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Nostalgia de India

Me levanté en una Barcelona lluviosa y fría. Sola.

L. está en Croacia. Me vestí, comí un poco de fruta y en piloto automático encendí la computadora. Youtube. Ciclo de mantras indios agrupados bajo el título de “Morning Mantras”.

No sé como llegaron esos mantras a nosotros pero los adoptamos como propios, sobretodo mientras estábamos de viaje y teníamos toda nuestra vida circular y rutinaria. Si, nunca tuve más rutina que estando de viaje. Desayunar, escribir, mirar un mapa, decidir que hacíamos ese día.

Lo cierto es desde que nos vinimos a Barcelona (ya casi 9 meses) nunca había escuchado los mantras mañaneros.

Hoy sí. Y sin pensarlo ni planearlo. Y no puedo menos que sentir una enorme nostalgia de India.

El otro día alguien mencionó que habíamos vivido mucho tiempo en Asia. Le dijimos que no, que vivir lo que se dice vivir, no. Vivir en un lugar para mi es comprar en la misma verdulería, conocer al cajero del mercadito y tomar un té siempre en la misma taza. Pero en cierta parte, era verdad, vivimos en Asia. Pasamos más dos años recorriendo el continente asiático. De esos dos año, un año entero fue en India. Si, esa India sucia, caótica, desprolija, pobre pero que a mi (a nosotros) tanto nos gusta.

La primera vez que pisamos el país fue en abril del 2013. No sé porque fuimos a India. Nuestro plan inicial era viajar un año por Argentina. Pedir licencia en el trabajo y volver al poco tiempo. Lo cierto es que nunca volvimos. Tampoco nunca viajamos por Argentina. Un domingo de navidad sacamos el pasaje a India sin tener idea en qué nos metíamos.

Y así llegamos a India. Sin tener idea de en dónde nos metíamos, literal. Claro que al principio no fue fácil. Por su puesto, fue más que difícil adaptarse, al menos, para mi. Ludmila, chica del conurbano. Nunca había visto un mono colgado de un templo. Nunca había visto mujeres con sari y hombres con turbante. Apu de Los Simpson era mi único contacto con la cultura india. No comía picante, no me gustaban los olores y no me acostumbraba a esquivar vacas.

Lloré. Lloré dos días y pasé una semana enferma. Y me encantó. India me encantó. No sé qué, no sé cómo, no sé por qué. No soy yogui, no creo en Shiva ni en dioses azules con cabeza de animales. No creo en el río Ganges ni creo en las castas.

En realidad, si sé porque me gusta India. Porque, en realidad, me gusta como soy yo en India. Y eso que no me visto ni de Ravi Shankar ni mucho menos. Pero me gusta el no ser nadie. En India, fui centro de miradas pero nunca me importaron.

En India, pude pasarme una tarde entera sentada tomando un chai largo e infinito. En India escribía, pintaba, andaba en sandalias de goma y sólo tenia una remera que debería lavar todas las noches para volver a ponérmela limpia. En India soñé, soñamos, en escribir un libro.

India no nos fue indiferente. Y no puedo más que sentir cosquillas en la panza y que se me dibuje una sonrisa en la cara cada vez que nos pienso allá.

El año que pasamos en India no fue de corrido. Por visados, tuvimos que entrar y salir en cinco oportunidades. Las cinco veces que dejé India lo hice contenta de irme, porque India satura. Y las cinco veces, le pedí a Lucas que me haga acordar de mi cansancio y tedio cuando diga que quiera volver.

Pero no funciona. India me exprime la calma, me cachetea, me pega donde me duele, pero a la vez me abraza. India enseña, y hoy…. Una mañana de otoño en una Barcelona que quiere ser independiente, la nostalgia de India se me cuela en las manos. Debería estar escribiendo para terceros, cosa que pasa cuando vuelve al sistema. Pero el ciclo de “morning mantras” sigue sonando en Youtube y tengo muchas ganas de tomarme un chai.

También de retomar el Blog.

Curiosidades de China

China es un mundo aparte y todo gracias a sus habitantes. Los chinos, seres únicos en su especie. Chinos capaces de tomar agua hirviendo haciendo más ruido que un camión al arrancar y capaces de comer tortugas con palitos chinos. Curiosidades de China. Los chinos, los que no pueden decir la R y dicen “Algentina, Mechi, Mechi, Maladona” mientras cierran bien los ojos y abren bien la boca. Esos seres que se hacen querer tanto pero a que a la vez cuesta tanto comprender.

Estuvimos dos meses en China y no hubo un solo día en que los chinos no nos sorprendan. Por eso estas palabras. Les compartimos algunas curiosidades, detalles y mitos que fuimos encontrando y derrumbando durante nuestro viaje por China. Todos son “Made In China”:

  1. ¡Hagamos pis todos juntos!

Y no es broma. En China los baños son literalmente “públicos”. La mayoría se tratan de un único gran agujero sin puertas ni divisiones dónde todos hacemos pis o caca en cuclillas, adelante de todos y dónde a nadie le importa ver o ser visto por otras personas. No es apto para pudorosos y es ideal para grupos de amigos que no quieren dejar de charlar ni por dos segundos.

  1. Chinos cabuleros y supersticiosos

Los chinos son una de las sociedad más supersticiosas. Para ellos, por ejemplo, el número cuatro representa la muerte (porque en chino mandarín ambas palabras suenan muy parecido) por lo cual la mayoría de los ascensores no tienen el número 4, 14, 24… y tampoco tienen, por las dudas, el número 13.

En cambio, el número 8 es el número de la suerte ya que representa la prosperidad económica. Por lo cual, las compañías de celulares venden los número de teléfonos que contienen muchos 8 mucho más caros que el valor normal de la línea. A los chinos, también, les encantan los números capicúas. En los mercados, por ejemplo, se venden billetes capicúas (y sin tiene 8… el precio es desorbitante)

Pero las creencias no vienen sólo con los números. También confían en la saliva de tigre como estimulante sexual, en las uñas de tortuga como antioxidante y en la grasa de oso panda como digestivo.

  1. Los mapas mienten en China

Nunca fuimos de desconfiar de un mapa hasta llegar a China. Si los chinos son oportunistas, los mapas son caraduras mentirosos. Las distancias siempre son más grandes que lo que dice el mapa. Si algo parece caminable, seguramente no lo sea. En China, a los mapas hay que ponerlos varias veces en duda.

  1. Los números con las manos

Ante la dificultad del idioma, en China no queda otra que comunicarse por señas. Pero con los números, esa regla internacional no aplica. En China los número del 1 al 10 se representan todos utilizando una única manos. Por lo cual, del 6 al 10 son representaciones totalmente nuevas para nosotros.

  1. Chinos con el culo al aire

Así como suena. La mayoría de los bebés y niños pequeños andan con el culo al aire. Y no por no tener pantalones, sino que justamente es el pantalón el que tiene un agujero en la cola. Muchos, tampoco llevan pañal por lo cual la tarea de limpieza e higiene se resuelve bastante rápida.

  1. ¡Que elegancia la de China!

Si bien Shanghaí es la capital de la moda y allí hasta el más humilde de los mortales viste una camisa Gucci, al resto del país les importa poco y nada la moda. No te sorprenda ver a los chinos en pijama caminando por la calle o ver vistiendo a toda la familia con el mismo modelo haciendo juego.

  1. La comida china que comemos afuera de China no es la que comen ellos

Nosotros fuimos buscando arrolladitos primavera o el arroz tres delicias que comíamos en el Barrio Chino de Belgrano y no encontramos nada parecido. Igualmente, sigue siendo de nuestras cocinas favoritas. Nunca comimos tan ricos vegetales como en China. Con la carne, tuvimos nuestras reservas. ¡No sea cosa que ladre!

  1. Comida excéntrica

Los chinos son de comer cosas raras. Según su dicho, cualquier cosa que se mueva es comestible. Así fue que nos ofrecieron sus deliciosos huevos podridos, sopa de orejas de gato y tortuga al horno sin caparazón. Cuestiones como animales en extinción, conciencia alimentaria o vegetarianismo aún no llegaron a China.

  1. Todos bailando en la plaza

Fue lo más amamos de China. Si bien la mayoría de las ciudades son reconstrucciones nuevas, todas repiten el mismo escenario: Avenidas amplias, edificios altos y un gran parque con un pequeño lago artificial y una pagoda. Lo mejor es que en esos parques se repite siempre la misma escena: partidos de ping-pong, niños aprendiendo a andar en bici y señoras y señores bailando. Todos juntos, en coreografía, al ritmo de algún hitazo clásico chino. Algunos siguen el ritmo, otros hacen versiones libres, pero todos se mantienen en movimiento.

  1. Caminar para atrás y golpearse las piernas

Si bien a los chinos les gusta bailar, no lo hacen sólo por lo artístico sino por hacer algún tipo de actividad física. Además de seguir las coreografías, los chinos van por las plazas caminando para atrás, dándose golpecitos con las manos para activar la circulación y haciendo Tai-chi. Mucho Tai-Chi, todas las mañanas y en todas las plazas.

  1. Terapia intensiva para los árboles

Eso mismo. Nunca habíamos visto árboles con suero. ¡Todo es posible en China!

  1. Adiós cielo azul

La contaminación en China no es novedad, y así fue como pasamos un mes sin ver un solo cielo azul, mucho menos un rayito de sol. El cielo es gris y las personas utilizan barbijos casi todo el tiempo. Incluyo, muchos chinos utilizan una aplicación de celular para saber que tan contaminado esta el ambiente ese día y en base a eso se preparan para salir o no a la calle.

  1. Fumar en todo lugar

Para muchos la prohibición de fumar en espacios cerrados es obvia, pero en China no. Allá se puede fumar a toda hora y en todo lugar. Los chinos fuman dentro de los vagones de tren, dentro del banco e incluso, dentro del ascensor. Nos pasó de compartir ascensor desde el piso 1 hasta el piso 15 con un señor que se fumo todo su cigarrillo ahí adentro. Por supuesto, la colilla fue al suelo.

Nunca disfrutamos tanto del aire como cuando se abrieron las puertas del ascensor.

  1. ¡Brindemos! ¿Chin-Chin?

En China hay varias normas para tener en cuanta a la hora de tomar alcohol en grupo. Por ejemplo, nadie puede tomar si no brinda con alguien antes y cuando uno brinda, tiene que tomarse todo el vaso de una (fondo blanco). Por lo cual, si alguien quiere tomar, la otra persona esta obligada a tomar también. El brindis se hace al canto del “Gan-bhei”. Razón por la cual, todos terminan borrachos muy temprano.

Más de una vez nos paso de compartir este tipo de escenas con chinos. Con mucha inocencia le contamos que en “Algentina” decimos chin-chin cuando brindamos. Y brindamos, y dijimos chin-chin. Y todos los chinos de la mesa se empezaron a reír y a darse picos. No entendimos nada hasta que uno nos aclaro que “chin-chin” es besarse en chino. En fin, organizamos una secuencia de besos improvisados!

  1. Esa muralla sola que se ve desde un avión…

Los chinos se enorgullecen de su Gran Muralla China. Está presente en todos los menúes de restaurant, en todas los folletos turísticos y en cada casa cuelga un poster de la Murralla China. Para ellos es la obra máxima de la humanidad y es la única construcción realizada por el hombre que se ve desde el espacio. Pero, lamentablemente, tenemos que decirles que es mentira. La Muralla China no se ve desde dado que no es tan ancha y su color es igual al entorno. No por eso se vuelve menos atractiva. Sigue siendo una de las siete maravillas modernas más interesantes.

  1. ¡Segundo hijo más barato!

Las políticas chinas del hijo único son de público conocimiento, pero hace un tiempo el gobierno comenzó a flexibilizarse y a permitir a las familias tener un segundo hijo siempre y cuando el primer hijo sea mujer. Si es primer hijo es hombre, ahí se acaba la cuestión salve que paguen una multa de varios miles de yuanes.

Pero algunos estados, con el afán de recaudar y de que no decrezca la pirámide poblacional comenzaron a hacer descuento y prorrogas para que China siga siendo el país más poblado del mundo. De este modo, nos aseguran chinos para largo rato.

La historia del gran Komitas
La tía de no se quién dijo alguna vez que viajar exacerba los sentidos. No lo sé, pero por lo pronto hay veces que recuerdo algunos lugares por sus paisajes, otras veces por su olor (sea agradable o no), muchas veces por su comida y cada tanto por la música. Respecto a la música pasa algo curioso y aquel que viaja a dedo lo sabe, somos “rehenes” musicales del conductor. Suenan canciones en otros idiomas y cuando quieren agasajarnos con algo en español ponen Enrique Iglesias. Por eso aprendimos algo de ruso, para pedir que no ponga Enrique Iglesias. “Niet, niet, Enrique Iglesias niet. Feo, caca”, y así logramos que nuestro conductor y DJ pase a la siguiente canción.

Armenia no fue la excepción. Era un día nublado y frío, todo nos parecía frío porque veníamos de Irán donde lo más fresco que logramos estar era cuando viajamos en la caja de una camioneta. La lluvia amagaba con caer en cualquier momento y cuando se detuvo el primer auto subimos.

Luego de las preguntas de rigor, sobre nuestra locura de viajar así, nuestro país de origen y la cantidad de lugares que recorrimos, la música tomó el papel protagónico en el auto. Si me preguntaban en ese momento hubiera dicho que parecían cantos gregorianos. El conductor y DJ nos preguntó: “¿Les gusta Komitas?” y ahí me acordé de haber leído algo sobre él en algún un capítulo de algún libro.

Komitas no era su nombre verdadero, sino el que adoptó cuando se convirtió en monje. Nació en 1869 en lo que hoy es Turquía, en aquel entonces vivían entre dos y tres millones de armenios en Turquía. Estudió música en Berlín y dedicó toda su vida a recopilar canciones armenias. Viajaba de pueblo en pueblo anotando y aprendiendo canciones populares que logró inmortalizar. Fue un viajero errante que se hacía pasar por juglar en los pueblos narrando grandes historias armenias a través de sus canciones. Incluso compuso misas que hasta el día de hoy se escuchan en las iglesias armenias.

Pero hubo un gran quiebre en su vida, como en la vida de millones de armenios. El gran genocidio llevado a cabo por los turcos. Hasta el genocidio de los Nazis con lo judíos, el genocidio armenio había sido el más grande de la historia. Murieron casi dos millones de armenios. A Komitas lo capturaron el 24 de abril de 1915, fecha considerada como el comienzo del genocidio. Lo llevaron al borde de un precipicio. Lo tuvieron ahí mirando el abismo. La hija del sultán turco, que era alumna suya, intervino por su liberación. Pero fue tarde. A Komitas no lo arrojaron al vacío pero la cercanía con la muerte lo dejó sin palabras, literalmente.

Lo trasladaron a París, a un hospital psiquiátrico. Komitas no volvió a hablar, ni a componer, ni a hacer música. Intentaron de mil maneras distintas para sacarle un palabra, una sonrisa o un gesto, pero no hubo caso. Murió en aquel hospital psiquiátrico en 1935, pero pareciera que su vida se la habían arrancado 20 años antes.

Entonces cuando el conductor me preguntó si me gustaba Komitas no pude más que asentir y pedirle que ponga el volumen un poco más fuerte.

Les compartimos 45 minutos de Komitas, para que piensen que sentíamos nosotros cuando recorríamos aquel dolido país, en ese auto, escuchando a Komitas y mirando el paisaje por la ventana.


Genocidio Armenio, una cuestión inconclusa

“Propongo al Congreso el exterminio total de los armenios del Imperio otomano; es necesario aniquilarlos. Para llevar a cabo este propósito hay que actuar, frente a todas las dificultades, absueltos de conciencia, de sentimientos de humanidad, pues la cuestión no es de conciencia ni de sentimientos humanitarios: es sólo de índole política, íntimamente vinculado con el beneficio y futuro de Turquía.
Así terminará inmediatamente la Cuestión Armenia.
El gobierno turco se liberará de la intromisión extranjera en sus asuntos internos.
El país se desembarazará de la raza armenia y así brindará un amplio campo a los turcos.
Las riquezas de los armenios pasarán a ser propiedad del gobierno turco.
Anatolia será territorio habitado exclusivamente por turcos.
Se aplastará el obstáculo más importante para el logro del ideal panturánico.”

Nazim Fehti, secretario general del CUP. 14 de septiembre de 1910

***

Pasaron más de cuatro meses desde que visitamos Armenia y en el medio pasaron muchas cosas. Siento que escribir sobre esto no tiene mucho sentido. Pero creo firmemente que escribir, en este caso, es una forma de reclamar justicia y denunciar una situación que millones parecen negar.

Si bien es cierto que Armenia es tierra de vinos, cultura, paisajes montañosos, monasterios y tradición cristiana, para nosotros su mayor atractivo radica en su gente. El pueblo armenio siempre nos llamó la atención. Quizá por tener amigos descendientes de armenios, quizá por la injusta historia y por el poco reconocimiento mundial de su genocidio. Quizá por eso, en nuestro viaje por el país decidimos prestar atención a un sólo detalle en nuestro viaje por el país: sus habitantes.

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Tras una vuelta por las lindísimas montañas, los increíbles monasterios y el no-reconocido Estado de Nagorno Karabaj, nos propusimos alcanzar Ereván, la capital de Armenia.

La ciudad es pequeña, tal es así que se puede recorrer caminando. Priman los parques, las plazas, iglesias y las construcciones europeas. La ciudad está sobre una colina, por lo cual basta con sólo subir un poco para obtener vistas increíbles.

Desde cualquier esquina se puede ver el Monte Ararat, uno de los picos más altos de la región. El Monte Ararat supo ser el orgullo armenio, pero eso también se lo robaron. Ahora es parte de Turquía.

El Monte Ararat de fondo

El Monte Ararat de fondo

Pero el encanto de Ereván no sólo se ve en sus calles ni en sus habitantes sino, también, en sus alrededores. A pocos kilómetros de acá, está Novavank un monasterio del siglo IX ubicado en el centro de una garganta montañosa. También visitamos Khor Virap, otro monasterio casi al pie del monte Ararat donde se dice que Noé ancló su arca.

Pero en realidad, no quiero enumerar las puntos agradables de la ciudad ni todo lo que el país tiene. En realidad, quiero decir todo lo contrario. Quiero decir lo que falta: justicia.

El Genocidio Armenio, como tantas otras cosas, tampoco lo estudié en la escuela. Menos en la universidad. En realidad, me enteré por una amiga de apellido largo, difícil y que termina en –ian. Y sólo, porque estábamos en el 2015 y se cumplían 100 años del genocidio y ella me dijo que iba a ir a la marcha que se realizaba en Buenos Aires.

Tampoco sabía del genocidio de Camboya en manos de los jemeres rojos, tampoco de los desaparecidos de Stalin en los gulags de Siberia. Supongo que son pocos, también, los extranjeros que saben de los más de 30.000 desaparecidos argentinos. El genocidio perpetuado por Hitler es el más conocido, pero no por ello el único ni el más voraz.

SOBRE EL GENOCIDIO ARMENIO:

El Genocidio Armenio no tuvo otro fin más que borrar de lleno la existencia de la etnia armenia y consistió en la deportación forzosa de entre un millón y medio a dos millones de armenios. Fue llevado a cabo por el Gobierno Otomano de los Jóvenes Turcos entre 1915 y 1923.

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Hasta 1914 el pueblo armenio era considerado dhimmi, concepto con el que la ley islámica denomina a judíos y cristianos que habitan en estados islámicos y cuya presencia es tolerada sólo a cambio de un pago de ciertos impuestos y de la aceptación de una posición social inferior. Cabe mencionar que los territorios armenios estaban ocupados por el Imperio Otomano y que el gobierno zarista con sede en Moscú ya comenzaba a tener intereses en esa región.

Pero el 24 de abril de 1915, el gobierno turco consideró que el clima en Armenia ya estaba demasiado caldeado y que era hora de hacer algo. Ese día se ordenó el arresto de 250 armenios intelectuales. Con el correr de los días, la orden de arresto se hizo extensiva a millones de personas. Todos los armenios detenidos fueron confinados a campos de concentración, la mayoría situados cerca de Siria e Irak. Muchos de los armenios nunca llegaron a los campos; murieron por el camino víctimas de las duras condiciones de la marcha, la inanición o los abusos indiscriminados del propio ejército que les “escoltaba”. Los que lograron sobrevivir asumieron la condiciones de refugiados y se exiliaron a otros países.

Es curioso que en 1939 cuando Hitler comienza a dejar traslucir la idea de campos de concentración para judíos menciona en su defensa que “Después de todo, ¿quién habla hoy en día de la aniquilación de los armenios?

En el año 2017, solamente 29 países reconocen el Genocidio Armenio como tal. La Republica de Turquía sigue negando el atropello cometido. No reconocen ni el número de muertos ni las razones de muerte. Argumentan que murieron en combates e incidentes internos. Las relaciones entre ambos países son pésimas y las fronteras terrestres están cerradas. Incluso muchos territorios siguen en conflicto, el bíblico Monte Ararat es un ejemplo de ello.

EL MUSEO DEL GENOCIDIO ARMENIO:

El museo del Genocidio Armenio en Ereván me llamaba mucho la atención. Decidimos ir caminando, sin saber que eso implicaba salirnos de la ciudad y trepar una colina. Y también, por no saberlo, entramos por la parte de atrás; Cruzando el bosque de pinos que celebridades y lideres políticos y culturales plantaron en señal de reconocimiento del holocausto.

Lo primero que vimos fue una gran estructura metálica. En su interior una llama que nunca dejaba de flamear. Alrededor, 12 altísimas paredes de hormigón que lo hacían sentir a uno muy pequeño (cada pared representa una de las 12 provincias perdidas del territorio armenio). A nuestro lado, decenas de armenios llorando. Mujeres, hombres, jóvenes, ancianos, parejas. Llorando a moco tendido, dejando velas y ramos de rosas, cintas con nombres, estampitas y objetos personales. Llorando a sus muertos. ¿Sería la primera vez que pisaban su tierra? ¿Qué sentirían? ¿Cómo es cargar con el sufrimiento de ser expulsado de tu tierra?

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Finalmente ingresamos al museo. Frío, oscuro, silencioso. Repleto de imágenes congeladas y leyendas que dan cuenta del horror: mutilaciones, violaciones, fusilamientos y torturas. Nos recordó mucho nuestra visita a los campos de Auschwitz en Polonia.

Son muchas las comparaciones con el holocausto judío. Cada día son más los historiadores e informes que dejan entrever que Hitler se inspiró en las ideas del Genocidio Armenio.

Lo cierto es que hoy Armenia es un país vacío, sin justicia ni reconocimiento internacional. Lo que no cargaron los turcos, los soviéticos se ocuparon de hacerlo suyo. Armenia hoy solo tiene 3.000.000 de habitantes. Son más los armenios que viven en el exterior que dentro de las fronteras de su país.

Tener memoria y dar voz a las injusticias que encontramos durante el viaje es, una vez más, la única respuesta que podemos encontrar para intentar, al menos desde nuestro lugar, dejar el mundo un poco mejor de lo que lo encontramos. Quizá sólo por eso tenía ganas de escribir y volver a recordar todo lo que sentimos en Armenia.

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Nagorno Karabaj, el país que pocos reconocen

Recuerdo que llegué a la región de Nagorno Karabaj con la cabeza mareada de tantos pensamientos. Hoy, si reviso mis notas encuentro solamente garabatos que se plantean sobre el sentido del viaje y la vida. Preguntas que se extienden entre las hojas de mi cuaderno, pero que se cortan abruptamente al llegar a Shushi.

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El pueblo de Shushi sacude hasta a los más duros. Nada más al entrar uno ya tiene la sensación de estar en un lugar medio vivo y medio muerto. Edificios destruidos pero con ropa colgada en los balcones. Paredes llenas de agujeros de balas pero con grafitis coloridos. Un leve sol que se anima a salir pero una niebla espesa que cubre todo. Triste pero real. Así es el primer pueblo que visitamos en el no recocido país de Nagorno Karabaj.

Nagorno Karabaj es, en realidad, un enclave armenio en territorio de Azerbaiyán. Un país no reconocido por ningún miembro de la ONU. Un hueco en los mapas. Una frontera invisible pero tangible en sus controles y en la vasta presencia militar. Un pueblo que sufrió (y sufre) la guerra y luchó (y todavía lucha) por ser reconocido.

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Llegamos a Sushi a dedo (autostop) desde Armenia. En realidad, desde el único sitio que se puede llegar, ya que las fronteras de Nagorno Karabaj solo están abierta con Armenia. Las fronteras con Azerbaiyán están cerradas. Incluso, la República de Azerbaiyán no permite el ingreso de ningún viajero que haya estado en Nagorno.

El viaje hasta Sushi fue ameno, pero el mayor problema fue comunicarnos con el dueño del auto que nos levantó. El insistía que ir a Artsaj era una gran idea, que ahí estaban las montañas más lindas del mundo y que la culpa de todo esta guerra eran los políticos. Luego, entendimos que Artsaj era el antiguo nombre armenio de la región. Pero, por las dudas y mientras fuimos en el auto, nosotros le dijimos que sólo íbamos a ir a Nagorno Karabaj, no a Artsaj. Nagorno Karabaj es el nombre ruso de la región y significa altas montañas. Pero el hombre no se preocupó por nuestro desconocimiento, al contrario siempre alabó que las comunidades armenias de Argentina y Uruguay hayan colaborado mucho con el levantamiento del no-país después de la guerra. Nosotros queríamos saber más, pero el idioma era una barrera. Por suerte, en Sushi nos espera S., él sí hablaba inglés.

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El auto nos dejó a unos 5 kilómetros de la ciudad de Sushi. Decimos caminarlo, además el hombre tenía razón, las vistas eran increíbles. Caminamos por el borde de la montaña mirando hacia abajo la ciudad de Stepanaket, la capital de este no-país.

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Pero el paisaje idílico se interrumpió al poner un pie en la ciudad. Buscando la casa de nuestro anfitrión cruzamos callejones desérticos, que para mi no eran más que venas de asfalto y para ellos un campo de batalla. Casas destruidas y hoy ocupadas por la naturaleza.

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Nuestro anfitrión es un ex – soldado de la guerra que se nota que se entretiene contándole a los extranjeros sus experiencias. Cuando llegamos estaba sentado hablando con otro hombre, un tanto más joven. Los dos sentados bajo la sombra de un gran roble fumando cigarros y tomando café. Interrumpimos una discusión animada.

Nagorno Karabaj siempre fue parte de Armenia, hace diecisiete siglos” nos dijo S. antes de que nos sentemos. “El problema comenzó con el genocidio armenio y cuando los turcos llegaron acá. La gente se escondió en las montañas para que no los encuentres y ellos poblaron la zona con azeríes. Pero los azeríes invadieron la zona, su reclamo por estas tierras no tiene sentido. Ellos quisieron destruir algunos monasterios del siglo tres DC. Si realmente fuese su tierra, ¿Por qué quieren destruirla?” Casi que así nos presentamos. Cualquier otra forma no hubiese tenido sentido. Nosotros vinimos para poder ver esta historia a los ojos.

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Luego la situación continúo empeorándose, Stalin…” haciendo una larga pausa y tomando aire agregó, “…Stalin nació en Georgia, conocía bien el Cáucaso. Sabía de los problemas de esta tierra encerrada por dos mares y repleta de montañas. Sabía del problema entre los armenios y los azeríes y no hizo más que empeorarlo. Decidió dejar Nagorno Karabaj bajo el control de Bakú (capital de Azerbaiyán) porque de esta manera se aseguraba que Armenia dependa de la ayuda rusa.” El cuello se lo iba poniendo rojo y las venas hinchando. Pero no se detuvo ahí. “Porque en la época soviética estábamos bajo la influencia rusa, pero todos sabíamos que cuando Rusia se vaya la guerra iba a estallar. En 1988 Nagorno Karabaj votó para separarse de Azerbaiyán y unirse a Armenia. Tal es así que tenemos su misma moneda y su mismo idioma. Hasta nuestra bandera es parecida. Pero no, nadie dijo nada. Ahí mismo empezó la guerra. Rusia nunca nos reconoció, siempre se puso del lado del más fuerte. Pero el pueblo armenio se levantó en armas, porque la defensa de Nagorno Karabaj era también la defensa de toda Armenia y la última frontera de Europa y del cristianismo.”

Es que sí, al oeste los límites de Europa están muy claros. Con todos los mares delimitando el principio del continente. ¿Pero hacia el este? ¿Dónde termina Europa?

Los límites tienen que ser culturales. Armenia es el extremo sureste del cristianismo. Nosotros somos el último eslabón de Europa, somos la frontera con Asia. Y los musulmanes vienen por todo. Pasa en el oeste de Europa, como en Francia hace poco, y pasa también acá.” Agrega S. cada vez más enojado.

El último conflicto armado entre azeríes y armenios fue en abril del 2016, unos meses antes de nuestra visita. S. ya no era más parte del ejercito, pero su hijo sí y combatió en aquel enfrentamiento.

El atardecer encontró hablando y en el cielo se tiño de rosa. Nagorno Karabaj es una de esas tierras con paisajes encantadores, de los más lindos del mundo, como puede ser la Patagonia o los Alpes Suizos. Con monasterios milenarios, montañas, verdes valles y ríos de agua transparente.

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Pero, lamentablemente, está atravesada por una guerra que no los deja pensar ni reflexionar. Ellos tiene que actuar. O mejor dicho no pierden el tiempo pensando, como yo, en lo frágil de la condición humana. Su mundo se reduce a algo mucho más concreto, en un nosotros somos los buenos y ellos son los malos. Entonces ya no queda lugar para cualquier otra discusión.

En Nagorno Karabaj yo tampoco puede pensar en otra cosa más que en la cercanía e inmediatez de la guerra. Quizá por eso mi cuaderno también quedó en blanco.

Armenia y sus habitantes

El sentimiento fue proporcionalmente inverso que a la entrada. Ahora no me preguntaba en que momento debía cubrirme, sino por el contrario contaba los pasos que faltaban hasta cruzar la línea imaginaria que separa a Irán de Armenia. Sólo en ese punto iba a poder sacarme mi improvisado hiyab. También iba a sacarme la camisa de manga larga y con suerte, las calzas que tenia debajo de la pollera. Es que con 39 grados, me costaba mucho andar tan cubierta.

Se ve que no era la única. Delante nuestro, un grupo de cinco mujeres iraníes esperaban que les devuelvan sus pasaportes ya sellados. No les daban las piernas para correr. Buscaron refugio en el primer árbol que se ve del otro lado del puente que separa ambos países, justo debajo de la bandera roja, azul y naranja. Ahí, se sacaron toda la ropa que pueden. Quedaron en short y musculosa. Comenzó una sesión de fotos, maquillaje, y risas. Ellas festejan haber alcanzado cierto estado de libertad, yo, en cambio, trato de pensar cuál de las dos posturas es más opresiva. Pero también aprovecho, y me saco todo la ropa que llevo de más. Las vuelvo a mirar; siguen sacándose fotos. Las leyes, muchas veces, suelen producir el efecto contrario de lo que intentan regular. Las leyes religiosas de la República Islámica de Irán son un claro ejemplo.

Del otro lado, seguían las mismas “libertades”. Todos los locales eran clubs nocturnos y anunciaban cerveza fría. Así fue que nos enteramos que Armenia era el terreno de libertinaje para muchísimos iraníes. Casi, para todos los iraníes que podían salir del país sin problema. Pero nosotros no buscábamos eso. Armenia representaba mucho más que cervezas y poder vestir musculosas.

***

Armenia, siendo sinceros, era un país que siempre nos llamó la atención y al que le tenemos un cariño especial. Posiblemente por su cercanía con Argentina y por la cantidad de amigos armenios, quizá por su historia. Armenia nos generaba simpatía, pero también pena, tristeza y desconsuelo. Además, viajar por Armenia nos devolvía un poco a nuestro mundo conocido. Después de tantos meses viajando por países musulmanes, hinduistas o budistas, encontrarnos con el cristianismo cara a cara era todo un adelanto. Armenia es un país por el cual sentíamos empatía, un país en el cual no nos llamaba tanto la atención los paisajes ni los sitios turísticos, sino su gente. Sus habitantes. En Armenia sólo queríamos hacer una cosa: hablar con su gente.

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Para eso, no hay mejor manera que hacer dedo. Viajar haciendo autostop nos obliga a subirnos al auto de un desconocido por cierta cantidad de kilómetros y compartir nuestras historias. Así comenzamos a esperar el primer auto. Pasó uno, pasó otro. Todos querían plata. Decidimos seguir esperando. Teníamos que hacer solamente cien kilómetros hasta la ciudad de Goris. Nos frenó una pareja que escuchaba reggaeton a todo volumen y nos llevó diez kilómetros más adelante. Decidimos parar a almorzar al lado de la ruta. Pedimos un khachapuri, un pan relleno de queso, huevo frito y manteca. Volvimos a la banquina a seguir esperando. Finalmente pasó (y frenó) un auto. Nos lleva hasta mitad de camino. Se trata de L., una armenia-rusa que vive en Ereván y viaja alrededor del país por trabajo. Habla inglés y es la mejor introducción que podemos tener al país.

Con L. charlamos bastante. Le preguntamos por la situación actual del país, por su trabajo y por sus aspiraciones. Reconocé que ni ella ni su mamá hablan armenio. Su idioma es el ruso. La URSS cayó, pero sigue presente.

Avanzamos rápido y eso que es todo camino de montañas, con curvas y contracurvas. En Armenia, las distancias son cortas. Es un país chico y con pocos habitantes. Pero no siempre fue así. Armenia perdió territorio y población con el avance atropellador de la historia. Decidí preguntarle a L. por sus sitios favoritos en el país. Nosotros no teníamos ningún itinerario armado, por lo cual, sus sugerencias podrían ayudarnos.

Ella comenzó a divagar. Que es un país chico, que está en los conflicto, que las montañas quedaron del otro lado, que el bíblico Monte Ararat quedó en Turquía, que la mayoría de los armenios están fuera del país. Trató de ser concisa y le pido que sólo me diga el nombre de un lugar. De su lugar favorito en Armenia. Piensa. “El monasterio de Dilijian, ese es mi lugar preferido pero hace muchos años que no voy” nos dijo L. A los pocos kilómetros nos despedimos.

***

De noche y con mucho frío llegamos a Goris. Nuestra primer para en el país. Teníamos la dirección de nuestro alojamiento anotada en un papel. La sorpresa fue descubrir que los nombres de las calles no estaban en letras latinas, ni en letras cirílicas. Todo estaba en armenio, un idioma tan complejo como antiguo.

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El traducir los caracteres uno por uno parecía una tarea bastante imposible. Decidimos preguntarle a un tipo que estaba estacionando el auto. No reconoce ni el nombre del hotel ni la dirección, pero nos invita a la casa. Ahí podemos usar internet y buscar la dirección correcta. La casa era de piedra, con balcones, ventanales y muchas flores. Combinada perfectamente con el cariz medieval que tiene la ciudad de Goris.

Para entrar a la casa, debemos sacarnos los zapatos. Adentro estaba su mujer y sus dos hijos, también sus padres, su cuñada y tres sobrinos. Todos se ponen de pie para saludarnos. Nadie pregunta nada ni interroga al hombre. Entrar con dos desconocidos era lo más natural del mundo. Nos ofrecen café, vodka, vino y galletitas. En ese orden. También bombones y una computadora para poder buscar la dirección del hotel.

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Cada vez que decíamos Argentina, ellos se ponían contentos. “Argentina-Armenia, amigos” decían y unían ambas manos como Alfonsín, en señal radical de la victoria. Y así, el dueño de casa comenzó a enumerar todos los argentinos-armenios que conocía. La cuenta era fácil, sólo había que decir apellidos que terminaban en –ian. Cuando ya estábamos dispuestos a salir de nuevo en busca del hotel, el hombre se ofrece a llevarnos en su auto.

***

El Monasterio de Tatev es el sitio de orgullo de los armenios. El orgullo es doble. Por un lado, se trata de una construcción impresionante hecha en roca en el filo de una montaña y por otro, para llegar hasta allá arriba uno puede tomar en cable-carril más largo del mundo, según los records Guinness.

Nosotros no optamos por el cablecarril sino que hicimos dedo en la ruta de tierra que conduce al Monasterio. A medida que el camino se iba metiendo más y más en el valle, nosotros no dejábamos de sorprendernos de tanto verde. Es que sí, veníamos del desierto donde ver un árbol era todo un espectáculo. Acá, por el contrario, no nos daban los dedos para contar todos los tonos de verdes y marrones.

El monasterio nos dejó boquiabiertos. Fue retroceder miles de años en la Historia de la humanidad. Curiosamente, Armenia fue la primer nación en adoptar el catolicismo como religión y la misma, aún hoy, sigue intacta.

El Monasterio de Tatev, al igual que otros tantos monasterios del país, está hecho en piedra maciza. La arquitectura es medieval, las paredes son anchas, las ventanas pequeñas y las vistas siempre son majestuosas. Al ser representaciones de la Iglesia Ortodoxa Armenia, no hay estatuas ni figuras de los santos. Sólo imágenes e íconos, coronados en marcos dorados. Los popes, a su vez, caminan todos vestidos de negros, con sus barbas largas y sus crucifijos brillantes. Las mujeres, debemos cubrirnos la cabeza para poder entrar a las iglesias. También, debemos salir caminando para atrás. No sea cosa que nos demos vuelta y le demos la espalda al Señor.

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***

Nuestra ruta por Armenia continuó. Seguimos viajando a dedo, visitando monasterio y observando el monte Ararat a lo lejos. Se ve desde números sitios aunque ya no sea más parte de Armenia.

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Visitamos Ereván, la capital. Allí, nuestros rasgos occidentales se camuflaban entre la población y todos nos hablaban en ruso. Retoños soviéticos que siguen están a la orden del día. También visitamos los monasterios de Noravank y de Khor Virap. Ambos son construcciones antiquísimas, cargadas de historias e interés.

Nos quedaban pocos días en Armenia y decidimos hacerle caso a L. Dejamos Ereván para ir al norte, al Lago Sevan. Desde ahí, alcanzaríamos Dilijian. Según muchos, Dilijian son los Alpes suizos del país. Posiblemente por ser una zona muy frondosa, con parques nacionales y monasterios perdidos entre las montañas. Sí, en Armenia hay muchos árboles, monasterios y montañas. Aunque muchas hoy sean parte de Turquía o Azerbaiyán.

El famoso monasterio que nos había recomendado L. Estaba a unos diez kilómetros de Dilijian. Decidimos ir a dedo pero a mitad de camino nos arrepentimos. Había sol y el camino iba por medio de un bosque. Decidimos caminar. En eso, un auto pone balizas y frena a unos metros más adelante. Dudamos si paró por nosotros o no.

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La puerta se abre y salta L. con una sonrisa de oreja a oreja. “Sabía que eran ustedes. Los reconocí por las alturas. ¿Van al monasterio? Suban”. L. nos presentó a su mamá. Nos dijo que nuestra pregunta por su sitio favorito la dejó pensando y le dieron muchas ganas de volver a Dilijian, su sitio favorito.

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Sí, Armenia es el país dónde la misma persona pueden levantarte dos veces en la ruta. Porque, a pesar de que las montañas hayan quedado del otro, el encanto del país sigue siendo su gente.

Aclaración:

En realidad, Armenia es el país donde la misma persona puede levantarte tres veces en la ruta. Porque el día siguiente, L. nos volvió a levantar. Aunque esta vez fue en un punto de encuentro y a un horario acordado.

Itinerario por Georgia con vehículo de alquiler

Sólo disponíamos de diez días para recorrer Georgia. Comenzamos a evaluar las distintas opciones e itinerarios posibles. Tuvimos que priorizar que nos interesa conocer y en base a eso, comenzar a planificar.

* Podés leer nuestra guía completa de viaje a Georgia en este apartado *

Decidimos recorrer Georgia con vehículo de alquiler. De ese modo, íbamos a tener más independencia y aprovechar más los días. Además, las distancias son relativamente cortas y con unos paisajes de los más extraordinarios.

En general con condiciones de las rutas con buenas, salvo algunos tramos y caminos de montaña.

Decidimos optar por el servicio de alquiler de Cars4rent. Ellos ofrecen camionetas 4×4 en alquiler. Para nosotros, es el tipo de vehículo ideal para recorrer Georgia.

Al ser la mayoría del país camino de montaña (y muchas veces sin asfalto) uno necesita contar con un vehículo que este a las alturas de las circunstancia. Al ser un vehículo grande, uno también puede pasar la noche ahí y disfrutar de la libertad de parar a donde le den a uno ganas. En Georgia eso es en casi todo los rincones, ya que los paisajes son realmente postales.

NUESTRO ITINERARIO POR GEORGIA

Día 1 – Tbilisi:

Cruzamos a Georgia desde Armenia haciendo dedo (autostop) por la frontera de Sadakhlo.

Nuestra primer parada fue Tbilisi, la atractiva capital. Estuvimos tres días donde recorrimos sus iglesias medievales, su fortaleza, mezquita y un pintoresco casco antiguo al mejor estilo Buenos Aires.

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La ciudad de Tbilisi (o Tiflis, en español) estuvo, a lo largo de la historia, en manos de reyes georgianos, persas, árabes, mongoles, timúridas (los mismos que Samarcanda) y rusos. Toda el intercambio cultural aún se palpa en las calles y a ambos lados del rio.

¿QUÉ VER EN TBILISI?

– La Fortaleza de Narikala y la estatua de la Madre Georgia

– Catedral de la Santísima Trinidad

–  Iglesia de Metekhi y la estatua del rey Gorgasali

– El Puente de la Amistad y el Parque Rike

– Plaza de la Libertad y la zona nueva de Tbilisi

– Mezquita y Baños (o Hamanes) de Abanotubani

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Durante nuestro primer día en Tbilisi, conocimos a Georgi (de Cars4rent) y decimos seguir recorriendo el país vehiculizados. Como ya dijimos, la mejor manera de recorrer Georgia si se dispone de poco tiempo.

Nos alojamos en el Hotel Old Meidan

Día 2 – David Gareji

Ya con la camioneta, nos fuimos por el día a David Gareja, un monasterio con cuevas y mucha historia cerca de la frontera con Azerbaiyán. Está a unos 70 km de Tbilisi, y para llegar se cruza una serie de caminos secundarios y semiáridos de lo más pintoresco.

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En el camino, paramos en varios pueblitos a hacer fotos. Vale la pena ir por el día y volver a dormir a Tbilisi. En caso de querer dormir en Udabno, a unos 10 kilómetros del monasterio, hay un solo hostel. Lo llevan unos polacos, tiene onda pero nos pareció un poco caro y sobrevalorado.

Día 3 – Kutaisi (y muchas paradas intermedias)

Al día siguiente, nos pusimos en dirección a Kutaisi, a unos 230 kilómetros desde Tbilisi. En el camino decidimos hacer varias paradas intermedias.

Primero paramos en la antigua capital de Georgia, Mtskheta, a unos 25 kilómetros de Tbilisi. Ahí visitamos la Catedral de Svetitskhoveli y el Monasterio de Samtavro, dónde vivió Santa Nina, patrona de Georgia.

Desde ahí cruzamos al monasterio de Jvari, desde donde se obtienen unas vistas increíbles de Mtskheta y de la confluencia de los ríos.

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Volvimos a agarrar el auto para hacer unos 70 kilómetros hasta Uplistsikhe, la ciudad de piedra. Se trata de un conjunto de cuevas y piedras dónde se dice que llegaron a vivir 20.000 personas durante el siglo III AC. Sí, un sitio muy antiguo. Es Patrimonio de Unesco y la entrada cuesta 3 laris.

Para nuestra opinión, había demasiados turistas juntos y no se podía apreciar nada de lo que se veía. Además, allá arriba sopla mucho mucho viento pero las vistas del valle son hermosas.

Hicimos 20 kilómetros más hasta la ciudad de Gori. Ahí paramos a almorzar y a visitar el museo de Joseph Stalin, ya que esa es su ciudad natal. El museo cuenta la historia del dictador soviético, mostrando los aspectos menos sombríos de su historia. Es una lástima que mucho de los carteles estén sólo en ruso o georgiano. La entrada esta entre 5 y 10 laris según sea uno estudiante o no, o quiera comprar la entrada a un vagón de tren soviético o no.

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Ya a mitad de la tarde, llegamos a Kutaisi. Con la luz que quedaba del día aprovechamos para recorrer la ciudad. Lo más atractivo fue subir hasta la catedral de Bagatri. La iglesia es impresionante y las vistas de la ciudad son muy lindas.

Nos alojamos en Green Flower Guest House

Día 4 – Monasterios en Kutaisi y viaje a Mestia

Al día siguiente, salimos temprano rumbo a visitar dos monasterios cercanos a Kutaisi. Ambos están a unos 10 kilómetros de la ciudad. Primero visitamos el monasterio de Motsameta, es pequeño pero ubicado en el filo de la montaña. Basta cerrar un poco los ojos para remontarse en el tiempo y sentirse en la época de reyes medievales.

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Luego, visitamos el monasterio de Gelati. Este último se ganó el honor de ser el monasterio más pintoresco de Georgia. Si bien es cierto que por fuera estaba en remodelación, por dentro apreciamos muchísimos frescos de épocas antiquísimas. Además de las vistas del valle y de las montañas, observamos a muchísimos monjes en oración.

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Finalmente, seguimos viajes hasta Mestia. En total teníamos unos 230 kilómetros por delante, de los cuales cien eran por un empinado camino de montaña. Habremos tardado unas seis horas en llegar.

Mestia es la ciudad más importante del Parque Nacional Svaneti. En encanto de Mestia no reside en la ciudad sino en todos sus alrededores.

En total estuvimos tres días en Mestia y nos alojamos en el Hotel Svaneti.

Día 5: Mestía y el pueblo de Ushguli

Aprovechamos la camioneta para visitar por el día el hermosísimo pueblo de Ushguli, uno de los pueblos más altos de Europa. Ushguli esta a sólo 50 kilómetros de Mestia pero el camino para llegar esta en muy mal estado. Es todo una aventura y si o si se necesita una 4×4 o alguna camioneta similar. Igualmente, conocimos muchos viajeros que van a Ushguli caminando o en bicicleta. Algo que nos quedó pendiente.

Ushguli es todo un pueblo de cuento con unas vistas demasiado lindas. Es un pueblo que vive del turismo, por lo cual está lleno de guesthouse, restoranes y cafés.

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Día 6: Mestia, Mazeti y el glacia Ushba

Al día siguiente, fuimos al pueblo de Mazeri a unos 15 kilómetros de Mestia. Ahí dejamos la camioneta e iniciamos un trekking al imponente glaciar Ushba.

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La caminata al glaciar Ushba es de unos 12 kilómetros en total. Seis en subida (y bastante empinada) y los otros seis, por su puesto, en bajada. A mitad de caminata hay unas cascadas que dicen ser las altas de Georgia. El camino es muy pintoresco y el glaciar es imponente. Cuando nosotros llegamos estaba todo nublado pero por suerte, las nubes nos dieron tregua y pudimos disfrutar de unas vistas impresionantes.

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Día 7: Sairme

Finalmente, decidimos cruzar el país para ir a conocer el Parque Nacional Kazbegi. Como hacer todo el viaje de una era una locura, volvimos a cortar camino en Kutaisi. Pero esta vez, no lo hicimos en la ciudad, sino en Sairme. Se trata de un completo de sanatorios y aguas termales ubicado a unos 50 km de la ciudad de Kutaisi.

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El complejo de Sairme cuenta con un hotel muy moderno. Ahí dormimos.

Día 8: Stepantsminda – Kazbegi

Al día siguiente completamos el trayecto hasta Stepantsminda. La ruta fue complicada, sobre todo por la cantidad de camiones que se dirigían a Rusia (es la única frontera abierta). El tráfico fue contrarrestado por los paisajes. Sin dudas, esta es la ruta más linda del Georgia. Llegamos casi de noche por lo cual sólo recorrimos la ciudad. Nos alojamos en UpTown Kazbegi

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Día 9: Regreso a Tbilisi

Aprovechamos la mañana en Stepantsminda para visitar la catedral de Gergeti. Leímos que el camino en auto era complicado, por lo cual lo hicimos caminando. Lo cierto es que podríamos haber subido con la 4×4 sin ningún problema.

Ya más cerca del mediodía, decidimos volver. Desandamos lo andado para volver a Tbilisi.

Durante nuestra última noche en Tbilisi nos alojamos en Hotel Citrus.

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CONSEJOS PARA RECORRER GEORGIA CON VEHICULO DE ALQUILER

  • Parking: Salvo que este expresado lo contrario, se puede dejar el auto en cualquier sitio. Incluso en Tbilisi.
  • El país es muy seguro, por lo cual, no pasa nada por dejar el auto en la calle. Por la dudas, nosotros nunca dejamos nada de valor adentro y siempre cerramos bien las puertas.
  • Respetá las máximas de velocidad y las señales de tráfico. Hay muchos radares y policías controlando.
  • Evita los caminos de montaña de noche. Algunas curvas son, realmente, muy cerrada.
  • Levantá a todos los autopistas que veas por ahí.
Georgia: Guía completa de viaje

ACLARACIONES SOBRE ESTA GUÍA DE VIAJE A GEORGIA

La información recogida aquí se corresponde con nuestro a Georgia en septiembre del 2016.

Todos los datos están basados en nuestra propia experiencia. De este modo, los precios son los que nosotros pagamos, y los trámites, los que nosotros mismos realizamos.

Esperamos que cumpla su objetivo: serle útil a futuros viajeros. Cualquier duda, pregunta o comentario, no duden en hacerlo llegar.

¡Buen viaje y disfruten de Georgia!

INTRODUCCIÓN

Siendo tierra de vinos, quesos y montañas verdes Georgia es, sin duda, uno de los países más lindos que visitamos. Georgia se ubica en la región del Cáucaso, a mitad de camino entre Europa y Asia (aunque ellos se mueren de ganas de ser europeos).

Georgia es un país fácil, barato y con opciones turísticas para todos los gustos. Desgraciadamente (o por suerte) es un país muy poco conocido y con un turismo que ha crecido sólo en los últimos años.

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A su vez, fue una de las quince ex naciones socialistas soviéticas (URSS), razón por la cual aún mantiene mucha influencia de Rusia a pesar de los conflictos territoriales que mantiene con el gran gigante. Todo esto convive con paisajes soñados y con mucha impronta medieval.

VISA

La mayoría de las nacionalidades latinoamericanas y europeas no requieren visa para ingresar a Georgia. El tiempo máximo permitido de estadía es de 90 días.

Acá podes encontrar más información.

MONEDA

La moneda es el Lari georgiano (GEL). Los billetes son de 1, 2, 5, 10, 20, 50, 100 y 200 Lari y las monedas de 1, 2, 5, 10, 20 y 50 Tetri (centavos) y de 1 y 2 Laris.

Aquí van algunas conversiones para tener una idea (al 23/10/2016):

La relación yuan-dólar es de 1 USD → 2,37 GEL.

La relación yuan-euro es de 1 EUR  → 2,58 GEL.

Para ver la cotización actual xe.com

Es importante pensar como manejar las finanzas. Hay varias opciones:

– Viajar con cheques viajeros. En todas las ciudades importantes hay casa de cambio que los aceptan. El tipo de cambio es apenas un poco más bajo.

– Viajar con efectivo. Lo más fácil de cambiar son dólares en bancos o casas de cambio. Hay que prestar especial atención a los distintos cambios. Nos pasó de ver casas de cambio con una tasa bajísimas y otras con un tipo de cambio muy malo.

– Sacar dinero vía cajeros automáticos o manejarse con tarjetas de crédito. Cajeros (ATM) hay por todos lados.

Para nosotros lo más cómodo y simple fue ir sacando plata de cajeros automáticos a medida que el viaje va avanzando. En la mayoría de las ciudades y pueblos encontrarás uno y podes obtener liras con tu tarjeta de crédito o débito. Esta opción fue la más segura y barata para nosotros. El inconveniente es que necesitás una cuenta bancaria o al menos una tarjeta a tu nombre.

Si optan por la tarjeta de crédito o débito, recuerden tener siempre una reserva de dinero en efectivo. Nos pasó de estar en pueblos sin cajeros o sin luz.

IDIOMA

El idioma oficial es el georgiano y se caracteriza por una escritura bastante particular. Diríamos, imposible de leer. Al haber sido parte de la URSS la mayoría de la población también habla ruso, incluso los jóvenes.

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En las regiones turísticas (casi) todos hablan inglés, por lo cual el idioma no es problema. Pero, como siempre decimos, es agradable conocer algunas palabras del idioma local aunque no sea del todo necesario.

CLIMA

Georgia tiene una geografía diversa. Nace en las orillas del mar Negro y termina en el valle del Cáucaso, albergando dentro sí las montañas más altas de la región.

Por lo cual, en invierno hace bastante frío y en verano bastante calor. Lo ideal es ir en otoño o primavera para no sufrir las temperaturas en extremo.

El mayor inconveniente de ir en invierno es que la mayoría de los caminos de montañas se cierran y todo el norte del país queda anegado, pero es ideal para aquellos que les gustan los deportes invernales.

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PRESUPUESTO

Georgia no se caracteriza por ser un país “súper barato” pero con ingenio se puede encontrar el modo de viajar sin gastarnos todo nuestro presupuesto. Como siempre, un viaje puede ser tan caro y tan barato como uno de deseé y planeé. En nuestro caso siempre viajamos de un modo económico, al mejor estilo mochilero.

No realizamos excursiones pagas (nos las ingeniamos para realizarlas nosotros mismos) y solemos optar por transporte público antes que tomar un taxi o autos privados con chofer.  Viajamos lento y de manera pausada. Solemos informarnos bastante sobre precios, distancias, medios de transporte o cualquier otra variable que intervenga.

Cuando más rápido uno quiere viajar y más destinos en menos tiempo quiere ver, el presupuesto se encarece mucho más.

Un presupuesto muchilero (holgado) promedio en Georgia puede ser de unas 50 liras diarias. Incluye alojamiento (hostel con baño compartido), comida y transportes públicos. Lo que da unos veinte dólares por día.

Lo bueno de Georgia, es que a diferencia de otros sitios la mayoría de los sitios de intereses turísticos son gratuitos.

Este presupuesto se descompone en tres cosas básicas. Comer, dormir y viajar:

Comida

Lo mejor de Georgia es el vino, aunque siendo sinceros, los vinos de Argentina le pasan el trapo.

La gastronomía georgiana no es algo que haya fascinado. Por el contrario, nos decepciono un poco. Además de las conocidas comidas continentales, lo más común en Georgia son los kanchapuri. Se trata de un pan relleno de huevo, queso y manteca. En algunos sitios lo sirven abierto y en otros, cerrado. También vienen relleno de verduras o carnes.

Otro clásico Georgianos son los khinkalis, unas empanaditas rellenas de carne. Son muy baratas y también vienen servidas de queso, champiñones o papa, por ejemplo.

Alojamiento

Las opciones de alojamiento van desde hoteles de súper lujo hasta hostels compartidos a muy bajo precio. Por otro lado, Georgia es el país ideal para quienes les gustan acampar. Al tener muchas montañas y parques naturales, poner la carpa es lo más común. Se puede acampar en casi todos los sitios sin ningún problema.

Para nosotros, la mejor opción son las casas de huéspedes (guest-house). El precio es por día y es al mejor estilo AirB&B. Es decir, suelen ser casas de familia con habitación de alquiler. Algunas con baño privado, alguna incluyen desayuno, etc. Hay muchas opciones y cada una de adapta a los distintos presupuesto.

Transporte

Georgia, como ya dijimos, es un país que se adapta a todos los presupuesto y estilos de viaje. Es un país chico que se puede recorrer muy bien en bicicleta, a dedo (autostop), con vehículos de alquiler y en transporte público.

Nosotros llegamos a Tbilisi desde Armenia. Lo hicimos a dedo. Georgia es un país donde hacer dedo es muy fácil. Hay muchos camioneros, las rutas están en buen estado y en general hay buena predisposición con los autoestopistas. En todo caso, basta ver las banquinas. Hasta los georgianos suelen hacer dedo.

Para recorrer el resto del país optamos por un vehículo de alquiler. ¿Las razones? Teníamos poco tiempo, las distancias sin cortas, nos encanta manejar, las rutas muestran unos países de ensueño y a muchos sitios solo se accede mediante vehículo. Por lo cual, tarde íbamos a tener que contratar un taxi. En ese caso, lo mejor era ya contar con la libertad de andar con vehículo propio. Además, contamos con el apoyo de Cars4rent.

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CONEXIÓN A INTERNET Y TELEFONÍA CELULAR

En la gran mayoría de las ciudades (grandes y pequeñas) hay conexión a internet. Incluso muchos shoppings, restaurants y cadenas de comida rápida tienen wifi abierto.

Si van a estar varias semanas recorriendo el país lo más útil puede ser comprar una tarjeta sim activada con plan de datos. Son baratos y fáciles de obtener. Es más, si llegan al aeropuerto, la compañía Geocell (color violeta) las regala para turistas. En el centro, las venden a unos 5 Laris.

Para recargar, se puede utilizar las máquinas electrónicas que hay en casi todas las esquinas. Están en inglés y son muy intuitivas,

ITINERARIO

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En total estuvimos diez días en el país y este fue nuestro itinerario:

-> Día 1 – Cruzamos la frontera desde Armenia. Dormimos en Tbilisi.

-> Día 2 – Tbilisi

-> Día 3 – Tbilisi – Visita a David Gareja

-> Día 4 – Kutaisi – Parando en Mtskheta, Jvari, Uplistsikhe (la ciudad de piedra), y Gori

-> Día 5 – Mestia

-> Día 6 – Mestía – Ushguli

-> Dia 7 – Mestía – Mazeri y glaciar Ushba

-> Día 8 – Sairme (Kutaisi)

-> Día 9 – Stepantsminda/Kazbegi

-> Día 10 – Tbilisi

*Podés leer más sobre nuestro itinerario por Georgia con vehículo en este apartado*

RECOMENDACIONES Y CONSEJOS

– Interiorizate: Georgia está atravesado por historia muy complicada e interesante. Trata de llegar a Georgia conociendo algo, de su geografía, cultura, historia política y de su situación actual. Al menos para nosotros, la situación política de los países que visitamos es una pregunta obligada.

– Planificá: Un viaje sale mejor cuando uno lo planifica, al menos un poco. No somos partidarios de un viaje plenamente organizado, con reservas y un itinerario definido. Somos partidarios de que el viaje se vaya armando a sí mismo, pero eso no quita que uno planifique, al menos, algo. Mira un mapa, que lugares te gustaría conocer, por qué, fijate si te quedan de paso, arma un posible recorrido. Tener en cuenta tu presupuesto, tus gustos y tus ganas.

– Dejá los prejuicios en casa, en serio. Tratá de no quedarte con lo obvio.

– Georgia es un país seguro, es casi inexistente la inseguridad y los robos. No existen, en parte, porque la policía esta todo el tiempo y a todo momento rondando por ahí. Igualmente, estate atento a tener ciertas precauciones.

¿CONVIENE VIAJAR CON SEGURO MÉDICO?

Nunca se sabe si lo vamos a necesitas, por lo cual, nosotros igual nos sacamos uno. Seguramente no lo uses, pero por las dudas… Mejor tenerlo y no usarlo, a necesitarlo y no tenerlo. Hay muchas ofertas y promociones, 2×1, descuentos. Les recomendamos que chequeen posibles cotizaciones y tipos de coberturas en Asegura tu viaje.

Kurdistán, prejuicios y hospitalidad de un pueblo

En nuestro viaje por el Kurdistán Iraní nuestras pupilas archivaron paisajes montañosos, lagos y distintos pueblitos anclados en algunos valles perdidos. Pero lo que más recordamos no es algo que nuestros ojos puedan guardar porque si hay algo que identifica a Kurdistán, es su cultura milenaria. Descendiente de los medos, imperio que coexistió con el Persa.

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***

Kurdistán, en realidad, es una región que abarca varios países. Irán, por supuesto, pero también Irak, Siria y Turquía. Tienen su propio idioma y la mayoría son musulmanes sunitas, algo que sobresale en un país musulmán chiita como lo es Irán. Hoy los kurdos son más de cuarenta millones.

El pueblo kurdo se hizo famoso por los conflictos bélicos que afronta la región: la revolución en Siria y la guerra contra el Estado Islámico (ISIS por sus siglas en Inglés, Islamic State of Iraq and Syria).

Hoy en día los kurdos no tienen un Estado que los representa. La mayoría de su pueblo está desperdigado en cuatro países distintos, aunque muchas veces se comportan como si las fronteras impuestas no existieran. Por ejemplo, a las amenazas del ISIS en territorios kurdos sirios e iraquíes respondieron incluso los kurdos de otros países formando una de las líneas más importante de defensa. En la región de Kobane, por ejemplo, un ejército de mujeres guerrilleras toman acciones diariamente para defender las fronteras de su territorio, de su identidad y de su historia. A fin de cuentas, su pedido pide volver a definir las fronteras del pueblo kurdo.

Pueden leer esta nota de Proyecto Kahlo que cuenta cómo este mismo ejército de mujeres guerrilleras toman acciones diariamente para defender las fronteras de su territorio, de su identidad y de su historia en el Kurdistán Sirio.

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Antes de llegar a Irán, habitantes de países vecinos (y algunos no tanto) nos insistían sobre el peligro de viajar por aquel país. “Son terroristas, los van a matar”. Nada de eso pasó. Y desde que llegamos los iraníes no pararon de decirnos que ellos no eran terroristas, sino buena gente y que es todo eso es culpa de la prensa internacional. Pero nos advirtieron que los terroristas eran otros, los kurdos. De esos sí teníamos que tener cuidado. Algo que se repite en todo el globo. El vecino siempre es más peligroso. En los países bálticos nos advertían sobre los rusos, los rusos sobre los mongoles y estos sobre los chinos.

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Estábamos en las afueras Marivan, un poco tarde, haciendo dedo para llegar a Sanandaj (capital de Kurdistán) donde nos esperaba una familia que habíamos conocido días atrás. Hacía calor, como siempre en Irán, y no esperamos ni cinco minutos hasta que paró el primer auto. Bajó un hombre kurdo, vestido con las típicas ropas kurdas. No teníamos idioma en común. Nuestras frases en farsi se acabaron rápidamente por lo que seguimos comunicándonos por señas. El conductor demostró paciencia y luego de que entendimos hacia donde se dirigía nos abrió el baúl para poner las mochilas. La siguiente imagen nos hizo dudar. Tenía dos rifles y varias municiones. Por un instante dudamos, ¿Qué hacer? Subimos igual.

Desde ese momento hasta que bajamos trató de explicarnos que las armas del baúl eran para cazar. Consiente del prejuicio impuesto a su pueblo, se moría de vergüenza. Nos invitó a dormir a su casa, pero como nos estaban esperando en Sanandaj, tuvimos que rechazar la propuesta. Entonces propuso parar a tomar un té.

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Bajamos y nos sentamos los tres juntos. El silencio incómodo del no tener un idioma en común reinaba. El kurdo que atendía la casa de té tenía un gran bigote y hablaba un poco de inglés. Cuatro o cinco frases que repetía varias veces. Luego de emocionarse hasta las lágrimas gritando Maradona y Messi entendimos que nos invitó a su casa, que estaba en una aldea no muy lejos. También tuvimos que rechazar la propuesta. No nos dejaron pagar el té. El que nos llevaba tampoco pudo, todo fue una invitación del dueño de la casa de té.

Seguimos un poco más con nuestro conductor hasta que nos dejó en un bifurcación. Nos dimos la mano y extrañamente nos pidió perdón. Nos sacamos una foto y se fue.

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No comparto ni la tenencia de armas ni la caza, pero tampoco las estigmatizaciones que reciben los pueblos. “Los colombianos son narcotraficantes, los rusos fríos, los indios sucios y los kurdos peligrosos”.

Nuestra experiencia es totalmente subjetiva como cualquier otra, pero si hay algo en lo que ayuda viajar es a destruir prejuicios. Y sí, somos reiterativos, pero que hospitalarios son los kurdos.

Info útil

*Transporte:

  • Recorrimos todo a dedo. Lo más fácil para transportarse y la mejor manera para conocer gente.

* Alojamiento:

  • Utilizamos mucho couchsurfing o simplemente aceptamos las propuestas de los kurdos que nos invitaban a sus casas. Tuvimos tantas que muchas las rechazamos.

* ¿Qué ver?:

  • Sanandaj: Es una ciudad. No es la gran cosa pero fue nuestra puerta de entrada y salida.
  • Marivan: Tiene el lago Zarivar que es pintoresco, pero sobre todo por los pueblitos que lo rodean.
  • Cuevas Quri Qaleh: Es un sistema de cuevas, que para nosotros no fue la gran cosas pero los iraníes las adoran.
  • Palangan: Pequeña aldea súper pintoresca.
  • El valle de Howraman y alguno de sus pueblitos.
  • Para nosotros no hubo grandes puntos de interés. Lo mejor la gente y la cultura kurda.
Persépolis y el ocaso del Imperio persa

“Que no venga a esta nación ni el ejercito enemigo ni la hambruna ni la mentira. Esta petición le hago yo a Ahura Mazda con todos los dioses.”

Palabras de Darío I situadas en la escalera de acceso a Persépolis.

 

“Cada vez que contempla uno ciudades, templos, palacios ya muertos, se pregunta por la suerte que corrieron sus constructores. Por su dolor, sus columnas vertebrales rotas, por los ojos que saltaron de sus cuencas al recibir el impacto de una esquirla, por su reumatismo. Por su vida desgraciada. Su sufrimiento. Y entonces surge la siguiente pregunta: ¿podrían existir tamañas maravillas sin ese sufrimiento ¿Sin el látigo del vigilante? ¿Sin ese miedo que anida en el esclavo? ¿Sin esa soberbia que anida en el soberano? En una palabra, ¿no habrá sido el gran arte del pasado obra de lo que el hombre tiene de malo y negativo? Y al mismo tiempo, ¿no lo habrá creado su convicción de que lo negativo y lo débil que lleva dentro puede ser vencido sólo por lo bello, sólo por el esfuerzo y la voluntad de crearlo? ¿Y de que lo único que no cambia nunca es la forma de la belleza? ¿Y de la necesidad de ella que vive en nosotros?”

Viajes con Heródoto – Ryszard Kapuściński

Mirá como se me pone la piel de gallina”. Nos decía Mohamed, el chico que nos estaba llevando gentilmente y sin esperar nada a cambio hacia la puerta de Persépolis. “Esta es la verdadera alma de Irán. El motivo de nuestra grandeza. Todo gracias al glorioso imperio persa”, agrega mientras enciende las balizas, habíamos llegado al gran complejo histórico. Dos mil quinientos años pasaron de la fundación de la ciudad pero la memoria sigue intacta.

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Nuestro conductor era joven, no llega a los treinta años pero se emocionaba mientras nos hablaba de sus reyes y sus dioses. “Yo soy musulmán, pero se que el Islam es algo que vino de afuera. Sin embargo, todo lo que hizo el Imperio Persa se construyó desde adentro, fuimos nosotros.”

La distancia entre Shiraz y Persépolis es corta, unos treinta kilómetros y la conversación se acabó de forma repentina. Creo que ambas partes nos quedamos con ganas de hablar más. Hasta incluso le ofrecimos que venga con nosotros y sea nuestro guía, pero sus obligaciones laborales hizo que fuera imposible. Intercambiamos contactos, por las dudas.
Persépolis en realidad es un nombre extranjero que proviene del griego. Significa ciudad persa. En Irán lo llaman de otra forma Tajt-e Yamshid (lo que significa, Trono de Yamshid). Es la mayor atracción turística del país e históricamente el lugar más importante.

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A pesar de ser temprano el sol ya pegaba de lleno en aquel árido lugar. Algo común. Como nos fue común en el viaje escuchar de todos los iraníes hablar maravillas de Persépolis, hayan estado o no. Hay algo del orgullo nacional que se desarrolla a partir de la grandeza de los estados. Todos los pueblos tienen su momento de apogeo. Suelen haber pasado por momentos donde ocupaban un territorio mucho más grande que hoy en día. El Imperio Persa ocupó desde India al Mar Mediterráneo, controlando lugares como Egipto o Asia Central. De ahí la devoción por aquel pasado que lo califican como “glorioso”.

Pero así no le pareció a Jomeini, aquel vetusto ayatollah que lideró la revolución iraní, que quiso demolerlo por tratarse de un lugar muy identificado con el Sha y sus banquetes. Sólo el pueblo de Irán pudo frenarlo haciendo manifestaciones para demostrar su rechazo. Gracias a esas marchas es que hay podemos seguir disfrutando de gran parte de la vieja capital persa.

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Al llegar a Persépolis (ya con el ticket en mano) lo primero que uno ve es una larga escalera imponente. En realidad son dos simétricas que luego convergen. De ahí en adelante caminar por Persépolis suele ser tranquilo y la emoción dependerá de lo mucho que a uno le interese.

Nosotros quedamos como suspendidos en el tiempo moviéndonos en cámara lenta por cada uno de los relieves de las piedras. Nos quedamos chiquitos entendiendo la cantidad de milenios que nos separan y dándonos cuenta que vivimos en un mundo donde hace miles de años se lucha, por el motivo que sea, para tener un lugar, por el que fuere.

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La ciudad está construida en una gran terraza donde están distribuidos todos los palacios y otros edificios reales como el tesoro o el harén. De todos ellos quedan algunas piedras en forma de columna o algunas otras con representaciones de animales con cabezas humanas, grifos, vasallos o grabados.

Jerjes I, gran rey persa, llegó hasta Atenas logrando saquear la Acrópolis. Ese fue el momento de esplendor del imperio. Ciento cincuenta años después Alejandro Magno llegó a Persépolis arrasando con todo lo que se le puso por delante.

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Hay dos teorías alrededor de la destrucción de Persépolis. La primera y más sobria habla de una decisión política de Alejandro Magno para demostrar el cambio de poder y que ahora era él el que mandaba. Pero es cierto que en sus anteriores campañas no había ordenado destruir otras ciudades conquistadas. Entonces es ahí que empieza a tomar fuerza la segunda hipótesis. Alejandro, en un noche de borrachera con el buen vino de la región, se dejó persuadir por Tais, una cortesana que lo acompañaba, y lanzó una antorcha sobre el palacio de Jerjes I para vengar el anterior saqueo de Atenas.

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Sea como fuere, hoy los turistas nos privamos de ver en su plenitud las maravillosas construcciones, como así también de probar el famoso vino de Shiraz, prohibido por el estado islámico.

Esa misma noche llamamos a Mohamed que no había dicho que podía conseguir una botella de vino de un buen precio. Todo sea para brindar por la memoria de los pueblos.

Info útil

*Como llegar:

  • La más sencillo y caro es tomar un taxi. Se puede compartir. En la calle sin siquiera preguntar nos habían dicho 80.000 tomens (24 USD) por ir a Persepolis, luego a Naqsh-e Rostam. Un plan de medio día.
  • Otra opción es tomar colectivos (savari) que salen de la estación Karandish en Shiraz. Si no hay directo a Persépolis pueden ir a primero a Marvdasht y de ahí a Persépolis.
  • Nosotros fuimos a dedo. Tan simple como ir hasta Qur’an Gate (Qur’an Darvaza), caminar un poco hasta una playa de estacionamiento y de ahí empezar a agitar el pulgar. Luego, desde el estacionamiento de Persépolis conseguimos quien nos lleve a Naqsh-e Rostam.

* Precio:

  • Persépolis vale 20.000 tomens (6 USD). Naqsh-e Rostam 20.000 (6 USD). Este último no vale tanto la pena.

* Donde dormir en Shiraz:

  • Nosotros nos alojamos en Taha Hostel. La habitación estaba muy bien e incluía desayuno. Es algo así como el lugar donde van todos los mochileros, por lo tanto es un buen punto para intercambiar información.
Teherán, desaparecer en Irán

– ¿Me lo pongo ahora?
– Pero si todavía estamos en Azerbaiyán. No seas ridícula, esperá a que hagamos migraciones.
– ¿Me lo pongo ahora?
– No sé. Todavía no entramos pero como vos quieras.

El cartel intervino en la escena. “Bienvenidos a la República Islámica de Irán”. El cartel cumplía una doble función, nos daba la bienvenida a uno de los principales protagonistas del mal llamado “eje del mal” y por otro lado, me indicaba que ese era el momento.

La leyenda iba acompañada por un dibujo de la bandera de Irán. Me llamó la atención el detalle del centro: con la revolución, el león con la espada fue reemplazo con una representación de Alá. Los colores siguen siendo los mismos. Al lado de la bandera y sin perder importancia estaba el retrato. Mejor dicho, los retratos. Jomeini y Jamenei me miraban de manera inquietante. Tenían razón, era hora.

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Debajo de ellos, un cartel indicaba que a partir de ahora comenzaba a regir la Sharia, la ley islámica y quien no la cumpla será severamente castigado. Abrí la mochila y saqué el pañuelo rojo. Tenía que cubrirme la cabeza, también los brazos y las piernas. Se acabó la temporada de shorts y musculosas. Con la cámara del celular revisé que nada haya quedado a luz. Siendo sincera, no es la primera vez que debo cubrirme. En Rusia era condición para entrar en las iglesias ortodoxas y en India lo hacía a menudo sobre todo cuando estuvimos tan cerca de Pakistán. Pero saber, que ahora, era obligatorio me abrumaba por completo.

Las fronteras terrestres suelen ser curiosas. En realidad, se trata de un mismo pedazo de tierra pero totalmente distinto. No hay free-shop ni maquinitas de café como en los aeropuertos, o al menos, acá no hay nada de eso. Sólo un largo pasillos. “Tierras internacionales”.

Un policía nos dio la bienvenida a la República Islámica de Irán con un perfecto inglés. El oficial de migraciones nos invitó a sentarnos y nos ofreció agua fresca. No estaba tan mal, sobre todo si uno es consciente de estar ingresando a un país catalogado de “peligroso”, “terrorista” e “islámico”. Como si los tres adjetivos fueran sinónimos.

Con un sello en el pasaporte totalmente atemporal (el calendario persa va por el año 1394) pusimos un pie en la primer ciudad fronteriza. Apabullante. Carteles en farsi, números persas, muchísimos autos, muchísimas personas, mujeres con chador, otras con hiyab, muchísimos taxis. Y ahí, en ese malón de gente, comencé a desaparecer.

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Nuestro destino era Teherán, la capital de Irán. Estaba lejos, más de quinientos kilómetros pero viendo el tráfico, el buen estado de la ruta y la hospitalidad de la gente decidimos hacer el esfuerzo e ir de un solo tirón y en un sólo día.

Primero nos levantó un buen hombre, orgulloso de Irán y de su condición de iraní. Para él, era un pena que occidente confunda todo y no sepa separar un terrorista de un musulmán. Para mi, era imposible entender como él no me hablaba salvo utilizando la tercera persona por intermedio de Lucas. “¿Y ella como se llama? ¿Y ella es su esposa? ¿Y ya le dio hijos? ¿Y ella a que se dedica?” Al principio no entendía la lógica y respondía yo misma. “Soy Ludmila, tengo 27. Soy Psicóloga, etc.” Pero mis respuestas no llegaban a ningún lado, Lucas debía hablar por mi. “Ah, y ahora viajan y escriben. Escriban sobre Irán” dijo el hombre y así nos despedimos. Bah, se despidieron. El saludo dirigido a mi fue pura cortesía.

Luego, frenó un camión. De esos largos y pesados. De esos lentos pero desde los cuales se obtienen las mejores vistas panorámicas. En general, los camiones tiene solo dos asientos. Por cual, uno de los dos –léase yo- suele ir en la cama que los camiones tiene por detrás. Sí, los camiones son verdaderas casas rodantes. Pero esta vez fue distinto. Si yo iba atrás, iba a ir cerca del camionero y no podía ser. Lucas debía ir en el medio. Mediando la situación, de nuevo.

La historia se repite. Yo sacaba temas de conversación pero el camionero, muy atento, le ofrecía galletitas a Lucas para que él me convide a mi. Y así, me fui llamando al silencio. No tenía sentido seguir intentando hablar.

Del silencio al sueño, en mi caso, hay un solo paso. Para quienes no me conocen soy de las pocas personas que pueden dormir en cualquier lado y en cualquier situación. Incluso, parada en el tren o en un corto trayecto de ascensor.

Acá fue lo mismo. Las luces de la ciudad oficiaron de despertador. Estábamos entrando a Teherán. Eran las dos de la mañana pero las calles estaban despiertas. Los carteles de Jomeini y Jamenei estaban por todas partes y miles de personas iban y volvían, quien sabe en que orden.

Llegar a Teherán es uno de esos momentos cúlmines en nuestro historial viajero. Irán es un país especial y Teherán, su brumosa capital. Y la bruma es literal, posiblemente causada por su más de doce millones de habitantes. También es la ciudad de la revolución. La ciudad de la cual escapó el Sha y a la cual regresó Jomeini victorioso, luego de su exilió. Allí la revolución se gestó, explotó y finalmente terminó. De eso pasaros apenas cuarenta años. Es historias reciente.

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Un taxi nos llevó al hostel. La ciudad es demasiado enorme y tardamos 40 minutos para cruzarla. Quizá no parece tanto tiempo, pero si consideramos que son las dos de la mañana parece mucho más. El taxista tenía cara de pocos amigos y se enojaba al ver que no teníamos la dirección en farsi sino en inglés. Así y todo decidió llevarnos. Se perdía, no encontraba la calle, que en realidad era una callecita que sale de la calle principal y que tenía el mismo el nombre. Yo quería preguntarle por la revolución, pero no podía. El tacho, sin embargo, decidió preguntarle a unos pibes que estaban charlando en una esquina por el hostel. Así fue como lo conocimos a Meghregan, quien nos buscó la dirección en farsi en su celular.

Al otro día, Meghregan nos esperaba a almorzar en su casa. Nos recibió su mamá. Lo primero que hizo, fue darme tres besos e insistentemente, me sacó el pañuelo de la cabeza. No se si me pedía disculpas o que, pero insistió en que no debía taparme en su casa. Ella estaba en musculosa y fumaba. Meghregan nos ofreció algunas cervezas. Todo un acto de ilegalidad.

Su abuelo fue uno de los muchachos del Sha. Hoy él y su familia son la oposición al no muy democrático gobierno. Su papá pasó más de diez años en cárcel, fue un preso político y la realidad es que se notaba. Se notaba en su postura, en su mirada y los años que le llevaba a su esposa. Quería hacerle muchas preguntas, pero no podía. Mi lugar estaba en ayudar a la mamá a poner la mesa y en tomar un té con los muchachos.

Comimos abgusht, una suerte de estofado que se come en dos tandas. La primera parte de la comida consiste en una sopa (precisamente el caldo donde se cocino la carne) acompañada de pan sin miga. La segunda, en comer la carne pero procesada con otros vegetales. La comida iraní no tiene absolutamente nada de especial.

Luego del almuerzo, Meghregan nos invitó a dar una vuelta por la ciudad. Las vueltas de la vida y las calles contramano hacen que lleguemos a la Embajada de EEUU. El semáforo se puso en rojo. La embajada estaba llena de grafitis y de consignas antiimperialistas. A su vez, Jomeini y Jamenei miran de reojo con ánimos de satisfacción. Nadie puede negar que ganaron una batalla al enemigo más grande, pero tampoco podemos afirmar que haya sido una victoria con grandes beneficios. La revolución era algo necesario, pero se terminó transformando en otra dictadura. Jomeini, Jamenei y millones más pedían libertad, se opinión al régimen dictatorial del Sha pero ¿cuál fue el resultado?

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Hoy, por su puesto, la embajada no funciona como tal. Meghregan se muere de ganas de conocer EEUU, pero sabe que no es fácil. Yo no entendía nada y me invadían las preguntas. El problema era que no tenía a quien preguntarle. Igualmente le pregunto.

Verde. Avanzamos. Una señora que va en el auto de al lado me hace señas. Se me cayó el pañuelo y tengo el cabello descubierto. A veces me olvido de la ley islámica y se me ocurren hacer preguntas. Es que no podía de ser otra manera, Irán es un país para hacer preguntas. Muchas.

Cruzar el mar Caspio en un barco carguero

Eran las cuatro de la mañana, no había señales del amanecer ni tampoco del barco carguero que cruzaría el mar Caspio para llevarnos de Kazajistán a Azerbaiyán. Estábamos sentados en el puerto de Aktaú, en la intemperie y en unas sillas improvisadas tomando un té con un joven bielorruso y un viejo turco, conductor de un camión que también estaba esperando para cruzar. Nos perdimos la mitad de la conversación, un poco porque era en ruso, otro poco por el sueño.

Sabíamos que los barcos que cruzan el mar Caspio eran impuntuales, pero imaginamos que podíamos esperar ya a bordo, durmiendo, o en algún cómodo sillón. Pero no, todo está pensado para camioneros. No es un barco de pasajeros. Los camioneros duermen en sus camiones, que son como sus casas donde llevan desde cocina hasta un DVD portátil. Nosotros quedamos a merced de la noche, como el bielorruso. Él tenía la ventaja de poder hablar ruso con los kazajos, pero nosotros, también, teníamos nuestra ventaja. Él no tenía ticket, nosotros sí.

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Recién a las cinco de la mañana llegó el barco. Hicimos migraciones, nos despedimos del bielorruso con la esperanza de verlo arriba del barco y nos metimos en un camarote caluroso para tratar de dormir un poco. Dormimos hasta que casi nos tiraron la puerta abajo para avisarnos que estaba el desayuno. En el medio, había pasado sólo dos horas.

Era un barco que incluía todas las comidas pero lejos estaba de ser un crucero de lujo. Si bien teníamos un camarote para nosotros solos, era precario. El óxido era el principal protagonista de todo. En total éramos alrededor de veinte pasajeros. Dieciséis camioneros turcos, una pareja de franceses y nosotros (el bielorruso finalmente no subió). Lo curioso es que con los únicos que compartíamos un idioma común era con los franceses, pero fue con quienes menos nos comunicamos.

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Las comidas eran sosas, pero las señoras que la servían eran amables. El mayor pasatiempo de los pasajeros era tomar té, jugar a las cartas y fumar. El nuestro pasear por la cubierta, mirar el horizonte y leer.

Para ser sinceros, el camino más fácil para llegar a Azerbaiyán hubiese sido haberse tomado el avión, pero nos inclinamos por otra opción un poco más lenta: cruzar desde Kazajistán a Azerbaiyán en barco. A fin de cuentas, se trata de un medio de transporte que está en peligro de extinción. Los barcos se van dejando de usar. Todo por la necesidad de ser modernos.

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El último barco que nos habíamos tomado fue rumbo las Islas Andamán. En total, cinco días en el Océano Índico marcados por la rutina. Horario de lectura, de comida, de escritura, de más comida, de charlas, de cartas. Mientras eso transcurría sentía estar viviendo la muerte de un medio de transporte. Los barcos para pasajeros van a desaparecer a excepción de los lujosos cruceros.

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Por eso, cuando surgió la posibilidad de ir en barco hasta a Azerbaiyán no lo dudé, le insistí a Ludmila y me dispuse a disfrutar de uno de los placeres que se nos priva bastante. 
Uno de los mayores lujos del barco es disponer de tiempo para dejar que la mente fantaseé y nos lleve por viejos recuerdos y nuevas ideas. Una especie de meditación en altamar para curar los dolores del alma. Una cura simple pero que nadie tiene tiempo de practicarla.

Fue un viaje corto, de 30 horas, pero sirvió para sentir el viento en la cara, ver las gaviotas volar y pensar en lo que todavía queda del viaje.

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La excusa para hablar sobre nosotros

“Twenty years from now you will be more disappointed by the things that you didn’t do than by the ones you did so. So throw off the bowlines. Sail away from the safe harbor. Catch the trade winds in your sails. Explore. Dream. Discover.”

Mark Twain

“Nuestra historia es simple. Podría ser la historia de cualquiera persona acá presente, pero con sólo una única diferencia: Nosotros nos animamos. Nosotros tomamos la decisión y lo hicimos: salimos a cumplir nuestro sueño. Uno de nuestros tantos sueños.”

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Así comenzaba la charla que dimos semanas atrás en Aktau, una ciudad de Kazajistán ubicada a orillas en el Mar Caspio. La charla tenía lugar en la terraza de un hotel cinco estrellas, ubicado frente al mar, desde donde se veía el sol caer como una bola roja sobre la perfección del horizonte.

Había casi veinte mesas, todas ocupadas. Los kazajos son elegantes y esa terraza invitaba a hacerlo. Todos estaban bien vestidos, tomando una margarita y comiendo quesos franceses.

Ahí estamos nosotros dos, improvisando una charla mitad en inglés, mitad en ruso, en zapatillas. Haciendo lo que más nos gusta, contar historias:

***

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Somos Lucas y Ludmila, de Buenos Aires, Argentina. Casi treinta años y una carrera universitaria. Vivíamos en un lindo departamento amueblado, teníamos un auto, libros, electrodomésticos y un balcón con muchas plantas. Un día, decimos deshacernos todo. Renunciar a nuestros trabajos, regalar las plantas y donar nuestra ropa. Ese día sacamos dos boletos de avión con destino a Nueva Delhi, India. No teníamos previsto fecha de regreso.

Nuestra familia y nuestros amigos nos trataron de locos. Estábamos equivocados. Estábamos a punto de desperdiciar toda nuestra vida. Teníamos que casarnos, tener hijos, formar una familia, comprar más plantas y conseguir un trabajo mejor. Pero nosotros no queríamos eso para nosotros. Al menos, no en aquel momento. Nosotros queríamos viajar. Conocer el mundo y conocer las personas que habitan el mundo. No queríamos quedarnos sólo con los estereotipos que vemos en televisión ni con los libros de historia, queríamos conocer el mundo de primera mano: a través de nuestros propios ojos y en profundidad.

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Llegar a India no fue fácil. Nosotros también teníamos nuestros propios miedos. Nunca habíamos viajado tan lejos ni a culturas tan distintas. Los primeros cinco minutos en la estación de Nueva Delhi fueron terribles: bocinas, ruido, gente, olores fuertes, vacas, basura, mendigos, niños desnudos pidiéndonos plata. Fue un golpe duro. Una cachetada. De pronto y por arte de magia, habíamos dejado la burbuja en la que vivíamos en Buenos Aires y habíamos llegado a la otra punta del mundo. Una parte del mundo donde pasan cosas, donde estallan bombas, donde la gente tiene hambre y donde las vacas se pasean por las calles. Todo lo que habíamos visto de India en películas y documentales, ahora cobraba vida delante de nuestros ojos.

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Mis pensamientos fueron dos: “Esto es de verdad y yo quiero volver a mi casa”. En ese instante, un grupo de mujeres nos rodeó y empezaron a tirarnos de la ropa y de las mochilas pidiéndonos plata. Yo quería llorar. Como pudimos, conseguimos una habitación en un hotel mugriento. Me pasé una semana enferma. Triste, descompuesta y dudando de haber tomado la decisión incorrecta. Pero ya estábamos ahí. Habíamos volado desde Buenos Aires y no teníamos fecha de regreso. Decidimos tomar coraje y darle una nueva oportunidad a India. Sacamos un boleto de tren hasta Amritsar, la frontera con Pakistán.

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De aquel día pasaron más de tres años. Tres años en los que estuvimos viajando alrededor del mundo. Hasta el momento, recorrimos más de cuarenta países en tres continentes: América, Europa y Asia (nuestro favorito).

presentación - aktau - kazajistan -8Tres años donde conocimos infinidad de personas, de historias, problemáticas sociales, modos de pensar, distintas religiones y distintos modos de vivir. Donde aprendimos historia, geografía, religión pero donde, sobre todo, nos enfrentamos a la cantidad de prejuicios y desconocimiento que tenemos. Pero en estos tres años no solo viajamos de un lugar a otro, de un país a otro, sino que, también, escribimos sobre nuestro viajes. Documentando todo lo que vimos para que quienes no pueden viajar, si lo hagan desde la comodidad de sus casas. Escribimos, también, para achicar distancias culturales. A fin de cuentas, sólo conocemos el mundo a través de los diarios y la televisión y ellos nunca dicen la verdad.

Por ejemplo, de los países en vías de desarrollo recibimos solamente malas noticias. Unas de las cosas buenas de ser escritores de viaje es que podemos dar buenas noticias de lugares como Bangladesh o Bosnia y Herzegovina (que suenan como países terroristas). Ellos son personas como nosotros, amán, sueñan, llorar, ríen, festejan. Las diferencias culturales son algo mínimo pero nos hacen creer que es el todo.

Sí, lo primero que aprendimos en estos tres años de viajes es que a los países los hacen las personas que en ellos habitan. Nos pasó en Europa, cuando estábamos a punto de cruzar a Rusia en pleno conflicto con Crimea. Todos nos decía que Rusia era peligroso, que nos iban a secuestrar y a matar. ¡Que no vayamos por nada del mundo!

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En total estuvimos casi tres meses en Rusia; Cruzamos desde San Petersburgo hasta Mongolia. Más de 6.000 kilómetros donde casi exclusivamente hicimos dedo (autostop). Nadie nos mató, ni nos secuestró. Al contrario, el pueblo ruso fue uno de los más hospitalarios. Son buena gente pero con muy mala prensa internacional.

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La gente de los distintos países está dispuesta y orgullosa de mostrarte su cultura. Los niveles de hospitalidad que uno recibe en la ruta son increíbles. Sobre todo en países que están catalogados como “Ahí no hay que ir”.

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Nosotros no viajamos de manera superficial. Tratamos de meternos en cada destino y no somos los únicos. Cada vez es más la gente que se toma el viaje como un estilo de vida y no como un simple plan de vacaciones dos semanas al año. Podemos decir que no viajamos por las fotos, ni para sacarnos una selfie, viajamos para aprender a ser mejores personas.

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Pero no siempre nos va bien en el viajar. Muchas veces nos encontramos en situaciones peligrosas donde tuvimos miedo. Ante cualquier situación complicada o que nos sentimos inseguros siempre tenemos un arma que nos protege y que hasta ahora nos va muy bien: SONREÍR.

También confiar en el instinto. Cuanto más lo usamos, más aprendemos a escucharlo. Viajar es fácil, en lugares remotos no hay que entrar en pánico, simplemente hay que rodearse de buena gente y ver que la gente en todo el mundo va a tratar de ayudarte y no de lastimarte.

En resumen, podemos decir que viajamos para

√ Aprender: Historia, cultura o religión, por ejemplo. Aprendemos de las cosas buenas de cada país y tratamos de implementar en nuestro día a día y también, aprendemos de las cosas malas. Tratando de evitarla y cambiar.

√ Conectarnos: Con nosotros mismos, con la naturaleza, con las personas.

√ Sorprendernos: Viajando descubrimos todo un mundo nuevo del cual no teníamos idea.

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Viajar, por su parte, atenta contra nuestro etnocentrismo. Nos muestra que no somos los únicos, ni los mejores. Que nuestro país no es el ideal, que nuestras políticas internacionales no son buenas, que nuestro empleo es malo, etc. Nos demuestra que las cosas no son como creemos que son. Viajar nos obliga a cambiar el chip básico de la vida. Y para eso la empatía es primordial, conocer al otro, comprenderlo y no juzgarlo sólo por ser distinto.

Durante el viaje hicimos cosas que nunca creímos que íbamos a hacer, conocimos personas que nos cambiaron y vivimos cosas que vamos a recordar por el resto de nuestras vidas.

Mucha gente cuando le contamos de nuestra historia nos dice: “Oh, yo quiero viajar tanto como ustedes”, y la realidad es que la mayoría de nosotros en este recinto, en realidad, puede hacerlo. El mundo no es un lugar peligroso como nuestras familias, los medios y la sociedad nos hace creer. Se necesita tiempo, que es algo que todos tenemos. Y es mentira que se necesita coraje, simplemente un poquito al principio para comenzar. Tampoco se necesita ser millonario ni gastar miles de dólares. Los gastos se resumen en tres grandes grupos. Transporte, comida y alojamiento. Si se lleva esos gastos a un mínimos aceptable (para uno mismo) puede llegar a ser más barato que vivir en tu propia ciudad. Para eso se necesita ingenio: La necesitad es la madre de las invenciones.

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Pero viajar también tiene su parte negativa, por eso no es para todos. Uno a veces extraña, se siente solo (por más que viajemos acompañados), uno se enferma, hace mucho calor o mucho frío. Si uno supera eso y sale a la ruta con ánimos entonces significa que la ruta es el camino.

presentación - aktau - kazajistan -14Los viajes dependen en definitiva de la gente que uno conoce. Playas paradisíacas, fiestas o paisajes increíbles no se disfrutan si uno no conecta con la gente adecuada. La mejor manera de describir un paisaje es a través de la gente que lo habita. Y estas cosas pasan cuando uno deja la comida del sillón, apaga la televisión y empieza a vivir la realidad por si misma.

Cruzamos Rusia de punta a punta, estuvimos en el desierto de Gobbi, en la muralla China y en el Tíbet. Descansamos en las playas de Tailandia y tomamos el café más rico del mundo en Vietnam. Nos tomamos un barco por cinco días para ir a las Islas Andamán, estuvimos un año en India viviendo en monasterios y con monjes budistas, nos bañamos con elefantes y aprendimos a comer con las manos en Bangladesh y con palitos chinos en China. Estuvimos tres veces en Kazajistán y recorrimos la ruta de la seda. Estuvimos en Europa, cuatro meses yendo desde Croacia hasta Estonia. Reconstruimos la antigua Yugoslavia, y la ex – Checoslovaquia. Ahora, estamos recorriendo la URSS y luego, Irán. Nos gustan los viajes cargados de historia, de política y nos apasionan los destinos/lugares no comunes. Viajamos por países ricos y por países en desarrollo, viajamos en primera clase de trenes súper rápidos y viajamos a dedo. Dormimos en carpa y en hoteles de cinco estrellas. Comemos con las manos, con palitos chinos y cubiertos de plata. Nos adaptamos, nos flexibilizamos.

Viajar, hoy para nosotros, es sinónimos de vivir. Nuestra vida es el viaje, por que a fin de cuentas, es el modo que encontramos de sentirnos vivos. Y en el peor de los casos, es el modo de juntar una buena cantidad se historias para contarle a nuestros futuros hijos cuando se vayan a dormir.

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Moynaq: La tragedia del Mar Aral

Hay algo de excentricidad y falta de sentido común en lo que hacemos. No puede ser de otra manera en dos personas que deciden viajar sin rumbo por el continente asiático. Pero está vez fue distinto, se trataba de esperar a un argentino que no conocíamos en la ciudad más fea de Uzbekistán para luego terminar haciendo los tres, cien kilómetros por el medio del desierto por donde casi no pasan autos. Así fue como llegamos a Moynaq.

***

No recuerdo haberlo estudiado en geografía en la escuela. La primera vez que tuve noción del Mar Aral fue a partir de un capítulo del libro “El Imperio” del escritor polaco Kapuscinski.

Moynar - Mar Aral - Uzbekistán -3Si uno mira en un mapa el sur de Europa y Asia de oeste a este, puede ver cuatro mares: el Mediterráneo, el Negro, el Caspio y el Mar Aral. El problema es que si uno mira un mapa ahora, le va a costar encontrar el cuarto. El Mar Aral se está secando.

Dos ríos largos que cruzan todo Asia Central son los que llegan a este mar. Sobre esos ríos es donde se construyeron todas las ciudades milenarias de la ruta de la seda. El Syr Darya de 2.200 kilómetros de longitud recorre el norte de la región y el Amu Darya de 1.500 kilómetros recorre el sur.

Asia Central es desierto y más desierto. Altas temperaturas en verano y tormentas de arena. Esos dos ríos hacen que cambie el paisaje de la región. Con árboles de nueces y orquídeas, campos cultivados, sandías, uvas, melones y manzanas. Son los verdaderos oasis. En los intensos días de calor de verano el mayor placer que encontramos fue sentarnos bajo la sombra de uno de esos árboles y disfrutar el fresco del atardecer.

Otro cultivo que históricamente creció muy bien en la zona fue el algodón. En la década del sesenta, en plena época soviética, se decidió aumentar la producción de algodón. Para regar los nuevos campos, trajeron topadoras desde todo los rincones del imperio para armar canales a partir de estos dos ríos. La producción de algodón aumentó, pero convirtieron el oasis de Uzbekistán en un desierto.

Especialmente en el desierto, donde el agua escasea, no es muy difícil comprender el frágil equilibrio en que se encuentra el ecosistema. Si alguien saca agua de más, alguno tendrá de menos. Y eso pasó. Bañaron las plantaciones de algodón y el agua ya casi no llegó al Mar Aral.

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En 1990 Kapuscinski había escrito que una tercera parte del mar había desaparecido. Ya en ese entonces se hablaba de catástrofe. Hoy se calcula que más del 80% del mar se secó.

***

La alegría que teníamos por haber logrado hacer esos desérticos cien kilómetros a dedo se desvanecieron a poner un pie sobre Moynaq. Antiguamente Moynaq era la principal ciudad pesquera del Mar Aral, una ciudad con playa, puerto y vida, sobretodo. Hoy, en realidad, es un pueblo fantasma, donde reina el silencio. Solo reina el silencio.

El camionero que nos levantó no entendió como nosotros estábamos sacando la cámara para sacarle una foto al cartel que anunciaba la entrada al pueblo. El emblema de la ciudad tenía consistía de un pez saltando sobre un mar plateado. El tipo tampoco entendió por qué le preguntamos por el camino al Mar Aral. Sólo levantó el brazo y nos dijo que caminemos, pero no indicó ninguna dirección.

Entramos a un café, hoy en ruinas. Una señora desalineada nos sirvió té y tres platos de sopa de aceite y carne. Le preguntamos por el camino al Mar Aral. Nos devolvió una mirada tan incomoda como desafiante. Dijo que caminemos, pero está vez su mano señaló una dirección. Teníamos que seguir por la única calle del pueblo, serían unos tres kilómetros.

Empezamos a caminar y las miradas del pueblo se clavaron en nosotros. Las preguntas de cortesía quedan aplacadas. Nadie nos dijo nada. Finalmente llegamos a algún lado. Un cartel anunciaba que llegamos al Mar Aral, pero nosotros no vimos ningún rastro. Sólo más desierto y barcos encallados. De la nada salió un hombre, tenía la cara cansada y las manos curtidas del sol, parecía muy mayor pero no debería tener más de 40 años. Nos señaló un cartel. Se trataba de una explicación mal traducida al inglés dónde se muestra el grado de deterioro del Mar Aral a lo largo de los años.

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No sabíamos que hacer ¿Sacar fotos? ¿Pedirle perdón al pobre hombre? En esos casos, lo mejor es el silencio. Nos quedamos las cuatro sentados debajo de la única sombra que había a la redonda. Nosotros mirábamos para todos lados, el hombre sólo tenía la vista clavada en el horizonte, ahí dónde se debería ver el mar.

Emprendimos la vuelta sin perder el horizonte de vista. Hacíamos el esfuerzo, tratábamos de buscar un poco de agua entre tanta arena, pero no. No se veía nada.

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Un solo colectivo al día sale de Moynaq y nosotros lo habíamos perdido. No teníamos otra opción más que volver como llegamos: a dedo. Le hicimos señas a una camioneta, paró. Eran dos tipos, hablaban un poco inglés y llevaban muchísimas maquinas y equipamientos chinos. Nos contaron que eran científicos. Hace años que vienen trabajando en el “problema” del Mar Aral. “Problema”, así llaman ellos a una de las catástrofes naturales más grandes de la historia. El idioma no nos ayudó pero ellos lograron trasmitirnos su preocupación. El mar se sigue secando, no hay nada para evitarlo. La mayor dificultad, ahora, radica en los altos niveles de sal en la región. Actualmente, cada litro de agua del Mar Aral contiene 150 gramos de sal. La perspectiva es que el año próximo ascienda a 180 gramos. Esto se traduce en una sola cosa: más problemas. Ningún pez puede vivir en ese entorno. El aire queda intoxicado de sal y eso afecta a la salud de los habitantes. Las tormentas de arena también llevan sal por lo cual los pocos cultivos, las pocas casas y las personas que quedan se resienten. En silencio hicimos los últimos kilómetros. Nos despedimos deseándonos lo imposible: suerte.

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Sonreír, más que un acto de cortesía es una falta de respeto y cualquier carcajada parecía ser interpretada como burla. Hoy Moynaq está a más de cien kilómetros de la costa. La mayoría de sus habitantes se fueron a vivir a otros lugares. Los que se quedaron fue porque no tenían adonde ir. Hoy sólo quedan unos cuantos barcos encallados en la arena que le muestran al hombre que tan estúpidos podemos ser.

Turkmenistán fallido

Nuestros días en el gran desierto de Uzbekistán estaban controlados por el calor. Es él quien nos obliga a levantarnos temprano, aprovechar el “fresco” de la mañana, volver al hotel para pasar el calor del mediodía y luego, otra vez, a la tarde salir a disfrutar la sombra de un árbol.

Cuando en nuestro primer mediodía en Bujará, volvimos al hotel, teníamos un mail de la embajada de Turkmenistán que decía:

Wiza resmileşdirmäge garşylyk bildirlen daşary ýurt raýatlarynyň sanawy:
Garşylyk bildirlen raýatyň jemi sany – 2

Así comenzó nuestra tarea de tratar de descifrar el mensaje. Los traductores online no nos daban respuesta. Se calcula que hay ocho millones de personas que hablan turcomano, teníamos que dar con uno. Primero preguntamos en el hotel, a un chico uzbeko. A pesar de estar a cien kilómetros de la frontera, no conocía a nadie que lo hable. Nos acordamos de una chica turcomana que habíamos conocido en Almaty, pero no nos contestaba. La tercer idea fue mandar mensajes por Couchsurfing y de esa manera tuvimos una respuesta casi inmediata. Nos habían denegado la visa.

Primer país que no nos acepta. Sabemos que no es algo personal, simplemente es el resultado alguna lógica que desconocemos. Pero pongamos en contexto para entender un poco más este raro país.

Turkmenistán existe como tal desde 1991 cuando se separa de la URSS. Desde entonces su presidente fue Saparmurat Niyazov. Quien participó del intento de golpe de estado a Gorvachov en agosto de 1991 para impedir que se disuelva la URSS. Un tipo que en 1993 se autoproclamó Turkmenbashí, algo así como el líder de los turcomanos. Así renombró una ciudad (cualquier parecido a Stalin y Stalingrado es pura coincidencia) e incluso así renombró al mes de enero. Al mes de abril y al pan les cambió el nombre por el de su madre.

Queriendo recuperar (o crear) una identidad del país, inventó un culto en torno a su personalidad. Estatuas de oro, escuelas y universidades con su nombre y su rostro aparece en todos los billetes (todo esto cuando estaba con vida). Para iluminar a los ciudadanos sobre la moral y la cultura cívica escribió un libro que se llama Ruhnama (libro del alma que se pueden encontrar gratis y en inglés en internet). Es una guía espiritual que obviamente se estudiaba en las escuelas y universidades.

Entre otras cosas prohibió los labios pintados, los juegos de video, el pelo largo y los dientes de oro (porque para él eran antiestéticos). Pero era un tipo modesto que decía cosas como “No me gusta ver mis fotos y estatuas en las calles, pero es lo que la gente quiere”.

Murió en 2006. Pero desde entonces la realidad del país no cambió mucho. Luego de él, vino un dentista de nombre Gurbangulí Berdimujamédov que ganó las elecciones del 2007 y 2012 con 89% y 97%. Pero claro, era el único candidato que podía presentarse. Y si bien frenó o dio marcha atrás con algunas locuras de Niyazov y sus millones de cambios de nombre, las mayores restricciones siguen, como la prohibición de tomar fotos a varios edificios que consideran sensibles.

La economía de Turkmenistán está basada en una gran producción de algodón pero sobre todo en la explotación de gas y petróleo. Tal es así que los servicios de gas y energía eléctrica en los hogares son gratuito.

Este es el país que nos denegó la entrada ¿Y ahora?

Nos quedamos sin conocer un país que en cuanto a paisajes y arquitectura tiene poco que ofrecer, más allá del curioso pozo de Dervaza, un hoyo lleno de gas creado por accidente que está ardiendo hace cuatro décadas. Sin duda es uno de los más extraños del mundo. Un pueblo que lleva en sus barbas la sabiduría de sobrevivir en el desierto sometido a una de las dictaduras más excéntricas. Gente hospitalaria, políticos codiciosos.

Nuestro plan de recorrer las quince ex – naciones socialistas soviéticas, quedó truncado. Ahora hablamos de catorce. Estaba en los planes que esto pueda pasar. A la mitad de la gente que conocimos que había aplicado para esta visa la rechazaron. El siguiente paso es ir a Kazajistán desde ahí llegar a Azerbaiyán.

Ese es el plan, después en la ejecución puede salir cualquier cosa.

El mapa a continuación es de la región por la que estamos viajando hace algunos meses. Si se fijan bien, en Turkmenistán, sobre el Mar Caspio, pueden encontrar la ciudad de Turkmenbashí que el ex presidente se la nombró para sí mismo.

asia central

Por suerte nos enteramos de esto en Bujará, y cuando salimos al atardecer a la calle, las cúpulas se mantenían tan increíble como siempre.

Las delicias de Samarcanda

“Y ahora, ¡pasea tu mirada sobre Samarcanda! ¿No es la reina de la tierra? Más altiva que todas las ciudades, cuyos destinos tiene entre sus manos.”

Edgar Allan Poe

El codazo se clavó justo en mi costilla. No me lo esperaba. Estaba mirando para el otro lado. Los conductores en Asia Central tienen esa particular costumbre. Al momento de comenzar una oración lanzan un codazo a su derecha, impactando por lo general en mis costillas o en mi brazo. Pero ese último codazo fue el único que valió la pena de todo el viaje de quince horas que nos trajo desde Tayikistán hasta Samarcanda, Uzbekistán. A nuestra derecha, iluminadas y sobresalientes, habían 3 madrazas de color turquesa, el Registán. Los dos con la boca abierta contemplábamos lo increíble de la imagen. Solamente comparable con el Taj Mahal, la Muralla China o Angkor Wat. El taxi nos dejó en el hotel, arrojamos las mochilas en la habitación y salimos corriendo como dos nenes en un parque de diversiones a ver de vuelta aquello que nos había dejado perplejos. Ya no importaba el cansancio del viaje.

Samarcanda - Uzbekistán -6

A la mañana siguiente, y más con el correr de los días, nos dimos cuenta que Samarcanda es mucho más espectacular de noche, pero sobre todo si es de luna llena como nos tocó a nosotros. Porque además de no tener que soportar los más de cuarenta grados de la tarde, el suelo se vuelve negro y espeso, y toda la luz es absorbida por las cúpulas y sus azulejos. Y no sólo en el Registán. En toda la ciudad abundan las mezquitas, madrazas o mausoleos de cúpulas azules.

Samarcanda - Uzbekistán -2

Samarcanda - Uzbekistán -5

Samarcanda es una famosa ciudad antigua que estuvo bajo el dominio persa, griego, turco, árabe y hasta fue saqueada por los mongoles. Pero su apogeo (y la construcción de todos estas mezquitas, mausoleos y madrazas) fue durante la dinastía timúrida. Samarcanda fue su capital y Timur su gran líder.

Es curioso el personaje de Timur o también conocido como Tamerlan: famoso en occidente gracias a lo sanguinario de sus campañas, Timur dejó unos de los legados arquitectónicos mas pintorescos de la historia. Un líder que arrasó pueblos pero no su arte. En cada ciudad conquistada capturaba a los artistas y los enviaba a Samarcanda, la ciudad que era su orgullo.

Samarcanda - Uzbekistán -1

Así como encabezaba cada expedición militar, también lo hacía con cada obra de arte en la ciudad. Un hombre que fue un conquistador, sanguinario, guerrero pero que, también, tenía una parte sensible capaz de ordenar construir maravillas como las de la ciudad.

Un personaje tan controvertido que hasta Borges escribió un poema con su nombre [1].

Samarcanda - Uzbekistán -4

Luego de la separación de la Unión Soviética, Uzbekistán necesitaba un héroe para recuperar su nacionalismo. El elegido fue Timur, y Samarcanda su capital cultural. Por eso cada esquina, monumento o mausoleo sigue evocando su historia.

Pero tenemos un consejo para los que vayan para allá. Samarcanda no se trata solamente de su pasado, sus increíbles construcciones y el nombre de Timur. Si uno se anima a caminar por afuera del centro turístico, verá que hay muchas casas que todavía respetan la arquitectura antigua. Y probablemente lo inviten a uno a sentarse en un patio lleno de sombra por una frondosa vid, le conviden una taza de té (que por ahí lo llaman chai) y por más que no haya idioma que los comunique, recién ahí, en esa muestra de hospitalidad, sentirá uno que está en Samarcanda, famosa ciudad de la antigua ruta de la seda.

Samarcanda - Uzbekistán -3


TEMERLAN (1336-1405) – JORGE LUIS BORGES

Mi reino es de este mundo. Carceleros
y cárceles y espadas ejecutan
la orden que no repito. Mi palabra
más ínfima es de hierro. Hasta el secreto
corazón de las gentes que no oyeron
nunca mi nombre en su confín lejano
es un instrumento dócil a mi arbitrio.
Yo, que fui un rabadán de la llanura,
he izado mis banderas en Persépolis
y he abrevado la sed de mis caballos
en las aguas del Ganges y del Oxus.
Cuando nací, cayó del firmamento
una espada con signos talismánicos;
yo soy, yo seré siempre aquella espada.
He derrotado al griego y al egipcio,
he devastado las infatigables
leguas de Rusia con mis duros tártaros,
he elevado pirámides de cráneos,
he uncido a mi carroza cuatro reyes
que no quisieron acatar mi cetro,
he arrojado a las llamas en Alepo
el Alcorán, El Libro de los Libros,
anterior a los días y a las noches.
Yo, el rojo Tamerlán, tuve en mi abrazo
a la blanca Zenócrate de Egipto,
casta como la nieve de las cumbres.
Recuerdo las pesadas caravanas
y las nubes de polvo del desierto,
pero también una ciudad de humo
y mecheros de gas en las tabernas.
Sé todo y puedo todo. Un ominoso
libro no escrito aún me ha revelado
que moriré como los otros mueren
y que, desde la pálida agonía,
ordenaré que mis arqueros lancen
flechas de hierro contra el cielo adverso
y embanderen de negro el firmamento
para que no haya un hombre sólo que no sepa
que los dioses han muerto. Soy los dioses.
Que otros acudan a la astrología
judiciaria, al compás y al astrolabio,
para saber qué son. Yo soy los astros.
En las albas inciertas me pregunto
por qué no salgo nunca de esta cámara,
por qué no condesciendo al homenaje
del clamoroso Oriente. Sueño a veces
con esclavos, con intrusos, que mancillan
a Tamerlán con temeraria mano
y le dicen que duerma y que no deje
de tomar cada noche las pastillas
mágicas de la paz y del silencio.
Busco la cimitarra y no la encuentro.
Busco mi cara en el espejo; es otra.
Por eso lo rompí y me castigaron.
¿Por qué no asisto a las ejecuciones,
por qué no veo el hacha y la cabeza?
Esas cosas me inquietan, pero nada
puede ocurrir si Tamerlán se opone
y Él, acaso, las quiere y no lo sabe.
Y yo soy Tamerlán. Rijo el Poniente
y el Oriente de oro, y sin embargo…
Las vueltas de Tayikistán

“Teníamos todo el impulso; estábamos montados en la cresta use una ola alta y hermosa… Y ahora, menos de cinco días después, puedes subir a la cima de una colina empinada y mirar hacia el este, y si sabes mirar con los ojos adecuados, casi podrás ver el punto hasta donde llegó el agua, ese lugar en el que la ola finalmente rompió y comenzó a retroceder.”

EL VIAJE

Afghanistan, very bad” nos dice el viejo mientras señala las montañas del otro lado del valle. Su dedo pulgar se inclina hacia abajo en señal de desapruebo, y luego con gestos no da a entender lo peor: pistolas, barbas largas, fundamentalistas religiosos. Con la otra mano, intenta mantener el volante de su viejo e impecable Lada blanco. Las ruedas patinan, el camino es de barro rojo y hace días que llueve. Las construcciones chinas aun no terminaron esta ruta.

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Tayikistán podría repetir la misma historia que todos los países de la región. Tierras de nómadas, influencia islámica, pueblos pequeños que hacían de base en la Ruta de la seda, conquistas zaristas y dominación soviética. Y en cierto modo la repite, pero con ciertas particularidades. La Tayikistán la lengua tiene la misma raíz que el farsi, como Irán o Afganistán, pero tanto Kazajistán, Kirguistán, Uzbekistán y Turkmenistán tienen una lengua que proviene del turco. Pero al igual que el resto de los países de Asia Central, Tayikistán también fue parte de la URSS y antes del imperio ruso.

Si bien acá es donde culturalmente menos influencia rusa notamos, era un lugar estratégico. Tayikistán era la frontera sur del gran imperio rojo (incluso del imperio zarista). Acá se acababa el comunismo. Del otro lado, los ingleses (en realidad India, siendo colonia Británica). El corredor de Walkhan, en Afganistán, fue el gran tapón imaginario que separó ambos absolutismos, ambas economías, ambos mundos. Los tayikos no se sienten cercanos a Moscú, pese a tener varios veteranos que combatieron en al segunda guerra mundial. Ellos se sienten persas, antes con Afganistán no tenían fronteras. Pero no, ahora es distinto.

Balizas. Un kilómetro de autos detenidos. Un camión volcó hace horas y aún no hay nadie trabajando en la zona. Nos bajamos del auto, a mirar y a esperar. Una hora, dos, cuatro. Nada. Ni una grúa ni nada que pueda solucionar el problema. Unos conductores se ponen a correr piedras y a trazar un camino paralelo en la montaña. Nosotros miramos Afganistán del otro lado del valle.

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Decidimos seguir a pie. La próxima ciudad estaba a quince kilómetros y el camión parecía querer seguir volcado por unas cuantas horas más. En realidad, nuestro destino final era Dusambé, la capital de Tayikistán. Estaba a solo 300 kilómetros, pero lo que pensábamos hacer en seis horas ya parecía imposible.

Intentamos seguir a dedo, pero resulta ser que casi todos los autos acá son taxis y por ende quieren cobrarnos por llevarnos. Algo entendible si tenemos en cuenta que en el país no existe el transporte público. Seguimos intentando hasta que finalmente damos con uno que acepta llevarnos. Nos deja a mitad de camino.

Ya la noche caía sobre nosotros, por lo cual empezamos a buscar un lugar donde poner la carpa. Una señora nos manda a un café. Le decimos que no buscamos dónde comer, sino donde dormir. Ella insiste. Caminamos hacia el café, y nos dicen que podemos dormir ahí mientras nos señala una mesa con sillones al aire libre. Por las dudas, armamos la carpa. No queremos volver a ser devorados por mosquitos.

A la mañana siguiente, arrancamos de nuevo. Por experiencia, sabemos que los 200 kilómetros que nos faltan pueden tomarnos el día entero. Y así fue. Llegamos a Dusambé a las doce de la noche. Mojados, cansados, con ganas de una ducha caliente y de dormir. Dormir después de muchos días en una cama y con almohadas de verdad (nuestra ropa enrollada no cuenta como almohada). Los poco más de 500 kilómetros que teníamos que hacer desde el Pamir hasta Dusambé nos tomaron 40 horas reloj. Rutas en mal estado, coches en mal estado, policía corrupta y muchas montañas. Pero las montañas comenzaron a quedar atrás y ahora el camino es monótono. Campos amarillos, casas de cemento a mitad de camino y cabras pastando al costado de la ruta. Cuanto más cerca estábamos de Dusambé, más gente, más negocios y más tráfico. Mientras mirábamos otro atardecer desde la ventanilla de un auto desconocido nosotros sólo queríamos una sola cosa: llegar.

DUSAMBÉ (O DUSHAMBE)

Dusambé significa lunes en tayiko. Nunca fue una ciudad muy grande. Incluso, el trajín de la ciudad sólo ocurría los lunes que era el día en que se abría el mercado. Toda la gente del valle bajaba a la ciudad para comercializar. Pero Dusambé fue el lugar que los soviéticos decidieron tomar como capital de su creación: la republica socialista soviética de Tayikistán.

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Esa primer noche no vimos mucho. Buscamos el hotel que teníamos anotado y nos fuimos a dormir. Los días siguientes tampoco vimos mucho. ¿Será que la ciudad no tiene mucho por mostrar? ¿O qué uno se cansa de ver siempre un poco de lo mismo? Le dimos tres días. El tiempo justo que necesitábamos para aplicar a la visa de Turkmenistán. Tres días y no sacamos ni una sola foto.

ISKANDERKUL Y KHOJAND

Nos fuimos al norte. La promesa de estar de nuevo en las montañas, del lago Iskanderkul y del Valle de Ferganá nos mantenía ilusionados con Tayikistán. Pero no dábamos pie con bola. Después del Pamir, cualquier montaña parecía insignificante.

Si en el sur todas las conversaciones giraban en torno a Afganistán, en el norte eran el relación a Uzbekistán. Hasta la ciudad de Khojand llegaron los persas y también Alejandro Magno. Incluso, fue él quien encontró el Lago Iskanderkul mientras conquistaba el cordón de montañas Fan. Pero todo ese pasado histórico les había sido arrebatado cuando los soviéticos dividieron las naciones de Asia Central. Los tayikos reclaman como suyas las ciudad de Samarcanda y Bujará, pero los uzbekos no van a entregar por ninguna razón su turística fuente de ingresos. Los tayikos se conforman con Khojand una ciudad del mismo estilo, que aún conserva minaretes y mezquitas y que fue un eslabón más en la Ruta de la seda. Cuando los tayikos nos preguntaban a nosotros que nos parecía les decíamos que era una ciudad linda, que era muy pintoresco. Pero mentimos, no vimos nada que nos llame la atención. Los más interesante es el mercado: venden fruta barata y los melones más carnosos que hayamos probado.

El cuaderno seguía en blanco y la memoria de la cámara, vacía. No veíamos nada para contar. Quizá fuimos por el camino equivocado, seguíamos buscando los paisajes espectaculares del Pamir, las grandes historias que transcurrieron en la altura y la hospitalidad de las montañas. Nos fuimos de Khojand, como si nada hubiese pasado. Teníamos que volver a Dusambé, a buscar nuestra visa y huir hacia Uzbekistán. La idea original era parar en algunos lugares intermedios, pero decidimos ir de un único tirón. Tayikistán entró en una hipérbola negativa dónde nada tiene encanto. A veces pasa, no todos los lugares nos parecen hermosos ni fantásticos, seguramente por nuestra culpa. ¿Perdimos la oportunidad de penetrar más en su cultura y conocer su modo de pensar? Seguramente.

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Quizá, luego del Pamir el encanto de Tayikistán se centro más en su gente que en sus arquitecturas o paisajes. Gente arrollada por la historia. Por la historia de las invasiones, de las conquistas, de los soviéticos y de los chinos, que vienen a ser rutas para que el viejo del Lada no siga patinando y pueda usar las dos manos para decir que está preocupado por Afganistán, que está del otro lado del valle. Y !Zaz! la ola se rompió. El idilio del Pamir terminó. Era lógico, algo tan magnífico en todas su formas iba a dejar en otra perspectiva el resto del país. Tal vez, cruzar una nueva frontera, renueve las percepciones.

 

Pamir: Caminos y desierto

Una hora y media esperamos en una ruta desolada. Nada se veía a nuestro alrededor, salvo altísimas montañas que imponían su respeto con sus fríos y blancos picos. La carretera se perdía en las montañas, y a los costados desierto, sequedad y un sol que daba de lleno en todo el paisaje sin que una sola sombra se interponga en su camino. Lo único que se diferenciaba a lo lejos era una yurta de donde salieron dos nenes que a paso lento se nos acercaron. Empezaron a hablar en un idioma ininteligible para nosotros. Se corrían el uno al otro por la inmensidad de la nada y volvían a nosotros, como si fuéramos el punto de descanso, con pequeñas hojas que arrancaban de unos arbustos que parecían pedir agua a gritos.

Pamir - Tayikistán -3

Llegamos a Sari Tash gracias a un camionero kirguiso. Nosotros nos bajamos y él siguió rumbo a China. Desde ahí caminamos cuatro kilómetros hasta la bifurcación. La nada misma. Nuestro permiso para entrar al Pamir empezaba al día siguiente. Si nos encontraba la noche ahí estaba en los planes.

El Pamir es una de las cordilleras más altas del mundo. Si bien la mayoría del cordón montañoso se encuentra en Tayikistán, el Pamir se extiende desde Kirguistán hasta Afganistán. Su fama se debe, en parte, por ser la segunda ruta a más alta del mundo.

Una hora y media esperamos. Habíamos pensado que iba a ser duro, pocos autos, un promedio de 10 autos por día. A lo lejos venía el primero. Lo paramos con señas agónicas. Eran tres personas que trabajaban en el puesto fronterizo del lado de Kirguistán. Les contamos un poco nuestra historia y encantados de Messi, Maradona y Natalia Oreiro nos llevaron

EL COREANO

Llevaba una boina en la cabeza y una pipa en su boca. Sos ojos achinados interrumpían la imagen perfecta del profesor universitario europeo. Tal vez por eso o porque tenía puesto un saco pero sin los parches en los codos. Vino caminando hacía nosotros, que estábamos acomodando las mochilas y pensando donde poner la carpa, y comenzó a preguntarnos entusiasmado por nuestro viaje, por haber llegado hasta acá a dedo y lamentándose de tener que regresar a Bishkek. Nos contó que trabajaba en un noticiero de la televisión coreana y le tocó ir a Argentina a hacer una nota sobre las cataratas del Iguazú. Mientras hablábamos de los actuales impactos ambientales y las diferencias en el tema entre Brasil y Argentina se acercó un hombre panzón vestido con gorro y pantalón militar y una muscula blanca manchada con restos de comida.

EL GRUPO

  • Soy Wolfgang, de Austria. ¿Hablan inglés?

Fue tan rápido que no llegué a entender que me decía, mi respuesta fue un simple “¿qué?” en español

-¿Hablás inglés?
– Sí.
– Me dijeron que los tengo que llevar hasta la otra frontera (del lado tayiko). Apúrense a sellar los pasaportes que ya salimos.

Nuestra intención no era ir a ningún otro lado, a nadie le habíamos preguntando por conseguir un lugar en un auto, sin embargo el viaje nos venía bien. Aún hoy nos queda la duda si esto fue por ayuda del coreano o de los tres tipos que trabajaban en la frontera. Rápidamente fuimos al puesto de control, y en menos de cinco minutos ya habíamos dejado Kirguistán.

– ¿Ustedes también tienen el permiso a partir de mañana? – preguntaron casi los dos al mismo tiempo.

Rubios hasta la ceja, de nacionalidad danesa y sonrisa fácil. Dos chicos tan blancos que contrastaban con aquel paisaje. Al parecer no éramos los únicos que teníamos permisos para el día siguiente. (Además sacaban fotos excelentes, si quieren las pueden ver acá y leer su historia en inglés).

Los daneses viajaban en un cuatriciclo. Habíamos visto viajeros en motos, a bicicleta, incluso uno caminando llevando un carrito, pero nunca un cuatriciclo.

Atamos las mochilas en el techo y nos metimos dentro de una 4×4 junto a Wolfgang y Alma, su amigo kirguiso y también gordo que no hablaba mucho inglés. Atrás llevábamos un tráiler donde había dos motos con patente austríaca.

BIENVENIDOS A TAYIKISTÁN

Entre ambos puestos fronterizos hay veinticinco kilómetros de distancia y un paso de montaña más 4.000 m.s.n.m. Todo el trayecto fuimos pensando que hacer después de que nos dejen en la frontera. ¿Poner la carpa por ahí? ¿Pedirle un lugar para dormir a la policía fronteriza? Algo seguramente íbamos a conseguir para avanzar. Tal vez al día siguiente.

Ese trayecto entre ambas fronteras fue una de las partes más lindas del Pamir: la altura, la soledad y el desierto. Mientras, el austríaco nos hablaba de lo vagos que eran los daneses, que venían de una familia adinerada y que eran malcriados. Le contestábamos a cada una de sus ofensivas señalando una montaña, un águila o alguna marmota. Mientras nos preguntábamos y seguíamos sin entender cuál era la relación entre los daneses y el austríaco.

Pamir - Tayikistán -2

Lo que para nosotros resultó un simple sello en el pasaporte, para los que viajaban con vehículo representó una sucesión de oficinas a la espera de una coima. Wolfgang calculó que pagó alrededor de cien dólares de “propinas” entre ambas fronteras, más allá de tener todos los papeles en regla.

Ya con los seis pasaportes en nuestro poder nos invitaron a seguir con ellos. Pero Wolfgang fue en el cuatriciclo y los daneses entraron en el auto. En ese tramo nos enteramos que el austríaco tenía una agencia de turismo un poco improvisada, y otro poco ilegal, y que estos daneses eran sus primeros clientes. Mucho no nos importaba si lograban llevarnos los doscientos kilómetros que separan al pueblo de Murghab desde la frontera. Pero ellos se sentían engañados por lo lento que avanzaban (por el tráiler con las motos) y se quejaban de que era todo espontáneo y no tenían un itinerario definido. No perder su vuelo de regreso era su mayor preocupación. Nosotros escuchábamos y seguíamos señalando picos nevados.

ÁRBITROS A MÁS DE 4.000 MSNM

La altura empezaba a pesar y nos sentíamos como hijos de padres separados que tienen que escuchar las quejas de ambas partes. Alma que iba bastante callado hasta que empezó a vomitar. Paramos.

Mientras Alma vomitaba tratando de contener sus tripas adentro y la noche se aproximaba, Wolfgang empezó a discutir con los daneses sobre cual era el mejor lugar para dormir. Parecía una pelea de pareja. No se pusieron de acuerdo, nos tiraron la pelota a nosotros. “Elijan ustedes”.

Alma seguía vomitando, estábamos a más de 4200 m.s.n.m. (todos amanecimos a 700). Dije lo que me pareció más lógico. “Bajemos lo más posible, al menos hasta el Lago Karakul”. Íbamos a llegar de noche, y tener que elegir los lugares para la carpa a tientas, pero íbamos a poder dormir mejor.

Manejamos algunas horas más y paramos. El lugar no era el ideal, pero las estrellas, el cansancio y el dolor de cabeza no nos permitía seguir mucho más.

Pamir - Tayikistan

Así fue la primer noche

SOL, Y OTRA VEZ

Amaneció como a las seis. El lugar era un idilio, desolado paisaje con un lago azul de fondo y montañas nevadas. A las diez los daneses fueron a un pueblo a veinte kilómetros a comprar pan. A las once nuestro compañero Wolfgang se levantó. Recién a las doce emprendimos la marcha. Nosotros seguíamos con ellos, aunque no éramos parte del tour.

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Pamir - Tayikistán

Y así amaneció

Alma siguió vomitando, los daneses y Wolfgang se turnaban el cuatriciclo mientras discutían un poco y nosotros aprovechábamos para contemplar el paisaje. Así llegamos a Murghab. Otra vez, casi de noche fuimos a buscar un lugar para poner la carpa. Otra vez nos tocó elegir a nosotros.

LA COSTA DE LOS MOSQUITOS

Mientras Alma se arrepentía entre vómitos por haber dejado su Bishkek natal, nosotros divisamos un arroyo con pasto alrededor (Sí, increíblemente había pasto a esas alturas). Parecía ser el lugar ideal, pero con tan sólo bajar del auto una bola, literalmente una bola, de mosquitos se abalanzó sobre nosotros. Igualmente acampamos ahí. No podíamos usar las dos manos porque una tenía que estar libre para espantar a esos diminutos depredadores. Ocupaban cada espacio de piel libre. Tan pronto armamos la carpa nos metimos adentro. Matamos a los que habían entrado y nos fuimos a dormir. La mañana siguiente fue igual pero en sentido inverso. Desarmamos lo más rápido posible para poder huir a otro lugar y desayunar tranquilos.

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EN BUSCA DEL CRÁTER

Dudamos si seguir con ellos o separarnos. Murghab era nuestra meta y nos sentíamos en medio de un conflicto de pareja. Por otro lado podíamos aprovechar los lugares libres de la camioneta y recorrer un poco más con ellos. Ir lugares que de otra forma no iríamos. Fuimos, ellos no tenían problemas en llevarnos.

Fueron varios kilómetros por caminos invisibles que surcaban las pequeñas piedras en el gran desierto del Pamir. Nos perdimos, nos llenamos de polvo, vimos tornados y siguieron las peleas, pero Alma ya había dejado de vomitar.

Llegar al cráter fue comprobar que no era más que un pozo relativamente pequeño en una zona rocosa y polvorienta. Si nos remitimos a los datos, el lago Karakul (donde dormimos la primera noche) fue creado por un meteorito y era mucho más interesante.

Pamir - Tayikistán

En el cráter con Wolfgang y Alma

La expedición fue un fracaso, o por lo menos nada emotiva. A la vuelta tuvimos que esperar a Wolfgang que se fue a pasear con el cuatriciclo. Los daneses nos advertían que iba a pedir que les devuelvan el dinero. Nosotros nos queríamos ir. Ya habíamos compartido demasiado tiempo juntos.

VER EL PAMIR POR NUESTRA CUENTA

Caminábamos lentamente saliendo de Murghab, un poco viendo donde poner la carpa y otro poco viendo los autos que pasaban. Ya habíamos dejado a nuestro querido grupo atrás. No muy lejos había un control policial, caminando hacia allá y pensando que no teníamos que dormir otra vez cerca de un arroyo se detuvo un auto al lado nuestro.

  • ¿A dónde van? – Preguntaron dos hombres, uno con un sombrero típico kirguiso y el conductor con un sombrero típico tayiko.
  • A Alichur – Contestamos. Un pueblo del que sólo teníamos pocas buenas referencias.
  • Vamos, los llevamos.

Y así fue como por segunda vez conseguimos un lugar en un asiento de un auto en el medio del Pamir y sin preguntar.

Cronometrado, las frases que aprendimos en ruso nos sirven para hablar los primeros 15 o 20 minutos. Como mucho. Luego todo se vuelve palabras sueltas, gestos y la ayuda del diccionario que tenemos. Para un viaje de dos horas a veces parece poco. Pero teniendo un paisaje tan fácil de contemplar a los costados no era tan terrible.

LA FAMILIA DE ALICHUR

Alichur es un pueblito de cincuenta casas rodeado de montañas nevadas, sacado de un cuento. Con una mezquita y una escuela, todos se conocen. Hacía frío. Dejamos al kirguiso en su casa y el tayiko nos mira por el espejo retrovisor y nos pregunta:

  • ¿Dónde van a dormir?
  • En carpa.
  • Carpa no. En mi casa
  • ¿Ponemos la carpa en tu casa?
  • Carpa no.

Estacionó en la puerta de la casa. Con más vergüenza que otra cosa nosotros bajamos las mochilas, nos sacamos las zapatillas sucias y entramos. Lo seguimos hasta un cuarto grande con todo el piso y las paredes llenas de alfombras. Afuera se hacía de noche, debía ser la noche más fría hasta ahora. Nos sentamos en el suelo.

Al rato entró Lola, la hija mayor, con una bandeja con pan, papas y té. Lola tenía los ojos claros y unos quince años. Aprendió inglés en la escuela, se notaba que hablaba bien pero con nosotros era muy tímida. Le hicimos algunos chistes y se río. Una de las sonrisas más sinceras que nos pareció encontrar en el camino. Tal vez por lo inesperado de la hospitalidad, o por el paisaje que seguía seduciéndonos.

Para comer nos dejaron solos, ellos comieron aparte. Pero luego de la cena vinieron todos. Lola era la intérprete y la madre la más curiosa. Nunca habían tenido un turista en su casa y estaban contentos de tenernos. Nosotros agradecemos que haya gente en el mundo capaz de no sólo llevarte sino también alojarte cuando afuera hacen temperaturas bajo cero.

A la mañana siguiente nos levantamos a las seis y media. Ya era tarde. Estaban todos despiertos y tenían nuestro desayuno listo. A la despedida no pararon de decirnos “vuelvan alguna vez”. No se si lo podremos cumplir, por las dudas anotamos su dirección en un cuaderno.

Pamir - Tayikistán

La familia

EL DESIERTO

Diez minutos pasaron desde que llegamos a la ruta y ya estábamos arriba de dos camiones chinos. Íbamos separados, cada uno en un camión distinto pero de la misma flota. En realidad, los camioneros son de nacionalidad china, pero se sienten más uigures. Sobre todo cuando a mis primeras frases en chino, el tipo me miró perplejo como diciendo quiero tener un viaje en silencio.

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Demoramos diez horas, dos pinchaduras de rueda y doscientos cincuenta kilómetros recorridos. La mayor parte por el medio de un desierto. La otra por la frontera con Afganistán.

Las sensaciones en el desierto son austeras y el calor, el viento, la falta de sombras hacen que las formas se desfiguren. Pero el cielo con sus montañas era envolvente y las nubes se veían mas llenas.

Pareciese que en el desierto la austeridad y la hospitalidad van de la mano y la falta de sensorialidad lleva a la reflexión interna. Todos los grandes profetas de las religiones buscaron retirarse al desierto no huyendo de ellos mismo, sino para encontrarse.

Pamir - Tayikistán -1

Habíamos pensado que viajar por el Pamir a dedo iba a resultar difícil, nos preocupamos, nos preparamos y finalmente logramos hacerlo. Pero les aseguro que mucho más difícil es atravesar los desiertos de nuestras mentes.