In the love, in the light, in the glory
we are as God created us”
(“En el amor, en la luz, en la gloria

somos cómo Dios nos creó”)

Cuándo uno cree en el universo, cree en el amor y cree en la hospitalidad de la gente, el universo suele tirarte un centro, o dos.

Así fue cómo nos decidimos por ir al “Rainbow Gathering” de Europa. Algo así como un mega evento que se celebra todos los años y esta vez tenía cita en algún lugar del noreste de Lituania. Pero llamarlo “evento” está mal, es frívolo y no resume para nada el espíritu. En cambio encuentro es una palabra que se le adecúa mejor. Desde la década del ’70 que se vienen encontrando.

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Llegamos de la mano de María y su padre. Nos levantaron en la ruta, mientras hacíamos dedo. Estábamos en ese borde delicado que supone colgar los botines, despedirse de Lituania y del autostop. Teníamos la moral baja. Después de las 5 horas esperando en Klaipeda y las casi dos horas que llevábamos ahí, creíamos que el hacer dedo no era compatible con esta parte del mundo. Mientras veíamos el modo de seguir, un auto pone balizas. Iban a la Rainbow. 200 kilómetros por caminos secundarios y de barro. 200 kilómetros para salirse del sistema y encontrar nuevos modos de vivir y de habitar el mundo. La suerte nos empezó a sonreír de nuevo.

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Al llegar, teníamos que caminar unos 4 kilómetros con lluvia y lodo. La última parte era en subida y con el peso de las mochilas y de la carpa costaba el doble. Al llegar una chica regordeta con flequillo y anteojos color tomate se levanta y viene corriendo a abrazarnos. Nunca la habíamos visto, pero necesitábamos mucho ese abrazo fuerte, por más que venga de una completa desconocida. Nos invita un té caliente y nos dice que nos ama y que está feliz de que estemos ahí. La verdad, nosotros también estábamos muy felices de estar ahí. Hay momentos dónde uno lo único que necesita es un abrazo y una sonrisa, y en Vilnus comprobamos que eso no se compra con euros.

Rainbow es una gran familia que se reúne esporádicamente. Los encuentros suelen durar 28 días y coinciden con el primer día de la luna nueva. El objetivo es vivir un ciclo de luna en comunidad, respetando a la naturaleza y buscando nuevos modos de vivir. Los encuentros varían de lugar, de continente y de cantidad de participantes. En Khirganga (India) la Rainbow en la que participamos tenía no más de 50 personas, ahora se calculaban unas 1.500. Carpas por todos lados.

1.500 personas sin luz y sin wifi durante todo un mes y sin embargo sobreviven. ¡Hay mundo más allá de internet!

Y arcoiris por sobretodo

Y arcoiris por sobretodo

Y todo funcionaba. Sólo es cuestión de organizarse para cocinar y para mantener el lugar limpio. Las tareas no eran muchas: Ocuparse de comprar la comida, cocinar, juntar leñas para el fuego. Después de cada comida se pasa una gorra dónde uno aporta el dinero que cree conveniente para comprar alimentos. La comida es vegana.

La base de los encuentros Rainbow es el intercambio. Intercambio de saberes, de conocimientos, de experiencias. Algunos daban clases de yoga, otros de meditación, otros hacían música, masajes, tantra o contaban historias del viaje.

Podría ser un campamento hippie, dónde está todo bien con fumar marihuana y con pasearse desnudos, pero la verdad sería una versión muy chata y resumida de lo que suponen estos encuentros. También podríamos decir que es rejunte de locos, una bolsa de gatos con los residuos de la sociedad, pero también estaríamos meando fuera del tarro. Rainbow es otra cosa. A ellos les gusta decir que son los 7 colores del arcoíris, dónde todo tiene lugar y todo es válido siempre y cuando no falte a los derechos de otra persona/animal/naturaleza.

A nosotros nos gusta pensarlo cómo una vuelta al estado natural del hombre. Una vuelta a ser nómade, a vivir en comunidad, a compartir. A vivir en y con la naturaleza. A repartir tareas, a pensar en objetivos comunes, a sonreír y a charlar con el semejante. ¿Cuánto hace que no charlas con un desconocido? ¿Qué le preguntas el nombre, a qué se dedica, a qué aspira? En serio, es algo tan simple, transformador y tan poco común. Porque es en el encuentro con otros dónde podemos aprender y crecer cómo personas.

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Nosotros no somos sin otros. El ser humano es un ser social. Pero nos hacen creer que con Facebook y con las redes sociales estamos acompañados, pero no. Eso sólo produce generaciones de miedosos, paranoicos y personas que ya no saben sonreír y hablar con el resto. Nos enseñan que hablar con extraños es peligroso. Peligroso es no hacerlo, porque si no lo hacemos nunca vamos a aprender a confiar en los demás, tampoco vamos a poder desarrollar esa capacidad de ser intuitivos y saber reconocer cuál es el mejor camino.

Rainbow es algo extraño y ajeno a los ojos del hombre moderno de ciudad. Es estar un mes en el medio de la nada, bañándose en un lago, haciendo necesidades en un pozo de tierra. Es raro, pero más raro es no saber el nombre del vecino de enfrente.

¿El mundo estará volviendo a un estado anterior? Tiramos todo por tanto tiempo por la ventana que quizá ahora es momento de empezar a buscar otros modos de vivir, de habitar el mundo, de relacionarnos como sociedad. Rainbow no es un fin en sí mismo, pero es un lindo eslabón en la cadena de transformaciones que generemos generar. Al final de cuenta, sólo existimos en el amor. Quizá, esa sea la revolución que tenemos pendiente.

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