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Terzani me dijo

“El conocimiento no proviene de libros, incluso de aquellos sagrados, pero sí a partir de la experiencia. La mejor manera de entender la realidad es a través de los sentimientos, intuición y no a través del intelecto. El intelecto es limitado.”

Tiziano Terzani 

“Oiganme bien, porque, aunque he hablado de colisión cultural, intelectual, religiosa y no militar, ahora les digo: ¿guerra han querido? ¿guerra quieren? Por lo que me concierne, que guerra sea. Hasta el último aliento.”

Oriana Fellaci

Debo empezar el relato con una confesión. Se supone que debía escribir sobre Italia, su gente, sus lugares, mis impresiones, pero no pude. Un ejercicio habitual que me gusta practicar (y se que no soy el único) es leer autores relacionados con el destino que voy a visitar. Es un proceso que empieza antes de comenzar el viaje, continúa durante el mismo y sigue después, a la vuelta. Así fue como llegué a estas cartas, a estas declaraciones de ideas de dos italianos que fueron contemporáneos entre sí. Ambos viajeros y ambos buenos escritores. Tiziano Terzani y Oriana Fallaci tuvieron demasiadas coincidencias. Ambos nacieron en Florencia, se dedicaron al periodismo y a viajar, y gracias a eso se conocieron personalmente en al guerra de Vietnam.

Con varios libros en el haber el destino los volvió a cruzar 30 años más tarde. Luego del famoso atentado del 11 de septiembre de 2001. En aquel entonces ambos padecían cáncer. Oriana vivía y recibía el tratamiento en Nueva York, en cambio Tiziano alternaba sus meses entre las montañas del Himalaya en India y su Italia natal.

Y estas vidas que parecen estar tan ligadas y cruzadas reaccionaron de una forma muy distinta al atentado. Oriana soltó toda su ira contra el mundo islámico en una serie de artículos que luego serían publicados en el libro “La rabia y el orgullo”.

Tiziano le contestó con una serie de artículos que también serían el punto de partida de un libro “Cartas contra la guerra”.

Oriana escribe su bronca desde Nueva York, Tiziano le contesta desde Kabul tratando de correrse del discurso político hegemónico y buscando ponerse en el lugar de los habitantes de la Afganistán. Sin dudas dos posiciones bien marcadas que ayudan a entender el conflicto y las razones por las cuales el mundo toma el rumbo que hoy 16 años después seguimos padeciendo.

¿Tan difícil es “El encuentro con el otro”? ¿Tanto nos cuesta entender en nuestra propia piel las miserias y penurias que tienen miles de hombres en el mundo? ¿Tan desconectados estamos los unos de los otros?

En aquel primer viaje por India en 2013 tenía la ingenuidad de pensar que el viaje cambia a las personas. Tardé en darme cuenta que no todos se toman el tiempo necesario para empatizar con los otros. Que las burbujas que se crean se las cargan en la mochila y que no importa donde vayan siempre van a tener su mundo propio para aislarse de ese otro, el que no les gusta o no quieren ver.

Por eso me llama la atención las cartas de Oriana, que vio y describió el mundo como pocas, pero que en los últimos años se volvió agría en su forma de escribir, con conclusiones como “De Afganistán a Sudán, de Indonesia a Pakistán, de Malasia a Irán, de Egipto a Irak, de Argelia a Senegal, de Siria a Kenia, de Libia al Chad, del Líbano a Marruecos, de Palestina al Yemen, de Arabia Saudita a Somalía, el odio por Occidente crece a ojos vista. Se agiganta como un fuego alimentado por el viento. Y los secuaces del fundamentalismo islámico se multiplican”.

En cambio, por eso rescato a Tiziano, que afrontó su enfermedad meditando en el medio del Himalaya. Y luego de visitar un hospital en Kabul, y llevar algunos regalos a los chicos un hombre herido lo increpa “Primero vienes a bombardearnos y luego a traernos bizcochos. Qué vergüenza”. Y Tiziano reflexiona: “No sé qué hacer. Busco en mi interior algunas justificaciones, algunas palabras que decir. Luego pienso en los soldados franceses, alemanes e italianos que pronto se unirán a esta guerra y me doy cuenta de que, al final de una vida en la que siempre he visto heridos y muertos causados por otros, aún tendré que ver, en este hospital o en otra parte, a las víctimas de mis bombas, de mis balas. y me avergüenzo de verdad”.

Dos maneras distintas de abordar el mismo problema. Y tal vez, el entorno en que uno se encuentre tiene que ver porque es cierto que estar en un rascacielos, rodeado de otros rascacielos, llenos de gente viviendo en pequeñas latas lo lleva a uno a sentirte sólo. El contacto con la naturaleza nos puede enseñar a valorar lo importante y a entender, que la paz primero tiene que estar adentro nuestro y que como alguna vez dijo Ghandi, al odio no se lo vence con más odio, sino con amor.

Dos cartas que valen la pena leer y confrontarlas, y, por más que pasen los años no pierden vigencia.

Ellas

Prende un sahumerio, lo pone en la planta de tulsi, toma unas hojas y prepara el té. Todos los días espero este momento. Hace tres semanas que estoy en el mismo lugar, pero no me desespera. Hay veces que a uno lo atrapan los lugares, otras veces la gente, y unas pocas se da esa mágica mezcla de ambas.

Mujeres en India

Ella habla mucho, como si el silencio la incomodase. Su inglés es muy fluido. Su rostro es maternal y transmite bondad. Pero es raro ver a una mujer de su edad soltera y sin hijos.

Cada tarde se repite lo mismo, sillas, atardecer, montañas, frío y una tasa de té de tulsi bien caliente. Ella habla y habla, y yo dejo que se exprese. Así está establecida nuestra relación. Siento que a través de ella podemos interpelar una cultura que tiene casi cuatro mil años de historia.

Nos cuenta de sus dioses y sus distintos significados. Sus mitos, sus lenguas y sus creencias. La India es infinitud, en todos los ámbitos de la vida y en todas partes. Abarca a todas las personas, a todas las ideas y sus opuestos. De la manera más natural se mezcla lo terrenal con lo divino, lo místico con lo mundano.

Ella ahondaba en esa forma de pensar milenaria una y otra vez para dejarme sorprendido. Con toda esa telaraña de palabras que tejió, tardé en darme cuenta de que jamás me había hablado de ella. Todo eso era un palabrerío teórico, filosófico y espiritual que sofocaba los pensamientos.

De ella no sabía más que su nombre, Reeta. Sus grandes ojos marrones siempre contrastan con sus coloridos saris. Sus manos pequeñas siempre están cargadas de anillos y pulseras ruidosas. Reeta rié cuando cuenta de su cultura, me enseña palabras en hindí mientras le cuento de la lejana ciudad de Buenos Aires. Ella hablá de la justicia de sus dioses y de sus castigos. Presenta a Shiva, amo y señor del estado de Himachal Pradesh. Un dios relacionado con la destrucción. Ella cuenta que los dioses lo ven todo.  Y cuando uno no hace bien las cosas, realiza malas acciones o tiene malos pensamientos, estos se enojan.

¿Es posible, ya no conocer, si no dimensionar una cultura donde la cantidad de dioses es infinita como así los textos sagrados? ¿Qué se oculta detrás de todo esto? Mis pensamientos se discurrían en la idea de religión como forma de dominación y de cómo muchas situaciones que a nuestros ojos parecen injustas, encuentran su sustento en lo divino.

Pero ella, como si pudiera leer la mente, me dice algo que me saca de contexto, “Para nosotros la persona más importante es siempre la que está al lado”. Me deja pensando. Aquel mundo extraño e inmenso es fascinante pero a la vez es una lección de humildad.

Instantáneamente empecé a pensar en ella y en su vida, que hasta ahora, por increíble que me parezca, era casi desconocida para mi. Cómo si se hubiese ocultado todo este tiempo detrás de esa suave sonrisa y de sus infinitos dioses.

Al cambiar de perspectiva pasé del asombro por la cultura milenaria a recorrer su camino de sufrimiento. Mi mente no paraba de imaginar aquellas lágrimas que derramó una y otra vez cuando todos sus pretendientes la rechazaban. Porque le decían que era fea, porque ella no era alta o porque su familia no tenía plata. Esa familia que venía ahorrando cada centavo para pagar el casamiento y así convencer a la familia del novio. Y ella, derramaba lágrimas por un posible amor no correspondido. Ya no era un sentimiento que le palpitaba en el pecho, sino un sueño y una posibilidad de lo que podía ser una vida al lado de una persona que poco conocía y que sus padres habían seleccionado.

Todas las ilusiones de ella, más todo el esfuerzo y ahorro de los padres se esfumaron. Hoy con más de cuarenta, el casamiento y los hijos pasaron al plano de lo imposible. Se contentaba con sus sobrinos, y con la idea de poder charlar con algún que otro visitante.

Tomé la decisión de seguir viaje, sabiendo que ella se quedaba ahí cargando con su historia condicionada por la realidad en la que nació. Me subí al único colectivo que pasaba. Era pequeño y estaba lleno de gente. Como siempre, al ser distinto a ellos me conviertí en el centro de todas las miradas. Pero a mi, lo que me llamó la atención fue otra cosa: una pareja joven que tenía un hijo en brazos.

El viaje fue incomodo. No sólo porque el bebé no paró de llorar en todo el viaje, sino porque la cara de sus humiildes padres denotaba cansancio, y transmitían angustia. El padre solo miraba con desagrado por la ventana y la madre trataba al pequeño bulto con indiferencia y resignación. Me acordaba de ella y de su “imposibilidad” de armar una familia.

Sentí alivio cuando bajaron y la sinfonía de gritos paró. La mujer que estaba sentada a mi lado fruncio el ceño y miró a los recientes padres con extrañeza. Creí que era por el sonido y la incomodidad de hacer largos trayectos de viaje con un bebe de pocos meses, pero no. Ella me dijo algo así cómo “es pobre, mala vida”.

En el momento no supe entenderlo, pero con el tiempo, y a través de distintas historias, comprendi que probablemente era una niña. Que seguramente tanto la mujer como la joven pareja veía como un problema. ¿Acaso podrían haberle evitarle una vida de sufrimiento? ¿O simplemente la verían como un gasto durante toda su vida? Reeta me había recitado una frase de Tagore que decía “Cada recién nacido nos trae el mensaje de que Dios todavía no pierde la esperanza en los hombres”. Pero parece que los hombres perdieron la esperanza en Dios hace rato.

India me llenó de cachetadas, me cagó a palos. No sólo por la pobreza y la marginalidad, sino también por las cuestiones de género donde las mujeres están condicionadas desde el nacimiento, o incluso antes. Y por eso alguna vez la escuché a ella decir: “Ojalá que en mi próxima vida reencarne en un varón” mientras prende un sahumerio, lo pone en la planta de tulsi, toma unas hojas y prepara el té.

Nuestros 10 lugares de India – Parte II

Seguimos con la segunda parte de los destinos de India que se quedaron en la retina de nuestros ojos. Tal vez no son los favoritos de la mayoría, o los que reciben más turistas, pero si, son los que de una forma u otra para nosotros no pasaron desapercibidos. Una selección arbitraria y subjetiva.

6. Haridwar y Rishikesh

Haridwar es una de las 7 ciudades sagradas del hinduismo. Sagrada ya que Vishnu (un dios hinduista) bendijo parte del río Ganges y dejó marcada su huella.

A su vez, la ciudad está muy cerca de la naciente de deshielo del rio Ganges.

Uno puede bañarse en el rio, purificar su karma y conectarse con el corazón espiritual de India. Sadhus, puyas al atardecer, ofrendas y cremaciones son moneda corriente.

El ambiente es similar a Varanasi, pero sin esa cuota de turismo masivo que hace de la cultura un negocio.

Haridwar es ciudad vecina de Rishikesh, ciudad que recibió a los Beatles en su momento de mayor apogeo y que hoy es cuna de múltiples escuelas de yoga.

Haridwar

Celebreación en el río Ganges – Haridwar

Les compartimos nuestra visión de la ciudad: Mojando los pies en el Ganges

Y un breve recorrido por el ashram que visitaron los Beatles en Rishikesh: Caminando con los Beatles

Rishikesh - Beatles

La entrada al ashram

7. Sikkim y Darjeeling

Otra región del Himalaya, pero esta vez es esa puntita que se encuentra entre Nepal, China y Bután, bien al norte y al este de India.

Sikkim fue un reino independiente hasta hace unos pocos años. Aún mantiene su propia cultura y sus propias reglas. Cada región es un país distinto dentro de India. Y Sikkim no es la excepción. Senderos de trekking, monasterios budista y el Kachendzonga, la tercer montañana más alta del mundo.

Cerquita de Sikkim, está Darjeeling. Famosa por su té y su famoso tren de juguete, legado de la colonia inglesa. Las plantaciones de té tienen su encanto y sobre todo cuándo las cosechas están en manos de pintorescas y simpáticas señoras.

Un té con vista al Himalaya, vale la pena.

Vistas desde el toy-train - Darjeeling

Vistas desde el toy-train – Darjeeling

Nuestro post acerca de la ciudad de Darjeeling: Reencuentros en Darjeeling

Nuestro post sobre Sikkim: Reino olvidado de Sikkim

Ruinas de la antigua capital de Sikkim, cerca de Pelling

Ruinas de la antigua capital de Sikkim, cerca de Pelling

8. Hampi y Anegundi

Del norte, pasamos al sur de India. Hampi tiene una geografía única y nunca antes vista por nosotros. Arrozales verdes con montañas de piedras apiladas prolijamente. Según dice, esas piedras se le cayeron al dios mono, Hanuman, en un viaje a la isla de Sri Lanka. Otros dicen que los ovnis también tuvieron algo que ver.

Sea como fuere, esas rocas apiladas crean un paisaje único.

A unos 5 km de Hampi, se encuentra Anegundi un pequeño poblado que poco tiene que ver con la turística e israelita Hampi. Puestos de chai, piletones donde lavar ropa y caminos que se trazan a mano a una y otra vera del rio. Templos perdidos y sitios sagrados. Hampi nos fascinó.

Hampi Anegundi

La vista desde una de las tantas montañas de Hampi

Hampi Anegundi

Las calles de Anegundi

 Acá nuestro post: Contando piedras en Hampi

9. Puri

Puri fue la primer playa de India que visitamos. Es un pequeño pueblo de pescadores. Tiene pocas calles asfaltadas y no tiene un centro comercial. La gente suele ser amable (nunca falta el oportunista que algo te quiere vender) y los frutos de mar acompañan cualquier plato. Puri es, también, una de las ciudades de peregrinaje para los hinduistas: el Jagannath Temple es un templo que todo hinduista debe visitar alguna vez en su vida. Nosotros no podemos entrar por ser extranjeros pero podemos verlo desde el edificio de enfrente, una especie de biblioteca donde te cobran precios exagerados para obtener una buena foto del templo en cuestión.

Puri permite descansar de las grandes ciudades de India, leer un buen libro con un mar azul de fondo, cocos y con camellos paseando al lado nuestro.

Les compartimos la crónica de nuestros largos días en Puri: Puri, perspectivas desde la arena

Postal de Puri

Postal de Puri

 10. Pushkar

Pushkar hace de centro energético de la región de Rajasthan. En medio del desierto de Thar, de zona de majarahis, de fuertes y de elefantes pintados a mano. Pushkar da la sensación de recreo en medio de tanto exceso, belleza y riqueza.

Pushkar es una ciudad sagrada para el hinduismo ya que posee un lago creado por el mismísimo dios Brahma. El lago cobra fuerza al atardecer cuándo los ghats se llenan de creyentes y curiosos que se acercan a meditar, cantar, rezar y tomar un rico mate (o chai) en medio de música y energía por doquier. El sol tiñe todo de amarillo y por instantes el tiempo parece congelarse en semejante paraíso

Pushkar también es sagrada para los turistas por poseer los mejores mercados de ropa y souvenirs de india. ¡Así de contradictoria es India!

Nuestro post: Pushkar, ciudad sagrada

Pushkar - India - Lago

Cuando comienza a ponerse el sol en Pushkar

Bonus – Nueva Delhi:

Es la bulliciosa capital de India. No es un destino recomendado. Es agobiante, calurosa, pegajosa y querellante. Nosotros salimos espantados la primera vez que llegamos a Delhi, pero luego volvimos y comenzamos a encontrar su riqueza y su valor en los detalles.

Es una ciudad que para poder apreciarla hay que traspasar esa barrera superficial que Delhi propone, para ver algo más que pobreza, suciedad y hambre.

Delhi es una de las ciudades más grande del mundo, muchos mercados y de todo tipo, infinidad de templos y de religiones. Todo es múltiple. Museos, monumentos históricos y hasta puestos de comida.

Nueva Delhi fue testigo de nuestra llegada y nuestra partida de India 8 meses después, quizá por eso siempre la recordamos con cariño.

Multitud. Todo es multitudinario en India

Multitud. Todo es multitudinario en India

¿Querés leer primera parte de esta selección? Nuestros 10 lugares en India – Parte I

¿Te quedaste con ganas de más? Acá podes ver nuestro itinerario completo de nuestros 8 meses de viaje por India

Contando piedras en Hampi

Llegamos a Hampi confiados. Hace mucho que no nos pasaba eso. Llegamos con un papelito en el bolsillo. La dirección de un guest house que nos recomendaban dos argentinos bloggers y viajeros (Klando va de viaje). Era lo único que sabíamos del lugar. La dirección que nos pasaron no estaba en el centro ni en el zona turística. Tuvimos que combinar dos colectivos y caminar un poco con las mochilas a cuestas. Finalmente nos encontramos los cuatro y nos sentimos en casa, una vez más.

Hampi

Hampi es de esos sitios que no suelen faltar en los itinerarios de viaje a India, al igual que la ciudad sagrada de Varanasi o el emblemático Taj Mahal. Pero a diferencia de estos, Hampi encabeza en el puesto numero 1 la lista de recomendaciones de guía Lonely Planet.

La comunidad israelita plantó bandera aquí (al igual que en otros sitios de India) y uno por momentos tiene la sensaciones de estar caminando por Tel Aviv. Carteles en hebreo y humus para cenar. ¿Dónde quedó la comida local? Los indios venden marihuana y los niños limonada. Los occidentales se pasean en short y la regla de cubrirse los hombros, acá no tiene lugar. La gente local tampoco tiene lugar allí. Derribaron casas y casuchas para construir nuevos hoteles, cada vez con más estrellas. La gente tuvo que caminar por la vera de río para buscar un nuevo sitio donde asentarse.

El niño que "dirigia" el bote para cruzar el río

El niño que “dirigia” el bote para cruzar el río

Hampi es pequeño. Uno camina un poco y se pierde de las masas. El pueblo esta rodeado por un río y con solo seguir el curso uno puede encontrar escenarios fantásticos. Y solitarios, no hay kioscos de cerveza fría en todos lados, por suerte. Y con solo alejarse unos metros, Hampi se nos presenta como magnifico. Sí, “magnifico” es una palabra grande, pero no se nos ocurre otra.

Hampi Anegundi

La vista desde una de las tantas montañas de Hampi

Hampi Anegundi

Templo de Hanuman

El verde de las plantaciones de arroz contrasta con el marrón de las rocas. Rocas inmensas y milenarias hacen de base para cientos de templos (también históricos y milenarios). Hampi fue capital del imperio Vijayanagara de 1336 a 1565, uno de los imperios más fuertes y ricos en la historia de India.

Hampi

Sitio histórico

Hampi

Entre mates y atardeceres nos preguntamos varias veces que accidente geográfico dio lugar a tanta belleza. Y cuando la ciencia no aporta respuestas, el mito cobra lugar.

Según cuentan, el dios Rama, uno de los dioses más venerado en India, ordenó a su fiel servidor Hanuman (el dios mono hablante) que lleve piedras desde el Himalaya hasta Sri Lanka para formar allí un nuevo cordón montañoso. A Hanuman, que no es perfecto, se le cayeron algunas piedras en el camino. Fue Hampi el sitio donde las piedras se derramaron.

Incluso, algunos dicen, que en el acúmulo de piedras más alto nació el mismo Hanuman.

Hampi

Aca dicen que nació Hanuman

Anegundi

Hampi Anegundi

Las calles de Anegundi

Hampi

Con Laura y Álvaro nos encontramos en Anegundi, a unos 5 kilómetros del centro turístico. El pueblo no tiene más que una calle principal y una ruta que conecta con las ciudades cercanas. Los guest house no abundan y las calles están repletas de niños jugando a la bolita y grupos de hombres que se juntan a tomar un chai.

Hampi

Con los chicos

Las mujeres están cerca del río, lavando ropa, conversando y jugando con los más pequeños. Acá los turistas somos minoría. La gente nos saluda, sonríe y hasta nos piden fotos. No hay mucho para hacer, más que salir y perderse caminando, parar a hablar con unos nenes que juegan carreras de bicicletas o con un señor que está horas en la vereda viendo las horas pasar. Hay muchos templos que visitar y hasta se puede subir a algunas piedras y contemplar hermosos atardeceres o simplemente pensar y respirar.

Hampi

En otra de las tantas ruinas

Hampi

Y en otro de los tantos templos

En Anegundi no encontramos sitios de lujo ni nada por el estilo. Encontramos gente laburante. Gente humilde de clase trabajadora. Algo que en India es llamado “de las castas no tan altas”.

Anegundi - Hampi

Y entre “las castas no tan altas”, Hanuman es uno de los dioses predilectos. O  eso es lo que los Brahmanes (casta más prestigiosa) se encargó de predicar. Hanuman dejó de lado su familia para servir a su amo Rama. Es un fiel ejemplo de servicio.  El dios mono hizo lo que un criado debe hacer por su amo, dejó su familia, luchó y peleó por él y hasta cruzó la India volando para poder trasladar las rocas requeridas. Todo este esfuerzo y beneficio fue pagado al otorgarle el titulo divino. Si, ni más ni menos que un trabajador recompensado con titulo divino. Algo imposible. Una sutil manera de seguir disponiendo de las clases bajas ¿O no?

En fin, Anegundi es uno de esos sitios donde podemos pasar semanas sin ni siquiera notarlo. Pero esta vez teníamos prisa; el boleto de regreso a Argentina nos marca un nuevo ritmo de viaje.

Hampi

Los amigos de Lucas

Hampi

Las amigas de Laura y Ludmila

Sikkim, el reino olvidado

Jorethang

Estamos en un jeep bastante apretados. Seremos unas 12 personas. Nosotros dos y una pareja de polacos somos los unicos extranjeros. No muchos turistas llegan al estado de Sikkim, quizá porque esta muy al norte, quizá porque se necesita un permiso especial o quizá porque no esta entre los lugaremos más turisticos de India. Nos lanzamos a lo desconocido. No tenemos ni la menor idea de Sikkim.

Pelling

Llegamos en la última hora de la tarde. Nadie nos acosa para vendernos nada. Los hoteles son caros y feos. Se acerca un señor y nos dice que nos puede alquilar una habitación de su casa. La vemos y esta bien. El señor también tenia un restaurant de poca monta donde solo servían chowmien y omelettes. No sabemos porque pero siempre estaban las mismas personas, que a su vez eran las misma que habitaban la casa. ¿Serian todos parte de la misma familia? Todos nos sonreían y eran amables, pero a su vez nos veían y se incomodaban. Solo dos hablaban ingles. Nos fuimos sin saber si ellos nos hicieron un favor o nosotros a ellos.

Ruinas de la antigua capital de Sikkim, cerca de Pelling

Ruinas de la antigua capital de Sikkim, cerca de Pelling

Kecheopalri

Por día pasa un solo jeep que va hasta el lago. Serán unos 30 km desde Pelling. Llegamos y preguntamos por la casa de un lama (monje budista) en la cual sabíamos que podiamos alojarnos. Tenemos la suerte de preguntarle al nieto del lama en cuestión. La casa estaba a unos 20 metros de un gran templo budista en construcción, ya que último terremoto lo tiro abajo.

Campos de cardamomo en Kecheopalri

Campos de cardamomo en Kecheopalri

Eramos los únicos turistas viviendo en medio de una pequeña aldea de montaña. Para donde mirásemos veíamos la inmensidad del cielo y de la tierra. Además servían comida casera y orgánica que era demasiado rica. Caminamos mucho, al lago, a la montaña de enfrente y a unas cuevas de meditacion. En el camino un campesino nos invita a su casa y nos convida té y maíz tostado recién cosechado. Su mujer y su hija son muy simpáticas. Volvemos y nos encontramos que nuestra paz se vio invadida por 10 israelitas. Fue tiempo de partir.

Lago de Kecheopalri

Lago de Kecheopalri

Yuksom

Empezamos a caminar hacia Yuksom. Dicen que son alrededor de 3 horas. No encontramos el camino, no hay ningún cartel y no nos cruzamos mucha gente a la cual preguntarle. Caminamos 30′ hasta que al final lo encontramos. Ya es mas tarde de lo previsto y el calor se siente. Seguimos caminando y seguimos viendo muchas bifurcaciones, pero nadie a quien preguntarle. Nuestro instinto nos dice para donde ir. A veces agarramos caminos y a los 5 minutos nos damos cuenta que para ahí no es. Volvemos para atrás. Tras poco menos de 2 horas de caminata salimos a la ruta. ¡No estamos perdidos!

El camino sigue, pero ahora el asfalto no deja lugar a dudas. Una señora nos ve y nos enseña un atajo para llegar antes. El atajo consiste en subir escalones durante una hora. Confiamos y vamos. Llegamos muertos. Justo al mediodía, con mucho calor y todo cuesta arriba.

Yuksom es tranquilo. Empezamos a ver mas turistas. No alejamos del centro y nos alojamos en la casa de una señora muy simpática. Lo primero que nos dice es que no habla mucho inglés, pero su sonrisa alcanza para hacernos entender. Nos muestra un cuarto enorme. Nos quedamos ahí.

Niños budistas mirando atentamente

Niños budistas mirando atentamente

Tashiding

Segundo y último día de caminata. El camino, a priori, era más fácil pero más largo. Se repite la misma escena del día anterior: un camino poco claro sin indicaciones ni gente a quien a preguntar. Vemos nuestros pies, y tenemos la zapatillas llenas de sanguijuelas. Son muchas y de todos los tamaños. Comenzamos a quitarlas, algunas ya habían traspasado las medias y otras comienzan a subir por nuestras piernas. Nos alejamos casi corriendo y procedemos a quitárnoslas todas. Tenemos las zapatillas llenas de sangre. El camino nos llevó a una Puja (festejo hinduista). Tomamos un té, comimos algo y seguimos viaje. Llegamos a Tashiding al anochecer cansados y sucios. Una tormenta fuerte deja al pueblo sin luz hasta la mañana siguiente.

Namchi

Antes de ir a Gangtok (capital de Sikkim) pasamos una noche en Namchi. Es una ciudad grande y nueva. El terremoto de 2011 destruyo gran parte de la ciudad. Nuestra cabeza deja de estar en Sikkim y se traslada a Tailandia. En una semana estamos allá rodeamos de amigos y de playa. Mientras comemos un plato de Chowmien de 10 rupias en la plaza central no hacemos más que pensar en nuestro próximo país a visitar.

Gangtok

Llegamos a la capital de Sikkim. Lo primero que nos llama la atención es el tráfico. Después de estar en pequeños pueblos Gangtok nos aturde, y eso que no es tan grande. Tenemos una referencia de un Guest House que nos recomendaron unas chilenas que conocimos en Khajuraho. Hacia allá vamos. Caminos apenas 10 minutos y lo encontramos.

La ciudad es limpia y con bastante poder adquisitivo en comparación con el resto de India. Los negocios de marcas internaciones abundan. La ropa, la comida y las costumbres son otras.

Museo tibetano en Gangtok

Museo tibetano en Gangtok

Descubrimos una panadería con cosas ricas. Es la mañana y pedimos agua caliente en el guest house. Salimos con el termo, el mate y la yerba que nos queda. Compramos galletitas y desayunamos en la peatonal. La gente pasa y nos mira. Nadie entiende que tenemos entre las manos. Nosotros disfrutamos la galletitas y el mate. Hace meses que no tomabamos.

Rumtek

Vamos a Rumtek a visitar un monasterio. Nuestra idea es quedarnos a dormir dentro del mismo con los monjes. Llegamos al lugar, es enorme. Preguntamos y no podemos dormir ahí. A causa del famoso terremoto el lugar que era para invitados se destruyó. Buscamos y nos hospedamos en un guesthouse que administra un monje.

Aprovechamos la tranquilidad para leer y escribir. Caminamos un poco y disfrutamos de la comida del lugar. Ya habiendo saciado nuestro ser volvemos a Gangtok para despedirnos de Sikkim.

Joven en el monasterio de Rumtek

Joven en el monasterio de Rumtek

Sikkim, el reino olvidado

Sikkim guarda un sin fin de historias entre sus montañas. Fue en S. XVII que tres lamas budista se reunieron en la ciudad de Yukson para dar inicio a la monarquía de Sikkim. El reino fue invadido sucesivas veces por butaneses (por el este) y nepalíes (por el oeste). En la época de la colonia inglesa Sikkim se une con los ingleses a fin de atacar al enemigo común: Nepal. Los ingleses, ni lerdos ni perezosos, aprovecharon la oportunidad para tomar a Sikkim bajo su control. Esto duró hasta la independencia de India, en 1947 los habitantes del reino de Sikkim votaron para ser un país independiente de India. Pero, tras varios problemas en la década del 70 votaron otra vez pero para anexarse a la India, pero con ciertos privilegios. Como ser un estado libre de impuestos.

Actualmente, Sikkim pertenece a India, pero se nota la diferencia cultural. La gente de Sikkim, habla de los indios en general como “los negros”. Que son sucios, hacen mugre por todos lados y no respetan nada. Ellos dicen que sienten la discriminación cuando “bajan” a las grandes ciudades. Que no los reconocen como personas del mismo país, los tratan de chinos o nepalíes.

En Sikkim las mujeres no visten saree

En Sikkim las mujeres no visten saree

Nosotros

Volvimos a Gangtok, mismo hotel, mismo cuarto. Apenas nos acomodamos salimos al balcón. Para sorpresa nuestra el suelo comienza a temblar. No fueron mas de 5 segundos, pero la sensación es de no saber que hacer, solo nos miramos sin decir nada. Dejamos todo y salimos a la calle. Toda la gente estaba ahí. No pasó nada grave en la ciudad. Dicen que el epicentro del sismo fue más al norte. Fue nuestro primer terremoto.

Hoy es nuestro último día en Sikkim. Nos estamos despidiendo de India. No podemos vivir el ahora sin estar pisando el futuro, en este caso, todo los destinos que nos esperan en Asia.

India nos deja escenas, nos deja recuerdos e infinitas situaciones. Como este post que no son más que escenas. Recuerdos que ocurrieron y que marcaron nuestra cotidianidad.

El presente no es más que un hoy de turno, que una escena montada y en construcción.

Y el presente después pasara el olvido (o la memoria con suerte). Sea como sea, será patrimonio del pasado. Y quizá solo unos pocos lo recordarán, como a Sikkim que solo unos pocos lo visitan y otros pocos recuerdan que fue un reino condenado al olvido.

Té y reencuentros en Darjeeling

Ya pasamos un mes en Nepal, es hora de volver a India.

Es de noche y estamos viajando a Kakarbhitta, la frontera con India. Son nuestras últimas horas en Nepal. Estar cerca de India nos trae cientos de recuerdos a la cabeza. Como aquella madrugada de abril que llegamos a India, nerviosos y sin saber muy bien en qué país estábamos aterrizando. Solo teníamos presentes los últimos días en Argentina. Ese día, al salir del aeropuerto rumbo al subte que nos acercaría a la ciudad de Delhi, conocimos a una austríaca. Ella estaba sola y nos pidió viajar con nosotros. Al bajar del metro, entre la espesa niebla de Delhi a las 7 am, con mucho calor, las mochilas al hombro y sin saber muy bien a donde ir, la austríaca se detiene a tomar un chai (te con leche y especias). ¿Cómo en el medio del calor y la incertidumbre de no saber donde estábamos parados la señora se detiene a tomar un chai en la calle?

Ya volvimos a India, y lo primero que hicimos al cruzar la frontera fue tomarnos un chai. No nos importó el calor, ni la mochila y ni hacia dónde ir. Cinco meses después entendimos a la austríaca.

Llegamos a Darjeeling acompañados por un mexicano (caímos en la cuenta que los compañeros de ruta son muchos más de lo que incluimos acá). La situación en la ciudad nos es incierta. Dos días atrás de nuestra llegada se levantó un paro que dejó inmovilizada a la ciudad por más de un mes. Ellos reclaman ser un estado independiente dentro de India. “Gorkhaland para los gorkhas”, así decían los carteles. Todos los días, en la plaza principal había manifestaciones y actos políticos. Nosotros observábamos y tratábamos de entender. Quieren ser independientes, pero West Bengal (estado al que pertenecen actualmente) no quiere saber nada. Darjeeling es una de las principales fuentes de ingreso gracias al turismo, es famosa por su tren y por su té. Tomarse un té acá es como degustar una cerveza en Bélgica o un vino en Mendoza (Argentina).

Acto político en la plaza central

Acto político en la plaza central

Plantaciones de té

Plantaciones de té

El famoso tren

El famoso tren

West Bengal no quiere ceder una de sus principales fuentes de ingreso. ¡Siempre el dinero en el medio! Pareciera que el dinero sirve más para sociabilizar que el lenguaje mismo.

Cuatro meses en India nos hace sentirnos cómodos y seguros en el país. Empezamos a comprender ciertas reglas de juego (aunque sea de lejos). Volver a India, de alguna manera, fue volver a “casa”. Las comidas, las costumbres y la religión nos son familiares. Esta vez, tras la frontera, nos esperaba lo conocido. ¡Queríamos tomar un chai, comer un thali y escuchar hindi!

Y así fue como nos encontramos en Darjeeling, caminando entre plantaciones de té y una cultura a la cual ya nos habíamos adaptado. Darjeeling nos hacía acordar a… nos es familiar, nos suena conocido ¡Claro! Es una mezcla de Leh (montañas altas y gente sonriente) y Dharamsala (el budismo siempre nos hace sentir cómodos).

Viaje en tren

Viaje en tren

La geografía nos mantiene cerca del Himalaya, ahora estamos en sus laderas verdes. Estamos cerca de Nepal, del Tibel y de Buthan. Estas tierras ancestrales encierran una lógica y un misterio que nos fascina. Tenemos una cuenta pendiente, meternos más en el misticismo de la región.

Durante nuestra estadía en Darjeeling, no hacíamos otra cosa que contemplar las montañas. Hubo una tarde, en particular, que nos quedó grabada: nuestra última tarde en la ciudad. Fuimos caminando al “templo japonés”. Un lugar que nos encantó, por su arquitectura y su tranquilidad. Nos quedamos toda la tarde sentados en silencio contemplando el atardecer y el Khangchendzonga (la tercera montaña más grande del mundo). Los picos nevados se nos presentan como inaccesibles, pero sabemos que allí se ocultan muchas historias. La montaña nos genera respeto y admiración. No por casualidad, la mayor parte de este viaje, la pasamos entre los picos del Himalaya.

Tercer montaña mas alta del mundo!

Tercer montaña mas alta del mundo!

En Nepal habíamos perdido la capacidad de silencio y la contemplación, extrañábamos un lugar tranquilo para pensar (no por culpa de Nepal, sino por culpa nuestra). Volver a India nos permitió volver a encontrarnos con eso: la tranquilidad, la meditación y nosotros mismos.

Compañeros de ruta

Compañeros de ruta

Lo que Nepal nos dejó

Era agosto, y ya pasaron 4 meses desde que nos fuimos de Argentina. Ya pasamos 4 meses en India, es hora de partir, necesitamos renovar la visa. Es momento de cruzar la frontera. Empezamos a barajar países y Nepal fue el elegido. Estaba cerca, teníamos buenas referencias y en su nombre resonaba algo mágico. Nos llena de misterios, tal vez su geografía, sus montañas, su gente o sus creencias.

4 meses en India hicieron que nos sintiésemos cómodos aquí. Ahora, cruzar la frontera nos llenaba de inquietud. ¿Podría ser de otra manera? No lo creemos. Cruzar una frontera, cualquiera que sea, nos llena de ansiedad y ese le debe pasar hasta al viajero más experimentado. Si hay frontera es porque hay una división, hay una diferencia. De este lado está lo conocido, y el otro lado se presenta como lejano, como otredad, como lugar a descubrir. Pero a su vez las fronteras son “invenciones”. Muchas veces son ocurrencias políticas más que sociales. A veces la geografía ayuda, a veces son conflictivas, pero sea como sea, las fronteras están. Nosotros las creamos.

A fin de cuentas estuvimos un mes en Nepal. No sabemos si fue poco o mucho. Nepal nos dejó confundidos y aturdidos. No estábamos acostumbrados ni a sus ritmos ni a sus precios.

La plaza Durbar

La plaza Durbar

El desafío fue conocerlo a nuestra manera: lento, pausado y en los detalles. A primera vista no pudimos. Solo de Nepal pudimos conocer su capa más superficial: la que le muestran a los turistas. Intentamos salir de los circuitos turísticos pero no era fácil. Nepal nos dejaba la sensación que el único contacto con el turista que buscaba la gente era por el dinero. Pero la última noche en Sauraha nos sirvió para llevarnos una imagen más hospitalaria. Un viejo estadounidense casado con una joven nepalí nos invitaron a cantar a la casa de una familia amiga de ellos. Nadie nos conocía, ni sabía nuestros nombres. Pero todos fueron amables. Nos sigue costando no desconfiar de la gente. Mientras cantábamos cada uno de nosotros pensaba que algo nos iban a pedir a cambio. Quizá porque así nos formaron. Nos enseñaron que la gente es mala, que el pobre te roba y te mata, mientras que el rico es el ejemplo a seguir. Y así andamos por la vida cargados de prejuicios equivocados.

Pero al final no nos pidieron nada, salvo que cantemos alguna canción argentina. Lo mal que nos sentimos al irnos con nosotros mismos. En Nepal adquirimos un caparazón para no dejarnos llevar por las rutas del dinero, pero, la última noche nos enseño que ese caparazón a veces hay que dejarlo de lado y confiar en la gente.

Hoy ya volvimos a India. Septiembre está llegando a su fin. Aquí el otoño asoma y no podemos dejar de pensar en la primavera que llega al sur ¡Qué lejos estamos che!

El otoño nos trajo a India ¿Y de Nepal qué? Dijimos que Nepal no nos dejó mucho, solo algún que otro mal trago. Pero hoy a la distancia nos damos cuenta de que si nos dejó algo. Abrimos nuestro cuaderno y tenemos nuestro diario de viaje lleno de recuerdos, postales, encuentros y flores secas del Himalaya. Hacemos memoria y recordamos todas las plazas de madera, tan de la realeza, que visitamos en el Valle de Katmandú. Nuestras zapatillas todavía llevan el polvo del Himalaya en su suela. Y en nuestras manos, aún tenemos la piel dura y áspera de los elefantes. Nepal nos dejó eso, paisajes, personas, sueños y proyectos.

No podemos decir si vamos o no a volver. Eso solo el destino lo sabrá. Pero de lo que estamos seguros es que Nepal marcó un antes y un después. Nos ubicó en tiempo y espacio como viajeros. Nos mostró cual es nuestro modo de andar. Nos enseñó todo lo que no queremos reproducir como turistas. Quizá eso es aprendizaje.

Nepal nos confrontó con nosotros mismos en nuestra condición humana. Y nos mostró una frontera que nunca debemos pasar: la de nosotros mismos, de nuestros valores y nuestra dignidad. Nos mostró nuestros límites como personas y como viajeros.

Annapurna - 3

Guía de trekking: Circuito del Annapurna

ACLARACIÓN

El circuito del Annapurna es uno de los trekking más famoso de Nepal y del mundo. El camino completo abarca unos 250 km, comenzando en una altura mínima de 800 msnm y con un paso de 5.416 msnm en el medio del recorrido. Si bien parece mucho, la mejor ventaja de este circuito es que lo podes planificar según tus tiempos, tus gustos y tu estado físico. El trekking lo ajustás a tu medida.

Cualquier camino que hagas, seguramente te vas a cruzar con las montañas más altas del mundo, con plantaciones de arroz, y con muchísimas personas dispuestas a brindarte una sonrisa. El Annapurna no solo será un ejercicio para el cuerpo, sino también para la mente.

Si querés leer nuestras impresiones sobre el circuito aca te dejamos el post: Los caminos del Annapurna.

Una de los paisajes más lindos que vimos.

Una de los paisajes más lindos que vimos.

DIFICULTAD

Media

La ventaja del circuito del Annapurna es que podes comenzarlo y terminarlo según tus ganas, puede ser tan largo y difícil según lo que vos te propongas. Podes realizar treks de 1 día o de un mes.

La dificultad máxima que te vas a encontrar es el paso Thorung-La (5416 msnm). La altura, el frio y el cansancio son tus peores enemigos. Una vez dentro del área del Annapurna hay cientos de pequeños caminos para recorrer. Pero como dijimos, no todos los trekkings te obligan a cruzar el paso.

Y si decidís optar por cruzar el paso ¡Ánimos! No te vamos a decir que es fácil, tampoco que subís saltando y cantando, la falta del aire no te permitirá ni hablar por momentos, pero te decimos que es posible. Una vez más, el esfuerzo es más mental que físico.

PERMISOS

Para realizar el trekking se necesitan dos permisos. Uno es el permiso de la ACAP “Annapurna Conservation Area Project”, hay que solicitarlo en la oficina del ACAP. El trámite podes realizarlo tanto en Katmandú como el Pokhara. El valor de este permiso es de 2.000 Rupias Nepalíes cada uno.

El otro permiso que exigen es el TIMS “Trekker’s Information Management System”. Este permiso está relacionado con los guías de montaña del Annapurna. Si realizas el circuito con guía el permiso sale mucho más barato que si lo realizas por tu cuenta. En nuestro caso (sin guía) nos costó 20 USD por persona.

Ambos permisos los hicimos en Pokhara en una hora. Simplemente llevando 4 fotos, pasaporte, datos del seguro médico y contacto por emergencia.

Los permisos nos fueron solicitados en distintos momentos del camino, y según dicen es mucho más cara la multa por no tenerlos que el pagarlo previamente.

GUÍA/PORTEADORES

Vayamos por partes.

El guía no lo consideramos necesario. El camino está bien señalizado, teníamos un buen mapa y éramos dos, lo cual no es un detalle menor en la montaña. Pero la mayoría de los turistas que cruzamos en el camino iban con guía. Es lo que todos recomiendan. El valor del guía ronda entre los 15 a 20 USD diarios. Si lo multiplicas por 10 días (por decir un tiempo promedio) da una gran suma en dólares.

¿Por qué no es necesario? Durante el trayecto, casi todo el tiempo, te vas a cruzar con personas locales y otros turistas. Siempre vas a ver a alguien a quien preguntarle si no estás seguro del camino. Ya te dijimos, también, que está todo muy bien señalizado.

Porteadores. Un tema difícil. ¿Es una forma de explotación o es un trabajo de pésimas condiciones? En nuestro caso no optamos por porteador. Solo cargamos lo que sabíamos que podíamos cargar. Lo cual es, también, un buen ejercicio a la hora de armar la mochila. Pero también entendemos que es una comodidad (o la única forma) para que algunas personas puedan hacer el trekking.

ALOJAMIENTO Y COMIDA

Otra de las ventajas del circuito del Annapurna es que nunca necesitas acampar (Salvo que vos quieras). El recorrido va uniendo pueblitos de montaña, por lo cual a cada hora tendrás un lugar donde poder comer algo o quedarte a dormir.

Los alojamientos suelen ser muy agradables. Algunos más limpios que otros, algunos con mejores vistas y otros con baño fuera. En general están muy bien. Si bien algunos son pequeños pueblos de montaña (algunos pueblos son solo dos casa) todos están preparados para recibir turistas.

Las comodidades son mínimas, y depende del pueblo que elijas para hacer noche. Por ejemplo, el pueblo de Jomson cuenta con Wifi mientras que en muchos otros, tu ducha caliente dependerá de cuanto sol hubo durante el día. Ya que la mayoría de la electricidad funciona a base de energía solar.

La mayoría de los alojamientos cuentan con restaurant propio. Los valores de la comida suelen ser mucho más caro que lo habitual, y cuanto más alto nos encontremos será más caro. Lo más costoso que pagamos fue un plato de fideos 500 Rupias (5 USD) cuando en general estarán unas 200 Rupias (2 USD) como mucho.

En cuanto a las opciones para comer hay pizzas, hamburguesas y pastas. Pero también comida más autóctona como Dal Bhat (Arroz con lentejas), chowmien, momos y arroz. Los desayunos suelen ser abundantes y ricos en avena y cereales. También podes comprar cerveza, coca o algún licor. Todo está preparado para recibir al turismo.

Pero aquí la buena noticia: ¡Si tomas tu cena y desayuno en el restaurant del hotel, la habitación te saldrá gratis! De alguna manera los precios están compensados.

Nuestro presupuesto rondó entre 700-900 rupias nepalíes por día cada uno.

Los pueblitos del Annapurna.

Los pueblitos del Annapurna.

AGUA

En cuanto al agua, podés comprar agua mineral en todos los pueblos. Pero no hay forma de como eliminar todos los residuos generados. Por eso hay 2 opciones, que nosotros utilizamos. Primero usar pastillas potabilizadoras y un poco de jugo en polvo para camuflar el sabor. La otra opción es rellenar en lugares específicos que te venden el agua ya potabilizada. Hay en Tal, Dharapani, Chame, Danaqyu, Lower Pisang, Humde, Manang, Letdar, Thorang Phedi, Muktinath, Kagbeni, Jomson, Marpha, Tukuche, Kobang, Lete y Ghasa. El litro de agua potabilizada, dependiendo el lugar, vale entre 40 y 60 rupias nepalíes.

CLIMA

Nosotros fuimos a fines de agosto y principio de septiembre. Todavía es temporada de monzón. No nos tocó ninguna lluvia, pero la contra es que todos los días estaba nublado, no pudimos ver mucho el paisaje. La ventaja, es que los caminos estaban vacíos. Había turistas pero muy pocos. Se estima que en temporada alta unas 200 personas cruzan el paso por día. Por lo que nosotros vimos, con nosotros, cruzaron 6 o 7 personas más.

La mejor época por el clima para realizar el circuito es de Octubre a Diciembre.

¿DÓNDE EMPIEZA Y DÓNDE TERMINA EL CIRCUITO?

Ya dijimos que el recorrido completo del circuito del Annapurna es de 250 km. Oficialmente el recorrido comienza en Besisahar (820 msnm) y finaliza en NayaPul (1070 msnm). De cualquiera de ambos puntos tenes buses a Pokhara y Katmandú.

De estos 250 kilometros vos podés elegir dónde empezar y dónde terminar tu recorrido, también podés elegir si querés realizar algún trayecto en jeep privado o en colectivo público. Tené en cuenta que la única parte que no podes hacer en vehículo es el cruce del paso Thorung-La. Para cruzarlo podés ir caminando o alquilar un caballo, muchas más opciones no hay.

Nosotros recorrimos en Annapurna en 10 días y caminamos unos 150 km (De Besisahar hasta Jomson). Teníamos planeado recorrer mucho más pero el cuerpo nos avisó cuándo debíamos parar.

Las calle de Upper Pisang

Las calle de Upper Pisang

MAL DE ALTURA

También conocido como el típico “Apunamiento” o “Mal de montaña” es la falta de adaptación del organismo a la falta de oxígeno propia de la altura.

Cuándo uno asciende en altura el oxígeno que se encuentra en el aire en menos al que estamos acostumbrados. El cuerpo (y sobre todo la sangre) comienza a funcionar con niveles de oxígenos menores a lo habitual. El 80% de la población lo padece en la altura. Los síntomas típicos son: Dolor de cabeza, pérdida de apetito, nauseas, mareo y mucho sueño. Los síntomas pueden sentirse a partir de los 2.400 msnm.

¿Qué hacer? Dar tiempo a que el cuerpo se aclimate a los nuevos niveles de oxígeno. Durante el circuito del Annapurna veras que hay ciertos lugares recomendados para hacer una parada y darse tiempo de aclimatarse. Si llegas a sufrir las consecuencias del mal de altura lo mejor que puedes hacer es descender, así le das tiempo al cuerpo de recuperarse. Descender no significa que te vuelvas a Pokhara sin haber cruzado el paso, sino que subas en altura para aclimatarte pero que pases la noche en un lugar más bajo. Por ejemplo, nosotros dormimos en Lower Pisang (3250 msnm) pero antes de acostarnos subimos a Upper Pisang (3680 msnm) solo para ir preparándonos para el paso.

Si ves que los síntomas persisten y no tienen ningún profesional a quién consultar lo mejor, ahora si, es emprender el regreso. Si el cuerpo no se adapta las consecuencias son peligrosas.

En nuestro caso, no sufrimos mal de altura. Si sentimos la falta de aire y la fatiga a las 5000 msnm, pero es algo normal para cualquier mortal.

MOCHILA Y EQUIPO

Tu mochila debe estar lo más vacía posible. Un par de medias de más será un peso innecesario que lamentaras cargas en tu espalda. Entre lo poco que tenes que llevar no olvides guardar:

Linterna, un buen mapa, ropa térmica (en la altura la vas a necesitar), sombrero para el sol y gorro o algo que te proteja los oídos por el frio, protector solar, pastillas potabilizadoras, sandalias u ojotas para descansar los pies, frutos secos o algo rico en proteínas y que no pese mucho, botiquín, etc.

Bolsa o saco de dormir no es necesario llevar. En todos los guest-house te dan sábanas o mantas. Pero si preferís llevar tu bolsa por una cuestión higiénica no te quejes del peso!

Un buen botiquín es más que necesario. Lo mínimo indispensable que tenes que llevar son apósitos (curitas o tiritas), analgésicos, antidiarreico, vendas, desinfectante y lo que considere necesario para cura ampollas. Muchos recomiendan llevar medicación para el mar de altura, sea si lo contraes o para prevenirlo. En nuestro caso no llevamos nada para ello ni fue necesario, pero hay gente que es más fanática de tomar medicamentos que otra.

Los naturaleza no entra en la mochila.

Los naturaleza no entra en la mochila.

ITINERARIO

Te contamos nuestro itinerario solo para que tengas una idea. Ya dijimos que el Annapurna lo adaptas en tiempo y forma a tus necesidades. Nuestro plan inicial era hacerlo completo, hasta NayaPul pero entre el cansancio, las ampollas y el dolor de espalda decidimos volvernos un tanto antes.

Los tiempos incluyen paradas a descansar, a tomar agua, a sacar fotos y a charlar con la gente local.

Día 1:

Pokhara – Beshisahar: Bus público – 5hs.

Beshisahar (800 msnm) – Ngadi (890 msnm): 13 km – 3 hs.

Día 2:

Ngadi (890 msnm) – Chamche (1385 msnm): 16 km -8 hs.

Día 3:

Chamche (1386 msnm) – Danaqyu (2200 msnm):  15 km – 6 hs.

Día 4:

Danaqyu (2200 msnm) –  Chame (2710 msnm): 12 km – 4 hs.

Dia 5:

Chame (2710 msnm) – Lower Pisang (3250 msnm):  19 km – 5 hs.

Dia 6:

Lower Pisang (3259 msnm) – Manang (3524 msnm): 15 km – 5 hs.

En Manang es recommendable hacer un día de aclimatación (y de descanso). Nosotros decidimos seguir camino, y en todo caso descansar y aclimatarnos a más altura.

Día 7:

Manang (3524 msnm) – Thorang Phedi (4450 msnm):  15 km – 6 hs.

Día 8:

Thorang Phedi (4450 msnm) – Thorung La (5416 msnm):  6 km – 3 hs.

Thorung La (5416 msnm) – Muktinath (3800 msnm): 10 km – 4 hs.

Díá 9:

Muktinath (3800 msnm) – Jomson (2720 msnm) // Via Lubra: 19 km – 6 hs.

Día 10:

Amanecimos con Jomson dispuestos a caminar. Nos sentíamos cansados. Decidimos tomar un micro a Ghasa y seguir caminando desde allí. Llegamos a Ghasa y se anuncia un micro rumbo a Beni (Una ciudad camino a Pokhara). Bastó una mirada para saber que nuestro trekking habría llegado a su fin.

CONSEJOS Y RECOMENDACIONES

  • Nunca es recomendable andar solo por la montaña. Si andas sin compañero, busca alguno. Siempre es bueno caminar con alguien sobre todo por si llegas a necesitar algo.
  • Salí temprano.  Así te evitas el calor agobiante y el sol ardiente.
  • Una vez más: Lleva poco peso en la mochila. De eso dependerá si será un sufrimiento caminar 6 hs por días o una actividad placentera al aire libre.
  • En el circuito del Annapurna están construyendo una ruta. Pero por suerte gran parte del camino la podés hacer por senderos de trekking (donde no pasan autos). Es cuestión de seguir las piedras marcadas de rojo y blanco. Igual, lo ideal, es ir chequeando con un buen mapa.

Les dejamos estas imágenes para inspirarse:

Una laguna en el camino.

Una laguna en el camino.

Annapurna 6

Los senderos de trekking

Los senderos de trekking

Los caminos del Annapurna

La razón por la cual no publicamos nada en 12 días es porque estuvimos caminando alrededor del Annapurna. ¿Qué es el Annapurna? Es una de las famosas montañas de más de 8.000 metros que se encuentra dentro del cordón del Himalaya. El Annapurna no es uno, sino varios. Picos altos y nevados, de esos que parecen estar bien cerca del cielo. Por algo Nepal es el techo del mundo ¿no?

12 días caminando, transpirando, calor, frio, ampollas, dolor de pies y espalda. 12 días rodeados de naturaleza: montañas, ríos, lagunas, vacas, gallinas, yaks y mariposas de todos los colores y tamaños. 12 días, 150 km y un paso de 5.416 msnm. Él (o mejor dicho los) Annapurnas no solo fue una experiencia atlética ni aventurera ni de contacto con la naturaleza, sino que fue también un encuentro. Encuentro con otros distintos, con nepalíes de montaña, esos que las guías turísticas denominan “local people”. Nombre genérico, como si todos fueran lo mismo.

Yak posando para nosotros

Yak posando para nosotros

El camino transcurrió entre aldeas que cada vez estaban altas. No queremos aburrirlos con nombres, pero nuestro recorrido empezó a unos 800 msnm. Las primeras aldeas no tardaron en aparecer. Ya el primer día, luego de haber caminado solo 3 horas habíamos cruzado varias. Y esto es algo que se repitió a lo largo del viaje, durante un día de caminata cruzábamos 4 o 5 pueblitos distintos. En todos nos encontramos con la gente levantándose al alba para trabajar en el campo. La vida la dicta el sol. Y cuando te cruzabas con alguien, sin importar lo que estaban haciendo, te saludaban con un “namasté” y una sonrisa. Lo suficiente para transmitir la sensación de que uno es bienvenido.

Esperando el colectivo

Esperando el colectivo

La vida transcurre afuera, en la calle. La familia se agranda, y cada integrante de la aldea oficia de padre y madre de los más pequeños. La vida es comunitaria. Todo se comparte. La propiedad privada es un invento de occidente. La tierra con los cultivos, la leña para hacer fuego, los animales para transportar las cargas. Y lo de la leña no es menor, los inviernos deben ser muy fríos (nosotros fuimos en verano). Con nieve que no te deja abrir la puerta de la casa, tener un poco de madera para calentar el hogar se vuelve fundamental.

Picos nevados

Picos nevados

Pero a su vez cada pueblo era distinto. Las costumbres y los alimentos cambian según la altura a la que nos encontrásemos. En las alturas más bajas veíamos plantaciones de arroz y bananas. A medida que subíamos empezamos a ver manzanas y papas. Las ropas cambian, el clima cambia, y el entorno cambia. Cuanto más alto más, era más seco y frío.

Cada pueblo que cruzamos era singular. Podemos agruparlos como “todos los pueblos que vimos en el Annapurna”, pero le quitaríamos mucho sentido. Cada pueblo era único, comportaba en si un mundo. En ese mundo regían ciertas reglas y normas de convivencia que solo tenían validez dentro del perímetro de ese pueblo. El siguiente pueblo era otro, otro mundo, otra lógica. La otredad se vive en los detalles más mínimos. Y pensar es estos pueblos, iguales pero distintos nos hace pensar en la concepción que tenemos de mundo. ¿Cuál es nuestro mundo? Cómo si nuestro mundo comenzara en nuestro perímetro, en lo que es conocido, y el otro mundo (o el otro pueblo) es lo no-conocido. Y así, un pueblo en medio del Himalaya cree que eso es todo el mundo. Luego conoce otro mundo (o pueblo), el territorio se agranda, aparece el otro, el vecino. Y este vecino tiene a su vez otro vecino, y otro, y otro. Y así se configura este mundo. Cómo dijo el Subcomandante Marcos, vivimos en un mundo donde existen muchos mundos.

El partido de truco no faltó

El partido de truco no faltó

Los turistas también venimos con nuestra idea de mundo. Algunos más engreídos que otros. Algunos con actitudes humildes, otros más conquistadores. Sentimos la diferencia con los del “primer mundo”. Teníamos distintas aspiraciones, metas y objetivos. Algunos buscaban el triunfo atlético, otros tildar un objetivo en la lista de costas para hacer, otros buscaban conocer, y así cada uno con su idea de mundo. Los turistas nos reconocíamos a simple vistas. Todos con ropa deportiva, calzado adecuado y bastones de montaña, y los locales, en sandalias. Nos dimos cuenta que la montaña nos es ajena en cierto punto. Nosotros no nacimos allí, lo vivimos de otra manera. En cambio, ellos sí. Las montañas más altas del mundo son el patio de su casa.

Annapurna - 5

Siempre había algo para hacer

Siempre había algo para hacer

El caminar estimula el pensamiento. Tenemos tiempo para observar, estar en los detalles. En los árboles, en los ríos, en las montañas, y sobre todo la gente. Podríamos haber hecho gran parte del trayecto en jeep, pero nos hubiésemos perdido miles de ideas y conversaciones. Nos hubiésemos perdido de conocer a mucha gente en el camino, tanto turistas como gente que vive ahí. Por ejemplo hubo un día (el tercero o cuarto, no importa) que salimos temprano a caminar. Nosotros estábamos parados en una bifurcación, tratarnos de orientarnos, y se nos acercaron dos señoras nepalíes. Iban para el mismo lado que nosotros. Y nos llevaron por un camino no convencional, donde cruzamos la montaña entre medio de escaleras y árboles. Tardamos mucho menos de lo que las guías dicen, pero no porque caminásemos rápido, sino porque el contacto con la gente local nos hizo tomar un camino más corto. Podríamos habernos tomado un jeep, pero cuantas cosas nos hubiésemos perdido ¿no?

Paisajes increíbles donde mires

Paisajes increíbles donde mires

Familia trabajando en las terrazas de arroz

Familia trabajando en las terrazas de arroz

Pero debemos reconocer que tuvimos alguna dificultad, que en realidad fueron varias. Primero las físicas, caminar 15 km todos día, sin ningún día de descanso hizo que cada vez estemos más cansados. También la altura pesa. No es lo mismo caminar a 800 msnm que a 5000. A esa altura ya no podés respirar, y cada paso cuesta el triple. La noche anterior a cruzar el paso dormimos a 4500 msnm, y esa subida de casi 1000 metros nos costó 3 horas y mucho esfuerzo. Por más que no quisiéramos estábamos obligados a detenernos a cada paso a tomar aire. Pero la alegría de lograr el objetivo propuesto (estar a 5416 msnm) hizo que todo el esfuerzo físico valga la pena.

El esfuerzo valió la pena

El esfuerzo valió la pena

Pero la cabeza va por otro lado. Mientras caminábamos, nos pasó muchas veces que nuestros pensamientos y conversaciones no se situaban en el acá y ahora, si no en el pasado y mayormente sobre nuestro futuro. ¿Acaso nos cuesta tanto vivir el presente? Es todo un desafío lograr ser contemporáneo de uno mismo. Poder disfrutar de lo que hoy nos toca (o elegimos) sin estar en lo que voy a hacer mañana o en lo que pasó ayer. Y volviendo al tema anterior, si no hubiésemos caminado tanto, ¿Hubiésemos pensado en todo esto?

Caminar nos hizo encontrarnos con nosotros mismos y con la gente que nos cruzábamos. El esfuerzo físico valió la pena. Pero sobre todo, lo que más ejercitamos fue la cabeza. En síntesis, caminar alrededor del Annapurna, es una actividad completa para el cuerpo, la mente y el alma. Y sin importar lo que sea lo que uno vaya a buscar, en el Annapurna siempre algo vas a encontrar.

A veces el camino a seguir se ve con claridad...

A veces el camino a seguir se ve con claridad…

... y otras no tanto.

… y otras no tanto.

¿Impermanencia o globalización?

Estamos en Dharamkot, cerca de McLeod Ganj, cerca de Dharamsala. Estamos, de a poco, abandonando la altura del Himalaya. Además de haber estado de cumpleaños, también estamos cumpliendo los dos meses de viaje. Y, en verdad, nuestro viaje está cambiando, transformándose día a día, como nosotros. Impermanencia, palabra que comenzamos a escuchar y leer al acercarnos al budismo y a la meditación. Impermanencia, lo que no permanece, lo que está en continuo cambio, lo que se transforma. Nuestro viaje es impermanente, nosotros también lo somos. La vida también lo es.

La permanencia es estar sin mutación en un mismo lugar, estado o calidad. Lo impermanente es la posibilidad de la realidad de no mantenerse en un mismo lugar, estado o calidad. Nuestro mundo es cambiante, como nuestros pensamientos y nuestros cuerpos. Nosotros somos materia en movimiento. La vida es transformación. Hasta la montaña más alta del Himalaya es movimiento. Impermanencia.

Miradas tibetanas

Miradas tibetanas

Miradas hindúes

Miradas hindúes

Nuestro viaje muta, deja de permanecer día a día. Quizá suene reiterativo y poco poético, pero como trasmitirles la sorpresa y novedad que cada día nos depara.

Impermanencia en imágenes:

Impermanencia I - Día nublado

Impermanencia I – Día nublado

Impermanencia II - Arcoiris

Impermanencia II – Arcoiris

Impermanencia III - Atardecer rosa

Impermanencia III – Atardecer rosa

Por ejemplo, planeábamos estar aquí unos 5 días, y llevamos casi dos semanas. Un lugar tramposo que invita a quedarse. No planeamos hacer muchas actividades más que caminar, sacar fotos y escribir, y nos encontramos tomado clases de cocina y haciendo un curso de yoga. Tampoco sabemos cuál será nuestro próximo destino. La temporada de lluvias comenzó, los días son húmedos y mojados, y muchas rutas y ciudades se tornan intransitables. Mientras, esperamos. Pero no es cualquier espera, es una espera impermanente.

Curso de cocina con Reeta

Curso de cocina con Reeta

Llegar hasta aquí no nos resultó nada sencillo (no sé si a Dharamkot, a India, a los dos meses de viaje, queda a criterio del lector). Pero suponiendo que lo decíamos en el aspecto espacial, de donde estábamos no había nada directo que nos lleve. Tuvimos que tomar 3 colectivos para conseguirlo. El resultado fueron 11 horas de viaje, un mareo importante y que llegásemos a McLeod Ganj a las 23, horario donde está todo cerrado y encontrar alojamiento es una tediosa tarea. Pero el sufrimiento también es impermanente, como la felicidad. Que hay que disfrutarla, pero ser consiente que tiene un fin.

McLeod Ganj, es un lugar turístico que se caracteriza por alojar al Dalai Lama. Una ciudad budista donde se respira al grito de “Free Tibet”. Volvemos a encontrarnos, de alguna forma, a esta faceta de la India budista que dejamos atrás en Leh. También es caos de tráfico por calles angostas. Miles de turistas, algunos son extranjeros que vienen buscando conocer más sobre el Dalai Lama, el exilio del pueblo tibetano y su cultura. Y la mayoría son Indios de la región de Punjab (que está pegada a donde estamos) que vienen a la montaña escapando del calor y buscando un poco más de frío.

Free Tibet I

Free Tibet I

Free Tibet II

Free Tibet II

Nosotros estamos en Dharamkot, a unos 20 minutos caminando. Este lugar es especial se respira comodidad. Mucho turismo occidental, muchos alojamientos, muchos restaurantes, muchos cursos. Un lugar donde es difícil aburrirse. Pero, también, un lugar que no parece India. No es la primera vez que decimos que no nos sentimos en India. Si bien estamos dentro de la frontera no están tan presentes la cultura, la caos, el hinduismo, la gente, el aroma India.

May the yearning for freedom of all Tibet that we have nurtured in our hearts for so long come true and soon enjoy the fortune of glorious celebration of spiritual and political Harmony

May the yearning for freedom of all Tibet that we have nurtured in our hearts for so long come true and soon enjoy the fortune of glorious celebration of spiritual and political harmony.

El que busca encuentra, y nosotros la encontramos en Shiva. Amo y señor del estado de Himachal Pradesh. Un dios relacionado con la destrucción. Reeta (la señora que nos enseña a cocinar y nos aloja) nos contó que los dioses lo ven todo.  Y cuando uno no hace bien las cosas, realiza malas acciones o tiene malos pensamientos se enojan. Este es el caso de Shiva, que se enojó e hizo que lloviera y se inundara al norte de Rishikesh, en Kedarnath. O por ejemplo en estos días entraron al cuarto de unos israelitas mientras dormían y le robaron plata y cámaras de fotos. Eso hace que Shiva se enoje, y actué con toda su furia. Por eso nos pidieron que seamos muy respetuosos, para colaborar, y que las cosas mejoren.

Brahma, Vishnu y Shiva

Brahma, Vishnu y Shiva

Reeta con sus comidas, con su alegría y simpatía y con sus teorías conspirativas en relación a Shiva y la época de lluvias nos permitió volver a sentir a India corriendo por nuestra sangre.

Charla de mujeres

Charla de mujeres

Pero acaso, ¿los restaurant estilo “western” (comida continental), los celulares, la ropa deportiva, el budismo, y la cerveza no son parte de India? India es impermanente. Está cambiando, está mutando. India oriental, con aroma a caléndula, con vacas en la calle, con mantras, con saris, con curry convive con India moderna y comercial que usa ropa Adidas y jeans. Una co-existencia. ¿Será que acaso solo las viejas generaciones mantienen la ropa, los rituales y los tiempos de India tradicional? ¿Será un momento de cambio, de transformación?

Acaso ¿Impermanencia o globalización?

Voluntarios tibetanos pidiendo donaciones

Voluntarios tibetanos pidiendo donaciones

Cachemira, la musulmana

El éxodo al norte comenzó. Nuestro plan de huir a las montañas va tomando forma. Nuestra primera parada va a ser en Cachemira. Esta región tiene 2 capitales, una para invierno (Jammu) y otra para verano (Srinagar). La primera fue hasta donde llegamos en el post anterior. Para llegar a la segunda nos tomamos un colectivo de unas 12 horas. Donde teníamos 2 opciones: sitting o sleeper. Nos inclinamos por la segunda, ya que era de noche y pensábamos que un coche cama sería más cómodo. No había diferencia de precio. Pero nos llevamos una sorpresa, sleeper no es un asiento reclinable, es una cama. Literalmente viajamos acostados, en un espacio de 1,20m por 1,60m.

Llegamos a Srinagar cansados y con ganas de comenzar a instalarnos un poco más en los lugares que visitábamos. Tantos kilómetros y tantos medios de transportes en tan pocos días agotan bastante. Bajamos del micro y comenzamos a caminar buscando algún colectivo que nos acerque a la ciudad. Lo primero que nos llamó la atención fue el lago. El paisaje que se presentaba adelante nuestro no se correspondía con lo que veníamos viendo y conociendo de India. Un lago enorme acompañado de montañas y picos nevados. Nos recordó mucho nuestro sur argentino.

Asi se nos presentó Srinagar

Asi se nos presentó Srinagar

La diferencia está en que esta región al noroeste de India es bastante conflictiva y militarizada. Parte del territorio está en disputa con Pakistán, no solo por la geografía sino porque que la mayoría de la población es musulmana. Srinagar no fue solo la cuarta ciudad que visitamos, también fue el encuentro con la religión musulmana. Ciudad llena de mezquitas y de carteles en urdu. Ya no veíamos templos hinduistas ni sijs caminando por la calle. No deja de llamarnos la atención las mujeres y los distintos tipos de velos. Hay algunos que son todos tapados, donde no se ven ni los ojos, otros solos los ojos, otros solo tapan la boca y algunos más osados solo tapan el pelo. Otra nueva cultura se nos presentaba.

Niñas a punto de correr una maratón.

Niñas a punto de correr una maratón.

Cuando el velo cubre por completo.

Cuando el velo cubre por completo.

Leyendo adentro de una mezquita

Leyendo adentro de una mezquita

Otra curiosidad de esta ciudad es que está llena de “botes-casas”. Uno de los grandes atractivos turísticos es dormir en uno de esos. Estos botes surgen originariamente por los ingleses. En verano, como no soportaban el calor de Delhi, se iban a las montañas a refrescarse. Pero la gente del lugar, los echaban: le decían que la tierra era de ellos, que no podían ir a Srinagar. ¿Qué pensaron los ingleses? La tierra era de ellos, pero el agua no, entonces construyeron estos botes y vivían en el agua. Y así pasaban los días de verano.

Los famosos "house boat"

Las famosas “house boat”

Ni los ingleses ni nosotros fuimos los únicos que pensamos las montañas como un remanso para el calor. Algo que nos sorprendió de Srinagar fue la cantidad de turismo local. Si, muchísimos pero muchísimos indios que pasaban allí sus vacaciones de verano. Muchos conociendo la nieve por primera vez, un espectáculo muy divertido. Mujeres con Sari haciendo juego con sus botas de nieve.

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Sinceramente en Srinagar no hicimos mucho. Aprovechamos para descansar y ponernos al día con el blog y trabajos pendientes. También fue el primer lugar donde pudimos dormir bien, sin tanto calor y ya acostumbrados al huso horario. Srinagar se presta para ser caminada, y así lo hicimos, conociendo de paso los atractivos del lugar. El frío se sentía bien, ¡Por primera vez habíamos usado un buzo, y también una campera!

Jardín botánico

Jardín botánico

Camino a Shankaracharya temple. Templo a Shiva en una base militar.

Camino a Shankaracharya temple. Templo a Shiva en una base militar.

Srinagar no deja de ser una ciudad con lago y montañas de fondo. Si bien no era el caos de Delhi y por primera vez nos despertamos escuchando pajaritos y no bocinas, no deja de ser la capital de una región. Cuestión que nos empujó a continuar con nuestro éxodo al norte que tiene como fin adentrarnos en el imponente Himalaya. Al cuarto día emprendimos la retirada. Nuestro siguiente objetivo era Leh, y el camino por tierra nos llevaría unos dos días continuados con suerte. La distancia no era mucha, unos 500 km, pero el camino era sinuoso. Decidimos hacerlo escalonado, por tramos.

Nuestra primer parada fue en Sonamarg, a unos 100 km. Un pequeño pueblo entre montañas que se caracteriza por tener un glaciar y mucha nieve. Paisajes de postal. Allí fuimos, caminamos hasta el glaciar y resbalamos en la nieve. Sonamarg no es solo nieve ni diversión, nos llamó la atención la gran base militar con la que cuenta (no fue ni la primera ni la última que vimos).

Postal de Sonamarg

Postal de Sonamarg

Estuvimos una noche, al otro día partimos a Kargil. Segunda y última parada en nuestro trayecto a Leh. Esperamos toda la mañana un micro que nunca llego. Terminamos compartiendo un taxi con otras 6 personas. Todas indias.

El viaje debía ser de unas 5 horas, pero termino siendo de mucho más. Al rato de salir de Sonamarg nos detuvo un derrumbe. Nos obligó a estar parados mientras trabajan las máquinas. La gente aprovechaba para bajar y sacarse fotos en medio de tanto paisaje. Los militares ordenaban la espera. Al cabo de una hora, y ya cansados de esperar seguimos viaje.

Militares ordenando la espera

Militares ordenando la espera

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A los pocos kilómetros nos encontramos con otro inconveniente: una gran cantidad de nieve se había derrumbado sobre la ruta bloqueando el paso. Nuestra sensación era de preocupación, por tener que seguir esperando. Pero la sensación de la gente era otra, se bajaban contentos de los autos para ir a sacarse fotos a la nieve. Ahí nos dimos cuenta de lo distintas que son nuestras concepciones, estábamos apurados por llegar a un lado, ¿Para hacer qué? Mientras que ellos, en la misma situación, veían el medio vaso lleno.

Compañeros de viaje

Compañeros de viaje

Esperamos a las máquinas, unidos al juego de la nieve y las fotos. El viaje a Kargil siguió con normalidad, lo único que llegamos tarde. Conseguimos un lugar para dormir, comimos algo y nos fuimos a acostar pensando que al día siguiente, a las 4:30 am, seguía nuestro viaje rumbo a Leh.

Panorámica de Srinagar

Panorámica de Srinagar