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Itinerario de China: Costa este y grandes ciudades

Llegamos a China, por tierra. Cruzamos desde Mongolia, en un intento de escapar del desierto y de la locura de Ulan Bator. Desde la capital mongola, nos tomamos un tren nocturno a la frontera con China. Ahí comenzó nuestro periplo.

En total estuvimos treinta días. Tuvimos que salir ya que sólo teníamos un mes de visa. Debíamos volver a tramitar una nueva visa para volver a entrar. Pero esa es la historia de nuestro segundo viaje.

itinerario i (22/10/2015 – 20/11/2015):

Costa este y grandes ciudades de China: desde Datong hasta Hong Kong.

Datong – Provincia de Mongolia Interior

Fue nuestra puerta de entrada y nos sirvió como primer pantallazo de China. Dicen que las primeras impresiones nunca fallan y está no fue la excepción. Datong, al igual que el resto de China, es una ciudad en constante construcción. Si bien fue una de las más antiguas, todo el casco histórico fue reemplazado por nuevos edificios que simulan parecerse a los anteriores, incluso las murallas son totalmente nuevas.

Además de los parques y el barrio musulmán, el mayor atractivo de Datong está en los alrededores. A unos 65 kilómetros se puede un visitar un monasterio colgante (literalmente, colgando de la montaña) y, también, un sistema de cuevas con grabados budistas. Lo más práctico es tomar un taxi y recorrer los alrededores, eso sí… los precios de las entradas no son muy accesibles.

Nosotros estuvimos dos noches y los alojamos en Datong Youth Hostel.

Nuestra crónica: Datong, primeras impresiones.

Beijing

Los favoritismo nunca son buenos, pero tenemos que reconocer que Beijing fue nuestra ciudad favorita. Si claro, es una ciudad enorme, con decenas de barrios, con una nube tóxica encima, donde nunca se ve el sol ni donde es fácil ubicarse pero Beijing tiene algo. No sabemos si por ser la capital del país más superpoblado del mundo o por el lugar en el imaginario colectivo que Pekín ocupa, pero Beijing tiene ese atractivo que te invita a salir a caminar. O, al menos, para nosotros.

Es una ciudad donde hay mucho para hacer y ver (la ciudad prohibida es sólo una de las tantas paradas). A pesar de la extensión, se recorre bastante fácilmente, sobre todo por la buena planificación del metro. Aunque entre tanta gente, carteles y caracteres chinos es muy fácil perderse.

Más allá de los templos y museos, nuestra actividad favorita fue caminar a la mañana por los Hutones (calles estrechas, que sobreviven a los rascacielos) y contemplar la cotidianeidad china.

En Beijing estuvimos una semana y nos alojamos en Beijing Heyuan International Youth Hostel.

Nuestra crónica: Perdidos en Beijing

Muralla China

La Gran Muralla China merece un apartado especial. Con un largo supuesto de 8.000 kilómetros, la muralla cruza China de este a oeste. Si bien es una de las maravillas del mundo moderno y la única construcción humana que supuestamente se puede ver desde el espacio, la Muralla China es un ejemplo de intolerancia y de guerras entre pueblos vecinos.

Se puede visitar distintos sectores de la Muralla, la mayoría de los tramos restaurados se encuentran cerca de Beijing. Nosotros, por el contrario, decimos hacer algo atípico. Hicimos lo que no se debía. Subimos a la Gran Muralla China por una parte no reconstruida. No queríamos ver la parte nueva, repleta de chinos en masas. Queríamos ver la muralla originaria, de la que sólo quedan piedras apiladas y torres de vigilancia abandonadas y venidas a menos. Para eso tuvimos que escalar por más de cinco horas. Llegamos arriba cuando el atardecer ya estaba ocurriendo. Pasamos la noche, muertos de frío en una torre a medio desmoronar. La luna llena iluminó las montañas y la infinita muralla, durante toda la noche. El amanecer nos encontró despiertos, contemplando y disfrutando del privilegio que teníamos. Además, no habíamos podido dormir nada por culpa del viento, los ruidos y el miedo de que alguien nos descubra.

Nuestra crónica: Conquistar la muralla China

Pingyao – Provincia de Shanxi

Pingyao es el típico pueblito chino que todos imaginamos. Calles de adoquín, casas grises con techos de teja a dos aguas y dragones en las molduras. Murallas que rodean la ciudad, templos budistas y torres desde las cuales se puede contemplar el atardecer. Si, Pingyao es así pero… a la romántica descripción hay que sumarle los puestos de souvenirs, las chinas disfrazadas de princesas para la foto y el completo caos que rodea la parte antigua de la ciudad.

Nosotros estuvimos dos noches y nos alojamos en una casa de familia. Alquilaban una de las habitaciones dobles a 45 yuanes la noche.

Nuestra crónica: Las ciudades de Pingyao

Xi’an – Provincia de Shaanxi

Xi’an es una de las ciudades más antiguas de China y su fama se debe a La Ruta de la Seda. Era una de las ciudades dónde más se comercializaba y gracias a aquel intercambio hoy es una ciudad con muchísima diversidad cultural: chinos, musulmanes, musulmanes chinos, descendientes de Asia Central y algún que otro argentino.

Entre las murallas de la ciudad, museos, mezquitas, pagodas y los guerreros de terracotas volvimos a estar un poco “como en casa”.

En Xi’an nos reencontramos con un amigo que está viviendo allá y de esos días en su casa salió está crónica: Los condimentos de Xi’an

Zhengzhóu – Provincia de Henan

Desde Xi’an fuimos a Shanghái. En total fueron 1.400 kilómetros y lo hicimos a dedo (autostop). Zhengzhou fue una de las paradas intermedias. Lo bueno fue que gracias a Couchsurfing conocimos a un español que trabaja ahí como profesor de español. Además de conocer la universidad nos sirvió para entender aún más el curioso y estresante sistema de educación chino.

Xuzhóu – Provincia de Jiangsu

Al igual que con Zhengzhóu, Xuzhóu fue otra parada en el largo camino a Shanghái. Aquí también utilizamos couchsurfing. Así conocimos a Dintra, un chino con un celular más grande que la palma de su mano y del cual nunca pudo separar su vista.

Lo más interesante de Xuzhóu, fue salir a comer con Dintra. Nos desfiló por todo tipo de restaurant dónde servían los platos más exóticos. Entre ellos, tortugas con caparazón. Con mucha impresión, nosotros nos pedimos un arroz con verduritas.

Shanghái

Llegamos a Shanghái y de pronto todo cambio. Los chinos dejaron de eructar para pasar a ser gurúes metrosexuales de la moda: Hombres y mujeres por igual. Shanghái es un laberinto de shoppings y casas de diseño. Es una ciudad con encanto, donde barcitos y cafés compiten entre sí y a nosotros nos recordó mucho al barrio de Palermo, en Buenos Aires.

Caminar por el Bond y esperar que la ciudad se ilumine fue parte del ritual que repetimos durante nuestros tres días.

Durante esas noches hicimos Shanghái y de aquel encuentro salió esta crónica: La guía equivocada de Shanghái

Hangzhóu – Provincia de Zheijinag

Muchos visitan Hangzhóu por el día y vuelven a Shanghái. Para nosotros, merecía un poco más de tiempo. Y, quizá, le erramos. La ciudad es famosa por la cantidad de parques, lagos y templos que tiene, todo con un estilo bien oriental.

El problema es que los chinos también se enteraron de eso y la ciudad está totalmente masificada.

Estuvimos dos noches y nos alojamos con una china que estudió español. El encuentro nos vino bien a los tres para practicar un poco el idioma.

Xiamen – Provincia de Fujian

Xiamen es una isla separada por unos pocos kilómetros de la China continental. No es Hong Kong ni Shanghái pero se nota que es una ciudad portuaria que está creciendo al ritmo chino (y eso es muy rápido).

Si bien no tiene ningún atractivo especial y la playa no es para nadar, Xiamen tiene cierto encanto. Caminar por la costanera y contemplar el atardecer desde los templos que están subiendo las montañas fueron nuestras actividades favoritas, pero la mayor riqueza está en la cantidad de personas de todas partes del mundo que ahí viven y/o estudian. Tanto intercambio hizo que diéramos con un puestito de empanas argentina en el mercado nocturno.

Shenzhen – Provincia de Guangdong

Dicen que es una de las ciudades más pobladas de China, puede ser. Su ubicación es estratégica. Está a sólo un subte de distancia de Hong Kong. Si, un subte.

La frontera entre Shenzhen y Hong Kong la cruzamos en metro, haciendo migraciones en las estaciones intermedias.

Shenzhen fue la última parada de nuestro primer viaje a China. Estuvimos sólo una noche en la casa de una chica de Couchsurfing y al día siguiente dejamos China.

Hong – Kong

Si bien Hong-Kong es una republica administrativa independiente de China, muchos son los lazos que la unen al gigante asiático. Aunque, una de las mayores diferencias es el idioma. En Hong-Kong no se habla chino mandarín, sino cantonés.

Nosotros estuvimos una semana y podemos decir que fue de las semanas más caras de nuestras vidas. En cierto punto, Hong Kong es un lugar donde es imposible aburrirse siempre y cuando te encante pasear entre rascacielos y shoppings. Lo bueno es, que al ser una isla y tener salida al mar, se puede ir en barco a islas cercanas mucho más tranquilas. Nosotros disfrutamos de varios trekkings en las montañas y de, incluso, un baño en el mar.

Nuestra crónica: Hong Kong y su armonía

Conclusiones de nuestro primer viaje a China

Vamos a ser sinceros, salimos muy contentos de China. No por el viaje, sino por el hecho de dejar el país. Fue un viaje de un mes dónde pasamos más tiempo arriba de los colectivos urbanos cruzando grandes ciudades y dónde prácticamente, y por culpa de la polución, no vimos ni el sol.

Recorrer tanta ciudades en tan poco tiempo nos dejó agotados. Y los chinos, con su poca implicación con el mundo y su egoísmo de hijos únicos, tampoco ayudaron.

Dejamos China dudando sin volver o no. Aún nos faltaba ver el sur y el oeste. Lo más autentico y lo menos chinos. No tomo varios meses definir que hacer.

Segunda vuelta

Finalmente, tras una temporada de cuatro meses en India, un regreso a Tailandia y una visita a Bangladesh y Camboya decidimos volver a China. Nos prometimos esquivar grandes ciudades y perdernos en los pueblitos tibetanos del oeste del país.

En está crónica van a poder leer las razones del regreso: Volver a China

También, les compartimos el Itinerario de nuestro segundo viaje a China (03/05/2016 – 01/06/2016) dónde visitamos el sur y oeste del país.

Hong Kong y su armonía

Llegamos a Hong Kong. Por primera vez cruzamos una frontera en subterráneo. Lo hicimos en barco, en avión, en autobuses sucios y llenos de gallinas, lo hicimos a dedo, pero nunca en subte, ni nunca por debajo de la tierra.

Veníamos de China y nuestra visa vencía ese mismo día. Teníamos que dejar el país sí o sí. El viaje en subte fue largo, poco más de dos horas. Del lado chino pagamos cincuenta centavos de dólar y del lado hongkonés casi cinco dólares por la misma distancia. La primera diferencia que sentimos entre ambas regiones (dudamos si hablar de países) fue económica. En Hong Kong todo era diez veces más caro.

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Sabíamos que el autobús era mucho más barato que el metro, y casi tan eficiente como estos. Decidimos completar el viaje en bondi. Lo difícil era encontrar la parada. Por suerte, ahora podíamos volver usar internet sin restricciones. Dimos con el número de colectivo pero no con el lugar exacto donde paraba. Vemos un occidental en la vereda de enfrente y decidimos cruzar a preguntarle. Mientras esperamos que corte el semáforo notamos que no es el único. Está lleno de occidentales e incluso los hongkoneses no parecen tan asiáticos. El suelo tampoco está lleno de escupidas. Apuntamos al gringo que ya teníamos fichado. La costumbre de que en China nadie hablaba inglés nos seguía acompañando, por eso ni consideramos preguntarle a otra persona.

Le preguntamos por el 60X que va a Kowloon. Su respuesta fue desconcertante. En su mano derecha tenia cuatro tiritas de papel, en la izquierda sólo dos. Su vista estaba perdida en la televisión que estaba colgada dentro del local.

– “Si gana Fortuna, los invitó a tomar una cerveza sino, los acompaño a la parada. Es acá a la vuelta. Los argentinos traen suerte” agregó.

Fortuna salió segundo, pero la cerveza la fuimos a tomar igual. Así lo conocimos a Robin. Tiene poco más de 50 años pero con mucha juventud en su existir. Nació en Hong Kong, en la época en que la isla era concesión inglesa. Lo dice con orgullo. Él nació en Reino Unido.

Su madre, una mujer de muy pocos recursos económicos, vino en barco desde Londres. No especificó como llegó pero dio a entender que ganó el pasaje atendiendo a los marineros durante el trayecto en alta mar. En Honk Kong conoció a un viejo chino. Una suerte de cafishio (proxeneta) que trabajaba con jóvenes chinas exiliadas con fines sexuales. Una de las tantas paradojas del Ejercito Popular chino durante la Revolución Cultural: mientras torturaban a los intelectuales abrían prostíbulos en la zona libre de Hong Kong. Según Robin, su madre nunca ejerció como prostituta allí. Se dedicó a ser la señora del dueño del boliche, es decir, de su padre. Los tres vivían en Kowloon, en la isla barata. El estudió en un colegio inglés y confesó no saber hablar en cantonés. Nunca le interesó aprenderlo.

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Fuma y toma a más no poder. Nosotros vamos por la segunda cerveza y él ya se pasó al whisky con hielo. Le preguntamos si se siente más inglés o cantonés. Con su ingles británico nos dice que no se siente parte de nada.

– “All is the same shit” (“Todo es la misma mierda”)

–  ¿Y tú mamá no quiso irse cuándo fue la cesión?

Reino Unido acuerda, en 1997, ceder el territorio de Hong Kong a China siempre y cuando mantenga el libre comercio entre otros privilegios. Comenta que en Inglaterra no tiene nada, ni familia ni amigos. Su madre ya estaba grande para emprender la vuelta y poco les importa la Unión Europea. Así fue que pasaron a ser hongkoneses. Además, con los caballos tenía con que entretenerse.

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El sol comenzó a ponerse mientras la charla transcurría y nosotros teníamos que llegar a destino, desconociendo que la charla con Robín podía ser un destino en sí mismo. Le propusimos caminar un poco. Entre el subte y el bar, queríamos estirar un poco las piernas.

Recién ahí veíamos por primera vez la ciudad. Es cierto, los edificios de Shanghai son ínfimos con los que veíamos en Victoria Harbour. Detrás de los edificios, las montañas verdes y frondosas. Ocupan el 70% de Hong Kong.

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Entre la arboleda de las montañas hay casas. Según Robin pueden llegar a costar 15.000 dólares el alquiler mensual. Hong Kong es de las ciudades más caras para vivir. Entre los picos de las montañas, hay uno que se destaca: Victoria Peak. Nos prometimos subir al día siguiente para contemplar la ciudad desde lo alto.

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Caminamos los tres entre rascacielos y centros comerciales. Todo está orientado al consumo. Incluso, una pasadizo para cruzar la calle puede llevarlo a uno a un shopping sin siquiera preguntar o advertir previamente. Todo induce a comprar y todos lo hacen.

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Nos llama la atención la cantidad de mujeres que vemos comiendo sobre cartones y lonas en la entrada de los centros comerciales. Robin nos explica que son empleadas domésticas, que los domingos es su día libre y que lo vienen a pasar acá. No sabemos si el día libre es un favor que sus empleadores les hacen a ella o es la excusa para no tener que cruzarse con sus empleados el día que ellos están en la casa. La mayoría de ellas son de Indonesia, Filipinas o Vietnam. Dejaron a sus hijos en sus países para venir a cuidar a los hijos de otros. Viajan a sus país una vez por año. Le preguntamos si vuelven a dormir y nos dijo que muchas se reincorporan el lunes a la mañana. De sus sueldos no ven nada, los mandan íntegros a sus países. Pasan la noche en la calle mientras dentro de los centros comerciales las carteras y los relojes se venden a 10.000 dólares.

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Al lado, una tienda Apple. Hay una larga fila y es para comprar el nuevo Iphone 6. Igualmente, son los rezagados. El nuevo modelo fue lanzado 3 semanas atrás. Le preguntamos si este contraste no le parece injusto.

– “Esto es armonía” dijo y sonrió.

Hong Kong está dispuesta según las leyes del feng shui, nos explica. Cada edificio, cada ventana, cada planta. Todo fue consultado previamente con especialista en dicha materia. Hong Kong tiene una disposición especial y eso es lo que hace que prospere tan bien. Nos cuenta que durante mucho tiempo se consideraron a las montañas como dragones dormidos. Kowloon, incluso, significa nueve dragones. Por su ubicación, Hong Kong vendría a ser la panza del dragón, su huevo.

– “Es una región custodiada por dragones. Allá está el centro, el corazón” – dice mientras señala adelante.

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Incluso, siguiendo su explicación del feng shui, nos sugiere que siempre dejemos baja la tapa del inodoro ya que por ahí se puede escapar el chi (la energía).

Robín mirá su reloj. Faltan 45 minutos para las carreras y en media hora cierran las taquillas de apuestas. Nos despedimos rápidamente. Él aprovecha para ir a Happy Valley para verlas en directo. No estamos tan lejos.

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Decidimos seguir para poder llegar a destino finalmente. Optamos por tomar el tranvía, caminar en la ciudad con las mochilas es de lo más agotador. Nos quedamos pensando en la armonía. ¿Qué tiene de armonioso 100 mujeres durmiendo en la calle porque no disponen de sus sueldos?

Como si alguien nos leyera la mente vemos venir hacia nosotros a un linyera. No es el primero que vemos pero tiene algo que nos llama la atención.

No pide monedas con las manos, o con un sombrero ni con una lata. Pide monedas con la reluciente caja de una Macbook Pro. Una laptop que vale poco más de 2.000 dólares. Seguramente sacó la caja de algún basurero y le encontró una mejor utilidad.

Armonía. Eso dijo Robín. Quizá la armonía está en la vida abundante de algunos a costa de la injusta de otros. A fin de cuentas puede ser, porque en Hong Kong nadie parece notar el desequilibrio del chi.

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