marino en Punta Delgada

Los elefantes marinos de sur se caracterizan por su trompa colgante y por el gran tamaño de sus machos. Son estos quienes llegan primero a la costa para ir marcando territorio mientras esperan a las hembras. Quién conquiste la porción de tierra más grande será quien más hembras tenga en su harén. Las hembras van llegando de a poco a la costa. Tuvimos la suerte de poder ver muchas crías de pocos días de vida en compañía de sus madres.

Patagonia

Mamá y cría

Patagonia

Macho dominante

Rawson

Rawson no es una ciudad atractiva, es discreta, no le gusta llamar la atención. Tiene el perfil bajo y la mirada puesta en el mar. El puerto nos recuerda nuestras tempranas vacaciones en Mar del Plata. Quizá por las embarcaciones amarillas y con nombres tan curiosos, o por las gaviotas que sobrevuelan el muelle o quizá por la infinidad de lobos marinos que encontramos.

Patagonia

Patagonia

Cualquier semejanza con la rambla de Mar del Plata es pura coincidencia

Fuimos para allá con un solo objetivo, ver las toninas overas. Una especie única de la zona que pertenece a la familia de los delfines y que luce los colores blanquinegros de las orcas. Con chalecos salvavidas puestos decidimos embargamos. El viento combinado con el oleaje habilitaba que el azul del cielo se entremezcle con el azul del mar en cada giro que daba el gomón.

A las toninas las vimos pasar, saltar al lado de la embarcación y perderse con cada ola; siempre en grupitos de 2 o 3. Entre nuestra sorpresa y el movimiento del barco no logramos sacarles ninguna foto. La decisión era fácil, o las veíamos en vivo y en directo o nos escondíamos debajo del visor de la cámara. Optamos por la primera

Punta Tombo

Fue una parada extra que no coincidía con nuestro planes pero si con nuestras ganas de ver a los Pingüinos de Magallanes. La ruta 3 nos sigue maravillando. Zonas de elevaciones y pendientes y a lo lejos ese mismo mar azul que nos indica el camino a tomar. Se acaba el asfalto y volvemos al ripio.

Patagonia

El rojo de las rocas de Tombo contrasta con el mar y la tupida vegetación. A lo lejos vemos miles, si miles, de puntitos que caminan con las patas abiertas y con aletas de costados.

Patagonia

Pasto, mar, pinguinos y guanacos…

Patagonia

… entre otros

Ilusos nosotros que creíamos que íbamos a encontrar 10 pingüinos como mucho.

Los pingüinos llegan a finales de Septiembre para aparearse y encubar sus únicos dos huevos que ponen por temporada. Durante los 40 días de apareamientos se turnan entre la pareja para alimentarse y cuidar el nido de los depredadores naturales.

Patagonia

Pinguineras

Patagonia -27

Patagonia -26

Patagonia

Arrumacos

Mientras recorríamos la reserva la prioridad de paso la tenían ellos: los pingüinos que se cruzaban delante nuestro sin apenas percibir nuestra presencia.

Bastaba alzar la mirada para observar la playa cubierta de nidos y de puntos negros, un campo minado que se rompía con la presencia de algún que otro guanaco y con grito de un pingüinos que aún no había encontrado pareja. Rituales de cortejo y la sensación de estar en un escenario de ensueño.

Patagonia

Hasta en las casas!

Gaiman

Cíclicamente el viaje ya llegando a su fin. Gaiman es nuestra última parada. A unos pocos kilómetros de la capitalina ciudad de Trelew, Gaiman aún se adjudica haber recibido a Lady Di hace más de 20 años.

Ciudad galesa solo desde mediados del 1800 cuando numerosas familias llegaron a poblar la Patagonia desde el lejano Gales en el Velero Mimosa.

Un 28 de Julio

Un 28 de Julio

Casas de té gales con banderas de dragones que se mezclan con plazas y calles de polvo y pueblo. Hace más de 200 años nuestros Tehuelches fueron cediendo lugar ante las colonias de inmigrantes que fueron llegando. Hoy, la cultura de estos inmigrantes, es el atractivo turístico de la zona.

Patagonia

Esquina de barrio

A lo largo de la ruta 3

Argentina y su inmensidad no deja de sorprendernos. Todo el contorno marítimo propone una visión distinta de la inmensidad y la naturaleza. Cómo si todo se hiciese más grande, y nosotros más chicos. Cada kilómetro más al sur nos hacía más chicos, y en vez de asustarnos y retroceder, el camino nos invitaba a seguir. Pero, esta vez, decidimos volver y hacer otro uso de nuestro tiempo. A fin de cuentas, uno debe hacerse cargo de las decisiones que toma.

 Patagonia