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Nostalgia de India

Me levanté en una Barcelona lluviosa y fría. Sola.

L. está en Croacia. Me vestí, comí un poco de fruta y en piloto automático encendí la computadora. Youtube. Ciclo de mantras indios agrupados bajo el título de “Morning Mantras”.

No sé como llegaron esos mantras a nosotros pero los adoptamos como propios, sobretodo mientras estábamos de viaje y teníamos toda nuestra vida circular y rutinaria. Si, nunca tuve más rutina que estando de viaje. Desayunar, escribir, mirar un mapa, decidir que hacíamos ese día.

Lo cierto es desde que nos vinimos a Barcelona (ya casi 9 meses) nunca había escuchado los mantras mañaneros.

Hoy sí. Y sin pensarlo ni planearlo. Y no puedo menos que sentir una enorme nostalgia de India.

El otro día alguien mencionó que habíamos vivido mucho tiempo en Asia. Le dijimos que no, que vivir lo que se dice vivir, no. Vivir en un lugar para mi es comprar en la misma verdulería, conocer al cajero del mercadito y tomar un té siempre en la misma taza. Pero en cierta parte, era verdad, vivimos en Asia. Pasamos más dos años recorriendo el continente asiático. De esos dos año, un año entero fue en India. Si, esa India sucia, caótica, desprolija, pobre pero que a mi (a nosotros) tanto nos gusta.

La primera vez que pisamos el país fue en abril del 2013. No sé porque fuimos a India. Nuestro plan inicial era viajar un año por Argentina. Pedir licencia en el trabajo y volver al poco tiempo. Lo cierto es que nunca volvimos. Tampoco nunca viajamos por Argentina. Un domingo de navidad sacamos el pasaje a India sin tener idea en qué nos metíamos.

Y así llegamos a India. Sin tener idea de en dónde nos metíamos, literal. Claro que al principio no fue fácil. Por su puesto, fue más que difícil adaptarse, al menos, para mi. Ludmila, chica del conurbano. Nunca había visto un mono colgado de un templo. Nunca había visto mujeres con sari y hombres con turbante. Apu de Los Simpson era mi único contacto con la cultura india. No comía picante, no me gustaban los olores y no me acostumbraba a esquivar vacas.

Lloré. Lloré dos días y pasé una semana enferma. Y me encantó. India me encantó. No sé qué, no sé cómo, no sé por qué. No soy yogui, no creo en Shiva ni en dioses azules con cabeza de animales. No creo en el río Ganges ni creo en las castas.

En realidad, si sé porque me gusta India. Porque, en realidad, me gusta como soy yo en India. Y eso que no me visto ni de Ravi Shankar ni mucho menos. Pero me gusta el no ser nadie. En India, fui centro de miradas pero nunca me importaron.

En India, pude pasarme una tarde entera sentada tomando un chai largo e infinito. En India escribía, pintaba, andaba en sandalias de goma y sólo tenia una remera que debería lavar todas las noches para volver a ponérmela limpia. En India soñé, soñamos, en escribir un libro.

India no nos fue indiferente. Y no puedo más que sentir cosquillas en la panza y que se me dibuje una sonrisa en la cara cada vez que nos pienso allá.

El año que pasamos en India no fue de corrido. Por visados, tuvimos que entrar y salir en cinco oportunidades. Las cinco veces que dejé India lo hice contenta de irme, porque India satura. Y las cinco veces, le pedí a Lucas que me haga acordar de mi cansancio y tedio cuando diga que quiera volver.

Pero no funciona. India me exprime la calma, me cachetea, me pega donde me duele, pero a la vez me abraza. India enseña, y hoy…. Una mañana de otoño en una Barcelona que quiere ser independiente, la nostalgia de India se me cuela en las manos. Debería estar escribiendo para terceros, cosa que pasa cuando vuelve al sistema. Pero el ciclo de “morning mantras” sigue sonando en Youtube y tengo muchas ganas de tomarme un chai.

También de retomar el Blog.

Varanasi: Guía completa

Varanasi es un mundo aparte, ubicado a orillas del río Ganges. Es un desafío para la razón, para los sentidos y para el morbo. Es el caos, la espiritualidad y el karma. Es una ciudad única, desenfrenada y pintoresca. Quizás por eso se ganó la fama de ser la ciudad que Shiva creó para él mismo.

Para el hinduismo, es la ciudad más antigua del universo. Para las guías de viaje, una parada infaltable en cualquier itinerario por India. Para nosotros, un reto y una provocación constante.

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Varanasi es una de las siete ciudades sagradas para el hinduismo y desde hace siglos, recibe miles de almas al día. Desde todas partes de India (y del mundo), son muchas las personas que llegan con el fin de tomar un baño sagrado a en el Ganges y así, limpiar su karma. Otros llegan moribundos y, a su vez, muchísimos cuerpos son traídos para ser cremados. Se supone que ser cremado y arrojado al río permite que el alma se libere del ciclo de las reencarnaciones. Es un lugar auspicioso. Donde la muerte y la vida conviven a orillas de uno de los ríos más sagrados y contaminados del mundo.

Varanasi es una ciudad única. En sus estrechos callejones conviven puestos de suvenires, de ofrendas de flores, de ropa. Vacas, puestos de chai y restaurantes occidentales. Mendigos, peregrinos y motos. Bicicletas, turistas perdidos y timadores oportunistas. No te sorprenda que te quieran vender huevos o cerveza a escondidas (al ser una ciudad sagrada, son varios los alimentos que están prohibidos). Tampoco te va a sorprender perderte una y otra vez entre las laberínticas calles de la ciudad antigua. Así es Varanasi y no hay nada que se pueda hacer. Dejate contagiar por el misticismo. No juzgues, no busques entender lo inentendible del ciclo de la vida. Respirá hondo y Namasté.

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Varanasi es una ciudad o que te fascina o que te supera, pero jamás va a ser una ciudad indiferentes o una simple parada más.

¿CUÁNDO IR A VARANASI?

Como sucede en toda India, la época de calor y de lluvias son algo a evitar. En Varanasi, cuando llueve, llueve. El río Ganges se desborda y buena parte de la ciudad queda bajo el agua. Lo ideal es evitar la época de monzones (de junio a agosto). También es recomendable evitar la época de calor. Nosotros estuvimos en el mes de mayo con más de cincuenta grados de sensación térmica a la ocho de la noche. Realmente fue un acto suicida. Si podés elegir, la mejor época para visitar Varanasi es de septiembre a marzo. Cuando no llueve ni hace tanto calor.

¿QUÉ VER Y QUÉ HACER EN VARANASI?

Uno puede dedicarle un día a la ciudad, como también una semana. No es fácil aburrirse. Les compartimos algunos ideas de cosas para hacer:

  • Caminar por los ghats. Vivirlos:

Para nosotros, Varansi vive y es en los ghats. En las escalinatas de piedra que conducen al sagrado río Ganges. Desde el amanecer hasta la noche cerrada, constantemente hay vida (y muerte) en los ghats. En total son más de 80 y se pueden recorrer caminando. En la mayoría vas a encontrar personas tomando baños sagrados, lavando ropa y vacas refrescándose. Niños aprendiendo a nadar, señores lavándose los dientes, mujeres lavando los platos y cacerolas y muchachos jugando al cricket. Pero hay otros ghats, y esos son los complicados, dónde a diario se creman miles de cuerpo. Así, sin más. Bajo la luz del día. Las cenizas son arrojadas al río, dónde las vacas toman agua y los niños juegan.

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El mejor horario para visitar los ghats es el amanecer y el atardecer. No sólo para evitar el sol y el calor abrasador, sino porque esos son los momentos mágicos dónde los ghats se llenan de sadhus, peregrinos y curiosos.

  • Paseo en barco

Un buen modo de tener una visión general de Varanasi y de observar los ghats, los templos y el misticismo reunidos en una única imagen de postal, es desde el río.

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La orilla del Ganges está repleta de barcos y barquitos dispuestos a llevarte a dar un paseo. Para nosotros el mejor momento es al amanecer. Dónde uno ve como la luz del sol va tiñendo poco a poco cada de unos de las escalinatas. Los barcos también son un buen modo de acercarse a Manikarnika, el ghats de las cremaciones (pero de eso, hablaremos más abajo).

El paseo estándar no dura más de una hora, ni sale más de 100 rupias por persona. Precio que se alcanza regateando con amor y paciencia. No te preocupes por cómo conseguir un barco, ellos te van a encontrar a vos muy rápidamente. Muchos hoteles y guest-house también ofrecen este servicio, pero en el precio que pagás está incluida su comisión y ganancia.

  • Puja al atardecer

Todos los días a las 19 horas se realiza una puja sobre el río conocida como “ganga aarti”. La misma dura una hora y consiste en una ceremonia de fuego, incienso y cantos devocionales a la Madre Ganga. Se celebra en Dasaswamedh Ghat y no se paga entrada pero hacia el final de la ceremonia varios hombres pasan pidiendo donaciones.

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No es nada del otro mundo, pero vale la pena sentarse un rato y observar en detalle toda la ceremonia.

  • Ghats de cremaciones

El morbo puede más y son muchos los turistas que se dejan tentar por la idea de ver de cerca un cuerpo ardiendo. Manikarnika es el ghat de cremaciones más grande y más conocido. Es el lugar más propicio “del universo” para que un cuerpo arda y alcance así, el moskha: la liberación.

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El ghats es fácil de encontrar. Desde el río se observa las piras de madera ardiendo, de cerca se huele el humo y se ven los distintos tipos de maderas. Por los callejones de la ciudad se ven los cuerpos en camillas marchando hacia el ghat. Es imposible evitar ver la muerte de cerca, aunque uno puede elegir que tan de cerca o lejos verla.

Manikarna tiene un acceso libre y gratuito pero está prohibido sacar fotos y filmar las cremaciones por una cuestión de respeto. Pero hay que tener cuidado ya que está lleno de oportunistas que cobran entradas ficticias, multas inventadas o que te invitan con simpatía a la terraza de un vecino desde dónde se puede sacar fotos. Invitación que seguramente te va a salir muy cara.

Nuestro consejos es que evites Manikarka. Harishchandra es otro ghat de cremación mucho más tranquilo. Sin oportunistas ni timadores, sin tanta gente ni tanta mugre. Está cerca de Assi Ghat y los vas a reconocer por el gran crematorio eléctrico que ahí está dispuesto.

Si querés saber más sobre los rituales de cremación, les recomendamos esta crónica en primera persona que Ludmila escribió para Otro Mapa: Morir en el río Ganges.

  • Meditación, yoga, clases de cocina.

No es fácil aburrirse en Varanasi, ya lo dijimos. Más allá de la vida a orillas del río, la ciudad ofrece toda clase de cursos. Meditación, Yoga, clases de cocina, de danza, sesiones de astrología. Lo que quieras y al precio que quieras pagar.

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Les recomendamos averiguar bien antes de contratar cualquiera de estos servicios ya que hay muchísimos chantas y sitios de mala calidad.

  • Sarnath

A diez kilómetros de Varanasi, se encuentra Sarnath. La fama se debe a que aquí Buda dio su primer discurso luego de haber alcanzado la iluminación en Bodhgaya. Sarnatah es un sitio de peregrinaje, una de las cuatro ciudades sagradas para los budistas.

Desde Varanasi se puede ir en el día en autoricksaw o en transporte público.

  • Universidad de Varanasi

Llegamos por accidente y nos encantó. En si, no hay mucho que ver más que un gran predio de arboles, pasto, flores, arbustos y asientos para sentarse a descansar, leer o dormirse una siesta.

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Encontrar aire puro y espacios verdes en India, no es algo que ocurra a menudo. Por lo cual, si se sienten agobiados en Varanasi visitar el campus es una buena opción.

Se puede ir en transporte público y está muy cerca del hospital general, así fue como llegamos nosotros.

  • Vishwanath Temple: Templo de Shiva o templo de oro.

Muchos lo llaman el “Golden Temple” por sus cúpulas de oro macizo, otros lo llaman el templo del Señor Shiva y para otros es uno de los templos más antiguos de India. Sea como fuere, lo vas a reconocer fácilmente.

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Si bien está escondido entre los callejones de la ciudad vieja, siempre hay largas filas en sus puertas. Los indios esperan por horas su momento para ingresar.

Para los occidentales, las filas son un poco más cortas. Eso si, no se puede ingresar con cámaras de fotos, ni celulares, ni nada más que el pasaporte (requisito necesario para ingresar). Dado que se cometieron distintos atentados contra el templo, la seguridad es excesiva. No te sorprenda estar caminando entre gendarmes, ametralladoras y vacas por Varanasi!

Además del templo de Vishwanath, Varanasi está lleno de templos, templitos, ermitas e, incluso, mezquitas.

  • Shopingeo

Cuando camines por Varanasi, la cantidad de locales, mercados y negocios te va a encandilar. Varanasi tiene fama de tener una de las mejores sedas, por lo cual salir de Shopping también puede ser una buena actividad.

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Eso sí, tomalo con paciencia. Todos los precios se regatean y no siempre ofrecen artículos auténticos ni originales. Hay que ir con ojo crítico y dispuestos a pasar horas sentados en un local mirando saris, pashminas y elefantes de mármol.

Con empuje se obtienen muy buenos precios, por lo cual puede ser un buen lugar para resolver los souvenirs de tu viaje.

  • Disfrutar de una terraza y las vistas

Más allá de la oferta de cosas para hacer, las compras y fotografias de Varanasi, nosotros lo que más disfrutamos fue del atardecer. Caminar por Ghats, subir hasta alguna terraza, pedir algo fresco para tomar y respirar mirando el imponente río Ganges y todo lo que ahí ocurre.

Varanasi está lleno de barcitos, restaurantes y terrazas simpáticas dónde, simplemente, mirar la vida pasar.

TIMOS Y CUIDADOS NECESARIOS

Pero no todo es tan color de rosa en Varanasi. No sólo es una de las ciudades más mágica de India, sino que también es una de las más terribles.

Al igual que Agra, Delhi y que toda ciudad corrompida por el turismo, Varanasi no es la excepción. Simplemente, hay que andar con un ojo abierto todo el tiempo.

Timos, estafas, robos. Todo puede pasar, en cualquier momento y en cualquier lugar. Los ricksaws te van a perseguir por cuadras, los remeros también. Basta que el tren este llegando a la estación de Varanasi para que un arsenal de oportunistas se suba a tu vagón para ofrecerte acomodación, servicios de guía o coches de alquiler, cambio de plata o lo que fuera. Es terrible y muy insoportable. Lo mejor que podes hacer, es tomarlo con calma y buen humor. Aunque, reconocemos, a nosotros nos sacó de quicio más de una vez.

Timos frecuentes:
  • Arreglar un precio y no aclarar en que la moneda. Por ejemplo, “100 hasta la estación de trenes”. No te sorprenda que al llegar, te exigan 100 doláres o 100 euros.
  • “Desde acá podés sacar fotos”. Seguramente lo vas a oir en los ghats de cremación. Luego, te invitan a una terraza o una ventana con vista al ghats y esperan una buena propina. Pobre de vos, si no lo pagás. Los tipos pueden ponerse muy pesados y en el mal sentido.
  • Desconfía de los ricksaws baratos. Si te quieren cobrar poco es porque esperan sacarte lo que falta del dinero por otro lado. Salvo que quieras pasearte por negocios con altas comisiones, negate rotundamente a visitar las tiendas que te recomienden.
  • Mismo nombre, tres sucursales. Los indios son terribles. No te sorprenda ver tres locales con el mismo nombre. Esto pasa, sobre todo, con los locales u hoteles que la guía Lonely Planet recomienda. ¡Trata de buscar el original!
  • También es importante tener cuidados con tus objetos de valor en los hoteles, trenes y mismo en los ghats.

Es una verdadera lástima, pero no siempre el turismo le hace bien a los lugares.

¿DONDE DORMIR?

La ciudad se divide en dos. La parte vieja (o antigua) es la que está sobre el río. Es la zona más interesante ya que ahí vive Varanasi. Las callejuelas están llenas de hoteles, guest house y habitaciones en alquiler.

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Cuándo más cerca del río y de los ghats principales más caro es. Pero como siempre, los precios son relativos. Todo se regatea y en temporada baja se pueden obtener descuentos de hasta el 50%. También hay mucha diferencia entre habitación con aire acondicionado y sin AC.

Alejándose del río, comienza la parte nueva y moderna de la ciudad. Nosotros elegimos la parte vieja y originaria de Varanasi. Es donde hay más encanto y donde ocurre la magia.

Les compartimos tres opciones distintas, para distintos presupuesto. Nosotros estuvimos en las tres.

  • Presupuesto alto:

Si andas sin cuidado del presupuesto, tanto Alka Hotel como Ganpati Guest House pueden ser dos buenas opciones. Las habitaciones están muy bien, con buen wifi y un restaurant indio y occidental. Pero lo mejor es que ambos sitios están ubicados sobre el río. Ambos tienen dos terrazas desde dónde se obtienen una muy buenas vistas de la ciudad.

Ambos sitios tienen restaurant, por lo cual podés ir a disfrutar de las terrazas sólo ordenando un chaí o una Coca-Cola bien fría.

  • Presupuesto medio:

Hace unos años, nos quedamos en Teerth Guesthouse (Los dueños son los mismo que Alka Hotel). Las habitaciones del primer piso están muy bien; Son amplias, frescas y bien ventiladas. Hace dos años y tenia una excelente relación precio-calidad. Ahora los precios están un poco más caros.

Es un sitio difícil de encontrar ya que está en uno de los tantos pasadizos y patios internos de Varanasi. Lo cual hace que sea un lugar muy relajado pero bien ubicado.

Lo vas a encontrar siguiendo los carteles o estando atento a doblar en la esquina del Ganga Fuji Restaurant.

  • Presupuesto bajo:

Caminando unos diez metros más allá del Teerth Guesthouse, está Monu Family Paying House. Lo administra una familia “relativamente” simpática pero las habitaciones están muy bien. Los baños, sobre todo, fueron de los mejorcitos que vimos en India.

La mayor contra es que las habitaciones sin aire acondicionado pueden ser muy calurosas durante el día y con eso, no hay nada que hacer. Pero salvo eso, las habitaciones son enormes y las camas para dobles son como para cuatro personas.

¿DÓNDE COMER?

Nuestro favorito de la ciudad, y quizá por cierta carga emotiva y personal, es Shree Café. Sirven comida vegetariana a un precio “turista” pero accesible. Si bien tiene opciones occidentales como pastas, panqueques y hummus, lo mejor son los currys que ahí sirven. Nuestro favorito: El malai Kofta. No tiene desperdicios!

Otra buena opción orientadas a occidentales es el Mona Lisa Café. Lo mejor es que tienen muy buena panadería y café de maquina a precios normales. Las medialunas (croissant) recién sacadas del horno son un viaje de ida y vuelta a Buenos Aires.

Otra buena opción y está si respeta precios locales es el local de massalas dossas (35 rupias) que está sobre la calle. Es difícil de definir su ubicación ya que la parte de viaje de Varanasi no hay calles ni numeración, pero está a la vuelta del Shree Café. Basta preguntar por el “massala dossa” para que alguien los guíe hasta ahí.

Más allá de estas sugerencias la ciudad vieja está llena de locales de comida (Thalis por 70 rupias), de chaí y de pizzas. Sacando las prohibiciones de huevo y cerveza cerca del río, en Varanasi se puede conseguir (casi) de todo para comer!

Recomendación especial:

Una eminencia en Varanasi es el “Blue Lassi”. Se trata de uno de los locales con más fama de la ciudad y dónde se dice, sirven los mejores lassis de India. El lassi es una bebida típica en India hecha a base de yogurt. Los hay de fruta, con chocolate e, incluso, con especias.

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Si alguno está interesado, ahí también ofrecen un “Lassi especial” que viene con marihuana. Por razones obvias no está en el menú, pero el dueño sabe a que te vas a referís. Viene versión suave, mediana y fuerte.

¿CÓMO MOVERSE?

Dentro de la ciudad vieja, lo mejor es caminar. De un lugar a otro, por los ghats, por las callejuelas o por dónde las vacas lo permitan.

Si bien Varanasi tiene transporte público, para nosotros lo mejor para moverse es subirse a los ricksaws compartidos. Un rickshaw hasta la estación de trenes cuesta cerca de 100 rupias (a fuerza de regateo ya que no existe el taxímetro), pero el rickshaw compartido está 20 rupias. Quizá no sea fácil subirse con mochilas o con equipaje, pero es muy buena alternativa para moverse por la ciudad.

¿CÓMO LLEGAR? ¿CÓMO IRSE?

Como siempre en India, lo mejor es moverse en tren. Varanasi Juction es la estación principal de trenes de la ciudad. Lo bueno es que ahí hay una oficina de atención a turistas exclusivamente. Con aire acondicionado y empleados que hablan un muy buen inglés, es una buena oportunidad para aprovechar y comprar varios trayectos y conseguir información oficial.

Si quieren saber más sobre los trenes, los tipos de boletos, quotas y clases les recomendamos está Guía sobre Trenes en India.

BORDE NEPAL:

Varanasi es una buen lugar desde el cual cruzar a Nepal por la frontera Gorakhpur-Sunauli. Desde Varanasi se puede tomar un tren nocturno hasta el borde y desde ahí, seguir viaje por Nepal en autobús.

Si van a visitar Nepal, les recomendamos nuestra Guía de viaje con datos y consejos para visitar Nepal.

Por último, les compartimos nuestra crónica sobre LAS PARADOJAS DE VARANASI.
Majuli, la isla de los niños monjes

*Aclaración: El siguiente relato podría ser algo serio (quizá, hasta fastidioso). Podría ser puramente histórico y anacrónico. Podríamos hablar de fechas y de datos. Para no aburrir(nos) decimos escribir pensando en otros lectores. Este relato es para nuestros sobrinos. Posiblemente algunos de las historias que contaremos en la próxima pijamada.

Había una vez una isla mágica que se llama Majuli. Era un lugar muy muy lejos de Argentina. La isla estaba en India, ese país que a los tíos les gusta tanto. Majuli estaba, precisamente, en el estado de Assam. Estado famoso por ser productor de té. Assam es una región bastante remota de India, y está mucho más cerca de Myanmar que de Nueva Delhi.

La isla supo ser una de las más grandes del mundo pero con las inundaciones, y el cambio climático cada vez se va haciendo más chica. Dicen que unas décadas podría desaparecer ¿Será verdad? Ojalá que no.

Para llegar a la isla tuvimos que tomarnos un barco. No saben el miedo que nos dio. El barco era muy viejo y parecía que en cualquier momento se hundía pero por suerte llegamos bien. Eso si, un poco mojados. Entraba agua del piso, de los costados y del techo (¡justo se largo a llover!).

Después de casi dos horas, por suerte, llegamos a la isla. El paisaje era muy sencillo. Calles de tierra, plantaciones de arroz y casas hechas con bambú y hojas del palmeras. Para cocinar prendían fuego con leñas que los nenes juntaban mientras jugaban a correr por ahí. En la Isla Majuli la luz eléctrica es algo nuevo y sólo funciona por algunas horas. No hay televisiones, ni frezzers ni tablets para jugar juegos. ¿Saben qué hace la gente? Charla, se junta a tomar té, juegan a las cartas, caminan, rezan y siguen charlando un poco más. La vida en Majuli es muy distinta a como vivimos nosotros en Buenos Aires.

Pero la isla también tiene algo mágico, y esa es la historia que le queremos contar hoy (o, mejor dicho, la próxima vez que nos veamos). Hace muchos muchos años había un señor llamado Sankardev. Él era poeta, escritor de obras de teatro y músico. Era un artista y estaba muy en contra de las desigualdades sociales. No le parecía bien eso de que unos pocos unos tengan muchos y otros muchos tengan poco. Para él todos tenían que tener los mismos derechos y obligaciones. Para él, que las cosas funcionen por merito solo era correcto cuando todos tenían las mismas condiciones sociales. Sankardev era también muy religioso. En India la mayoría de la población es hinduista y él era, particularmente, muy seguidor del Dios VIshnu. Entonces, un día Sankardev decidió unir sus dos pasiones (las artes y la religión) en un mismo lugar. Fue así que creo la corriente Ekasarana Dharma, una escuela que permite acercarse a Dios a través de la danzas y la música.

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Sankardev empezó a fundar, en la isla de Majuli, satras. Monasterios abiertos para todos los niños y hombres de la isla que querían acercarse a su nueva doctrina religiosa. Los niños comenzaban a vivir en los satras cuando cumplían los seis años. Allí además de tener un lugar dónde dormir y comer, aprendían a leer y escribir, aprendían a hacer música, a bailar e incluso a representar los textos sagrados a partir de danzas contorsionistas. Entonces, ¡la isla se empezó a llenarse de monjes danzarines!

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En la isla llegaron a haber más de sesenta satras. Y en cada uno de ellos, vivían cientos de monjes. Algunos incluso podían casarse y podían elegir cuando y cómo estar en el monasterio. Otros, en cambio, decidían renunciar al mundo exterior y pasar allí toda su vida: rezando, bailando, meditando.

Pero esto fue hace mucho tiempo. Cuando nosotros fuimos sólo quedaban veintidós satras aún en pie y sólo unos pocos abiertos a la comunidad. Así y todo, decidimos quedarnos a dormir en uno de ellos y pasar unos cuantos días con los monjes y los niños que allí estudian. Los vimos bailar, rezar e incluso jugar a la mancha. Los niños eran muy educados y tienen un montón de reglas que cumplir. Por ejemplo, nunca pueden dar la mano a nadie salvo que se hayan lavado las manos en ese mismo momento.

Además de la curiosidad de los satras y de los monjes danzarines, lo más lindo de la isla Majuli fueron los atardeceres y los miles de pájaros que vimos volar por ahí. A un pajarito le dijimos un secreto para que le cuente a ustedes cuando llegue volando a Buenos Aires ¿Lo vieron? Era un pajarito grande como una mano, con un pico rojo y plumas amarillas. ¡Parecía la bandera de España!

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Mientras escribimos esto, los extrañamos mucho más de lo común pero por otro lado nos pone muy contentos seguir recorriendo el mundo. Cada día aprendemos algo nuevo y descubrimos nuevos lugares, dónde la gente vive de un modo muy distinto al que nosotros estamos acostumbrados. Por ejemplo, quien iba a saber que en algún lugar entre India y Myanmar hay una isla mágica habitada por niños monjes danzarines.

Les mandamos un beso y muchos abrazos,

Los tíos viajeros

Guía de las Islas Andamán

Última actualización 27/03/2016

Introducción

Las Islas Andamán y Nicobar son un archipiélago ubicado en el Golfo de Bengala, en el corazón del Mar de Andamán. Están compuestas más por de 200 islas e islotes y son parte del cordón montañoso que recorre desde Indonesia hasta Birmania pero políticamente son parte de India.

Que sean territorio indio es sólo una cuestión circunstancial. Si bien las islas estuvieron desde siempre poblabas por grupos tribales fueron los ingleses quienes las re-descubrieron en la época de la East Indian Company (Compañía Británica de las Indias Orientales). Fueron utilizadas como centro de prisión y detención, siendo la Siberia de la colonia inglesa.

Hoy la población autóctona de las islas está aislada del contacto con los turistas y con un fuerte peligro de extinción. El resto de las islas fue poblado con refugiados de la guerra civil que aconteció a la par de la Independencia de India. Por lo cual, la mayoría de los habitantes son bengalíes, tamiles y bangladesíes.

Más allá de estas cuestiones políticas e introductorias, las Islas Andamán son un verdadero paraíso aún por descubrir.

¿Cómo llegar?

Dado que se trata de unas islas separadas por más de 1.000 kilómetros del continente indio sólo hay dos modos de llegar: avión o barco.

Avión

Sólo llegan vuelos domésticos por lo cual sólo se puede volar desde India. La mayoría de las grandes ciudad tienen vuelos directos a Port Blair. Lo más barato y accesible es volar desde Calcuta o Chennai desde sólo se demora dos horas en llegar.

Con cuanta más anticipación se saquen los vuelos, más baratos son. También el precio varia según la época del año. Alguna de las compañías que operan son IndiGo, Spice Jet y Air India.

Barco

No es un trayecto corto, no es fácil conseguir boletos, y no es lo más limpio y prolijo del mundo pero llegar en barco a las Islas Andamán es una experiencia única e inolvidable (o, al menos, lo fue para nosotros).

Porto Blair, la ciudad capital de las islas está conectada marítimamente con tres ciudades: Chennai (Tamil Nadu), Vizag (Andhra Pradesh) y Calcuta (West Bengal). Por mes suele haber un trayecto de ida y de vuelta a cada una de ciudades, en temporada alta suele haber dos o tres trayectos al mes.

Al no haber trayectos fijos, las fechas de los barcos se publican mensualmente siendo posible sufrir cancelaciones y reprogramaciones por cuestión climáticas o técnicas. Nosotros nos guiamos por la página oficial.

Para reservar los boletos es necesario ir personalmente a cualquier oficina de Shipping corporation of India.

Para comprar el boleto es necesario llevar fotocopias del pasaporte. Les recomendamos que compren con anticipación los boletos ya que se suelen agotar muy rápido (sobre todo Bunk Class)

Los precios en Febrero del 2016 eran: Deluxe 9280 INR, First Class 6110 INR y Bunk Class 2380 INR.

Deluxe Class se trata de un camarote doble con baño privado. Sábanas, ducha con agua caliente, armarios y sillones. First Class es similar a Deluxe pero los camarotes son para cuatro personas. Por lo cual, posiblemente uno comparta la habitación con más pasajeros. Bunk Class, en cambio, se ubica en la bodega del barco y se trata de un gran compartimiento con entre quinientas a novecientas literas según cual sea el barco. En Bunk Class los baños están separados en hombres y mujeres y son tierra de nadie. La higiene no abunda, el aire no circula e ir al baño puede ser una experiencia terrorífica pero al hospitalidad de la gente y la diferencias de precio con las clases superiores hace que todo esto pase a un segundo plano.

Cada barco cuenta a su vez con un salón comedor, una área común de descanso y con largas cubiertas para respirar el aire fresco y marino. Tanto el comer como el área común están dividas entre pasajeros de clase Bunk y de las clases superiores.

Nosotros viajamos en Bunk Class junto a otros quinientos indios. Pero hicimos uso de nuestra condición de extranjeros para inmiscuirnos en el salón comedor y en los baños de las áreas comunes de primera clase. Nadie nos pidió nuestro boleto ni el número de nuestro camarote.

El trayecto en barco suele durar entre tres a cinco días según la ciudad de la que se zarpe y las paradas intermedias que realice el barco. Nuestro viaje fue de cinco días ya que realizamos dos paradas en las Islas Nicobar (tuvimos al suerte de ver las islas desde la cubierta).

A bordo del barco se vende agua, chai, galletitas y snacks. También se sirve desayuno, almuerzo y cena. En general suele tratarse de un thali que se repite de comida a comida. Nosotros pagamos 800 INR por un pase que incluida todas las comidas a bordo (12) más un chai a media tarde en el salón de Primera Clase (en Bunk Class el mismo pase costaba 750 INR). Si bien la comida es la misma, las condiciones no eran tan parecidas.

Pueden conocer nuestra experiencia y sensaciones a bordo del MV Campbell Bay en: Travesía en barco rumbo a las Islas Andamán

Permisos

Para ingresas a las Islas Andamán es necesario un permiso conocido como RAP (Restrited Area Permit). El mismo se obtiene al llegar (sean en el puerto o en el aeropuerto de Port Blair) y permite moverse por las zonas más turísticas de la isla. Es gratuito y su extensión es de treinta días. El permiso especifica a que zonas de las islas podemos ir y a cuales no.

Es recomendable sacar fotocopias del permiso ya que para registrarnos en los alojamientos y comprar boletos de ferrys se nos va a pedir dejar una copia.

El permiso se puede extender gratuitamente por quince días más. Para eso es necesario llevar un boleto de avión o barco que especifique la fecha de salida de las islas dentro de los quince de extensión. El tramite se realiza en cualquier comisaria sea de Port Blair o de algunas de las islas.

Generalidades

Hora desfasada

Si bien las islas son parte del territorio indio geográficamente se encuentran muy cerca de Tailandia y Myanmar. Tal es así, que su huso horario debería ser el mismo que Bangkok pero con el afán de India de tener en todo su territorio una misma hora las islas se encuentran a destiempo. De esto modo, cuenta con una hora y media de desfasaje. Por lo cual, el mediodía es a las 10:30 am y el atardecer puede ser a las 16 en invierno.

Movimiento slow

Quieras o no, las Islas Andamán te obligan a practicar un estilo de vida más calmo y relajado. Acá todo se hace despacio, y a su tiempo. Nadie corre y el tiempo es un valor del cual se puede prescindir.

Ordenar algo para comer puede demorar dos horas, el autobús público suele pasar cada 45 minutos y el cajero puede dejar de funcionar y nadie se hace problema. El desafío es contagiarse de su calma y lograr bajar uno, dos o tres cambios.

No hay internet

Inter… qué? Internet no es algo que abunde. En Port Blair y en la Isla de Havelock hay algunos cyber cafes pero son lentos (si es que andan, por que cada dos por tres no hay luz, no hay señal o el dueño no tiene ganas de abrir el negocio). Tampoco suele haber mucha señal de celular.

Las Islas de Andamán son un buen ejercicio de purga de internet y del mundo virtual. Nosotros aprendimos a disfrutar del silencio de estar sin notificaciones.

Como referencia, la hora de internet en Port Blair cuesta 50 INR y en Havelock 140 INR si uno conecta el celular y 280 INR si uno quiere conectar la computadora. Las pocas veces que nos conectamos lo hicimos muy temprano en la mañana que es cuando menos personas hay conectadas y cuando mejor anda. En Havelock algunos bares tiene wifi pero si anda es muy lenta y sólo permite responder algunos mensajes de WhatsApp y nada más.

Comida

La comida en Andamán es muy parecida a la comida del sur de India pero con un poco más de pescados. Dosas, parothas y thali se consigue muy fácilmente. Sacando los lugares turísticos y de comida occidental, los precios son muy parecidos al continente. Nosotros teníamos miedo de que por estar en el medio de la nada todo sea muchos más caro, pero no. En los lugares de comida local uno paga mas o menos lo mismo.

Las frutas más sabrosas

En Andamán comimos los mangos y cocos más ricos. Sin conservantes, sin cadenas de frío, ni nada parecido. Es altamente recomendable hacerse una panzada de frutas.

Mosquitos y moscas

Si bien todos insisten con que hay que tener cuidado con los cocodrilos (desde hace más de cinco años que no se ven cocodrilos en las zonas turísticas) el mayor enemigo son los mosquitos y las moscas en la playa. Con nosotros se hicieron un festín. Las moscas de la playa (Sandfliess) ya que además de picar nos dejaron muchas ronchas que pican desesperadamente, lo cual llevo a rascarnos y a lastimarnos bastante la piel.

Lo ideal es además de repelente comprar espirales para los mosquitos y algo del estilo del Caladryl para evitar la picazón.

Cuando baja la marea, baja en serio

No sabemos si fue algo circunstancial de los días que nosotros estuvimos o si siempre es así, pero el movimiento de las mareas es muy intenso y abrupto. Cuando la marea baja, el mar se retira un kilómetros y cuando sube en unos pocos minutos la lonita con los libros y el bronceador quedaron debajo de una ola. Para no llevarse decepciones, puede ser oportuno conocer el horario de las mareas.

Transporte entre las islas

Al tratarse de un archipiélago a muchas islas solo se accede en ferry. Según las distancia pueden ser trayectos de una a doce horas. También hay carreteras pero sólo a la parte media y norte de Andamán.

Para desplazarse en ferry es necesario comprar los boletos con anticipación (sobre todo el temporada alta). Al igual que los trenes, acá también se debe completar el mismo formulario en papel antes de llegar a la ventanilla. Los precios de los trayectos es algo totalmente aleatorio y condicionado por el turismo.

La compra de boletos tiene sus vueltas y depende sobre todo del humor del empleado de turno. Algunos dicen que solo se pueden comprar boletos de ida si se compra el regreso, otros dicen que solo se puede comprar con cuatro días de anticipación (por lo cual si estás obligado a comprar la vuelta y querés estar más días, el boleto de regreso lo vas a tener que cancelar o resignarte a perder el dinero) y están los que dicen que no podés comprar boletos para otras islas salvo en Port Blair. A fuerza de insistencia y sonrisas siempre conseguimos los boletos que quisimos pero si uno no insiste, los vendedores dicen que no a todo.

Precios de los ferrys

Es ridículo pero a Havelock (la isla más visitada) el boleto cuesta 397 INR y se demora sólo dos horas desde Port Blair. A Neil Island el boleto cuesta 320 rupias y a Little Andaman sólo 71. Little Andaman está a ocho horas de Port Blair y se puede hacer el trayecto en un barco nocturno.

¿Por qué la diferencia de precios? Por el turismo, pura y exclusivamente.

Es importante tener en cuenta que los sábados por la tarde y los domingos durante todo el día no están abiertas las oficinas de venta de boletos. En días normales funcionan de 9 a 16 horas, cerrando de 13 a 14 por horario de almuerzo. La mayoría de las oficinas cuentan con una ventanilla especial para mujeres que suelen estar más vacías y ser menos enquilombadas.

Nuestro recorrido

Port Blair

Port Blair es el punto de entrada y salida. Es la ciudad más importante dónde hay internet, negocios, hospitales y demás. Pero por ser la capital parece más un pueblo grande que otra cosa. Llegar a Port Blair fue encontrarnos con la calma. No tiene nada que ver con las ciudades indias, no hay polución ni tantas bocinas. Incluso tiene cierto aire centroamericano.

Port Blair tiene algunos excursiones y atractivos turísticos pero para nosotros no fue más que una ciudad de paso a la cual tuvimos que volver en varias oportunidades para ir de una islas a otras.

¿Dónde dormir?

Nosotros nos quedamos Hotel Raja Monsoon Villa. Pagamos 600 INR la habitación doble con baño privado. La dueña es muy amable y tiene una azotea y una terraza enorme desde la cual se puede ver el mar y el atardecer.

Está cerca del Lalaji Guest House (enclave israelita, mucho más caro y feo). La única contra es que a cien metros hay una mezquita y por la madruga se escucha el primer rezo, pero no es nada grave. Al menos nosotros, nos dimos vuelta y seguimos durmiendo.

¿Dónde comer?

La mayoría de los turistas suelen frecuenta el restaurant que está en la terraza de Lalaji Guest House. Nosotros por comodidad y presupuesto frecuentábamos un localcito a la calle que se encuentra enfrente. No hay menú ni opciones occidentales pero si arroz Biryani (70 INR), omelettes (20 INR) y parathas con chutney de coco (10 INR).

Little Andaman

Fue la sorpresa del viaje y un lugar del cual nos enamoramos. A Little Andaman no llegan muchos turistas. Está lejos (ocho horas sólo desde y hacia Port Blair) y no es muy cool. No hay bares, ni restaurants con onda. No hay internet ni electricidad las 24 horas. Sólo hay largas playas de arena blanca y un mar muy divertido y con muchas olas. Hay varios pueblitos y mercados dónde comprar fruta y pescado fresco y hay un solo autobús (o jeeps compartidos) que recorren la única calle asfaltada de la isla (el boleto cuesta 10 INR). Es el sitio ideal para relajarse y dejarse seducir por la idea de vivir una vida tranquila, alimentándose de lo que la tierra y el mar.

La isla se puede recorrer, también, en motos alquiladas. Hay varias playas y cascadas para visitar. A nosotros, particularmente, nos encantó Kalapathar lagoon, la laguna de rocas que se encuentra en el kilómetro 14.

¿Dónde dormir?
La mayoría de los “resort” se encuentran en el kilómetro 10. Los hay más limpios, más viejos, más nuevos. Resort es sólo un nombre genérico para nombrar una casa de familia con algunas cabañas de chapa y bambú alrededor.Nosotros nos quedamos en Rainbow Resort. Lo administra una familia de Bangladesh muy simpática, honesta y agradable. La habitación/cabaña doble con baño privado costaba 300 INR, sino 200 INR con baño compartido.
¿Dónde comer?
Rainbow Resort tiene un pequeño restaurant. La comida es fresca, rica y con precios accesibles pero demora mucho. Nosotros solíamos ordenar la cena a las 16 horas para comer a las 20. No quedaban dudas de que la comida estaba recién hecha. Para dar una referencia, un plato de Fried Noodles con huevo costaba 100 INR.En el kilometró 12 está Mona’s Place. Es un localcito que venden dosas, parathas y puris a precio normal. Ideal para desayunar.Sino, en el centro (400 metros de locales y mercados) hay muchos puestos de comida rápida, snacks y Biryani. En Little Andaman nos hicimos adictos al Egg Roll, panqueques salados con huevo y verduras.

Neil Island

Neil es el paraíso de las lunas de miel de los indios, también de familias europeas y de parejas que buscan tranquilidad. Está a mitad de camino entre Port Blair y Havelock teniendo ferrys directos a cada uno de los puertos por lo cual es de muy fácil acceso. La isla es chica y se recorre caminando. También en bici, moto o ricksha.

Las playas de la isla están numeradas. Playa 1, playa 2, 3, 4 y 5. Cada playa tiene su encantos. En unas se puede hacer snorkeling, en otras hay piedras, en otras bancos de arenas o manglares. Nosotros estuvimos tres días y caminamos de una playa a otra, inventándonos caminos entre los árboles.

En lo personal no fue lo que más nos encantó de Andamán pero que es lindo, es lindo.

¿Dónde dormir?
Cada playa tiene un pequeño grupo de Guest house/Resort. Nosotros nos quedamos en AND en la playa cuatro. Lo bueno es que está muy cerca del puerto, del mercado y a una distancia caminable de todas las demás playas. La habitación doble con baño privado cuesta 350 INR pero conseguimos un precio de 200 INR a fuerza de Messi y de ser temporada baja. La habitaciones no están buenas ni en muy buen estado, pero creo que la ubicación es la mayor virtud.
¿Dónde comer?
AND tiene un restaurant pero un poco caro para nuestro gusto y bolsillo. Un simple thali vegetariano está 150 INR sin posibilidad de repetir ni el arroz blanco.En cambio, en el mercado está lleno de puestos de comida baratos y ricos. Camino a la playa 1 y pasando el Hotel/Bar Kingfisher hay un local de comida muy rustico pero el dueño es muy amable. El Massala Dossa cuesta 30 INR y los chutney son una delicia.

Havelock

Es la frutilla del postre. Si bien es la isla con más turistas, más explotada y más cara el precio por ser un verdadero paraíso sigue siendo barato.

La isla de Havelock es grande pero se puede recorrer en moto, bicicleta y en autobús público (pasa cada una hora, pero pasa y cuesta 10 INR). El mayor problema de Havelock son las distancia. Entra la zona de alojamiento y la playa principal hay diez kilómetros por lo cual el “vuelvo al dormitorio para ir al baño” no aplica. Cada excursión es el plan de un día entero.

Hay dos playas principales. La playa número 7 también conocida como Radha Nagar es el paraíso que todos nos imaginamos. Arena blanca y finita, agua turquesa, palmeras verdes y … cien indios sacándose fotos. Es la playa más concurrida pero basta caminar unos metros en cualquier dirección para encontrarse solo y sin vecinos fotogénicos. Nosotros solíamos caminar hasta un poco antes de la Laguna Azul y ahí prácticamente estábamos solos.

En la Laguna Azul no es recomendado bañarse por el riesgo de los cocodrilos, cuando nosotros estuvimos había un policía que cuidaba que nadie se meta al mar en esa zona.

La otra playa importante es la Playa de los Elefantes. Está a mitad de camino entre el puerto y la Playa número 7. Para acceder a la playa hay que caminar unos cuarenta minutos por la selva. La caminata es amena. Una vez frente al mar, hay que seguir caminando para esquivar a los indios y a sus excursiones en motos de agua. Nosotros solíamos caminar poco más de un kilómetro con dirección a la izquierda para llegar a la zona de corales. Estábamos prácticamente solos y con un coral fascinante delante nuestro. Ideal para hacer snorkeling.

¿Dónde dormir?
La gran mayoría de los alojamiento están en la playa número 5. Los hay de todos los precios, gustos y comodidades. Nosotros nos quedamos en Crystal Sand. Es casi el último resort por lo cual hay que caminar bastante y pasar toda la zona céntrica. Lo bueno, es muy tranquilo, lo malo, está un poco más lejos de todo. La habitación doble con baño privado cuesta 200 INR. El resort cuenta con una bajada al mar muy linda con mesas y bancos de madera. En la playa 5 uno puede bañarse siempre y cuando la marea este alta. La playa 5 es muy parecida a las playas de Neil.
¿Dónde comer?
Entre la carretera de la playa cinco y el mercado están todos los puestos de comida, bares y restaurantes. Los hay más caros, más baros y más occidentales.Para desayunar una excelente opción es Anju Coco Resto, por 90 INR el desayuno incluye tostadas, huevos, ensalada de frutas o papas fritas y un café. Nosotros solíamos desayunar chai (10 INR) con parathas (10 INR) y omelette (20 INR) cerca del mercado y nos comprábamos frutas para llevarnos a la playa y almorzar ahí.Para cenar rápido o tomar un snack Dalila es una buena opción. Está en frente del mercado y el plato de Fried Noodles cuesta 50.
También barato es el Powerfull Restaurant a mitad de camino entre la playa 3 y la playa 5. Ronny’s en la playa 5 también está bueno pero cuesta conseguir mesa a veces. Es un lugar lleno de jóvenes israelitas. Tal es así que el humus es más barato que un Dal Fry.
Consejos para tu primer viaje a India

“Humildad ante el destino es condición de supervivencia”
Ryzsard Kapuscinki

Las sensaciones sobre la primera vez en India depende mucho de la experiencia del viajero y, sobre todo, de la puerta de entrada al país. No es lo mismo ingresar por las grandes y populosas ciudades como Calcuta o Delhi que llegar a la tranquila y colonial ciudad de Kochi. Como siempre decimos, hablar de India como si se tratará de un solo país con una sola cultura heterogénea es una falacia.

Nuestros primeros días fueron en Delhi, y en lo personal no fueron tan sencillos. Todos nos querían estafar, la comida era muy picante, las calles nos parecían sucias y ruidosas y el jetlag nos había dejado totalmente cansados. El olor y la humedad parecían ser más fuerte que nosotros y más de una vez se nos cruzó por la mente la idea de que todo ese viaje había sido un error.

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Si bien es cierto que llegar a India shockea todos los sentidos y que, por más que se lea y prepare el viaje, no se puede reducir ese impacto inicial. Igualmente decidimos intentar ayudarlos. Estos consejos son los que nos hubiese gustado oír a nosotros antes de viajar:

I. No crean en todo lo que te dicen:

Desde el momento en que aterrizamos en el aeropuerto Indira Gandhi, en Nueva Delhi, la gente nos querían engañar. Con el tipo de cambio, con el metro que conecta el aeropuerto con la ciudad (decían que no andaba y nos incitaban a tomarnos un taxi), incluso nos llegaron a decir que la calle Paharj Ganj estaba cerrada por un festival y que no podíamos llegar hasta ahí. Otra mentira famosa son las oficinas de turismo oficiales que terminan siendo agencias privadas que venden todo tipo de paquetes y boletos con altísimas comisiones. Los conductor de ricksha también tiene su responsabilidad, ofrecen un city tour a muy bajo costo pero terminan siendo paseos por las tiendas y negocios de sus primos.

En la estación de trenes se nos acercó un hombre y nos dijo que la oficina de venta de pasajes estaba cerrada durante toda una semana. Ante la duda, le preguntamos a un policía y nos dijo que era cierto. Nos recomendó ir a una agencia de turismo y comprar pasajes de autobús. Gentilmente se ofreció a llamar a su amigo para que nos lleve en su ricksha de manera gratuita.

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Basta tener pinta de occidental para ser el centro de las miradas y de los timos. Algunos indios son oportunistas “cazaturistas”, son capaces de inventar cualquier historia para vendernos algo y los recién llegados a India son carne fresca. Son vivos y se dan cuenta de quien anda perdido. Varias veces van a escuchar la pregunta de rigor: ¿Primera vez en India? Y siempre, por las dudas, hay que decir que no.

II. Se intuitivo:

Se desprende de lo anterior. Sólo tu intuición es lo que te va a permitir discernir en que momento y de que modo actuar. En quien confiar y con quien seguir de largo.

Es difícil de explicar pero en India hay que ser muy intuitivo. Siempre. Se trata de escucharnos y de sentir que nos genera una determina situación o persona. Si algo no nos gusta, no nos detentemos. Las consecuencias pueden ser peores.

No queremos asustarlo pero escuchamos algunas feas historias de turistas que fueron engañados y sufrieron robos. Nosotros somos afortunados y estamos convencidos de que la intuición es el setenta porciento de nuestra suerte.

III. Informate e interiorizate con el país:

Ciertas personas sostienen que es mejor llegar a los destinos sin saber nada para dejarse sorprender. No compartimos la idea. Para nosotros lo mejor es llegar lo más informado posible y así tener más recursos a nuestro favor. No se trata de conocer sólo la moneda, las condiciones climáticas o los detalles de las zonas mochileras. Se trata de ir un poco más allá y conocer la cultura, la historia, la idiosincrasia del país.

Erróneamente se cree que los habitantes de India son hindúes. Hindúes son sólo aquellos que creen en la fe hinduista. En India también hay musulmanes, jainistas, budistas y sijs. Hay conflictos políticos y el idioma oficial lo habla menos del 40% de la población. Cada estado podría ser un país independiente con una lengua propia, con una cultura propia que tiene sus propias variantes gastronómicas y religiosas. Creer que India es sólo una es una ficción y desconocer estas diferencias va a favorecer que nos perdamos muchos detalles.

Claro que cada quien viaja de la forma que a uno más le gusta pero no supongan que por estudiar un poco sobre el país ya van a conocer todo. Por más libros que leamos y documentales que veamos, siempre India va a sorprender.

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IV. Regatear:

En India muy pocas cosas tienen precio fijo y cuando lo tienen está marcado en el envoltorio: galletitas, cremas, botellas de agua, shampoo.

Todo lo demás (todo aquello que no tiene un precio fijo) se negocia. Y todo es todo: Hoteles, taxis, suvenires, ropa, pasajes en autobús, etc. Bienvenidos al regateo.

No hay reglas sobre el regateo. Siempre depende de cada uno cuanto quiere regatear y cuanto le parece justo pagar. Nosotros somos de los que nos divertimos regateando en los mercados. En general solemos ofrecer un precio por debajo del cuarenta por cierto de lo que nos dicen y terminamos pagando un cincuenta porciento menos del valor inicial. Pero lo tomamos con un juego. Los indios también lo piensan así, invitan chai y galletitas para iniciar la negociación.

Las habitaciones de los guest house se regatean en función de la cantidad de noches que uno va a estar: a más noches más descuento. Los menús de restaurantes también suelen ser fijos, aunque a veces se pueden negociar un descuento.

V. La higiene y la limpieza son muy distintos:

Los parámetros de higiene y limpieza que tienen muchos indios son totalmente distintos a los nuestros. Prepárense para llegar a hoteles con sabanas manchadas y el piso del baño mojado. Para comer en la calle entre basuras y restos de comidas. Para ver de vez en cuando alguna que otra rata caminando por la pared y para esquivar la mierda de las vacas. Prepárense para las moscas y los mosquitos, para los malos olores y las montañas de basura.

Las calles son tierra de nadie y prácticamente no existe un sistema de recolección de basura o de barrido público. Los indios tampoco tienen esa cultura incorporada. Terminan de comer algo y automáticamente tiran el envoltorio al piso, sea en el tren, en un restaurant o en la parada de colectivos. Las calles suelen ser un mar de escupidas (muchas veces de color rojo por el tabaco que mastican) y un baño público a cielo abierto. Nunca sentimos tanto olor a pis como en las calles de Calcuta.

Los laberintos de Varanasi llenos de basura y vacas.

Los laberintos de Varanasi llenos de basura y vacas.

Desgraciadamente, a la basura (como a tantas otras cosas en India) uno se acostumbra. A lo que no podemos acostumbrarnos es a las sábanas sucias. La solución que encontramos fue comprarnos una sábana (tela estampada que venden en cualquier mercado) y colocarla sobre las camas no tan limpias. De ese modo nos ahorramos varias picaduras de pulgas. Las bolsas de dormir (sacos de dormir) también pueden ser una buena opción.

vi. “Agua que no has de beber”:

Si la limpieza no aplica en los hoteles tampoco lo hace en los restaurantes. No es extraño padecer algún tipo de descompostura en India. Si no es algún ingrediente en mal estado, puede ser alguna bacteria en los vegetales crudos o en el agua que utilizaron para cocinar. Hay que tener cuidado con los lugares que uno elige para comer. Nosotros solemos optar por comer en los lugares más concurridos que no siempre se condicen con los lugares más caros ni para turistas. Si hay gente supone que hay movimiento en la cocina y que los ingredientes son frescos. Lavarse las manos y evitar comer frutas o vegetales crudos si no estamos seguros de la limpieza no parecen ser criterios suficientes. La suerte juega su factor.

Hay una frase muy extendida que dice: “Cuando comés en un lugar, y la comida te cayó bien. Seguí comiendo en ese lugar”. La adoptamos. En India no se trata de innovar ni de probar. Mejor comer en el mismo lugar que tener una incómoda diarrea.

Con el agua, por lo general, es recomendable tomar sólo agua embotellada. Sobre todo en las grandes ciudades. Algunas ciudades tienen agua potable y muchas casas tienen filtros, lo que es una buena opción. Pero como siempre lo mejor es evitar aventurarse.

Muchos se lavan, incluso, los dientes con agua embotellada. Nosotros no lo creemos tan necesario pero si somos muy atentos a la comida y agua que bebemos. Ya sufrimos varias infecciones por bacterias y no queremos seguir arriesgándonos. Aunque sospechamos que a medida que pasan los días los anticuerpos se van generando.

Dada la cantidad de bacterias y las escasas condiciones de higiene siempre es recomendable viajar a India con un buen botiquín y con seguro médico. Nosotros sufrimos varias infecciones y tuvieron que ser tratadas con antibióticos. La deshidratación también es frecuente. Les recomendamos que coticen distintas coberturas  y asistencia medica mediante Asegura tu viaje.

VII. “Not spicy, please”:

Depende de donde vengas, la comida en India puede parecer picante. Lo cierto es que uno se acostumbra, y comparado con otros países (Tailandia, por ejemplo) el picante no es tanto. Pero al comienzo no es fácil. Nosotros no estábamos acostumbrados a comer picante y los primeros días lo pasamos mal. “Not spicy, please” (no picante, por favor) se transformo en nuestra frase de cabecera. A veces funcionaba y a veces no. En el norte de India pedimos una sopa de tomate. Le pedimos al mozo que no fuera picante ya que no veníamos bien de la panza. La sopa llego con tres chilis flotando. El mozo se excusó diciendo que la sopa habitualmente traía seis chilis.

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Más allá de tu tolerancia personal al picante, lo que sí vas a encontrar son nuevos sabores y comidas muy condimentadas y especiadas. Cardamomo, jengibre, clavo de olor y anís son indispensables en cualquier curry o masala chai.

Además de especias la comida India suele llevar mucho frito. Lo bueno es que el frito mata a las bacterias, lo malo… comer frito nunca está bueno.

La mejor comida India la probamos en los puestos callejeros. Esos que parecen sucios, feos y baratos. Les recomendamos que se animen y se dejen conquistar por la comida y los sabores. Tomar clases de cocina tampoco es una mala idea.

VIII. Moverse en tren:

Es la mejor forma de desplazamiento por el país. Son cómodos y baratos. Nosotros pasamos varias noches en el tren en categoría sleeper (literas sin aire acondicionado). Siempre dormimos bien y sin problemas.

El tren también es el lugar ideal para conocer gente. La mayoría de los indios lo usan y la curiosidad por los extranjeros está a la orden del día.

Muchos dudan si viajar en tren o con conductor privado. La diferencia de precios es abismal y el conductor es un gasto extra ya que su comida no suele estar incluida en el presupuesto. Pero más allá de las cuestiones presupuestarias la mayor contra que le encontramos es la poca optimación del tiempo. Los trayectos sólo suelen hacerse de día y dadas las malas condiciones de las rutas suele demorarse bastante. La ventaja del tren es que uno puede optar por trayectos nocturnos y de este modo ahorrarse la noche de hotel y el día perdido con traslados.

Para más información sobre los trenes, los distintos tipos de clases, quotas y tipos de boletos les recomendamos leer nuestra Guía de Trenes en India.

IX. Viajar despacio:

Muchas veces, moverse en India es agotador. Llegar a un nuevo lugar, regatear el ricksha desde la estación de tren, buscar el autobús públicos, regatear el precio del guest house, buscar un lugar decente dónde comer.

Si al desplazamiento habitual entre ciudades, uno le agrega un desplazamiento a otro estado significa nueva comida, nuevos idiomas y quizá, nuevas religiones. Además, en India las distancias son largas. Lo mejor, para nosotros, es seleccionar unos pocos puntos en el mapa para visitarlos y explorar al máximo. Cada ciudad, región o estado tiene infinitas cosas para hacer.

Somos de viajar lento, en general, y en India más todavía. Un itinerario de quince ciudades en un mes a nosotros nos parece agotador. Quizá porque disponemos de más tiempo que de plata, priorizamos recorrer menos para comprender más.

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Muchas personas nos escribiendo pidiendo ayuda para armar sus itinerarios en India. Solemos preguntarles qué de todo lo que ofrece el país les interesa conocer: ciudades sagradas, templos, fuertes, palacios, naturaleza, sitios tranquilos, sitios mochileros, etc. Dependiendo del estilo de cada uno será cada recorrido. Ningún itinerario incluye los traslados ni el agotamiento propio de moverse en el país. Nuestro consejo es que armen un viaje más real y posible y abandonen, aunque sea un poco, la idea de conocer TODO aunque sea para la foto. Disfruten de los pequeños momentos y dense la libertad de elegir quedarse un día más o menos en algún destino. El encanto de India está en las personas que habitan el país y no tanto en los “highlights” de las guías de viaje.

Xi. Salir un poco, al menos, de los circuitos turísticos:

La India es enorme y es verdad que muchas veces los lugares más famosos concentran los puntos más atractivos del país, pero si uno se aleja un poco de eso encuentra varias facetas del país que son totalmente distintas.

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Un viaje por los itinerarios más turísticos puede tornarse aburrido. Siempre las mismas personas, los mismos estilos de restaurantes, los mismos locales de suvenires, los mismos timos. Además de ser más costoso, puede tornarse un poco aburrido o poco original. Traten, al menos, de hacer una parada en el medio de lo-que-hay-que-ver. India es auténtica y vale mucho la pena pasar una noche en un pueblito tranquilo al que nunca llegan los turistas. Después de cuatro visitas al país, podemos afirmar que lo que más disfrutamos son esas paradas inesperadas a mitad de camino.

Xii. Cuidado con los monos:

En las ciudades indias los monos están por todas partes: postes de luz, techos de las casas y en los árboles. Lo cierto es que los monos de ciudad no son los simpáticos animales que nos imaginamos. Son capaces de entrar a los cuartos, robar las pertenencias, tomar la comida, incluso morder.

Además de frutas y botellas de agua, a nosotros nos robaron los lentes de sol. No por nada en especial, sólo para romperlos y jugar con ellos.

Les recomendamos que tengan cuidado y mantengan cierta distancia. Muchas veces suelen ser agresivos y no es divertido ganarse una mordedura de mono en una pierna. Si tienen dudas, pregúntenle a la gente local. Sabrán decirles si tienen que tener cuidado o no.

Xiii. Preparate para ser una celebridad de Hollywood:

Los indios son cholulos. Tienen mucha fascinación con los occidentales. Acostumbrate a que te paren en la calle, te pregunten tu país, te den la mano, te pidan una foto con vos, un autógrafo o tu teléfono. Sean jóvenes o ancianos, los indios tienen mucha curiosidad por nosotros. Quizá la misma que nosotros podemos tener por una persona de bigotes largos y turbantes de colores.

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Queda en cada uno que tan simpático ser. Hay viajeros que les divierte sacarse fotos y hay otros que con aire de superioridad ignoran a los indios.

Es cierto que puede llegar a cansar y tornarse agotador esto de estar sacándose fotos cada cinco minutos pero queda en cada quién como responder.

XiV. Trata de hacer coincidir tu viaje con alguna celebración:

La sociedad india es una de las más devotas y creyentes. Como el hinduismo tiene millones de dioses, también tienen millones de celebraciones.

Es muy interesante ser parte de sus festividades. Sea desde un casamiento hasta el colorido Holi, todos los meses hay algo que celebrar.

Holi en India

Son experiencias interesantísimas conocer la idiosincrasia social y aprender al menos, un poco, de su cultura.

XV. NO TE OLVIDES QUE ALLÁ EL VISITANTE SOS VOS:

Sea en una mezquita, una estupa, o un templo sij debemos ser respetuosos. Si pide que nos cubramos los hombros o el cabello, no discutamos que en nuestro país las mujeres hacemos toples. Mismo si es necesario descalzarse. Por más que nos de asco, para ellos es una ofensa entrar con zapatos a ciertos lugares.

No olvidemos que allá somos visitantes. Y que las reglas de juego son otras. Si besarse en público es considerado una ofensa respetémoslo. Por más que sea obvio lo que decimos, nos dio mucha vergüenza ver a muchísimos turistas creyendo estar en su ciudad y comportándose de manera pusilánime ante los lugareños. También nos incomoda mucho ver a los occidentales pagándole a los indios por fotos. Son personas, no estatuas.

Madurai - India -4

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Sea karma o no, en general, el respeto que uno da es proporcional al que recibe. El sentido común es el compañero infalible del viaje.

Con todos estos consejos y recomendaciones no buscamos asustarlos ni mucho menos. Sólo les compartimos algunas ideas y pensamientos que nos hubiese gustado conocer de antemano. India es un gran destino y hay que ir dispuesto a disfrutarlo. Buen viaje!

***

Si estás por viajar a India te recomendamos nuestra Guía de viaje a India. Si, además, sos mujer  te recomendamos leer nuestros consejos para mujeres que viajan a India.
Madurai: Acostumbrarse a India

Sobre nuestros días en Madurai y la compleja pregunta sobre el momento exacto en que India, como una palabra que engloba todo un mundo, se volvió parte de nuestra cotidianidad.

Meenakshi Amman

– “¿En qué momentos nos acostumbramos a esto?” Dije mientras caminábamos por Madurai. No se si lo pensé o si lo dije en voz alta. La falta de respuesta me despertó la duda.

Llevábamos unos cuantos metros caminando hasta que reparé en mis pies y ahí fue cuando surgió la pregunta. Estaba descalza caminando por las calles de una de las ciudades más caóticas de India. Habíamos pasado casi toda la mañana dentro del templo.

Salimos aturdidos. La gente, el olor de las velas ardiendo, el aroma de las sahumerios y los inciensos, el calor, el apretuje humano. Estábamos agotados y ahora teníamos que seguir caminando descalzos.

Madurai - India -1

Las calles estaban sucias y el pavimento comenzaba a calentarse con la proximidad del mediodía. Faltarían doscientos metros más y si no fue porque algo me pinchó en la planta del pie, no me hubiese dado cuenta que iba descalza. Los pies estaban sucios, hinchados por el calor y con ampollas que le dejaron el lugar a pequeños callos y durezas. Pero eso ya no es novedad, en India aprendimos a andar descalzos. Así y todo, queríamos recuperar nuestros zapatos.

El Meenakshi Amman Temple es el corazón de Madurai. El corazón sagrado y, también, pagano y comercial. El templo se ganó la fama de ser uno de los más impresionantes en el sur de India y muchos lo comparan con el Taj Mahal. Supongo que todos los piropos serán a la arquitectura. Un templo de seis hectáreas, más de 30.000 estatuas y figuras talladas, y doce gopuram, pilares altísimos con todas las deidades hinduistas cinceladas de una antigüedad de casi 2.500 años. Está construido en honor a Meenakshi, diosa con ojos de pez y tres pechos. Ella es un avatar de la diosa Parvati, consorte de Shiva.

Madurai - India -3

El templo tiene cuatro puertas, una en cada punto cardinal y adentro es un laberinto de salas, salones y puestos de souvenirs. Nos perdimos. Entramos por una entrada y salimos por otra. Teníamos que caminar todo de nuevo en busca de nuestros zapatos.

Gandhi

El sábado a la mañana decidimos ir al museo de Gandhi. Su imagen ya nos es familiar, también su historia, sus mitos y sus detalles. Llegamos temprano. Faltaba media hora para que abra. El calor agobiante hizo que, también, cambie nuestro horario. Amanecemos temprano para tratar de aprovechar el fresco del alba. Para hacer tiempo nos sentamos bajo un árbol a esperar que dieran las diez.

Una familia india esperaba a la par nuestra. Eran tamiles. Su piel es mucho más oscura, sus rasgos mucho más marcados y tenían cierta dureza en sus movimientos. Me llamó la atención el color de nuestra piel. Tan clara y delicada. Casi inexistente. Miraba con detalle y podía observar algunas venas correr por mi antebrazo. Hacía tiempo que no me detenía a observar los diferentes colores. Como si a eso también me hubiera (nos hubiéramos) acostumbrado. Al menos visualmente, ya no me llama la atención saberme blanco entre tanta gente de color.

El museo abre sus puertas. Es chiquito. Las vitrinas están escritas a mano y muestran fotos y momentos de la vida de Gandhi. Las fotos ya las habíamos visto y su historia ya la conocíamos. Sorprendía ver algunos de sus objetos personales: anteojos, sandalias, ropa.

Salimos con gusto a poco. La calle estaba abarrotada de personas, vacas, rickshaws, mendigos y trabajadores callejeros. Caminábamos esquivando paños donde arreglan zapatos, banana aún verdes y perros famélicos. Las bocinas molestaban menos y ya no nos damos vuelta cada dos minutos para ver si corremos riesgo de que nos atropellen.

Volví a preguntar. Esta vez más fuerte y asegurándome de que la pregunta saliera, efectivamente, de mi boca. “¿En qué momentos nos acostumbramos a esto?” Tampoco obtuve respuesta.

El mercado

Gallinas aún vivas, vegetales de los conocidos y de los no conocidos, panes de jabón para lavar la ropa y puestitos de chai y comida callejera. La comida es casi siempre frita y prefiero cuidar un poco la salud. Sólo un chai para mi. En el puesto de al lado vendían flores. Muchos compran como ofrenda para llevar al templo y muchas mujeres compran para ponérselas atadas en el pelo.

Madurai - India -2

Pasó una familia caminando. Venían del templo. Todos los miembros de la familia tenían la frente marcada. Un punto rojo, una línea blanca y otra línea roja por debajo. La mayoría de la población anda con la frente marcada. Señal de protección y bendición de los dioses. La familia nos miró y movió la cabeza en con ese rápido infinito apaisado que uno no sabe si es un sí, un no, hola o un quizá. Repetimos el movimiento y sonríen. Señal de que dentro de todo nos salió bien.

Iba a volver a preguntarlo pero a lo lejos vi venir una procesión. Todos vestidos de verde, con platos con frutas para ofrendar. Caminan en dirección el templo y los seguí con la mirada.

El barrio

Nos alojábamos en las afueras de la ciudad. Es un barrio sencillo, de casas bajas y gente trabajadora. Ya teníamos nuestra rutina. El señor al que le comprábamos el agua, la señora que vendía bananas coloradas, el boliche que vendía masala dossa por la mañana y porottas por la noches. La nena que estaba siempre en la vereda y cada vez que pasábamos nos gritaba “heeelooooo” y se metía corriendo en la casa.

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Decidimos salir a sacar fotos un rato antes de que el sol se ponga. Ya todos nos conocían y nos saludaban. Aunque para mi sea normal el color de nuestra (su) piel y nuestra (su) ropa a ellos les debe seguir llamando la atención. La nena repitió el largo saludo pero esa vez no pudo echarse a correr. Tenía un carnerito de tres días en el regazo. Le daba leche con una madera. Nos paramos a saludar y le preguntamos su nombre. Su tía, su mamá, su hermano, su abuelo, su otro tío, todos salieron a saludarnos. Nos ofrecieron sillas y una irresistible proposición de tomar un chai. Ahí, con ellos, en la vereda entre la cabra recién nacida y todas las demás. Aceptamos el chai y rechazamos la sillas. Podemos sentarnos en el suelo como ellos.

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Seguimos caminando, una banda de cinco nenes caminaban con nosotros. Un viejo nos hizo señas y nos pidió que le saquemos fotos a su jardín. Eran puras malezas pero el estaba orgullo de sus metros de tierra propia. Antes de posar se acomoda bien su longhi (pollera blanca y atada que usan los hombres).

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Cenamos en el restaurant de un musulmán que vivió un tiempo en Malasia. Le llevamos un ringgit de regalo y comimos el arroz con las manos.

La pregunta volvió a mi cabeza, en realidad no es que volvió, siempre estuvo ahí, desde el día en que llegamos a Madurai. Elegí no pronunciarla ¿Para qué? Nunca obtuve respuesta. Seguí comiendo.

No sé. No sé en que momentos nos acostumbramos a todo esto pero me parece que es de los más normal” me dijo L.

Rameswaram y sus leyendas

Podría decirse que uno se obsesiona con los extremos y con los accidentes geográficos. Suelen ser lugares que prometen escenarios únicos y atardeceres alucinantes. La vez anterior fue Kanyakumari, el extremo sur de India. Luego, Rameswaram un istmo ubicado en el sureste del país. A sólo unos treinta kilómetros de Sri Lanka, también conocida como la lagrima de la India.

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La leyenda:

En la época en que el mundo comenzaba a ser mundo, en la época en que dioses y demonios peleaban sobre la faz de la tierra, en la época en que los cielos eran muy azules y las estrellas muy brillantes, en esa época que nadie sabe muy bien cuándo fue, ocurrió esta extraordinaria historia contada en el Ramanayana.

Rama, el rey y el Dios, fue un avatar (reencarnación) de Vishnu, el Dios de la conservación. Su bella y joven consorte era Sita. Ambos se amaban y podían hacer el amor durante eternos días y noches. Pero, como siempre ocurre, no todos estaban felices con su amor, con su poder y con la herencia.

Es así que Rávana, un malvado demonio de diez cabezas secuestra a Sita y se la lleva consigo a la isla de Lanka, al sur de India. Rama desesperado manda cientos de ejércitos a buscarla pero ninguno puede dar con su bella amada.

Hanuman, el Dios mono y siervo de Rama, se compromete a ayudarlo. Como recompensa a su heroica y leal ayuda lo promovió de sirviente a Dios. Hanuman, que puede volar, descubre que Sita esta en la isla de Lanka. Para llegar a ella necesitan construir un puente que conecte ambas costas. Entonces comienza a recolectar piedras de todo India y las va llevando a Rameswaram, el punto más cerca a la isla. Las piedras son muchas y pesadas. Dicen que algunas se cayeron en el camino y conformaron montañas y paisajes fotogénicos como los de Hampi.

A medida que las piedras se van apilando en Rameswaran el puente comienza a construirse y Sita comienza a estar cada vez más cerca de su amado Rama. Un detalle: gracias a una bendición de Rama las piedras pueden flotar sobre el mar construyendo un puente de piedras flotantes.

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Una vez alcanzada la costa de la isla de Lanka los ejércitos de Rama logran cruzan y el malvado Rávana es asesinado. Rama y Sita se reencuentran y vuelven a hacer el amor durante eternos días y noches.

Dicen que con los años el puente se fue hundiendo pero que se puede ver desde arriba. Durante muchos años el puente fue conocido como Puente de Rama pero luego comenzó a llamarse Puente de Adán. Quizá el cambio de nombre tuvo que ver con los intentos de los católicos de colonizar la zona. Algo parecido pasó con el Pico de Adán en Sri Lanka.

La ciudad:

Llegamos a Rameswaran por la madruga. Aun era de noche y no nos dimos cuenta del largo puente que tuvimos que cruzar para llegar. La isla no es muy grande y la ciudad tampoco. Pero no por eso merece el atributo de tranquila.

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Rameswaran es uno de los Char Dham, moradas de los dioses. Los Char Dhram son los cuatros puntos de peregrinación que todo hinduista debe conocer en su vida. Cada uno se correspondo con un punto cardinal. Rameswaran es el punto sur.

La ciudad vive de y por el turismo espiritual. Los hoteles y restaurantes compiten con la cantidad de templos, ashrams y supuestos gurús. Las calles están repletas de vacas y de personas que venden pasto para que los feligreses alimenten a las vacas y reciban un guiño a Dios. Sí, India también es el país de las profesiones y ocupaciones inventadas.

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La ciudad se organiza en forma circular alrededor del Ramanathaswamy, el templo principal. Lo bueno es que en las calles adyacentes al templo los vehículos están prohibidos y la contaminación sonora disminuye. En las cercanías del templo, la mayoría de los peregrinos andan descalzos y mojados.

El templo es enorme y no se puede entrar ni con celulares ni con cámaras. Adentro es muy fácil perderse. Es un laberinto de largos pasillos y columnas con dioses tallados. Dentro de cada salón hay filas para recibir la bendición de un brahmán y un caramelo que simboliza un modo de incorporar a dios.

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El suelo acá también esta mojado. Se debe a la cantidad de pelegrinos que vienen para tomar baños sagrados. Muchos comparan a esta ciudad con Varanasi y dicen que quién se baña acá purifica su alma y se acerca cada vez al más moshka, la liberación del alma y del ciclo de las reencarnaciones.

Lo cierto es que no podemos recorrer todo el templo. Hay un gran salón dónde el ingreso esta limitado sólo a hinduistas. Ahí adentro se encuentra una de las yiotir linga más veneradas en el país. Se trata de estructuras de piedra con forma fálica que sirven para rendir homenaje a Shiva, Dios de la destrucción.

La ciudad no ofrece mucho, o al menos, mucho que podamos entender. Luego, al final de la calle esta el mar. Un mar azul sin playa dónde decenas de indios se bañan y decenas de brahmanes venden sus servicios para purificar a los creyentes. La playa está sucia, flores, velas, ropa. Restos de ofrendas. Figurita repetida en las playas indias.

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Nuestra leyenda:

La última tarde decidimos ir en busca del famoso puente de piedras flotantes. Dejamos la ciudad en un colectivo publico abarrotado de indios. Si uno mira el mapa puede notar como el istmo se mete en el mar. La extensión total es de unos dieciocho kilómetros y sólo diez están asfaltados. Nos bajamos cuándo el camino se acabó y comenzamos a caminar. La mayoría de los indios se subieron a otro colectivo que oficiaba de todo terreno e iba avanzando por la arena y por el agua.

Éramos los únicos que caminábamos. Mejor. En India el silencio vale y se aprecia mucho más. No teníamos muy en claro que buscar ni que íbamos ver. Queríamos caminar hasta dónde el istmo se acabe. Queríamos ver a Sri Lanka en la otra orilla, a sólo treinta kilómetros.

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En el camino cruzamos pueblos fantasmas que fueron abandonados con los últimos ciclones, vías de trenes que ya no pasan, y chabolas sostenidas con hojas de palmeras secas que hacen de hogar para los pescadores y para su familias.

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Caminamos y caminamos. Una hora, dos horas, tres. El mar acompaña a ambos lados. De un lado se oye el oleaje fuerte del mar abierto, del otro las pequeñas olas de la bahía. Intentábamos respirar al ritmo de cada uno de los dos oleajes y ver con cual nos sentíamos más cómodos.

Finalmente el agua deja de estar de costado y comienza a estar, también, en el frente. Corrimos. Habíamos llegado. Ya no estaba Sita esperando del otro lado, tampoco había rastros de reyes ni dioses. Sólo nosotros dos y un mar azul que se extendía a nuestro alrededor. Los extremos y los accidentes geográficos nos gustan. Nos ponen en perspectiva, y nos hacen sentir tan chiquitos y tan grandes como podemos ser. Habíamos conquistado otro fin de India. Y esta vez lo teníamos para nosotros solos.

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Kanyakumari y el fin de India

Estoy escribiendo esto en el Cabo, frente al mar, donde se reúnen tres aguas y proporcionan una vista sin igual en el mundo. Por esto no es un puerto para los buques. Al igual que la diosa, las aguas que rodean son puras.

Gandhi

Cada uno es responsable de lo que le sucede y tiene el poder de decidir lo que quiere ser. Lo que eres hoy es el resultado de tus decisiones y elecciones en el pasado. Lo que seas mañana será consecuencia de tus actos de hoy.

Vivekananda

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Llegamos al fin de India. El punto más austral. Si India tiene forma de triángulo escaleno, nosotros estamos en el vértice sur. Ese lugar donde se juntan tres mares: el Arábigo, el de Bengala y el Índico. Estamos de pie en los acantilados, mirando al sur, el horizonte y sabiendo que no hay nada más. Algún aficionado de los documentales de History Channel dirá que ahí, debajo del mar, está Lemuria. Lo cierto es que no se ve nada más allá, sólo algún barco pesquero y algún otro con pasajeros que los llevan a las pequeñas islas que están en frente. Una es una estatua de Thiruvalluvar, un poeta de Tamil Nadu (el estado dónde nos encontramos ahora) y la otra es un memorial a Vivekananda, aquél famoso gurú que fue discipulo de Ramakrishna y que llevó la filosofía vedanta a occidente por primera vez. Él meditó tres días en aquella roca y la leyenda cuenta que cruzó nadando, luchando contra tiburones hambrientos. El mismo Gandhi también vino acá a meditar y admirarse de la belleza del cabo.

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Un lugar romántico, ideal para escuchar romper las olas, para ver la salida y la puesta del sol desde el mismo punto. Sólo hay que rotar el propio cuerpo en dirección este u oeste, según corresponda. Nuestra estadía coincidía con la luna llena. Estaba todo orquestado para que salga perfecto. Pero (siempre hay un pero) hubo un pequeño gran detalle que nos hizo cambiar completamente la percepción del lugar.

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Si todo lo anteriormente descripto es arrojado en una ciudad india que recibe mucho turismo local, el resultado es una playa llena de mugre, mierda y meo (el orden de los factores no altera el producto), donde el mar juega con las bolsas de plástico y con retazos de ropa o de ofrendas. Las calles son callejones pequeños donde el ruido de los bocinazos de cualquier vehículo aturde exigiendo prioridad. Los empujones son moneda corriente a la hora de hacer cualquier fila, sea para comprar pasajes de tren o para subirse al barco. No se de donde salió el nombre de fila india, seguro que de acá no. Y los vendedores están todo el tiempo persiguiéndote para ofrecerte todo aquello que no necesitás.

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Seguramente cuando Vivekananda y Gandhi vinieron para acá buscando meditar en uno de los lugares que podría ser de los más pintorescos del mundo, no tenían un vendedor de alfombras que les gritaba desde la otra punta.

India es un país totalmente distinto respecto a lo que estamos acostumbrado, y dentro de esas grandes diferencias está también la forma en la que hacen turismo local.

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Esta ciudad, recibe miles de turistas a diario, pero que vienen sólo con un fin religioso. Acá se encuentra un templo dedicado a la diosa Kumari. Tours organizados trasladan a señoras con saris y tipos con bigotes. Los pasean de acá para allá, y a la hora de dormir, esto es lo más curioso, los amontonan en distintos cuartos. Pero cuando decimos los amontonan, es que en una habitación para dos duermen cinco ¿Cómo? Es difícil de explicar, pero hay una habilidad que es propia del habitar un país superpoblado: encontrar lugar dónde no lo hay. Se aprietan, se acuestan en el piso o uno al lado de otro en los colchones. Al día siguiente se suben al micro, también amontonados, y van en búsqueda de otra ciudad sagrada. Para rezar, bañarse y dejar sus ofrendas mugre en el mar.

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Y mientras los indios viene y se van, algunos en el mismo día y otros a la mañana siguiente, nosotros seguimos ahí. Mirando el sur, el horizonte después del cual ya no hay nada. Buscando la ola perfecta en la que coinciden los tres mares. Pensando en las historia que vienen de Bengala, en los amores pendientes que llegan desde Arabia, intentando pescar algo entre el murmullo del oleaje. Y cuándo creíamos que una ola nos traía un cuento de Madagascar, alguien nos toca el brazo:

Cheaper sunglasses, Sir. Original Ray-ban Madam. Good Price, Good quality” Y lo miramos al indio, miramos el mar, se perdió el barullo que escuchábamos. Pegamos la vuelta. Suficiente India por hoy.

Kanyakumari tiene todo el potencial para ser uno de los lugares más increíbles de India (y del mundo), pero está desaprovechado. O al menos, no aprovechado como nosotros lo imaginamos. Kanyakumari es el fin de India en términos geográficos, pero para nosotros, lejos de eso, fue una simple parada en el camino.

Varkala y su mundo

Pusimos el despertador a las 6 am. Un horario muy poco frecuente en nosotros pero queríamos levantarnos temprano. Nos correspondían las dos horas de playa que perdimos ayer. Cargamos el termo con agua caliente, compramos dos panes, uno con canela y el otro con chocolate, y buscamos en el fondo de la mochila la bolsita que tenia lo último que nos quedaba de yerba.

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Llegamos a Varkala ayer, cuándo ya había caído la tarde. Nuestros planes de ir a la playa ni bien llegáramos se fueron desarmando uno a uno cuándo en la estación de Ernakulam avisaron que nuestro tren tenía demoras. Al principio dijeron treinta minutos, luego una hora, luego dos. El tren terminó llegando cinco horas más tarde. Pero en India eso no es problema. La mayoría de los viajes se componen de tiempos muertos y perdidos. India no es la excepción. El tiempo transcurre a otro ritmo. No importa que el tren se demore cinco horas, que el tráfico se atasque porque una vaca no cruza la calle o que un autobús no salga porque al chofer le dieron ganas de tomarse otro chai. Acá el tiempo es un bien material del cual, también, hay que aprender a renunciar.

El tiempo no nos poseé ni nosotros a él, pero que lindo hubiese sido si podíamos meter los pies en el mar ayer a la tarde como habíamos planeado. Mirando el agua desde el vagón y con los últimos rayos del sol llegamos a la ciudad. Ningún autorickshaw (moto-taxi) quería poner el taxímetro para llevarnos y nos pedían un precio desorbitante para hacer cinco kilómetros. Eso podía significar una sola cosa: habíamos llegados a un lugar híper-turístico.

Efectivamente Varkala es uno de los guetos mochileros más populares en India. La ciudad no es muy grande y toda la costa está ocupada por hoteles, guest-house, restaurantes, locales de ropa, de masajes y de alfombras. Acá es mucho más fácil conseguir una pizza que un chai.

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En Varkala hay muchos turistas new age: grupos de occidentales que vienen a la India en busca de una iluminación espiritual. Los hay de todo tipo. El que paga el curso de yoga pero no va porque se queda dormido como el fanático que cada vez que puede va con su colchoneta a realizar sus asanas. Están los que se pasan varías horas hablando de sus éxitos espirituales y están los que se pasan varias horas practicando. Pero hay algo que me resulta raro. Se creó una especie de carrera por alcanzar la espiritualidad, como si fuese un bien más de mercado. Cómo algunos corren detrás del celular y del auto, algunos otros corren detrás de los cursos de yoga y meditación. El que se ilumina primero, gana. Se olvidan del mundo circundante y se meten en ellos mismos, y así van por la vida. Quizá esa es mi mayor crítica. Andan por India sin ver a su alrededor, andan por el mundo sin saber que se está cayendo a bajo. No importa, ellos respiran, exhalan y buscan su nirvana. Yo en cambio soy más visceral. No puedo sentarme a meditar cuándo tengo tres nenes mirándome y pidiéndome plata para comer. Tampoco puedo encerrarme en un ashram cuando el mundo transcurre afuera y necesita de mi cambio y compromiso. El aquí y ahora no debe desconocer el contexto que habitamos. Pienso el proceso al revés, mi interior es un punto de llegada y para llegar tengo que conectarme antes con el suelo que habito. Sino, voy a ir por la vida buscando quien sabe qué.

Lo peor es que intento encontrar el error en mi modo de pensarme y buscó acercarme a ellos. Les sonrío y les pregunto donde toman clases de yoga, (quizá puedo animarme a probar algunas clases) ¿Y qué me dicen? Que no me entienden, con toda su parsimonia y su tono de voz new age. Repito más lento: Where you take yoga classes?. Y-O-G-A. Su respuesta: “Ah, i-oga? La i griega rioplatense es algo que tengo que practicar.

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Nos pasamos toda la mañana viendo como la playa se llena poco a poco y mirándolos a ellos hacer sus rutinas de saludo al sol. Luego, van todos a desayunar al restaurant que la guía Lonely Planet recomendó el año pasado. Los miro y suspiro. Están buscando algo y, al menos, no les hacen mal a nadie. Y ya no nos queda más yerba. Pensamos en ponerla a secar al sol pero creo que con el chai vamos a estar bien, lastima acá que no se consigue.

Así es la rutina de Varkala. Los yoguis caminan con sus colchonetas, los rusos se ponen rojos de tanto sol y los empleados de los locales comienzan a baldear el piso a las 7 am. La mayoría son nepalíes que vienen a hacer temporadas de trabajo. Los sueldos son bajísimos y la ganancia está en las propinas. Pero los viajeros new age no dejan propinas, el dinero siembra la impureza del alma. Bueno, nosotros tampoco dejamos muchas propinas. Me preguntó que sentirá un nepalí al ver el mar todos los días, supongo que debe ser lo mismo que sentirá un boliviano. Con la única diferencia que estos últimos alguna vez lo tuvieron y luego se los arrebataron.

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El mar. Eso fue único que nos trajo hasta acá y lo que nos hizo madrugar. Cuándo uno comienza a viajar y tiene que cambiar de cama cada dos o tres días empieza a buscar objetos que le den a uno cierta idea de cotidianeidad. A mi me pasa con el mar. Cada vez que lo veo siento que de algún modo estoy dónde quiero estar, aunque sea un hogar interno. Cada mar me hace pensar en todos los mares que vi antes. El mar de Tailandia, el de China, el mar Báltico, el mar Adriático, el mar Argentino. Algunos más verdes, otros más fríos, con más o menos olas y otros más sucios. El mar siempre es el mar, más allá de la simpleza de la afirmación. El ruido de las olas cuando rompen, el viento cuándo pega en la cara, los pies que se hunden en la arena. Son pequeños hábitos que se repiten de playa a playa y que me permiten, por momentos, sentirme un poco más en casa. Sentir que algo de mi entorno es mío, es conocido, me pertenece aunque sólo sea por unos días.

Queda agua para un mate más. Lucas quiere meterse al agua y tomárselo cuándo sale. Son los pequeños placeres que nos damos. Luego, empezamos a caminar. A dos kilómetros de la playa new age empieza la playa india. La basura es lo primero que nos llama la atención. Ropa mojada, envoltorios de helado, botellas de plásticos, portarretratos de amores muertos y muchas flores. Los indios vienen a Varkala sólo para visitar un templo y hacer las respectivas ofrendas en el mar. Se meten al agua con sari, jean y camisa, andan por la arena con zapatos de cueros y los guardavidas no dejan que se metan muy hondo. Los indios en el agua son unos aparatos, inocentes y divertidos.

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Seguimos caminando y cada vez hay menos gente. Los indios, los hippies, los oportunistas, los que alquilan las sombrillas, los místicos, todos quedaron allá atrás. Desde acá los acantilados se ven más rojos y la arena parece más dorada. Desde acá los locales de comida parecen puntos de colores y el parapente que sobrevuela la playa parece un gran pájaro. Nos sentamos a descansar. Viajar por India agota los sentidos, la paciencia y la mente.

Con una mirada cómplice elegimos que este va a ser el lugar. Y lo hacemos cuándo el sol comienza a caer sobre el mar. Lucas empieza a preparar el último mate con lo último que nos queda de yerba.

Mientras escribimos el libro (I) – Mulanthuruthy

Cuando vino Gokul estaba concentrado escribiendo sobre el conflicto de Cachemira, su geografía y su gente. Recopilando nuestros viejos escritos, recordando nuestra experiencia, revisando nuestras fotos y leyendo a otros autores. Cómo dice el gran Kapuscinski “Viajar descubriendo, la lectura y la reflexión conforman, todo unido, mis textos. Estas tres profundas raíces de mi escritura son las que persigo simultáneamente. Aparte de eso, me ayudan dos elementos: la poesía y la fotografía.”

Gokul es un chico de unos veinte años, de risa fácil, que trabaja en el lugar dónde nos alojábamos. Siempre viene con una sonrisa y con una oferta irresistible de chai. Aunque esta vez, la oferta del té fue distinta. Al ser nuestro último día en Mulanthuruthy quería que lo vayamos a tomar a su casa. Así nos podía mostrar su cuarto, sus objetos más preciados y sus mascotas. Descubrimos que en India tienen un particular interés y orgullo en mostrarte el lugar donde viven. Este deseo de exhibir su mundo es mucho más fuerte en zonas dónde no suelen frecuentar personas de otras nacionalidades.

Mulanthuruthy es un pequeño pueblo no muy lejos de Ernakulam, en el estado de Kerala. Nosotros, a su vez, estamos en Karicode, a cuatro kilómetros de Mulanthuruthy, rodeados de cocoteros, vacas y plantaciones de arroz. Es un oasis en medio del vértigo de las ciudades indias. Llegamos acá buscando un lugar tranquilo para escribir. Lo encontramos.

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Con tanta suerte que además participamos de un festival llamado Makar Sankranti: tres días de encuentros y festejos en el templo. La gente nos dio distintas versiones sobre el motivo, por lo que logramos entender es que el sol llegó a su punto más austral, al trópico de capricornio y empieza a moverse hacia el norte, hacía el trópico de cáncer. Dicen que marca el comienzo de la época de cosecha.

En los días de festejo nos transformamos en el centro de atención. Todas las miradas puestas sobre nosotros. Nos pedían fotos y las preguntas de rigor se repetían: “Wich country?”, “Your Name?”, “Profession?”.

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La miradas y las risas cómplices aumentaron cuando tuve que entrar al templo con el torso desnudo, o cuando nos veían comer con la mano, algo en lo que nos falta práctica. Más allá de la curiosidad de algunos, que por momentos se tornaba intensa, disfrutamos de la música, la comida y de ver el esfuerzo de la comunidad por sacar el festival adelante. Lo armaron entre todos. Cada uno poniendo lo que podía. Algunos rupias, otros ofrecían el chai, otros cocinaban.

Una de las mascotas del barrio

Una de las mascotas del barrio

Volviendo a la invitación de Gokul, entrar a una casa ajena nos produce una doble sensación: por un lado teniamos la oportunidad de conocer como realmente viven. Por otro lado, es una situación incómoda. Siempre tenemos la sensación de que vamos con las manos casi vacías y que son ellos los que nos ofrecen toda su hospitalidad. Es una relación despareja. Esta vez no fue la excepción. Lo primero que hizo Gokul fue lamentarse de no poder ofrecernos nada más que un té con galletas. Como si fuese su obligación.

Vive con sus padres. Shiva, el padre, es sordomudo y de corta estatura. Al igual que su hijo, siempre tiene un sonrisa grande que muestra toda la dentadura. La madre fue la que nos sirvió el té y para no desentonar, sonreía también.

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La casa tiene dos cuartos y la cocina a leña, afuera. El primero de los cuartos, el de los padres, es tan grande como la cama. El colchón es casi tan grueso como las sábanas. Las paredes están llenas de dioses y actores de Bollywood. El cuarto de Gokul es el cuarto de un adolescente. Con la ropa desparramada, la guitarra en el ropero y botellas de licores vacías. El no toma, sino que se guarda las botellas que dejan los huéspedes.

Creo que nosotros en nuestras roñosas y destartaladas mochilas cargamos más cosas. En situaciones como estas nos damos cuenta que la simpleza y el minimalismo que intentamos aplicar se quedan cortos.

Antes de irnos nos pidieron que toquemos a la vaca. Para traerle suerte y que este año de un poco más de leche.

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Estamos escribiendo sobre India y es una tarea titánica. Porque India es la sencillez y la hospitalidad. Es los dioses y los festivales. Es las guerras y las zonas ocupadas. Es los timos y regateos. Es la mugre y la mierda. Es veintiún idiomas y cientos de dialectos. Es distintas religiones. Es infinitos sabores y olores. Estoy empezando a pensar que India no existe. Que es todo un invento nuestro.

Consejos para mujeres que viajan a India

India es, sin dudas, uno de los países más atractivos a la hora de pensar un viaje a tierras exóticas. Todo llama la atención, todo es inmenso e inabarcable. Las diferencias culturales saltan a la vista desde el momento que uno llega.

Viajar por India supone dejarse llevar por el misticismo y por la espiritualidad y a la vez estar dispuestos a las nuevas experiencias: nuevos sabores, nuevos aromas, nuevas creencias.

India no es un país peligroso, hay cientos de adjetivos que la califican mejor, pero se ha ganó la fama de serlo. Cómo siempre, depende con que se lo compare. “Todo es relativo, nada es absoluto” decía Einstein. Por ejemplo, las calles de Mumbai no nos parecieron tan enquilombadas, porque lo comparábamos con Buenos Aires un viernes a las 19 horas. En cambio, una pareja de suizos se nos pusieron a charlar en una esquina y no caían en su asombro al ver que no había semáforo y un policía dirigía el transito con ayuda de sus brazos. No se como habrán tomado la noticia de que en ninguna ciudad de India abundan los semáforos.

Los indios son curiosos, nos miran raro por ser extranjeros. Se acercan, preguntan tu nombre, de donde sos, pero nunca sentimos que fueran más allá de ello.

A diario recibimos varios correos de personas (de mujeres en su mayoría) que quieren viajar a India y no se animan por el miedo de lo que les puede pasar. No se si nosotros gozamos de demasiada suerte, pero esta es nuestra cuarta visita al país y nunca tuvimos ningún inconveniente. Decidimos armar una lista para ayudar a futuras viajeras. Si no quieren detenerse a leer se las podemos resumir en cuatro máximas: respeto, sentido común, intuición y una sonrisa. A continuación los detalles:

El respeto

Lo principal, creemos nosotros, a la hora de viajar por lugares tan distintos es ser respetuoso. Creemos que este es el punto central del que se desprende todo lo demás.

Parece absurdo tener que decirlo pero vimos muchísimos (demasiados) turistas que entraban con zapatos a los templos y a las casas de familias (para la sociedad india es una muestra de desprecio), los vimos sacarse selfies con las estatuas de los dioses o sacándole fotos a las personas que piden plata en la calle sin pedir su consentimiento previamente. Los vimos quejarse porque en las ciudades sagradas la cerveza está prohibida. Si uno viaja a otro país, tiene que saber que juega de visitante y que las reglas no las ponemos nosotros. Tenemos que ser respetuosos, siempre. Preguntar, consultar, averiguar pero no dar por entendido que las cosas son como habituamos en nuestra cultura.

Por ejemplo, cuando visitamos la región de Cachemira en el noroeste de India, decidí cubrirme mi cabeza cada vez que salía a la calle. Cachemira es un estado con mayoría musulmana, y si bien nadie nunca me dijo nada, me cubrí igualmente. Muchas mujeres se quejan de la mirada de los musulmanes, a mi lo cierto es que nadie me miró ni reparó en mí. Porque simplemente llamaba mucho menos la atención que si iba con el pelo suelto y al viento.

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En la Jama Masjid de Delhi vimos como echaban a dos turistas ¿Por qué? En la puerta de la mezquita hay un cartel que explica que la entrada es libre y gratuita pero que si uno quiero tomar fotos o filmar adentro debe pagar un extra de 300 rupias. Una pareja de argentinos, casualmente, entró gratuitamente a la mezquita y en el interior sacaron la cámara de fotos. No sólo eso, la chica se saco el velo que se había llevado para cubrirse los hombros y la cabeza y estaba posando para la foto sin ningún reparo de que ese era un lugar sagrado para muchísimas personas. Claro, los echaron y les exigieron el pago del uso de la camara. Ellos se quejaron del maltrato indio.

Creemos que si uno es respetuoso con la cultura que visita, esta también es respetuosa con uno. Por supuesto que puede haber excepciones a la regla, pero les aseguramos que el respeto reduce muchísimo las chances de pasar un mal momento.

Código de vestimenta

En India la moda es muy distinta a lo que habituamos en occidente. Los hombres suelen ir de pantalón largo y camisa de manga cortas y las mujeres de sari o con un Salwar Kameez o Churidar (una camisola larga que combinan con unas calzas y con un pañuelo).

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No les vamos a decir que se vistan como las indias pero si que traten de adaptar su ropa a la cultura local.

Las mujeres nunca muestran los hombros ni las piernas. Tampoco hay que estar con pantalón largo y tolera en pleno verano, pero si una pollera o pantalón por debajo de las rodillas y los hombros cubiertos por una remera holgada de manga corta o un pañuelo. Yo siempre me incliné por el pañuelo ya que además me cubre el pecho y en caso de entrar a algún templo tengo con que taparme la cabeza.

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Los indios son mirones por naturaleza, no les demos excusas para que miren de más. Vestir adecuadamente además de respetar la cultura local es un modo de cuidarnos.

En una de las playas de Goa vimos dos chicas australianas tomando sol boca abajo. La parte de atrás de la bikini era diminuta y la parte de arriba la tenían desabrochada. ¿Qué había atrás? Tres indios con cara de pervertidos y con el bulto un tanto hinchado. El resto de las mujeres de la playa se bañaban con un pareo o con una camisola sobre el traje de baño.

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Otra situación incómoda la vivimos en la celebración de Holi en Jaisalmer. Holi es una suerte de carnaval dónde se tiran agua y polvos de colores. Optamos por ponernos la ropa que en peor estado teníamos ya que sabíamos que se iba a arruinar. Pero un grupo de turistas no tuvo mejor idea que vestirse todos de blanco. Las chicas estaban de pantalón cortito y musculosa. Ambas prendas al mojarse dejaron ver lo que había abajo. Se les traslució la ropa interior. Tuvieron que volver corriendo al hotel a refugiarse ya que tenían una horda de indios corriéndolas atrás.

Quizá suene chocante saber que en India no podemos vestir igual a como acostumbramos en nuestros países, pero vale la pena el esfuerzo para ahorrarse un mal momento. ¿Sabían que la mayoría de la pornografía que entra en India es de occidente y muchos indios se van a dormir pensando que todas las occidentales podemos ser pornostars?

No andar solas (de noche)

A la suerte no hay que forzarla. Andar solas de noche, lamentablemente, no parece ser un buen plan. Muchas ciudades y pueblos cambian completamente cuándo el sol se pone, sobre todo en las zonas no tan turísticas. India es un país que se levanta antes del alba y se acuesta temprano.

Lo ideal es no andar de noche y si no hay otra opción, tratar de buscar un autoriksha o taxi de confianza o buscar algún grupo al cual unirse.

India recibe a muchos turistas al año y no es difícil encontrar un grupo de viajeros/as con los cuales compartir.

Si querés buscar compañeros de viaje para India te recomendamos este grupo en Facebook: Foro de viaje: India, Nepal e Sri Lanka

Trenes

Los trenes en India son una experiencia única. Recorren todo el país y están divididos en distintas clases de vagones.

Todos los vagones son compartidos. Lo que varía es entre cuantas personas se comparte. Los hay de dos personas, de cuatro, de seis, de ocho. Y siempre es una lotería saber con quién se comparte el camarote.

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Nosotros viajamos siempre en Slepper Class y procuramos tomar trenes nocturnos para optimizar el tiempo. Más de una vez me pasó de despertarme en la noche y encontrarme con un par de indios mirándome dormir.

Lo ideal es llevar siempre un pañuelo o tela con la cual taparse y buscar alguna familia de la cual hacerse amiga en el tren.

Nos pasó en Calcuta que un chico que pedía plata en la estación nos empezó a seguir. Se notaba que tenia algún problema psiquiátrico. Al comienzo nos seguía de lejos y luego cada vez más de cerca. A tal punto que subimos al tren y se pega a la ventana del lado de afuera mirándome. La situación era muy incomoda por lo cual decidí cambiarme de lugar. Él también se cambia de lugar para seguir mirándome. Finalmente, el tren arranca y el desaparece de la ventana. Pero no por mucho, aparece arriba del tren. Se acerca y se queda de pie mirándome. Luego, se sienta enfrente mío.

Me empecé a sentir muy incómoda y uno de los hombres que estaba sentado cerca lo notó. Comenzó a pedirle que le muestre su boleto. El chico desaparece. Le agradezco con un gesto y me acuesto a dormir.

A la hora me levanto y veo que el chico estaba merodeando por el vagón. Da la casualidad que el hombre que ya me había ayudado también se levanta y lo ve. Llamá a otro y entre varios comienzan a echarlo a los gritos y empujones. No volvió a aparecer.

Fue una situación incomoda y lo que menos quería era que una persona reciba codazos por mi culpa, pero si no era por esos hombres no se como hubiese terminado todo.

Por lo cual, siempre es una buena idea hacernos amigos de nuestros compañeros de compartimiento y si por alguna razón hay algo que no nos gusta o incómoda, podemos pedirle al revisor de boletos que nos haga un cambio de asiento.

Por último, muchos deben creer que cuanto más cara es la clase en la que viajamos más seguro es. En nuestra opinión, nos sentimos más seguros viajando con más personas que con menos. Es decir, que viajen seis personas más al lado nuestro nos ofrece ciertas garantías que si sólo estamos con un extraño en un compartimiento de dos personas.

Si les interese leer esta Guía para recorrer India en tren.

Decir que estás casada

Siempre, sin excepción. Cómo nunca hay que decir que es nuestra primera vez en India tampoco hay que decir que estamos solas o solteras. Al menos, en una primera instancia.

En general decir que estamos casadas ya funciona como un freno con los indios que tienen más de una intención con nosotras. Es más, muchas veces les dije que mi marido estaba viniendo o que estaba en la esquina comprando algo y se alejaron sin chistar. Digamos que son mentiras piadosas.

Otra cosa que nunca hago en India es sacarme fotos con indios solamente. Si es una familia o si esta Lucas en el medio acepto sin problemas, pero con hombres solos no me siento tan cómoda para hacerlo. Además no quiero que después anden mostrando la foto y diciendo que soy su “novia argentina”.

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La limpieza no abunda

Si sos de esas personas que se obsesionan con la limpieza, India puede llegar a ser una prueba a superar. Los parámetros que ellos manejan son muy distintos. Más de una vez nos tocaron sabanas manchadas, rejillas del baño llenas de pelos y pulgas en las almohadas. Un buen modo de evitar esto es viajar con tu propia bolsa de dormir o, en nuestro caso, con una tela grande que usábamos de sábana y colocábamos sobre las sábanas que ya estaban.

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Bloquear las puertas

Siempre a la hora de registrarnos en un hotel tenemos que prestar atención a la condiciones de seguridad de la habitación. Si las ventanas se cierran de adentro, si la puerta tiene pasador, si la llave funciona. No sólo por las cuestiones de valor sino para evitar inconvenientes. Más vale prevenir que curar.

Conocimos una inglesa que se levanto a las dos de mañana con el recepcionista del hotel metiéndose en su cama. Ella comenzó a los gritos, y logro pegarle al tipo en la cabeza con un velador. De ese modo pudo salir al pasillo y comenzar a gritar hasta algunos huéspedes salieron en su auxilio.

Fue la única vez que escuchamos una historia así en primera persona. No hay que confiarse ni bajar la guardia, nunca.

En cuanto al alojamiento, cada vez están más de moda los hostels en India que ofrecen habitaciones compartidas sólo entre mujeres.

Ser intuitiva y con sentido común

Podríamos extendernos dándole consejos y detalles a los cuales prestar atención pero lo cierto es que lo más importante es tener sentido común, siempre.

Si en nuestro país no dejamos la cartera sobre la mesa de un bar, en India tampoco. Si en nuestro país no nos paseamos en ropa ajustada, en India menos. Lamentablemente, mientras sigamos viviendo en un mundo patriarcal somos las mujeres quieres tenemos que procurar que no nos pase nada, aunque eso suponga vestirnos como no queremos o volver a horarios que no nos divierten.

Creemos que lo principal para no tener una mala experiencia en India es aplicar en sentido común, de ser centradas y sobre todo, y lo más importante, de ser intuitivas.

Si un lugar, una persona, un hotel, o lo que fuere no te trasmite seguridad ni te hace sentir cómoda, no lo dudes y andate. No se trata de quedarse a probar cuanta suerte tenemos, sino de ayudar la poca suerte que tenemos.

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India es un país fascinante y que no suele decepcionar a quién se toma el tiempo y el trabajo de conocerlo, sea cual sea las intenciones que te llevaron hasta ahí.

Que todos estos consejos que suenan a burocracia viajera no te asusten. Son pequeñas precauciones para viajar más tranquilo. Lo cierto es que nunca sentimos que India sea un lugar peligroso, a nosotros nunca nos pasó nada. Pero a la suerte, a veces, hay que ayudarla un poquito.

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Por último, les compartimos esta completa guía para viajar por India con información sobre el país, presupuesto, itinerarios, etc: Guía de viaje, datos y consejos para recorrer India.
Atardece en Zadar

El atardecer suele ser un momento mágico y es de las pocas cosas que coleccionamos de los viajes. Intentamos juntar etiquetas de cerveza de cada país, imanes o billetes, pero nunca dimos continuidad a ninguna colección. Con los atardeceres, en cambio, sí. Hay tres o cuatro que recuerdo con detalles exactos. El de Zadar es uno de ellos.

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Para muchas religiones el atardecer es uno de los momentos cúlmines del día. Junto al amanecer encuadran ciclos de vida y muerte diarios. Porque el atardecer representa micro-muertes. Un día que se va y con ello tantas otras cosas…

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Me gusta tomarme al menos 5 minutos y contemplar el atardecer. Sea en la montaña, en el mar, o simplemente en mi ciudad cuándo voy a hacer alguna compra de última momento para la cena. Mirar, respirar hondo y dejar que el día se vaya. Intento pensar en qué hice en el día, qué pasó, qué tengo que cambiar.

Cuándo se empieza a poner en sol, va bajando muy despacio. Es difícil darse cuenta de que se movió, pero de pronto desaparece. Oscuridad. El día llego a su fin, y parte de nosotros con él.

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Es difícil ponerle palabras a eso que el atardecer me genera. Para otros será contemplar el mar o mirar al fuego consumirse. No importa lo que sea, pero es algo que nos saca de nosotros y de nuestro barullo de pensamientos. Nos conectan con el mundo circundante y lo que allí pasa. “A veces se me olvida que estamos en un planeta que gira, con ciclos diarios, que empiezan y terminan. Y en mi caso, estamos en Zadar (Croacia). Cerca de cumplir un mes de viaje”. Sonrío, lo miró a L. y le doy un beso en el hombro. ¿Estará pensando en lo mismo que yo?

Estamos sentados en unas escalinatas a orillas del mar Adriático. El sol va bajando, el mate aún está caliente y la gente comienza a llegar. Europeos, japoneses y sudacas. Todos nos vamos acomodando para observar lo que va a suceder. El ambiente obliga al silencio. Al silencio verbal  digamos. Porque cuándo la boca se calla, es la mente la que empieza a correr. El silencio también está obligado por la música.

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Las chicas en primera fila...

Las chicas en primera fila…

Estamos sentados en un “órgano marino”. Debajo nuestro hay nosecuántos tubos de órgano. Con el agua y el viento producen música. Cada oleaje hace que suene distinto. El mar suena, y su música es totalmente armoniosa. Combina con el atardecer.

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A nuestras espaldas la ciudad amurallada. Una más de las tantas ciudades históricas de la costa croata. Blanca, de piedra, demolida en la última guerra y vuelta a reconstruir. Caminar por ahí hace que uno se transporte fácilmente en el tiempo, a la época romana con mercaderes y navegantes. Hoy también hay comerciantes, pero solo con souvenirs para los turistas.

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Volvamos al punto, (es difícil estar aquí y ahora) estoy en Zadar, en Croacia. En 10 minutos el sol desaparece por completo y se encienden uno por uno los planetas del sistema solar que está representado en el suelo. Sólo son unos paneles de energía solar que se encienden de noche pero el efecto es interesante.

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Escalinatas, mate, música y la luz del atardecer que va tiñendo todo de color amarillo azulado. Estoy acá pero a la vez no.

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¿Tienen algo que ver Croacia con India? En el mapa no mucho, pero en ese instante ambas coinciden en mi cabeza. Recuerdo un atardecer en Pushkar. Ghats[1], agua sagrada, música de alguna cítara lejana, mate. Allá éramos varios los que contemplábamos el atardecer, algunos meditaban, otros charlaban y otros intentábamos entender que pasaba alrededor nuestro. Allá la espiritualidad obligaba a detenernos, a vivir el atardecer. Justamente, uno de los mantras más famosos del hinduismo, es recitado en estos dos momentos del día. Una posible traducción podría ser:

Tierra, cielo y paraíso
Ese dios del sol adorable
En su luz de dios medito
Meditando en aquel, nosotros nos entusiasmamos.

Alguna vez dijimos que es casi imposible para nuestra concepción racional materialista abordar una cultura que se levanta recitándole al sol, pero algo hay en nuestras acciones que se parecen. Por más metidos que estemos en nuestros asuntos, la salida y la puesta del sol no pasan desapercibidas.

En Croacia tampoco. Somos poco más de cincuenta personas mirando/mirándonos. Tanto en India como acá, las escenas son similares. Cómo si se tratase de un mismo espejo que va reflejando las distintas realidades que vamos viviendo. El atardecer quizá es eso, sólo un reflejo nuestro.

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El diccionario define al atardecer como la “caída de la tarde”. Cómo ese instante en el cual un astro, en este caso el sol, está por efecto de la rotación de la tierra atravesando el plano del horizonte. Pasando de un plano visible a uno no visible. En ese instante su altura es cero, pasando de positiva a negativa. Eso determina el fin del día. Sólo un instante. Dudo si el atardecer es un fenómeno temporal o espacial. Dudo si se trata sólo de eso…

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[1]Los ghats son las famosas escalinatas de cemento tan comunes en India.

Ellas

Prende un sahumerio, lo pone en la planta de tulsi, toma unas hojas y prepara el té. Todos los días espero este momento. Hace tres semanas que estoy en el mismo lugar, pero no me desespera. Hay veces que a uno lo atrapan los lugares, otras veces la gente, y unas pocas se da esa mágica mezcla de ambas.

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Ella habla mucho, como si el silencio la incomodase. Su inglés es muy fluido. Su rostro es maternal y transmite bondad. Pero es raro ver a una mujer de su edad soltera y sin hijos.

Cada tarde se repite lo mismo, sillas, atardecer, montañas, frío y una tasa de té de tulsi bien caliente. Ella habla y habla, y yo dejo que se exprese. Así está establecida nuestra relación. Siento que a través de ella podemos interpelar una cultura que tiene casi cuatro mil años de historia.

Nos cuenta de sus dioses y sus distintos significados. Sus mitos, sus lenguas y sus creencias. La India es infinitud, en todos los ámbitos de la vida y en todas partes. Abarca a todas las personas, a todas las ideas y sus opuestos. De la manera más natural se mezcla lo terrenal con lo divino, lo místico con lo mundano.

Ella ahondaba en esa forma de pensar milenaria una y otra vez para dejarme sorprendido. Con toda esa telaraña de palabras que tejió, tardé en darme cuenta de que jamás me había hablado de ella. Todo eso era un palabrerío teórico, filosófico y espiritual que sofocaba los pensamientos.

De ella no sabía más que su nombre, Reeta. Sus grandes ojos marrones siempre contrastan con sus coloridos saris. Sus manos pequeñas siempre están cargadas de anillos y pulseras ruidosas. Reeta rié cuando cuenta de su cultura, me enseña palabras en hindí mientras le cuento de la lejana ciudad de Buenos Aires. Ella hablá de la justicia de sus dioses y de sus castigos. Presenta a Shiva, amo y señor del estado de Himachal Pradesh. Un dios relacionado con la destrucción. Ella cuenta que los dioses lo ven todo.  Y cuando uno no hace bien las cosas, realiza malas acciones o tiene malos pensamientos, estos se enojan.

¿Es posible, ya no conocer, si no dimensionar una cultura donde la cantidad de dioses es infinita como así los textos sagrados? ¿Qué se oculta detrás de todo esto? Mis pensamientos se discurrían en la idea de religión como forma de dominación y de cómo muchas situaciones que a nuestros ojos parecen injustas, encuentran su sustento en lo divino.

Pero ella, como si pudiera leer la mente, me dice algo que me saca de contexto, “Para nosotros la persona más importante es siempre la que está al lado”. Me deja pensando. Aquel mundo extraño e inmenso es fascinante pero a la vez es una lección de humildad.

Instantáneamente empecé a pensar en ella y en su vida, que hasta ahora, por increíble que me parezca, era casi desconocida para mi. Cómo si se hubiese ocultado todo este tiempo detrás de esa suave sonrisa y de sus infinitos dioses.

Al cambiar de perspectiva pasé del asombro por la cultura milenaria a recorrer su camino de sufrimiento. Mi mente no paraba de imaginar aquellas lágrimas que derramó una y otra vez cuando todos sus pretendientes la rechazaban. Porque le decían que era fea, porque ella no era alta o porque su familia no tenía plata. Esa familia que venía ahorrando cada centavo para pagar el casamiento y así convencer a la familia del novio. Y ella, derramaba lágrimas por un posible amor no correspondido. Ya no era un sentimiento que le palpitaba en el pecho, sino un sueño y una posibilidad de lo que podía ser una vida al lado de una persona que poco conocía y que sus padres habían seleccionado.

Todas las ilusiones de ella, más todo el esfuerzo y ahorro de los padres se esfumaron. Hoy con más de cuarenta, el casamiento y los hijos pasaron al plano de lo imposible. Se contentaba con sus sobrinos, y con la idea de poder charlar con algún que otro visitante.

Tomé la decisión de seguir viaje, sabiendo que ella se quedaba ahí cargando con su historia condicionada por la realidad en la que nació. Me subí al único colectivo que pasaba. Era pequeño y estaba lleno de gente. Como siempre, al ser distinto a ellos me conviertí en el centro de todas las miradas. Pero a mi, lo que me llamó la atención fue otra cosa: una pareja joven que tenía un hijo en brazos.

El viaje fue incomodo. No sólo porque el bebé no paró de llorar en todo el viaje, sino porque la cara de sus humiildes padres denotaba cansancio, y transmitían angustia. El padre solo miraba con desagrado por la ventana y la madre trataba al pequeño bulto con indiferencia y resignación. Me acordaba de ella y de su “imposibilidad” de armar una familia.

Sentí alivio cuando bajaron y la sinfonía de gritos paró. La mujer que estaba sentada a mi lado fruncio el ceño y miró a los recientes padres con extrañeza. Creí que era por el sonido y la incomodidad de hacer largos trayectos de viaje con un bebe de pocos meses, pero no. Ella me dijo algo así cómo “es pobre, mala vida”.

En el momento no supe entenderlo, pero con el tiempo, y a través de distintas historias, comprendi que probablemente era una niña. Que seguramente tanto la mujer como la joven pareja veía como un problema. ¿Acaso podrían haberle evitarle una vida de sufrimiento? ¿O simplemente la verían como un gasto durante toda su vida? Reeta me había recitado una frase de Tagore que decía “Cada recién nacido nos trae el mensaje de que Dios todavía no pierde la esperanza en los hombres”. Pero parece que los hombres perdieron la esperanza en Dios hace rato.

India me llenó de cachetadas, me cagó a palos. No sólo por la pobreza y la marginalidad, sino también por las cuestiones de género donde las mujeres están condicionadas desde el nacimiento, o incluso antes. Y por eso alguna vez la escuché a ella decir: “Ojalá que en mi próxima vida reencarne en un varón” mientras prende un sahumerio, lo pone en la planta de tulsi, toma unas hojas y prepara el té.

Holi: El festival de color (I)

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Si pensamos en aquellos recuerdos/momentos que han logrado permanecer en nuestra memoria, Holi es uno. Llegamos a India sin saber mucho sobre esta festividad, mejor dicho, llegamos a India sin saber mucho sobre tantas cosas.

Habíamos oído alguna vez hablar de la famosa fiesta de los colores, de su alcance a nivel mundial (si, incluso en Buenos Aires se celebra pero poco tiene que ver con el festival original). Sabíamos que estaba relacionado con la luna, la primavera y el triunfo del bien sobre el mal. Lo que no sabíamos era el alcance real de este festejo: El segundo país más poblado del mundo se paraliza por completo. Para intentar contarles un poco más de que se trata esta celebración, debemos hacerlo por el comienzo: la historia de Holi.

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 La leyenda:

Con la primera luna llena del mes marzo, en India se anuncia la llegada de la primavera. El invierno ha llegado a su fin. Holi (o Joli) es de las celebraciones hinduistas la que mayor envergadura posee. Si bien en India y Nepal es donde más se celebra, la fiesta se ha expandido al resto de Asia y también, del mundo.

Hay varias versiones sobre el origen del festejo, y dependiendo de a quién se le pregunte será una versión distinta.

Hay quienes dicen que Holi hace referencia a Joliká, la malvada hermana del rey Hiranyakashipu y tía del príncipe Prahlada. El rey en cuestión era muy engreído. Considerándose la única deidad a la que su pueblo debía adorar. Pero su hijo, el príncipe Prahlada, decidió seguir adorando a Vishnu (uno de los dioses máximos del hinduismo). Su padre se enojó muchísimo.

Por más castigos y amenazas, nada cambiaba la postura del hijo. Y aquí aparece la malvada tía Joliká. Para ella la única salida posible al enredo familiar era matar al príncipe. Siendo así llevó a Prahlada frente a una gran fogata. Le dijo que si su dios era realmente Vishnu, él se iba a salvar y ella iba a morir quemada. Si el dios supremo era el rey, ella sobreviviría. Lo que no le dijo es que que llevaba un manto ignífugo que la protegía de las llamas.

Al someterse a la hoguera, el manto cambió de dueño y protegió a Prahlada, que vio como su tía moría abrasada por las llamas. El dios Vishnu, aquel al que adoraba el príncipe, apareció justo en ese instante y mató al rey arrogante. De este modo, Holi celebra el triunfo del bien sobre el mal.

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El trunfo se festeja

Hay otra versión que tiene como protagonista el dios Krishna. Krishna se caracteriza por su color de piel azul. De bebé fue envenado por la demonia Putana, quién lo envenenó mediante la leche materna. En su juventud, Krishna se enamora de la bella Radha. Ambos desesperan al comprobar que él es azul y ella blanca como la leche. Su madre, Yashoda , cansada de la desesperación de su hijo, le permite acercarse a Radha y pintar su cara con el color que a él más le guste. El llena su cara de colores, convirtiéndose en pareja en ese preciso acto. Este juego de colores se conmemora en Holi.

Actualmente, Holi viene a ocupar un lugar social muy importante también. Es un día de fiesta y TODOS lo celebran. Desde los más chiquitos a los más ancianos. Ese día no importan ni la casta, ni las deudas, ni las enfermedades. Ese día se celebra la vida, el triunfo del bien. Ese día se pide perdón y se perdona. Ese día uno libera sus errores y aprende de ellos. Ese día comienza la primavera y con ella, un nuevo año.

El festejo:

Como toda celebración hinduista, Holi está cargado de rituales y ceremonias específicas.

Si bien Holi comienza a celebrarse en la salida de la luna llena de marzo, los festejas comienzan unos días antes. En la calle se ven puestos con pistolas de agua y montañas con distintos polvos de colores. Hay dos clases de polvos: los naturales (hechos con flores molidas y muchos más caros) y los artificiales (más baratos pero con la desventaja que una vez que uno se embadurna de polvo todos pasan a ser de color rojizo). En los días previos, los niños ya comienza a jugar con los polvos de colores, y los grandes salen en moto buscando candidatos a pintar. Los templos comienzan a rebosar de gente, los dioses reciben ofrendas y los adultos se encargan de ir recolectando ramas y maderas para prender fuego.

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El puesto con todo lo necesario para celebrar

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Las primeras víctimas

Pero los festejos oficiales solo comienzan la noche previa a Holi. Una vez que la luna salió se prende una gran hoguera que representa el triunfo del joven príncipe ante su padre y su tía Joliká. Joliká se representa con un pañuelo rojo, una mascara o una estatua que se coloca en lo mas alto de la hoguera. Ante el fuego, la gente se agrupa rezando y cantando. Suele haber un brahmán (sacerdote hinduista perteneciente a la casta más alta) que conduce la ceremonia. Los feligreses caminan alrededor del fuego arrojando dulces como ofrendas. También se pone a quemar bosta de vaca seca que sirve para la combustión y como ofrenda sagrada.

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Preparando la ceremonia

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Vueltas y más vueltas

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A medida que el fuego se va consumiendo el ritual va llegando a su fin. La mañana siguiente será el gran festejo.

El sol salió y los polvos de colores ya comienzan a teñir el aire. India se tiñe de fiesta. Los negocios están cerrados, ni funcionan los servicios de transporte. Desde temprano en la mañana los grupos de niños y adultos comienzan a salir a festejar. Cualquier esquina es un buen punto para bombardear al otro con colores y agua. Eso sí, siempre al grito de “Happy Holi”. Si bien el horario de celebración es al mediodía, desde temprano la calle es pura fiesta.

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Dos rioplatenses infiltrados

Holi en India

Las mujeres también participan

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Música en vivo, bailes en la calle y polvos. Desde el más niño al más anciano, todos ríen y juegan por igual y sobre todo, bailan bien pegados.

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Polvos en el aire

Un dato curioso, en ese día está permitido y es de público conocimiento el beber “Bhang” (una bebida preparada con leche y cannabis). Se prepara en grandes cacerolas en la calle y se reparten vasos libremente.

Incluso hay locales de venta al publico

Incluso hay locales de venta al publico

Pasado el mediodía, el festejo va llegando a su fin. La gente vuelve a su casa cubierta de todos los colores del arcoíris.

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Los polvos terminan siendo de un solo color: rojo

En cada estado de India, Holi tiene algunas variantes. Por ejemplo, en Mathura (ciudad dónde nació Krisha), el festejo dura semanas. Allí cerca, en Barsana, las mujeres tienen por costumbre pegar con palos de madera a sus maridos ese día. En la zona de Rajasthan es común, también, que el Maharaji local (antiguo titulo de nobleza pero que hoy se acerca a cierto liderazgo político/espiritual) asista al festejo pero él permanece observando sin participar. Así es que una vez pasado el festejo la única persona que luce un blanco impoluto es él. En los estados del sur, se celebra de una manera muy similar pero rindiendo tributo a las representación religiosas que en sur veneran.

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El maharaji y su séquito

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Hasta acá todo muy lindo pero es pura descripción ¿Gusto a poco?
Acá les contamos como vivimos nosotros Holi, dónde, cómo y qué nos paso. A su vez, les regalamos algunos consejos y datos útiles a tener en cuenta –> HOLI (II): NUESTRA EXPERIENCIA

Holi en India

Sadhus: Los renunciantes hinduistas

Seguramente, más de una vez, habrás visto la imagen de algún hombre barbudo y con rastas que anda semidesnudo caminando por las calles de India. Suelen ir acompañados de su tridente y de una canasta metálica. También habrás notado que llevan la frente (o incluso todo el cuerpo) cubierto de pintura.

Sea en foto, algún video de Discovery Channel o en las mismas calles de Varanasi alguna vez habrás notado la presencia de un Sadhu.

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Para el hinduismo hay cuatro fases de la vida de todo hombre: estudiar (brahmachari), ser padre (grijasta), jubilarse (vanaprastha), y por último la renuncia (saniasi). Esta última es la etapa en la que se encuentran los sadhus, mendigos y vagabundos religiosos. Son personas sagradas que persiguen la iluminación. Desposeídos de casi cualquier pertenencia, se mueven por toda India. Dedican la mayor parte de su tiempo a la meditación y a las prácticas yóguicas.

Pero tal es así que ser sadhu está reconocido por el Estado indio y por toda la sociedad. Son venerados y respetados. La gente se encarga de mantenerlos donándole alimentos y plata. A su vez, el Estado les garantiza la libre peregrinación por el país: pueden viajar en tren gratis.

Nosotros, en un primer momento los veíamos como vagabundos o linyeras. Claro, nuestra mentalidad occidental empañada de materialismo y racionalidad no entendía el concepto de entregarse a la vida espiritual. Tampoco entendíamos porque nos pedían cigarrillos, marihuana o plata desmesuradamente.

Se calcula que hay entre 5 y 10 millones de Sadhus en India. Los mismos tienen como objetivo peregrinar entre las 7 ciudades sagradas del hinduismo. Se los suele encontrar durmiendo en las calles de las grandes ciudades y en zonas naturales como rios y montañas sagradas. Hay varias ramas o agrupaciones dentro de los sadhus. La marca que llevan en su frente indican a que grupo o Dios respetan. Los aghoris forman la rama más extrema siendo famosos por su tributo a la muerte, se dice que son de caníbales. Suelen vivir en las inmediaciónes de los ghats de cremaciones. Se los reconoce por ir cubiertos de cenizas humanas.

Tan sólo un 10% de ellos son mujeres, llamadas sadhvis, quienes se hacen renunciantes después de enviudar, escapando al destierro que supone ser viuda.

Sociedad de Castas en India

India es uno de los países con mayor tasa poblacional (más de 1.200.000.000 de habitantes) y  en pleno S. XXI aún se sigue rigiendo bajo un sistema de organización social bastante particular.

Pushkar - India - Sari

La sociedad hinduista se organiza bajo el sistema de castas. Es decir, una forma de organización tradicional y religiosa que determina a las personas según su condición al momento del nacimiento. Hablar de “castas” supone un concepto rígido, intransferible y estigmatizador para la gran mayoría de la población. Si bien no son políticamente reconocidas (la constitución del país no reconoce el sistema de castas), sí lo son en el ámbito social (sobre todo afuera de las grandes ciudades). Atención, hablar de castas remite a un concepto religioso que hace referencia a la población hindú. Ser hinduista no es sinónimo de indio, es decir, solo refiere a los creyentes de la doctrina religiosa-filosófica. En otro momento hicimos referencias a las múltiples religiones que conviven en India.

La palabra “casta” proviene del sánscrito y se la asocia con la palabra color. Para el hinduismo, hay 4 grandes grupos.

Pero bien, antes de meternos con esta terrible costumbre vayamos de a poco. ¿De dónde proviene el sistema de castas? Sabemos que el hinduismo es una religión tradicional. Está compuesta por más de 30.000.000 dioses y diosas, pero sólo 3 son los principales. Uno fue el dios Brahma, dios de la creación, fue quien dio origen al cosmos. La leyenda cuenta que los seres humanos fueron creados a partir de las diferentes partes del cuerpo del dios creador. Dependiendo de la parte del cuerpo de la que surgieron, será la casta a la que pertenecerán. La casta determina el estrato social: determina con quién casarse, qué trabajos realizar, qué lugares visitar y cómo vivir. Entonces:

  • Los brahmanes (sacerdotes y maestros) son la casta más alta. Se dice que salieron de la boca de Brahma. Son los amos y señores de la sociedad India.
  • Los chatrías (políticos y militares) salieron de los hombros y brazos del dios.
  • Los vaishias (comerciantes, artesanos y campesinos), se formaron de las piernas de Brahma. Es la clase trabajadora.
  • Los shudrás (esclavos y obreros), provienen de sus pies.
  • Y luego, están ellos, los dalit, su categoría es tan pobre que ni siquiera alcanzaron los pies de sus dioses. Solo pueden realizar actividades denigrantes como limpiar excrementos humanos. No pueden verse de día, por eso les dicen, los invisibles. No pueden tocar a nadie de una casta superior, por eso les dicen, los intocables. No son nada, por eso les dicen, los nadies.

De este modo la sociedad estaría socialmente ordenada. Cada quién sabe qué hacer, dónde y cómo. El apellido de una persona da cuenta de su casta y de su actividad. Por que es cierto que hay miles de sub-casta (jatis). Según su apellido un hombre será cocinero, chofer o vendedor de sedas.

Dijimos que las castas son intransferibles, es cierto. Marcan el status. Nadie puede pasarse a una casta superior. Son hereditarias y es lo que marcará la vida y muerte de una persona. La casta determina la profesión, el estudio, las posibilidades socioeconómicas, como así, también su matrimonio. La unión entre personas de distintas castas no está permitida.

Junto a esto existe otro concepto u otra herramienta de dominación: el karma. Es el destino que afronta toda alma al morir el cuerpo. Dependiendo de su comportamiento, una persona reencarnará en una casta superior o inferior. Para poder, en una próxima vida salir de su casta actual y renacer en una superior, tienen que seguir la senda del deber (dharma). Pero si no lo cumplen, la próxima vida serán de una casta inferior, o incluso un animal.

Hay una alternativa al sistema de castas, que no es la muerte, es la renuncia de toda posesión y afectos para dedicarse a la vida religiosa. Las personas que escogen este camino se llaman sadhus.

Pero las cosas en India están cambiando, por los menos en las grandes ciudades. Las nuevas generaciones parecen romper las tradiciones actuales y para algunas personas, hablar de castas, es un concepto retrógrado y obsoleto.

Pero India es inmensa y las grandes ciudades se cuentan con los dedos de las manos. La mayoría de las personas continúan sometidas a esta pretenciosa tradición. Son objeto de dominación y explotación. Ay India, siempre tan contradictoria.

Jodhpur - ciudad azul

 * Adaptación del articulo publicado en Proyecto Kahlo

Nuestros 10 lugares de India – Parte II

Seguimos con la segunda parte de los destinos de India que se quedaron en la retina de nuestros ojos. Tal vez no son los favoritos de la mayoría, o los que reciben más turistas, pero si, son los que de una forma u otra para nosotros no pasaron desapercibidos. Una selección arbitraria y subjetiva.

6. Haridwar y Rishikesh

Haridwar es una de las 7 ciudades sagradas del hinduismo. Sagrada ya que Vishnu (un dios hinduista) bendijo parte del río Ganges y dejó marcada su huella.

A su vez, la ciudad está muy cerca de la naciente de deshielo del rio Ganges.

Uno puede bañarse en el rio, purificar su karma y conectarse con el corazón espiritual de India. Sadhus, puyas al atardecer, ofrendas y cremaciones son moneda corriente.

El ambiente es similar a Varanasi, pero sin esa cuota de turismo masivo que hace de la cultura un negocio.

Haridwar es ciudad vecina de Rishikesh, ciudad que recibió a los Beatles en su momento de mayor apogeo y que hoy es cuna de múltiples escuelas de yoga.

Haridwar

Celebreación en el río Ganges – Haridwar

Les compartimos nuestra visión de la ciudad: Mojando los pies en el Ganges

Y un breve recorrido por el ashram que visitaron los Beatles en Rishikesh: Caminando con los Beatles

Rishikesh - Beatles

La entrada al ashram

7. Sikkim y Darjeeling

Otra región del Himalaya, pero esta vez es esa puntita que se encuentra entre Nepal, China y Bután, bien al norte y al este de India.

Sikkim fue un reino independiente hasta hace unos pocos años. Aún mantiene su propia cultura y sus propias reglas. Cada región es un país distinto dentro de India. Y Sikkim no es la excepción. Senderos de trekking, monasterios budista y el Kachendzonga, la tercer montañana más alta del mundo.

Cerquita de Sikkim, está Darjeeling. Famosa por su té y su famoso tren de juguete, legado de la colonia inglesa. Las plantaciones de té tienen su encanto y sobre todo cuándo las cosechas están en manos de pintorescas y simpáticas señoras.

Un té con vista al Himalaya, vale la pena.

Vistas desde el toy-train - Darjeeling

Vistas desde el toy-train – Darjeeling

Nuestro post acerca de la ciudad de Darjeeling: Reencuentros en Darjeeling

Nuestro post sobre Sikkim: Reino olvidado de Sikkim

Ruinas de la antigua capital de Sikkim, cerca de Pelling

Ruinas de la antigua capital de Sikkim, cerca de Pelling

8. Hampi y Anegundi

Del norte, pasamos al sur de India. Hampi tiene una geografía única y nunca antes vista por nosotros. Arrozales verdes con montañas de piedras apiladas prolijamente. Según dice, esas piedras se le cayeron al dios mono, Hanuman, en un viaje a la isla de Sri Lanka. Otros dicen que los ovnis también tuvieron algo que ver.

Sea como fuere, esas rocas apiladas crean un paisaje único.

A unos 5 km de Hampi, se encuentra Anegundi un pequeño poblado que poco tiene que ver con la turística e israelita Hampi. Puestos de chai, piletones donde lavar ropa y caminos que se trazan a mano a una y otra vera del rio. Templos perdidos y sitios sagrados. Hampi nos fascinó.

Hampi Anegundi

La vista desde una de las tantas montañas de Hampi

Hampi Anegundi

Las calles de Anegundi

 Acá nuestro post: Contando piedras en Hampi

9. Puri

Puri fue la primer playa de India que visitamos. Es un pequeño pueblo de pescadores. Tiene pocas calles asfaltadas y no tiene un centro comercial. La gente suele ser amable (nunca falta el oportunista que algo te quiere vender) y los frutos de mar acompañan cualquier plato. Puri es, también, una de las ciudades de peregrinaje para los hinduistas: el Jagannath Temple es un templo que todo hinduista debe visitar alguna vez en su vida. Nosotros no podemos entrar por ser extranjeros pero podemos verlo desde el edificio de enfrente, una especie de biblioteca donde te cobran precios exagerados para obtener una buena foto del templo en cuestión.

Puri permite descansar de las grandes ciudades de India, leer un buen libro con un mar azul de fondo, cocos y con camellos paseando al lado nuestro.

Les compartimos la crónica de nuestros largos días en Puri: Puri, perspectivas desde la arena

Postal de Puri

Postal de Puri

 10. Pushkar

Pushkar hace de centro energético de la región de Rajasthan. En medio del desierto de Thar, de zona de majarahis, de fuertes y de elefantes pintados a mano. Pushkar da la sensación de recreo en medio de tanto exceso, belleza y riqueza.

Pushkar es una ciudad sagrada para el hinduismo ya que posee un lago creado por el mismísimo dios Brahma. El lago cobra fuerza al atardecer cuándo los ghats se llenan de creyentes y curiosos que se acercan a meditar, cantar, rezar y tomar un rico mate (o chai) en medio de música y energía por doquier. El sol tiñe todo de amarillo y por instantes el tiempo parece congelarse en semejante paraíso

Pushkar también es sagrada para los turistas por poseer los mejores mercados de ropa y souvenirs de india. ¡Así de contradictoria es India!

Nuestro post: Pushkar, ciudad sagrada

Pushkar - India - Lago

Cuando comienza a ponerse el sol en Pushkar

Bonus – Nueva Delhi:

Es la bulliciosa capital de India. No es un destino recomendado. Es agobiante, calurosa, pegajosa y querellante. Nosotros salimos espantados la primera vez que llegamos a Delhi, pero luego volvimos y comenzamos a encontrar su riqueza y su valor en los detalles.

Es una ciudad que para poder apreciarla hay que traspasar esa barrera superficial que Delhi propone, para ver algo más que pobreza, suciedad y hambre.

Delhi es una de las ciudades más grande del mundo, muchos mercados y de todo tipo, infinidad de templos y de religiones. Todo es múltiple. Museos, monumentos históricos y hasta puestos de comida.

Nueva Delhi fue testigo de nuestra llegada y nuestra partida de India 8 meses después, quizá por eso siempre la recordamos con cariño.

Multitud. Todo es multitudinario en India

Multitud. Todo es multitudinario en India

¿Querés leer primera parte de esta selección? Nuestros 10 lugares en India – Parte I

¿Te quedaste con ganas de más? Acá podes ver nuestro itinerario completo de nuestros 8 meses de viaje por India

De Julio Cortázar, acerca de una India

“La primera reacción es de miedo, un pavor físico y mental, la sensación de que se ha cambiado de planeta, de que se está entre seres con los cuales es imposible la menor relación. A ese primer choque, sucede uno muy diferente: la paz, la serenidad, por contagio de la manera de ser de los indios. La primera noche, en Bombay, salimos del hotel después de cenar y nos perdimos por las callejuelas del bazar. Casi de inmediato empezamos a ver a la gente tirada en las aceras, durmiendo, rezando, hablando en voz baja. Cientos, miles de hombres tendidos en plena calle, que es su casa permanente. Enormes ojos que lo miran a uno con una serenidad y una calma perfectas. […] Quisiera hablarle mucho más de los mendigos, de los pobres de Bombay, tirados boca a arriba en las aceras, porque eso es la India más profunda, la raíz del ser indio. Me daría asco hacer literatura de esto, y escribo al correr de la maquina; pero créame, Jean, esa noche me marcó para siempre. Medí lo que tantas veces había leído sobre filosofía india, sin tener de ello más que una conciencia intelectual, que casi no es conciencia. Medí esa superación de lo contingente, de lo bajamente humano, del tiempo y el espacio; en los ojos que me miraban desde el suelo, entendí que esa gente estaba realizada. No en el sentido vedántico, no en las alturas místicas; los pobres no saben nada de eso, son de una superstición y una ignorancia abominables. Pero están realizados en la medida justa de su ser, y eso es lo que nos falta a nosotros, para nuestra desgracia y nuestra grandeza a la vez. Quiero decir que esa gente está perfectamente calzada en su piel, abarcando el máximo de sus posibilidades de vida, y que eso lo ha alcanzado renunciando a toda ambición barata, a toda pérdida de tiempo (lo que nosotros llamamos ganar tiempo, por ejemplo). Sé muy bien que un marxista me acusaría de hipócrita, y diría que cuando esos mendigos de Bombay sepan lo que es una heladera, querrán tenerla igual que cualquier pobre de Montevideo. Si, eso ocurrirá si se occidentalizan. Pero mientras sigan siendo indios, es decir, hombres para quienes la vida es clama, es estar cómodamente sentados o acostados, es trabajar el mínimo para lograr el máximo descanso, y además es comunión continua con lo sagrada (desde el pequeño ídolo grosero que hay en las esquinas hasta la especulación más alta de un gurí), mientras no cambien como actitud central, la heladera no significará absolutamente nada para quienes tienen mucho más que eso.”.

Julio Cortázar

En una carta a Juan Barnabé, 22 de diciembre de 1956

Jodhpur - ciudad azul

SI TE GUSTA JULIO CORTÁZAR Y TE APASIONAN LOS VIAJES, QUIZÁS QUIERAS conocer esta curiosa relación entre Cortázar y Barcelona.