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La poesía que la tecnología nos ha robado

“Deja tu casa. Ve solo. Viaja ligero. Lleva un mapa. Ve por tierra. Cruza a pie la frontera. Escribe un diario. Lee una novela sin relación con el lugar en el que estés. Evita usar el móvil. Haz algún amigo”.

Paul Theroux.

Recuerdo hace diez años uno de mis primeros grandes viajes, a Bolivia. Me parecía épico lanzarme en aquel entonces a ese totalmente desconocido país para mi. En realidad, todo me parecía épico en aquel entonces. Fuí con dos amigos y muy poca plata; coincidíamos con la primera asunción del presidente Evo Morales. En ese viaje de un mes alternaba alojamientos entre hostels y carpa. Las estaciones de tren o colectivos, bares o plazas eran los sitios ideales para conocer otros viajeros. Desde el día dos del viaje, nuestro grupo de tres se amplió. Amigos que hicimos en la ruta se unían a nuestro viaje, luego se separaban y más tarde los volvíamos a encontrar. Todo se debatía en una sobremesa y la gente de alrededor se unía a la charla. Es cómo si la gente estuviese concentrada en aquí y ahora. “El sábado que viene a las 19:00 horas nos volvemos a encontrar en Plaza Murillo” y funcionaba.

Aquel que tuvo la oportunidad de viajar hace 10 años puede notar el gran cambio que produjo la tecnología en los viajes. Cada persona genera su propio mundo con su móvil, tablet o computadora. Cada vez hay más auriculares y gente que come leyendo su muro de Facebook. Es verdad que en algún punto las redes sociales nos permiten estar más conectados, uno puede enterarse al instante del nacimiento de un sobrino o saludar a un amigo por el cumpleaños, pero también es verdad que se pierden el foco del lugar en el que estamos.

La tecnología incorporó grandes ventajas a los viajes, mapas, referencias y la posibilidad de comprar pasajes online. Pero es muy delgada la línea de no sobrepasar ese límite y terminar creyendo que todo se resume a unas pantallas de algunas pulgadas. El desafío es controlar ese impulso de verificar las notificaciones y dar lugar a las otras relaciones sociales, en carne y hueso. Estar presente aquí y ahora.

Hace un tiempo tuve la suerte de poder recorrer el Desierto de Gobi por poco más de una semana. Lejos de una ducha, un baño occidental o una conexión a internet. Lo viví de alguna forma como un proceso de desintoxicación colectiva, con la gente que me acompañaba ya no mirábamos una pantalla, sino atardeceres, paisajes y a nosotros mismos. Sin lugar a dudas, ese viaje, con conexión a internet no hubiese sido el mismo. Cuando se acaban las palabras nos dimos cuenta que el silencio en la vastedad del desierto no incomoda y que hay veces que une mucho más contemplar el mismo punto del horizonte que hablar banalidades. Y como ese se me ocurren varios momentos más en nuestros viajes, como el Pamir, travesías en barco, campamentos rodeados de hippies o pueblos en India que no aparecen en los mapas. A veces por decisión propia y otras tantas por cuestiones que no manejamos. Pero siempre volvemos a la misma conclusión. Es lindo desconectarse.

Recuerdo también aquella vez en Agra que salimos a caminar buscando un lugar para comer. El calor era insoportable y esa mañana nos habíamos levantando antes del alba para visitar el famoso Taj Mahal. Inesperadamente nos cruzamos un desfile de personas con música y un hombre montado en un caballo. Los seguimos con más curiosidad que otra cosa. Se detienen en un portón y poco a poco van entrando. Como veníamos caminando con ellos nos invitan a entrar. Era una boda, se realizaba en el parque de una casa donde estaban dispuestas mesas y sillas para los invitados. Nosotros dos estábamos ahí, sucios, desprolijos pero contentos. Sin esperarlo, sin planearlo nos invitaron a una boda hindú. Beatriz Sarlo no es para nada una de mis escritoras favoritas, pero cada tanto escribe algo interesante. En su libro viajes dice “Se viaja buscando esa intensidad de la experiencia, algo que asalta de modo inesperado y original, fuera de programa y, por lo tanto, imposible de ser integrado en una serie”. Los mejores viajes incluyen saltos fuera del programa, y por suerte esos saltos todavía no se pueden encontrar en internet o bajar desde una aplicación.

Que cada uno viaje como quiere, que cada uno ponga sus prioridades. Está el viajero que cruza la frontera y se detiene en un negocio de telefonía a comprar un chip de ese país para estar conectado y está, también, el viajero que se dejó el teléfono en su casa porque no le interesa saber nada. Imposible juzgar los modos de viajar, pero si quedara algún nostálgico como yo en alguna ruta del mundo le daría un solo consejo. Que dejemos la tecnología de lado, que no dejemos morir la épica, como la de aquellos viajes eternos que nos maravillaban, y que recuperemos un poco la poesía que el mundo parece perder.

Odesa y las 15 naciones soviéticas

No sé de donde salió la insólita idea de recorrer las quince ex – naciones soviéticas. Se ve que era el motor (¿la excusa?) para comenzar un nuevo viaje. Un año por Asia no había sido suficiente y necesitábamos volver a la ruta. A encontrarnos con nosotros mismos en carreteras de polvo y habitaciones de extraños.

Empezamos en Lituania y terminamos en Ucrania” me decía Lucas, una tarde de primavera en Buenos Aires, mientras señalaba un mapa repleto de polvo. Un mapa único en su especie. Un mapa de National Geographic impreso en 1987 que me había encontrado en la biblioteca del barrio. Ahí, en aquel mapa, la URSS aún existía. Con un intenso color naranja esa inmensa porción del planeta que ocupaba un 25% del mapa era nuestro próximo destino. Desde el brillo de la pantalla de mi celular, Google Maps me devolvía el mismo mapa pero con 15 nuevos países. Muchos de ellos, nunca los había escuchado nombrar (¿Kazajistán, Azerbaiyán, Moldavia?). Pero ese era nuestro próximo viaje y Ucrania sería la última nación soviética que visitaríamos. No sabíamos cuándo ni cómo. Posiblemente, nos imaginábamos, llegaríamos a los 8 meses de comenzar el viaje, a dedo, con el idioma ruso ya aprendido y con los 14 países restantes ya sellados en el pasaporte.

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La azafata era alta. Muy rubia, muy blanca, muy alta. Tacos, minifalda y una capa muy gruesa de maquillaje que hacia sobresalir aún más sus ojos celeste. Con un inglés mezclado con ruso nos informa que estamos llegando y nos pregunta si tenemos visa. El avión aterriza y el frío se empieza a sentir con solo mirar por la ventanilla.

Habíamos subido al avión tres horas antes, en Praga. Era nuestra segunda vez en aquella ciudad que sacando su pasado comunista poco tenía que ver con nuestro viaje soviético. Como suele pasar, el viaje planeado nunca coincide con el viaje real.

No había muchos turistas en el vuelo y éramos los únicos que no teníamos el ruso como lengua materna. Tampoco habíamos aprendido a hablarlo salvo algunas frases de supervivencia.

El aeropuerto de Odesa es minúsculo. El avión quedó estacionado a unos 800 metros del edificio central. Era la único avión que había en el aeropuerto. Una pequeña combi recogió a los pasajeros y nos lleva al único edificio que se veía a la redonda. No hay cinta que gire con el equipaje, tampoco perros adictos a las drogas ni puestos de información turística. Un taxista nos llevó al hostel. El tachero resultó ser el tío de la recepcionista y el aeropuerto no estaba a más de 2 kilómetros de la ciudad. Daba la impresión de ser un pueblo perdido en el mapa.

Era de noche. Lloviznaba. Las calles estaban vacías y el poco movimiento que se veía en Odesa poco tenía que ver con las luces de Europa que horas atrás habíamos dejado en Praga.

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Odesa es una de las ciudades más importantes de Ucrania. Su ubicación estratégica, cerca de Rusia y a orillas del Mar Negro, tiene mucho que ver con su reputación y con los estragos de la historia.

Durante décadas Odesa constituyó uno de los principales puertos comerciales de los zares. Anexada al imperio ruso, Odesa fue sede del imperio y una de las ciudades más ricas de Europa. Teatros, puertos, avenidas, peatonales, balnearios, bibliotecas, universidades… Odesa era una ciudad modelo y el centro de intercambio entre Europa y Asia. Tal es así que hasta el propio Alejandro Pushkin decidió mover su residencia a la ciudad. Dicen que desde aquí escribió las obras mas importantes de su obra.

Pero no todo fue color de rosa. De la pomposidad zarista, Odesa pasó a ser un campo de batalla. A principio de 1900 y con todas las ideas soviéticas en efervescencia, la ciudad sufrió una increíble revolución obrera. Allí comenzó el declive de la ciudad. El clásico del cine “El acorazado Potiomkin” da cuenta de este punto de inflexión en la historia. Las famosas escaleras son de los pocos elementos que conectan a la actual Odesa con su pasado.

Y luego, los soviéticos. Ucrania ocupo un lugar crucial en el campo de juego de la URSS pero esa es otra historia

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Pero ahí estábamos nosotros. Intentando encontrarle el encanto a una ciudad que se esforzaba en hacerse notar. Una ciudad fría, repleta de clubs nocturnos y de edificios zaristas que buscaban no perder su pasado imperial.

Una ciudad donde solo se podía caminar. Del punto A al punto B, y luego al C. Intentando unir en el mapa distintos puntos de una ciudad que intenta posicionarse turísticamente; de un país que intenta posicionarse descreyendo de su pasado soviético y de su ligazón con los rusos.

Sí, la ciudad es linda, no vamos a negarlo. La opera de Odesa es imponente y las escaleras de Potiomkim ponen la piel de gallina. Pero eso, nada más. Quizá es una percepción teñida por el clima. Con lluvia y agua nieve no se aprecia una ciudad, sobre todo cuando todas las postales de la misma son de personas en traje de baño nadando a orillas del Mar Negro

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Ucrania daba la sensación de haberse quedado en el pasado. Quizá como el mapa que con polvo que aún data de 1987.

Nosotros, ahora, estamos en Barcelona. De los quince países soviéticos solo pudimos visitar 13. Así todo, el exótico mapa de National Geographic está colgado en nuestro living. Recordándonos que un día visitamos Odesa, un puntito minúsculo dentro de ese gigante país pintado de naranja intenso.

La historia del gran Komitas
La tía de no se quién dijo alguna vez que viajar exacerba los sentidos. No lo sé, pero por lo pronto hay veces que recuerdo algunos lugares por sus paisajes, otras veces por su olor (sea agradable o no), muchas veces por su comida y cada tanto por la música. Respecto a la música pasa algo curioso y aquel que viaja a dedo lo sabe, somos “rehenes” musicales del conductor. Suenan canciones en otros idiomas y cuando quieren agasajarnos con algo en español ponen Enrique Iglesias. Por eso aprendimos algo de ruso, para pedir que no ponga Enrique Iglesias. “Niet, niet, Enrique Iglesias niet. Feo, caca”, y así logramos que nuestro conductor y DJ pase a la siguiente canción.

Armenia no fue la excepción. Era un día nublado y frío, todo nos parecía frío porque veníamos de Irán donde lo más fresco que logramos estar era cuando viajamos en la caja de una camioneta. La lluvia amagaba con caer en cualquier momento y cuando se detuvo el primer auto subimos.

Luego de las preguntas de rigor, sobre nuestra locura de viajar así, nuestro país de origen y la cantidad de lugares que recorrimos, la música tomó el papel protagónico en el auto. Si me preguntaban en ese momento hubiera dicho que parecían cantos gregorianos. El conductor y DJ nos preguntó: “¿Les gusta Komitas?” y ahí me acordé de haber leído algo sobre él en algún un capítulo de algún libro.

Komitas no era su nombre verdadero, sino el que adoptó cuando se convirtió en monje. Nació en 1869 en lo que hoy es Turquía, en aquel entonces vivían entre dos y tres millones de armenios en Turquía. Estudió música en Berlín y dedicó toda su vida a recopilar canciones armenias. Viajaba de pueblo en pueblo anotando y aprendiendo canciones populares que logró inmortalizar. Fue un viajero errante que se hacía pasar por juglar en los pueblos narrando grandes historias armenias a través de sus canciones. Incluso compuso misas que hasta el día de hoy se escuchan en las iglesias armenias.

Pero hubo un gran quiebre en su vida, como en la vida de millones de armenios. El gran genocidio llevado a cabo por los turcos. Hasta el genocidio de los Nazis con lo judíos, el genocidio armenio había sido el más grande de la historia. Murieron casi dos millones de armenios. A Komitas lo capturaron el 24 de abril de 1915, fecha considerada como el comienzo del genocidio. Lo llevaron al borde de un precipicio. Lo tuvieron ahí mirando el abismo. La hija del sultán turco, que era alumna suya, intervino por su liberación. Pero fue tarde. A Komitas no lo arrojaron al vacío pero la cercanía con la muerte lo dejó sin palabras, literalmente.

Lo trasladaron a París, a un hospital psiquiátrico. Komitas no volvió a hablar, ni a componer, ni a hacer música. Intentaron de mil maneras distintas para sacarle un palabra, una sonrisa o un gesto, pero no hubo caso. Murió en aquel hospital psiquiátrico en 1935, pero pareciera que su vida se la habían arrancado 20 años antes.

Entonces cuando el conductor me preguntó si me gustaba Komitas no pude más que asentir y pedirle que ponga el volumen un poco más fuerte.

Les compartimos 45 minutos de Komitas, para que piensen que sentíamos nosotros cuando recorríamos aquel dolido país, en ese auto, escuchando a Komitas y mirando el paisaje por la ventana.


Guía de viaje a España

ACLARACIONES SOBRE ESTA GUÍA DE VIAJE A ESPAÑA

La información recogida aquí se corresponde con nuestro viaje a España en noviembre y diciembre del 2016.

Esperamos que cumpla su objetivo: serle útil a futuros viajeros. Cualquier duda, pregunta o comentario, no duden en hacerlo llegar.

¡Buen viaje y disfruten de España!

INTRODUCCIÓN PARA VIAJAR A ESPAÑA

Siendo tierra de vinos y aceitunas, de mares y montañas verdes, de toreros y flamenco, el Reino de España es, sin duda, uno de los países más lindos que visitamos. Quizá por eso decidimos volver.

España no es un país “grande” pero está dividido en diecisiete regiones autónomas. Cada región es un mundo completamente distinto. Distinta cultura, distinta gastronomía, distinta geografía y, en algunos casos, distintos idiomas.

España es un país que a todos nos es familiar. Quizá por el idioma o por nuestro pasado migratorio, sea como fuere es un país que merece ser visitado en cualquier viaje por Europa.

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Parque El Retiro – Madrid

VISA

La mayoría de las nacionalidades latinoamericanas y europeas no requieren visa para ingresar a España ya que es parte de la Unión Europea y de la Zona Schengen. El tiempo máximo permitido de estadía es de 90 días.

MONEDA

La moneda es el Euro aunque la gente mayor siga hablado de “pesetas”. Para ver la cotización actual del euro con cualquier otra moneda xe.com

Nosotros, por lo general, utilizamos tarjetas de crédito y euros en efectivo. Muchos sitios aceptan dólares pero lo toman a un valor muy bajo.

IDIOMA

El idioma oficial es el castellano aunque levemente modificado por el acento español (¡Hostias, tío!).

Muchas comunidades tienen su propio idioma como, por el ejemplo, el gallego, el vasco o el catalán, el es muy común oírlo y verlo en las calles. Pero no pasa nada, todos hablan español y en general no tienen problema de hablarlo con turistas.

En las regiones turísticas (casi) todos hablan inglés, por lo cual el idioma no es problema.

Casa Batló - Barcelona

Casa Batló – Barcelona

CLIMA

España tiene una geografía diversa y muy interesante. Nace al sur de Francia y se extiende (curiosamente) hasta las lejanas Islas Canarias en la costa de África.

Precisar un tipo de clima en España es complejo porque cada región es completamente distinta. No es lo mismo el frío que puede hacer en el Pirineo Aragonés en invierno que el clima Mediterráneo que hace en Málaga durante febrero.

Por lo cual, es importante precisar que al estar en el hemisferio norte el verano es de junio a agosto y el invierno de diciembre a marzo. Según la zona, en invierno hace bastante frío y en verano bastante calor. Lo ideal es ir siempre en otoño (septiembre-noviembre) o primavera (marzo-junio) para no sufrir las temperaturas en extremo.

PRESUPUESTO

España es uno de los países más baratos de Europa occidental. Pero digamos que dentro del país los precios varían mucho. Cataluña y el País Vasco son las regiones más caras mientras que Andalucía y Galicia las más baratas. Pero vamos, con ingenio se puede encontrar el modo de viajar sin gastarnos todo nuestro presupuesto. Como siempre, un viaje puede ser tan caro y tan barato como uno de deseé y planeé. En nuestro caso siempre viajamos de un modo económico, al mejor estilo mochilero.

Arroyo de la Luz - Extremadura

Arroyo de la Luz – Extremadura

Nosotros no realizamos excursiones pagas (nos las ingeniamos para realizarlas nosotros mismos) y solemos optar por transporte público antes que tomar un taxi o autos privados con chofer.  Viajamos lento y de manera pausada. Solemos informarnos bastante sobre precios, distancias, medios de transporte o cualquier otra variable que intervenga.

Cuando más rápido uno quiere viajar y más destinos en menos tiempo quiere ver, el presupuesto se encarece mucho más.

Un presupuesto muchilero (holgado) promedio en España puede ser de unos 30 euros al día/por persona. Incluye alojamiento (hostel con baño compartido), comida y transportes públicos. Lo más caro en España son las entradas a museos o sitios históricos.

Por ejemplo, la Sagrada Familia en Barcelona cuesta 18 euros por persona y La Alhambra, otros 16 euros más. Eso sí, hay descuentos para estudiantes menores de 26 y jubilados mayores de 65 años. A su vez, muchos museos y sitios históricos suelen tener días y horarios donde la entrada es gratuita o reducida.

¿Tendrá algo que ver con La Alhambra?

¿Tendrá algo que ver con La Alhambra?

Nuestro presupuesto en España se descompone en tres cosas básicas. Comer, dormir y viajar:

COMIDA

Lo mejor de España son las cañas, el vermouth de grifo, el jamón y las tapas. Bueno, en realidad toda la comida en España es riquísima y con muchísimas opciones carnívoras y vegetarianas.

Desde grandes paellas o exquisitas tortillas, todo está buenísimo. Eso sí, bien graso y aceitoso para que el gusto se sienta más.

Cada región de España suele tener su oferta gastronómica, no es lo mismo el Pulpo a la Gallega en Galicia que una Paella Valenciana en Valencia. Lo mejor es pedir siempre lo típico de cada zona.

El vino también es famoso, aunque siendo sinceros, los vinos de Argentina son mejores.

ALOJAMIENTO

Las opciones de alojamiento van desde hoteles de súper lujo hasta hostels compartidos a muy bajo precio.

Para nosotros, la mejor opción sobre todo si se trata de un grupo familia fue alquilar un departamento. El precio es por día y la mejor opción es Airbnb (con este link pueden obtener 35€ de crédito). Es decir, suelen ser casas de familia con habitación de alquiler. Algunas con baño privado, alguna incluyen desayuno, etc. Hay muchas opciones y cada una de adapta a los distintos presupuesto.

La zona y la época del año influyen muchísimos en los precios. En temporada baja los hoteles suelen hacer grandes rebajas en sus precios. Las Islas Baleares, por ejemplo, tiene opciones de alojamiento mucho más caras que en resto del país pero en invierno los precios son regalados.

TRANSPORTE

España, como ya dijimos, es un país que se adapta a todos los presupuesto y estilos de viaje. Es un país relativamente chico que se puede recorrer muy bien en bicicleta, en tren (con los pases globales se ahorra mucho dinero) con vehículos de alquiler, coches compartidos y en transporte público. Lo que no es tan común en España y todos ponen cara rara es hacer autostop (viajar a dedo). Nosotros no lo intentamos pero escuchamos que no es fácil.

Otra opción barata para viajar en España son los vuelos low-cost. Desde Madrid o Barcelona hay muchísimas opciones y los precios si uno compra con tiempo y sin despachar equipaje son muy baratos.

Nosotros llegamos a Barcelona en avión desde Polonia. Teníamos poco más dos meses para recorrer el país por lo cual optamos por hacerlo tranquilos y a nuestro ritmo. Utilizamos transporte publico (autobuses), el famoso tren AVE (de alta velocidad) y Bla bla car (coches compartidos entre particulares). En algunas regiones, como Galicia por ejemplo, utilizamos un vehículo de alquiler.

Si disponen del tiempo y del dinero, alquilar un coche es una de las mejores opciones para recorrer España. Las distancias son cortas y es casi todo autovía. Está lleno de gasolineras, indicaciones y el idioma hace que todo sea más fácil.

Además, hay muchos bosques, costas y espacios naturales a los cuales solo se puede llegar en auto. El coche propio siempre da más libertad.

Hay muchísimas agencias de vehículos de alquiler y suele haber promociones muy interesantes y que vale la pena aprovechar. También, comprar un coche y luego venderlo si se va estar un tiempo prolongado no es una mala idea.

Además, podemos obtener otras ventajas de esta forma de viaje, como a través de las tarjetas puntos de las gasolineras. A veces no las ofrecen sino que hay que preguntar por ellas. Una de las más conocidas son las tarjetas MiBP porque tienen muchos convenios con otras empresas y permiten ahorrar bastante dinero con sus descuentos en varias tiendas por departamento y, además, se pueden aprovechar sus descuentos en lubricantes, carburantes y en otros productos útiles para el coche.

ITINERARIO

En total estuvimos dos meses en España y este fue nuestro itinerario:

Barcelona (Cataluña)

Barcelona fue una ciudad que siempre quisimos conocer, y fue la primer ciudad de la península ibérica que visitamos. Siendo claros: nos encantó, la combinación Gaudí, Mar Mediterráneo y montañas se ganó nuestro amor. Pasamos más de una semana y no nos dieron ni los pies ni los ojos para ver todo lo que la ciudad ofrece.

Si, es cierto que es una ciudad muy turística pero es muy fácil escaparse del malón.

Zaragoza (Aragón)

Ya en la región de Aragón, Zaragoza se parece mucho a la “España” que imaginábamos. El acento, las cañas, la vida en las calles, tiene su aire.

El centro histórico de Zaragoza es precioso y tiene la suerte de albergar la Catedral de Nuestra Señora del Pilar con obras de Goya incluida.

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Madrid

Madrid nos recordó mucho a Buenos Aires. Quizá demasiado.

Es una capital tranquila, con el gran Parque El Retiro que le da mucho aire y verde a la ciudad. Tanto el Museo El Prado como el Reina Sofía con una parada obligada para cualquier amante del arte.

Cáceres (Extremadura)

Ni los españoles nos creían cuando les decíamos que íbamos a ir a Extremadura. Es una de las regiones menos visitadas de España y para nosotros una de las bonitas. Extremadura, muy cerquita de Portugal, conserva ciudad antiquísimas como Cáceres o Plasencia combinado con unas dehesas preciosas llenas de verde y vida. Ideal para juntar castañas y setas.

Sevilla (Andalucía)

La Giralda, el Real Alcázar y los sevillanos son de lo más lindo de España. Es una ciudad preciosa con un casco histórico muy bien conservado combinado con el carisma y acentazo andalu’ de los sevillanos. Además, muy buena comida!

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Granada (Andalucía)

La alhambra es única. Para recorrerla con tiempo y sin apuro. Realmente un sitio encantador donde la cultura islámica se mezcla con occidente. Una obra de arte.

Si a eso le sumamos Sierra Nevada y el Albaicín la combinación es explosiva. Granada es hermosa, no hay dudas.

Málaga (Andalucía)

Habíamos oído hablar mucho y muy bien de Málaga y de la Costa del Sol. Tuvimos la suerte de coincidir con una tormenta tropical que resulto causar una de las mayores inundaciones de la zona en los últimos años. Lo cierto es que no pudimos ver nada de Málaga ni alrededores. Deberemos volver.

Santiago de Compostela (Galicia)

Dicen que en Galicia siempre llueve, y más en invierno. Tuvimos la suerte de visitar Santiago de Compostela con sol y calorcito.

La catedral de Santiago es imponente aunque es cierto que ahora esta en renovación y toda la fachada esta tapada. Una ciudad para caminar y perderse.

Vigo (Galicia)

La lluvia de Málaga fue el anticipo de lo que nos iba a llover luego en Vigo. La ciudad es bonita y tener el mar siempre tan cerca le da unos puntos extras. Vale la pena caminar por el casco histórico.

Pero para nosotros Vigo tuvo un valor especial. Desde ahí salían los barcos de gallegos con rumbo a Argentina y desde Vigo comenzamos un viaje por Galicia a nuestras raíces. Conocimos los pueblos respectivos de donde fueron oriundos nuestros abuelos.

Tenerife (Islas Canarias)

Volamos a Tenerife y perdimos registro de donde estábamos ¿España? ¿África? ¿O Latinoamérica? El acento, la comida, la gente… Tenerife es distinto al resto de España, no hay dudas.

La isla es grande y es ideal para recorrer con vehículo de alquiler.

Las playas volcánicas y el imponente Teide (pico más alto de España) hacen de Tenerife un sitio muy particular.

RECOMENDACIONES Y CONSEJOS PARA VIAJAR A ESPAÑA

Interiorizate: España está atravesada por una historia política muy complicada e interesante. Tratá de llegar a España conociendo algo, de su geografía, cultura, historia política y de su situación actual.

Planificá: Un viaje sale mejor cuando uno lo planifica, al menos un poco. No somos partidarios de un viaje plenamente organizado, con reservas y un itinerario definido. Somos partidarios de que el viaje se vaya armando a sí mismo, pero eso no quita que uno planifique, al menos, algo. Mira un mapa, que lugares te gustaría conocer, por qué, fijate si te quedan de paso, arma un posible recorrido. Tener en cuenta tu presupuesto, tus gustos y tus ganas.

– Dejá los prejuicios en casa, en serio. Tratá de no quedarte con lo obvio.

– España es un país seguro, es casi inexistente la inseguridad y los robos. No existen, en parte, porque la policía esta todo el tiempo y a todo momento rondando por ahí. Igualmente, estate atento a tener ciertas precauciones.

¿CONVIENE VIAJAR CON SEGURO MÉDICO?

Nunca se sabe si lo vamos a necesitas, por lo cual, nosotros igual nos sacamos uno. Seguramente no lo uses, pero por las dudas…

Lo que es cierto es que como argentinos en la Zona Schengen es obligatorio para entrar. No conocemos ningún caso que se lo hayan pedido, pero mejor tenerlo y no usarlo, a necesitarlo y no tenerlo. Hay muchas ofertas y promociones, 2×1, descuentos. Les recomendamos que chequeen posibles cotizaciones y tipos de coberturas en Asegura tu viaje.

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Kurdistán, prejuicios y hospitalidad de un pueblo

En nuestro viaje por el Kurdistán Iraní nuestras pupilas archivaron paisajes montañosos, lagos y distintos pueblitos anclados en algunos valles perdidos. Pero lo que más recordamos no es algo que nuestros ojos puedan guardar porque si hay algo que identifica a Kurdistán, es su cultura milenaria. Descendiente de los medos, imperio que coexistió con el Persa.

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Kurdistán, en realidad, es una región que abarca varios países. Irán, por supuesto, pero también Irak, Siria y Turquía. Tienen su propio idioma y la mayoría son musulmanes sunitas, algo que sobresale en un país musulmán chiita como lo es Irán. Hoy los kurdos son más de cuarenta millones.

El pueblo kurdo se hizo famoso por los conflictos bélicos que afronta la región: la revolución en Siria y la guerra contra el Estado Islámico (ISIS por sus siglas en Inglés, Islamic State of Iraq and Syria).

Hoy en día los kurdos no tienen un Estado que los representa. La mayoría de su pueblo está desperdigado en cuatro países distintos, aunque muchas veces se comportan como si las fronteras impuestas no existieran. Por ejemplo, a las amenazas del ISIS en territorios kurdos sirios e iraquíes respondieron incluso los kurdos de otros países formando una de las líneas más importante de defensa. En la región de Kobane, por ejemplo, un ejército de mujeres guerrilleras toman acciones diariamente para defender las fronteras de su territorio, de su identidad y de su historia. A fin de cuentas, su pedido pide volver a definir las fronteras del pueblo kurdo.

Pueden leer esta nota de Proyecto Kahlo que cuenta cómo este mismo ejército de mujeres guerrilleras toman acciones diariamente para defender las fronteras de su territorio, de su identidad y de su historia en el Kurdistán Sirio.

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Antes de llegar a Irán, habitantes de países vecinos (y algunos no tanto) nos insistían sobre el peligro de viajar por aquel país. “Son terroristas, los van a matar”. Nada de eso pasó. Y desde que llegamos los iraníes no pararon de decirnos que ellos no eran terroristas, sino buena gente y que es todo eso es culpa de la prensa internacional. Pero nos advirtieron que los terroristas eran otros, los kurdos. De esos sí teníamos que tener cuidado. Algo que se repite en todo el globo. El vecino siempre es más peligroso. En los países bálticos nos advertían sobre los rusos, los rusos sobre los mongoles y estos sobre los chinos.

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Estábamos en las afueras Marivan, un poco tarde, haciendo dedo para llegar a Sanandaj (capital de Kurdistán) donde nos esperaba una familia que habíamos conocido días atrás. Hacía calor, como siempre en Irán, y no esperamos ni cinco minutos hasta que paró el primer auto. Bajó un hombre kurdo, vestido con las típicas ropas kurdas. No teníamos idioma en común. Nuestras frases en farsi se acabaron rápidamente por lo que seguimos comunicándonos por señas. El conductor demostró paciencia y luego de que entendimos hacia donde se dirigía nos abrió el baúl para poner las mochilas. La siguiente imagen nos hizo dudar. Tenía dos rifles y varias municiones. Por un instante dudamos, ¿Qué hacer? Subimos igual.

Desde ese momento hasta que bajamos trató de explicarnos que las armas del baúl eran para cazar. Consiente del prejuicio impuesto a su pueblo, se moría de vergüenza. Nos invitó a dormir a su casa, pero como nos estaban esperando en Sanandaj, tuvimos que rechazar la propuesta. Entonces propuso parar a tomar un té.

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Bajamos y nos sentamos los tres juntos. El silencio incómodo del no tener un idioma en común reinaba. El kurdo que atendía la casa de té tenía un gran bigote y hablaba un poco de inglés. Cuatro o cinco frases que repetía varias veces. Luego de emocionarse hasta las lágrimas gritando Maradona y Messi entendimos que nos invitó a su casa, que estaba en una aldea no muy lejos. También tuvimos que rechazar la propuesta. No nos dejaron pagar el té. El que nos llevaba tampoco pudo, todo fue una invitación del dueño de la casa de té.

Seguimos un poco más con nuestro conductor hasta que nos dejó en un bifurcación. Nos dimos la mano y extrañamente nos pidió perdón. Nos sacamos una foto y se fue.

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No comparto ni la tenencia de armas ni la caza, pero tampoco las estigmatizaciones que reciben los pueblos. “Los colombianos son narcotraficantes, los rusos fríos, los indios sucios y los kurdos peligrosos”.

Nuestra experiencia es totalmente subjetiva como cualquier otra, pero si hay algo en lo que ayuda viajar es a destruir prejuicios. Y sí, somos reiterativos, pero que hospitalarios son los kurdos.

Info útil

*Transporte:

  • Recorrimos todo a dedo. Lo más fácil para transportarse y la mejor manera para conocer gente.

* Alojamiento:

  • Utilizamos mucho couchsurfing o simplemente aceptamos las propuestas de los kurdos que nos invitaban a sus casas. Tuvimos tantas que muchas las rechazamos.

* ¿Qué ver?:

  • Sanandaj: Es una ciudad. No es la gran cosa pero fue nuestra puerta de entrada y salida.
  • Marivan: Tiene el lago Zarivar que es pintoresco, pero sobre todo por los pueblitos que lo rodean.
  • Cuevas Quri Qaleh: Es un sistema de cuevas, que para nosotros no fue la gran cosas pero los iraníes las adoran.
  • Palangan: Pequeña aldea súper pintoresca.
  • El valle de Howraman y alguno de sus pueblitos.
  • Para nosotros no hubo grandes puntos de interés. Lo mejor la gente y la cultura kurda.
Cruzar el mar Caspio en un barco carguero

Eran las cuatro de la mañana, no había señales del amanecer ni tampoco del barco carguero que cruzaría el mar Caspio para llevarnos de Kazajistán a Azerbaiyán. Estábamos sentados en el puerto de Aktaú, en la intemperie y en unas sillas improvisadas tomando un té con un joven bielorruso y un viejo turco, conductor de un camión que también estaba esperando para cruzar. Nos perdimos la mitad de la conversación, un poco porque era en ruso, otro poco por el sueño.

Sabíamos que los barcos que cruzan el mar Caspio eran impuntuales, pero imaginamos que podíamos esperar ya a bordo, durmiendo, o en algún cómodo sillón. Pero no, todo está pensado para camioneros. No es un barco de pasajeros. Los camioneros duermen en sus camiones, que son como sus casas donde llevan desde cocina hasta un DVD portátil. Nosotros quedamos a merced de la noche, como el bielorruso. Él tenía la ventaja de poder hablar ruso con los kazajos, pero nosotros, también, teníamos nuestra ventaja. Él no tenía ticket, nosotros sí.

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Recién a las cinco de la mañana llegó el barco. Hicimos migraciones, nos despedimos del bielorruso con la esperanza de verlo arriba del barco y nos metimos en un camarote caluroso para tratar de dormir un poco. Dormimos hasta que casi nos tiraron la puerta abajo para avisarnos que estaba el desayuno. En el medio, había pasado sólo dos horas.

Era un barco que incluía todas las comidas pero lejos estaba de ser un crucero de lujo. Si bien teníamos un camarote para nosotros solos, era precario. El óxido era el principal protagonista de todo. En total éramos alrededor de veinte pasajeros. Dieciséis camioneros turcos, una pareja de franceses y nosotros (el bielorruso finalmente no subió). Lo curioso es que con los únicos que compartíamos un idioma común era con los franceses, pero fue con quienes menos nos comunicamos.

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Las comidas eran sosas, pero las señoras que la servían eran amables. El mayor pasatiempo de los pasajeros era tomar té, jugar a las cartas y fumar. El nuestro pasear por la cubierta, mirar el horizonte y leer.

Para ser sinceros, el camino más fácil para llegar a Azerbaiyán hubiese sido haberse tomado el avión, pero nos inclinamos por otra opción un poco más lenta: cruzar desde Kazajistán a Azerbaiyán en barco. A fin de cuentas, se trata de un medio de transporte que está en peligro de extinción. Los barcos se van dejando de usar. Todo por la necesidad de ser modernos.

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El último barco que nos habíamos tomado fue rumbo las Islas Andamán. En total, cinco días en el Océano Índico marcados por la rutina. Horario de lectura, de comida, de escritura, de más comida, de charlas, de cartas. Mientras eso transcurría sentía estar viviendo la muerte de un medio de transporte. Los barcos para pasajeros van a desaparecer a excepción de los lujosos cruceros.

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Por eso, cuando surgió la posibilidad de ir en barco hasta a Azerbaiyán no lo dudé, le insistí a Ludmila y me dispuse a disfrutar de uno de los placeres que se nos priva bastante. 
Uno de los mayores lujos del barco es disponer de tiempo para dejar que la mente fantaseé y nos lleve por viejos recuerdos y nuevas ideas. Una especie de meditación en altamar para curar los dolores del alma. Una cura simple pero que nadie tiene tiempo de practicarla.

Fue un viaje corto, de 30 horas, pero sirvió para sentir el viento en la cara, ver las gaviotas volar y pensar en lo que todavía queda del viaje.

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La excusa para hablar sobre nosotros

“Twenty years from now you will be more disappointed by the things that you didn’t do than by the ones you did so. So throw off the bowlines. Sail away from the safe harbor. Catch the trade winds in your sails. Explore. Dream. Discover.”

Mark Twain

“Nuestra historia es simple. Podría ser la historia de cualquiera persona acá presente, pero con sólo una única diferencia: Nosotros nos animamos. Nosotros tomamos la decisión y lo hicimos: salimos a cumplir nuestro sueño. Uno de nuestros tantos sueños.”

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Así comenzaba la charla que dimos semanas atrás en Aktau, una ciudad de Kazajistán ubicada a orillas en el Mar Caspio. La charla tenía lugar en la terraza de un hotel cinco estrellas, ubicado frente al mar, desde donde se veía el sol caer como una bola roja sobre la perfección del horizonte.

Había casi veinte mesas, todas ocupadas. Los kazajos son elegantes y esa terraza invitaba a hacerlo. Todos estaban bien vestidos, tomando una margarita y comiendo quesos franceses.

Ahí estamos nosotros dos, improvisando una charla mitad en inglés, mitad en ruso, en zapatillas. Haciendo lo que más nos gusta, contar historias:

***

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Somos Lucas y Ludmila, de Buenos Aires, Argentina. Casi treinta años y una carrera universitaria. Vivíamos en un lindo departamento amueblado, teníamos un auto, libros, electrodomésticos y un balcón con muchas plantas. Un día, decimos deshacernos todo. Renunciar a nuestros trabajos, regalar las plantas y donar nuestra ropa. Ese día sacamos dos boletos de avión con destino a Nueva Delhi, India. No teníamos previsto fecha de regreso.

Nuestra familia y nuestros amigos nos trataron de locos. Estábamos equivocados. Estábamos a punto de desperdiciar toda nuestra vida. Teníamos que casarnos, tener hijos, formar una familia, comprar más plantas y conseguir un trabajo mejor. Pero nosotros no queríamos eso para nosotros. Al menos, no en aquel momento. Nosotros queríamos viajar. Conocer el mundo y conocer las personas que habitan el mundo. No queríamos quedarnos sólo con los estereotipos que vemos en televisión ni con los libros de historia, queríamos conocer el mundo de primera mano: a través de nuestros propios ojos y en profundidad.

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Llegar a India no fue fácil. Nosotros también teníamos nuestros propios miedos. Nunca habíamos viajado tan lejos ni a culturas tan distintas. Los primeros cinco minutos en la estación de Nueva Delhi fueron terribles: bocinas, ruido, gente, olores fuertes, vacas, basura, mendigos, niños desnudos pidiéndonos plata. Fue un golpe duro. Una cachetada. De pronto y por arte de magia, habíamos dejado la burbuja en la que vivíamos en Buenos Aires y habíamos llegado a la otra punta del mundo. Una parte del mundo donde pasan cosas, donde estallan bombas, donde la gente tiene hambre y donde las vacas se pasean por las calles. Todo lo que habíamos visto de India en películas y documentales, ahora cobraba vida delante de nuestros ojos.

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Mis pensamientos fueron dos: “Esto es de verdad y yo quiero volver a mi casa”. En ese instante, un grupo de mujeres nos rodeó y empezaron a tirarnos de la ropa y de las mochilas pidiéndonos plata. Yo quería llorar. Como pudimos, conseguimos una habitación en un hotel mugriento. Me pasé una semana enferma. Triste, descompuesta y dudando de haber tomado la decisión incorrecta. Pero ya estábamos ahí. Habíamos volado desde Buenos Aires y no teníamos fecha de regreso. Decidimos tomar coraje y darle una nueva oportunidad a India. Sacamos un boleto de tren hasta Amritsar, la frontera con Pakistán.

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De aquel día pasaron más de tres años. Tres años en los que estuvimos viajando alrededor del mundo. Hasta el momento, recorrimos más de cuarenta países en tres continentes: América, Europa y Asia (nuestro favorito).

presentación - aktau - kazajistan -8Tres años donde conocimos infinidad de personas, de historias, problemáticas sociales, modos de pensar, distintas religiones y distintos modos de vivir. Donde aprendimos historia, geografía, religión pero donde, sobre todo, nos enfrentamos a la cantidad de prejuicios y desconocimiento que tenemos. Pero en estos tres años no solo viajamos de un lugar a otro, de un país a otro, sino que, también, escribimos sobre nuestro viajes. Documentando todo lo que vimos para que quienes no pueden viajar, si lo hagan desde la comodidad de sus casas. Escribimos, también, para achicar distancias culturales. A fin de cuentas, sólo conocemos el mundo a través de los diarios y la televisión y ellos nunca dicen la verdad.

Por ejemplo, de los países en vías de desarrollo recibimos solamente malas noticias. Unas de las cosas buenas de ser escritores de viaje es que podemos dar buenas noticias de lugares como Bangladesh o Bosnia y Herzegovina (que suenan como países terroristas). Ellos son personas como nosotros, amán, sueñan, llorar, ríen, festejan. Las diferencias culturales son algo mínimo pero nos hacen creer que es el todo.

Sí, lo primero que aprendimos en estos tres años de viajes es que a los países los hacen las personas que en ellos habitan. Nos pasó en Europa, cuando estábamos a punto de cruzar a Rusia en pleno conflicto con Crimea. Todos nos decía que Rusia era peligroso, que nos iban a secuestrar y a matar. ¡Que no vayamos por nada del mundo!

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En total estuvimos casi tres meses en Rusia; Cruzamos desde San Petersburgo hasta Mongolia. Más de 6.000 kilómetros donde casi exclusivamente hicimos dedo (autostop). Nadie nos mató, ni nos secuestró. Al contrario, el pueblo ruso fue uno de los más hospitalarios. Son buena gente pero con muy mala prensa internacional.

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La gente de los distintos países está dispuesta y orgullosa de mostrarte su cultura. Los niveles de hospitalidad que uno recibe en la ruta son increíbles. Sobre todo en países que están catalogados como “Ahí no hay que ir”.

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Nosotros no viajamos de manera superficial. Tratamos de meternos en cada destino y no somos los únicos. Cada vez es más la gente que se toma el viaje como un estilo de vida y no como un simple plan de vacaciones dos semanas al año. Podemos decir que no viajamos por las fotos, ni para sacarnos una selfie, viajamos para aprender a ser mejores personas.

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Pero no siempre nos va bien en el viajar. Muchas veces nos encontramos en situaciones peligrosas donde tuvimos miedo. Ante cualquier situación complicada o que nos sentimos inseguros siempre tenemos un arma que nos protege y que hasta ahora nos va muy bien: SONREÍR.

También confiar en el instinto. Cuanto más lo usamos, más aprendemos a escucharlo. Viajar es fácil, en lugares remotos no hay que entrar en pánico, simplemente hay que rodearse de buena gente y ver que la gente en todo el mundo va a tratar de ayudarte y no de lastimarte.

En resumen, podemos decir que viajamos para

√ Aprender: Historia, cultura o religión, por ejemplo. Aprendemos de las cosas buenas de cada país y tratamos de implementar en nuestro día a día y también, aprendemos de las cosas malas. Tratando de evitarla y cambiar.

√ Conectarnos: Con nosotros mismos, con la naturaleza, con las personas.

√ Sorprendernos: Viajando descubrimos todo un mundo nuevo del cual no teníamos idea.

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Viajar, por su parte, atenta contra nuestro etnocentrismo. Nos muestra que no somos los únicos, ni los mejores. Que nuestro país no es el ideal, que nuestras políticas internacionales no son buenas, que nuestro empleo es malo, etc. Nos demuestra que las cosas no son como creemos que son. Viajar nos obliga a cambiar el chip básico de la vida. Y para eso la empatía es primordial, conocer al otro, comprenderlo y no juzgarlo sólo por ser distinto.

Durante el viaje hicimos cosas que nunca creímos que íbamos a hacer, conocimos personas que nos cambiaron y vivimos cosas que vamos a recordar por el resto de nuestras vidas.

Mucha gente cuando le contamos de nuestra historia nos dice: “Oh, yo quiero viajar tanto como ustedes”, y la realidad es que la mayoría de nosotros en este recinto, en realidad, puede hacerlo. El mundo no es un lugar peligroso como nuestras familias, los medios y la sociedad nos hace creer. Se necesita tiempo, que es algo que todos tenemos. Y es mentira que se necesita coraje, simplemente un poquito al principio para comenzar. Tampoco se necesita ser millonario ni gastar miles de dólares. Los gastos se resumen en tres grandes grupos. Transporte, comida y alojamiento. Si se lleva esos gastos a un mínimos aceptable (para uno mismo) puede llegar a ser más barato que vivir en tu propia ciudad. Para eso se necesita ingenio: La necesitad es la madre de las invenciones.

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Pero viajar también tiene su parte negativa, por eso no es para todos. Uno a veces extraña, se siente solo (por más que viajemos acompañados), uno se enferma, hace mucho calor o mucho frío. Si uno supera eso y sale a la ruta con ánimos entonces significa que la ruta es el camino.

presentación - aktau - kazajistan -14Los viajes dependen en definitiva de la gente que uno conoce. Playas paradisíacas, fiestas o paisajes increíbles no se disfrutan si uno no conecta con la gente adecuada. La mejor manera de describir un paisaje es a través de la gente que lo habita. Y estas cosas pasan cuando uno deja la comida del sillón, apaga la televisión y empieza a vivir la realidad por si misma.

Cruzamos Rusia de punta a punta, estuvimos en el desierto de Gobbi, en la muralla China y en el Tíbet. Descansamos en las playas de Tailandia y tomamos el café más rico del mundo en Vietnam. Nos tomamos un barco por cinco días para ir a las Islas Andamán, estuvimos un año en India viviendo en monasterios y con monjes budistas, nos bañamos con elefantes y aprendimos a comer con las manos en Bangladesh y con palitos chinos en China. Estuvimos tres veces en Kazajistán y recorrimos la ruta de la seda. Estuvimos en Europa, cuatro meses yendo desde Croacia hasta Estonia. Reconstruimos la antigua Yugoslavia, y la ex – Checoslovaquia. Ahora, estamos recorriendo la URSS y luego, Irán. Nos gustan los viajes cargados de historia, de política y nos apasionan los destinos/lugares no comunes. Viajamos por países ricos y por países en desarrollo, viajamos en primera clase de trenes súper rápidos y viajamos a dedo. Dormimos en carpa y en hoteles de cinco estrellas. Comemos con las manos, con palitos chinos y cubiertos de plata. Nos adaptamos, nos flexibilizamos.

Viajar, hoy para nosotros, es sinónimos de vivir. Nuestra vida es el viaje, por que a fin de cuentas, es el modo que encontramos de sentirnos vivos. Y en el peor de los casos, es el modo de juntar una buena cantidad se historias para contarle a nuestros futuros hijos cuando se vayan a dormir.

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Turkmenistán fallido

Nuestros días en el gran desierto de Uzbekistán estaban controlados por el calor. Es él quien nos obliga a levantarnos temprano, aprovechar el “fresco” de la mañana, volver al hotel para pasar el calor del mediodía y luego, otra vez, a la tarde salir a disfrutar la sombra de un árbol.

Cuando en nuestro primer mediodía en Bujará, volvimos al hotel, teníamos un mail de la embajada de Turkmenistán que decía:

Wiza resmileşdirmäge garşylyk bildirlen daşary ýurt raýatlarynyň sanawy:
Garşylyk bildirlen raýatyň jemi sany – 2

Así comenzó nuestra tarea de tratar de descifrar el mensaje. Los traductores online no nos daban respuesta. Se calcula que hay ocho millones de personas que hablan turcomano, teníamos que dar con uno. Primero preguntamos en el hotel, a un chico uzbeko. A pesar de estar a cien kilómetros de la frontera, no conocía a nadie que lo hable. Nos acordamos de una chica turcomana que habíamos conocido en Almaty, pero no nos contestaba. La tercer idea fue mandar mensajes por Couchsurfing y de esa manera tuvimos una respuesta casi inmediata. Nos habían denegado la visa.

Primer país que no nos acepta. Sabemos que no es algo personal, simplemente es el resultado alguna lógica que desconocemos. Pero pongamos en contexto para entender un poco más este raro país.

Turkmenistán existe como tal desde 1991 cuando se separa de la URSS. Desde entonces su presidente fue Saparmurat Niyazov. Quien participó del intento de golpe de estado a Gorvachov en agosto de 1991 para impedir que se disuelva la URSS. Un tipo que en 1993 se autoproclamó Turkmenbashí, algo así como el líder de los turcomanos. Así renombró una ciudad (cualquier parecido a Stalin y Stalingrado es pura coincidencia) e incluso así renombró al mes de enero. Al mes de abril y al pan les cambió el nombre por el de su madre.

Queriendo recuperar (o crear) una identidad del país, inventó un culto en torno a su personalidad. Estatuas de oro, escuelas y universidades con su nombre y su rostro aparece en todos los billetes (todo esto cuando estaba con vida). Para iluminar a los ciudadanos sobre la moral y la cultura cívica escribió un libro que se llama Ruhnama (libro del alma que se pueden encontrar gratis y en inglés en internet). Es una guía espiritual que obviamente se estudiaba en las escuelas y universidades.

Entre otras cosas prohibió los labios pintados, los juegos de video, el pelo largo y los dientes de oro (porque para él eran antiestéticos). Pero era un tipo modesto que decía cosas como “No me gusta ver mis fotos y estatuas en las calles, pero es lo que la gente quiere”.

Murió en 2006. Pero desde entonces la realidad del país no cambió mucho. Luego de él, vino un dentista de nombre Gurbangulí Berdimujamédov que ganó las elecciones del 2007 y 2012 con 89% y 97%. Pero claro, era el único candidato que podía presentarse. Y si bien frenó o dio marcha atrás con algunas locuras de Niyazov y sus millones de cambios de nombre, las mayores restricciones siguen, como la prohibición de tomar fotos a varios edificios que consideran sensibles.

La economía de Turkmenistán está basada en una gran producción de algodón pero sobre todo en la explotación de gas y petróleo. Tal es así que los servicios de gas y energía eléctrica en los hogares son gratuito.

Este es el país que nos denegó la entrada ¿Y ahora?

Nos quedamos sin conocer un país que en cuanto a paisajes y arquitectura tiene poco que ofrecer, más allá del curioso pozo de Dervaza, un hoyo lleno de gas creado por accidente que está ardiendo hace cuatro décadas. Sin duda es uno de los más extraños del mundo. Un pueblo que lleva en sus barbas la sabiduría de sobrevivir en el desierto sometido a una de las dictaduras más excéntricas. Gente hospitalaria, políticos codiciosos.

Nuestro plan de recorrer las quince ex – naciones socialistas soviéticas, quedó truncado. Ahora hablamos de catorce. Estaba en los planes que esto pueda pasar. A la mitad de la gente que conocimos que había aplicado para esta visa la rechazaron. El siguiente paso es ir a Kazajistán desde ahí llegar a Azerbaiyán.

Ese es el plan, después en la ejecución puede salir cualquier cosa.

El mapa a continuación es de la región por la que estamos viajando hace algunos meses. Si se fijan bien, en Turkmenistán, sobre el Mar Caspio, pueden encontrar la ciudad de Turkmenbashí que el ex presidente se la nombró para sí mismo.

asia central

Por suerte nos enteramos de esto en Bujará, y cuando salimos al atardecer a la calle, las cúpulas se mantenían tan increíble como siempre.

Guía completa para viajar a China

ACLARACIÓN SOBRE ESTA GUÍA DE VIAJE A CHINA

  • La información recogida aquí se corresponde con nuestros dos viajes a China. Ambos viajes fueron de 30 días cada uno. El primero fue en noviembre del 2015 y el segundo en mayo del 2016.
  • Todos los datos están basados en nuestra propia experiencia. De este modo, los precios son los que nosotros pagamos, y los trámites, los que nosotros mismos realizamos.

Esperamos que cumpla su objetivo: serle útil a futuros viajeros.

Cualquier duda, pregunta o comentario, no duden en hacerlo llegar.

¡Buen viaje y disfruten de China!

VISA

Todas las nacionalidades necesitan visa para viajar a China. La misma se tramita en cualquier embajada o consulado chino.

Por nuestra experiencia, es mucho mejor tramitarla en el país de origen de uno ya que los costos son más bajos y uno puede aplicar por más tiempo de estadía. Nosotros aplicamos estando de viaje por Asia. La primer visa la aplicamos en Ulan-Bator (Mongolia) y la segunda en Dhaka (Bangladesh). En ambos países el procedimiento fue el mismo y es el que vamos a detallar a continuación.

REQUISITOS

  • Pasaporte con vigencia mínima de seis meses y con, al menos, dos páginas libres enfrentadas.
  • Foto carnet. Puede ser una o dos según la embajada donde se tramite.
  • Formulario. Se puede descargar e imprimir o completar directamente en la embajada. El formulario es largo y pide, por ejemplo, un itinerario tentativo pero detallado de nuestro viaje por China. Por lo cual, es recomendable completarlo con tiempo y anticipación. En el formulario es importante detallar el tipo de visado que queremos, el tiempo del mismo y e indicar si queremos el trámite normal (una semana) o el exprés (demora sólo dos días hábiles y tiene un valor adicional de veinte dólares.) Podés descargar el formulario acá.
  • Carta de invitación o reserva de las siete primeras noche de alojamiento. Este punto no es tan claro y depende de la embajada dónde se tramite. La carta de invitación se puede pedir en cualquier hotel o hostel en China pero según nos explicaron en la embajada, si tenemos la primer semana del viaje con alojamientos reservados no es necesario. Nosotros presentamos un reserva gratuita de alojamiento en Beijing que realizamos por Booking.com. La reserva de siete días en Beijing luego la cancelamos.
  • Seguro médico. En la embajada de Mongolia nos la pidieron pero no en la de Bangladesh.
  • Estado de cuentas bancarias (fondos). En la embajada de Mongolia nos la pidieron pero no en la de Bangladesh.
  • Pasajes de entrada y de salida del país. Pueden boletos de tren o aéreos. Nosotros presentamos dos reservas cancelables. Cuando aplicamos en la embajada de Bangladesh, sólo nos pidieron el vuelo de salida.

COSTOS Y DEMORAS

El valor de la visa turista de treinta días tramitado en el exterior es de treinta dólares. Cuando la tramitamos en Bangladesh, nos cobraron cuarenta dólares pero era algo propio de esa embajada. El tramite del visado demora una semana, pero se puede aplicar a una versión exprés abonando veinte dólares extra o, se puede obtener en el mismo día si se abonan treinta dólares extra.

Cuando la tramitamos en Mongolia, tuvimos que ir a un banco especifico a pagar. En cambio, cuando aplicamos en Bangladesh abonamos en la misma embajada el día que retiramos la visa.

IMPORTANTE

Durante el tiempo del trámite, la embajada o consulado se quedan con el pasaporte original.

RECOMENDACIONES PARA LA VISA

Averiguá bien dónde la vas a tramitar y revisa la pagina web de dicha embajada. A los chinos les encantan los feriados y las vacaciones, por lo cual trata que tu fecha de aplicación no coincida con ninguna festividad. A nosotros nos pasó de aplicar en el aniversario de la revolución y tuvimos que esperar una semana a que la embajada de China en Mongolia volviera a abrir sus puertas. El problema no sólo fue la demora sino la cantidad de gente que estaba en nuestra misma condición, lo que se vio reflejado en las más de dos horas para poder ingresar a la embajada y en el malhumor de los empleados.

MONEDA

La moneda es el Yuan (RMB o CNY). El valor de los billetes es de 1, 5, 10, 20, 50 y 100. También hay monedas de 1, 5 y 10 centavos. Los centavos se llaman fen y son muy poco frecuentes.

Aquí van algunas conversiones para tener una idea (al 12/07/2016):

La relación yuan-dólar es de 1 USD → 6,69 RNM.

La relación yuan-euro es de 1 EUR  → 7,39 RNM.

Para ver la cotización actual xe.com

Es importante pensar como manejar las finanzas. Hay varias opciones:

  • Viajar con cheques viajeros. En todas las ciudades importantes hay casa de cambio que los aceptan. El tipo de cambio es apenas un poco más bajo.
  • Viajar con efectivo. Lo más fácil de cambiar son dólares en bancos o casas de cambio.
  • Sacar dinero vía cajeros automáticos o manejarse con tarjetas de crédito. Cajeros (ATM) hay por todos lados.

Para nosotros lo más cómodo y simple fue ir sacando plata de cajeros automáticos a medida que el viaje va avanzando. En la mayoría de las ciudades y pueblos encontrarás uno y podes obtener yuanes con tu tarjeta de crédito o débito. Esta opción fue la más segura y barata para nosotros. El inconveniente es que necesitas una cuenta bancaria o al menos una tarjeta a tu nombre.

Si optan por la tarjeta de crédito o débito, recuerden tener siempre una reserva de dinero en efectivo. Nos pasó de estar en pueblos sin cajeros o sin luz.

IDIOMA

El idioma oficial es chino mandarín. Si bien en la región de Cantón se habla chino cantonés y hay varios dialectos dentro del país (uigur o tibetano, por ejemplo), el idioma es el mandarín y es el que todos hablan.

La escritura china, ahora, se conoce como chino simplificado y es justamente eso, la simplificación de los caracteres chinos. Los cuales a su vez, se pueden representar en pinyin que es la escritura de caracteres en silabas latinas dónde se indica su entonación.

TONOS DEL IDIOMA CHINO

El idioma chino tiene cuatro tonos. Por lo cual, una misma silaba (carácter) va a tener cuatro diferentes significación según el tono que se utilice. Por ejemplo, “ma”, significa caballo, mamá, cáñamo, pelea o signo de pregunta.

Pensamos que el idioma iba a ser una gran barrera y lo fue. Si bien la mayoría de los jóvenes, sobretodo en las grandes ciudades y zonas turística, hablan inglés no nos fue fácil darnos a entender en el resto del país.

CONSEJOS PARA COMUNICARTE EN CHINA

Lo ideal es intentar aprender algunas palabras en chino, pero en nuestro caso no pudimos salir del “hola, ¿cómo estás? y gracias”. No nos fue nada fácil.

Por lo cual, es recomendable llevar un diccionario o libro de frases para poder comunicarse. Pero, ojo porque muchas veces nosotros pronunciamos de una manera incorrecta y los chinos no entienden que estamos diciendo porque no utilizamos el tono correcto. De este modo, optamos por mostrarles un papel escrito en chino dónde decía lo que queríamos comunicar.

Si podés, lleva siempre las direcciones escritas en caracteres chinos y en pinyin. Si no, nadie te va a poder ayudar. Un buen mapa offline también es necesario.

También intentamos con un diccionario offline, pero no nos funciono del todo ya que sólo traducía palabras sueltas y nosotros necesitamos frases más elaboradas. Otra opción, es viajar con tarjetas con imágenes que representen lo que buscamos (alojamiento, comida, transporte, etc.). Finalmente, terminamos recurriendo el lenguaje de señas con las manos. Creemos que luego de viajar por China, somos expertos en juegos como “Diálogo con mímica”.

CONCLUSIONES SOBRE EL IDIOMA CHINO

No es fácil comunicarse en China. Sobre todo si se sale de los circuitos turísticos y de las grandes ciudades, pero tampoco es imposible. Con paciencia y voluntad, uno puede hacerse entender. Igualmente, a no desesperar, en las grandes ciudades las mayorías de las calles y estación de subte suelen indicar su nombre en chino y en inglés.

CLIMA

China es uno de los países más grandes del mundo, y cada región tiene sus particularidades climáticas.

En octubre en Beijing, comienza a hacer frío y en noviembre ya puede haber nevadas, mientras que diciembre es la mejor época para recorrer el sur ya que no hace tanto calor.

En Beijing, en verano el clima cambia totalmente y hace calor. Llega a los 30 °C. Y a los chinos les encanta estar al aire libre. Es muy común verlos en las plazas jugando con los niños, bailando al aire libre o desafiándose en eternas partidas de ping-pong.

En conclusión, el país tiene encanto todo el año, y depende un poco de lo que se quiera hacer y ver. Muchos viajeros buscan ver la Gran Muralla China con nieve y otros, en cambio, prefieren verla en primavera cuando todo esta bien verde y florecido.

Lo que si hay que evitar es ir a Tíbet en pleno invierno (de noviembre a abril). Está todo bajo nieve y los caminos por tierra se cierran.

China es enorme, por lo cual para definir una fecha es importante conocer primero la región que vamos a visitar. En base a eso, es mucho más fácil planificar.

PRESUPUESTO

China no se caracteriza por ser un país “barato” pero con ingenio se puede encontrar el modo de viajar sin gastarnos todo nuestro presupuesto. Como siempre, un viaje puede ser tan caro y tan barato como uno de deseé y planeé. En nuestro caso viajamos de un modo económico, al mejor estilo mochilero.

No realizamos excursiones pagas (nos las ingeniamos para realizarlas nosotros mismos) y solemos optar por transporte público antes que tomar un taxi o autos privados con chofer.  Viajamos lento y de manera pausada. Solemos informarnos bastante sobre precios, distancias, medios de transporte o cualquier otra variable que intervenga.

Cuando más rápido uno quiere viajar y más destinos en menos tiempo quiere ver, el presupuesto se encarece mucho más.

Un presupuesto muchilero (holgado) promedio en China puede un de 130 yuanes diarios. Incluye alojamiento (baño compartido), comida y transportes. Lo que da unos veinte dólares por día.

Este presupuesto se descompone en tres cosas básicas. Comer, dormir y viajar:

COMIDA

La comida en China es barata y riquísima. Hay que comer dónde come la gente local, buscar lugares cerca de oficinas o universidades, buffets o tiendas de comida rápida. Por cada almuerzo o cena gastamos entre uno y tres dólares cada uno dependiendo de lo que pedíamos. Es más barato comer comida china que continental. A su vez, en casi todo China se puede obtener agua caliente o fría para tomar de manera gratuita, por lo cual el agua tampoco es un costo extra.

Si bien los restaurantes baratos no suelen tener menú en inglés, muchos tienen fotos de los platos en las paredes. Por eso, sólo basta señalar y preguntar el precio. Eso si, a veces las imágenes suelen confundirnos. En Xi’An creímos ordenar algo que traía papas al horno y las supuestas papas terminaron siendo cuadrados de grasa pura.

Por lo general, un plato de arroz frito o noodles con vegetales está 10 yuanes.

ALOJAMIENTO

Depende mucho de qué tipo de viaje quieras hacer. En China son muy comunes los hostels. Según la zona y la ciudad (no es lo mismo un hostel en Beijing que en Urumuchi) una cama puede variar entre los 40/100 yuanes (entre 6 y 18 USD por persona). Son muy limpios, cómodos y el personal suele hablar inglés.

A su vez, también es posible encontrar habitaciones privadas por 80 yuanes. Como siempre, cuando más turística sea una ciudad más caro son los valores.

Igualmente, en comparación con otras partes del mundo los estándares chinos son mucho mejores que en otros países. Por ejemplo, wifi, ducha con agua caliente y pava eléctrica son comodidades que se pueden encontrar hasta en el alojamiento más cutre del país.

Es importante, llegar a las ciudades con el alojamiento resuelto o al menos, con algo visto. No existen zonas “mochileras” como en otros países, por lo cual cada hostel/hotel puede están en una punta distinta de la ciudad… y en China eso es muy lejos.

China es el lugar ideal para hacer Couchsurfing. Está lleno de host que se mueren de ganas de alojar occidentales. La ventaja, además es que casi siempre hablan inglés, por lo cual pueden ayudarnos mucho a conocer más sobre el país, a comprar pasajes de tren o al presentarnos los nombres de los platos de comida.

El tercer modo que utilizamos para alojarnos fue intercambiar trabajo con algunos hostels. En este listado pueden encontrarnos algunos sitios que recomendamos.

TRANSPORTE

Es el gasto más caro de China. Sacando el transporte urbano que vale entre uno y dos yuanes, los transportes de larga distancia son carísimos.

Lo ideal es moverse en tren. Unen casi todo el país, y los hay de máxima velocidad (van a 300 kilómetros por hora), por lo cual sirven para aprovechar muchísimo el tiempo. El problema: son carísimos. Otra opción, autobuses, vuelos lowcost o dedo (autostop).

TRENES EN CHINA

Hay varias clases y tipos de trenes (más rápidos, más lentos). Lo bueno es que llegan hasta casi todos los rincones del país, lo malo, no son nada baratos.

Cada tren suele tener dos secciones bien definidas: Asientos o coches-camas (espacios compartidos entre seis literas. Hay camas blandas o duras y de eso depende su precio).

Los trenes se pueden comprar por internet (pagando una comisión) o directamente en las estaciones de tren. Muchas estaciones tienen ventanillas especiales para turistas dónde, se supone, al menos un empleado habla inglés. Lo ideal es llevar el número de tren, la estación de cabecera, la estación de destino, la hora, el día (los chinos anotan al revés AAAA/MM/DD) y la clase en la que queremos viajar anotado en un papel. Si está escrito en chino, mejor.

Si uno opta por comprar por internet, además de la compra online luego debe retirar los boletos por la estación de tren (puede ser el mismo día que el tren parte). Para eso, una vez reservados los boletos les llegará un número de comprobante al mail. Con ese número, retiran los boletos por ventanilla.

Sea para retirar o comprar, seguramente les pedirán el pasaporte y la visa de China.

Tanto para conocer el horario de los trenes o para comprar por internet, les recomendamos revisar la siguiente pagina: China DIY Travel

ANTICIPACIÓN

China es por lejos es país más superpoblado del mundo. Por lo cual, mucha gente va y viene todo el tiempo. Lo ideal es comprar los boletos de tren con anticipación para no quedarnos sin lugar.

CONSEJOS PARA VIAJAR EN TREN POR CHINA

Todos los trenes en China además de tener un baño letrina y otro con inodoro tradicional, suelen tener un dispenser de agua caliente. Ideal para hacerse un té o una de las famosísimas sopas instantáneas chinas. Sino, Cada media hora, pasa un empleado del tren vendiendo comidas, bebidas, toallas, biromes, sets de medias, etc.

AUTOBÚSES

Los hay a casi todos lados. Suelen tardar más que el tren y suelen ser una mezcla de olores bastante extraños. Cada ciudad suele tener una o más estaciones de autobuses ubicadas según los puntos cardinales (estación este, oeste, norte o sur). Según el trayecto que realicemos tenemos que ir a una u otra estación. Los pasajes se comprar en el momento.

Otro gasto extra en China son las entradas a las atracciones. Para casi todo hay que pagar (incluso para ir al baño) y los precios nunca bajan de los 5-10 USD. Salvo que estén holgados de presupuesto, es importante que piensen bien que visitar y que no. Igualmente, muchos sitios como por ejemplo la Gran Muralla China tiene opciones alternativas para entrar sin pagar.

Muchos de los sitios de interés turístico tienen descuento para estudiantes. En muchos es necesaria la tarjeta ISIC, en otros es suficiente con cualquier credencial y otros, como por ejemplo, Los Guerreros de Terracota sólo tienen descuento para estudiantes chinos.

En nuestro caso, gastamos mucho menos de los 20 dólares que estimamos por día. No pagamos transporte al recorrer el país a dedo y de los dos meses que estuvimos pagamos poquísimas noches de alojamiento ya que hicimos mucho Couchsurfing.

RECORRER CHINA A DEDO (AUTOSTOP)

Viajar a dedo por China fue más difícil de lo que creíamos. Como ya dijimos, estuvimos dos meses en China. Durante el primer mes recorrimos la costa este y las grandes ciudades chinas. Las ciudades interminables, las autopistas que se enredan como una madeja de lana y la prohibición de hacer dedo en las autopistas hizo todo mucho más difícil. Si a eso le sumamos las dificultades idiomáticas, la polución y el ensimismamiento de los chinos, no fue una experiencia para nada placentera.

Salir de las ciudades nos tomó entre una a dos horas. Luego caminar hasta el peaje, y ahí pedir por favor a los empleados que nos dejen intentar hacer dedo. Muchos auto pretender recibir dinero a cambio.

Otro problema, es que muchas veces el auto no iba a destino sino que nos dejaba a mitad de camino y muchas veces eso implicaba perder otra hora para salir de la ciudad ya que no nos querían dejar en la autopista.

Pero, por el contrario, en el sur y oeste del país fue mucho más fácil. Las ciudades son más pequeñas, no se trata de monstruosas autopistas sino de rutas tradicionales y la gente es mucho más amable y simpática. Lo que nos costó el primer mes, fue proporcional a lo que disfrutamos en nuestro segundo viaje a China.

¿Cartel si o no?

Para el primer viaje a China hicimos un cartel (en chino) que indicaba que estábamos viajando a dedo y el destino al que nos dirigíamos. El problema es que los chinos no conocen la idea de hacer dedo/autostop/hitchhiking por lo cual, por más que este en chino, no tenían ni idea de que significaba eso.

Para el segundo viaje, decidimos sacar la parte de “a dedo” y utilizar sólo un cartel con el nombre de la ciudad a la que nos dirigíamos (en chino) y fue mucho más exitoso. El cartel con el nombre de la ciudad ayuda a resolver los problemas de nuestra mala pronunciación de chino y funciona como filtro para la inmensa cantidad de autos que hay en China.

Además del cartel, viajamos con una breve carta que explicaba nuestra historia, nuestro viaje y nuestra condiciones de viajeros. La carta siempre funcionó, sobre todo ante lo limitados que estábamos ante el idioma.

CONEXIÓN A INTERNET

En la gran mayoría de las ciudades (grandes y pequeñas) hay conexión a internet. Incluso muchos shoppings y restaurants tienen wifi. También, las cadenas de comida rápida tienen y el puestito de comida más austero, tiene wifi.

El problema reside en las paginas que el gobierno chino tiene bloqueadas: Google, Gmail, Facebook, Instagram, Twitter, Youtube, etc. La Muralla China de Internet o “The Great Firewall” nos afecta a la mayoría de los turistas occidentales ya que restringe la mayoría de las páginas que nosotros utilizamos a diario. Para poder acceder a estas paginas bloqueadas en China es necesario contar con una VPN. Es decir, una red privada virtual que nos permite hacer un poco de trampa.

Hay VPN gratuitas y pagas (10 USD por mes). Es importante, una vez que compres tu servicio, descargarlas a tu PC, Tablet o celular y activarlas antes de ingresar a China. Una vez dentro de China, ya no se pueden obtener. Nosotros utilizamos VPN EXPRESS y no tuvimos ningún inconveniente.

Importante: Whatsapp se puede utilizar sin problema, pero en ciertas regiones de China también está bloqueado por conflictos políticos. Por otro lado, WeChat es a la vez el Facebook y Whatsapp que utilizan todos los chinos. Nosotros decidimos abrirnos una cuenta para poder estar conectados con nuestros host de Couchsurfing.

ITINERARIO POR CHINA

Si quieren conocer los lugares dónde estuvimos en nuestros dos viajes a China, acá están nuestros itinerarios:

China I: Costa este y grandes ciudades

China II: Sur y oeste

A modo de resumen, nuestro cinco lugares favoritos de China fueron:

  1. Pueblos tibetanos
  2. Beijing
  3. Muralla China
  4. Xi’an
  5. Shanghái
  6. Datong

RECOMENDACIONES Y CONSEJOS PARA VIAJAR A CHINA

– Tené cuidado con los billetes falsos y con los timos. No sabemos si fue una situación excepcional o no, pero cuando visitamos China había una gran preocupación por los billetes falsos. Se ve que hay muchos. A nosotros nos dieron uno de 100 yuanes falsos, no sabemos bien como ni cuando. Tené cuidado!

– Además de los billetes falsos, los timos suelen estar a la orden del día. En las grandes ciudades muchos jovencitos/as se hacen pasar por estudiantes de inglés y te piden de ir a comer para practicar el idioma. Mirá bien los precios antes de ordenar. A un amigo chileno dos Coca-Cola le salieron 40 dólares.

– Interiorizate: China es, por lejos, el país más grande del mundo y con una historia muy complicada e interesante. Trata de llegar a China conociendo algo, de su geografía, cultura, historia política y de su situación actual. Si bien a los chinos les interesa muy poco el mundo, para nosotros la situación política de los países que visitamos es una pregunta obligada.

– Planificá: Un viaje sale mejor cuando uno lo planifica, al menos un poco. No somos partidarios de un viaje plenamente organizado, con reservas y un itinerario definido. Somos partidarios de que el viaje se vaya armando a sí mismo, pero eso no quita que uno planifique, al menos, algo. Mira un mapa, que lugares te gustaría conocer, por qué, fijate si te quedan de paso, arma un posible recorrido. Tener en cuenta tu presupuesto, tus gustos y tus ganas. Y además, tené en cuenta de que en China las distancias son enormes y no siempre dos ciudades que parecen cerca, en realidad lo están.

– Dejá los prejuicios en casa, en serio. Oímos mucho sobre los chinos sucios, los chinos mafia, los chinos malos, etc. Si bien esta bueno ir con ciudad y preparados, tampoco hay que caer en nuestro eurocentrismo de creernos mejor. En todo caso, los chinos son…chinos. Chinos que escupen, que fuman a toda hora y en todo lugar, que te eructan en la cara, y que hacen todo tipo de sonidos con sus gargantas. Tratá de no quedarte con lo obvio.

– Evitá viajar durante los días de vacaciones. China es el país más superpoblado del mundo y sí, a su veces, tienen la buena costumbre de en vacaciones viajar dentro de su país… imaginate lo que puede ser! Intentá evitar el mes de junio (vacaciones en las escuelas) y los días del año nuevo chino para moverte de una ciudad a otra porque posiblemente no encuentres pasajes, alojamiento y todo sea mucho más caro.

– Informate: sobre el clima, la situación política y social de los destinos que quieras visitar. China está atravesada por distintos conflictos territoriales, políticos y sociales. Lee el diario, busca en internet, preguntale a la gente local. Sabiendo quizá evitaras pasar por algún mal momento. Sobre todo para quienes quieran visitar el Tíbet o la provincia de Xinjiang, entre otras regiones conflictivas.

– China es un país seguro, es casi inexistente la inseguridad y los robos. No existen, en parte, porque la policía esta todo el tiempo y a todo momento rondando por ahí. Igualmente, estate atento a tener ciertas precauciones. A un amigo francés le robaron la billetera en el metro de Shanghái.

¿CONVIENE VIAJAR CON SEGURO MÉDICO?

Si bien es un requisito para aplicar a la visa China, lo cierto es que una vez pasado ese tramite nadie volvió a exigírnoslo. Nunca se sabe si lo vamos a necesitas, por lo cual, nosotros igual nos sacamos uno. Seguramente no lo uses pero por las dudas… Mejor tenerlo y no usarlo, a necesitarlo y no tenerlo. Hay muchas ofertas y promociones, 2×1, descuentos. Les recomendamos que chequeen posibles cotizaciones y tipos de coberturas en Asegura tu viaje.

Guía de viaje a Bangladesh: datos y consejos

Aclaraciones

  • La información recogida aquí se corresponde con nuestra visita a Bangladesh en el mes de abril del 2016. En total estuvimos 3 semanas en Bangladesh.
  • Todos los datos están basados en nuestra propia experiencia. De este modo, los precios son los que nosotros pagamos, y los trámites, los que nosotros mismos realizamos.

Esperamos que cumpla su objetivo: serle útil a futuros viajeros.

Cualquier duda, pregunta o comentario, no duden en hacerlo llegar.

¡Buen viaje y disfruten de Bangladesh!

Animarse

Un viaje comienza cuándo a uno se le cruza por la mente la simple idea de realizarlo. Y quizá ese es el momento más difícil del viaje: Animarse. Cruzar la barrera de los prejuicios y los miedos para tomar coraje y salir a conocer el mundo. El comienzo y fin de un viaje no se corresponde con la temporalidad de subir y bajar de un medio de transporte; el viaje nos va a acompañar. Pasará a formar parte de nosotros, y nosotros ya no seremos los mismos.

No miremos la realidad desde la comodidad de nuestro sillón, salgamos a conocerla y transformarla. El mundo no es un lugar tan peligroso como mucha gente nos quiere hacer creer. Más bien todo lo contrario; es hospitalario y amigable.

Sobre Bangladesh

Si uno mira el mapa rápidamente, Bangladesh no se ve. Es un país chiquito. Se ubica en el Golfo de Bengala y prácticamente India lo rodea por completo (casi ahorcándolo), salvo en el sureste. Ahí está Myanmar, país con el cual también tienen problemas.

De Bangladesh no sabemos mucho. Los medios de comunicación no levantan noticias del país y en la escuela no nos cuentan nada que ocurra más allá de Europa. No sabemos que el país se está hundiendo ni que la mayoría de las empresas textiles internacionales tienen allá sus talleres clandestinos.

Los turistas tampoco van. No hay guías de viaje del país ni grandes atractivos turísticos. Quizá fue todo ese desconocimiento lo que nos empujó a cruzar la frontera.

Bangladesh no es un país fácil para viajar. Las rutas están en mal estado, los alojamientos no son accesibles y los autobuses rara vez cuentan con rueda de auxilio. Pero más allá de cuestiones de comodidades y detalles perdidos en el tiempo, el mayor atractivo del país es su gente.

El orgullo bangladesí y el fervor que sienten cuando ven a un occidental caminando por sus ciudades ya son razones suficientes para conocer esta parte del mundo.

Un poco de historia

Bangladesh es un país relativamente nuevo que alcanzó su independencia de Pakistán tras una sangrienta lucha y un éxodo de más de diez millones de personas a India. Éxodo catalogado como el más numeroso de la historia.

En 1947 cuando los ingleses se fueron de las Indias Británicas, Bangladesh pasó a formar parte del estado de Pakistán, sobre todo por tener la religión en común. Pero los miles de kilómetros de distancia que los separaban hicieron que la gente de Bangladesh se sienta perjudicada y sin ayuda del gobierno por lo que empezó a fomentar la idea de la independencia. Pakistán endureció su trato, pero Bangladesh con la ayuda de India logró su independencia.

Desde entonces vivió un periodo de golpes de estado e inestabilidad política. Recién en 1991 se efectuaron elecciones. Hoy es una república parlamentaria.

Algo que nos llamó la atención del país fue la cantidad de protestas y cortes de calles que vimos. Especialmente en Dakha.

Visa

La mayoría de los países requieren visa para ingresar a Bangladesh.

Si uno ingresa al país por avión puede aplicar a una visa on-arrival que se tramita directamente en el aeropuerto.

Pero si uno ingresa por tierra, deberá tramitar la visa previamente en cualquier Embajada o High Comission de Bangladesh. La mayoría de los pocos turistas que visitan el país lo hacen desde India, tramitando, de este modo, el visado en Nueva Delhi o en Kolkata.

Requisitos:

  • Pasaporte con seis meses de validez
  • Dos fotos carnet
  • Formulario de aplicación completo (se descarga por la pagina web) fotocopias del pasaporte y de la visa de India, en este caso.

Es importante aclarar en el formulario el medio de transporte por el que vamos a ingresar al país (tren, autobús, avión) ya que esa información figura en la visa.

  • Suma correspondiente de dinero. Varia según la nacionalidad y la extensión de la visa. A nosotros, siendo argentinos, la visa de 30 días nos costo 30 USD que abonamos en rupias indias.

Nuestra experiencia

Tramitamos la visa en la High Comissión de Kolkata (ver web: http://bdhc-kolkata.org). Por internet buscamos los requerimientos (dos fotos carnet, formulario completado previamente y fotocopia del pasaporte y de la visa de India) y fuimos temprano a iniciar el tramite.

La oficina se trata de una ventanilla a la calle. Si bien hay una ventanilla especial para turistas extranjeros también la utilizan personas con discapacidades físicas y de tercera edad. La fila y la cantidad de personas no hubiese sido un problema si la ventanilla hubiese atendido a horario.

Cuando fue nuestro turno presentamos todos los papeles. El empleado ni los miró, sólo contó la plata y nos dio un recibo. Al día siguiente podíamos retirar los pasaportes con la visa ya colocada. Si queríamos los pasaportes antes, teníamos que pagar más.

Cuando fuimos a retirar los pasaportes ocurrió lo mismo que el primer día. Abrieron la ventanilla dos horas más tarde y no nos miraron a la cara. En fin, teníamos el pasaporte con la visa lista.

Llegar desde Kolkata

El modo más fácil de ingresas a Bangladesh es en tren. Tres veces por semana funciona el Maitres – Express. Es un servicio internacional que une Kolkata con Dhaka en menos de 12 horas.

El tren tiene distintas clases. Nosotros viajamos en tercera sin aire acondicionado. El valor del pasaje es de 500 rupias.

El pasaje se compra en la oficina de ventas de pasajes para extranjeros al lado de Eastern Railway’s Foreign Tourist Bureau. Para poder comprar el pasaje hay que presentar el pasaporte con la visa ya aprobada. Sin visa, no venden pasajes.

Como siempre en India, hay que ir con paciencia. Las filas no existen y uno tiene que defender a rajatabla su ubicación en la ventanilla.

Impuesto de viajes (Travel Taxs)

Todo aquel viajero que abandone Bangladesh por tierra debe abonar un impuesto especial. El mismo se abona en cualquier sucursal del Banco Sonali. El valor es de 500 TK y en la frontera terrestre exigen el comprobante de pago.

Según nuestra experiencia fue mejor pagarlo con anticipación porque no todas las ciudades tienen sucursal del banco.

Vacunas y otros medicamentos

No hay vacunas ni recomendaciones necesarias para visitar Bangladesh. A los sudamericanos nos pueden llegar a exigir la Vacuna de la Fiebre Amarilla por ser portadores pero no es algo generalizado. Y solo lo pueden exigir si uno vuela directamente desde algún país africano o sudamericano.

Nosotros, igualmente, nos acercamos al servicio de medicina al viajero. Allí contamos nuestro itinerario, tiempo de viaje y completamos una pequeña historia clínica, en base a eso nos recomendaron que vacunas y medicación era necesaria. En nuestro caso:

  • Polio (refuerzo)
  • Hepatitis A y B (refuerzo)
  • Antitetánica (refuerzo)
  • Rubeola
  • Rabia

También nos dieron consejos en relación a la alimentación y elementos necesarios para llevar el botiquín.

Moneda

La moneda es el Taka. El valor de los billetes es de 10, 20, 50, 100, 500, 1.000. También hay monedas de 1, 2 o 5 Taka pero no se ven prácticamente. Los centavos no existen.

Aquí van algunas conversiones para tener una idea (al 06/12/2015):

La relación taka-dólar es de 1 USD → 78,40 TK.

La relación taka-euro es de 1 EUR  → 86,87 TK.

Para ver la cotización actual xe.com

Es importante pensar como manejar las finanzas. Hay varias opciones:

  • Viajar con cheques viajeros. En todas las ciudades importantes hay casa de cambio que los aceptan. El tipo de cambio es apenas un poco más bajo.
  • Viajar con efectivo. Lo más fácil de cambiar son dólares o euros.
  • Sacar dinero vía cajeros automáticos o manejarse con tarjetas de crédito. Cajeros hay por todos lados.

Para nosotros lo más cómodo y simple fue ir sacando plata de cajeros automáticos a medida que el viaje va avanzando. En la mayoría de las ciudades y pueblos encontrarás uno y podes obtener takas con tu tarjeta de crédito o débito. Esta opción fue la más segura y barata para nosotros. El inconveniente es que necesitas una cuenta bancaria o al menos una tarjeta a tu nombre.

Si optan por la tarjeta de crédito o débito, recuerden tener siempre una reserva de dinero en efectivo. Nos pasó de estar en pueblos sin cajeros o sin luz.

Idioma

El idioma oficial es el bengalí.

Pensamos que el idioma iba a ser una gran barrera pero la mayoría de los jóvenes, sobretodo en las grandes ciudades y zonas turística, hablan inglés.

Igualmente, más allá de la utilidad del idioma siempre nos parece un lindo gesto aprender algunas palabras del país que visitamos.

Clima

Lo primero que nos llamó la atención fueron las condiciones geográficas del país. Basta ver el mapa para observar que Bangladesh está atravesado por cientos de ríos y riachos. El territorio alberga en su interior el delta más grande del mundo. Allí desemboca el río Ganges y el río Brahmaputra.

Bangladesh es el país más densamente poblado, por lo cual el calor humano es una constante del día a día. Si a eso le sumamos la condiciones tropicales tenemos calor todo el año. Intensificado en la época de verano (Mayo a Septiembre).

Hay sólo dos estaciones: época seca y época de monzones. ¡Y cuando llueve, llueve! Los ríos se desbordan, los barcos dejan de circular y periódicamente muchos habitantes pierden su casas. La época de lluvias es de Junio a Agosto.

Nosotros visitamos el país en abril del 2016. De las tres semanas que estuvimos, durante dos llovió torrencialmente. Algunos afirmaban que el monzón se adelantó y otros sostenían que era una de las consecuencias del cambio climático. Bangladesh es el país más afectado climáticamente y uno de los primeros amenazados en desaparecer por los desastres naturales que estamos generando.

Lo ideal entonces, seria evitar la época de lluvias y los meses posteriores al monzón. Pero… hay que tener cuidado, también, con la época seca ya que los ríos bajan demasiado y hay trayectos en barco que no se pueden realizar.

Presupuesto

Un viaje puede ser tan caro y tan barato como uno de desee y planee. En nuestro caso viajamos de un modo económico, al mejor estilo mochilero y tuvimos al suerte de descubrir que Bangladesh es uno de los países más baratos para viajar.

Acorde con nuestro estilo de viaje, no realizamos excursiones pagas (nos las ingeniamos para realizarlas nosotros mismos) y optamos por transporte público antes que tomar un taxi o jeep privado.  Viajamos lento y de manera pausada. Solemos informarnos bastante sobre precios, distancias, medios de transporte o cualquier otra variable que intervenga.

Cuando más rápido uno quiere viajar y más destinos en menos tiempo quiere ver, se encarece mucho más el presupuesto.

Un presupuesto muchilero promedio en Bangladesh puede un de 1.600 TK diarios. Incluye alojamiento (baño privado), comida y transportes. Lo que da unos 20 dólares por día. O al menos eso gastamos nosotros, siendo dos personas.

Este presupuesto se descompone en 3 cosas básicas. Comer, dormir y viajar:

  • La comida en Bangladesh es barata. Hay que comer dónde come la gente local. Por cada almuerzo o cena gastamos entre uno y tres dólares cada uno dependiendo de que pedíamos. Es más barato comer comida bengalí que internacional.
  • El alojamiento depende mucho de qué tipo de viaje se quiera hacer. En Bangladesh son muy comunes los guest-house. Son habitaciones con baño privado pero con menos categoría que un hotel. Los estándares son muy parecidos a los de India. En promedio pagamos entre 400-800 TK por habitaciones dobles. Lo más caro que pagamos fue en Dacca, 800 TK por una habitación que no aprobaba las condiciones mínimas de higiene. No nos fue fácil conseguir alojamiento, sobre todo en las grandes ciudades. Muchos hoteles no están habilitados para recibir extranjeros y otros, simplemente, no aceptan mujeres. También realizamos couchsurfing y fueron dos experiencias muy enriquecedoras.
  • En cuanto al transporte, la mejor manera de moverse dada la geografía del país es en barco. Pero para eso es necesario que los ríos no estén mi muy altos ni muy bajos. En Dhaka, sobre el rio Buriganga hay varios puertos. De cada uno salen barcos en distintas direcciones. Para trayectos nocturnos es importante comprar el ticket por adelantado. Cada barco tiene distintas clases: Primera clase (camarotes privados), Segunda clase (también camarotes privados pero menos lujosos/equipados) y tercera clase. Tercera clase es, básicamente, ubicarse dónde haya un lugar. Según el barco algunos tienen asientos o bancos de madera en la cubierta. Las familias locales suelen viajar con telas, alfombras o hamacas que colocaban en cubierta para pasar el rato más cómodos. Para tener un precio de referencia: De Dhaka a Chandpur fuimos en barco. Fueron cuatro horas y el pasaje en cubierta nos salió 100 TK. A diferencia de India, acá el tren no es una buena opción. No hay muchos y los pocos trayectos que hay son lentos. Por lo cual, es el autobús la opción más fiable. Aunque tampoco es rápida, ni fresca, ni segura, ni cómoda. Los tipos manejan como quieren y los asientos es algo que rara vez está entero. Para los trayectos nocturnos lo ideal es comprar el boleto por adelantado para asegurarse el pasaje. La mayoría de las ciudades suele tener una estación de colectivos dónde venden boletos y dónde se puede consultar los horarios. Para trayectos de larga distancia/nocturnos hay dos opciones: Autobuses con aire o sin aire acondicionado. La diferencia de precios es interesante. Para trayectos cortos y de día, lo ideal es buscar la parada de autobuses y subirse al primer que venga. En general, los autobuses no salen hasta no estar llenos. Más de una vez nos pasó de tener que esperar casi una hora para que se llenase. Además, otro detalle a tener en cuenta es el pésimo estado de las rutas. Un trayecto de 100 kilómetros se puede hacer en cuatro horas, con viento a favor y un poco de suerte.

Comidas

La comida bengalí no es nada del otro mundo. Es una versión más simple y menos sabrosa de la comida India.

En general cualquier plato de comida consiste en arroz blanco o naan (tortillas de harina blanca) acompañadas de algún curry de vegetales (papa sobre todo), pescado o pollo. También hay kebab’s o samosas fritas.

A veces más picante, a veces más rico, la comida no sale de esas opciones y combinaciones.

Lo más nos sorprendió de la gastronomía bengalí fue el Chá. Una infusión de té negro mezclado con leche condensada. Muy dulce y espero, pero muy rico. El valor del Chá cuesta entre los 5-10 TK.

Hay algunos locales de comida rápidas y algunas pizzerías estilo occidental. Son una buena alternativa cuando uno se cansa de comer arroz o naan.

Conexión a internet

¿Y eso qué es? Bangladesh no es un país muy amigo de la internet y la tecnología. Cuando la luz eléctrica aún no es un servicio estable y accesible, internet parece algo muy lejano. En algunos sitios se consigue, pero… a paso de tortuga.

Itinerario

Recorrimos Bangladesh durante tres semanas. Desde Kolkata fuimos en tren express a Dhaka.

Visitamos Dhaka – Bisirili y el CHINA CLAY HILLS (un lago de agua turquesa que en ese momento no tenia agua) – Dhaka – Chadpur – Chittagong – Shitakundo – Srimangal – Shylet – Meghalaya (India).

Dhaka, es la principal puerta de entrada al país y es una de las capitales más enquilombadas que visitamos. Gente a montones, trafico sin sentido, mezquitas por doquier y poderosos río que parece darle vida y alma a la ciudad. Dhaka es una ciudad para perderse.

Birisiri se encuentra en la frontera con India. Es un pueblito tradicional con calles de arena y niños remontando barriletes. Muy cerca se encuentra el China Clay Hills, un lago de aguas turquesas rodeado de montañas verdes y plantaciones de arroz. El paisaje es fascinante, lastima que el lago no tiene agua en la época de nuestra visita.

Chittagong es la segunda ciudad más importante del país. Si bien es más tranquila y prolija que Dhaka no deja de ser apabullante. La gracia de Chitttagong son los trekkings y caminos de montañas que salen desde ahí. Para poder visitar los alrededores se necesita un permiso y sólo se obtiene en Dhaka.

Sitakundo es un enclave hinduista. Si bien en Bangladesh la mayoría de la población es musulmana varias ciudad conservan templos e imágenes de Shiva. Shitakundo es famosa por el Templo de Chandranath. Se ubica en lo alto de una montaña. Las vistas son lo más lindo, incluso se llega a ver el mar.

Srimangal es un pueblito de tres calles y seis esquinas. El mayor encanto son las plantaciones de té que lo rodean. No hay mucho para hacer salvo caminar sin rumbo, charlar con los locales y tomarse uno o dos chá.

Shylet es la capital de la región del noreste de Bangladesh y fue nuestra última parada en India. Al igual que Srimangal, las plantaciones de té son la razón por la cual los escasos turistas visitan la región. Para nosotros fue la parada perfecta para cruzar al estado de Meghalaya, en India.

Recomendaciones y consejos

Informales:

  • Interiorizate: Bangladesh es, por lejos, un país desconocido y con una historia muy complicada e interesante. Trata de llegar conociendo algo. A los bangladesíes les interesa conocer como el mundo los ve sobre todo por la nula prensa que occidente les hace a diario. La situación política es una pregunta obligada.
  • Planifica: Un viaje sale mejor cuando uno lo planifica. No somos partidarios de un viaje plenamente organizado, con reservas y un itinerario definido. Somos partidarios de que el viaje se vaya armando a sí mismo, pero eso no quita que uno planifique alguito. Mira un mapa, que lugares te gustaría conocer, porque, que te quedan de paso, arma un posible recorrido. Tener en cuenta tu presupuesto, tus gustos y tus ganas.
  • Dejá los prejuicios en casa, en serio. Les compartimos algunos de los mitos y curiosas que fuimos encontrando y derribando conforme avanzamos con el viaje. Se van a sorprender de las cualidad únicas de Bangladesh: Curiosidades de Bangladesh.

Formales:

  • ¿Conviene viajar con seguro médico? No lo sabemos, pero nosotros igual nos sacamos uno. Seguramente no lo uses pero por las dudas… Mejor tenerlo y no usarlo, a necesitarlo y no tenerlo. Hay muchas ofertas y promociones, 2×1, descuentos. Les recomendamos que chequeen posibles cotizaciones y tipos de coberturas en Asegura tu viaje.Además, si necesitan tramitar la visa de Rusia, el seguro médico es obligatorio.
  • Informate: sobre el clima, la situación política y social de los destinos que quieras visitar. Bangladesh está atravesada por distintos conflictos territoriales, políticos y sociales. Lee el diario, busca en internet, preguntale a la gente local. Sabiendo quizá evitaras pasar por algún mal momento.
  • Bangladesh es un país seguro, a nosotros nunca nos pasó nada, y la verdad que en todo momento nos sentimos seguros. Pero, como en cualquier lugar, hay que tener los recaudos mínimos para no tentar a la suerte.

Nuestras crónicas

Recordando Dubrovnik

Explicarle a alguien que uno lleva más de tres años viajando alrededor del mundo, que ya visitamos más de cuarenta países y que planeamos viajar un año más no es algo fácil. Pero si ese alguien, por casualidad, es chino la tarea es tan imposible como limpiar las espinas de un pescado con palitos chinos.

Pero con Drinta fue más fácil. A él también le gusta viajar y al igual que nosotros, sus ambiciones no pasan por el matrimonio y una camioneta 4×4. La conversación venía bien, él preguntaba y nosotros respondíamos. Cada tanto nos quedábamos en silencio contemplando el paisaje. El gran lago Erhai, en la provincia de Yunan al sur de China armonizaba el improvisado encuentro.

¿Y a cuál ciudad volverían? Dijo Drinta.

La pregunta nos desconcertó. En general nos preguntan cómo sostenemos el viaje o cuál es nuestro país favorito. Pero Drinta preguntaba otra cosa ¿A qué ciudad volveríamos?

La mente fue rápida. Empezó a revolver posts, crónicas, encuentros, paisajes, atardeceres.

¡Dubrovnik! ¡Yo volvería a Dubrovnik, en el sur de Croacia!

No sé como Dubrivnik salió tan rápido de mi boca. Habíamos visitado Croacia hace exactamente un año y no había vuelto a pensar en aquel curioso país. Pero el inconsciente me traicionaba y todo indicaba que ahí quería volver.

Croacia-4

Drinta que parecía no saber a que ciudad hacía referencia se quedo mirándome. Esperaba la ampliación o por lo menos los detalles.

“Croacia. Europa. En el mar Adriático.” Nada. No tenia ni idea de que estaba diciendo. Seguí intentando. “Cerca de Italia, se puede ir en barco desde Italia o en cualquier crucero que recorra el Mar Mediterráneo.” “¿Mar Mediterráneo?”. Cuanto ya todo parecía perdido y Drinta parecía no tener ni idea de aquella parte del mapa, se me ocurrió una idea casi milagrosa. “¡Juego de Tronos! Ahí se filmó Juego de Tronos. Drinta, Dubrovnik es Desembarco del Rey”. Y con una leve sonrisa en los labios y con los ojos más achinados que lo común, me dijo que sí. Desembarco del Rey. Sabía de que estábamos hablando.

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Y como quien no quiere la cosa, la charla comenzó a girar en torno a Dubrovik. Le contamos que quedaba al sur de Croacia y que para llegar por tierra, hay que cruzar Bosnia y Herzegovina. Le describimos la ciudad amurallada y las estrechas y laberínticas callejuelas. Los techos de cúpulas y tejas rojas, y los pisos blancos que reflejan el cielo. Las iglesias, las arcadas y los artistas callejeros. Imaginamos juntos el mar azul turquesa contrarrestando con los colores de la ciudad y en el extremo opuesto, la colina de San Sergio. Le contamos de los puestos de suvenires, de la extensa calle Stradun y de los miles de turistas que visitan la ciudad por día. Le contamos de los atardeceres y de los barcitos con vista al mar. La cerveza china tiene mucho que aprender de las cervezas europeas. En el recuerdo caminamos juntos por las murallas y bajamos hasta el puerto, sólo para mojar los pies en el agua. Vimos la ciudad de día y la vimos encenderse a medida que el sol se iba poniendo.

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Le hablamos de la “Bella Ragusa” que tanto enamoraba a Sigmund Freud. Del mestizaje que dejaron los turcos, los eslavos y los italianos en la región. Le presentamos la ex – Yugoslavia y lo desilusionamos al contarle que la ciudad había sido bombardeada por los Serbios.

“Pero tranquilo, Drinta, ahora la ciudad esta como nueva y es una de las más lindas del mundo. Si vas a Dubrivnik no sólo te va a enamorar la ciudad, sino que, además, vas a poder viajar en el tiempo. Y a nosotros, a los que nos gusta viajar alrededor del mundo, viajar en el tiempo es lo que nos apasiona”.

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Info útil

* ¿Qué ver? Si están con ganas de visitar Dubrovnik (o volver, como nosotros) les recomendamos revisar los consejos de los chicos de Imánes de viaje para disfrutar al máximo de la ciudad

* ¿Dónde dormir? Una buena opción es alquilar un departamento cerca de la ciudad amurallada. Les recomendamos revisar las opciones de Wuking. 

Curiosidades de Bangladesh

De Bangladesh, poco se sabe. Eso no es novedad. En internet no hay información y la última guía de viajes que se escribió es del año 2012. Los medios no hablan ni lo mencionan, y los turistas trotamundos se olvidaron de su existencia. Posiblemente porque no hay mucho para ver. No hay grandes montañas ni paisajes paradisiacos. Nosotros decidimos aventurarnos. Ver que había del otro lado de la frontera ¿Puede ser verdad qué en un país no haya absolutamente nada para ver?

Si bien es cierto que Bangladesh no es un país fácil para viajar, no nos dejó de sorprender ni un solo día. Seguramente ustedes tampoco tienen mucha idea del país. Decidimos compartirles algunos detalles y curiosidades para acercarles la cultura y la forma de vida bengalí:

1. Pasión argentina

Por alguna extraña razón, no van turistas a Bangladesh. Cada vez que hay un occidental en la calle, todos se asombran y salen a ver de que se trata. Lo curioso es que cuando ese turista es de Argentina, todo se transforma.

No encontramos una explicación certera pero los bangladesíes aman Argentina y a su futbol. Maradona y Messi son los ídolos nacionales. Bueno, Ronaldinho también pero sólo después de Agüero.

Cada vez que conocían nuestra nacionalidad, las calles eran una fiesta. Pero las pasiones y los extremos no siempre son positivos. En medio del fervor blanquiceleste en época del mundial varios grupos de vecinos se enfrentaron (ya que algunos hinchaban por Brasil) y seis personas se suicidaron cuando Argentina perdió la final.

Curiosidades - Bangladesh -62. Restaurantes separados para hombres y mujeres

El 90% de la población bangladesí son musulmanes. Algunos más ortodoxos que otros. Debido a la ley islámica la mayoría de las mujeres usan velo o burka. Razón por la cual algunos de los restaurantes y cafeterías ofrecen un salón separado que es sólo para ellas. Allí las mujeres pueden quitarse el velo y comer tranquilas, sabiendo que ningún hombre las va a mirar. Por otro lado, no todos los hombres se sienten cómodos teniendo mujeres cerca por lo cual, esta parece ser la mejor manera de resolver las cuestiones de genero.

En nuestro caso, también tuvimos que adecuarnos a la costumbre local. Si bien no nos hicieron sentar separados siempre nos envían a una mesa apartada, dentro de una especie de habitación y corrían unas cortinas para que nadie nos vea comiendo.

3. Superpoblación

Hace un par de años, Bangladesh se ganó el titulo de ser el país más densamente poblado del mundo (si se cuentan países con una extensión considerable) con un promedio de 1.140 habitantes por km².

Curiosidades - Bangladesh -4

Y la superpoblación se ve y se siente en todo momento: en las calles, en los transportes públicos, en las boleterías de las estaciones de trenes, en los restaurantes y en los alojamientos (siempre están llenos).

Por su puesto, las condiciones no están dadas para albergan a tantos habitantes. Como suele pasar en esta parte del mundo, la superpoblación condiciona la forma de vida. Es así que las nociones de espacio y respeto se van perdiendo. Un asiento con capacidad para tres personas, alberga a diez y la una fila puede convertirse en una batalla campal si uno de defiende a rajatabla su lugar cerca de la ventanilla.

Tal es así, que nos toco viajar compartiendo el asiento con familias enteras o cargando bebes ajenos en los trayectos de tren.

Nosotros teníamos el asiento + ellos tenían el pibe = Bebé a upa durante todo el viaje.

¡Cosas que pasan!

4. Medio de transporte: humano

Bangladesh es un país al que el progreso no ha llegado. Muchos rutas nacionales aún son caminos de tierra y muchas acciones cotidianas se siguen haciendo a la vieja usanza. No nos referimos sólo al trabajo de la tierra y de los campos, sino también al transporte de mercaderías.

Curiosidades - Bangladesh -7

En Dhaka era constante ver pasar carretas cargadas de animales, cables, verduras o telas de algodón impulsadas simplemente por un tipo flaco y transpirado. También son curiosos los ricksha. Son triciclos impulsados por un hombre y sirven para transportar mercaderías o personas.

Curiosidades - Bangladesh -15. Hacete la tintura, con henna

Los hombres son coquetos y son pocos los que lucen sus canas sin pudor. La mayoría de los bangladesíes se hace la tintura. Pero no utilizan los métodos que habituamos en occidentes. Como tinte utilizan henna. Al principio queda de un tono castaño oscuro pero con los lavados comienza a aclararse y queda naranja.

La mayoría andan con el pelo y la barba color zanahorias. No importa lo ridículo, mejor naranja que canoso.

Curiosidades - Bangladesh -26. Hospitalidad por doquier

Podrán decir que no hay nada interesante para ver en Bangladesh, puede ser verdad. No hay grandes edificios ni preciosos atardeceres, pero lo que si hay son miles de millones de habitantes. Ese es el encanto del país.

Curiosidades - Bangladesh -8

Curiosidades - Bangladesh -5En pueblo bengalí es uno de los más hospitalarios que conocimos. Respetuosos, sinceros y dispuestos a ayudarnos desinteresadamente. Más de un señor se emociono de vernos, y más de una mujer sonrió tímidamente bajo su burka.

Fueron muchos los que nos invitaron un té y quienes nos anotaron su número de teléfono “por las dudas, si necesitábamos algo”.

La mayoría de los medios se esfuerzan en humillar y denigrar al pueblo musulmán. Los bangladesíes, demostraron todo lo contrario. Curiosamente, uno de los pueblos más hospitalarios.

7. Dos Chá por favor

El Chá es la bebida nacional. Compite cabeza a cabeza con el chai indio. A diferencia del brebaje de India, el Chá no tiene massala ni semillas de cardamomo. Se trata de un poquito de té negro mezclado con mucha leche condesada y azúcar. Se sirve, solamente, media tacita. Más sería imposible, es demasiado dulce. Se toma a toda hora y en todo lugar. Como siempre, los más sabrosos son los que se consiguen en los puestitos callejeros.

Curiosidades - Bangladesh -98. ¿Dónde hay una farmacia?

No entendimos bien por qué y nadie supo explicarnos, pero en Bangladesh hay más farmacias que cualquier otro negocio.

Suelen estar una al lado de la hora, y en cien metros cuadrados llegamos a contar 12 farmacias distintas. Todas vendiendo los mismos medicamentos y abiertas al publico general. No sabemos si se trata de un pueblo hipocondriaco o de un rubro que realmente deja ganancias, pero si vienen a Bangladesh no se preocupen por los medicamentos. Seguro van a conseguir.

9. ¿Escupen sangre?

Al igual que a los indios, a los bangladesís les encanta mascar paan. Se trata de una nuez mezclada con tabaco y cal, y envueltas en hojas de Betel. Lo mascan a toda hora y en todo lugar. El problema es que luego de mascar durante un rato, el paan comienza a generar más saliva de la habitual. Esta se torna de un color rojizo y deben escupirla.

Las calles e inexistentes veredas se llenan de escupitajos. Ese no es el problema, sino que uno no sabe si trata de sangre, saliva o algún otro elemento asqueroso.

Además de los escupitajos, el consumo de paan deteriora los dientes y labios de quienes lo consumen. Cuan Dráculas asiáticos todos andan con los dientes rojos y carcomidos.

10. Orgullo nacional

En Bangladesh el mayor orgullo es Bangladesh. Su lengua, el bengalí, fue el motor de su independencia de Pakistán. El país no tiene más de cuarenta años pero el nacionalismo caló hondo.

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No conocimos una sola persona que no sienta orgullosa y enamorada de su tierra. Y eso, es un valor muy lindo y poco habitual. Defienden sus fronteras, su cultura y sus derechos. Lo único que no entienden es por qué no van los turistas.

Made in Bangladesh

Llueve en Bangladesh. Llueve como nunca. Rayos, viento, truenos, chapas y toldos vuelan por el aire. Hace exactamente siete días que empezó a llover y no volvió a parar. Al principio fue divertido. Hacía semanas (incluso meses) que no veíamos llover. La tierra ya estaba seca y agrietada, las plantaciones de arroz estaban vacías y el polvo de la calle esperaba una buena lluvia para aplacarse. El olor de tierra mojada fue un alivio al calor agobiante. Ese día se abrieron todas las ventanas y el fresco entró a todas las casas.

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Todos suponíamos que era una lluvia temporal, a destiempo. Un paréntesis antes de que comience el verano. Faltan dos meses para que empiece el monzón, la época de lluvias. Pero no, hace siete días que no para de llover. Las expresiones de alegría comenzaron a transformarse en desesperación. Parece que este año va a llover mucho.

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Nosotros no deberíamos estar acá. A está altura deberíamos estar en India, en los Estados del Noreste pero seguimos esperando que la lluvia pare. Cada día es peor. Llueve más, el agua comienza a acumularse y los caminos de tierras se hacen más intransitables que lo habitual. Cada noche nos vamos a dormir con la esperanza de que a la mañana siguiente ya no habrá lluvia, pero amanecemos con un cielo gris y húmedo.

Quizá para de llover durante media hora, ahí las calles vuelven a superpoblarse pero de a poco el cielo comienza a ponerse negro y las miradas de tristeza vuelven a reflotar en los rostros de los bangladesíes.

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“¡El país se está hundiendo!” dijo Farhad, el dueño del puesto de té que está en la esquina de nuestro hotel, en la ciudad de Sylhet. La ciudad en la nos quedamos varados. Solemos ir a su local todas las tarde. Ya sabe que queremos: un chá (té con leche condensada y azúcar) y dos torta fritas para cada uno.

Según él, él es un businessman, un hombre de negocios. Para nosotros es el tipo que atiende el puestito de la esquina desde hace más de cuarenta años, cuando esto era Pakistán del Este. Quizá esa es la razón por la que habla tan bien inglés: fue un hijo de la colonia. Cada vez que se acuerda que somos de Argentina se pone contento y nos da un torta frita de regalo. Supongo que él también saboreó con un gustito extra el gol de Maradona a los ingleses. Pero esta tarde Farhad no está contento. Se agarra la cabeza y recita párrafos del Corán mirando el cielo. ¡El país se está hundiendo! Y son sus ojos los que se hunden en lagrimas.

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Bangledesh se ubica en la desembocadura del río Ganges y del río Brahmapruta, conformando el delta más extenso del mundo. En total hay más de sesenta ríos y riachos. Condición por la cual el país más densamente poblado (1140 habitantes por km²) convive en una superficie con demasiada actividad hidráulica y constante riesgo de inundación. El terreno es pantanoso y fértil pero desgraciadamente se encuentra a más de diez metros por debajo del nivel del mar. Razón por la cual si el mar sube, al menos un metro, más de la mitad del territorio quedaría abajo del agua. Pero el mar no es el único enemigo. Con el recalentamiento global y los cambios climáticos cada año los ríos que bajan del Himalaya llegan más caudalosos. El suelo tampoco absorbe lo suficiente: los bosques y selvas están siendo deforestados. Pero la naturaleza no tiene la culpa de esto, el hombre da lugar a que todos estos desastres ocurran.

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Cuando estuvimos en Chittagong, días atrás, el tema sobre las inundaciones y el cambio climático salió a la luz. Ese día había llovido bastante fuerte. Allí nos encontramos con Niaj, el joven musulmán que nos estaba alojando en su casa. Le comentamos nuestra extrañeza con respecto a las lluvias y el nos retrucó con su preocupación al respecto. “Y esto no es nada”- dijo mirando por la ventana- “… del Himalaya cada vez está viniendo más agua e India, India…” cerrando el puño y apretando bien la mandíbula. Suponemos que dejó de hablar porque se dio cuenta que nosotros en cierto modo éramos dos extraños y que aún no sabía de que lado de la vereda estábamos parados.

“Si, las políticas indias son muy malas y las relaciones con los países limítrofes están cada vez peor” dijimos dándole el pie para que nos cuente más. Se tomó unos segundos en hablar, miró alrededor para asegurarse de que no haya nadie más y con una mirada cómplice nos preguntó “¿Saben lo de Farakka, no?”

Son instantes pero parecen eternos. La memoria empieza a resolver cajones, a recordar datos de los periódicos, carteles de propaganda política, especies de animales en extinción, incluso buscá en los libros sobre la independencia del país. Farakka, Farakka. Nada. No había nada con que asociarlo.

– No, la verdad no. ¿Quién es?

– ¿Quién es? ¿Quién es? ¿Cómo? – decía Niaj cada vez enojado-. Qué es sería es en todo caso la pregunta. ¿Cómo no se sabe de esto? ¿Es qué los medios internaciones no dicen nada del conflicto?

Con un poco de culpa y de vergüenza tuvimos que decirle que no. Que, al menos nosotros, no teníamos ni idea de quién o qué es Farakka. Los medios de comunicación tampoco levantan notas sobre Bangladesh y somos muchos los que aún dudamos si Bangladesh se trata de un país, de una provincia lejana o de una isla del Caribe.

Mientras conocemos los pormenores de la familia real española o los detalles amorosos de la vida de Donald Trump, desconocemos por completo la realidad de países como Bangladesh. La última y una de las pocas noticias que se publicaron se refiere al derrumbamiento de una fabrica textil. Centenas de trabajadores quedaron atrapados bajo los escombros. Algunos sobrevivientes denunciaron que se quejaron con sus superiores ya que las paredes se estaban agrietando. Estos, en vez de abrir las puertas, cerraron con candado. En unas pocas horas, el edificio se derrumbo por completo. La mayoría de las victimas fueron mujeres y sus hijos. La noticia fue famosa ya que todas las fabricas del país son talleres de empresas internacionales: H&M, Zara, Declathon, Old Navy, Adidas, Nike, entre otras.

La mano de obra barata y los pocos impuestos son algunos de los beneficios que gozan las empresas internacionales que acá se instalan. Luego del derrumbamiento del edificio, algunas ONG’s e incluso la ONU comenzaron a poner el foco en las condiciones de esclavitud en las que millones de bangladesíes trabajan. Al día de hoy, no hubo grandes cambios ni mejoras. Si queda alguna duda, basta revisar la etiqueta de alguna remera y ahí se lee “Made In Bangladesh”. Lo poco que conocemos del país.

Con más intriga que otra cosa le preguntamos a Niaj sobre el conflicto de/con Farakka. Nuevamente se tomó su tiempo, supongo que para organizar la información en su cabeza. Comenzó hablando del orgullo que para él supone ser de Bangladesh, de la poca fama de su país y de la hospitalidad de sus habitantes. Nos contó también que a él le encanta viajar, que tuvo la suerte de conocer algunos países de Asia y Europa pero que nunca visitó India. Nunca le otorgaron la visa, ni a él ni a otros tantos bangladesíes que quieren cruzan para, al menos, visitar a su familia. Él responsabiliza de esto a la historia de ambos países y la inestable situación política de los últimos años. Ahí fue cuando Farakka volvió al ruedo de la conversación.

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En términos porteños, Farakka es una guachada[1]. Se trata de una gran represa que construyó India a menos de cincuenta kilómetros de la frontera con Bangladesh. La represa controla buena parte del agua de río que entra al país. Los indios, ni lentos ni perezosos, tomaron la costumbre de cerrar el paso de agua en la época seca, dejando así buena parte de Bangladesh sin agua. Los ríos se secan, los arrozales se vacían y las vacas se ponen flacas. Pero cuando comienza la época de lluvias y deshielos, el agua comienza a acumularse en la represa y empieza a ser un problema. Es recién ahí cuando la abren y el agua entra como torbellino en el país vecino. Causando nuevas y graves inundaciones.

Niaj está indignado y tiene razones. Farhad está preocupado y tiene motivos. Bangladesh, el país más densamente poblado está en peligro de extinción. Si el cambio climático sigue avanzando, Bangladesh podría convertirse en el primer país en la historia que desaparece por cuestiones ambientales. Si este año, la lluvia no pará buena parte de la población podría perder lo poco que tiene.

India, por las dudas, se está preparando. Toda la zona fronteriza está siendo cercada. Si sigue lloviendo, los bangladesíes deberán abandonar su tierra. ¿Seremos testigos de uno de los mayores éxodos en cuanto al número de personas?

Bangladesh-3No merece la pena ser fatalista ni adelantarse en el tiempo, pero saber que Bangladesh está en peligro de extensión no es una sensación amena. Por suerte, siempre nos van a quedar de recuerdo las etiquetas de nuestras remeras de H&M. Ahí si se va a seguir leyendo fuerte y claro “MADE IN BANGLADESH” aunque el país se esté hundiendo.

[1] Acción mala y desleal.

Consejos para cuidar tu salud en India

Seguimos brindando información útil para todos aquellos viajeros y aventurados que quieren conocer India. La última vez les compartimos algunos de los consejos que nos hubiese gustado oír antes de visitar India por primera vez (allá en el año 2013). Días atrás, también, publicamos una serie de consejos y recomendaciones especificas para mujeres que están por viajar a India. Somos conscientes de que no todo se puede prever y que la suerte y el destino tienen su porcentaje de actuación, pero creemos que a la suerte hay que ayudarla. De ahí, estos consejos.

Pero muchas preguntas que nos llegan son sobre la salud, el cuidado y la higiene en India. No hay dudas sobre la variada geografía del país, tampoco sobre la superpoblación (de personas, de insectos y de roedores), el hacinamiento constante y la polución de las grandes ciudad. Las condiciones no son para nada las mejores. En el norte uno puede sufrir mal de altura y en el sur dengue o diarrea. No queremos ser alarmistas pero en India uno tiene que tener cuidado y estar con las defensas altas. Cómo dicen, mejor prevenir que curar. Dudamos que alguien quiera tener una mala experiencia en sus viajes por eso somos conscientes de que siempre hay que tener ciertos cuidados.

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Antes de viajar

Antes de salir de viaje, en general, solemos visitar el departamento de Medicina del viajero. Sea en un hospital público o en una clínica privada, la mayoría de las ciudades cuentan con asesoramiento para viajes.

Son consultas cortas. En base al itinerario del viaje, la época del año y a la historia clínica de cada uno se recomiendan ciertas vacunas, cuidados, y medicamentos complementarios. No es una visita obligatoria pero si sirve para aclarar dudas y tomas las precauciones necesarias según la zona que visitemos.

Vacunas

Cualquier sudamericano que quiera visitar India debe presentar un comprobante de vacunación de la fiebre amarilla (ya que tenemos el riesgo de ser portadores). En general, lo suelen pedir a la hora de tramitar la visa pero a nosotros nos lo han pedido, también, en el aeropuerto antes de ingresar al país.

Luego, podemos darnos más vacunas pero ya es a modo de prevención y queda en cada quien aplicárselas. En nuestro caso, las vacunas que nos recomendaron fueron:

  1. Polio (refuerzo)
  2. Hepatitis A y B (refuerzo)
  3. Antitetánica (refuerzo)
  4. Rubeóla
  5. Rabia
  6. Difteria
  7. Encefalitis japonesa (no se consigue en Argentina)

También se recomienda vacunarse contra la varicela, meningitis y tuberculosis.

Botiquín

Además de las vacunas necesarias en Medicina del viajero nos indicaron cómo preparar un buen botiquín. En términos generales es importante llevar analgésicos, antibióticos de amplio espectro, antiespasmódicos, antihistamínicos, antidiarreicos, descongestivos y elementos de primeros auxilios (Pervinox, apósitos, vendas, etc.).

En nuestra experiencia, llevamos un botiquín muy grande y fue inútil. La mayoría de los remedios se nos vencieron y no nos enfermamos ni para usar una tableta completa de ibuprofeno. Además, las pocas veces que no nos sentimos bien asistimos al médico ya que no nos gusta automedicarnos. En el hospital nos dieron todos los medicamentos que nos recetaron por lo cual tampoco tuvimos posibilidad de usar los que ya teníamos.

Una sola vez tuvimos que comprar unas gotas humectantes para los ojos y fuimos directamente a la farmacia. Con un mínimo de inglés pudimos hacernos entender. Nadie nos pidió receta ni prescripción medica.

En caso de que necesiten medicación crónica quizá si es importante que viajen con la receta y con el nombre de la medicación en inglés.

Seguro médico

Es el dilema de muchos viajeros. Nosotros somos de los que prefieren prevenir que curar. Quizá por ser clásicos, por ya estar un poco viejos o por lo que fuere pero siempre que visitamos India lo hicimos con un seguro médico ya contratado.

Por suerte, pocas veces lo utilizamos pero siempre fue muy cumplidor. Brindándonos la atención médica y las medicinas recetas sin la necesidad de tener que pagar (o devolviéndonos la plata contra reembolso).

En nuestros últimos viajes al país contamos con la cobertura de ASEGURA TU VIAJE. Les recomendamos que coticen con ellos que tipo de cobertura les conviene más en base a su tiempo de viaje e itinerario.

Enfermedades y problemas comunes

Una persona pesimista podría decir que todas las enfermedades y problemas son comunes en India. Es cierto, no es un país desarrollado y muchas personas aún viven en condiciones indignas. Pero si tenemos que decir rápido cuales son los principales riesgos a los que se exponen los viajeros, podríamos decir:

I. Diarrea del viajero

El 90% de los viajeros que visitan India son presos de la diarrea. Sea más leve, más larga, con más o menos dolor de panza, más de una vez sentimos que nuestro cuerpo no nos pertenecía y tuvimos que correr al baño (aunque sea al feo y maloliente baño del tren).

Por más que uno tome precauciones, la comida de por si es tan distinta que el cuerpo tiene que reaccionar de algún modo. Además a eso se suma las pocas condiciones de higiene de los restaurantes y puestos de comida.

El mayor riesgo de la diarrea es la posible deshidratación que puede venir después. Es importante tomar mucho agua y consultar al médico si la diarrea es frecuente. Quizá puede tratarse de parásitos, bacterias o como nos pasó a nosotros, y devenir en una fuerte infección urinaria.

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II. Malaria y dengue

Si bien en muchas regiones de India ya no hay riesgo de malaria, hay zonas dónde aún se registran casos. Con el dengue pasa lo mismo.

Para la malaria se puede tomar medicación pero en nuestro que queríamos viajar más de seis meses continuos por el país, era demasiada medicación con demasiados riesgos secundarios.

Decidimos matas dos pájaros mosquitos de un tiro y confiar en el repelente de mosquitos. Si los mosquitos no pican, no hay riesgos de malaria ni de dengue.

Lo ideal es ponerse repelente al menos dos veces por día (sobre todo en el amanecer y atardecer). Por las dudas, nosotros también le echamos a la ropa. Siempre utilizamos repelente con DEET de al menos 15% y procuramos dormir con mosquitero y/o ventilador.

El mosquitero y el repelente también sirve para espantar otros insectos como las famosas chinches que viven en el colchones y en los asientos de los autobuses.

III. Problemas respiratorios

En las grandes ciudades, la polución no es un problema menor. Además del smog se junta el polvo y la tierra acumulados más las montañas de basura que están ahí desde hace años.

India huele mal y no es recomendable tragarse todo el polvo y mierda que flota en el aire. Personas con problemas respiratorios y/o alérgicos tienen que tener cuidado en las grandes ciudades.

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IV. Infecciones

Las hay de todo tipo y están a la orden del día. Nada mejor que generar los propios anticuerpos.

Ante el primer sintoma de fiebre, les recomendamos que estén alerta y no se dejen estar.

V. Rabia

No sólo los perros tienen rabia, India está llena de monos. Los hay más salvajes o más agresivos. En general suelen tener muy poco miedo de los humanos y están dispuestos a robar tus galletitas, botellas de agua o anteojos de sol. El mayor problema de los monos en India son las mordeduras. Muchos tienen rabia y no dudan mucho a la hora de pegar un mordiscón. ¡Tengan cuidado!

Consejos

I. Comer en lugares concurridos

El primer y gran consejo es comer donde haya gente. Muchos restaurantes turísticos suelen estar vacíos. Lo mejor es ir donde la comida circule, de esa forma nos aseguramos de que es fresca.

II. Siempre agua embotellada

Lo mejor es tratar de evitar el agua de la canilla. Sobre todo en las grandes ciudades. Siempre es recomendable comprar agua embotellada. Algunas ciudades tienen agua potable y muchas casas tienen filtros, lo que es una buena opción. El método de hervir o utiizar pastillas potabilizadoras siempre funciona.

Muchos optan incluso por lavarse los dientes con agua embotellada, nosotros no lo creemos tan necesario.

III. Verduras frescas y cocidas

Las ensaladas son complicadas en India. Nosotros solemos evitarlas a menos que sea un lugar de confianza, o hayamos lavado nosotros mismos las verduras.

Incluso con la fruta solemos tenes cuidado. En general, si compramos frutas, tratamos de que sea lo más fresca posible y la pelamos nosotros. Previo lavado con agua.

IV. Sentido común

Podríamos extendernos demasiado dando consejos. Cuidado con los fritos, con el picante, cuidado al cruzar la calle, cuidado con el agua del Rio Ganges, etc. No queremos ser pesados ni alarmista. Creemos que el mejor consejos que podemos darles es pedirles que sean sensatos y que tengan sentido común.

Si un restaurant/hospital/alojamiento/persona no les genera confianza, retírense. En India lo más importante es ser intuitivo. Para cuidar la salud, también hay que serlo. Saber escuchar. Si sienten que algo no va bien, no esperen a ver que pasa. Consulten.

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Esperamos no haberlos asustado y que tengan una buena experiencia en India. Quizá los primeros días sean más difíciles pero con tiempo y paciencia, uno termina adaptándose al caos, al picante y al misticismo. ¡Buen viaje!

Perdidos en Dhaka

Quilombo:
1. Expresión rioplatense. Situación en la que predomina el desorden y el ruido.
2. Situación o asunto confuso, problemático o difícil de resolver.

Siendo el país más densamente poblado Bangladesh es, también, uno de los menos visitados. Nadie viene, ni por curiosidad ni por algún interés en particular.

El primero en sorprenderse fue quien nos recibió los papeles para tramitar la visa. Si bien en el consultado de Bangladesh de Calcuta había una ventanilla para extranjeros el nuevo uso que le habían dado daba a entender que hacía muchos meses que ningún turistas se asomaba por ahí.

Luego, cada uno de los pasajeros que nos veían embarcar en el famoso Matress express que une Dhaka – Kolkata en unas largas e incómodas doce horas nos miraban sorprendidos y nos preguntaban si realmente estábamos yendo a Bangladesh o nos habíamos confundido de andén. Generando sorpresa en los desconocidos llegamos a Bangladesh.

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Esa mañana, como todas las mañanas, nos levantamos sin despertador. Esa mañana, como todas las mañanas del viaje, nos (me) tomó diez segundo darnos cuenta en dónde estábamos. A veces cuesta más, a veces menos, pero todas las mañanas tenemos que reconocer en que país, en que ciudad, en que casa o habitación de hotel pasamos la noche. Esa mañana fue fácil, quizá por el olor a café que llegaba de la cocina.

Estábamos en la casa de M. Un danés que vive temporalmente acá y que trabaja en la Embajada de Dinamarca en Dhaka. Llegamos a su casa gracias a Couchsurfing.

Esa mañana tuve la extraña sensación de que alguien me había dejado una tarjeta con una consigna en el sillón que use como mesa de luz. La tarjeta invisible decía algo así como “ver todo como si fuese la primera vez”. Me levanté pensado en esa frase y fue el tema de conversación del desayuno. ¿Podría Bangladesh sorprendernos? ¿O sería solo una extensión más de India con un estilo más musulmán?

Ansiosos por conocer una de las capitales más caóticas del mundo salimos del barrio residencial de los diplomáticos. La noche anterior habíamos llegado muy tarde y no habíamos visto más que una pizzería 24 horas que ofició de cena y de punto de encuentro con M.

Bastó caminar doscientos metros para que el paisaje cambie por completo. No teníamos muy claro a dónde ir ni cómo. M. tampoco nos pudo ayudar mucho ya que tenía restringidas sus salidas por la ciudad salvo que vaya acompañado por personal de seguridad por lo cual nunca fue más lejos de la embajada y del supermercado. Tampoco contábamos con consejos o información para conocer Dhaka. Ningún viajero viene y la última guía de viaje se publicó en el año 2012.

Sabíamos que queríamos ir a la parte vieja de la ciudad. Dónde están los mercados, bazares y el río Buriganga. Referirse a esa zona como “Old Dhaka” fue nuestro primer error. Tan absurdo como que un turista nos pregunte en Buenos Aires cuál es el mejor camino para llegar a Flowers o a Eleven. Nadie tenia idea de a dónde queríamos ir. Unos decían que tal autobús iba, otros opinaban que mejor era tomarse un CNG (moto taxi de color verde y que funciona con GNC), los ricksha (bicicletas con carros coloridos que funcionan a energía humana) también nos querían llevar. Todos intentaban ayudarnos pero nadie sabia a dónde queríamos ir. Finalmente, un joven musulmán pareció comprendernos y nos dijo que nos tomemos el autobús número seis. Lo que no nos dijo fue que los autobuses tienen los números anotados en bengalí. La gente comenzaba a rodearnos y a inspeccionarnos cuan ratas de laboratorio. ¿Seríamos los primeros occidentales que veían? Con respeto preguntaban nuestro país y con un abrazo celebraban “Messi, Maradona, Argentina”. No lo podían creer. Nosotros tampoco.

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El semáforo, que no es un semáforo sino un policía con un bastón verde, liberó el trafico y los autobuses volvieron a pasar. Sin frenar del todo, hacían señas de que subamos. ¡Pero si no sabían a dónde queríamos ir! Uno de los que estaban en la parada esperando hizo señas de que ese sí iba. Quizá era el autobús número seis. Subimos y una vez más, las miradas se centraron en nosotros. Las miradas humanas y de todos los insectos que habitaban los asientos. Los autobuses son latas de metal, chocadas, podridas y con vidrios rotos. Normas ISO, seguridad e higiene, VTV, esas son cosas del siglo XXI. En esta parte del mundo se habita otro tiempo, pero así y todo las cosas funcionan.

Teníamos que hacer unos diez kilómetros, media hora más o menos, o eso figuraba en Google Maps. Tardamos dos horas. Quienes relevaron el mapa de Dhaka no vinieron a la ciudad. El transito era imposible. Ni siquiera es que había mucho trafico o un embotellamiento. Nada de eso. Era estar completamente detenidos, a unos escasos centímetros del siguiente vehículo y chocando constantemente. Cuatro veces chocamos al de adelante, tres nos chocaron de costado y perdimos el paragolpes al quinto choque de atrás. Pensamos que hasta que no tuviéramos hijos no íbamos a volver a jugar a los autitos chocadores, pero no. En Bangladesh volvimos a hacerlo.

“Messi, Maradona, Argentina” y la voz se iba corriendo de asiento a asiento. También lo comentaba el chofer del autobús de al lado y el pibe que vendía pochoclos y agua fría.

Un joven, un poco más chico que nosotros y que no sabemos de dónde salió o en que momento se sentó al lado nuestro, nos preguntó a dónde íbamos. Dijo que debíamos bajar e hizo señas de que lo sigamos. Su inglés era mínimo pero mucho mejor que nuestro Bengalí (o Bangla, como llaman ellos a su idioma). Seguirlo, parecía ser la única oportunidad de alcanzar la parte vieja de la ciudad y ver el río, un brazo del Ganges.

Empezamos a caminar. Cruzar las calles cada vez era más arriesgado. Acá ya no estaba el policía con el palo verde que regulaba un poco el caos, acá era un pacto de vida suicida. Cerrando los ojos, cruzamos casi corriendo y esquivando todo tipo de transporte a energía humana. Carretas para los sacos de arroz, carretillas para la ropa y jaulas de metal enganchadas a una bicicleta para los niños que van al colegio. No nos daban los ojos, las neuronas, la click de la cámara ni el tiempo para ver todo lo que alrededor nuestro pasaba. Mientras tanto nuestro guía de turno nos seguía conduciendo por más y más callejones y callejuelas. No nos decía mucho, salvo preguntarnos si queríamos comer. Cruzamos un puente bajo el cual buscaban un poco de sombra caballos, cabras y trabajadores. Cruzamos mezquitas y muchas muchas muchas personas. El calor también era agobiante.

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Pasaron veinte minutos y seguíamos cruzando la ciudad a pie, metiéndonos cada vez en calles más angostas. ¿Teníamos miedo? Increíblemente no. Un extraño nos estaba conduciendo por lugares impensables en una ciudad musulmana y caótica pero no teníamos miedo. Y si lo teníamos tampoco podíamos hacer mucho. ¿Correr? No sabíamos ni para dónde. ¿Gritar? Nadie nos iba a escuchar ni a entender.

Paramos a almorzar. Paramos a comprar agua y seguimos. El chico cada vez estaba más apurado y caminaba más rápido. Finalmente el olor anunció que estábamos cerca.

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Hay instantes de sorpresa que cuesta describir. Uno fue llegar trepando a la Muralla China y alcanzar toda su extensión en una primer mirada, otro fue este: llegar al río Buriganga. Corazón de Dhaka. El río era negro, de aguas espesas y malolientes y sobre él y sobre sus orillas todo un mundo tenia lugar. Barcos oxidados, pequeños botes de madera que transportaban más de cincuenta pasajeros de pie, cabras, personas transportando frutas en su cabeza, vendiendo arroz con pollo, pescando, mendigos pidiendo, musulmanes asistiendo a la llamada de la mezquita, mujeres con velo, y todos mirándonos. Una verdadera vorágine. La gente quería pasar y tuvimos que movernos. A una esquina, a otra, cruzar la calle, volver. Cada metro cuadrado libre pronto se ocupaba. No había lugar para estar ni de pie mirando todo lo que pasaba.

El muchacho se despidió y nos pidió nuestra dirección postal. Le dijimos que más fácil era mantener contacto por Facebook o por mail pero nos miró extrañado. No sabía de que estábamos hablando.

Nuestro improvisado guía

Nuestro improvisado guía

Empezamos a caminar sin rumbo. No teníamos ni la menor idea de cómo volver. Agarramos un callejón, luego otro. A cada persona que le preguntábamos nos mandaba en una dirección distinta. Cruzamos un mercado de sandías y uno de velos negros para mujeres musulmanas. “–Which Country? –Selfie? –Messi, Maradona, Argentina!”. Luego entendimos que Selfie significaba que nosotros le saquemos una foto a ellos y que el 80% de la población hincha por Argentina en el mundial. La nacionalidad fue nuestra mejor herramienta para conocer Bangladesh.

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Caminábamos sin sentidos. Aceptábamos invitaciones a sentarnos en los negocios y seguíamos invocando a Messi y Maradona y seguíamos sacando selfies. Ya no podíamos más.

Finalmente, cuando parecíamos haber encontrado el camino que nos acercaba al punto en el cual nos habíamos bajado del colectivo empezamos a escuchar varios silbatos atrás nuestro. Era la policía y nos hizo señales de que entremos a la garita. ¿Qué más podía pasar? Ya habíamos pisado mierda, ya nos habíamos resbalado más de dos veces caminando por las rotas e inexistentes veredas, ya no teníamos batería en la cámara ni más ganás de “Messi, Maradona, Argentina”.

Pensamos que habíamos cruzado mal la caótica calle, que andábamos muy ligeros de ropa o que los policías querían revisar nuestro pasaporte y nuestra visa. Pero no, ellos también querían su selfie, invitarnos un té y rememorar juntos el gol de Maradona a los inglés. Nosotros sólo queríamos una cosa: volver, bañarnos y sacarnos toda la transpiración. La propia y la ajena.

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¿Quién nos mandó venir a Bangladesh? ¿Por qué no hicimos como el 99,9% de los viajeros que recorren Asia sin adentrarse en este país? ¿No bastaba con un documental del Discovery Channel? Con todo ese barullo de pensamientos seguíamos buscando la parada de colectivos.

Un hombre de barba naranja y no menos de setenta años nos agarra del hombro y nos pregunta el nombre de nuestro país. Sonríe dejando al descubierto el espacio vacío entre sus rojos y podridos dientes. Con expresión de jubilo nos dice “Gracias por visitar mi país, Bangladesh”, llevándose una mano al corazón. Y ahí nos dimos cuenta de que sí, de que vale la pena ser ese 0,01% que visita el país más allá de las para nada cómodas condiciones.

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El recuerdo de las Islas de Andamán

El entorno nos condiciona. La ciudad nos obliga a caminar rápido, a entumecer el cuerpo y a comprimir los hombros sobre el pecho. Las ciudades indias nos obligan a mirar el suelo. No sea cosa de pisar un puesto de fruta, un mendicante, una vaca descansando o la mierda de la vaca que está descansando. Las ciudad chinas, en cambio, nos obligan a caminar mirando para arriba. Tratando de encontrar el punto exacto en que un edificio termina y toca el cielo con su terraza. Por otro lado, las Islas Andamán nos obligaron a caminar despacio. Total no había a donde ir, tampoco había prisa, tampoco había nerviosismo. Un poco a la fuerza y un poco por voluntad, las islas, como dicen los porteños, te hacen bajar un cambio.

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No había internet, los periódicos llegaban con una semana de tardanza y sólo había electricidad por las noches y algunas horas de la mañana. Los negocios cerraban al mediodía y la siesta se dormía a rajatabla. Todo cerraba los domingos y los sábados a la tarde. Lo único que no se detenía en ningún momento es el mar. A veces furioso, a veces calmo, a veces aburrido, a veces demasiado caliente. Es cierto que el mar no se detenía, pero a veces se iba. Después del mediodía la marea comenzaba a bajar y se retiraba un kilómetro mar adentro. Pero a la noche, volvía. Recargado, contento, frío. Como los habitantes de las islas, el mar tampoco puede irse. Siempre está condenado a volver. Otro elemento constante y encadenado a las islas son los mangos. Todos los días los árboles nos regalaban más y más mangos. Maduros, anaranjados, fibrosos, dulces. Por día comíamos un kilo, más una papaya, una ananá y una sandía. A veces bananas rojas más algún que otro coco.

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En las islas de Andamán el tiempo no cuenta. Y esto es literal. Uno puede guiarse por el reloj pero la información que obtenga será errónea. Por la posición geográfica de las islas deberían tener el mismo uso horario que Tailandia. Pero el afán de India de tener su territorio bajo la misma hora hizo que las islas tengan una hora que nada tiene que ver con lo que realmente corresponde. De este modo, amanecía a las cuatro y el sol se ponía a las cinco de la tarde. Sin reloj al cual mirar, el sol es quien indicaba los diferentes momentos del día. Hora de despertarse, aunque quizá sean las tres y media de la mañana. Hora de desayunar, hora de almorzar, hora de ponerse a la sombra porque el sol está muy fuerte aunque sean las diez de la mañana. Hora de disfrutar del atardecer, hora de sentarse a mirar las estrellas y disfrutar del fresco aunque no sean ni las ocho de la noche.

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El movimiento de la marea, también, nos ayudaba a darnos una idea de la hora y el mar nos ayudaba a comprender a las personas. En las islas sólo hay dos clases de personas que se meten al mar: los pescadores y los turistas. Dentro de los turistas hay dos grupos. Los que se bañan con jean, remera y zapatos, o sea los indios, y los que se bañan en paños menores, los extranjeros. Pero salvo los pescadores, ningún lugareño se mete. La mayoría de los isleños le escapa a la idea del agua salada y no se acerca a las playas salvo para trasladar algunas vacas. No sabemos si rechazan el mar por respeto o por temor (las islas fueron completamente arrasadas con el Tsunami del 2004). En cambio, los pescadores hacen del mar su oficina de trabajo. Su jornada empieza bien temprano, ante de que amanezca. Cuando el mar comienza a bajar, empiezan a volver con la ganancia del día. Ganancia aún viva, los peces permanecen en el agua hasta ser vendidos en el mercado o en los restaurantes para turistas. La mercancía siempre está fresca y la vida es simple. Los tipos pescan, las mujeres venden frutas en el mercado y los niños asisten al colegio. Van caminando, en bicicleta o en el único autobús que recorre la única calle de la isla. Acá basta tomar cualquier camino para salir al mar y cualquiera de las calles asfaltadas para salir al centro. No hay más opciones.

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Marea baja

La vida avanza en una única dirección y no se oyen más ruidos salvo algún coco cayendo en picada contra un techo de chapa. Tampoco hay nubes, ni viento, ni demasiadas olas salvo las que dejan atrás los pocos ferrys que cruzan de una isla a otra. Nuestra rutina también era simple. Levantarnos sin despertador, desayunar fruta, bañarnos en el mar, leer bajo una palmera, escribir, bañarnos y leer de nuevo, almorzar un massala dosa y seguir leyendo. Cuando el sol comienza a bajar, íbamos al mercado. Comprar un pescado para dos, para cuatro o para seis según cuantos éramos para la cena, cocinarlo y volver a la playa a ver las estrellas. Hacer un intento desesperado por encontrar la cruz del sur y volver a dormir recordando que este es otro cielo y que acá las constelaciones son otras. Armar el mosquitero y quedarnos dormidos pensando que al día sólo le faltó una cosa: una ronda de mates.

A diferencia del resto del mundo acá no hay ambición de poder ni la necesidad imperiosa de acumular y progresar económicamente. No hay avaricia ni estado de bienestar. Acá el pescador pesca un pez grande y se da por hecho. Ese día vuelve temprano y duerme la siesta. No existe esa tendencia materialista de pensar que si se queda un rato más puede pescar más peces y ser más rico. No, no hace falta. Con un pez es suficiente, el resto lo da la tierra. Viven con poco y el único patrimonio que tienen se trasmite de generación a generación. La sensación es que el mundo fue creado de una vez y para siempre y que nada se puede cambiar, ni exigir, ni perder. Eso es lo más admirable y tentador. Más de una vez nos invadió la idea de proyectar una vida basada en la autosuficiente económica, vivir de lo que la naturaleza nos da. Pero desistimos, a nosotros nos gusta escribir.

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No todos los habitantes de las islas son originarios de Andamán. Muchas familias refugiadas fueron traídas desde Bangladesh, Bengala y Tamil Nadú para poblar las islas luego de la colonia inglesa. A la par, la población autóctona fue desapareciendo. El intercambio con nuevos habitantes llenó la isla de enfermedades, se los utilizó como mano de obra barata y se los exportó al continente en un intento de integración. Todo fue fallido y ahora la población autóctona está en peligro de extinción como así también sus lenguas y dialectos. Actualmente, la población local se encuentra en áreas restringidas a las cuales los turistas (sean extranjeros o indios) tenemos prohibido el acceso. No es una idea desacertada, los turistas solemos arruinar todo lo que encontramos a nuestro paso. Ensuciamos, nos creemos superiores, alteramos aunque no sea nuestra intención el entorno que nos recibe. Pero por suerte, no muchos turistas llegamos a las Islas Andamán y todavía quedan algunos años de tranquilidad y simpleza. Aún me pregunto ¿En que momento la sociedad occidental se olvidó de que podía vivir con poco a acumular tantos bártulos?

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Pero toda la armonía y calma acumulada en la islas tuvo un punto cúlmine. Fue una tarde caminando por alguna de aquellas largas playas de arena finita y blanca minada de cangrejos, ermitaños y caracoles de todos los colores y tamaños. Esa tarde me invadió una sensación atroz. Hoy, quizá, suene tonto pero me dió mucho miedo el poder llegar a olvidarme todo lo vivido y viajado. Miedo de olvidarme de las islas, de su paz, de su calma, de su gente honesta, del verdadero sabor del mango sin conservantes ni cadenas de frío. Me dió miedo enloquecer en la ciudad. Me hubiese gustado grabar el oleaje y el verde de las palmeras, hacerlo mío y no perdelo. Creo que ese es mi mayor desconfianza, que mi memoria me traicione y se quede con todos mis recuerdos. A fin de cuentas, mis experiencias son la única propiedad que tengo a mi nombre. Quizá por eso escribo esto y saqué tantas fotos, para ganar la batalla del olvido.

Angkor Wat, donde habita el olvido

“Y la vida siguió como siguen las cosas que no tienen mucho sentido.
Una vez me contó, un amigo común que la vio, donde habita el olvido.”

Joaquín Sabina

Si este es el esfuerzo, el resultado debe valer la pena” me dijo L todo transpirado. Las cejas habían dejado de cumplir su función y la transpiración se le metía en los ojos. Ya teníamos pedaleados unos cinco kilómetros, aún nos faltaban otros tres para llegar. Todavía no eran ni las nueve de la mañana.

Angkor-Wat-6En el medio de la selva de Camboya, uno de los países mas pobres del mundo y dónde la historia golpeó duro en los últimos años con invasiones, guerras y exterminios, existe un conjunto de templos que no se entiende como no es una de las siete maravillas modernas: Angkor Wat. Un sitio que llegó a albergar alrededor de mil templos. Hoy, conserva más de cien y están invadidos por raíces de árboles enormes, flores y miles de turistas.

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La mayoría de los templos están rodeados por canales que amortiguan el agua y la lluvia en la época de monzones. Un puente de piedra porosa nos permite cruzar el canal y adentrarnos en el primer recinto. Erróneamente se conoce todo el complejo como Angkor Wat cuando ese es sólo el nombre del uno de los templos (y no necesariamente el más espectacular). Dicen que es el principal y que se erigió en honor a Shiva, pero sin desconocer la trilogía divina, de ahí las tres torres talladas. Estas no eran lo único notable, también los pasillos, las escaleras, los gravados y las paredes de casi un metro de espesor. O quizá lo maravilloso es que todo esto tiene casi mil años. No sabíamos por dónde empezar a mirar, esa fue la verdad.

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Templos imponentes de dioses brahmánicos evocan un pasado glorioso: el del Imperio jemer, que aunque no se estudie en los manuales de historia, por varios siglos ocupó Camboya, Laos, Vietnam, Tailandia, parte Malasia y Myanmar. Angkor Wat es el testimonio de sus años dorados. Todos los pueblos tuvieron su momento de apogeo y el jemer no fue la excepción.

A medida que pasaban las horas, subía el sol y el calor se intensificaba. Ya éramos dos gotas de sudor pedaleando en unas bicicletas que no paraban de hacer ruido. Esa mañana habíamos decidido alquilarlas, buscamos las más baratas de la ciudad: un dólar cada una. No frenaban muy bien, no tenían luces ni aceite en la cadena, pero se movían. Mientras pedaleábamos no dejábamos de sorprendernos de lo que veíamos. Eso era lo mejor de las bicis, no nos perdíamos ningún detalles del paisaje.

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¿Y cómo es que todo esto paso a ser un par de ruinas?” Le pregunte a L. Siempre sospecho que él tiene las respuestas a casi todas mis preguntas. No entendía como un imperio que logró construir semejantes maravillas concluyó de un momento para otro. Él tampoco. Poco se conoce del ocaso de los jemeres. Llama la atención como desaparecieron, sin dejar rastros, sólo un gran legado llamado Angkor Wat. Los historiadores hablan de una gran sequía, o de pestes, o de invasiones extranjeras. Todas teorías, nada concreto.

Angkor Wat estuvo largo tiempo descansando de los ojos del mundo, salvo por algún que otro monje budista. La naturaleza avanzó, los ocultó y se mimetizó con los templos. El mundo occidental los descubre recién en 1860. A principio del siglo pasado sólo se podía llegar navegando lagos y ríos. Nosotros fuimos en bici, los chinos en autobuses con aire acondicionado y algunos gringos en tuk tuk.

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Poco antes del atardecer llegamos a unos de esos templos que aparecen como un pequeño punto en el mapa. Ningún turista se detiene ahí, pero a nosotros el calor nos obligó a hacerlo. Era tan impresionante como todos los anteriores. Cualquiera de los templos de Angkor Wat, en cualquier otra parte del mundo, es una atracción por sí misma. Lo bueno era que en este templo éramos los únicos. Subimos por una empinada escalera hasta la cúspide y nos sentamos a descansar. Aunque no podíamos descansar la vista, seguíamos mirando maravillados a nuestro alrededor.

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Si esto tiene casi mil años ¿Cómo se construyó? ¿Se ayudaron de elefantes para mover tantas piedras? ¿Cómo las subieron y las tallaron? ¿Cuántas almas humanas se perdieron en la construcción? Porque siempre, estas construcciones monumentales se levantan con la vida y sufrimiento de otros. Lo vimos en el Taj Mahal y con la Gran Muralla China.

¿Y cuántos se habrán escondido entre estas piedras en los años locos de los jemeres rojos? Porque Pol Pot volvió a creer en la grandeza del Imperio jemer, e intentó retomar su antiguo esplendor, pero de un modo por demás sanguinario. Su dictadura, en la década del 70, mató a más de dos millones de camboyanos. Ellos también desaparecieron sin dejar rastros.

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La historia de Camboya intentaba acomodarse en nuestras cabezas mientras observábamos todo desde allá arriba. Los pensamientos iban y venían, como el viento que soplaba. Y siempre los pensamientos vuelven a uno. O quizá volvían a nosotros porque éramos los únicos que estábamos en ese templo.

Angor Wat, de alguna manera, encierra el ciclo de la vida. Ese primer momento de gestación, de crecimiento, de plenitud, y luego: la caída. Todo cae, como la piedrita que sin querer pateé cuesta abajo. Nos creemos poderosos, los dueños del mundo y luego ¡zas! nos desplomamos. A veces más rápido, a veces más lento, a veces sin intervalos. A veces sin saber las razones, Después, el olvido. Es inevitable.

Aún en Angkor Wat, el gran complejo arqueológico con fama mundial, hay más de un templo dónde lo único que habita es el olvido.

Angkor-Wat-1-3Dibujo de Henry Mouhot sobre Angkor Wat en 1860

Info útil

* En la ciudad de Siem Reap, que está a 6 kilómetros de Angkor Wat, se pueden alojar en la tranquila Residence Blanc D’Angkor y disfrutar de su reconfortante pileta.

Mitos y curiosidades sobre Rusia

Si hay algo que sobra en este mundo son prejuicios. Los hay de todos los colores, todas las culturas y todas las religiones. Rusia no es la excepción.

Los medios de comunicación dominantes se encargaron de trillar la cultura y las políticas del país. En Europa sobran remeras con burlas a Putin y todos nos advirtieron del riesgo que corríamos al adentrarnos en tierras que supieron ser soviéticas.

Lo cierto es que Rusia nos encantó y nos pareció uno de los países más hospitalarios que visitamos. Cómo sabemos que tiene muy mala prensa decidimos compartirles algunos mitos y curiosidades para que ustedes también puedan amigarse con esa imagen que los yanquis tanto nos instalaron:

Mitos:
  1. Los rusos son malos.

Desde que llegamos a Europa escuchamos cientos de veces el mismo discurso: “Los rusos son malos”, “Rusia es muy peligrosa”. Nos hablaron de la burocracia de la frontera, de los tanques que tienen ocultos en Kaliningrado, de los controles de la policía. O tuvimos mucha suerte o la imagen de Rusia está muy mal formada, pero en los dos meses que estuvimos cruzando el país nada de esto ocurrió.

Lejos de ser criminales malignos los rusos nos parecieron muy predispuestos a darte una mano. Incluso con la barrera del idioma. De aburridos tampoco tienen nada:

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  1. Los rusos no sonríen.

Otro mito que quedo rondando de la época de la KGB y de los espías secretos. Sonreír es común en Rusia. Más de una vez nos sonrió una “Babushka” (abuela) en el tren, un chico en un restaurant o un nene en una plaza. ¡Vamos los rusos son humanos, no extraterrestres!

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  1. Los rusos se la pasan borrachos tomando vodka con escopetas, osos y balalaikas.

Eso nos daba miedo. Sobre todo a la hora de recorrer el país haciendo dedo (autostop). Pero no. En Rusia está penalizado conducir ebrio como, también, estarlo en la calle. Los pocos borrachos que vimos eran o vagabundos o personas muy mayores. En ningún momento sentimos miedo.

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  1. La plaza roja en Moscú se llama así por los soviéticos.

Eso creíamos pero no. Que la Plaza Roja de Moscú se llame así no tiene que ver ni con los soviéticos ni con las paredes del Kremlin pintadas en ese color. Creímos que el nombre venia de los desfiles de las tropas, de la presencia de Stalin o del mausoleo de Lenin.

Para nombrar el color rojo se utiliza la misma palabra que para el adjetivo hermoso. En realidad, no es Plaza Roja sino Plaza Hermosa

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  1. Los rusos no hablan inglés.

Nos habían dicho que nadie, absolutamente nadie, en el país habla inglés. Que ni en los hostels u hoteles hablaban otra cosa que no sea ruso. Sí bien es cierto que no todos hablan dos o más idiomas son bastante los jóvenes que hablan inglés. Igualmente, siempre es bueno viajar a Rusia con un diccionario sobre todo si no se va a salir de las ciudades más turísticas.

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  1. Los rusos no sufren el frío.

Mentira. Los rusos son friolentos. No les gusta para nada su invierno que oscina entre los -40/-20 grados al sol. ¿Cómo lo combaten? Mucha ropa térmica, un shot de vodka a la mañana y yéndose de vacaciones a zonas más cálidas.

Tanto las calles cómo las casas están preparadas para el invierno. Sistemas de calefacción, dobles puertas y ventanas, métodos varios para que el agua corriente no se congele y para que la nieve no bloquee las calles.

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Curiosidades:
  1. Natalia Oreiro.

En la mayoría de los países que visitamos decir que somos de Argentina viene seguido de la dupla “Messi – Maradona”. Sorprendentemente en Rusia decir Argentina venía seguido de Natalia Oreiro. Las rusas la aman y siguen viendo sus novelas con fanatismo adolescente.Viaja a Rusia todos los años para hacer recitales y parece que sigue siendo furor.

Más de una vez alguna cajera de supermercado nos cantó “Cambio dolor” con acento ruso. Lamentablemente les pinchamos el globo al decirles que ella es uruguaya y no argentina.

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  1. Argentina – Jamaica.

Más de una vez nos pasó de subirnos a un auto y que el conductor automáticamente busque su playlist y comience a sonar esta canción:

Argentina 5 – Jamaica 0. Hace mención a un partido del mundial ’98. La canción es conocida en todo el país. Es de un grupo regaae ruso. Y dice algo así como que lástima, Argentina 5 – Jamaica 0.

  1. Empresas yanquis en cirílico.

El capitalismo llegó a Rusia: Mc Donald’s, Burger King y Subway están en todas las grades ciudades. Lo curioso: el nombre de cada una de estás empresas está en cirílico. Si nos invaden que al menos respeten el idioma, ¿no?

  1. Los rusos se visten con los colores de Rusia.

Los rusos son nacionalista. Amán a la madre rusa y se emocionan hablando de sus conquistas y proezas. El fanatismo no sólo se vive con el corazón sino que se lleva en la ropa.

Los domingos todos se visten con equipos de gimnasia y ropa deportiva con los colores nacionales.

  1. La ensalada rusa.

En Argentina es muy común preparar ensalada rusa para navidad o año nuevo. La ensalada consiste en papas hervidas, zanahoria, arvejas, mayonesa. Se le puede agregar huevo duro, pollo o pedacitos de jamón.

Teníamos duda acerca el por qué del nombre. Lo que no sospechábamos era que los rusos comían ensalada rusa pero que la llamen ensalada francesa.

Más curioso: en Rusia conocimos un francés y nos dijo que en Francia esa misma ensalada se llama ensalada piamontesa.

  1. Las rusas son muy coquetas

Imaginábamos a las rusas con un pañuelos atado en la cabeza, bigotes, olor a humo y cejas estilo Frida Kahlo. Pero no. Las rusas (en su mayoría altas y rubias) son de lo más coquetas. Maquillaje, tacos y ropa entallada. Pero la coquetería no sólo es al andar sino que no hay foto que se saquen sin arreglarse el pelo y posar cómo si fuera para la revista Cosmopolita.

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Si aún les quedan dudas, les dejamos este video para que vean que son personas como en cualquier otra parte del mundo: