A diferencia de nuestro viaje a India, el de Tailandia no lo planeamos. El viaje a India tampoco es que lo planeamos mucho, pero al menos habíamos leído al respecto y teníamos un cierto itinerario en mente (que después lo cambiamos más de 10 veces), y una breve reseña histórica. En cambio ahora, no teníamos ni la menor idea de que nos íbamos a encontrar en este país del sudeste asiático. O más bien sabíamos poco y nada. Que tenía lindas playas al sur, que el norte había mas naturaleza y montañas y que Bangkok era una ciudad enorme. Los últimos días en India lo pasamos entre montañas y couchsurfing, con poco tiempo para averiguar de nuestro nuevo destino.

Flor de loto

Flor de loto

También sabíamos que era mucho más amistosa con el turismo que India. Lo cual tiene su punto negativo. En el subcontinente aprendimos y ejercimos una suerte de “salvajismo”. Que no es más ni menos que el modo de vida de ese país. Dormir en cualquier tipo de alojamiento, comer en cualquier lado y viajar apretados en cualquier transporte. Regatear precios y mal acostumbrase a ver montañas de basura por la calle. Tampoco veíamos muchos turistas. ¿Podíamos volver a acostumbrarnos a otro ritmo? 

Y así fue como, para nosotros, Bangkok fue volver al occidentalismo. Por más que suene raro (y con razón, es de las ciudades mas orientales), volvimos a encontrarnos con carteles luminosos, grandes edificios y mucho lujo occidental. Nuestra sensación era como salir de 6 meses de la selva y entrar en New York. Todo aturde. En este tipo de culturas se vive con todo tipo de estímulos todo el tiempo.

De cierta manera fue reencontrarnos con muchas de las cosas que habíamos dejado antes de partir a India. Quizá a muchos les suele incoherente nuestra perplejidad ante las luces de la famosa “Khao San” (una de las calles más ruidosas y turísticas de Bangkok), sobre todo a aquellos que vienen de ciudades ordenadas, occidentales y del primer mundo. Pero para nosotros que veníamos de nuestra querida India el contraste era evidente.

Así pasamos nuestros primeros días en Tailandia, entre amigos, semáforos y motos que no tocaban bocina. La calles eran limpias y la comida era preparada en condiciones bastantes higiénicas. Seamos sinceros, tanto orden, Mc’donalds y turistas en hordas nos incomodaban. Nos sentíamos bichos raros.

¿Tailandia era eso? Tanta comodidad occidental nos confundía. Así surgió la idea de alejarnos de Bangkok. Bajo la excusa de “hacer tiempo”, mientras esperábamos a un amigo, nos fuimos a los alrededores de la ruidosa capital.

Tomamos un tren, que nada tenia que ver con los trenes indios, y nos retiramos a Ayutthaya. Una pequeña ciudad con muchísimos templos en ruinas que supo ser, durante 417 años, capital del Imperio de Siam hasta que los Birmanos invadieron y saquearon la ciudad.

Una de las imágenes típicas de la ciudad de Ayutthaya

Una de las imágenes típicas de la ciudad de Ayutthaya

Volvíamos a sentirnos tranquilos. Alquilamos bicicletas y pasamos el día pedaleando, sacando fotos, cantando y silbando de una bici a la otra. De a poco empezábamos a ver una Tailandia que nos era mucho más amena.

Los caminos nos llevaron al parque nacional Khao Yai cerca de la ciudad de Pakchong y unas ruinas del imperio Khmer en Phanom Rung cerca de la ciudad de Nang Rong y de Camboya. El caudal de turista iba disminuyendo cada vez que nos alejábamos más de Bangkok. Muchos hacían visitas de un día y volvían. De a poco nos íbamos sintiendo más gusto.

Encuentro con un cocodrilo en Khao Yai.

Encuentro con un cocodrilo en Khao Yai.

En este punto nos replanteamos seriamente nuestro carácter antisocial.

Tantas ruinas visitadas nos mostraban otra cara de Tailandia que nada tiene que ver con las cervezas e insectos de Bangkok. Una cara de la cual nosotros no teníamos ni idea: Su historia.

Uno de los tantos templos

Uno de los tantos templos

Tailandia - 9

Que ignorantes nos sentíamos caminando entre tantas ruinas reales, budas decapitados y templos hinduista sin tener una idea de lo que veíamos. Fue momento de parar y tratar de entender donde estábamos. Para nosotros la idea de recorrer un país sin tener idea de su historia, su cultura nos parece un absurdo. Y en ese absurdo estábamos cayendo en Tailandia.

Buda con uñas pintadas

Buda con uñas pintadas

La oferta son cervezas y bares, playas y descontrol, excursiones de un día. ¿Qué rayos hacemos acá?

Pero a decir verdad estos primeros días en Tailandia sirvieron para reencontramos con Argentina. Al llegar nos esperaban Benja y Jime, dos amigos que conocimos este año y sin saberlo volveríamos a reencontrarnos en Asía. Y luego llegó Edu, un gran amigo con quien compartimos nuestro proyecto y sin saberlo tampoco, aquí nos volveríamos a ver. Entre mate, cartas y charlas porteñas nos costaba tomar noción de donde estamos. Nos costaba encontrar nuestro ritmo de viaje. Este es otro momento del viaje. Una suerte de recreo occidental, un encuentro con amigos y abrazos cercanos que no vienen nada mal. ¿Pero eso es todo?

Con Benja y Jime en Bangkok

Con Benja y Jime en Bangkok

Con Edu en Bangkok

Con Edu en Bangkok

Y este es nuestro desafío. Vivir otra Tailandia, viajar a nuestro ritmo e intentar entender lo que pasa a nuestro alrededor. 

Las ruinas de Siam y la historia de un país que ama a su rey nos invitan a volver a ponernos en sintonía con nuestro viaje. Queremos escribir, queremos saber más, queremos ser nosotros. Nos quedan días en Tailandia y volvemos al ruedo.

Tras tres semanas aquí, podemos decir: Tailandia allá vamos.

Encontrarnos (encontranos!)

Encontrarnos (encontranos!)