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Roma, cuidad de todos

“Roma, La ciudad de la historia visible, donde el pasado de todo un hemisferio parece moverse en el cortejo fúnebre, con imágenes y trofeos ancestrales extraños reunidos desde lejos....”

George Elliot

Intentar escribir sobre una ciudad tan trillada como Roma no es una tarea fácil. Desde manuales de historia hasta guías de viajes exprés, parece estar todo dicho sobre esta ciudad. Pero esa no es la única dificultad a la hora de escribir. Además, de no saber qué decir ni cómo decirlo, tampoco sabría dónde ubicar el comienzo de este viaje.

El viaje a Italia empezó mucho antes de que la voz del comandate del avión anunciase que en 15 minutos aterrizaríamos en el aeropuerto de Fiumicino. Quizá comenzó en algún almuerzo de domingo en el conurbano bonaerense donde se hablaba de algún bisabuelo siciliano que nunca llegué a conocer, o quizá, cuando visitando el norte de Marruecos dimos con unas ruinas romanas en medio de mezquitas y bazares que temblaron con un terremoto hace más de doscientos años. Pero seguro que el viaje a Roma comenzó mucho antes.

De hecho, tardamos casi 30 años en colorear un parte del mapa que siempre había estado presente en nosotros. Casi 30 años para ponerle imágenes, caras, olores e impresiones a la capital de un país que está muy arraigado en nuestra cultura.

Volar a Roma, conocer Italia, visitar el Vaticano, la Plaza San Pedro, contemplar el Coliseo desde el monte Palatino… No, no era solamente un viaje a las raíces de nuestra historia de inmigrantes sino también un viaje a nuestra historia como humanidad. Es que sí, Roma fue la cuna de todo un universo simbólico. El punto de inicio, el origen, el sitio al que conducen todos los caminos.

Es difícil hablar de una ciudad así sin caer en lugares comunes. Roma no sólo es el escenario de películas, sea Fellini o de Woody Allen, sino también de libros, poemas, sueños y fantasías. Quizá, también alguna de las ciudad que Italo Calvino se inventó para entretener a Gengis Khan.

Uno construye muchas veces imágenes típicas de los lugares gracias a los libros, los cuentos de otros viajeros o de las películas. Y uno se imaginaba a Roma con sus callecitas estrechas con pizzerías con mesas en la calle y manteles cuadriculados. Y es verdad, es así pero también mucho más.

Roma son las bocinas en una esquina y el aperitivo a las 6 de la tarde. Un tano juntando las manos hacia el techo mientras exclama un “Salve Ragazzi”. Son las veredas rotas, las fuentes de agua fría que sólo los romanos saben usar, un balcón con plantas secas y un cura argentino celebrando una misa para 40.000 personas.

Roma es una estación de subte que convive con una columna de granito de no-sé-cuantos-siglos. Una remara de una loba amantando a Rómulo y Remo y un pobre tipo disfrazado de Gladiador cobrando 10 euros la foto.

Una pizza que tiene nada que ver con las de Guerrín. Un cartel que reza que en tal casa vivió un tal Greco y una Fontana Di Trevi blanca y resplandeciente plagada de gente. Pero sin Sophia Loren y con palitos de selfie.

Es la prosciutteria con amigos. Una cerveza Peroni y un negroni en la tabla de un bar que me recuerda Buenos Aires. Caminar por Trastevere, cruzar el río Tiber y contemplar el atardecer desde alguna de las colinas. Ver cúpulas, palomas, y a lo lejos, un coliseo entre andamios que sobrevive. A los terremotos, a tiranía de los hombres, a la historia y al paso de la memoria.

Roma es un canto a la nostalgia. Roma sobrevive. Se reinventa, y yo me siento en casa. Porque por más DNI español que tenga, los tanos tiene más que ver con uno que los catalanes. La puteada, el codazo, la sonrisa y el guiño del ojo.

Roma nos mostró todo lo que esperábamos encontrar. Si,  es cierto, eso es una trampa. Las expectativas muchas veces juegan en contra a la hora de visitar un lugar. Pero como era de esperar, Roma es la excepción. Es mucho más colorida, romántica y querendona de lo que nos imaginamos.

Roma es el origen. De occidente, del cristianismo, del idioma latino, de la bella Italia y de la unificación. Roma es, un poco, la ciudad de todos.

Y, quizá, por eso hablar de Roma es un lugar común. Por que todos, venimos de ahí.

Sobre la mujer en India

Al mejor estilo etnólogo a los dos nos interesa observar, comprender y compartir el estilo de vida que India propone. Un estilo de vida que está atravesado por la religión y por la espiritualidad. Un estilo de vida donde el hombre manda y la mujer obedece. No es la primera vez que decimos que India es asquerosamente machista. Y sobre eso queremos hablar hoy. Sobre la mujer en India, sobre el hombre, sobre sus lugares, sobre sus funciones, sobre lo que pueden y lo que no pueden.

Pushkar - 1

No es fácil ser mujer en India. Ya desde la gestación es difícil. En los sanatorios los médicos tienen la obligación de no informar sobre el sexo del bebé. Esto se debe a la gran cantidad de abortos que se producen cuando se enteran que es mujer. No quieren hijas, quieren varones. Pero más allá de la prohibición sigue habiendo un gran número de abortos selectivos y de mortalidad en bebas recién nacidas. Sobre esto nos contaron historias terribles. Por ejemplo: casos de envenenamiento a bebas con la savia de las adelfas.

Desde la infancia comienza el sufrimiento. La educación para el hijo varón es especial, como así también la comida y todas las estimulaciones. En cambio la hija mujer ocupa un rol secundario y su obligación es estar presente en las tareas domésticas en vez de estar jugando. Los hombres son los que pueden estudiar, los hombres son los que pueden tener y atender un comercio, los hombre son lo que entran en la policía, los hombres son maestros, los hombres… etc.

Mujeres en India -6

Ahora se preguntarán ¿Por qué?. Pregunta difícil. La sociedad India es compleja. Es una sociedad en transición, con una economía que estos últimos años ha comenzado a crecer, con una tradición democrática reciente (no nos olvidemos que India se independiza recién en 1947) pero con muchísimos años de historia.

Mujeres en India

Las mujeres también trabajan en la construcción

Intentar pensar porque la mujer ocupa un lugar tan denigrante y solo asociado a fines reproductivos y domésticos nos lleva a presentarles un montón de otras cuestiones; como ser los casamientos arreglados y el dote.

En muchos lados en la India, los matrimonios están arreglados. Son los padres quienes eligen la pareja. Se busca consorte teniendo en cuenta la edad y posición económica de la otra parte. El diario suele ser un buen lugar para publicar que se busca esposa o esposo. Una vez que se encuentra lo buscado se visita a un astrólogo que compara las cartas astrales de la futura pareja. Si esto da un buen resultado, comienzan los preparativos de la boda. Es normal que los novios no se conozcan ni se hayan visto antes del matrimonio. Esto del matrimonio arreglado que tan retrogrado parece no queda acá. En el proceso de búsqueda de consorte los padres de la mujer deben aclarar cuál es el dote (suma de dinero, alhajas o tierras) que ofrecen. Si el valor es muy inferior correr en el riesgo de que nadie acepte a su hija, y una hija soltera es una humillación. Además del dote la familia de la novia debe hacerse cargo de los gastos de la boda. Por eso, muchas veces la mujer es vista como una carga económica.

Tuvimos la suerte de asistir a un casamiento hindú, sin duda una experiencia única que nos dejó completamente sorprendidos. La alegría de la familia, los ojos de la novia, la seriedad del novio y el futuro incierto fueron espectros que flotaron en la fiesta.

Mujeres en India

Mujeres en India

Mujeres en India

A su vez, ser viuda en India es extremadamente duro. La costumbre del sati obligaba a las viudas a tirarse a la pira funeraria de su difunto marido, muriendo inmoladas junto al cuerpo. Los ingleses abolieron esta práctica en 1829. Igualmente, la situación por la cual hoy atraviesan no es nada fácil. Una mujer cuando se casa pasa a ser parte de la familia del marido. Si este se muere pasa a ser una mera propiedad. Sin importar la edad que tenga. Hay viudas de 15 años y las hay más grandes. Todas pasan por lo mismo. Son las culpables de la desgracia del marido. Por eso las mandan a una suerte de “destierro”. A lugares como Vrindavan, a vivir en pésimas condiciones; Compartiendo el cuarto con 10 mujeres más, en el mejor de las casos. A vivir del mendigar y de limosnas.

Mujeres en India

Actualmente las cosas están cambiando. La constitución comienza a reconocerles más derechos, como por ejemplo el divorcio. Pero esto solo es vigente socialmente en las grandes ciudades como ser Delhi o Mumbay y solo para aquellos con mayores posibilidades económicas. En los sectores rurales las cosas no están nada fácil. Así nos contaron el caso de una chica que viajo a Delhi a estudiar y conoció un muchacho que por desgracia era de una casta inferior. Su padre se enteró y mando llamar a los dos y los mato. Y esto se sabe, esto circula, pero nadie hace nada, nadie parece verlo. Lo mismo, si un hombre de clase alta decide violar a una mujer de pocos recursos, esta no puede negarse.

Pero insistimos, la India está cambiando, por los menos en las grandes ciudades. Las nuevas generaciones parecen romper las tradiciones. Conocimos algunos casos de jóvenes que tienen novio/a a escondidas. Y muchos padres que le preguntan a sus hijos con quién le gustaría casarse. Si bien el número de mujeres en política es bajo, cada vez hay más (actualmente cerca de un 10% del parlamento), también hay cada vez más mujeres profesionales o en las fuerzas armadas.

Mujeres en India

El cambio parece traer más libertades, más derechos y posibilidades a las mujeres. Pero también se pierde la otra parte de la tradición India, la más linda (la que más nos gusta). Ahora las mujeres comienzan a vestirse de jeans y camisetas, a usar zapatillas. Los saris (atuendo habitual) solo parecen quedar para las viejas generaciones o para aquellas familias más tradicionales. En fin, tiempos de cambios.