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Roma, cuidad de todos

“Roma, La ciudad de la historia visible, donde el pasado de todo un hemisferio parece moverse en el cortejo fúnebre, con imágenes y trofeos ancestrales extraños reunidos desde lejos....”

George Elliot

Intentar escribir sobre una ciudad tan trillada como Roma no es una tarea fácil. Desde manuales de historia hasta guías de viajes exprés, parece estar todo dicho sobre esta ciudad. Pero esa no es la única dificultad a la hora de escribir. Además, de no saber qué decir ni cómo decirlo, tampoco sabría dónde ubicar el comienzo de este viaje.

El viaje a Italia empezó mucho antes de que la voz del comandate del avión anunciase que en 15 minutos aterrizaríamos en el aeropuerto de Fiumicino. Quizá comenzó en algún almuerzo de domingo en el conurbano bonaerense donde se hablaba de algún bisabuelo siciliano que nunca llegué a conocer, o quizá, cuando visitando el norte de Marruecos dimos con unas ruinas romanas en medio de mezquitas y bazares que temblaron con un terremoto hace más de doscientos años. Pero seguro que el viaje a Roma comenzó mucho antes.

De hecho, tardamos casi 30 años en colorear un parte del mapa que siempre había estado presente en nosotros. Casi 30 años para ponerle imágenes, caras, olores e impresiones a la capital de un país que está muy arraigado en nuestra cultura.

Volar a Roma, conocer Italia, visitar el Vaticano, la Plaza San Pedro, contemplar el Coliseo desde el monte Palatino… No, no era solamente un viaje a las raíces de nuestra historia de inmigrantes sino también un viaje a nuestra historia como humanidad. Es que sí, Roma fue la cuna de todo un universo simbólico. El punto de inicio, el origen, el sitio al que conducen todos los caminos.

Es difícil hablar de una ciudad así sin caer en lugares comunes. Roma no sólo es el escenario de películas, sea Fellini o de Woody Allen, sino también de libros, poemas, sueños y fantasías. Quizá, también alguna de las ciudad que Italo Calvino se inventó para entretener a Gengis Khan.

Uno construye muchas veces imágenes típicas de los lugares gracias a los libros, los cuentos de otros viajeros o de las películas. Y uno se imaginaba a Roma con sus callecitas estrechas con pizzerías con mesas en la calle y manteles cuadriculados. Y es verdad, es así pero también mucho más.

Roma son las bocinas en una esquina y el aperitivo a las 6 de la tarde. Un tano juntando las manos hacia el techo mientras exclama un “Salve Ragazzi”. Son las veredas rotas, las fuentes de agua fría que sólo los romanos saben usar, un balcón con plantas secas y un cura argentino celebrando una misa para 40.000 personas.

Roma es una estación de subte que convive con una columna de granito de no-sé-cuantos-siglos. Una remara de una loba amantando a Rómulo y Remo y un pobre tipo disfrazado de Gladiador cobrando 10 euros la foto.

Una pizza que tiene nada que ver con las de Guerrín. Un cartel que reza que en tal casa vivió un tal Greco y una Fontana Di Trevi blanca y resplandeciente plagada de gente. Pero sin Sophia Loren y con palitos de selfie.

Es la prosciutteria con amigos. Una cerveza Peroni y un negroni en la tabla de un bar que me recuerda Buenos Aires. Caminar por Trastevere, cruzar el río Tiber y contemplar el atardecer desde alguna de las colinas. Ver cúpulas, palomas, y a lo lejos, un coliseo entre andamios que sobrevive. A los terremotos, a tiranía de los hombres, a la historia y al paso de la memoria.

Roma es un canto a la nostalgia. Roma sobrevive. Se reinventa, y yo me siento en casa. Porque por más DNI español que tenga, los tanos tiene más que ver con uno que los catalanes. La puteada, el codazo, la sonrisa y el guiño del ojo.

Roma nos mostró todo lo que esperábamos encontrar. Si,  es cierto, eso es una trampa. Las expectativas muchas veces juegan en contra a la hora de visitar un lugar. Pero como era de esperar, Roma es la excepción. Es mucho más colorida, romántica y querendona de lo que nos imaginamos.

Roma es el origen. De occidente, del cristianismo, del idioma latino, de la bella Italia y de la unificación. Roma es, un poco, la ciudad de todos.

Y, quizá, por eso hablar de Roma es un lugar común. Por que todos, venimos de ahí.

Teherán, desaparecer en Irán

– ¿Me lo pongo ahora?
– Pero si todavía estamos en Azerbaiyán. No seas ridícula, esperá a que hagamos migraciones.
– ¿Me lo pongo ahora?
– No sé. Todavía no entramos pero como vos quieras.

El cartel intervino en la escena. “Bienvenidos a la República Islámica de Irán”. El cartel cumplía una doble función, nos daba la bienvenida a uno de los principales protagonistas del mal llamado “eje del mal” y por otro lado, me indicaba que ese era el momento.

La leyenda iba acompañada por un dibujo de la bandera de Irán. Me llamó la atención el detalle del centro: con la revolución, el león con la espada fue reemplazo con una representación de Alá. Los colores siguen siendo los mismos. Al lado de la bandera y sin perder importancia estaba el retrato. Mejor dicho, los retratos. Jomeini y Jamenei me miraban de manera inquietante. Tenían razón, era hora.

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Debajo de ellos, un cartel indicaba que a partir de ahora comenzaba a regir la Sharia, la ley islámica y quien no la cumpla será severamente castigado. Abrí la mochila y saqué el pañuelo rojo. Tenía que cubrirme la cabeza, también los brazos y las piernas. Se acabó la temporada de shorts y musculosas. Con la cámara del celular revisé que nada haya quedado a luz. Siendo sincera, no es la primera vez que debo cubrirme. En Rusia era condición para entrar en las iglesias ortodoxas y en India lo hacía a menudo sobre todo cuando estuvimos tan cerca de Pakistán. Pero saber, que ahora, era obligatorio me abrumaba por completo.

Las fronteras terrestres suelen ser curiosas. En realidad, se trata de un mismo pedazo de tierra pero totalmente distinto. No hay free-shop ni maquinitas de café como en los aeropuertos, o al menos, acá no hay nada de eso. Sólo un largo pasillos. “Tierras internacionales”.

Un policía nos dio la bienvenida a la República Islámica de Irán con un perfecto inglés. El oficial de migraciones nos invitó a sentarnos y nos ofreció agua fresca. No estaba tan mal, sobre todo si uno es consciente de estar ingresando a un país catalogado de “peligroso”, “terrorista” e “islámico”. Como si los tres adjetivos fueran sinónimos.

Con un sello en el pasaporte totalmente atemporal (el calendario persa va por el año 1394) pusimos un pie en la primer ciudad fronteriza. Apabullante. Carteles en farsi, números persas, muchísimos autos, muchísimas personas, mujeres con chador, otras con hiyab, muchísimos taxis. Y ahí, en ese malón de gente, comencé a desaparecer.

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Nuestro destino era Teherán, la capital de Irán. Estaba lejos, más de quinientos kilómetros pero viendo el tráfico, el buen estado de la ruta y la hospitalidad de la gente decidimos hacer el esfuerzo e ir de un solo tirón y en un sólo día.

Primero nos levantó un buen hombre, orgulloso de Irán y de su condición de iraní. Para él, era un pena que occidente confunda todo y no sepa separar un terrorista de un musulmán. Para mi, era imposible entender como él no me hablaba salvo utilizando la tercera persona por intermedio de Lucas. “¿Y ella como se llama? ¿Y ella es su esposa? ¿Y ya le dio hijos? ¿Y ella a que se dedica?” Al principio no entendía la lógica y respondía yo misma. “Soy Ludmila, tengo 27. Soy Psicóloga, etc.” Pero mis respuestas no llegaban a ningún lado, Lucas debía hablar por mi. “Ah, y ahora viajan y escriben. Escriban sobre Irán” dijo el hombre y así nos despedimos. Bah, se despidieron. El saludo dirigido a mi fue pura cortesía.

Luego, frenó un camión. De esos largos y pesados. De esos lentos pero desde los cuales se obtienen las mejores vistas panorámicas. En general, los camiones tiene solo dos asientos. Por cual, uno de los dos –léase yo- suele ir en la cama que los camiones tiene por detrás. Sí, los camiones son verdaderas casas rodantes. Pero esta vez fue distinto. Si yo iba atrás, iba a ir cerca del camionero y no podía ser. Lucas debía ir en el medio. Mediando la situación, de nuevo.

La historia se repite. Yo sacaba temas de conversación pero el camionero, muy atento, le ofrecía galletitas a Lucas para que él me convide a mi. Y así, me fui llamando al silencio. No tenía sentido seguir intentando hablar.

Del silencio al sueño, en mi caso, hay un solo paso. Para quienes no me conocen soy de las pocas personas que pueden dormir en cualquier lado y en cualquier situación. Incluso, parada en el tren o en un corto trayecto de ascensor.

Acá fue lo mismo. Las luces de la ciudad oficiaron de despertador. Estábamos entrando a Teherán. Eran las dos de la mañana pero las calles estaban despiertas. Los carteles de Jomeini y Jamenei estaban por todas partes y miles de personas iban y volvían, quien sabe en que orden.

Llegar a Teherán es uno de esos momentos cúlmines en nuestro historial viajero. Irán es un país especial y Teherán, su brumosa capital. Y la bruma es literal, posiblemente causada por su más de doce millones de habitantes. También es la ciudad de la revolución. La ciudad de la cual escapó el Sha y a la cual regresó Jomeini victorioso, luego de su exilió. Allí la revolución se gestó, explotó y finalmente terminó. De eso pasaros apenas cuarenta años. Es historias reciente.

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Un taxi nos llevó al hostel. La ciudad es demasiado enorme y tardamos 40 minutos para cruzarla. Quizá no parece tanto tiempo, pero si consideramos que son las dos de la mañana parece mucho más. El taxista tenía cara de pocos amigos y se enojaba al ver que no teníamos la dirección en farsi sino en inglés. Así y todo decidió llevarnos. Se perdía, no encontraba la calle, que en realidad era una callecita que sale de la calle principal y que tenía el mismo el nombre. Yo quería preguntarle por la revolución, pero no podía. El tacho, sin embargo, decidió preguntarle a unos pibes que estaban charlando en una esquina por el hostel. Así fue como lo conocimos a Meghregan, quien nos buscó la dirección en farsi en su celular.

Al otro día, Meghregan nos esperaba a almorzar en su casa. Nos recibió su mamá. Lo primero que hizo, fue darme tres besos e insistentemente, me sacó el pañuelo de la cabeza. No se si me pedía disculpas o que, pero insistió en que no debía taparme en su casa. Ella estaba en musculosa y fumaba. Meghregan nos ofreció algunas cervezas. Todo un acto de ilegalidad.

Su abuelo fue uno de los muchachos del Sha. Hoy él y su familia son la oposición al no muy democrático gobierno. Su papá pasó más de diez años en cárcel, fue un preso político y la realidad es que se notaba. Se notaba en su postura, en su mirada y los años que le llevaba a su esposa. Quería hacerle muchas preguntas, pero no podía. Mi lugar estaba en ayudar a la mamá a poner la mesa y en tomar un té con los muchachos.

Comimos abgusht, una suerte de estofado que se come en dos tandas. La primera parte de la comida consiste en una sopa (precisamente el caldo donde se cocino la carne) acompañada de pan sin miga. La segunda, en comer la carne pero procesada con otros vegetales. La comida iraní no tiene absolutamente nada de especial.

Luego del almuerzo, Meghregan nos invitó a dar una vuelta por la ciudad. Las vueltas de la vida y las calles contramano hacen que lleguemos a la Embajada de EEUU. El semáforo se puso en rojo. La embajada estaba llena de grafitis y de consignas antiimperialistas. A su vez, Jomeini y Jamenei miran de reojo con ánimos de satisfacción. Nadie puede negar que ganaron una batalla al enemigo más grande, pero tampoco podemos afirmar que haya sido una victoria con grandes beneficios. La revolución era algo necesario, pero se terminó transformando en otra dictadura. Jomeini, Jamenei y millones más pedían libertad, se opinión al régimen dictatorial del Sha pero ¿cuál fue el resultado?

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Hoy, por su puesto, la embajada no funciona como tal. Meghregan se muere de ganas de conocer EEUU, pero sabe que no es fácil. Yo no entendía nada y me invadían las preguntas. El problema era que no tenía a quien preguntarle. Igualmente le pregunto.

Verde. Avanzamos. Una señora que va en el auto de al lado me hace señas. Se me cayó el pañuelo y tengo el cabello descubierto. A veces me olvido de la ley islámica y se me ocurren hacer preguntas. Es que no podía de ser otra manera, Irán es un país para hacer preguntas. Muchas.

La excusa para hablar sobre nosotros

“Twenty years from now you will be more disappointed by the things that you didn’t do than by the ones you did so. So throw off the bowlines. Sail away from the safe harbor. Catch the trade winds in your sails. Explore. Dream. Discover.”

Mark Twain

“Nuestra historia es simple. Podría ser la historia de cualquiera persona acá presente, pero con sólo una única diferencia: Nosotros nos animamos. Nosotros tomamos la decisión y lo hicimos: salimos a cumplir nuestro sueño. Uno de nuestros tantos sueños.”

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Así comenzaba la charla que dimos semanas atrás en Aktau, una ciudad de Kazajistán ubicada a orillas en el Mar Caspio. La charla tenía lugar en la terraza de un hotel cinco estrellas, ubicado frente al mar, desde donde se veía el sol caer como una bola roja sobre la perfección del horizonte.

Había casi veinte mesas, todas ocupadas. Los kazajos son elegantes y esa terraza invitaba a hacerlo. Todos estaban bien vestidos, tomando una margarita y comiendo quesos franceses.

Ahí estamos nosotros dos, improvisando una charla mitad en inglés, mitad en ruso, en zapatillas. Haciendo lo que más nos gusta, contar historias:

***

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Somos Lucas y Ludmila, de Buenos Aires, Argentina. Casi treinta años y una carrera universitaria. Vivíamos en un lindo departamento amueblado, teníamos un auto, libros, electrodomésticos y un balcón con muchas plantas. Un día, decimos deshacernos todo. Renunciar a nuestros trabajos, regalar las plantas y donar nuestra ropa. Ese día sacamos dos boletos de avión con destino a Nueva Delhi, India. No teníamos previsto fecha de regreso.

Nuestra familia y nuestros amigos nos trataron de locos. Estábamos equivocados. Estábamos a punto de desperdiciar toda nuestra vida. Teníamos que casarnos, tener hijos, formar una familia, comprar más plantas y conseguir un trabajo mejor. Pero nosotros no queríamos eso para nosotros. Al menos, no en aquel momento. Nosotros queríamos viajar. Conocer el mundo y conocer las personas que habitan el mundo. No queríamos quedarnos sólo con los estereotipos que vemos en televisión ni con los libros de historia, queríamos conocer el mundo de primera mano: a través de nuestros propios ojos y en profundidad.

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Llegar a India no fue fácil. Nosotros también teníamos nuestros propios miedos. Nunca habíamos viajado tan lejos ni a culturas tan distintas. Los primeros cinco minutos en la estación de Nueva Delhi fueron terribles: bocinas, ruido, gente, olores fuertes, vacas, basura, mendigos, niños desnudos pidiéndonos plata. Fue un golpe duro. Una cachetada. De pronto y por arte de magia, habíamos dejado la burbuja en la que vivíamos en Buenos Aires y habíamos llegado a la otra punta del mundo. Una parte del mundo donde pasan cosas, donde estallan bombas, donde la gente tiene hambre y donde las vacas se pasean por las calles. Todo lo que habíamos visto de India en películas y documentales, ahora cobraba vida delante de nuestros ojos.

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Mis pensamientos fueron dos: “Esto es de verdad y yo quiero volver a mi casa”. En ese instante, un grupo de mujeres nos rodeó y empezaron a tirarnos de la ropa y de las mochilas pidiéndonos plata. Yo quería llorar. Como pudimos, conseguimos una habitación en un hotel mugriento. Me pasé una semana enferma. Triste, descompuesta y dudando de haber tomado la decisión incorrecta. Pero ya estábamos ahí. Habíamos volado desde Buenos Aires y no teníamos fecha de regreso. Decidimos tomar coraje y darle una nueva oportunidad a India. Sacamos un boleto de tren hasta Amritsar, la frontera con Pakistán.

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De aquel día pasaron más de tres años. Tres años en los que estuvimos viajando alrededor del mundo. Hasta el momento, recorrimos más de cuarenta países en tres continentes: América, Europa y Asia (nuestro favorito).

presentación - aktau - kazajistan -8Tres años donde conocimos infinidad de personas, de historias, problemáticas sociales, modos de pensar, distintas religiones y distintos modos de vivir. Donde aprendimos historia, geografía, religión pero donde, sobre todo, nos enfrentamos a la cantidad de prejuicios y desconocimiento que tenemos. Pero en estos tres años no solo viajamos de un lugar a otro, de un país a otro, sino que, también, escribimos sobre nuestro viajes. Documentando todo lo que vimos para que quienes no pueden viajar, si lo hagan desde la comodidad de sus casas. Escribimos, también, para achicar distancias culturales. A fin de cuentas, sólo conocemos el mundo a través de los diarios y la televisión y ellos nunca dicen la verdad.

Por ejemplo, de los países en vías de desarrollo recibimos solamente malas noticias. Unas de las cosas buenas de ser escritores de viaje es que podemos dar buenas noticias de lugares como Bangladesh o Bosnia y Herzegovina (que suenan como países terroristas). Ellos son personas como nosotros, amán, sueñan, llorar, ríen, festejan. Las diferencias culturales son algo mínimo pero nos hacen creer que es el todo.

Sí, lo primero que aprendimos en estos tres años de viajes es que a los países los hacen las personas que en ellos habitan. Nos pasó en Europa, cuando estábamos a punto de cruzar a Rusia en pleno conflicto con Crimea. Todos nos decía que Rusia era peligroso, que nos iban a secuestrar y a matar. ¡Que no vayamos por nada del mundo!

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En total estuvimos casi tres meses en Rusia; Cruzamos desde San Petersburgo hasta Mongolia. Más de 6.000 kilómetros donde casi exclusivamente hicimos dedo (autostop). Nadie nos mató, ni nos secuestró. Al contrario, el pueblo ruso fue uno de los más hospitalarios. Son buena gente pero con muy mala prensa internacional.

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La gente de los distintos países está dispuesta y orgullosa de mostrarte su cultura. Los niveles de hospitalidad que uno recibe en la ruta son increíbles. Sobre todo en países que están catalogados como “Ahí no hay que ir”.

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Nosotros no viajamos de manera superficial. Tratamos de meternos en cada destino y no somos los únicos. Cada vez es más la gente que se toma el viaje como un estilo de vida y no como un simple plan de vacaciones dos semanas al año. Podemos decir que no viajamos por las fotos, ni para sacarnos una selfie, viajamos para aprender a ser mejores personas.

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Pero no siempre nos va bien en el viajar. Muchas veces nos encontramos en situaciones peligrosas donde tuvimos miedo. Ante cualquier situación complicada o que nos sentimos inseguros siempre tenemos un arma que nos protege y que hasta ahora nos va muy bien: SONREÍR.

También confiar en el instinto. Cuanto más lo usamos, más aprendemos a escucharlo. Viajar es fácil, en lugares remotos no hay que entrar en pánico, simplemente hay que rodearse de buena gente y ver que la gente en todo el mundo va a tratar de ayudarte y no de lastimarte.

En resumen, podemos decir que viajamos para

√ Aprender: Historia, cultura o religión, por ejemplo. Aprendemos de las cosas buenas de cada país y tratamos de implementar en nuestro día a día y también, aprendemos de las cosas malas. Tratando de evitarla y cambiar.

√ Conectarnos: Con nosotros mismos, con la naturaleza, con las personas.

√ Sorprendernos: Viajando descubrimos todo un mundo nuevo del cual no teníamos idea.

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Viajar, por su parte, atenta contra nuestro etnocentrismo. Nos muestra que no somos los únicos, ni los mejores. Que nuestro país no es el ideal, que nuestras políticas internacionales no son buenas, que nuestro empleo es malo, etc. Nos demuestra que las cosas no son como creemos que son. Viajar nos obliga a cambiar el chip básico de la vida. Y para eso la empatía es primordial, conocer al otro, comprenderlo y no juzgarlo sólo por ser distinto.

Durante el viaje hicimos cosas que nunca creímos que íbamos a hacer, conocimos personas que nos cambiaron y vivimos cosas que vamos a recordar por el resto de nuestras vidas.

Mucha gente cuando le contamos de nuestra historia nos dice: “Oh, yo quiero viajar tanto como ustedes”, y la realidad es que la mayoría de nosotros en este recinto, en realidad, puede hacerlo. El mundo no es un lugar peligroso como nuestras familias, los medios y la sociedad nos hace creer. Se necesita tiempo, que es algo que todos tenemos. Y es mentira que se necesita coraje, simplemente un poquito al principio para comenzar. Tampoco se necesita ser millonario ni gastar miles de dólares. Los gastos se resumen en tres grandes grupos. Transporte, comida y alojamiento. Si se lleva esos gastos a un mínimos aceptable (para uno mismo) puede llegar a ser más barato que vivir en tu propia ciudad. Para eso se necesita ingenio: La necesitad es la madre de las invenciones.

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Pero viajar también tiene su parte negativa, por eso no es para todos. Uno a veces extraña, se siente solo (por más que viajemos acompañados), uno se enferma, hace mucho calor o mucho frío. Si uno supera eso y sale a la ruta con ánimos entonces significa que la ruta es el camino.

presentación - aktau - kazajistan -14Los viajes dependen en definitiva de la gente que uno conoce. Playas paradisíacas, fiestas o paisajes increíbles no se disfrutan si uno no conecta con la gente adecuada. La mejor manera de describir un paisaje es a través de la gente que lo habita. Y estas cosas pasan cuando uno deja la comida del sillón, apaga la televisión y empieza a vivir la realidad por si misma.

Cruzamos Rusia de punta a punta, estuvimos en el desierto de Gobbi, en la muralla China y en el Tíbet. Descansamos en las playas de Tailandia y tomamos el café más rico del mundo en Vietnam. Nos tomamos un barco por cinco días para ir a las Islas Andamán, estuvimos un año en India viviendo en monasterios y con monjes budistas, nos bañamos con elefantes y aprendimos a comer con las manos en Bangladesh y con palitos chinos en China. Estuvimos tres veces en Kazajistán y recorrimos la ruta de la seda. Estuvimos en Europa, cuatro meses yendo desde Croacia hasta Estonia. Reconstruimos la antigua Yugoslavia, y la ex – Checoslovaquia. Ahora, estamos recorriendo la URSS y luego, Irán. Nos gustan los viajes cargados de historia, de política y nos apasionan los destinos/lugares no comunes. Viajamos por países ricos y por países en desarrollo, viajamos en primera clase de trenes súper rápidos y viajamos a dedo. Dormimos en carpa y en hoteles de cinco estrellas. Comemos con las manos, con palitos chinos y cubiertos de plata. Nos adaptamos, nos flexibilizamos.

Viajar, hoy para nosotros, es sinónimos de vivir. Nuestra vida es el viaje, por que a fin de cuentas, es el modo que encontramos de sentirnos vivos. Y en el peor de los casos, es el modo de juntar una buena cantidad se historias para contarle a nuestros futuros hijos cuando se vayan a dormir.

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Mientras escribimos el libro (II) – Kodaikanal

-Yo lo que extraño es la comida. Una buena pizza de la calle Corrientes, aceitosa y con mucho queso acompañada de una cerveza bien fría. ¿Qué? ¿No probaron las pizzas en Buenos Aires? Tienen que volver. Por eso sólo tienen que volver.

– Sí, la comida y un buen vino. Pero yo lo que más extraño es esto. Hablar en español, entendernos, el calor latino. Afuera encontrás gente simpática pero son fríos. Siempre marcan una distancia.

-¡Lili, bajá la música que no se escucha nada! Yo aún no sé que extraño de Bogotá, acá estoy tranquilo pero sí, estoy de acuerdo, no es lo mismo.

-Yo, yo lo que más extraño de mis años en Chile es a la Negra Sosa.

Se hizo un silencio y todos nos quedamos mirando a James. Es indio, petiso y con bigotes, es de Chennai y habla un español perfecto. Era sacerdote, vivió casi quince años en Chile en la década de los ochenta. En los años del horror, en la época de los curas tercermundistas y de la opción por los pobres. Dejó los hábitos y hoy es profesor de filosofía en Kodaikanal.

Éramos pocos alrededor de la mesa, seis completos desconocidos pero con algo en común. Todos estábamos lejos de lo que llamamos casa u hogar. Extrañábamos y hablamos español.

Se abrió una nueva botella de cerveza y Lili trajo más papas fritas a la mesa. Me levanté para ayudarla a preparar lo que faltaba. Servimos los pochoclos, el maní y las aceitunas. Con complicidad en la cocina me dijo que no saben cuánto tiempo más van a estar en India. Yo por mi parte le pregunté por las servilletas y por los vasos que faltaban. Hace mucho que no estaba de invitada en una casa ajena ayudando a poner la mesa.

-Uy!, sí. Ídola Mercedes. Yo también la admiro mucho -Dijo el colombiano.

-La canción que me gusta es esa que dice… – James Intenta recordar mientras mueve los dedos buscando la letra en algún lugar de su memoria.

La letra no aparece y empezamos a arriesgar ¿Gracias a la vida? ¿Alfonsina y el mar? ¿Zamba para olvidar? Esa es mi favorita.

Hallazgo.

-Cambia todo cambia – Dijo el indio chileno.

Daniel se pone de pie y busca la computadora. Además el cargador y los parlantes. Youtube. Tipea: Mercedes Sosa Todo Cambia.

Cambia lo superficial
Cambia también lo profundo
Cambia el modo de pensar
Cambia todo en este mundo

Cambia el clima con los años
Cambia el pastor su rebaño
Y así como todo cambia
Que yo cambie no es extraño

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Los seis extraños estábamos serios. Mirando la pantalla, y no por la pantalla en sí que sólo mostraba una imagen estática de La Negra sentada con un poncho y un micrófono sino por todo lo que esa computadora evocaba. Daniel abrió otra pestaña y buscó, también en Youtube, paisajes de Argentina. “Para ver algo mientras suena la canción”, aclaró.

Daniel es español y nos conocimos gracias a la magia del Couchsurfing. Le preguntamos si nos podía alojar durante un par de días en Kodaikanal, un pueblo de montaña en el sur de India. Dijo que sí y nos ayudó en la búsqueda de una casa para alquilar. Queríamos buscar algo para estar un mes quietos y escribiendo. La casa no apareció pero si una invitación a un encuentro de latinos en la casa de unos colombianos. Habíamos comprado cervezas y chocolates para llevar.

Cambia el más fino brillante
De mano en mano su brillo
Cambia el nido el pajarillo
Cambia el sentir un amante

Cambia el rumbo el caminante
Aunque esto le cause daño
Y así como todo cambia
Que yo cambie no es extraño

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-Ese lugar es hermoso. Si vuelven a Argentina tiene que ir a esa parte. San Juan, La Rioja, Catamarca. – Dijo Lucas mientras la pantalla mostraba unas imágenes del Valle de la luna. Tiene que buscarse una peña, escuchar música en vivo, tomarse un buen vino.

Cambia todo cambia
Cambia todo cambia.

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La canción se acabó.

-Che, ponete otro tema.

-¿Cuál?

-Cualquiera de Mercedes Sosa está bien – dije.

-¿Y cómo conoceis esa música? Vosotros sois muy jóvenes. – Dijo el español.

-Por mis viejos – Lucas retoma la palabra- Viajamos mucho por Argentina. El mate y la música nunca faltaron.

Me tocaba responder a mi. Y los sentimientos me jugaron una mala pasada.

-Por mi papá. Tocá la guitarra muy bien. Más de una noche de verano, en el patio de mi abuela, se ponía a tocar y nos acostábamos tarde por escucharlo. Y con un nudo en la garganta me fui a buscar una cerveza a la heladera.

-Poné esta: “Zamba de mi esperanza”. – dijo Gustavo.

-Buscá la versión de Cafrune – agregó Lucas.

El clima había cambiado por completo. ¿De qué parte son? ¿A qué te dedicabas en Colombia? ¿Cuánto tiempo llevan viajando? ¿Te gusta India? Las preguntas de rutina iban quedando atrás. Ahora se tejía otro tramado. Mucho más fino y que tocaba hilos muchos más delicados: el estar lejos.

Las cervezas corrían, la música también. Cada canción habría un cajón más del armario de los recuerdos. Hablábamos de nuestras ciudades, nuestras familias, de todo lo que estaba a más de 15.000 kilómetros y del otro lado del océano. Hablamos del clima, de la diferencia horaria, de las costumbres. De Cristina y de Santos, de Rajoy y de Macri. De la iglesia y del Papá, al cuál Jaime llamaba “Jorge” cariñosamente. Estábamos en India pero ninguno de los seis estaba en el país de los hombres que usan turbante, se dejan crecer el bigote y las vacas caminan por las calles.

Gustavo se levanta y vuelve con una botella. “Me lo regalaron y aún no lo abrí”. La etiqueta amarilla era pintoresca. Se trataba de un whisky de Bután.

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En los mismos vasos de la cerveza que se había acabado sirvieron el whisky. Era muy fuerte. Según el indio chileno se parecía al Jack Daniels. Lucas dijo que tenia razón.

Música, recuerdos perdidos de nuestros días en Buenos Aires y un estar lejos que se hace cada vez más fuerte.

-¿Sabés que tema argentino me gusta a mi? Buscá “Duerme negrito” con la introducción de Atahualpa Yupanqui – Dijo el colombiano, amante de la música argentina.

Y ese fue el golpe bajo para los seis extraños que ya no éramos tan desconocimos. Teníamos bastantes cosas en común, quizá el sueño de una Patria Grande, un legado común, una historia parecida, una sangre sudaca que corré con orgullo. Una familia lejos, un estilo de vida parecido. Un dilema compartido.

Ya era tarde, en breve iba a amanecer. El whisky también se había acabado. Emprendimos el regreso. Nos despedimos con un abrazo. “Mi casa es su casa” nos dijo Gustavo.

Nos fuimos a acostar angustiados. El whiskey nos había dejado un mal sabor en la boca y en el corazón. La música y sus letras seguían dándome vueltas en la cabeza. La duda existencial por saber si irnos de viaje fue una buena idea me acorralaba. No podía parar de pensar en el egoísmo del estar lejos, en el malestar de los que nos extrañan, en el nuestro que extrañamos el doble, en el deseo de conocer el mundo.

-¿Por qué hicimos todo esto? Le pregunte a Lucas que ya se había quedado dormido.

-“Para salvarnos”. Me respondió con entresueños.

Ahora que lo pienso, creo que faltó un tema más: Nostalgias, el tango de Cadícamo. – Le dije.

Porque cada vez estoy más convencida de que viajamos generando nostalgias a nuestros pasos. Y ese, es un sentimiento mucho más común de lo que se cree. Esa noche sin lugar a dudas nos juntamos con un solo motivo: dejar atrás nuestras nostalgias.

Repitiendo el mal sabor del whiskey nos fuimos quedando dormidos. Supongo que los seis, esa noche, soñamos con nuestras mamás cantándonos “Duerme duerme negrito, que tu mama está en el campo, negrito”.

***

Extrañando Argentina

“Primero hay que saber sufrir 
después amar, después partir 
y al fin andar sin pensamiento.” 
Homero Expósito

Estamos lejos. Tartu, ciudad de Estonia, está a poco más de 12.000 kilómetros de Buenos Aires, y nuestra cabeza y nuestro cuerpo se encuentran yendo y viniendo entre tantos países y océanos. Extrañar, esa es la cuestión. Volar a Argentina, una ilusión que nos mantiene en vilo.

Alguna foto en Facebook de un evento familiar, ver a los sobrinos crecer, amigos que se casan y quedan embarazos, ganas de tomarse un mate calentito e incluso escuchar “Libertango” de Piazzolla en alguna calle de Praga son hechos que estremecen el corazón. Por el tango acá pega fuerte. Sea una milonga en alguna plaza de Zagreb en Croacia o algún tema de Gardel interpretado por músicos callejeros, Argentina nos llama a cada rato.

Milonga de domingo a la noche

Milonga de domingo a la noche

¡Qué complejo el ser humano! Rara vez nos coincide el cuerpo y al mente en un mismo lugar. No es que no queremos estar viajando, pero simplemente estos últimos días nos sentimos más lejos de Buenos Aires que otras veces.

Nos pasa al subirnos a cada auto que nos levanta mientras esperamos en la ruta, basta decir que somos de Argentina para que la magia empiece a fluir. Primero nos miran con extrañamiento y después se vienen todas las asociaciones: qué el asado, que los paisajes, que la gente. Algunos lo asociación con la versión Madonna de Evita, otros con algún programa de Guido Kaczka que vieron en la televisión un domingo a la mañana y la mayoría con la música. Parecería que todos saben que Argentina es grandiosa y que nosotros estamos lejos. Es que sí, Argentina es grandiosa y todos lo saben. La fama ya está hecha.

¿Qué extrañamos? Curiosamente, todo y nada. Nos comeríamos unas buenas empanadas en Tucumán, caminaríamos por los senderos de la patagonía y comeríamos churros en la costa atlántica. Cenaríamos con amigos, e incluso disfrutaríamos de la bocinas cerca del Obelisco. Pero estamos en los Bálticos, encarando para Rusia.

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Todos nos preguntan por nuestro país. Todos parecen tener ganas de ir en algún momento. Qué decirles… Y ahí nos emocionamos hablando (y más con algunas cervezas encima). Nos pasó con unos amigos de Turquía caminando por Riga, Letonia. Cruzamos la calle, adelante una explanada y dos chicas tocando el violín. Sonaba “Por una cabeza”. La sangre bulle, estando tan lejos escuchar algo tan cercano es casi mágico. Y la emoción surge a flor de piel. Por que los argentinos somos eso, manojos de emociones condensadas. ¡Pobres turcos! Una hora los tuvimos hablando de Argentina, de lo que se puede hacer, de las callecitas, de que comer, de que tomar, de los argentinos, de alguna milonga, de una peña, de asado del domingo, del vino.

Música callejera

Música callejera

Alguien nos preguntó luego de contarle que conocíamos más de 30 países cuál era nuestro favorito. Imagínense ustedes mismo la respuesta…

Cuando uno está de viaje, un encuentro con otro argentino es una alegría enorme. Es hablar rápido, abrazarse, sentir que nos conocemos de toda la vida sólo por extrañar juntos uno buena pizza de Güerrín.

Pero a pesar de extrañar, elegimos seguir viajando. La vuelta a casa está lejos todavía. Mientras, nos refugiamos en nuestro mate, en los tangos que suenan en las calles de Europa y en los encuentros entre argentinos. A fin de cuenta, son puentes invisibles que nos llevan y nos traen de casa una y otra vez. Estar en casa, hemos descubierto, es un estado interior.

lavandas

Varsovia con acento rioplatense

Varsovia, podría representar múltiples sentidos. Podría ser muchas cosas. Algunas más alegres que otras, algunas más tangibles que otras.

Vista panorámica de Varsovia

Vista panorámica de Varsovia

Varsovia podría ser:

  1. La ciudad del gueto. Allá se construyó uno de los primeros guetos judíos en la época de la Alemania nazi. También uno de los más grandes.
  2. La ciudad de la que salían trenes repletos de personas rumbo a distintos campos de concentración y exterminio. Siendo Auschwitz uno de los más famosos.
Sitio por el que pasaban las paredes del gueto de Varsovia

Sitio por el que pasaban las paredes del gueto de Varsovia

  • La ciudad en la cual los judíos se revelaron en el ‘43. Intentaron oponerse a lo temible de las deportaciones. El levantamiento duró poco.
  • La ciudad dónde vivió el pianista del gueto de Varsovia, sea el libro, la película o la canción de Jorge Drexler. El famoso pianista existió.
  • Pero no solo los judíos eran deportados. Gitanos, polacos, católicos, todo daba lo mismo. La raza aria era sólo una y ellos no tenían lugar. Los polacos no-judíos también eran confinados a fábricas y trabajos insalubres o en el mejor de los casos, al exilio. También se rebelaron, en el famoso “Levantamiento de Varsovia” en el ’44. Supusieron que al combatir contra los alemanes iban a contar con el apoyo de los rusos que ya estaban en tierras polacas. Pero no, los soviéticos miraron el levantamiento sin intervenir. Dejaron que los polacos peleen solos. Los otros aliados tampoco les dieron mucha ayuda. Las armas que consiguieron los polacos fueron demasiado pocas frente al poderío nazi. El levantamiento duró varias semanas, las cifras de muertos fue muy alta. Hitler, al enterarse de la revuelta, ordenó destruir la ciudad por completo, eso incluyó a todos los habitantes.
Con ese brazalete se identificaban a los polacos

Con ese brazalete se identificaban a los polacos

  1. En la época de la división de Polonia, Varsovia paso a ser parte de Alemania. Hitler y Stalin firmaron un acuerdo dónde pacíficamente se dividían las tierras polacas entre ambos regímenes. Ahí empezó al segunda guerra mundial.

Varsovia - Polonia -12

  • Una ciudad hermosa, pero que fue totalmente bombardeada. Salvo el barrio de Praga, dónde ahí quedan algunas construcciones de antes de la guerra.
Un altar que sobrevivió a la guerra

Un altar que sobrevivió a la guerra

  • Varsovia podría ser la ciudad dónde nació Copérnico o Chopin.
Estatua de Copérnico

Estatua de Copérnico

En la catedral descansan los restos de Chopin, o eso dicen

En la catedral descansan los restos de Chopin, o eso dicen

  1. La ciudad dónde vimos a Kapuscinski. Ese escritor reportero polaco que nos inspiró a viajar y a ver el mundo con otros ojos. A él lo vimos en los ojos de decenas de polacos y también lo vimos en el cementerio. Dudamos si llevar flores o no. Ir a ver a alguien al cementerio es raro, más si es alguien que uno no conoció personalmente. Pero a Kapuscinski no se le llevan flores. Si a Jim Morrison se le llevan cigarrillos, si a la difunta correa le llevan botellas de agua, a Kapuscinski se le llevan biromes.

Varsovia - Polonia -16

  1. La primer ciudad de Polonia que conocimos. Totalmente arbitraria. Podríamos haber llegado a Cracovia o a cualquier otra ciudad polaca.
El centro de Varsovia

El centro de Varsovia

  1. Una ciudad muy amigable, con un gran centro peatonal reconstruido exactamente igual a como estaba antes de la guerra. Tal es así, que hoy en día es patrimonio de la Unesco. Una ciudad con palacios, puentes, mercados, plazas y muchas iglesias y catedrales.
El casto histótico

El casto histórico…

... y divertidas ventanas

… y divertidas ventanas

Varsovia - Polonia -8

  • La ciudad de la sirenas. La sirena es el símbolo de la ciudad, cada varsoviano tiene una versión diferente del origen, pero todos coinciden en que esa sirena es la protectora y guardiana de la ciudad.

Varsovia - Polonia -11

  • Una ciudad dónde cada tantos metros hay un piano en la calle, y los más probable es que algún pianista esté tocando alguna música de Chopin.
Los recitales gratuitos convocan a muchísima gente

Los recitales gratuitos convocan a muchísima gente

  • Podría ser la ciudad que aún conserva un inmenso regalo de los rusos: el Palacio de la cultura y la tecnología. Un edificio impresionante, replica del Empire State de Nueva York. Uno de los emblemas de Varsovia pero del cual los polacos no querían saber nada.

Varsovia - Polonia -5

Pero Varsovia fue otra cosa para nosotros. Nos cuesta pensar en Varsovia únicamente en términos polacos. No estamos hablando de guerra ni de ocupaciones, sino que nuestra estadía fue un volver al Río de la Plata.

Nos alojamos en la casa de P&E, a quienes conocimos por Couchsurfing. Dos enamorados de nuestro país, que no sólo viajaron varias veces a Sudamérica sino que hablaban un español perfecto con acento rioplatense. “Che, boludo, laburo” son parte de su vocabulario, mate y dulce de leche, parte de su dieta.

Gaseosa a base de yerba mate

Gaseosa a base de yerba mate

Habíamos llegado a Varsovia buscando la reconstrucción de un pueblo que perdió todo lo que tenia en la guerra, buscando su pasado comunista y su frágil relación con los rusos, buscando a Kapuscinski y a sus huellas. Lo que no esperábamos encontrar en Varsovia era un puente de 12.000 kilómetros que nos lleve en unos instantes a otro continente, a casa. Pasamos de comer unos pierogi (típica comida polaca, parecidas a unas empanadas hervidas) a mirar 25 watts (película uruguaya). De ver todos los carteles en polaco y no saber ni como pronunciarlos a hablar con un poco de lunfardo.

Más que de Chopin y de Juan Pablo II, nosotros hablamos del Chango Spasiuk y de Maradona.

Pateamos bastante por la capital polaca, sea por sus museos o por el casco histórico, intentando reconstruir algo de lo que allá pasó, pero no vamos a mentirles, para nosotros, Varsovia tiene acento rioplatense.

Varsovia - Polonia -2

Patagonia atlántica: safari marino

Si bien nuestro encuentro con las ballenas en Puerto Madryn nos pareció onírico y mitológico, solo fue una parte de nuestro viaje por la costa atlántica patagónica.

Las Grutas

Llueve y hace frio. Tenemos puesto todo el abrigo que trajimos y las esperanzas de pasar un día de sol en la playa se desvanecen con cada soplido del viento. El cielo gris se camufla con la línea del horizonte sobre el mar, que también parece gris.

Nos recomiendan visitar San Antonio Oeste y también el Este. Por allá también llueve. Los mates se lavan, los libros se leen y el cielo sigue gris, como el mar.

Patagonia

Las playas de San Antonio

Puerto Madryn

Como si fuese sincronizado, una vez que salimos a la ruta 3 salió el sol. La ciudad nos parece pintoresca. La playa, la costanera y muchísimas personas haciendo deporte. La ciudad se recorre caminando, siempre con un mate bajo el brazo. Entre partidos de cartas y lecturas pérdidas fuimos sintiéndonos cada vez más cómodos. Pocas son las ciudades que nos inspiran pensamientos como “debe estar bueno vivir acá” y Puerto Madryn fue una de ellas.

Patagonia

El muelle de Madryn

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Atardecer en Playa Cantera

Nuestro enamoramiento alcanzó su esplendor cuándo nos recomendaron visitar Playa Cantera, a unos cinco kilómetros de El Doradillo. Allí tuvimos un mágico encuentro con ballenas y sus crías.

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Península Valdés

La península, como a cualquier otro, nos llamaba muchísimo la atención. Quizá por su accidentada geografía, por su flora o por su fauna. Con bufanda y anteojos de sol salimos a recorrerla.

Más de trescientos kilómetros de ripio con paisajes lindísimos a ambos lado de la ruta. Ovejas, guanacos y alguna que otra liebre patagónica se cruzaban delante nuestro marcando el paso.

Paisajes de la Peninsula

Paisajes de la Peninsula

Ovejas y corderos

Ovejas y corderos

Liebre

Liebre

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Guanacos

Patagonia

Y una limitada señal de celular

Fue en Punta Delgada dónde hicimos la primera parada. Un pintoresco faro y una bajada hasta la playa. Para nuestra sorpresa nos encontramos con varios harenes de elefantes marinos que se acercaban a la costa por estar en temporada de apareamiento.

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Elefante marino en Punta Delgada

Los elefantes marinos de sur se caracterizan por su trompa colgante y por el gran tamaño de sus machos. Son estos quienes llegan primero a la costa para ir marcando territorio mientras esperan a las hembras. Quién conquiste la porción de tierra más grande será quien más hembras tenga en su harén. Las hembras van llegando de a poco a la costa. Tuvimos la suerte de poder ver muchas crías de pocos días de vida en compañía de sus madres.

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Mamá y cría

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Macho dominante

Rawson

Rawson no es una ciudad atractiva, es discreta, no le gusta llamar la atención. Tiene el perfil bajo y la mirada puesta en el mar. El puerto nos recuerda nuestras tempranas vacaciones en Mar del Plata. Quizá por las embarcaciones amarillas y con nombres tan curiosos, o por las gaviotas que sobrevuelan el muelle o quizá por la infinidad de lobos marinos que encontramos.

Patagonia

Patagonia

Cualquier semejanza con la rambla de Mar del Plata es pura coincidencia

Fuimos para allá con un solo objetivo, ver las toninas overas. Una especie única de la zona que pertenece a la familia de los delfines y que luce los colores blanquinegros de las orcas. Con chalecos salvavidas puestos decidimos embargamos. El viento combinado con el oleaje habilitaba que el azul del cielo se entremezcle con el azul del mar en cada giro que daba el gomón.

A las toninas las vimos pasar, saltar al lado de la embarcación y perderse con cada ola; siempre en grupitos de 2 o 3. Entre nuestra sorpresa y el movimiento del barco no logramos sacarles ninguna foto. La decisión era fácil, o las veíamos en vivo y en directo o nos escondíamos debajo del visor de la cámara. Optamos por la primera

Punta Tombo

Fue una parada extra que no coincidía con nuestro planes pero si con nuestras ganas de ver a los Pingüinos de Magallanes. La ruta 3 nos sigue maravillando. Zonas de elevaciones y pendientes y a lo lejos ese mismo mar azul que nos indica el camino a tomar. Se acaba el asfalto y volvemos al ripio.

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El rojo de las rocas de Tombo contrasta con el mar y la tupida vegetación. A lo lejos vemos miles, si miles, de puntitos que caminan con las patas abiertas y con aletas de costados.

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Pasto, mar, pinguinos y guanacos…

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… entre otros

Ilusos nosotros que creíamos que íbamos a encontrar 10 pingüinos como mucho.

Los pingüinos llegan a finales de Septiembre para aparearse y encubar sus únicos dos huevos que ponen por temporada. Durante los 40 días de apareamientos se turnan entre la pareja para alimentarse y cuidar el nido de los depredadores naturales.

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Pinguineras

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Patagonia -26

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Arrumacos

Mientras recorríamos la reserva la prioridad de paso la tenían ellos: los pingüinos que se cruzaban delante nuestro sin apenas percibir nuestra presencia.

Bastaba alzar la mirada para observar la playa cubierta de nidos y de puntos negros, un campo minado que se rompía con la presencia de algún que otro guanaco y con grito de un pingüinos que aún no había encontrado pareja. Rituales de cortejo y la sensación de estar en un escenario de ensueño.

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Hasta en las casas!

Gaiman

Cíclicamente el viaje ya llegando a su fin. Gaiman es nuestra última parada. A unos pocos kilómetros de la capitalina ciudad de Trelew, Gaiman aún se adjudica haber recibido a Lady Di hace más de 20 años.

Ciudad galesa solo desde mediados del 1800 cuando numerosas familias llegaron a poblar la Patagonia desde el lejano Gales en el Velero Mimosa.

Un 28 de Julio

Un 28 de Julio

Casas de té gales con banderas de dragones que se mezclan con plazas y calles de polvo y pueblo. Hace más de 200 años nuestros Tehuelches fueron cediendo lugar ante las colonias de inmigrantes que fueron llegando. Hoy, la cultura de estos inmigrantes, es el atractivo turístico de la zona.

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Esquina de barrio

A lo largo de la ruta 3

Argentina y su inmensidad no deja de sorprendernos. Todo el contorno marítimo propone una visión distinta de la inmensidad y la naturaleza. Cómo si todo se hiciese más grande, y nosotros más chicos. Cada kilómetro más al sur nos hacía más chicos, y en vez de asustarnos y retroceder, el camino nos invitaba a seguir. Pero, esta vez, decidimos volver y hacer otro uso de nuestro tiempo. A fin de cuentas, uno debe hacerse cargo de las decisiones que toma.

 Patagonia

Onírica y mitológica ballena

“El contenido del viaje ya no importa, ahora solo son vínculos tramados con el mundo que nos rodea. Las cosas no se muestran ya tal cual son, sino tal cual quieren ser.”

Los 1.400 kilómetros hicieron de preámbulo de la película que pronto se iba a proyectar. Cada curva de la ruta nos permitía contemplar un paisaje distinto, casi tendenciosamente. Una garza que nos mira desde un badén con agua, música y los kilómetros de la ruta 3 en aumento.

El GPS anuncia que estamos en Puerto Madryn. Los paisajes de la ruta se condensan en el espejo retrovisor y con una sonrisa cómplice ponemos la luz de giro. Vemos el mar azul, una vez más.

Así fue que entramos en un mundo paralelo, casi onírico. El fondo escénico se transforma y devenimos en otro viaje perceptivo. Un viaje visual que nada respeta de temporalidades y capacidades conscientes. La atención está puesta a nuestro alrededor y nosotros sólo somos artilugios de otra lógica dónde todo ocurre en simultáneo y a la vez. El contenido del viaje ya no importa, ahora solo son vínculos tramados con el mundo que nos rodea. Las cosas no se muestran ya tal cual son, sino tal cual quieren ser.

Ante semejante guiño del destino no pudimos hacer otra cosa más que asentir. Puerto Madryn se convirtió en un universo simbólico que sólo pudimos comprender regresivamente, cuándo ya había quedado atrás en la línea del tiempo y del destino.

Lo primero que vimos fue el mar. Un mar que se nos presentó como si fuera la primera vez que lo veíamos. Sabíamos que hace mucho que no sentíamos su ritmo ni su oleaje ni su marea, pero también es cierto que buena parte del año pasado lo pasamos cómo sus rehenes. Y ahora lo volvíamos a tener ante nosotros. Infinito. Azul. Inmenso y profundo ¿Sería el mismo mar que tantas veces habíamos visto? ¿Seríamos nosotros los distintos? Y ahí estaba, esperando. Invitándonos a perdernos en su infinita melodía, en su compás de idas y vueltas, en su cíclico movimiento. Podríamos pasar horas sentamos frente al mar, simplemente mirándolo. Cerrando y abriendo los ojos una y otra vez solo para comprobar que él estaba ahí. Mientras, las piedras de arena se desarmaban entre nuestras manos que no dejan de transpirar.

Y en ese mar de sinsentido se construye nuestro viaje.

Tan absurdo como suena, fue en esa espesura azul donde vimos elevarse un ser gigantesco. Su callosidad se entremezcla con miles de gaviotas que ofician de mensajeras entre nuestro mundo y su universo acuático. Su resoplido en forma de V y un aletazo sonoro que nos desconcierta. Un ser mitológico se posa ante nosotros. Y no es uno, sino varios. Madres y crías bailan en ese mar azul y nosotros no damos crédito a lo que vemos. Ballenas monumentales a escasos metros de la costa. Y una sensación de estar atravesados por una realidad que excede al mundo fáctico.

Ballena - Puerto Madryn

Ballena - Puerto Madryn

Ballena - Puerto Madryn

Ballena - Puerto Madryn

Soplido

La naturaleza en estado libre es una invitación constante. Los elementos se desplazan y el tiempo pierde valor. El mundo material pierde valor. Todo se desmorona salvo la ballena. Su giros en el agua, sus 16 metros de largo más sus 40 toneladas nos hacen perder el criterio de realidad. Lloramos y reímos. Nunca vimos nada igual y solo estamos a 1.400 kilómetros de casa. Solo falta que suene Piazzola de fondo para que la imagen termine de constituirse como perfecta.

Ballena - Puerto Madryn

Las ballenas parecen desfilar para nosotros. La marea crece y cada vez están más cerca. Sentimos el impulso de su llamado, las ganas de caminar en dirección al mar, de tocarlas, de sentirlas pero ellas se escapan. El sol se pone, el cielo se tiñe de celeste rosado y las algas verdes de la costa recuperan su florescencia. La ballena franca austral sigue ahí, a 5 metros. Parece encallada. Viene su cría, las dos resoplan y asoman su callosa cabeza. Una cola, dos aletas y a lo lejos vemos otro grupo. Son muchas, muchísimas y están ahí, tan cerca. Las palabras no alcanzan para describir lo vivido. Las palabras nunca alcanzan, sólo quedan imágenes que se superponen unas a otras.

El contenido perceptivo deviene recuerdo. Efímero. Del viaje onírico, a la distancia, sólo queda una sensación de ensueño. La posesión duradera de ese ser mitológico que desvela la pequeñez humana. El fracaso del hombre ante el logro de la naturaleza.

Ballena - Puerto Madryn

La ciudad de fondo

De vuelta en Buenos Aires el viaje se construye bajo una temporalidad que poco sabe de kilómetros y de horas. La imagen de la ballena saltando es tan real como el agua que salpica y como el viento frío que despeina. La mitológica ballena pasó a ser un caracter más del mundo de nuestra memoria. Encubriendo un viaje que aún esta por contarse, cómo una huella que debe elaborarse.

Ballena - Puerto Madryn

Volver a viajar

Volver a viajar. Por más corto que sea el viaje, por más cerca que esté el destino es volver a ponernos en movimiento. Meter dos remeras en un bolso, cargar el termo con agua caliente, ponernos las zapatillas de montaña y nada más.

Esa ansiedad, producto de la incertidumbre de no saber con que nos vamos a encontrar, nos hace resurgir muchísimos sentimientos que se fueron acomodando en el fondo de nuestros seres. Cómo si la quietud y la cotidianeidad de Buenos Aires nos hayan hecho olvidar de las sensaciones que nos invadían al estar de viaje. Prácticamente ya ni nos acordábamos que se sentía cuando uno viajaba. Teníamos que hacer memoria. Pero no hizo falta más que un par de kilómetros en la ruta para que todo vuelva a fluir.

Mítica ruta 3

Mítica ruta 3

Ruta 3 Argentina Viajar-3

Esta vez viajamos al sur, a la costa atlántica patagónica. Un destino que siempre nos llamó la atención, quizá por su inmensidad o por ser la zona más desértica de nuestro país. El saber que nos íbamos a encontrar con los gigantes del mar también sumaba puntos. Además era un viaje en familia que teníamos proyectado desde hace mucho tiempo.

Para nosotros viajar es sinónimo de adaptación. Viajar supone asombrarnos y adaptarnos al entorno que excepcionalmente nos rodea. Hay tantos modos de viajar como viajeros posibles y cada forma es única y correcta.

Esta vez (y con un poco de ayuda) viajamos en auto. Un hábito que teníamos, también, un poco olvidado. Desplazarnos por tierra siempre nos gustó más que viajar en avión. Será más lento e incluso tedioso pero nos permite ir observando y percibiendo las variaciones de la paisaje, de la gente, de las costumbres e incluso del tiempo y del espacio. Salir de la convulsionada General Paz e ingresar en la infinita ruta 3 fue un transformación que no nos paso desapercibida. Las rutas yendo al sur de Buenos Aires empiezan a mostrar una Patagonia despoblada y vacía. Nada a los costados y miles de kilómetros para adelante. Es una ruta que fácilmente invita a reflexionar. Como si el constante movimientos de líneas blancas en el asfalto determinara un patrón de pensamiento. O quizá fue la falta de estímulos que tanto nos agobian en Buenos Aires

Y viajar, a nosotros, nos permite ponernos en perspectiva. Nos invita a pensar. Cebamos un mate, paramos a sacar una foto y la rutina de Buenos Aires de a poco va quedando atrás. Uno se va conectando con los tiempos del viaje. Tiempos que nos exceden y que nos invitan a dejar llevar por los guiños del destino, por los encuentros espontáneos, por los personajes de la ruta y las apasionantes puestas de sol. Estar en “modo viaje” hace que se active en nosotros un estado de disposición para con el entorno que en Buenos Aires queda relegado.

El viaje nos regalo atardeceres como esté...

El viaje nos regalo atardeceres como esté…

... y almuerzos de todo tipo

… y almuerzos de todo tipo

Volver a la ruta nos recuerda que nuestra estadía en Buenos Aires tiene fecha de vencimiento, que queremos seguir viajando y que Argentina es nuestro próximo país en el mapa.

Llueve en Buenos Aires

Hoy Buenos Aires amaneció mojado. Llueve, hace horas que llueve. Y el cielo gris no parece haber sido de otro color.

La lluvia me traslada. Miro por la ventana y me acuerdo de Vietnam. Nuestros días vietnamitas estuvieron marcados por la lluvia. La lluvia era parte del escenario, y esta vez, con un papel de protagonista. La lluvia nos obligaba a correr hasta el siguiente toldo y tomarnos un té mientras esperamos que pare. En todas las esquinas venden paraguas y también, protectores plásticos para los sombreros cónicos. Pilotos de colores y motos, muchas motos. Los mercados estaban preparados para eso, solo bastaba para que caigan una gota a continuación de otra para que los mercados al  aire libre. se hagan techados

Viajar desde la quietud es uno de los viajes más intensos. Son viajes mentales, dónde la fantasía y la realidad se mezclan como en los sueños. Viajes en imágenes y sensaciones. Como si los músculos se activasen en movimientos imperceptibles para los ojos humanos. Y allí estamos nosotros; Volvemos a caminar por esas calles repletas de carteles en letras inentendibles, el paladar y las manos se adaptan a comer con palitos y cruzar la calle se vuelve una acción de riesgo. La historia y coyuntura social que nos atraviesa es otra, y uno se adapta a esa lógica. Buenos Aires queda atrás. Ahora solo vemos banderas rojas e imágenes de Ho Chi Minh. Me acuerdo de Saigón, de Marguerite Duras y de la guerra. Plantaciones de arroz y resto de una monarquía china. “Indochina”, su nombre me resuena tan lejano como pensar en la estación Catedral del subte D mientras caminamos por la agitada capital, Hanoi.

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Llueve, o al menos eso anuncia un señor por la radio “Son las 14:45 hs en Buenos Aires, llueve en Capital Federal y alrededores, la humedad es del 90%.”

Me asomo por la ventana, y corroboro lo oído. Llueve. Abro la ventana y dejo entrar ese olor a tierra mojada mezclada con una humedad pegadiza. Respiro, como intentando que cada partícula de aire penetre lo más posible dentro mío. Sacó mi mano del bolsillo e intento que pase a través de la reja de la ventana. Estiro el brazo lo más posible, mi hombro queda en paralelo a la reja. Aún falta un tramo.

Ahora, estiro y proyecto mis dedos, hago fuerza, y finalmente, llegó. La punta de mis dedos logró superar el largo del alero, y tocar la lluvia.

Dejo que la lluvia me mojé, aunque solo sean en mis manos. El señor de la radio tiene razón. Es Buenos Aires, son las 14:45 hs, llueve y la humedad es del 90 %.  Bajo a prepararme un mate, Vietnam quedo atrás.

Hue - Vietnam

 

¿Querés leer más de Vietnam? Acá podés encontrar todas nuestras historias.

 

Encuentro en Buenos Aires

“En más de alguna ocasión,
quisiera hacerme perdiz,
para ver de ser feliz,
en algún pago lejano.
Pero a la verdad, paisano,
¡me gusta el aire de aquí!”
A. Yupanqui

Buenos Aires - 1

Se baja del subte y lo llama. Hace mucho que no se “encuentran”, que no se buscan, ni se llaman, ni se nombran. Él le indica el camino que debe tomar. Con Plaza de Mayo a su espalda y el Cabildo en frente, camina a la izquierda (¿o era a la derecha? Ante la duda pregunta donde está la Av. Corrientes). Cruza casi corriendo, semáforos, muchas personas, todos apurados. Luego, dobla en la peatonal Florida. Los mismos oportunistas de siempre, los “arbolitos”, turistas. Camina despacio buscándolo. Ni las vidrieras, ni los artistas callejeros, ni nada le sorprende. Una manifestación, música, pizza, cualquier detalle que a un viajero le llamaria la atención, hoy pasa desapercibido.

Segundo llamado, Florida los debía interceptar. Ambos estaban en la misma esquina, sin verse. Quizá la diferencia de altura, buscan en distintos planos. Quizá no se reconocieron, quizá la ropa, quizá el pelo.

Se abrazaron, hace mucho que no pasaba; y eso que duermen juntos todas las noches. Él la invita a comer. Le muestra los lugares que frecuenta, una librería, un almacén, una cantina. Se dicen “Nos vemos a la noche”, mirando el reloj, contando las horas que faltan…

Llevamos días, semanas, por no decir meses en Buenos Aires. Nuestros cuerpos están acá. Madrugan, desayunan, van a trabajar, a la facultad, algún que otro curso, aprender, cenar, amigos, mates. La rutina nos encontró antes que nosotros a ella. No avisó, no preguntó, simplemente se impuso. Le abrimos la puerta, y la dejamos pasar. ¿Acaso queríamos quietud?

Todo eso que extrañábamos de Buenos Aires ahora es nuestra cotidianeidad. Y extrañamos eso que antes nos era común. Levantarse, agarrar la cámara, desayunar por ahí, caminar por allá y dormir donde la suerte decida. Hace exactamente 72 días que volvimos, y la cámara de fotos sigue estando en el mismo estante, juntando polvo, guardando historias.

Es difícil tener el cuerpo y la mente en sintonia, eso no es novedad. Es difícil “estar” donde estamos, encontrarnos en esa realidad que antes nos era tan nuestra y ahora es tan de otros. Conversaciónes, preocupaciones, intereses, puntos de desencuentro con casi-todo. Buenos Aires es inmensamente cómoda, pero no termina de acomodarnos (o nosotros a ella).

Términos como “depresión post-viaje”, esa etiqueta que se ponen quienes están en la búsqueda del que hacer tras un largo viaje, nos parece ridículo y obsoleto, tanto como generalizar algo que es tan propio y subjetivo. Cómo rotular psicopatológicamente un momento de transición, de cambio, de adaptación. Pero … ¿Y si lo estamos sufriendo? ¿Será por eso que nunca terminamos de llegar?

Casi como reza Spinetta (“Aunque me fuercen yo nunca voy a decir, que todo tiempo por pasado fue mejor, mañana es mejor”), intentamos convencernos de que estamos donde queremos estar. Ingenuamente, nos recordamos que elegimos volver. ¿Tan difícil es ser contemporáneo a uno mismo? ¿Tan difícil es habitar el presente sin perderse en una infinidad de tiempos verbales?

No se reconocieron fácilmente. Es más, se miraron pero no se vieron. ¿A quién esperaba encontrar? A quién se fue o a quién volvió. Quizá la vio como la primera vez que la invito a cenar, quizá lo vio como cuando la esperaba a la salida del colegio. Quizá pensó que estaba en Bolivia, o en Perú, quizá se confundió con los días de frio en Nueva York. Quizá la busco debajo de una mochila o detrás de una cámara de fotos. O en el desierto, o en la nieve, o en la playa. Quizá lo busco en esa conversación, en esa palabra que dijo la otra vez. Se olvido que, como dice Galeano, somos acumulo de historias. Historias que nos forman y nos destrozan. Que nos mezclan y nos cambia. “Impermanencia” les dijo un lama en Nepal.

Y en una esquina de microcentro, en un mediodía de sol de invierno de Junio, se abrazarón. Se conocieron. Se encontraron. Se dieron cuenta que hace 72 días que estaban buscando a alguien imposible, a alguien inventado, a alguien muerto, a alguien vivo y olvidado. Ilusos ellos que suponían que todo iba a ser igual.
Un mediodía de invierno, llegarón a Buenos Aires contentos de estar acá.

Buenos Aires - 1-3

Guía de viaje, datos y consejos para viajar a Sri Lanka

Última actualización 04/06/2014

Aclaraciones

  • La información recogida aquí corresponde a nuestra visita al país en Enero del 2014.
  • Todos los datos están basados en nuestra propia experiencia. De este modo, los precios son los que nosotros pagamos, y las experiencias, las que nosotros mismos realizamos.
  • Esperamos que cumpla su objetivo: serle útil a futuros viajeros.

Cualquier duda, pregunta o comentario, no duden en hacerlo llegar.
¡Buen viaje, y disfruten de Sri Lanka!

Animarse

Un viaje comienza cuándo a uno se le cruza por la mente la simple idea de realizarlo. Y quizá ese es el momento más difícil del viaje: Animarse. Cruzar la barrera de los prejuicios y los miedos y tomar coraje para salir a conocer el mundo. El comienzo y fin de un viaje no se corresponde con la temporalidad de subir y bajar del avión; el viaje nos va a acompañar. Pasará a formar parte de nosotros, y nosotros ya no seremos los mismos.
No miremos la realidad desde la comodidad de nuestro sillón, salgamos a conocerla y transformarla. El mundo no es un lugar tan peligroso como mucha gente nos quiere hacer creer. Más bien todo lo contrario; es hospitalario y amigable.

Acerca de Sri Lanka

Conocida como Ceylán, hasta 1972. También apodada como la “lágrima de la India”, por su forma y ubicación geográfica, esta isla es un paraíso a descubrir. No solo por su geografía, sus animales, sus playas y plantaciones de té, sino por su gente. Es uno de los países donde nos sentimos mejor recibidos. No por nada, le dicen el país de las sonrisas.
Tampoco es de casualidad que sea llamada por Marco Polo como “La isla más linda del mundo” en el siglo XIII. Porque a pesar de ser una pequeña isla alberga en su interior una belleza que todavía está por descubrirse. Es un paraíso inexplotado, que el sector del turismo postergó por 30 años de una guerra civil y un tsunami que devastó las playas de la isla en el 2004. Hoy, todavía, es un lugar casi inexplorado que ofrece un sin fin de actividades: pasear por playas paradisíacas, visitar ruinas y templos milenarios, adentrarte en el budismo y en la meditación, visitar parques nacionales llenos de elefantes o salir al océano a mirar ballenas, surfear con olas gigantes, caminar por plantaciones de té, hacer un peregrinaje al punto más alto de la isla y viajar en tren con vistas increíbles al mar o a las montañas. Todo esto rodeado de gente muy hospitalaria y comida sabrosa. El país es muy fácil de recorrer, las distancias son cortas y los precios son baratos. Consejo: ¡Apurense a visitarla!

Visa

La visa de 30 días se obtiene, previamenete, de manera online o, en el momento (on-arrival).
Nosotros la tramitamos online. Es decir, ingresando a: www.eta.gov.lk
Completamos el formulario y pagamos $35 USD con tarjeta de crédito (Visa, Mastercad o Amex). Luego, la confirmación del visado llega por correo electrónico. Podes imprimirlo o no, al estar confirmado ya queda registrado en migraciones. Nosotros no lo imprimos, solo presentamos el pasaporte.
Requisito: Pasaporte con una validez mínima de 6 meses.
Extensión de visado: Dentro del país es posible extender el visado por 30, 60 o 90 días más. Es necesario acercarse a la oficina de migraciones ubicada en Colombo.

Vacunas y otros medicamentos

Nosotros nos acercamos al Hospital Muniz (C.A.B.A.), al servicio de medicina al viajero. La cita es con turno previo (Uspallata 2272, Parque Patricios, C.A.B.A. Tel: 4304-8794) Allí contamos nuestro itinerario, tiempo de viaje y completamos una pequeña historia clínica, en base a eso nos recomendaron que vacunas y medicación era necesaria. En nuestro caso:

  • Polio (refuerzo)
  • Hepatitis A y B (refuerzo)
  • Antitetánica (refuerzo)
  • Rubeola
  • Rabia

También nos dieron consejos en relación a la alimentación y elementos necesarios para llevar el botiquín.

Moneda

La moneda es la Rupia de Sri Lanka (LKR). El valor de los billetes es de 5, 10, 20, 50, 100, 500 y 1.000 y todos los billetes cuentan con imágenes de animales de la región. También hay monedas de menor valor.
Aquí van algunas conversiones para tener una idea (al 10/06/2014):
La relación rupia-dólar es de 1 USD → 130 LKR.

La relación rupia-euro es de 1 EUR → 178 LKR.

Para ver la cotización actual xe.com

Es importante que pienses como manejar las finanzas. Hay varias opciones:

  • Llevar cheques viajeros. En todas las ciudades importantes hay casa que te los aceptan. El tipo de cambio es apenas un poco más bajo.
  • Llevar efectivo. Lo más fácil de cambiar es dólares o euros
  •  Sacar dinero vía cajeros automáticos. Cajeros hay por todos lados. Pero tengan en cuenta que la mayoría de los lugares no aceptan tarjeta de crédito.

Para nosotros lo más cómodo y simple fue ir sacando plata de cajeros automáticos a medida que el viaje va avanzando. En la mayoría de las ciudades y pueblos encontrarás uno y podes obtener rupias con tu tarjeta de crédito o débito. Esta opción fue la más segura y barata para nosotros. El inconveniente es que necesitas una cuenta bancaria o al menos una tarjeta a tu nombre.

El caso de Argentina es particular. Como la compra de divisas extranjeras no es sencilla nosotros sacamos adelantos con la tarjeta de crédito. Los cajeros nos daban directamente rupias y pagábamos en la moneda argentina. Terminábamos pagando al dólar oficial + 35% AFIP + 3% interés mensual. Sigue siendo más barato y seguro que salir a buscar en el mercado paralelo. Los que pagan bienes personales o impuesto a las ganancias pueden deducir ese 35% de ahí.

En el caso de querer sacar adelantos con las tarjetas de crédito, primero hay que llamar a la tarjeta emisora para generarle el pin (la clave). Con eso ya se puede extraer. También te conviene hablar con el banco para ampliar el límite de adelantos, de esta forma se puede sacar más plata. Actualmente existe una dispocisión en Argentina que el monto máximo que se puede sacar por mes es USD 800.

Si optan por la tarjeta de crédito o débito, recuerden tener siempre una reserva de dinero en efectivo.

Idioma

Los idiomas oficiales de Sri Lanka son el Cingalés y el Tamil. Nos sorprendio la cantidad de personas que hablaban en inglés, sobre todo en las zonas turísticas.
Es recomendable y agradable aprender algunas palabras en Cingalés o Tamil, según la región. El inglés fue impuesto y es heredado de la colonización inglesa que sufrió Sri Lanka.

Clima

El clima en la isla varia según la época del año y la zona que estes visitando. Es decir, hay dos monzones (época de lluvias y vientos) con fechas muy diferenciadas entre si. A decir:

Diciembre a Marzo: El monzón esta en el Norte y Este de la isla. Es la temporada alta para visitar el centro y sur, por ende es la temporada más turística.

Mayo a Septiembre: El mozón atacá al Oeste y Sur de la isla. Es la temporada baja, hace muchísimo calor y solo se puede visitar en centro y noreste de la isla.

Comidas

La gastronomía no es el fuerte principal de Sri Lanka. Es sabrosa, es picante, tiene una cercanía a la comida india, pero no es algo único e increíble.
El , legado ingles, está a la orden del día. Lo mismo la leche de coco. Se usa en muchísimas preparaciones; El curry podría llegar a ser la más representativa. Siempre con arroz el curry se sirve acompañado de varias salsas distintas para combinar, algunas más picantes que otras.
Un plato clásico y sabroso es el Kottú. Una suerte te revueltos de vegetales, huevo o pollo con trosos de masa (rotti) picados.
Las frutas están a la orden del día. El ananá más sabroso que comimos, fue en Sri Lanka.

Transporte

Para trasladarse, lo mejor sin dudas es el tren o el autobus. El transporte público es barato, cómodo, dentro de todo eficiente y escenario de grandes charlas con personajes locales.
El mejor legado de los ingleses es, sin duda, el tren. Podés conectar toda la isla en tren, andar a la par que el mar y las ballenas, y hasta cruzar plantaciones de té. Hay dos grandes clases: Asientos reservados y asientos sin reservar. Dentro del primer grupo, según el trayecto que realices, tenes 1ª, 2ª y 3ª clase. Varian los precios y las comodidades. Nosotros siempre viajamos sin reservas, es decir: comprando el boleto de tren en el día e intentando llegar pronto para conseguir asiento.
En autobús también se puede recorrer toda la isla. Las distancias son cortas, en general. Los coelctivo son locales (nada de aire acondicionado, baño ni ascientos reclinables). Los boletos se sacan el momento, lo mismo que la reserva de ascientos. La única contra es que no todos los colectivos van a todos los destinos, por ende, muchas veces hay que hacer más de una combinación para llegar.
En ambos casos, el equipaje suele viajar con nosotros. Podemos ponerlo sobre o debajo del asiento.

Sri Lanka

Vistas desde el tren

Tangalle - Sri Lanka

Tren en paralelo a la costa

Bus local

Bus local

Itinerario

Les compartimos nuestro itinerario de tres semanas en la isla: Itinerario Sri Lanka

Conexión a internet

En la gran mayoría de las ciudades (grandes y pequeñas) hay conexión a internet. Pero cuanto más lejos de los centros turísticos se vuelve un poco más difícil.

Si bien en la mayoría de los lugares hay, no suele ser muy rápida. Y muchas veces, se cae, o se corta la luz.

Muchos alojamientos, restaurant tiene conexión WiFi. Pero que no te sorprenda si alguno lo quieran cobrar aparte. También hay varios cibercafé, donde el valor de la hora está entre 20 y 40 rupias.

Para realizar llamadas telefónicas es la misma suerte. La llama a Argentina cuesta 10 Rs el minuto. Lo más barato para nosotros fue usar Skype.

Seguridad

Sri Lanka es un país seguro, pero tampoco para confiarnos de más. Toma las precauciones necesarias, cerrá bien tu habitación y mantené las pertenencias de valor siempre cerca de tuyo. A nosotros nunca nos pasó nada, pero nos contaron varias historias desafortunadas.

Para las mujeres solas también es un lugar seguro para viajar. Muchas se animan y lo hacen. Repetimos lo mismo, Sri Lanka es seguro pero tampoco nos abusemos. Hay que tomar las mismas precauciones que tomamos en cualquier otro lado.

Regateo

No es común que te roben, asalten o te ataquen, lo que sí es común es que te timen. Con todo y todo el tiempo. Es algo que agota y enoja. Por lo cual está atento a que pagás y que comprás. Compará y peleá precios. Ragateá TODO. Las excursiones, los alojamientos y sobre todos los viajes en taxi y rickshaw son los que más inflan los precios. Pero hay que tomarlo con calma, y entender que si te enojás salís perdiendo vos.

Presupuesto

Un viaje puede ser tan caro y tan barato como uno de desee y planee. En nuestro caso viajamos de un modo económico, al mejor estilo mochilero.

No realizamos excursiones pagas (nos las ingeniamos para realizarlas nosotros mismos). Solemos optar por transporte público antes que tomar taxi o jeep privado. Solemos viajar lento y de manera pausada. Cuando más rápido uno quiere viajar y más destino en menos tiempo se encarece mucho más el presupuesto. Y solemos informarnos bastante sobre precios, distancias, medios de transporte y cualquier otra variable que intervenga.

Nuestro presupuesto en Sri Lanka es de un promedio de 2.500 rupias diarias. Incluye alojamiento (baño privado), comida y transportes. Lo que da unos 20 dólares por día. Algo así como 600 dólares al mes, los dos.

Este presupuesto se descompone en 3 cosas básicas. Comer, dormir y viajar:

La comida es muy barata en Sri Lanka. Por cada almuerzo o cena gastamos entre uno y dos dólares cada uno. Entre 130 y 250 rupias, dependiendo del plato. Es más barato comer comida local que continental. Y si comes en los mercados o en los lugares donde come la gente local siempre es mucho más barato. Lo mismo si tomas agua común, en vez de embotellada. Aunque esto dependerá de la zona. Hay lugares (sobre todo en la montaña) que se puede tomar agua sin problemas y otros que preferimos comprar agua embotellada.

El alojamiento depende mucho de qué tipo de viaje quieras hacer. Pero las habitaciones dobles están a partir de las 800 rupias. Nosotros nos movemos en un rango de entre 800 y 1.200. Donde varias veces privilegiamos tener baño privado o Wi Fi. Pero al ir sacando comodidades el gasto disminuye. Los alojamientos se distinguen en dos clases. Primero los guest house que es lo más parecido a un hostel, pero raramente tiene cocina (algo que extrañamos). Son los más baratos y donde se encuentran la mayoría de los mochileros. Por otro lado están los hoteles, que no necesariamente son más lujosos. Algunos incluyen desayunos y tienen restaurant adentro, con lo cual te ofrecen la comida en el cuarto. En Sri Lanka, también vas a encontrar muchas casas de familia que funcionan como Guest-Houses en las cuales sirven desayunos y cenas comunitarias (dependé el sitio pero suele estar 150 o 200 rupias el plato).

En cuanto al transporte, la mejor manera de moverse y la más barata es el transporte público. Un trayecto de 3 horas en bus, cuesta entre 200 o 300 rupias aproximadamente.

Religión

Sri Lanka supo ser el centro del budismo en la antigüedad. Se nota sobre todo en los templos el legado que dejó esta religión en el país. Aunque hoy en día los budistas son mayoría también hay muchos hindués, y (para nuestra sorpresa) musulmanes. Como en muchas países de la región, la diversidad religiosa es algo que abunda.

Recomendaciones y consejos

Informales:

  • Interiorizate: Sri Lanka es un país muy amplio. Con mucha variedad cultural y religiosa.  Por eso, infórmate, aprendé, preguntá. El conocimiento también debe ser parte de tu mochila. Interiorizate. La diferencia cultural con Asia es muy marcada, ir preparando el viaje en la mente de uno ayuda a ir reduciendo esa distancia.
  • Planifica: Un viaje sale mejor cuando uno lo planifica. No somos partidarios de un viaje plenamente organizado, con reservas y un itinerario definido. Somos partidarios de que el viaje se vaya armando a sí mismo, pero eso no quita que uno planifique alguito. Mira un mapa, que lugares te gustaría conocer, porque, que te quedan de paso, arma un posible recorrido. Tener en cuenta tu presupuesto, tus gustos y tus ganas.
  • Armate de paciencia: El subcontinente indio muchas te confronta con el caos, con la suciedad, con el no poder entenderte por el idioma, con no saber que micro te lleva, con no saber en que anden para el tren y con todas esas cosas que a uno lo organizan. Tomarte el micro correcto te puede costar mucho tiempo. ¿Qué hacer? Respirar hondo. Paciencia. Sri Lanka te obliga a ejercitar esta cualidad que el mundo occidental se ocupa de agotar.
  • Deja los prejuicios en casa: Recorrer Asia con prejuicios puede hacer que tu experiencia no sea buena. Los viajes ayudan a abrirnos la mente y el alma; solo hay que estar dispuestos a que eso ocurra.

Formales:

  • ¿Conviene viajar con seguro médico?: No lo sabemos, pero nosotros igual nos sacamos uno. Seguramente no lo uses y lo más probable es que la medicina ayurvedica te resulte más cómoda que la medicina formal. Pero uno nunca sabe. Mejor tenerlo y no usarlo, a necesitarlo y no tenerlo. Hay muchas ofertas y promociones, 2×1, descuentos.Les recomendamos que chequeen posibles cotizaciones y tipos de coberturas en Asegura tu viaje.
  • Informate: sobre el clima, la situación política y social de los destinos que quieras visitar. Sri Lanka estuvo atravesada por distintos conflictos territoriales, políticos y sociales. Lee el diario, busca en internet, preguntale a la gente local. Sabiendo quizá evitaras pasar por algún mal momento.

Páginas útiles

Vuelos:
Una buena página para saber que aerolíneas cubren determinados destinos y trayectos es www.optifly.com. Es una buena manera de empezar. También ahí podes comparar precios. Pero para esto siempre es mejor dirigirse a las páginas de las aerolíneas.
Los mejores precios los encontramos en la compañía aérea nacional: www.srilankan.com

Les compartimos nuestras historias de viaje en Sri Lanka.
¿Te quedaste con ganas de más? Podés recorrer nuestra galería de imágenes de Sri Lanka
Crónica de un regreso anunciado

No es fácil dejar la rutina, todo lo conocido y salir sólo con una mochila y muchas ganas a un destino poco conocido. Pero tampoco es fácil, después de un año en ese destino, volver con la misma mochila y ver tu entorno y el paso del tiempo. Después de adoptar el movimiento como una forma de vida sentimos que la quietud (nos) es desesperante. Falta la incertidumbre de saber en que habitación nos vamos a levantar mañana o que lugares o compañeros nuevos propondrá la ruta.

Viajar es como una droga adictiva. El parar de viajar nos está produciendo abstinencia. Nuestros cuerpos y nuestras mentes están idos. No nos encontramos.

Volvimos a la Argentina contentos de llegar, ver a los amigos y la familia. Asado, fútbol, mate y la vida de barrio nos vuelven a acompañar. Pero los ojos cambiaron. Los que antes parecía un problema, hoy no lo es tanto, y cosas de nuestra cotidianeidad que antes no le prestábamos atención, ahora nos parecen maravillosas.

argentina -1

Cómo es mucho más difícil sacar una foto del entorno que nos resulta familiar y conocido y mostrar lo interesante que hay en él, también es mucho más difícil expresarlo en palabras. Estamos viviendo la argentinidad en su máxima expresión. Disfrutando de sus particularidades y e intentando entendernos como sociedad.

Caminamos por la calle leyendo todo lo que podemos. De pronto los carteles nos hablan, o por los menos los entendemos. Nos encontramos como “chusmas” (mirones, fisgones) de conversaciones en el tren. No es que nos interese tanto, pero nos asombra escuchar el español por todos lados. Tenemos una sobredosis de información como nunca en este último tiempo.

Y las calles que nos parecen vacías. Pasa gente caminando, pero nadie se detiene. Entendemos la calle como un lugar de tránsito, como un medio para llegar a tal o cual lugar. En Asia es totalmente al revés, todo se desarrolla puertas afueras, la cocina, la charla, la cena, el ajedrez, el mercado y el comercio. Hasta un médico nos atendió en un banquito en la calle. Otra gran diferencia es la velocidad. Acá la gente corre, como si su vida dependiera de eso, todos van ensimismados. Nadie mira a nadie. Es distinto el lugar que ocupa “el otro”, y peor si es un “otro” desconocido.

argentina -3

Miramos para atrás y el viaje parece que fue una fantasía. Un gran sueño que nada tiene que ver con el presente que vivimos. Creemos que con el paso del tiempo los recuerdos van a pasar a ser imágenes que no sabremos si a ciencia cierta fue un sueño o una realidad ya desaparecida.

¿Qué se siente cuándo uno se aleja de aquel gran viaje que vivimos, el cuál nos transformó la forma en que miramos? Sentimos que el mundo que habitamos es enorme, que nos invita a recorrerlo. Y simplemente es el “hasta pronto” y el punto de comienzo para lanzarse hacia delante en busca de la próxima aventura disparatada bajo los cielos.

Ciertas cosas de Asia nos siguen acompañando.

Ciertas cosas de Asia nos siguen acompañando.

Prejuicios hacia Europa

Retomamos el blog donde lo dejamos. Nuestros últimos días en India. Nuestro viaje estaba llegando a su fin, y antes de aterrizar en Buenos Aires, íbamos a pasar unas semanas en Europa. No era una parada cualquiera, era nuestra primera vez en el viejo continente. No elegimos destinos al azar, elegimos aquellos donde teníamos familias y amigos que visitar. No era un momento cualquiera, una nueva sobrina llegaba a este mundo.

A su vez, nuestras cabezas eran (son) un enjambre de ideas y proyectos. Y como si fuera poco, Europa era un destino que no nos terminaba de cuadrar.

Las personas se sorprenden cuándo les decimos que “no conocemos Europa. Como si para viajar por el mundo, uno primero debe pasar por la tierra madre. Tampoco conocemos África ni Oceanía, pero eso no sorprende a nadie. Además, luego de haber viajado por América y Asía, Europa era una espina que cada vez pinchaba más fuerte.

Es más, si en vez de decir que nos íbamos a Asía, nuestro viaje era a Europa nadie hubiera temido –tanto- por nuestra seguridad, salud y bienestar.

Somos eurocentristas. Los lazos con la colonia se cortaron hace rato, pero nosotros seguimos mirando el viejo continente como si fuera el camino a seguir. Cómo si hoy continuará siendo el motor de nuestra historia.

Si tenemos que decir 10 países, capitales o nombres de presidentes de Europa los sabemos de memoria. Pero ¿Podemos nombras 5 capitales asiáticas? ¿10 países africanos? ¿Y el nombre del presidente de Nicaragua? ¿O la capital de Guatemala? Así somos. Siempre mirando para arriba, nunca para los costados.

Sobre todo los argentinos somos así. El imán de la torre Eiffel o la foto en el coliseo de Roma vale más que cualquier otro viaje por Argentina o por el mundo.

Es entendible, nuestra historia como país y sociedad es muy europea. Casi todos tenemos un vinculo familiar con Europa (si, el colonialismo a su vez, se ocupo de aniquilar toda historia previa a su invasión).

Hasta el futbol europeo es “un clásico” para nosotros. Los medios de comunicación también se encargan de alimentar esta distancia. Es más, la sección “noticias internacionales” del noticiero solo muestra una de las tantas realidades que co-existen en este mundo, como si el mundo fuera Europa. Y solo ocupa el 6,8% del territorio terrestre y el 11% de la población mundial. Es más, si consideramos únicamente Europa occidental (¿Qué sabemos de Rumania, Macedonia o Bielorrusia?) no llega ni al 3% de la población mundial. Porque Europa del este, también es un extraño en un su propia casa.

Durante el viaje un chico francés se sorprendió porque sabíamos el nombre de su presidente y un chico alemán, porque sabíamos que había elecciones en su país. Ellos, con timidez, nos preguntaron si Buenos Aires era la capital de Argentina y el nombre de nuestra presidente.

Europa, es cómoda, es limpia, es cara, es lujosa, compartimos la religión y la cultura. Eso todo-lo-que-se-supone-que-necesitamos. Es el primer mundo.

Y con todos estos prejuicios, dejamos India. Suponíamos que Europa nos iba a aburrir, que la gente iba a ser fría y distante, que no íbamos a sentirnos cómodos. No nos adelantemos en el texto y dejemos que las palabras continúen su prosa. Europa es una nueva etapa del viaje y para nosotros representa una realidad que también impresiona y contrasta, o eso creemos.

¿Nos sorprenderá tanto como en exotismo de Asía? ¿La gente será hospitalaria como en Latinoamérica? ¿Los museos serán igual o más impresionante que lo del Estados Unidos? Con esas preguntas, arribamos una vez más en Alemania. Ese aeropuerto que ya es un escenario conocido para nosotros.

Mapa-Europa

Porteña Mumbai (Bombay)

Cada tren es el comienzo de una nueva historia. En nuestro viaje por India es una rutina. Ir a la estación. Buscar un lugar “cómodo” para esperar el tren. Charlar con la gente. Subir al tren (mientras vemos como suben cabras y cajones funerarios entre otras cosas). Charlar con la gente del vagón. Comer lo que te convidan. Dormir. Levantarse. Tomar un chai. Llegar.

Mumbai - India - Tren

Hemos de ser sinceros, no estábamos seguros de querer ir a Mumbai. Por un lado, es la ex Bombai, como no íbamos a recorrer sus calles; Llenas de edificios históricos. Las mismas donde transcurrieron la mayor cantidad de libros que leímos sobre el país y, también, donde están los estudios de filmación de Bollywood (industria  cinematográfica india que mueve millones. Además, es la más grande de Asia).

Pero por otro lado, es la ciudad más grande de India, millones de personas se aglomeran en sus cercanías. No teníamos ganas de repetir el caos de Delhi, ni el ruido, ni las estafas, ni la mugre de Calcuta. Las grandes ciudades muchas veces esconden lo peor de las sociedades.

A pesar de todas estas dudas, fuimos. Sumando un agravante más, llegamos a la ciudad a las 4 am. Una hora muy incómoda. Así como hubo un amanecer en Delhi, también hubo un amanecer en Mumbai. Para esta ocasión habíamos arreglado hacer couchsurfing. Nuestros anfitriones nos habían dicho que no había problema con la hora, pero, siendo domingo y para no molestarlos, decidimos ir a un horario un poco más decente.

Las estaciones de India auspician muchas veces de lugar para dormir. Mumbai no es la excepción: gente acostada en el piso, por todos lados. Caminar entre los andenes y pasillos, con la mochila al hombro y sin pisar a nadie no es tarea fácil. Nos acomodamos donde pudimos entre las personas, y mientras charlábamos y leíamos esperamos el sol como aquella campanada que dicta el inicio de las actividades. La ciudad se despierta y la vida comienza.

Como nos suele pasar seguido, en India somos objetos de miles de miradas. Todas las personas a nuestro alrededor nos señalan, dicen algo que no entendemos y muchas veces se ríen. Estamos acostumbrados a que nos pidan fotos, nos pregunten nuestros nombres y de donde somos, y hasta a veces nos piden autógrafos.

Mientras atraíamos ese mar de miradas, se nos acerca una señora a hablar. Después de las preguntas de rigor, quiere saber a donde vamos, cuando le decimos Govandi (el nombre del barrio de la pareja que nos aloja) su cara cambio. Pensamos que habíamos dicho alguna puteada, pero no. Estaba preocupada, “…ese no es lugar para turistas, es muy peligroso, ese lugar es un slum (barrio bajo). Mejor vayan a un hotel en el centro, van a estar mejor”.

La cuestión estaba planteada. ¿Ir o no ir? A los pocos minutos estábamos comprando un boleto de tren que nos llevaría a los suburbios de Mumbai.

Mumbai - India - Tren

Vagón general

Mumbai - India - Tren

Vagón de mujeres

Los suburbios eran un barrio más del conurbano bonaerense y la casa de nuestros anfitriones, un departamento muy parecido a nuestra última casa en Buenos Aires. Estábamos cómodos.

Mumbai es una gran ciudad pero los turistas están aglutinados en unas pocas cuadras. Cobala es la zona de hoteles, restaurant y edificios ingleses, legado de la colonia. Una curiosidad: El famoso arco que recibió a la Reina Victoria, fue el mismo que recibió a Gandhi y despidió a los ingleses una vez conquistada la India independiente.

Mumbai - India - Arco

Tardamos un buen rato en descubrir el motivo de nuestra “comodidad”. Tantos kilómetros, tanta diferencia horaria, tantas diferencia y estábamos, ni más ni menos, que caminando por la porteña Buenos Aires. Una estación de trenes parecía a Plaza Miserere o Constitución. Edificios viejos al mejor estilo Almagro o San Telmo.

Mumbai - India

Estación central de trenes

Mumbai - India

También estaba el “Café Leopold” una versión india del “Café Tortoni” pero sin medialunas de grasa ni partidos de truco. Un semáforo, una senda peatonal y dos argentinos tomando mate en una esquina. Una cúpula parecida a la del Congreso. Una gran plaza con una fuente de agua europea. Y ellos, los protagonistas, taxis negros y amarillos para donde mires.

Mumbai - India - Taxi

Juramos que esta foto es de Mumbai

Y así fue como Argentina reapareció en nuestros últimos días de viaje asiáticos. Argentina nos recordó que nos está esperando. Por algo será que siempre terminamos hablando de ella. Esa noche cenamos pasta casera escuchando a Piazzola de fondo. 

Si, las callecitas de Mumbai tienen ese que yo…

Guía de viaje, datos y consejos para viajar a India

Aclaraciones sobre la guía de viaje a India

  • Esta guía de viaje a India está en construcción y es posible que se vaya modificando y completando en la medida que sigamos volviendo y viajando por el país.
  • La información recogida aquí se corresponde con nuestros cinco viajes a India. El primero fue en abril del 2013. La quinta visita comenzó en abril del 2016.
  • Todos los datos están basados en nuestra propia experiencia. De este modo, los precios son los que nosotros pagamos, y los trámites, los que nosotros mismos realizamos.
  • Por más que leas, intentes entender y prepares lo máximo posible tu viaje, India es una experiencia única. Y el shock cultural te va a afectar ¡Pero vale la pena!

Esperamos que cumpla su objetivo: serle útil a futuros viajeros.

Cualquier duda, pregunta o comentario, no duden en hacerlo llegar.

¡Buen viaje, y disfruten de India!

Animarse

Un viaje comienza cuándo a uno se le cruza por la mente la simple idea de realizarlo. Y quizá ese es el momento más difícil del viaje: Animarse. Cruzar la barrera de los prejuicios y los miedos y tomar coraje para salir a conocer el mundo. El comienzo y fin de un viaje no se corresponde con la temporalidad de subir y bajar del avión; el viaje nos va a acompañar. Pasará a formar parte de nosotros, y nosotros ya no seremos los mismos.

No miremos la realidad desde la comodidad de nuestro sillón, salgamos a conocerla y transformarla. El mundo no es un lugar tan peligroso como mucha gente nos quiere hacer creer. Más bien todo lo contrario; es hospitalario y amigable.

Desde el punto de vista de la sociedad occidental India es un país muy difícil de entender. El desafío es poder ver más allá de la pobreza, la basura y el comercio. En India sobresale la espiritualidad y la fe. Pero hay pocos que se animan a tomarse el tiempo para entender un país tan complejo.

Visa 

La visa para argentinos y uruguayos es gratis y muy fácil de obtener. Para otras nacionalidades, el valor dependerá del acuerdo de cada país con el gobierno indio.

La visa en si no es renovable. Una vez que venció o utilizamos la cantidad de salidas máximas tenemos que trámitarla nuevamente. Es el mismo trámite como si lo hiciéramos por primera vez.

En Argentina (para argentinos y uruguayos nos dan 6 meses gratis de visa):

La visa se tramita parte vía internet y parte en la embajada. En este link pueden obtener más información.

Es un trámite sencillo que se inicia de manera online en la página. Consiste en completar un formulario que está en inglés. Una vez completado los datos y con el formulario impreso más pasaporte, dos fotos carnet y certificado de la vacuna de la fiebre amarilla, hay que ir a la embajada (sin turno). El trámite dura alrededor de 10 días hábiles, pasado ese lapso uno retira el pasaporte ya visado (durante esos 10 días el pasaporte queda en la embajada). La visa tiene una validez de 6 meses desde el momento en que la tramitaste (no de la fecha de ingreso al país) y tiene la posibilidad de múltiples entradas al país. Es posible renovarla, pero para eso hay que salir de India.

En Asia (Nepal, Sri Lanka, Tailandia o Camboya):

Tramitar la visa en cualquiera de estos países en fácil y simple. Es el mismo procedimiento que expusimos arriba. A diferencia de Buenos Aires, aquí no exigen el certificado de fiebre amarilla. Demorá aproximadamente una semana y el costo depende de la nacionalidad.

En nuestro caso, es gratis. Solo nos cobraron 5 usd de trámiterio a cada uno.

En Nepal – Katmandú:

Indian Visa Service Centre (IVSC)
House No.296, Kapurdhara Marg, Kathmandu
Tel: 009771-4001516, Fax: 009771-4001517

En Sri Lanka:

  • Colombo: 

High Commission of India, Colombo
36-38, Galle Road,Colombo 03.
Tel : 0094-11-2327587 / 2422788 / 2421605
Fax : 2446403 / 244816

  • Kandy:

Assistant High Commission of India, Kandy
31 Rajapihilla Mawatha,
P O Box 47,Kandy, Sri Lanka.

En Tailandia – Bangkok:

Embassy of India,
46, Prasarnmitr, Sukhumvit, Soi 23,
Bangkok 10110

Aclaración: Actualmente en Tailandia sólo se están expidiendo visas para residentes tailandeses.

En Phnom Penh – Camboya:

Embassy of India,
No.5, Street 466,Phnom Penh, Cambodia

Aquí la visa demora tres días hábiles y cobran 17 USD de gastos y comisiones. Les compartimos la lista de costo de la visa según las nacionalidades:

Para los lectores de otros países pueden consultar los requisitos para la visa acá:

https://indianvisaonline.gov.in/visa/

La visa, también, la podés obtener mediante una agencia de viajes. En este caso, te cobrarán una comisión por un trámite muy simple de realizar.

Vacunas y otros medicamentos

La única vacuna obligatoria que exigen para entrar  es la de la fiebre amarilla si viajas desde Latinoamérica o África. La vacuna te la podés dar gratis en Buenos Aires, por ejemplo.

Nosotros nos acercamos al Hospital Muniz (C.A.B.A.), al servicio de medicina al viajero. La cita es con turno previo (Uspallata 2272, Parque Patricios, C.A.B.A. Tel: 4304-8794) Allí contamos nuestro itinerario, tiempo de viaje y completamos una pequeña historia clínica, en base a eso nos recomendaron que vacunas y medicación era necesaria. En nuestro caso:

  • Polio (refuerzo)
  • Hepatitis A y B (refuerzo)
  • Antitetánica (refuerzo)
  • Rubeola
  • Rabia
  • Pastillas para la malaria para tomar en ciertas zonas de Asía.

También nos dieron consejos en relación a la alimentación y elementos necesarios para llevar el botiquín.

Moneda

La moneda es la Rupia India (INR). El valor de los billetes es de 5, 10, 20, 50, 100, 500 y 1.000 y todos los billetes cuentan con la imagen de Gandhi. También hay monedas de menor valor.

Aquí van algunas conversiones para tener una idea (al 02/02/2016):

La relación rupia-dólar es de 1 USD → 68 INR.

La relación rupia-euro es de 1 EUR  → 74 INR.

Para ver la cotización actual xe.com

Es importante que pienses como manejar las finanzas. Hay varias opciones:

  • Viajar con cheques viajeros. En todas las ciudades importantes hay casa que te los aceptan. El tipo de cambio es apenas un poco más bajo.
  • Viajar con efectivo. Lo más fácil de cambiar es dólares o euros
  • Sacar dinero vía cajeros automáticos. Cajeros hay por todos lados. Pero tengan en cuenta que la mayoría de los lugares no aceptan tarjeta de crédito.

Para nosotros lo más cómodo y simple fue ir sacando plata de cajeros automáticos a medida que el viaje va avanzando. En la mayoría de las ciudades y pueblos encontrarás uno y podes obtener rupias con tu tarjeta de crédito o débito. Esta opción fue la más segura y barata para nosotros. El inconveniente es que necesitás una cuenta bancaria o al menos una tarjeta a tu nombre.

Si optan por la tarjeta de crédito o débito, recuerden tener siempre una reserva de dinero en efectivo. Nos pasó de estar en pueblos sin cajeros o sin luz.

Idioma

El idioma oficial de India es el Hindi. Pero a su vez, cada región del país tiene su dialecto propio (por ejemplo: Punjabi, Ladakhi, Urdu, Bengalí, etc.).

El segundo idioma oficial es el inglés, y es con el que todos los viajeros nos manejamos en India. La mayoría de la población lo habla (no todos). Es recomendable y agradable aprender algunas palabras en Hindi o en algún dialecto regional. Además, el inglés fue impuesto y es heredado de la colonización inglesa que sufrió India.

Clima

India es un país enorme con una geografía de lo más variada. En el norte te chocas con el Himalaya y en el sur tienes playas y paisajes más selváticos, además de estar próximos a la línea del ecuador. Te recomendamos informarte bien antes de viajar a cada zona, no sólo porque el clima sino también por el estado de las rutas y caminos. A nosotros nos pasó de quedarnos varado en Leh porque las rutas estaban bloqueadas con nieve.

En términos generales:

  • En el noroeste la mejor época es el verano indio. No hace tanto frió, comienzan los deshielos y vos no te derretís de calor.
  • En tanto al centro-norte hay que tener en cuenta varias cuestiones. En Julio-Agosto son los mozones (lluvias torrenciales) Y en Abril-Mayo comienza la primavera que suele ser muy calurosa. La mejor época entonces es entre Noviembre y Marzo, sin calor extremo ni lluvias torrenciales.
  • En el noreste las épocas de lluvia suelen ser entre Julio y Agosto y suelen traer desmoronamientos.

Comidas

India representa nuevas culturas. También nuevas comidas. Comer en india es una recomendable experiencia. India es curry y Masala. La combinación de especias es su fuerte.

Comer en India es una atracción de por sí. Abrir un menú y no conocer ninguna de las comidas allí presentadas, salvo algún tipo de arroz, es algo que nos pasó varias veces.

Nuestros primeros días en India no fueron fáciles, en parte por la comida. No estábamos acostumbrados a comer picante, y aquí TODO es picante, hasta un té (chai).

Por supuesto que pedíamos comida no picante, y le preguntábamos al mozo que platos del menú no eran picantes, pero esto parece no alcanzar.

Con el tiempo, fuimos aprendiendo que pedir, que platos valen la pena, y también, nos fuimos haciendo más tolerante al picante.

Aquí una pequeña ayuda:

Chai: El famoso té con leche. Un clásico en India. Lo tomas en la calle y en el bar. Suele estar unas 5-20 Rs. Te lo sirven muy caliente y suele ser bastante dulce. Al principio quizá no te agrade, pero después vas a pararte cada puesto callejero a tomarte uno.

Thali: No es el plato típico ni el más rico, pero es uno de los más comunes y económicos. Esta entre unas 30-90 Rs. El precio varía según el lugar donde lo pidas, el tamaño y las cosas que incluye.  Un Thali clásico incluye una porción de arroz blanco, Dal (aso de lentejas), un poco de verdura (Principalmente papa) y 1 o 2 Roti (pan sin miga). Si tu presupuesto es moderado, un Thali en algún mercado será tu almuerzo más frecuente.

Nuestro post de comida india: Comiendo en India

Transporte

Para trasladarse, lo mejor sin dudas es el tren. Es barato, cómodo, dentro de todo eficiente y donde se desarrollan grandes charlas. Los asientos están distribuidos de tal manera que facilita la conversación con los compañeros de vagón. El tren llega a casi todos lados, excepto bien al norte, donde por cuestiones geográficas (montañas altas) se empieza a complicar.

Entender el sistema de trenes del país tiene cierta complejidad. Nos es nada muy sofisticado, pero para tener una primera aproximación armamos esta guía de trenes. Sobre los distintos tipos de clases, reservas y boletos.

Conexión a internet

En la gran mayoría de las ciudades (grandes y pequeñas) hay conexión a internet. Pero cuanto más lejos de los centros turísticos se vuelve un poco más difícil.

Si bien en la mayoría de los lugares hay, no suele ser muy rápida. Y muchas veces, se cae, o se corta la luz.

Muchos alojamientos, restaurant tiene conexión WiFi. Pero que no te sorprenda si alguno lo quieran cobrar aparte. También hay varios cibercafé, donde el valor de la hora está entre 20 y 40 rupias.

Para realizar llamadas telefónicas es la misma suerte. La llamada a Argentina cuesta 10 Rs el minuto. Lo más barato para nosotros fue usar Skype.

Seguridad

India es un país seguro, pero tampoco para confiarnos de más. Toma las precauciones necesarias, cerrá bien tu habitación y mantené las pertenencias de valor siempre cerca de tuyo. A nosotros nunca nos pasó nada, pero nos contaron varias historias desafortunadas.

Para las mujeres solas también es un lugar seguro para viajar. Muchas se animan y lo hacen. Repetimos lo mismo, India es segura pero tampoco nos abusemos. Hay que tomar las mismas precauciones que tomamos en cualquier otro lado.

Les compartimos nuestros CONSEJOS PARA MUJERES QUE VIAJAN A INDIA.

Regateo

No es común que te roben, asalten o te ataquen, lo que sí es común es que te timen. Con todo y todo el tiempo. Es algo que agota  y enoja. Por lo cual está atento a que pagás y que comprás. Compará y peleá precios. Ragateá TODO. Las excursiones, los alojamientos y sobre todos los viajes en taxi y rickshaw son los que más inflan los precios. Pero hay que tomarlo con calma, y entender que si te enojás salís perdiendo vos.

Presupuesto

Un viaje puede ser tan caro y tan barato como uno de desee y planee. En nuestro caso viajamos de un modo económico, al mejor estilo mochilero.

No realizamos excursiones pagas (nos las ingeniamos para realizarlas nosotros mismos). Solemos optar por transporte público antes que tomar taxi o jeep privado.  Solemos viajar lento y de manera pausada. Cuando más rápido uno quiere viajar y más destino en menos tiempo se encarece mucho más el presupuesto. Y solemos informarnos bastante sobre precios, distancias, medios de transporte y cualquier otra variable que intervenga.

Nuestro presupuesto en India es de un promedio de 1.200 rupias diarias. Incluye alojamiento (baño privado), comida y transportes. Lo que da unos 20 dólares por día. Algo así como 600 dólares al mes, los dos.

Este presupuesto se descompone en 3 cosas básicas. Comer, dormir y viajar:

  • La comida es muy barata en India. Por cada almuerzo o cena gastamos entre uno y dos dólares cada uno. Entre 60 y 120 rupias, dependiendo del plato. Es más barato comer comida local que continental. Y si comes en los mercados o en los lugares donde come la gente local siempre es mucho más barato. Lo mismo si tomas agua común, en vez de embotellada. Aunque esto dependerá de la zona. Hay lugares (sobre todo en la montaña) que se puede tomar agua sin problemas y otros (como Delhi) que preferimos comprar agua embotellada.
  • El alojamiento depende mucho de qué tipo de viaje quieras hacer. Pero las habitaciones dobles están a partir de las 200 rupias. Nosotros nos movemos en un rango de entre 200 y 400. Donde varias veces privilegiamos tener baño privado o Wi Fi. Pero al ir sacando comodidades el gasto disminuye. Los alojamientos se distinguen en dos clases. Primero los guest house que es lo más parecido a un hostel, pero raramente tiene cocina (algo que extrañamos). Son los más baratos y donde se encuentran la mayoría de los mochileros. Por otro lado están los hoteles, que no necesariamente son más lujosos. Algunos incluyen desayunos y tienen restaurant adentro, con lo cual te ofrecen la comida en el cuarto.
  • En cuanto al transporte, la mejor manera de moverse y la más barata es en tren. Hay una red ferroviaria enorme. Es el transporte por excelencia. En el único lugar que no hay trenes es bien al norte, en la zona del Himalaya. Pero después pueden conectar toda la India. Por ejemplo en la clase sleeper, un pasaje de tren de Delhi a Amritsar pagamos 250 rupias (algo así como 4 dólares) cada uno. Viajar en tren es cómodo, barato y seguro. Además es lo único que está regulado en relación a medios de transportes. También es una buena oportunidad para interactuar con gente del país. Toda la India se mueve en tren.

Si van a viajar por India en Tren les recomendamos nuestra: GUÍA DE TRENES

Recomendaciones y consejos

Informales:

  • Interiorizate: India es un país muy amplio. Con mucha variedad cultural y religiosa. Muchos dialectos y muchas regiones diferentes entre sí. Por eso, infórmate, aprendé, preguntá. El conocimiento también debe ser parte de tu mochila. Interiorizate. La diferencia cultural con India es muy marcada, ir preparando el viaje en la mente de uno ayuda a ir reduciendo esa distancia. Te recomendamos nuestra sección “entendiendo culturas“. Vas a encontrar información sobre la idiosincracia india y sus pautas culturales que tan distintas son a nuestra mente occidental.
  • Planifica: Un viaje sale mejor cuando uno lo planifica. No somos partidarios de un viaje plenamente organizado, con reservas y un itinerario definido. Somos partidarios de que el viaje se vaya armando a sí mismo, pero eso no quita que uno planifique alguito. Mira un mapa, que lugares te gustaría conocer, porque, que te quedan de paso, arma un posible recorrido. Tener en cuenta tu presupuesto, tus gustos y tus ganas.
  • Armate de paciencia: India muchas te confronta con el caos, con la suciedad, con el no poder entenderte por el idioma, con no saber que micro te lleva, con no saber en que anden para el tren y con todas esas cosas que a uno lo organizan. Tomarte el micro correcto te puede costar mucho tiempo. ¿Qué hacer? Respirar hondo. Paciencia. India te obliga a ejercitar esta cualidad que el mundo occidental se ocupa de agotar.
  • Deja los prejuicios en casa: Recorrer India con prejuicios puede hacer que tu experiencia no sea buena. Los viajes ayudan a abrirnos la mente y el alma; solo hay que estar dispuestos a que eso ocurra.

Formales:

  • ¿Conviene viajar con seguro médico?: No lo sabemos, pero nosotros igual nos sacamos uno. Seguramente no lo uses y lo más probable es que la medicina ayurvedica te resulte más cómoda que la medicina formal. Pero uno nunca sabe. Mejor tenerlo y no usarlo, a necesitarlo y no tenerlo. Hay muchas ofertas y promociones, 2×1, descuentos. Les recomendamos cotizar seguro médico con Asegura tu viaje.

Les recomendamos leer nuestro articulo sobre Consejos para cuidar tu salud en India.

  • Informate: sobre el clima, la situación política y social de los destinos que quieras visitar. India está atravesada por distintos conflictos territoriales, políticos y sociales. Lee el diario, busca en internet, preguntale a la gente local. Sabiendo quizá evitaras pasar por algún mal momento.

Páginas útiles 

  • Vuelos:

Una buena página para saber que aerolíneas cubren determinados destinos  y trayectos es www.optifly.com . Es una buena manera de empezar. También ahí podes comparar precios. Pero para esto siempre es mejor dirigirse a las páginas de las aerolíneas.

Los mejores precios para moverte en India o volar a país cercanos los encontraras en:

www.airasia.com

www.airindia.com

www.indigo.com

  • Trenes:

Para saber los horarios, frecuencia y precios para moverte en tren podes visitar la siguiente página.

www.indianrail.gov.in

www.cleartrip.com/trains

Lecturas y películas recomendadas

Estos son libros y películas que nosotros leímos/vimos. La oferta es enorme. Ya vendrá una entrada explicando y recomendando cada uno:

  • Libros:
    • Viajes con Heródoto” – Ryszard Kapuscinski
    • El vagón de las mujeres” – Anita Nair
    • La vaca sagrada” – Tarun Chopra
    • “El tigre blanco” – Aravind Adiga
    • “Esta noche, la libertad” – Dominque Lapierre
    • Hijos de la medianoche” – Salman Rushdie
  • Películas:
    • Trilogía “Fuego”, “Agua”, “Aire” – Deepa Metha
    • “Tres idiotas” – Rajkumar Hirani
    • “Gandhi” – Richard Attenborough
    • “La ciudad de la alegría” – Roland Joffé
    • “Kaagaz Ke Phool” – Guru Dutt
    • “Hijos de la medianoche” – Deepa Metha
    • Cualquier clásico de Bollywood también es una buena opción.

Itinerario

Les compartimos nuestro itinerario con nuestras historias de viaje en India: Lugares visitados

Cómo muchos nos escriben preguntando que lugares del país vale la pena conocer, armamos una selección subjetiva:  Nuestros díez lugares en India

¿Te quedaste con ganas de más? Podés recorrer nuestra galería de imágenes de India
Costumbres Argentinas I: La costa atlántica.

Este año no pensábamos tomarnos vacaciones, o si, unas muuuy largas en realidad. Pero entre el oalor y la humedad nos llegó una invitación que nos vino muy bien. Nos invitaron a pasar el fin de semana de carnaval a San Clemente (Partido de la costa). La invitación era tentadora, 4 días, playa, mar, sol, crucigramas y pesca. Y casi sin dudarlo arrancamos viaje.

Todos queríamos estar ahí.

Todos queríamos estar ahí.

Los feriados de carnaval son una adquisición reciente. Siempre se festejaron, y por cuestiones políticas que no permitían la alegría, el festejo y el acumulo de gente, se quitaron esos días del calendario. Y hace no mucho, volvieron.
Vuelvo a nuestro fin de semana XL, armamos rápidamente unas mochilas y salimos. Lo bueno de la Costa Atlántica es que comienza a 300 km de Buenos Aires capital, y claro hasta la ruta para llegar tiene sus clásicos. Desde el arrancar con las sillitas en el techo del auto y un termo para el viaje hasta las famosas medialunas de la ruta. Para no perdernos en el mapa, la Costa Atlántica queda sobre el Océano Atlántico, en la prov. De Buenos Aires.
Durante el viaje, éramos unos más entre las filas interminables de autos y micros llenos de gente con ganas de meter los pies en el mar. Y así llegamos a la playa…

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Avistaje de veleros desde la orilla.

Avistaje de veleros desde la orilla.

Espumar de mar.

Espumar de mar.

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Es muy curioso, incluso divertido, los rituales casi místicos que vemos en las playas argentinas. Somos clásicos. El desfile de familias, parejas, amigos que llegaban a la playa con las manos repletas de cosas, desde la sombrilla, la heladeríta, los juguetes del nene, la lonita hasta (los más equipados) la mesa con sillas plegables. Y empiezan los despliegues, clavar la sombrilla, abrir las sillitas, estirar la lonita, embadurnarnos con protector solar, meternos en mar, salir, secarnos, preparar el mate, volver a meternos al agua.

Menesteres playeros.

Menesteres playeros.

Hace más de veinte años que recorremos la costa y hace más de veinte años que se repite el mismo escenario, incluso los mismos personajes. Este año no fue excepción, estaban todos. Desde el guardavidas hasta el vendedor de pirulines pasando por los churros, helados y los choclos, todos bañados en arena. Más de veinte años que miramos la misma película. Claro hace 15 años nuestra diversión era construir el pozo más hondo de la playa, hoy será leer un libro o terminar un crucigrama. Pero más allá de eso, estamos todos ahí compartiendo la playa, compartiendo el mar, algunas veces más apretados, otras más separados, pero sabiendo que estamos viviendo un clásico argentino.

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Un clásico que se extiende desde San Clemente (una de las primeras playas) hasta allá abajo, más al sur, Mar de Plata con más viento y agua un poco más fría. Claro, en un medio muchas más localidades del Partido de la Costa.

Dijimos que estuvimos en San Clemente del Tuyu, muy cerca de la Bahía Samborombón. Playas grande, mucha distancia entre el mar y los médanos, mucho espacio para correr, caminar, leer, tomar sol. Y también, para pescar. Pescar, quien dice pescar, dice intentar!

Y algo pescamos...

Y algo pescamos…

Colorida caja de pesca.

Colorida caja de pesca.

El trabajo artesanal

El trabajo artesanal

Objetos de pesca I

Objetos de pesca I

Objeto de pesca II

Objeto de pesca II

Es Punta Raza uno de los puntos de la costa donde la pesca deportiva está permitida. Ese sitio se caracteriza también por resguardar la estación de descanso y alimentación de ciertas aves migratorias. Y ahí, como dijimos, intentamos pescar.

Gaviotas

Gaviotas

Más gaviotas

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Y una vez más, nosotros pisando la playa pero sabiendo que probablemente por mucho tiempo no la pisemos (por lo menos estas playas). Y la nostalgia se entremezcla con la emoción de viajar, de conocer nuevas costumbres, nuevos modos de habitar la playa. Pero sabiendo que nosotros, los argentinos, tenemos larga data en habitar la playa. Y eso vamos a extrañar, nuestras costumbres argentinas.

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