N. tiene bastante años, no sé cuantos pero algo me indica presenció el paso del tiempo y de la historia. La juventud quedó atrás para él. No me animo a preguntarle cuándos años tiene, me tendría que haber fijado antes. No lo hice y ahora siento que no tiene sentido hacerlo. Algo en su mirada, en su tono de voz, en el movimiento de sus brazos me dice que es más grande de lo que aparenta.

Quizá son las arrugas que se forman alrededor de sus ojos, su pelo prolijamente cortado con canas ya instaladas hace rato, o esos silencios largos. Demasiado largos.

Caminamos varios kilómetros juntos. No habla, no ríe, se funde en sus pensamientos y cada tanto esboza alguna sonrisa introvertida. Le trato de preguntar cosas, meterme en su mundo, pero siempre me rebota. Nunca hay lugar para la repregunta ni para nada parecido. Decido también caminar en silencio y comenzar a inventar ni propia historia. De alguna manera ya presentía que no iba a lograr mucho más con el correr de los días. Pensé que era algo que tenia que ver con el género, los hombre suelen ser menos expresivos que las mujeres, pero no.

VN. es chiquita, aunque todos la llaman “la grande”. Tan chica que caminando se puede saber bastante de ella. Pero no todo, ella también es demasiado reservada.

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El día está fresco. El sol de verano comienza a dejar lugar al otoño, los arboles pierden algunas hojas y el primer Kremlin de Rusia luce más impresionante en vivo que en las fotos de internet. Buena parte de la historia transcurrió acá. Después del reinado de Yaroslav, el sabio pasaron los rojos, los nazis y los rojos de nuevo.

Esquina del Kremlin

Esquina del Kremlin

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Extrañamente aún se conserva buena parte del patrimonio real. Pero más me sorprende la estatua de Lenin en la plaza central. A ella también le pregunte por su relación con los soviéticos, sólo sonrió. Cómo era de esperar.

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La estatua de Lenin, algo que se repite en cada lugar.

Dentro de la ciudadela está Santa Sofía, la catedral mas vieja de Rusia. También está la gran estatua del Kremlin, dicen tiene guardados más de mil años de secretos. Algunos más aventurados afirman que acá se empezó a hablar de Rusia cómo tal. Pero ni él ni ella nos dicen nada al respecto.

Esa noche, cuándo le dijimos que no entramos a Santa Sofia porque elegimos quedarnos leyendo al sol se enojó. No entendía cómo preferíamos quedarnos afuera en vez de entrar a un recinto con 5 micros repletos de turistas chinos estacionado en la puerta. Además, en N. V. lo que sobran son iglesias ortodoxas.

Catedral Santa Sofía adentro del Kremlin

Catedral Santa Sofía adentro del Kremlin

Personajes de la historia rusa representados en el monumento milenario

Personajes de la historia rusa representados en el monumento milenario

VN. es vieja, vieja cómo el río que la cruza. Cada centímetro suyo condensa el paso del tiempo. Sus calles e intersecciones arman laberintos que desde lo alto simulan un rosto envejecido. Cómo las viejas que nos encontramos en el colectivo; Iban al mercado, llevaban un balde para comprar pescado fresco. Todas llevaban un pañuelo en la cabeza, la cultura ortodoxa así lo dice. ¿Si pudiera verte vos también llevarías un pañuelo, no?

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Pero para que te pregunto, si no me vas a responder. Cómo mucho me dirás un no sé mientras te encojes de hombros y me esquivas la mirada. El interés no es mutuo. ¿Para qué nos recibiste, entonces, si nada quiere saber de nosotros? ¿Es sólo timidez?

Tengo que confesar que la gente cómo vos me saca de quicio. No te pido que me abraces, sólo que me digas algo, por mínimo que sea. Contame de tu historia. Sé que viviste el comunismo, fuiste madre e hija de la guerra, sé que sabes mucho más de lo que mostrás. Vine de muy lejos para conocerte, pero eso no te importa.

Ahora, trato de pensar por qué vinimos. Ya no lo recuerdo. Tanto sopor y silencio me hizo caer a mi también en ese estado de indecisión e indiferencia ante el mundo. Supongo que fuimos porque necesitábamos hacer alguna parada en el camino. Los 800 km que separaban San Petersburgo de Moscú no eran poco cosa. No era sólo la inmensa distancia que queríamos cubrir haciendo autostop sino que era la necesidad de darnos un respiro entre las dos metrópolis más grandes de Rusia. Conectar San Petersburgo con Moscú por tierra no era poco de pavo. La mente necesitaba hacer un punto y aparte entre tanta información. ¿Habrá sido por eso qué fuimos? ¿O por eso nos fuimos?

Esas noches que compartimos hicieron que algo se trasmitiera. Y ahora me encuentro yo también bajo ese efecto de fluctuación e inseguridad. Ni siquiera puedo decir a ciencia cierta porque fuimos ni si me gustó o no la ciudad. Intento recordar que hicimos, que vivimos, pero nada. Sólo encojo los hombres y con cara de nada, digo no sé.

Muchos dicen que los perros se parecen a sus dueños. Agrego, cada día me convenzo más de que las ciudades se parecen a sus habitantes.

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