Estamos en Kazán (Rusia) pero no dejó de pensar en esos pueblitos tibetanos que visitamos al norte de India. Me recuerda a Sikkim o a Darjeeling. Tomar un té verde, la calle peatonal, los días nublados y ventosos, la misma época del año, y un gran ventanal. ¿Puede ser que los lugares se guarden dentro de uno y yo decida cuándo sacarlos afuera y combinarlos entre si?

Quizá por eso las ciudades me recuerdan personas y a otras ciudades. Todo esto está conectado por un única razón: Viajar con el corazón, mirar con el alma.

Tartaro -4

Esta es la única explicación que le encuentro al sentirme estar dónde no estoy, a sentirme en otros lugares, a encontrarme con personas que no son.

Ayer tuve un encuentro inesperado y no dejo de pensar en él. Todo ocurrió después de almorzar. Un domingo de frío y viento. El otoño ya llegó a Rusia y ya empiezo a tenerle miedo al invierno en Siberia. Después de almorzar en un bar tártaro decidimos caminar un poco para hacer la digestión. Escuchamos música y cómo moscas atraídas por una lámpara en una noche de verano, fuimos para allá. Nos encontramos con un escenario montado y por todos lados personajes con ropas típicas bailando al ritmo de varias balalaicas y acordeones.

Llegamos tarde, justo cuándo el festival estaba llegando a su fin. La mayoría eran personas mayores que combatían el frío bailando y cantando entre ellos ¿Quién dijo que los rusos son serios? Señoras de polleras y pañuelo en la cabeza bailaban con los muchachos que escondían algunas canas bajo sus sombreros tártaros.

Tartaro -2

Tartaro -5

Entre todo ese espectáculo un único personaje capturó realmente mi atención y sobre él quiero escribir. No pude evitar mirarlo fijamente y quizá ese fue mi error, porque no lo observé con mi mente racional sino con mi corazón. No lo vi a él ni a sus detalles. No repare en sus dientes de oro ni en su prendedor comunista. Sino que vi mucho más y de eso me arrepiento porque cuándo uno mira con el alma no ve ahí un personaje pintoresco para sacarle fotos cuál zoología humana sino lo que ve ahí es una persona, y esas son definiciones distintas.

Tartaro -3

Y en eso que yo vi, también me vi a mi. Vi mis miedos a la vejez, a la muerte, vi mis fantasmas. Vi la guerra y también sus guerras. Las arrugas de sus manos, el espacio que queda entre los dientes que le faltan, el pelo blanco, sus temblores, su alegría al aplaudir, su pena al estar vivo, su poder ser bailando entre tantos personajes extraños. Lo vi cercano, conocido, mío. Ese es el problema de involucrarse con el mundo.

Le pedí la cámara a L. Debía sacarle una foto, no podía dejarlo pasar. Tenía que registrar eso que veía. Mi espíritu documentalista se mezcla con mi respeto.

Tartaro -1

Fue enfocar, disparar y él desapareció. Me sentí muy mal, no debía sacarle una foto. Siempre dudo en esos casos porque no me gusta sacar fotos sin antes preguntar, ya que es tratar al otro cómo un objeto, pero mi timidez hace que nunca pregunte y nunca saque la foto.

Lo dejé pasar, mala mía. Me entretengo fotografíando a las viejas que bailan con sus pañuelos prolijamente atados.

Me tocan el brazo, era él. Me puse muy nerviosa y él empezó a hablarme en ruso. Me señala la cámara. Supuse que me estaba retando por haberle sacado una foto. Me invadió la vergüenza, le explique que no hablaba ruso, le pedí perdón. Le dije que era de Argentina y él, instantáneamente, me abrazo. Así como lo escribo. Me abrazó y se emocionó. Señaló la cámara, se señalo a él y dijo “нет фото” algo así cómo “yo no tengo una foto mía”. Me pedía un retrato y una foto con los músicos. «Por favor» agrego al final.

Tartaro -6

La conversación era difícil. Sólo lograba entender palabras aisladas cómo foto, dirección, correo, plata. Quería darnos plata por sacarle una foto y mandársela por correo a su casa. Sacó de uno de sus bolsillos una agendita vieja y una birome sin tinta. Con letra temblorosa comenzó a anotar su dirección en la parte de atrás de un boleto de colectivo. Le di mi cuaderno para que lo use de base y lo sostuve fuerte con mis manos para que tiemble lo menos posible. Nos pidió que por favor se la enviemos. Nos abrazo de nuevo y se emocionó una vez más.

El vive cerca de la frontera con Kazajistán. ¿Cómo llegó a Kazán? ¿Fue real? ¿Por qué me viniste a buscar? ¿Por qué te me apareciste? Pensás que no me di cuenta de quien sos.