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Encuentro en Buenos Aires

“En más de alguna ocasión,
quisiera hacerme perdiz,
para ver de ser feliz,
en algún pago lejano.
Pero a la verdad, paisano,
¡me gusta el aire de aquí!”
A. Yupanqui

Buenos Aires - 1

Se baja del subte y lo llama. Hace mucho que no se “encuentran”, que no se buscan, ni se llaman, ni se nombran. Él le indica el camino que debe tomar. Con Plaza de Mayo a su espalda y el Cabildo en frente, camina a la izquierda (¿o era a la derecha? Ante la duda pregunta donde está la Av. Corrientes). Cruza casi corriendo, semáforos, muchas personas, todos apurados. Luego, dobla en la peatonal Florida. Los mismos oportunistas de siempre, los “arbolitos”, turistas. Camina despacio buscándolo. Ni las vidrieras, ni los artistas callejeros, ni nada le sorprende. Una manifestación, música, pizza, cualquier detalle que a un viajero le llamaria la atención, hoy pasa desapercibido.

Segundo llamado, Florida los debía interceptar. Ambos estaban en la misma esquina, sin verse. Quizá la diferencia de altura, buscan en distintos planos. Quizá no se reconocieron, quizá la ropa, quizá el pelo.

Se abrazaron, hace mucho que no pasaba; y eso que duermen juntos todas las noches. Él la invita a comer. Le muestra los lugares que frecuenta, una librería, un almacén, una cantina. Se dicen “Nos vemos a la noche”, mirando el reloj, contando las horas que faltan…

Llevamos días, semanas, por no decir meses en Buenos Aires. Nuestros cuerpos están acá. Madrugan, desayunan, van a trabajar, a la facultad, algún que otro curso, aprender, cenar, amigos, mates. La rutina nos encontró antes que nosotros a ella. No avisó, no preguntó, simplemente se impuso. Le abrimos la puerta, y la dejamos pasar. ¿Acaso queríamos quietud?

Todo eso que extrañábamos de Buenos Aires ahora es nuestra cotidianeidad. Y extrañamos eso que antes nos era común. Levantarse, agarrar la cámara, desayunar por ahí, caminar por allá y dormir donde la suerte decida. Hace exactamente 72 días que volvimos, y la cámara de fotos sigue estando en el mismo estante, juntando polvo, guardando historias.

Es difícil tener el cuerpo y la mente en sintonia, eso no es novedad. Es difícil “estar” donde estamos, encontrarnos en esa realidad que antes nos era tan nuestra y ahora es tan de otros. Conversaciónes, preocupaciones, intereses, puntos de desencuentro con casi-todo. Buenos Aires es inmensamente cómoda, pero no termina de acomodarnos (o nosotros a ella).

Términos como “depresión post-viaje”, esa etiqueta que se ponen quienes están en la búsqueda del que hacer tras un largo viaje, nos parece ridículo y obsoleto, tanto como generalizar algo que es tan propio y subjetivo. Cómo rotular psicopatológicamente un momento de transición, de cambio, de adaptación. Pero … ¿Y si lo estamos sufriendo? ¿Será por eso que nunca terminamos de llegar?

Casi como reza Spinetta (“Aunque me fuercen yo nunca voy a decir, que todo tiempo por pasado fue mejor, mañana es mejor”), intentamos convencernos de que estamos donde queremos estar. Ingenuamente, nos recordamos que elegimos volver. ¿Tan difícil es ser contemporáneo a uno mismo? ¿Tan difícil es habitar el presente sin perderse en una infinidad de tiempos verbales?

No se reconocieron fácilmente. Es más, se miraron pero no se vieron. ¿A quién esperaba encontrar? A quién se fue o a quién volvió. Quizá la vio como la primera vez que la invito a cenar, quizá lo vio como cuando la esperaba a la salida del colegio. Quizá pensó que estaba en Bolivia, o en Perú, quizá se confundió con los días de frio en Nueva York. Quizá la busco debajo de una mochila o detrás de una cámara de fotos. O en el desierto, o en la nieve, o en la playa. Quizá lo busco en esa conversación, en esa palabra que dijo la otra vez. Se olvido que, como dice Galeano, somos acumulo de historias. Historias que nos forman y nos destrozan. Que nos mezclan y nos cambia. “Impermanencia” les dijo un lama en Nepal.

Y en una esquina de microcentro, en un mediodía de sol de invierno de Junio, se abrazarón. Se conocieron. Se encontraron. Se dieron cuenta que hace 72 días que estaban buscando a alguien imposible, a alguien inventado, a alguien muerto, a alguien vivo y olvidado. Ilusos ellos que suponían que todo iba a ser igual.
Un mediodía de invierno, llegarón a Buenos Aires contentos de estar acá.

Buenos Aires - 1-3

Guía de viaje, datos y consejos para viajar a Sri Lanka

Última actualización 04/06/2014

Aclaraciones

  • La información recogida aquí corresponde a nuestra visita al país en Enero del 2014.
  • Todos los datos están basados en nuestra propia experiencia. De este modo, los precios son los que nosotros pagamos, y las experiencias, las que nosotros mismos realizamos.
  • Esperamos que cumpla su objetivo: serle útil a futuros viajeros.

Cualquier duda, pregunta o comentario, no duden en hacerlo llegar.
¡Buen viaje, y disfruten de Sri Lanka!

Animarse

Un viaje comienza cuándo a uno se le cruza por la mente la simple idea de realizarlo. Y quizá ese es el momento más difícil del viaje: Animarse. Cruzar la barrera de los prejuicios y los miedos y tomar coraje para salir a conocer el mundo. El comienzo y fin de un viaje no se corresponde con la temporalidad de subir y bajar del avión; el viaje nos va a acompañar. Pasará a formar parte de nosotros, y nosotros ya no seremos los mismos.
No miremos la realidad desde la comodidad de nuestro sillón, salgamos a conocerla y transformarla. El mundo no es un lugar tan peligroso como mucha gente nos quiere hacer creer. Más bien todo lo contrario; es hospitalario y amigable.

Acerca de Sri Lanka

Conocida como Ceylán, hasta 1972. También apodada como la “lágrima de la India”, por su forma y ubicación geográfica, esta isla es un paraíso a descubrir. No solo por su geografía, sus animales, sus playas y plantaciones de té, sino por su gente. Es uno de los países donde nos sentimos mejor recibidos. No por nada, le dicen el país de las sonrisas.
Tampoco es de casualidad que sea llamada por Marco Polo como “La isla más linda del mundo” en el siglo XIII. Porque a pesar de ser una pequeña isla alberga en su interior una belleza que todavía está por descubrirse. Es un paraíso inexplotado, que el sector del turismo postergó por 30 años de una guerra civil y un tsunami que devastó las playas de la isla en el 2004. Hoy, todavía, es un lugar casi inexplorado que ofrece un sin fin de actividades: pasear por playas paradisíacas, visitar ruinas y templos milenarios, adentrarte en el budismo y en la meditación, visitar parques nacionales llenos de elefantes o salir al océano a mirar ballenas, surfear con olas gigantes, caminar por plantaciones de té, hacer un peregrinaje al punto más alto de la isla y viajar en tren con vistas increíbles al mar o a las montañas. Todo esto rodeado de gente muy hospitalaria y comida sabrosa. El país es muy fácil de recorrer, las distancias son cortas y los precios son baratos. Consejo: ¡Apurense a visitarla!

Visa

La visa de 30 días se obtiene, previamenete, de manera online o, en el momento (on-arrival).
Nosotros la tramitamos online. Es decir, ingresando a: www.eta.gov.lk
Completamos el formulario y pagamos $35 USD con tarjeta de crédito (Visa, Mastercad o Amex). Luego, la confirmación del visado llega por correo electrónico. Podes imprimirlo o no, al estar confirmado ya queda registrado en migraciones. Nosotros no lo imprimos, solo presentamos el pasaporte.
Requisito: Pasaporte con una validez mínima de 6 meses.
Extensión de visado: Dentro del país es posible extender el visado por 30, 60 o 90 días más. Es necesario acercarse a la oficina de migraciones ubicada en Colombo.

Vacunas y otros medicamentos

Nosotros nos acercamos al Hospital Muniz (C.A.B.A.), al servicio de medicina al viajero. La cita es con turno previo (Uspallata 2272, Parque Patricios, C.A.B.A. Tel: 4304-8794) Allí contamos nuestro itinerario, tiempo de viaje y completamos una pequeña historia clínica, en base a eso nos recomendaron que vacunas y medicación era necesaria. En nuestro caso:

  • Polio (refuerzo)
  • Hepatitis A y B (refuerzo)
  • Antitetánica (refuerzo)
  • Rubeola
  • Rabia

También nos dieron consejos en relación a la alimentación y elementos necesarios para llevar el botiquín.

Moneda

La moneda es la Rupia de Sri Lanka (LKR). El valor de los billetes es de 5, 10, 20, 50, 100, 500 y 1.000 y todos los billetes cuentan con imágenes de animales de la región. También hay monedas de menor valor.
Aquí van algunas conversiones para tener una idea (al 10/06/2014):
La relación rupia-dólar es de 1 USD → 130 LKR.

La relación rupia-euro es de 1 EUR → 178 LKR.

Para ver la cotización actual xe.com

Es importante que pienses como manejar las finanzas. Hay varias opciones:

  • Llevar cheques viajeros. En todas las ciudades importantes hay casa que te los aceptan. El tipo de cambio es apenas un poco más bajo.
  • Llevar efectivo. Lo más fácil de cambiar es dólares o euros
  •  Sacar dinero vía cajeros automáticos. Cajeros hay por todos lados. Pero tengan en cuenta que la mayoría de los lugares no aceptan tarjeta de crédito.

Para nosotros lo más cómodo y simple fue ir sacando plata de cajeros automáticos a medida que el viaje va avanzando. En la mayoría de las ciudades y pueblos encontrarás uno y podes obtener rupias con tu tarjeta de crédito o débito. Esta opción fue la más segura y barata para nosotros. El inconveniente es que necesitas una cuenta bancaria o al menos una tarjeta a tu nombre.

El caso de Argentina es particular. Como la compra de divisas extranjeras no es sencilla nosotros sacamos adelantos con la tarjeta de crédito. Los cajeros nos daban directamente rupias y pagábamos en la moneda argentina. Terminábamos pagando al dólar oficial + 35% AFIP + 3% interés mensual. Sigue siendo más barato y seguro que salir a buscar en el mercado paralelo. Los que pagan bienes personales o impuesto a las ganancias pueden deducir ese 35% de ahí.

En el caso de querer sacar adelantos con las tarjetas de crédito, primero hay que llamar a la tarjeta emisora para generarle el pin (la clave). Con eso ya se puede extraer. También te conviene hablar con el banco para ampliar el límite de adelantos, de esta forma se puede sacar más plata. Actualmente existe una dispocisión en Argentina que el monto máximo que se puede sacar por mes es USD 800.

Si optan por la tarjeta de crédito o débito, recuerden tener siempre una reserva de dinero en efectivo.

Idioma

Los idiomas oficiales de Sri Lanka son el Cingalés y el Tamil. Nos sorprendio la cantidad de personas que hablaban en inglés, sobre todo en las zonas turísticas.
Es recomendable y agradable aprender algunas palabras en Cingalés o Tamil, según la región. El inglés fue impuesto y es heredado de la colonización inglesa que sufrió Sri Lanka.

Clima

El clima en la isla varia según la época del año y la zona que estes visitando. Es decir, hay dos monzones (época de lluvias y vientos) con fechas muy diferenciadas entre si. A decir:

Diciembre a Marzo: El monzón esta en el Norte y Este de la isla. Es la temporada alta para visitar el centro y sur, por ende es la temporada más turística.

Mayo a Septiembre: El mozón atacá al Oeste y Sur de la isla. Es la temporada baja, hace muchísimo calor y solo se puede visitar en centro y noreste de la isla.

Comidas

La gastronomía no es el fuerte principal de Sri Lanka. Es sabrosa, es picante, tiene una cercanía a la comida india, pero no es algo único e increíble.
El , legado ingles, está a la orden del día. Lo mismo la leche de coco. Se usa en muchísimas preparaciones; El curry podría llegar a ser la más representativa. Siempre con arroz el curry se sirve acompañado de varias salsas distintas para combinar, algunas más picantes que otras.
Un plato clásico y sabroso es el Kottú. Una suerte te revueltos de vegetales, huevo o pollo con trosos de masa (rotti) picados.
Las frutas están a la orden del día. El ananá más sabroso que comimos, fue en Sri Lanka.

Transporte

Para trasladarse, lo mejor sin dudas es el tren o el autobus. El transporte público es barato, cómodo, dentro de todo eficiente y escenario de grandes charlas con personajes locales.
El mejor legado de los ingleses es, sin duda, el tren. Podés conectar toda la isla en tren, andar a la par que el mar y las ballenas, y hasta cruzar plantaciones de té. Hay dos grandes clases: Asientos reservados y asientos sin reservar. Dentro del primer grupo, según el trayecto que realices, tenes 1ª, 2ª y 3ª clase. Varian los precios y las comodidades. Nosotros siempre viajamos sin reservas, es decir: comprando el boleto de tren en el día e intentando llegar pronto para conseguir asiento.
En autobús también se puede recorrer toda la isla. Las distancias son cortas, en general. Los coelctivo son locales (nada de aire acondicionado, baño ni ascientos reclinables). Los boletos se sacan el momento, lo mismo que la reserva de ascientos. La única contra es que no todos los colectivos van a todos los destinos, por ende, muchas veces hay que hacer más de una combinación para llegar.
En ambos casos, el equipaje suele viajar con nosotros. Podemos ponerlo sobre o debajo del asiento.

Sri Lanka

Vistas desde el tren

Tangalle - Sri Lanka

Tren en paralelo a la costa

Bus local

Bus local

Itinerario

Les compartimos nuestro itinerario de tres semanas en la isla: Itinerario Sri Lanka

Conexión a internet

En la gran mayoría de las ciudades (grandes y pequeñas) hay conexión a internet. Pero cuanto más lejos de los centros turísticos se vuelve un poco más difícil.

Si bien en la mayoría de los lugares hay, no suele ser muy rápida. Y muchas veces, se cae, o se corta la luz.

Muchos alojamientos, restaurant tiene conexión WiFi. Pero que no te sorprenda si alguno lo quieran cobrar aparte. También hay varios cibercafé, donde el valor de la hora está entre 20 y 40 rupias.

Para realizar llamadas telefónicas es la misma suerte. La llama a Argentina cuesta 10 Rs el minuto. Lo más barato para nosotros fue usar Skype.

Seguridad

Sri Lanka es un país seguro, pero tampoco para confiarnos de más. Toma las precauciones necesarias, cerrá bien tu habitación y mantené las pertenencias de valor siempre cerca de tuyo. A nosotros nunca nos pasó nada, pero nos contaron varias historias desafortunadas.

Para las mujeres solas también es un lugar seguro para viajar. Muchas se animan y lo hacen. Repetimos lo mismo, Sri Lanka es seguro pero tampoco nos abusemos. Hay que tomar las mismas precauciones que tomamos en cualquier otro lado.

Regateo

No es común que te roben, asalten o te ataquen, lo que sí es común es que te timen. Con todo y todo el tiempo. Es algo que agota y enoja. Por lo cual está atento a que pagás y que comprás. Compará y peleá precios. Ragateá TODO. Las excursiones, los alojamientos y sobre todos los viajes en taxi y rickshaw son los que más inflan los precios. Pero hay que tomarlo con calma, y entender que si te enojás salís perdiendo vos.

Presupuesto

Un viaje puede ser tan caro y tan barato como uno de desee y planee. En nuestro caso viajamos de un modo económico, al mejor estilo mochilero.

No realizamos excursiones pagas (nos las ingeniamos para realizarlas nosotros mismos). Solemos optar por transporte público antes que tomar taxi o jeep privado. Solemos viajar lento y de manera pausada. Cuando más rápido uno quiere viajar y más destino en menos tiempo se encarece mucho más el presupuesto. Y solemos informarnos bastante sobre precios, distancias, medios de transporte y cualquier otra variable que intervenga.

Nuestro presupuesto en Sri Lanka es de un promedio de 2.500 rupias diarias. Incluye alojamiento (baño privado), comida y transportes. Lo que da unos 20 dólares por día. Algo así como 600 dólares al mes, los dos.

Este presupuesto se descompone en 3 cosas básicas. Comer, dormir y viajar:

La comida es muy barata en Sri Lanka. Por cada almuerzo o cena gastamos entre uno y dos dólares cada uno. Entre 130 y 250 rupias, dependiendo del plato. Es más barato comer comida local que continental. Y si comes en los mercados o en los lugares donde come la gente local siempre es mucho más barato. Lo mismo si tomas agua común, en vez de embotellada. Aunque esto dependerá de la zona. Hay lugares (sobre todo en la montaña) que se puede tomar agua sin problemas y otros que preferimos comprar agua embotellada.

El alojamiento depende mucho de qué tipo de viaje quieras hacer. Pero las habitaciones dobles están a partir de las 800 rupias. Nosotros nos movemos en un rango de entre 800 y 1.200. Donde varias veces privilegiamos tener baño privado o Wi Fi. Pero al ir sacando comodidades el gasto disminuye. Los alojamientos se distinguen en dos clases. Primero los guest house que es lo más parecido a un hostel, pero raramente tiene cocina (algo que extrañamos). Son los más baratos y donde se encuentran la mayoría de los mochileros. Por otro lado están los hoteles, que no necesariamente son más lujosos. Algunos incluyen desayunos y tienen restaurant adentro, con lo cual te ofrecen la comida en el cuarto. En Sri Lanka, también vas a encontrar muchas casas de familia que funcionan como Guest-Houses en las cuales sirven desayunos y cenas comunitarias (dependé el sitio pero suele estar 150 o 200 rupias el plato).

En cuanto al transporte, la mejor manera de moverse y la más barata es el transporte público. Un trayecto de 3 horas en bus, cuesta entre 200 o 300 rupias aproximadamente.

Religión

Sri Lanka supo ser el centro del budismo en la antigüedad. Se nota sobre todo en los templos el legado que dejó esta religión en el país. Aunque hoy en día los budistas son mayoría también hay muchos hindués, y (para nuestra sorpresa) musulmanes. Como en muchas países de la región, la diversidad religiosa es algo que abunda.

Recomendaciones y consejos

Informales:

  • Interiorizate: Sri Lanka es un país muy amplio. Con mucha variedad cultural y religiosa.  Por eso, infórmate, aprendé, preguntá. El conocimiento también debe ser parte de tu mochila. Interiorizate. La diferencia cultural con Asia es muy marcada, ir preparando el viaje en la mente de uno ayuda a ir reduciendo esa distancia.
  • Planifica: Un viaje sale mejor cuando uno lo planifica. No somos partidarios de un viaje plenamente organizado, con reservas y un itinerario definido. Somos partidarios de que el viaje se vaya armando a sí mismo, pero eso no quita que uno planifique alguito. Mira un mapa, que lugares te gustaría conocer, porque, que te quedan de paso, arma un posible recorrido. Tener en cuenta tu presupuesto, tus gustos y tus ganas.
  • Armate de paciencia: El subcontinente indio muchas te confronta con el caos, con la suciedad, con el no poder entenderte por el idioma, con no saber que micro te lleva, con no saber en que anden para el tren y con todas esas cosas que a uno lo organizan. Tomarte el micro correcto te puede costar mucho tiempo. ¿Qué hacer? Respirar hondo. Paciencia. Sri Lanka te obliga a ejercitar esta cualidad que el mundo occidental se ocupa de agotar.
  • Deja los prejuicios en casa: Recorrer Asia con prejuicios puede hacer que tu experiencia no sea buena. Los viajes ayudan a abrirnos la mente y el alma; solo hay que estar dispuestos a que eso ocurra.

Formales:

  • ¿Conviene viajar con seguro médico?: No lo sabemos, pero nosotros igual nos sacamos uno. Seguramente no lo uses y lo más probable es que la medicina ayurvedica te resulte más cómoda que la medicina formal. Pero uno nunca sabe. Mejor tenerlo y no usarlo, a necesitarlo y no tenerlo. Hay muchas ofertas y promociones, 2×1, descuentos.Les recomendamos que chequeen posibles cotizaciones y tipos de coberturas en Asegura tu viaje.
  • Informate: sobre el clima, la situación política y social de los destinos que quieras visitar. Sri Lanka estuvo atravesada por distintos conflictos territoriales, políticos y sociales. Lee el diario, busca en internet, preguntale a la gente local. Sabiendo quizá evitaras pasar por algún mal momento.

Páginas útiles

Vuelos:
Una buena página para saber que aerolíneas cubren determinados destinos y trayectos es www.optifly.com. Es una buena manera de empezar. También ahí podes comparar precios. Pero para esto siempre es mejor dirigirse a las páginas de las aerolíneas.
Los mejores precios los encontramos en la compañía aérea nacional: www.srilankan.com

Les compartimos nuestras historias de viaje en Sri Lanka.
¿Te quedaste con ganas de más? Podés recorrer nuestra galería de imágenes de Sri Lanka
De Julio Cortázar, acerca de una India

“La primera reacción es de miedo, un pavor físico y mental, la sensación de que se ha cambiado de planeta, de que se está entre seres con los cuales es imposible la menor relación. A ese primer choque, sucede uno muy diferente: la paz, la serenidad, por contagio de la manera de ser de los indios. La primera noche, en Bombay, salimos del hotel después de cenar y nos perdimos por las callejuelas del bazar. Casi de inmediato empezamos a ver a la gente tirada en las aceras, durmiendo, rezando, hablando en voz baja. Cientos, miles de hombres tendidos en plena calle, que es su casa permanente. Enormes ojos que lo miran a uno con una serenidad y una calma perfectas. […] Quisiera hablarle mucho más de los mendigos, de los pobres de Bombay, tirados boca a arriba en las aceras, porque eso es la India más profunda, la raíz del ser indio. Me daría asco hacer literatura de esto, y escribo al correr de la maquina; pero créame, Jean, esa noche me marcó para siempre. Medí lo que tantas veces había leído sobre filosofía india, sin tener de ello más que una conciencia intelectual, que casi no es conciencia. Medí esa superación de lo contingente, de lo bajamente humano, del tiempo y el espacio; en los ojos que me miraban desde el suelo, entendí que esa gente estaba realizada. No en el sentido vedántico, no en las alturas místicas; los pobres no saben nada de eso, son de una superstición y una ignorancia abominables. Pero están realizados en la medida justa de su ser, y eso es lo que nos falta a nosotros, para nuestra desgracia y nuestra grandeza a la vez. Quiero decir que esa gente está perfectamente calzada en su piel, abarcando el máximo de sus posibilidades de vida, y que eso lo ha alcanzado renunciando a toda ambición barata, a toda pérdida de tiempo (lo que nosotros llamamos ganar tiempo, por ejemplo). Sé muy bien que un marxista me acusaría de hipócrita, y diría que cuando esos mendigos de Bombay sepan lo que es una heladera, querrán tenerla igual que cualquier pobre de Montevideo. Si, eso ocurrirá si se occidentalizan. Pero mientras sigan siendo indios, es decir, hombres para quienes la vida es clama, es estar cómodamente sentados o acostados, es trabajar el mínimo para lograr el máximo descanso, y además es comunión continua con lo sagrada (desde el pequeño ídolo grosero que hay en las esquinas hasta la especulación más alta de un gurí), mientras no cambien como actitud central, la heladera no significará absolutamente nada para quienes tienen mucho más que eso.”.

Julio Cortázar

En una carta a Juan Barnabé, 22 de diciembre de 1956

Jodhpur - ciudad azul

SI TE GUSTA JULIO CORTÁZAR Y TE APASIONAN LOS VIAJES, QUIZÁS QUIERAS conocer esta curiosa relación entre Cortázar y Barcelona.

Post #100

“Cuando la felicidad nos sale al paso nunca lleva el hábito con que nosotros pensábamos encontrarla.”

Macedonio Fernández

Somos clásicos, no podemos negarlo. Y este justamente es nuestro post numero 100. Claro ¿Qué es un post? Bueno, esto que están leyendo. Cada entrada, cada escrito, cada articulo, cada nota que escribimos. Ya escribimos 100 veces acá. Algunas palabras fueron consejos, otras reflexiones, la mayoría impresiones de los lugares/personas que conocemos. En su mayoría historias. Hoy escribimos la historia numero 100 y se nos ocurro hacer un pequeño racconto de lo que nos tiene aquí.

Buda dorado, se veía desde lo lejos.

Esperemos Buda pueda ayudarnos

No sabemos que nos tiene de este lado, escribiendo. Tampoco tenemos tan claro en porqué ni el para qué escribimos. Si, para contar algo, pero que más…

Tampoco tenemos tan en claro el cómo escribir. Ni mucho menos como escribir de a dos.

Intentaremos desmenuzarlo, haciendo un pequeño análisis de cómo llegamos hasta acá. El blog surgió hace poco más de un año cuándo aún no terminábamos de asumir la idea de viajar a India. Comenzó como un modo de ahorrarnos el mail a la familia y amigos y esquivar la infinita pregunta del “¿dónde están?” o “¿qué visitaron?”. Nos leían conocidos nomás. De pronto, comenzó a entrar más gente, a escribirnos, a preguntarnos y lo más increíble, que no sólo nuestras madres comenzaron a decirnos que les gustaba lo que escribíamos. Nunca aspiramos a eso.

Descubrimos que escribir no es fácil y mucho menos si somos dos. Escribir demanda tiempo. Correcciones, editar, buscar imágenes, publicar, compartir. No tenemos técnica ni formas. Uno empieza, el otro sigue, uno borra, el otro agrega. Las letras son compartidas pero a la vez individuales. Para nosotros resulta muy fácil diferenciar de los estilos de escritura que tiene cada uno.

Pero, en realidad y siendo sinceros, somos 3 los que escribimos. Ya no hay Lucas ni Ludmila, existe un él o ella, que se apropia de las palabras y las muestra como propias. Casi como si ese tercero es él que nos dicta que escribir. Él que aparece entre papeles e imágenes, entre las ramas de los árboles, entre rostros desconocidos. Algunos le dicen musa, otros inspiración, nosotros aún no le pusimos nombre. Simplemente lo escuchamos, lo llevamos a caminar y lo “tipeamos”.

Una vez lo vimos en Colonia, Uruguay.

Una vez lo vimos en Colonia, Uruguay.

Escribíamos, no sabíamos para quien, ni cómo, ni cuándo. Un trayecto de tren en India, una playa paradisiaca en Tailandia, un café en Vietnam, la espesura de la selva amazónica en Perú, la casa de nuestros viejos. Escribir y dejarse llevar. Un ejercicio que practicábamos en la intimidad de nuestros diarios, en una nota en un apunte de la facultad, algo que era nuestro y nada más que nuestro. Algo que compartíamos como pareja. El blog, este blog, fue un punto de inflexión. Un encuentro con nosotros mismos y con la escritura. Eso que pertenecía a la privacidad de nuestra mesita de luz pasó a ser objeto de miradas. Desconocidos comenzaron a leernos, a comentarnos.

La escritura fue nuestro seva, esa tarea desinteresada que no hacía más que enlazarnos con nosotros. Fue nuestra terapia, nuestro vínculo con el viaje. El modo de tolerar ese mundo tan distinto que nos rodeaba y nos rodea. Escribir fue lo más egoísta que hicimos. Fue y es para nosotros exclusivamente. Y ustedes, que nos leen desde siempre o de casualidad, son cómplices de nuestro egoísmo. Escribir es un modo de luchar contra la inmortalidad, de permanecer. De perpetuar el viaje y la existencia.

Sobre la mujer en India

Al mejor estilo etnólogo a los dos nos interesa observar, comprender y compartir el estilo de vida que India propone. Un estilo de vida que está atravesado por la religión y por la espiritualidad. Un estilo de vida donde el hombre manda y la mujer obedece. No es la primera vez que decimos que India es asquerosamente machista. Y sobre eso queremos hablar hoy. Sobre la mujer en India, sobre el hombre, sobre sus lugares, sobre sus funciones, sobre lo que pueden y lo que no pueden.

Pushkar - 1

No es fácil ser mujer en India. Ya desde la gestación es difícil. En los sanatorios los médicos tienen la obligación de no informar sobre el sexo del bebé. Esto se debe a la gran cantidad de abortos que se producen cuando se enteran que es mujer. No quieren hijas, quieren varones. Pero más allá de la prohibición sigue habiendo un gran número de abortos selectivos y de mortalidad en bebas recién nacidas. Sobre esto nos contaron historias terribles. Por ejemplo: casos de envenenamiento a bebas con la savia de las adelfas.

Desde la infancia comienza el sufrimiento. La educación para el hijo varón es especial, como así también la comida y todas las estimulaciones. En cambio la hija mujer ocupa un rol secundario y su obligación es estar presente en las tareas domésticas en vez de estar jugando. Los hombres son los que pueden estudiar, los hombres son los que pueden tener y atender un comercio, los hombre son lo que entran en la policía, los hombres son maestros, los hombres… etc.

Mujeres en India -6

Ahora se preguntarán ¿Por qué?. Pregunta difícil. La sociedad India es compleja. Es una sociedad en transición, con una economía que estos últimos años ha comenzado a crecer, con una tradición democrática reciente (no nos olvidemos que India se independiza recién en 1947) pero con muchísimos años de historia.

Mujeres en India

Las mujeres también trabajan en la construcción

Intentar pensar porque la mujer ocupa un lugar tan denigrante y solo asociado a fines reproductivos y domésticos nos lleva a presentarles un montón de otras cuestiones; como ser los casamientos arreglados y el dote.

En muchos lados en la India, los matrimonios están arreglados. Son los padres quienes eligen la pareja. Se busca consorte teniendo en cuenta la edad y posición económica de la otra parte. El diario suele ser un buen lugar para publicar que se busca esposa o esposo. Una vez que se encuentra lo buscado se visita a un astrólogo que compara las cartas astrales de la futura pareja. Si esto da un buen resultado, comienzan los preparativos de la boda. Es normal que los novios no se conozcan ni se hayan visto antes del matrimonio. Esto del matrimonio arreglado que tan retrogrado parece no queda acá. En el proceso de búsqueda de consorte los padres de la mujer deben aclarar cuál es el dote (suma de dinero, alhajas o tierras) que ofrecen. Si el valor es muy inferior correr en el riesgo de que nadie acepte a su hija, y una hija soltera es una humillación. Además del dote la familia de la novia debe hacerse cargo de los gastos de la boda. Por eso, muchas veces la mujer es vista como una carga económica.

Tuvimos la suerte de asistir a un casamiento hindú, sin duda una experiencia única que nos dejó completamente sorprendidos. La alegría de la familia, los ojos de la novia, la seriedad del novio y el futuro incierto fueron espectros que flotaron en la fiesta.

Mujeres en India

Mujeres en India

Mujeres en India

A su vez, ser viuda en India es extremadamente duro. La costumbre del sati obligaba a las viudas a tirarse a la pira funeraria de su difunto marido, muriendo inmoladas junto al cuerpo. Los ingleses abolieron esta práctica en 1829. Igualmente, la situación por la cual hoy atraviesan no es nada fácil. Una mujer cuando se casa pasa a ser parte de la familia del marido. Si este se muere pasa a ser una mera propiedad. Sin importar la edad que tenga. Hay viudas de 15 años y las hay más grandes. Todas pasan por lo mismo. Son las culpables de la desgracia del marido. Por eso las mandan a una suerte de “destierro”. A lugares como Vrindavan, a vivir en pésimas condiciones; Compartiendo el cuarto con 10 mujeres más, en el mejor de las casos. A vivir del mendigar y de limosnas.

Mujeres en India

Actualmente las cosas están cambiando. La constitución comienza a reconocerles más derechos, como por ejemplo el divorcio. Pero esto solo es vigente socialmente en las grandes ciudades como ser Delhi o Mumbay y solo para aquellos con mayores posibilidades económicas. En los sectores rurales las cosas no están nada fácil. Así nos contaron el caso de una chica que viajo a Delhi a estudiar y conoció un muchacho que por desgracia era de una casta inferior. Su padre se enteró y mando llamar a los dos y los mato. Y esto se sabe, esto circula, pero nadie hace nada, nadie parece verlo. Lo mismo, si un hombre de clase alta decide violar a una mujer de pocos recursos, esta no puede negarse.

Pero insistimos, la India está cambiando, por los menos en las grandes ciudades. Las nuevas generaciones parecen romper las tradiciones. Conocimos algunos casos de jóvenes que tienen novio/a a escondidas. Y muchos padres que le preguntan a sus hijos con quién le gustaría casarse. Si bien el número de mujeres en política es bajo, cada vez hay más (actualmente cerca de un 10% del parlamento), también hay cada vez más mujeres profesionales o en las fuerzas armadas.

Mujeres en India

El cambio parece traer más libertades, más derechos y posibilidades a las mujeres. Pero también se pierde la otra parte de la tradición India, la más linda (la que más nos gusta). Ahora las mujeres comienzan a vestirse de jeans y camisetas, a usar zapatillas. Los saris (atuendo habitual) solo parecen quedar para las viejas generaciones o para aquellas familias más tradicionales. En fin, tiempos de cambios.

Crónica de un regreso anunciado

No es fácil dejar la rutina, todo lo conocido y salir sólo con una mochila y muchas ganas a un destino poco conocido. Pero tampoco es fácil, después de un año en ese destino, volver con la misma mochila y ver tu entorno y el paso del tiempo. Después de adoptar el movimiento como una forma de vida sentimos que la quietud (nos) es desesperante. Falta la incertidumbre de saber en que habitación nos vamos a levantar mañana o que lugares o compañeros nuevos propondrá la ruta.

Viajar es como una droga adictiva. El parar de viajar nos está produciendo abstinencia. Nuestros cuerpos y nuestras mentes están idos. No nos encontramos.

Volvimos a la Argentina contentos de llegar, ver a los amigos y la familia. Asado, fútbol, mate y la vida de barrio nos vuelven a acompañar. Pero los ojos cambiaron. Los que antes parecía un problema, hoy no lo es tanto, y cosas de nuestra cotidianeidad que antes no le prestábamos atención, ahora nos parecen maravillosas.

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Cómo es mucho más difícil sacar una foto del entorno que nos resulta familiar y conocido y mostrar lo interesante que hay en él, también es mucho más difícil expresarlo en palabras. Estamos viviendo la argentinidad en su máxima expresión. Disfrutando de sus particularidades y e intentando entendernos como sociedad.

Caminamos por la calle leyendo todo lo que podemos. De pronto los carteles nos hablan, o por los menos los entendemos. Nos encontramos como “chusmas” (mirones, fisgones) de conversaciones en el tren. No es que nos interese tanto, pero nos asombra escuchar el español por todos lados. Tenemos una sobredosis de información como nunca en este último tiempo.

Y las calles que nos parecen vacías. Pasa gente caminando, pero nadie se detiene. Entendemos la calle como un lugar de tránsito, como un medio para llegar a tal o cual lugar. En Asia es totalmente al revés, todo se desarrolla puertas afueras, la cocina, la charla, la cena, el ajedrez, el mercado y el comercio. Hasta un médico nos atendió en un banquito en la calle. Otra gran diferencia es la velocidad. Acá la gente corre, como si su vida dependiera de eso, todos van ensimismados. Nadie mira a nadie. Es distinto el lugar que ocupa “el otro”, y peor si es un “otro” desconocido.

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Miramos para atrás y el viaje parece que fue una fantasía. Un gran sueño que nada tiene que ver con el presente que vivimos. Creemos que con el paso del tiempo los recuerdos van a pasar a ser imágenes que no sabremos si a ciencia cierta fue un sueño o una realidad ya desaparecida.

¿Qué se siente cuándo uno se aleja de aquel gran viaje que vivimos, el cuál nos transformó la forma en que miramos? Sentimos que el mundo que habitamos es enorme, que nos invita a recorrerlo. Y simplemente es el “hasta pronto” y el punto de comienzo para lanzarse hacia delante en busca de la próxima aventura disparatada bajo los cielos.

Ciertas cosas de Asia nos siguen acompañando.

Ciertas cosas de Asia nos siguen acompañando.

Los otros

La historia transcurrió en el aeropuerto de Múnich. Al escribirlo todavía me tiemblan las manos de lo atroz que fue. Pero lo escribo para dejar constancia del hecho, o tal vez convencerme de que fue sólo en un cuento.

***

Era de noche, estábamos sentados cada uno compenetrado en sus libros. Kerouac me estaba llevando de viaje por Estados Unidos, a toda velocidad en un Cadillac prestado, cuando de repente tengo la extraña sensación de que ese momento ya lo había vivido. Enfrente nuestro una pareja se había sentado. Las caras me resultan familiares. Ahora, sabiendo lo que pasó, me doy cuenta que a uno le cuesta reconocer los rostros que no se espera encontrar en un lugar determinado. Cómo si algunas personas sólo pertenecieran o un lugar o circunstancias determinadas.

Se pusieron hablar. Mostraron emoción por el porvenir. Hablaban de viajes, de un año, de India y  luego de Asia. Los reconocí con horror. Me acerqué y les dije:

-¿Ustedes son argentinos?

– Argentinos, pero ahora nos vamos de viaje. Por un tiempo largo.

Hubo un silencio largo. Pensé en su comentario. Cómo si el hecho de irse de viaje les daba otra nacionalidad. Les pregunté:

-¿Son de Hurlingham?

Contestaron que si.

-En tal caso – les dije sin dudarlo – ustedes se llaman Ludmila Greco y Lucas Fernández Canevari. Yo también soy Lucas y ella Ludmila Greco. Estamos a fines de marzo de 2014, volamos desde India y ahora estamos en el aeropuerto de Múnich en la escala del vuelo para visitar a mi hermana en Suiza.

-No – Respondió él con mi propia voz, un poco lejana. Estamos en Frankfurt, a fines de abril de 2013. Nosotros esperamos un vuelo para llegar a Delhi.

Se hizo una pausa.

-Lo raro es que nos parecemos – siguió la otra Ludmila – pero ustedes están más flacos, y la mirada es distinta.

Le contesté:

-Puedo probarles que no miento. Les puede decir varias cosas sobre ustedes. En su casa tenían una biblioteca grande que compraron en el mercado de las pulgas, luego la arreglaron y la pintaron de verde. En la biblioteca tenían muchos libros. Las colecciones completas de Freud y Borges, varios libros de Cortázar y García Márquez. También de Kapuscinski y Galeano. Ludmila le regaló a Lucas, para su último cumpleaños, un ajedrez  de madera tallado a mano. ¿Está bien con todo eso?

-No, eso no dice nada, puede tratarse simplemente de un sueño.

Si fuera un sueño, cada uno de nosotros 4 tiene que creer que es su propio sueño, y aceptarlo así como es. En todo caso nuestro sueño duró casi un año. Recorrimos varios países, pero por sobre todo India ¿No quieren saber algo de los que van a vivir en el viaje?

Asintieron sin decir nada. Medio perdido, y sin saber por donde empezar les dije:

-No van a cumplir su itinerario planeado. El viaje los va a sorprender. Eso es lo más importante. No pierdan la capacidad de asombro. No se van a enfermar ni tener ningún accidente, tampoco les van a robar ni sufrir ningún hecho lamentable. Por eso no se preocupen.

-Pero queremos saber como es que nos va a cambiar. Digo, el hecho de que el viaje cambia a las personas. Más un viaje tan largo, a un destino tan poco conocido. Todos dicen que cuando volvamos no vamos a ser los mismos.

Otro silencio que nadie se atrevió a interrumpir. Como si los 4 supiéramos que responder esa pregunta no iba a dejar satisfecho a ninguno. Finalmente alguien hablo:

-“En los mismo ríos entramos y no entramos, pues somos y no somos.” Dijo alguna vez un griego. El hombre de ayer no es el mismo que hoy. Nosotros cuatro, sea donde sea que estemos, somos la prueba.

Y mientras las palabras se perdían en el vértigo del aeropuerto, casi a la par les (nos) dijimos:

– Escriban. No importa la que pase, los que les digan, lo que sientan. Escriban. Eso les va a permitir encontrarse.

Nos mirábamos y sonreíamos. Nos conocíamos, pero éramos 4 completos extraños. La escena nos era tan ajena como propia. Teníamos miedo. Miedo de nosotros mismos, de lo que podíamos decir, de lo que podíamos enterarnos, de lo que podíamos cambiar.

Nuestra situación era única y, francamente, no estábamos preparados. El tiempo pasaba y la situación nos incomodaba. De pronto dijeron:

-¿Cómo es, si es que ustedes fueron nosotros, qué se olvidaron de este encuentro hace un año?

-Tal vez, al tratarse de una situación extraña, preferimos olvidarlo. O simplemente pensamos que fue un sueño y sin mucha importancia pasó al olvido.

La respuesta no convenció a nadie. La voz anunciaba, por altoparlante, el último llamado para embarcar. Ellos comenzaban un viaje, nosotros lo terminábamos. Pero había algo en la situación, que nos daba la sensación, de que el viaje se iba a hacer presente durante mucho tiempo. Al menos en nuestros sueños.

Aclaración: Cualquier semejanza con “El otro” de J.L.B. es pura coincidencia.

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Cuando comenzamos a volver

Hace 325 días bajamos de la mano del avión que nos traía desde Buenos Aires hasta la lejana Nueva Delhi. Llenos de miedos y dudas, y sin más impresiones que el largo abrazo con nuestras familias y amigos durante nuestros últimos días en Argentina.

Hoy (325 días después) nos toca volver, dejar Asia, despedirnos de India. Ese país que por más extraño y contradictorio que sea, se convirtió en nuestro lugar. Un país que dejamos, pero con la sensación de que (pronto) vamos a volver. Un país que nos permitió perdernos para comenzar a encontrarnos.

Toca volver. Un regreso que empezó hace tiempo. Si bien, nuestro cuerpo sigue acá, tomando chai y comiendo curry, nuestra cabeza, nuestros proyectos y nuestras emociones están en el otro lado del mundo. Que la mente y el cuerpo coincidan en la mismo espacio, creemos, es uno de las dificultades más grande que tiene el hombre moderno.

Nuestros cuerpos y nuestras cabezas son una maraña de sensación. Uno toma una punta del ovillo pero pronto se encuentra enredado en el centro. Lloramos, nos malhumoramos, nos sentimos mal, nos abrazamos y sonreímos. Somos cambiantes, impermanentes. Muchas veces soñamos con el regreso, con volver a encontrarnos con nuestros afectos, con ver lo grande que están los chicos, conocer a los nuevos, comer la comida de la abuela. Ese día llegó. Queremos estar en Argentina, pero dejar India nos cuesta.

Llegamos sin planes ni fechas, solo una intención: viajar un año por Asía. Podía ser más, podía ser menos. Teníamos muchos países anotados en nuestra lista. Pero de 12 meses, pasamos 8 en India. Algo nos paso acá, algo que aún no podemos ubicar, pero quizá con la distancia de Buenos Aires, podamos reconocer.

Aprendimos, nos equivocamos, nos conocimos como pareja y como personas, amamos y odiamos. Nos llevamos mucho más de lo que dejamos. Nos vamos con historias, amigos, nuevas prácticas y costumbres, más flacos y con más color encima. Cambiamos la dieta y nuestros horarios. No sumamos meses o destinos de viaje, sumamos experiencias.

Viajando aprendimos a adaptarnos. Nos acostumbramos a despertar cada día oyendo una lengua distinta, a salir a la ruta sin saber dónde íbamos a dormir esa noche, a confiar en nuestra intuición. A elegir, sabiendo que podemos equivocarnos. A ganar, sabiendo que podemos perder. Aprendimos a mirar al otro desinteresadamente, como tanta veces nos ayudaron a nosotros. Aprendimos que no somos nada ni nadie. Que el viaje, la vida, lo que hoy tengo, todo es efímero.

La única verdad con la que volvemos es que estar un año viajando nos devolvió la vitalidad. Nos recordó que estamos vivos, como el viento que nos despeinó todas las veces que viajamos haciendo dedo en el techo de algún camión. Tantos atardeceres, montañas, desiertos, ciudades y playas nos recordaron que el mundo es inmenso. ¿Y si no lo conocemos ahora, cuándo va ser?

Con los ojos un poco llorosos, con la panza en efervescencia y con un cosquilleo en la garganta, pasamos nuestro último día en Delhi. Caminamos por esas calles que hicieron de escenario hace casi un año. Pasamos la tarde en un templo. Sentados, en silencio, mirando. La primera vez que lo visitamos no teníamos ni idea de lo que ocurría. Hoy podíamos reconocer a los dioses, a los gurúes y aunque sigamos sin entenderlo todo, sabíamos lo que la gente iba a buscar. Luego, las calles nos llevaron al mercado. Un sitio que nos impresionó la primera vez, quizá por las carnicerías sin heladeras, la cantidad de personas, vacas, monos y más personas, quizá porque es muy distinto a los mercados que conocemos. Hoy, parecía familiar. Incluso, pudimos reconocer ciertos rostros que la primera vez aquí nos habían llamado la atención. Ellos, estaban igual. Seguían en la mismo posición, vendiendo los mismos productos, en el mismo sitio y con la misma expresión. Como si el tiempo hubiera pasado, pera nada cambiara. La rutina, el hacer siempre lo mismo, el (para algunos) no tener opción. Todo seguía igual ¿Y nosotros?

Nosotros elegimos otra cosa. Elegimos una vida que no es correlativa con la “media normal del S. XXI”. Elegimos viajar, elegimos aprender, elegimos conocer. Un año en Asia nos mostró que es posible. No queremos que pasen los años y sigamos ahí, en la misma posición, en el mismo hacer-siempre-lo-mismo. Hoy comienza la vuelta a Buenos Aires, con una escala de dos semanas en Europa. Volvemos, pero con ojos nuevos.

Día 281 – Vacío viajero

Hay personas a las que les gusta los números redondos, como el 300 o el 10. A nosotros no, nos gustan los números primos, y por esas coincidencias, esto surgió el día 281.

Después de dar mil vueltas por el continente asiático volvemos a estar solo nosotros dos. Viajamos por todos lados, hicimos recorridos insólitos, fuimos a pueblitos que no aparecen en los mapas y también a los puntos más turísticos. Pero, últimamente,  tenemos una sensación de vacío.

Desde aquella semana en Chiang Mai que no estamos tanto tiempo en un mismo lugar, eso que a nosotros nos gusta viajar lento y meternos de lleno en los lugares. Pero las visas de un mes (Laos, Vietnam, Camboya, Sri Lanka) te ponen en condición de carrera que a veces es difícil escaparle. Es como comprar la entrada y en la puerta te digan tenés un mes para recorrer todo. En sus marcas, listo, ya!

Otro factor que nos juega en contra es tener marcadas fechas en el calendario. Sabíamos que tal día teníamos que estar en tal o cual lugar. Y la necesidad de cumplir con eso.

Y el último desencadenante de este vacio-viajero que nos aqueja en estos días y  que nos hace cambiar la percepción del tiempo es tener fecha de regreso. Sí, para alivio de muchos y tristeza de otros tenemos fecha de vuelta a Argentina. Entonces nos quedan menos de 3 meses de viaje, y nos parece poco. Sabemos que es un montón, pero puesto en perspectiva, pensando en todo lo que pasó no es tanto. Sentimos que se nos va de las manos, que se nos escurre y que nos falta mucho por recorrer. También somos conscientes de que 3 meses es mucho más que el tiempo de vacaciones (15 días al año) que teníamos en nuestros respectivos trabajos.

Todo esto hace que nos encontremos perdidos en el viaje. Cada día que pasa sentimos que Asia se acaba para nosotros (por lo menos por ahora) y entonces no nos quedamos más de dos o tres días en cada lugar. Llegamos cansados de tanto trajín y nos vamos con nostalgia, y así llegamos a un nuevo lugar. Y si estamos 3 noches en la misma cama, nos consideramos afortunados.

También nos cuesta asombrarnos. Será que todo nos parece ya cotidiano. De a poco, Asia se convirtió en nuestra cotidianidad. Y vemos a los turistas tomando fotos que para nosotros son obvias, cómo cuando veíamos a los japoneses sacando fotos en el obelisco. Así es, vemos paisajes increíbles, presenciamos celebraciones ancestrales, vemos playas paradisíacas, encontramos culturas asombrosas, pero nada nos detiene. Nosotros seguimos con nuestra carrera de 2 o 3 días.

Mochilas en viaje

Casas chinas

Mochilas en viaje

Esrilanqués en la playa

Mochilas en viaje

Mezquita, todas escenas cotidianas

Dentro de poco volvemos a India, por tercera vez, e intentamos pensarlo como un viaje nuevo. Van a ser 2 meses donde intentaremos no mirar tanto las fechas y disfrutar lo que nos toca. Comenzaremos a escribir en un nuevo cuaderno, usaremos una memoria en blanco para almacenar las fotos e intentaremos volver a asombrarnos. Probaremos el chai (bebida típica) por primera vez y sacaremos fotos a las vacas.

Donde vamos a estar no nos interesa, no vamos a elegir los lugares, una vez más, que India nos sorprenda. Nos quedan unos 10 días en Sri Lanka y será el tiempo de preparar el (nuevo) viaje. Armaremos las mochilas, trazaremos un itinerario posible y compraremos pilas para la cámara. Un viaje comienza y eso que hoy anotamos el día número 281 en nuestro diario.

Lo que Laos nos dejó

500 kips, sólo un billete para mucha gente, pero para nosotros no. Ahora no. Internacionalmente representa 1/16 de dólar. Internamente, en Laos, no mucho más. No encontramos nada que valga 500 kips, ni siquiera algo de tantos miles con 500 kips. Pero para nosotros, casi sin saberlo, se convirtió en el más fiel compañero de viaje por ese país.

Lo obtuvimos por allá, en Huay Xai, en nuestro primer día en Laos, apenas cruzamos la frontera. Juntamos los pocos bahts que nos quedaban, fuimos al banco y los cambiamos por kips. Nos dieron unos cuantos miles con 500 kips. Desde ahí el billete se pegó a nuestra billetera y nunca salió, ni siquiera a ver el sol.

A Laos lo recorrimos todo a dedo. En total 1.444 Kms. Fueron 23 autos distintos los que nos levantaron. El billete viajó con nosotros en cada uno de ellos. Nunca se mareo en los caminos de curvas, tampoco paso frío cuándo nos encontraba la noche, tampoco vio al sol. Estaba guardado, nada le afectaba. Nos acompañó en un asado, en un pueblito tranquilo donde, depende de quién lo diga, hay mucho o poco para hacer. Durmió con nosotros en un hotel boutique y se disculpó por el comportamiento de los turistas en Vang Vieng. Se maravilló del paisaje y de la gente. Se contagió de sonrisas, encontró mucha paz y hasta escuchó crecer el arroz. Se metió en cuevas y revivió un poco la historia. Una historia que los libros se olviden de contar, quizá porque 500 kips es solo 1/16 de dólar. También navegó el Mekong. Se dio cuenta de la importancia del río. Para las plantaciones, la pesca y el transporte. Río de vida y de historia.

Contempló atardeceres como estos

Contempló atardeceres como estos

Además celebró con nosotros nuestro séptimo aniversario como novios. Primera vez que lo festejamos fuera del país. Nos vió crecer como pareja.

Río, lloró, se alegró y por momentos, extrañó Argentina con nosotros.

Pero sin embargo esto no es más que un relato de traición, de cómo lo abandonamos y lo tratamos como una cosa cuando en realidad fue un gran compañero. Siempre estuvo ahí, callado, no decía mucho, pero era bueno escuchando. Tiene esa cualidad que tienen los gatos, uno habla con él y es como si al mismo tiempo estuviera hablando solo, y a lo mejor es por eso que uno le cuenta tantas intimidades.

Cruzamos a Vietnam y el seguía con nosotros. ¿Sería la primera vez que salía de su país? No nos sirve de excusa, pero las fronteras no nos gustan. Nos emociona pensar que hay del otro lado, pero las ciudad fronterizas nos aturden. Todo es un poco más turbio y comercial que lo normal. Y en esa confusión cambiamos el billete por poco más de 1.000 Dong vietnamitas. Habíamos oficiado de Judás. Le habíamos puesto precio y lo entregamos. Nos sentimos tan viles. A él, justo a él, que no nos había hecho nada. Que aunque no lo supiéramos siempre estuvo ahí.

Estas palabras no son más que una prueba de nuestro arrepentimiento, no somos inocentes, pero es un humilde homenaje a él, un gran compañero de ruta por un gran país como es Laos. De él, ni siquiera nos quedó una foto.

Lo que Nepal nos dejó

Era agosto, y ya pasaron 4 meses desde que nos fuimos de Argentina. Ya pasamos 4 meses en India, es hora de partir, necesitamos renovar la visa. Es momento de cruzar la frontera. Empezamos a barajar países y Nepal fue el elegido. Estaba cerca, teníamos buenas referencias y en su nombre resonaba algo mágico. Nos llena de misterios, tal vez su geografía, sus montañas, su gente o sus creencias.

4 meses en India hicieron que nos sintiésemos cómodos aquí. Ahora, cruzar la frontera nos llenaba de inquietud. ¿Podría ser de otra manera? No lo creemos. Cruzar una frontera, cualquiera que sea, nos llena de ansiedad y ese le debe pasar hasta al viajero más experimentado. Si hay frontera es porque hay una división, hay una diferencia. De este lado está lo conocido, y el otro lado se presenta como lejano, como otredad, como lugar a descubrir. Pero a su vez las fronteras son “invenciones”. Muchas veces son ocurrencias políticas más que sociales. A veces la geografía ayuda, a veces son conflictivas, pero sea como sea, las fronteras están. Nosotros las creamos.

A fin de cuentas estuvimos un mes en Nepal. No sabemos si fue poco o mucho. Nepal nos dejó confundidos y aturdidos. No estábamos acostumbrados ni a sus ritmos ni a sus precios.

La plaza Durbar

La plaza Durbar

El desafío fue conocerlo a nuestra manera: lento, pausado y en los detalles. A primera vista no pudimos. Solo de Nepal pudimos conocer su capa más superficial: la que le muestran a los turistas. Intentamos salir de los circuitos turísticos pero no era fácil. Nepal nos dejaba la sensación que el único contacto con el turista que buscaba la gente era por el dinero. Pero la última noche en Sauraha nos sirvió para llevarnos una imagen más hospitalaria. Un viejo estadounidense casado con una joven nepalí nos invitaron a cantar a la casa de una familia amiga de ellos. Nadie nos conocía, ni sabía nuestros nombres. Pero todos fueron amables. Nos sigue costando no desconfiar de la gente. Mientras cantábamos cada uno de nosotros pensaba que algo nos iban a pedir a cambio. Quizá porque así nos formaron. Nos enseñaron que la gente es mala, que el pobre te roba y te mata, mientras que el rico es el ejemplo a seguir. Y así andamos por la vida cargados de prejuicios equivocados.

Pero al final no nos pidieron nada, salvo que cantemos alguna canción argentina. Lo mal que nos sentimos al irnos con nosotros mismos. En Nepal adquirimos un caparazón para no dejarnos llevar por las rutas del dinero, pero, la última noche nos enseño que ese caparazón a veces hay que dejarlo de lado y confiar en la gente.

Hoy ya volvimos a India. Septiembre está llegando a su fin. Aquí el otoño asoma y no podemos dejar de pensar en la primavera que llega al sur ¡Qué lejos estamos che!

El otoño nos trajo a India ¿Y de Nepal qué? Dijimos que Nepal no nos dejó mucho, solo algún que otro mal trago. Pero hoy a la distancia nos damos cuenta de que si nos dejó algo. Abrimos nuestro cuaderno y tenemos nuestro diario de viaje lleno de recuerdos, postales, encuentros y flores secas del Himalaya. Hacemos memoria y recordamos todas las plazas de madera, tan de la realeza, que visitamos en el Valle de Katmandú. Nuestras zapatillas todavía llevan el polvo del Himalaya en su suela. Y en nuestras manos, aún tenemos la piel dura y áspera de los elefantes. Nepal nos dejó eso, paisajes, personas, sueños y proyectos.

No podemos decir si vamos o no a volver. Eso solo el destino lo sabrá. Pero de lo que estamos seguros es que Nepal marcó un antes y un después. Nos ubicó en tiempo y espacio como viajeros. Nos mostró cual es nuestro modo de andar. Nos enseñó todo lo que no queremos reproducir como turistas. Quizá eso es aprendizaje.

Nepal nos confrontó con nosotros mismos en nuestra condición humana. Y nos mostró una frontera que nunca debemos pasar: la de nosotros mismos, de nuestros valores y nuestra dignidad. Nos mostró nuestros límites como personas y como viajeros.

Annapurna - 3

Conversación: lo que India nos dejó

Escenario: Tren a Raxual (frontera con Nepal). Ya casi estamos dejando India.

L: Que increíble que ya hace 4 meses que llegamos a India. Hoy nos estamos yendo

L: Es como cerrar una etapa del viaje. Estamos dejando bastantes emociones en India. Ya nos habíamos acostumbrado. ¿Te acordás de los primeros días en Delhi?

L: Si, lo pienso en la distancia y me parece muy lejos. Los primeros días fueron difíciles. Las diferencias se sentían más, el horario, la comida, las costumbre. Todo nos era ajeno, no era nuestra cotidianeidad. Además teníamos a Buenos Aires muy presente.

L: Hoy ya estamos acostumbrados a mirar mujeres con Sari, a tomar un chai en la calle, esquivar vacas o escuchar hablar en hindi. Entendemos más inglés también. También a rodearnos con gente de todo el mundo. Estar viajando también te permite conocer otros viajeros.

L: Hoy nuestra realidad es otra. Todos los días son distintos. Solo hay algo que se repite: escribir.

L: Y de todo lo que escribimos, ¿Qué fue el que te gusto más? Es una pregunta que mucho no me convence, pero ¿cuál es el primero que se te viene a la cabeza?

L: Esas pregunta no valen, es cuando te preguntan si querés más a tu mamá o tu papá. Pero, lo pienso y se me viene a la cabeza Anita. Recién hacía una semana que habíamos llegado a India. Todo era mucho más difícil. Y Anita con su sonrisa nos dio la bienvenida, y nos mostró que en India una sonrisa vale mucho. De alguna manera nos mostró que si uno está predispuesto los encuentros ocurren. Y quizá India es eso: encuentros. ¿Para vos que es India?

L: Uf, pregunta difícil. Pero creo que India es contradicción. En todos sus aspectos. Por un lado tenés una gran efervescencia religiosa pero está todo teñido de comercio (como en occidente, ¿no?). Tenés grandes bellezas naturales, pero todo está empañado de basura. Es la democracia más grande del mundo, pero sus costumbres se rigen más que nada por las escrituras religiosas. Cómo si el país tuviera dos caras, una mística-oriental y otra comercial-occidental y todo el tiempo se debate entre ambos extremos. India nos confronta con muchas paradojas de las cuales no tenemos respuestas.

Ld: India nos mostró muchas realidades distintas.  Algunas muy duras, de esas que te dejan pensando sobre los seres humanos, y otras más coloridas. Todos dicen que a India la amás o la odiás. Yo creo que no es lo uno ni lo otro. India por momentos te cachetea, te saca de tu lugar y por momentos te sonríe y abraza. Yo llegué a India con muchos miedos y prejuicios y hoy, 114 días después, cambié totalmente mi visión. ¿Qué decís que te enseñó India?

L: Lo primero que se me viene es paciencia. Recuerdo cuando nos quedamos varados en la montaña porque había un derrumbe de nieve. Todo era incierto. Decían que iba a venir una maquina a limpiar el camino. Pero no sabíamos cuándo. Nuestras caras empezar a mostrar enojo por esa situación, pero para los indios que viajaban con nosotros fue todo lo contrario. A ese hecho que para nosotros era totalmente negativo le encontraron algo bueno, y salieron afuera a jugar con la nieve y sacar fotos. India muchas veces puso a prueba nuestra paciencia, te la hace ejercitar, nuestro ejercicio era encontrar ventajas de esa espera.

L: Es verdad. En un montón de situaciones India nos muestra distintos modos de actuar. La tolerancia de las miles de religiones que tienen, la dimensión del tiempo y del espacio, son otras concepciones. Me llama la atención que todo ocurre en el piso, en cuclillas, las comodidades son otras, las distancias entre ellos también, a veces nos vemos ridículos.

L: Ese vernos ridículos hizo poner en contraste todo el tiempo nuestra idiosincrasia occidental con la espiritualidad de acá. Nuestras mentes acostumbradas a la racionalidad muchas veces no nos dejaban entender la forma en que viven la religión. Y que si bien aprendimos mucho del hinduismo, budismo, sijismo, todavía nos falta conocimiento teórico.

L: También es verdad que estamos viendo una India en transición. Donde muchas tradiciones se van perdiendo. La presencia de occidente está mucho más presente. Uno ve a las personas con la ropa típica, zapatillas deportivas y un celular último modelo. La ostentación está presente.

L: Mucha culpa de eso la tenemos nosotros, los extranjeros que venimos de un país distinto. Vimos gente que le pagaba a un nene, para que ponga cara de pobre y se pare con el Taj Mahal de fondo. Luego esa foto la sube a Facebook. Entonces ¿Qué transmitimos?

L: Nosotros nos quejamos del acoso al turista y del fin monetario de las relaciones humanas, pero somos los mismos que la generamos. Estamos viviendo un momento particular. Donde los lugares ya no son lo que solían ser. Donde las costumbres se pierden y las cosas tienen nuevos valores. Creo que se llama globalización. Supongo que India no es la misma que hace unos años atrás.

L: Pero los cambios son constantes. Ni será la misma que dentro de unos años. El problema es lo que se pierde. No me imagino muchos saris en la calle de acá a 50 años.

L: Exacto. Estamos viviendo los últimos vestigios de lo que supo ser una de las culturas más antiguas. Además, por ejemplo, nos quejamos de la basura en la calle, pero el plástico a India entró hace 20 años. Antes era todo degradable, y hoy no está preparada para la cantidad de desechos que produce.

L: India tiene muchas deudas pendientes. ¿Cómo el lugar de la mujer no? Es una sociedad netamente machista. Donde la mujer no es más que una esposa, o una hija, o una madre. Pero siempre en relación a un hombre. Nunca es por sí misma.

L: India les debe muchas cosas a las mujeres. Si bien quizá en las grandes ciudades está cambiando. En muchos pueblos se hace lo que dicen las sagradas escrituras: anular cualquier lugar posible.

L: Acá tenemos un ejemplo donde la globalización está trayendo mejoras. Desde nuestro punto de vista claro está. Pero son las mismas sociedades las que tienen que decidir el cambio, no venir de afuera. ¿Volverías a India?

L: Si. Estuvimos cuatro meses y siento que no vi nada. Que solo pude aproximarme a una mínima parte de esta cultura. Nos quedan muchos paisajes por conocer, mucha gente por saludar y muchas calles por caminar.

L: Más allá de eso también volvería a lugares que ya estuvimos. Volver a sentir la magia de Leh, o perdernos en el Valle de Parvati. Pero no haría tantas ciudades turísticas. A Agra no volvería por ejemplo.

L: Además nos queda una India pendiente. La de los tigres y elefantes.

L: Eso es lo bueno. India siempre te deja una excusa para volver. Pero ahora, es momento de continuar conociendo el mundo. ¡Cuántas más historias vamos a tener para contar!

L: ¿Extrañás?

L: Mucho.

¿Te quedaste con ganas de ver fotos de India? Hace click acá

Hasta luego Buenos Aires

Eso que tanto ansiamos, deseamos y proyectamos llega. Todo llega. Y a nosotros nos llegó el día. Ya estamos en Nueva Delhi. Más precisamente en el aeropuerto (cuando escribimos esto). Fue un vuelo largo y arduo. No solo fueron las 24 horas de viaje, la escala, ni el cambio de horario, sino que también fue irse. Despedirse, partir.

Muchas veces pensamos en “la despedida”. El día, la hora, que llevar, quienes nos irían a despedir, como iríamos a Ezeiza, etc. Pero nunca nos imaginamos que sería tan fuerte. (Fuerte es una buena palabra para describir lo que nos pasó).

Fue comenzar a guardar nuestra ropa, libros y objetos personales en cajas, parte del empezar a irse. Dejamos el departamento en el que vivíamos, dejamos de trabajar, dejamos la rutina. Dejamos. Y si bien “dejamos” por elección no deja de hacerse sentir. ¿Por qué somos tan apegados a nuestras cosas? (Ojalá este viaje pueda aproximarnos una respuesta)

Y luego “despedirnos” de nuestros afectos. Abrazos, lagrimas, buenos deseos, la excusa para decirnos aquello que tanto nos cuesta: “Te quiero”.

Estos últimos días en Buenos Aires nos encontraron cargados de emociones, de tristeza y alegría. Fue una “trampa” que no nos esperábamos, que no habíamos tenido en cuenta, ni calculado.

Todo esto nos hizo caer en la cuenta de aquello que vamos a extrañar. Que nos empuja a irnos pero con ganas de volver, de volver a abrazarnos. Extrañarnos para volver a encontrarnos.

Pero ahora estamos en Delhi. Esperando que comience a funcionar el subte que conecta con la ciudad. Estamos cansados, pero contentos de estar aca. Ansiando que salga el sol, ese sol que es el mismo que brilla en Buenos Aires, pero que seguro allá brillará distinto. Esperando para ver el “Amanecer en Delhi“.

Miércoles  24 de Abril, 2012

2:oo am

Indira gandhi airport

Desafío India

“La India no ha sido nunca un país fácil de comprender. Quizás sea demasiado profunda, contradictoria y diversa, y poca gente en el mundo contemporáneo tiene el tiempo o la predisposición para ver más allá de lo obvio.”

-Indira Gandhi

Planificar un viaje de un año de duración no es nada fácil, y mucho menos si el destino es un lugar tan distinto y poco conocido por nosotros, como es la India. Es cambiar completamente el paradigma y meternos en una cultura totalmente distinta. Distinta ropa, distinta comida, distintos olores, distinta forma de pensar, creer o sentir. Distinta forma de vida.

Nunca fuimos de planificar mucho los viajes, siempre de viajar y encontrar los destinos a la vez que ellos se encontraban con nosotros. Pero esta vez es distinto. En los ratos libres no hacemos más que leer y buscar información sobre nuestro destino. De alguna forma queremos incorporar la mayor cantidad de impresiones posibles para poder sacarle un mayor provecho.

Y es así, desde donde pensamos el viaje, y se nos presentan distintos desafíos:

  • Relacionarnos. Sobre todo con la cultura local. No queremos pasar por los lugares, sacar unas fotos, anotar lo distinto que son a nosotros y conversar simplemente con extranjeros. Queremos meternos en su cultura, pensar como ellos, comer lo que ellos comen, escuchar lo que ellos escuchan, sentir lo que ellos sienten. Aunque sea, tan solo por un momento, lograr rodearnos e inmiscuirnos en su forma de vida.
  • Sustentarnos. Si nuestra idea es viajar por un año al menos, nuestro presupuesto es ajustado. Indefectiblemente tenemos que buscar distintas formas de generar ingresos mientras viajamos, y a la vez adecuar nuestros gastos a eso. Lo que se llama presupuesto mochilero bajo. En definitiva hay 3 grandes gastos. Comida, cama y transporte. En la medida que podamos abaratarlos vamos a lograr viajar más tiempo.
  • Conocernos. No intenta ser un viaje espiritual, pero siempre es un buen momento para realizar una introspección. Salir de la cotidianidad a la que estamos acostumbrados y enfrentarnos a nuevas situaciones que nos hagan replantear nuestras ideas y concepciones. También, es un desafío conocernos entre nosotros mismos. Donde vamos a ser compañeros de viaje por un largo tiempo.
  • Asombrarnos.  Los viajes en general (y a lugares desconocidos en particular) aumentan la capacidad de asombro. Uno está más sensible a lo que lo rodea. Entonces, buscamos dejar las puertas de la percepción abiertas y poder ver más allá de lo que se muestra. Citando a Blake: “Si las puertas de la percepción quedaran depuradas todo se habría de mostrar tal cual es: infinito.”
  • Aprender. A partir de todos los puntos anteriores surge ineludiblemente el objetivo de aprender, sobre lugares, personas, comidas, costumbres, ideas, nosotros mismos, nuestra relación, etc. Y entendemos el aprendizaje como un proceso continuo donde todo el tiempo se incorporan conceptos o concepciones nuevas.
  • Transmitir. Por último, queremos remarcar el objetivo de transmitirles a ustedes, a través de esta página, nuestras vivencias y pensamientos a través de relatos, reflexiones, fotos y videos. Para que de alguna forma nos puedan acompañar en este viaje.
Preparativos previos

Preparativos previos

Costumbres Argentinas I: La costa atlántica.

Este año no pensábamos tomarnos vacaciones, o si, unas muuuy largas en realidad. Pero entre el oalor y la humedad nos llegó una invitación que nos vino muy bien. Nos invitaron a pasar el fin de semana de carnaval a San Clemente (Partido de la costa). La invitación era tentadora, 4 días, playa, mar, sol, crucigramas y pesca. Y casi sin dudarlo arrancamos viaje.

Todos queríamos estar ahí.

Todos queríamos estar ahí.

Los feriados de carnaval son una adquisición reciente. Siempre se festejaron, y por cuestiones políticas que no permitían la alegría, el festejo y el acumulo de gente, se quitaron esos días del calendario. Y hace no mucho, volvieron.
Vuelvo a nuestro fin de semana XL, armamos rápidamente unas mochilas y salimos. Lo bueno de la Costa Atlántica es que comienza a 300 km de Buenos Aires capital, y claro hasta la ruta para llegar tiene sus clásicos. Desde el arrancar con las sillitas en el techo del auto y un termo para el viaje hasta las famosas medialunas de la ruta. Para no perdernos en el mapa, la Costa Atlántica queda sobre el Océano Atlántico, en la prov. De Buenos Aires.
Durante el viaje, éramos unos más entre las filas interminables de autos y micros llenos de gente con ganas de meter los pies en el mar. Y así llegamos a la playa…

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Avistaje de veleros desde la orilla.

Avistaje de veleros desde la orilla.

Espumar de mar.

Espumar de mar.

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Es muy curioso, incluso divertido, los rituales casi místicos que vemos en las playas argentinas. Somos clásicos. El desfile de familias, parejas, amigos que llegaban a la playa con las manos repletas de cosas, desde la sombrilla, la heladeríta, los juguetes del nene, la lonita hasta (los más equipados) la mesa con sillas plegables. Y empiezan los despliegues, clavar la sombrilla, abrir las sillitas, estirar la lonita, embadurnarnos con protector solar, meternos en mar, salir, secarnos, preparar el mate, volver a meternos al agua.

Menesteres playeros.

Menesteres playeros.

Hace más de veinte años que recorremos la costa y hace más de veinte años que se repite el mismo escenario, incluso los mismos personajes. Este año no fue excepción, estaban todos. Desde el guardavidas hasta el vendedor de pirulines pasando por los churros, helados y los choclos, todos bañados en arena. Más de veinte años que miramos la misma película. Claro hace 15 años nuestra diversión era construir el pozo más hondo de la playa, hoy será leer un libro o terminar un crucigrama. Pero más allá de eso, estamos todos ahí compartiendo la playa, compartiendo el mar, algunas veces más apretados, otras más separados, pero sabiendo que estamos viviendo un clásico argentino.

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Un clásico que se extiende desde San Clemente (una de las primeras playas) hasta allá abajo, más al sur, Mar de Plata con más viento y agua un poco más fría. Claro, en un medio muchas más localidades del Partido de la Costa.

Dijimos que estuvimos en San Clemente del Tuyu, muy cerca de la Bahía Samborombón. Playas grande, mucha distancia entre el mar y los médanos, mucho espacio para correr, caminar, leer, tomar sol. Y también, para pescar. Pescar, quien dice pescar, dice intentar!

Y algo pescamos...

Y algo pescamos…

Colorida caja de pesca.

Colorida caja de pesca.

El trabajo artesanal

El trabajo artesanal

Objetos de pesca I

Objetos de pesca I

Objeto de pesca II

Objeto de pesca II

Es Punta Raza uno de los puntos de la costa donde la pesca deportiva está permitida. Ese sitio se caracteriza también por resguardar la estación de descanso y alimentación de ciertas aves migratorias. Y ahí, como dijimos, intentamos pescar.

Gaviotas

Gaviotas

Más gaviotas

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Y una vez más, nosotros pisando la playa pero sabiendo que probablemente por mucho tiempo no la pisemos (por lo menos estas playas). Y la nostalgia se entremezcla con la emoción de viajar, de conocer nuevas costumbres, nuevos modos de habitar la playa. Pero sabiendo que nosotros, los argentinos, tenemos larga data en habitar la playa. Y eso vamos a extrañar, nuestras costumbres argentinas.

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15 días no alcanzan

Seis años de pareja, uno de convivencia, y un proyecto con el que siempre soñamos. Sea esperando el subte, tomando un helado, mirando las estrellas, siempre salía el mismo tema: “Que lindo que sería irnos de viaje, un año ponele”

El viajar siempre nos gustó, salir a la ruta, mate y música de por medio siempre resulto un buen plan. Pero algo del irse con fecha de regreso no nos terminaba de cerrar.

Un poco recorrimos, el sur y norte Argentino, alguito del litoral, Uruguay, Bolivia, Perú, y Nueva York.

Pero esta vez es distinto. O al menos, nosotros lo concebimos como algo distinto.

Insisto, siempre quisimos un viaje grande (o largo mejor dicho). Ponerle un paréntesis a la vorágine en la que vivimos.

Animarse

Animarse

¿Y porque no ahora?

Y ahora, nos decidimos.

Nuestro plan es simple, irnos de viaje. Empezaremos por La India. Luego…. Veremos. Posiblemente Nepal, El Tibet y el Sudeste Asiático, ¿quién sabe?

Pero claro, 15 días no nos alcanzan. O al menos, a nosotros parecen no alcanzarnos. Queremos viajar. Viajar, conociendo, recorriendo, sintiendo, viviendo, siendo parte del paisaje mismo.

No queremos turismo exprés, queremos turismo local, si es que existe (sino, inventaremos algo parecido).

Fue curioso que al trasmitirle la noticia a amigos, familiares y compañeros se repitió la misma expresión: “15 días no alcanzan para hacer todo lo que quieren hacer”. Es cierto, por suerte 15 días no alcanzan para hacer todo lo que queremos!

Es interesante también las reacciones mezcladas con las que nos encontramos, muchos-todos nos apoyaron, pero también se escucharon sus “es una locura”, “¿de qué van a vivir?”. Y la verdad, no sabemos de qué vamos a vivir, que recorrido haremos, ni donde dormiremos. Sabemos que 15 días no nos alcanzan, y que queremos escribir nuestra propia historia.

Reir y vivir.