Llegamos a Sri Lanka hace unas semanas. No elegimos este destino por casualidad, teníamos algo que hacer aquí: la visa de India por tercera vez en este viaje. Elegimos tramitarla en la ciudad de Kandy, una ciudad de montaña y de las más importantes del país. Importante para los locales y para los turistas también. ¿Por qué? Porque tiene un lago, porque hay un templo que conserva un diente de Buda y porque todas las guías dicen que aquí comienza el “triangulo histórico  o cultural o de oro”… Ya no recordamos el nombre.

Sri Lanka

El lago

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Carteles en Kandy

Llegamos, buscamos alojamiento y presentamos todos los requisitos para aplicar la visa. En 9 días estaría lista. Nos alojamos en un sitio que nos habían recomendado, sobre todo por la amabilidad de sus dueños (un matrimonio mayor). Para nuestra sorpresa, no éramos los únicos que llegamos con buenas referencias a dicha casa. Luego descubrimos que estaba entre los alojamientos recomendados en las guías de viajes. El lugar estaba lleno de turistas y los antiguos dueños ahora solo se ocupan de darle de comer al gato y charlar con algún que otro vecino.  El lugar estaba a cargo de su hija, que en una mano tenia su celular y con la otra su billetera.

Ante esta perspectiva, decidimos seguir viaje durante estos 9 días. Como nuestro presupuesto esta ajustado y Sri Lanka presenta actividades para todos los gustos y presupuestos, decidimos inventar nuestro propio triangulo. El mismo nos llevaría a recorrer la zona montañosa de la isla.

Sri Lanka

Tren en medio de lluvias y plantaciones de té

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Vista desde la ventanilla

Elegimos viajar en tren, muchos nos dijeron que era lento y que era muy barato (por lo cual estaba lleno de gente). Al igual que en India (y que en todas sus colonias), los ingleses se ocuparon de construir un sistema ferroviario y de montar plantaciones de té. Crearon una ciudad donde refrescarse del calor infernal de la isla en verano. Y también fundaron esa rivalidad entre Sri Lanka y el sur de India (precisamente con los tamiles) por quién era mano de obra más barata.

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Estación de tren

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Después de subir a Adam’s Peak, y con las piernas acalambradas, nos tomamos el tren a Ella, un pueblito que nos llamó la atención, porque al bajar, por las calles que caminamos no encontramos ni una sola casa. Todos lugares para comer y dormir, algunas agencia de viaje y un par de kioscos. Tuvimos que caminar un rato para encontrar casas. Y en una de esas, que tenía un cartel pintado a mano que decía “rooms”, nos quedamos. Julee era la dueña de la casa. Sus hijos se habían ido a Colombo a estudiar asique decidió alquilar sus respectivos dormitorios a turistas. Nos sonreía todo el tiempo, pregunto si Argentina quedaba en Europa y nos contó donde estaba el templo donde iba los domingos a rezar. No supimos si era un templo budista, hinduista o cristiano. Nos cocinaba, nos contaba sus historias y hasta se animó a probar el mate.

En Ella decidimos caminar hasta “Little Adam’s Peak”, para llegar tuvimos que atravesar una plantación de té. Las señoras que cosechaban corrían a saludarnos y preguntarnos si les podíamos sacar una foto. Nos enteramos que la foto tenia un costó de unas 100 rupias. Luego, caminamos hacia “Ella Rock”, sabíamos que para llegar debíamos seguir las vías del tren y en cierto momento doblar a la izquierda y comenzar a subir la montaña. En el camino, al lado de la vía del tren, hacia varios kioscos que vendían bebidas frías para los caminantes. Varios señores, que estaban trabajando la tierra, también nos saludan y nos indicaban que camino era el corrector para ascender hasta el mirador. Nos enteramos, también, que dicha información valía 1000 rupias. Al fin y al cabo, la sonrisa de Julee fue la más legitima. El precio de la habitación era fijo y no tenia gastos por “sonrisas extras”. También nos convidaba galletitas cuando nos venia llegar y nos daba agua antes de salir.

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Camino a “Ella Rock”

Luego, el tren nos llevo a Nuwara Eliya. Capital de la colonia inglesa. Aún queda el campo de polo y de golf. No vimos muchas personas locales practicando alguno de estos deportes. Los taxista se desesperan por llevarnos al hotel donde tienen comisión. Decidimos ir caminando.

En el centro de la ciudad, hay un gran parque. Su nombre es en honor de la reina Victoria. Hace unos años la entrada eran unas 60 rupias, hoy 300. Con el lago paso lo mismo. Primero era gratis, luego 10, hoy 200 rupias.

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Recreo en Nuwara Eliya

¿Los dioses deberían estar enojados? Los pueblos se retuercen gracias y en honor al vil metal. Ese si sabe como entrar y conquistar corazones. Los dioses deberían tratarlo de hereje, condenarlo a la hoguera y suplicar su perdón por tantas almas que se ha robado. Pero no, ya es tarde. Hasta los dioses supo conquistar. Hoy el perdón también se compra.

Julee en cambio, no. Por ahora. Ella espera en su casa. Si algún turista decide caminar más allá de los primeros 10 hoteles pasará por la puerta de su casa y leerá el cartel que escrito a mano alzada dice que ahí hay habitaciones disponibles.

Quizá, en este punto, si es que llegaron hasta el final se estén preguntando por que escribimos esto. ¿Porqué les estamos contando nuestras desventuras y nuestros hallazgos a la hora de buscar alojamiento? Cuándo, en realidad, uno debe escribir sobre los lugares, las cosas que hizo, las experiencias vividas, las anécdotas, etc. No sabríamos bien decir por qué, pero donde dormimos, a quién le decimos buenos días cuándo salimos de la habitación y que tipo de turismo queremos fomentar merece unos reglones en este blog.

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Montañas en Sri Lanka